martes, 19 de enero de 2021

RONIN DE FRANK MILLER, UN SAMURAI EN EL NUEVA YORK DEL FUTURO

 CIBER BUSHIDO

¿Qué tal ciber samurais de extraradio? ¿Cómo os trata la vida? ¿Habéis cogido algún neuro virus por compartir clavija con desconocidos? ¿Habéis recibido alguna bala perdida? ¿La corporación ha derribado ya vuestro barrio chabolista para ampliar una autopísta de 10 carriles o levantar un casino hotel de lujo?

Lo normal entonces por aquí colegas, la realidad siempre supera la ficción, al final del día es normal tener ganas de embutiros en un mono crio-camo, afilar la monokatana Kendaichi y cabalgar en la tatamaha un rato por las grandes avenidas y boulevares, pinchando algunas ruedas, derribando mobiliario público, y cargándote algún dron de identificación ciudadana.

Lo más normal en 2021, me he retrasado en publicar y ya vengo con las excusas de mierda como siempre, buuhh, buhh, mimimimi.... Pero joder, derribaron mi Megaproyecto de vivienda y me he tenido que mudar a una zona rural de la ínsula Ibérica, estoy amueblando mi prefabricado en el slum aún, el zaibatsu me ha puiesto complicaciones para darme acceso a la matríz de nuevo, putos fascistas ¡Pixels para el pueblo! No pueden dejar a un tecnomemo sin su droga o se volverá loco y hará cosas de las que todo el mundo se arrepentirá.

Y además, lo más novedoso, he decidido ordenarme, sí, compilarme troncos, y volver a marcarme pautas como hace un tiempo, así que ahora os garantizo 1 única entrada de blog al mes, cada día 15 (arriba o abajo). Pero no sufráis mis cabezitas de botón cableadas, porque traigo sorpresa, voy a duplicar el formato, a parte de seguir practicando la escritura en blog con mis implantes dactilares Aracnotec de Militech (triplique sus apéndices manuales, promete) aunque preferiría la escritura neuronal si tuviese pasta para pagarme el bio software, teclear, aunque sea con 15 dedos a la vez por cada mano, es de pobres; bueno, y bla, bla, bla que me enrollo, que a parte de escribir...¡podréis escuchar mi voz autotuneada cada mes! Siiiiiii.... ¿Nadie se alegra? ¿En serio? Bueno, ya lo sabía yo, en fin, me paso a podcastear también, si nada falla y consigo unas cuantas planchas de gelespuma para el chabolo, que el invierno aprieta, el 15 de Febrero estrenaremos los Sueños de Tungsteno en versión audio, acompañada de su inseparable entrada escrita, que se compaginarán una con la otra.

Mola ¿eh? Vale, vale, lo pillo, ok. Voy a hacerlo igualmente os guste o no.

Espero que me quede tiempo libre para salir por ahí hasta arriba de parches de tetraclidimazina y cualquier derivado de birra no natural y jugar a ser samurai aunque no tenga ni puta idea del Bushido, el Daimyo o lo que es un puñetero ronin, como esa historia de Frank Miller, tipo de quien dije poco en Hard Boiled porque sabía que llegaría el momento de hablar de ésta obra.





Miller, ay Miller, seguro hay un montón de cosas que decir de él, pero no seré yo, porque sería infame y mal educado, grosero por mi parte, meterme donde no me llaman sin saber lo suficiente y teniendo vuestro oráculo favorito en el ciber espacio de dónde extraer mejor y mayor info de la que pueda daros yo, humilde choomer decadente.

Pero no puedo pasar por alto su obra con Batman, con Martha Washington, Daredevil y Elektra, sus exitosas obras adaptadas al cine 300 y Sin City ni por supuesto la que le toca hoy, Ronin, que fue la obra que sin duda le catapultó a nuevas cuotas como historietista.

En 1983 Frank Miller venía de trabajar en modelos heróicos para D.C., con atino y calidad, principalmente Daredevil, y se arriesgó a desmarcarse de la factoría de súpers dentro de la misma editorial, apostando por una historia diferente, complicada, extraña y sobre todo muy personal. Esa historia mezclaría la tecnología y la ciencia ficción, lo tradicional y la vanguardia, la magia y la violencia.

Por lo visto, D.C. le dijo a Miller algo así como:

"vale, lo has hecho muy bien hasta ahora, confiamos en tí, te hacemos un hueco para esa historia tuya, pero no podemos darte soporte ni un equipo, tú te lo guisas y tú te lo comes"

Y ni corto ni perezoso, a Miller no se le cayeron los anillos y se convirtió en el hombre orquesta de su proyecto, el ejército de uno solo, dibujante, guionísta, publicista, editor, y toda la cadena para él solito, cosa que por otro lado le dio las tablas suficientes para ser quien es hoy en día, y le abrió las puertas del lavabo de ejecutivos en D.C., ya sabéis, con toallas de algodón en vez de secador eléctrico y sabanas de papel para la taza del inodoro y percha en la puerta para la americana. Vamos, que los dejó con la boca abierta hasta el suelo con el éxito de su "proyecto personal sin súper héroes".

Self made Dreams come true sería un buen eslogan motivador si le tomamos de ejemplo, cree en tí mismo y esas mierdas de uno entre un millón. Sí.

La obra basa gran parte de su novedoso formato en dos puntos técnicos casi fundamentales, el corte de viñetas y su maquetación, y el color, heredado éste último de la tradición europea de los humanoides, pero presentada con la fuerza de una nueva reinterpretación, que no copia, que hace añicos lo viejo y trae lo nuevo. Respecto al color en cuestión, le debemos el mérito a la colorista Lynn Varley, y fue algo tan innovador y nunca antes visto que Frank tuvo que revisar personalmente el proceso de impresión, obligando a D.C. a emplear un tipo de papel nuevo en el que las tonalidades tuviesen el brillo y saturación necesarias, tirando atrás tiradas enteras de imprenta.

De Lynn decir que fue esposa de Frank hasta el 95, así como efeméride.



Esta nueva vertiente de dar un protagonismo tan absoluto al color ayuda a sumergirnos en un viaje latente y cambiante através de las páginas de Ronin, ya hemos visto a Darrow, Josán González o Moebious hacerlo en Tungsteno Dreams, pero Ronin es diferente, es chocante, ambiental, no es ver todo a través de las gafas de vidriera caleidoscópicas de Jean Giraoud, ni acostumbrarse a sus tonos pastel inexistentes en al realidad natural y totalmente artificiales, es un colorido vivo, agresivo, que cambia en función de la tensión de la viñeta, con cada personaje y con el lugar de la acción. El color conecta las narrativa, no es solo gusto plástico, es un conductor, tiene una armonía digna del arte oriental en el que se inspira la historia como los jardines japoneses o los bonsais (esto me ha quedado muy bien tras ver Cobra Kai). Y me estoy adelantando a los cimientos de la obra, pero no he podido evitarlo, me he dejado llevar.

DEMONIOS, NEGROS NAZIS Y LISIADOS CIBERNETICOS, EN LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS


Os estarñeis preguntando con todo esto a nivel técnico ¿De qué va Ronin? Pues es una historia corta, de desarrollo natural que no necesita de textos en off para ser entendida aunque a veces nos desconcierte (no tanto como un manga estandard de ciencia ficción), que gira en torno a la obsesión, la venganza, y cómo la sociedad se aleja cada vez más de la tradición y lo espiritual en pos de la tecnología y el desarrollo sin prestar atención a qué estamos sacrificando en el proceso.

Cuando comencé la obra, estaba algo desubicado, pensé "¿qué demonios es esto? ¿Un cuento de samurais? No pude con Usagi Yojimbo ¿Cómo voy a poder con ésto?"

Y cuando fui avanzando flipé tanto que dije "Vale, OK, acepto barco como animal acuático, de compañía y mamífero si hace falta".

Todo comenzará de forma inusual para una historia de ciencia ficción que en ocasiones se tilda de cyberpunk y en otras de postapocalíptica, en el Japón feudal con una historia de honor, traición, valores y brujería. Nuestro protagonista, el samurai sin maestro, el Ronin, se enfrentará a un poderoso demonio astuto, mezquino y embaucador, responsable del asesinato deshonesto del maestro de nuestro héroe, y el destino de ambos némesis quedará ligado através del tiempo, la realidad, y la vida desde entonces, hasta su reencuentro en el nueva York en ruinas dominado por pandillas callejeras del cercano futuro distópico, con una espada mágica como nexo.

Se abrirá una " Y " entonces, y lo mágico, pagano o espiritual se cruzará en el camino de lo hipertecnológico en un experimento que está llevando a cabo una megacorporación instalada en un complejo conocido como Acuario en la ciudad, que recordándonos levemente a Akira, trata de servir para convertir una persona muy particular (no quiero hacer spoiler, ya os estoy poniendo el cebo en el gancho) en el arma definitiva. El escenario está servido.

Nuestro samurai sin maestro, tan desubicado en Nueva York como estaba yo al principio de la historia pasando páginas, tendrá que sobrevivir a la jungla de cemento y su fauna surrealista, mendigos, nazis sodomitas, agentes paramilitares de la corporación... Y su más temible enemigo tratará de utilizar a su favor las nuevas herramientas del futuro que no tenía en el japón feudal para hacer aún mayor mal. Magia negra y nanotecnología se fusionarán en la historia mientras la katana de nuestro aturdido protagonista cercena miembros y hace llover la sangre por Manhattan.

En cierto modo, me recordó la situación a la comedia Los visitantes en la que el Conde de Miramonte y su lacayo saltaban 8 siglos adelante en el tiempo en la película francesa con Jean reno. ¿Os acordáis? Tuvo secuela y todo. Pues esto es igual, pero sin risas ni chistes tontos, esto es eso pero violento y oscuro.

Podría ahondar más aún, podría poner la guindita de que nuestro samurai sufrirá una extraña "mutación" nanotecnológica, provocada por ... No, hasta aquí pienso leer, el resto, descubrirlo vosotros.

Porque dudaréis a cada capítulo, si la historia es una broma de mal gusto, el resultado de una sesión de marihuana y psilocybes, o simplemente una genialidad cargada de tantos valores y mensajes que o no los vemos, o los creamos nosotros mismos para no sentirnos idiotas leyendo el cómic. Esto ya, lo que cada uno consiga arrancar del hueso de ésta obra que considero genial.



Antes hablábamos de las viñetas y de su curiosa manera de presentar el transcurso de los acontecimientos, y sin duda que es de lo más dinámico, artístico y cinematográfico que he visto anteriormente en ningún otro tebeo, y hay que tener en cuenta que la obra salió al mercado cuando yo no sabía leer, ni casi andar, lo que la insufla un valor casi pionero y ariete para todas las obras posteriores cuya sincronía plástica nos ha dejado boquiabierto, casi asistiendo a dibujos holográficos en movimiento si pasas rápido los ojos de una viñeta a otra, como poner un peine entre tus ojos y el canal plus codificado. Bueno, olvidad ese último simil, sencillamente, acojonante.

No tenía ninguna esperanza de que una historia de samurais, guerreros urbanos y megacorporaciones ultra tecnológicas pudiese maridar tan bien, pero tanto, tanto lo hizo, que seguramente le debamos el actual concepto cyberpunk de samurai callejero a ésta obra, que yo voy a tratar de cerrar en resúmen como una aspiración Quijotesca, sin que se peyorativo, si no todo lo contrario, ya que El Quijote es una obra de adoración absoluta que me encanta, y nuestro samurai de Ronin, encarna en parte un conjunto de delirios, con Dulcinea del Toboso incluida, y ya echo el freno que os destripo de más.

Una novela gráfica que pasó a la historia, ya no tanto por sus personajes, ni su historia, si no por su narrativa, la forma en la que Frank Miller entendió el medio y supo emplear las herramientas que tenía al alcance y que nadie había osado sujetar entre sus dedos antes, adelantando una cabeza a todo el pelotón de talentos del momento, acomodados en una marcha constante nada agotadora.

Primeros planos, viñetas secuenciales, vistas subjetivas en primera persona y un sin fin de trucos de magia que junto a la técnica de color antes mencionada nos harán sentirnos entre las volutas de una nube de humo del narguile de la oruga del país de las maravillas, chisporroteando con los ojitos brillantes.

 Marvel debe llevar 40 años arrepintiéndose de no haber aceptado el envite que les hizo Miller.

Así que dicho esto, si no lo habéis leído ya, estáis tardando tecno ninjas!








lunes, 21 de diciembre de 2020

ARMITAGE III, CYBERPUNK A LA JAPONESA

 

ARMITAGE III, MISMO NOMBRE, DOS OBRAS DIFERENTES

¿Qué pasa choomers? ¿habéis lanzado ya por la ventana vuestros ejemplares de cyberpunk 2077? ¿O sois como yo que defiende a Arasaka a capa y espada pese a sus obvios y decepcionantes fallos en el acabado y la jugabilidad? A tomar por culo con ello, si en cuanto vi que me cambiaban el tráiler de la chica guapa con implantes afilados tiroteada por la policía con un cartel de la ilustración original de Alt del manual Cyberpunk 2020 de R. L. Talsorian Games de fondo, por el del p.u.t.o. Keanu Reeves, ya supe yo que todo se iba a la mierda, y os lo dije, no me estoy haciendo el Capitán A Posteriori, os lo dije, P-U-T-O Keanu, blasfemias así contra Johnny Silverhand no podían ser perdonadas por los dioses digitales del cromo y han maldecido a CD Projekt Red  con buggs ancestrales.

Nos acercamos al final del año, el comienzo de una nueva década, crucémoslo como si fuese un tubo de conexión cegador, atravesando el ciber espacio a través de glitches, spam, y residuo eléctrico; o como si fuese un túnel de gusano a velocidad luz a los mandos de nuestra berlina interplanetaria mientras los destellos de azul cósmico se reflejan en la carlinga.

¡Vamos que nos vamos!

A mi el 2020 me ha defraudado profundamente, porque era el mejor año para vendernos la realidad virtual inmersiva, y ya no salir nunca más de nuestras celdas de pladur, trabajar en una oficina virtual, salir de copas con las amistades a clubs virtuales, sexo virtual… Maldigo a Sanyo, Apple, Microsoft, o quien quiera que no haya hecho los deberes debidamente para éste 2020, porque hubiese sido el año ideal para “Los sustitutos” versión ciberespacio, y quedarnos todos en casa ajenos a cualquier pandemia, recibiendo nuestras compras con drones a domicilio, haciendo vida con unas gafas y unos guantes desde una butaca o el sofá, mientras aquellos cuyo medio de sustento hubiese sido engullido por el progreso capitalista tuviesen que vivir en slums en el exterior, bajo puentes, en parques o en las cloacas, forjando una resistencia mutante antisocial; y la juventud sin estudios ni trabajo formase violentas pandillas motorizadas. Hemos perdido la mejor oportunidad de nuestras vidas para hacer realidad el futuro que llevamos décadas imaginando, somos unos parguelas.

En fin, que todo va a seguir igual que hace un año en cuanto se vacune a todo el mundo. Puede que a algunos y algunas nos caiga un rayo o nos caguemos encima, no se, pero es lo que hay.

Y tras un toque de humor absurdo, porque prefiero reir que llorar, y lamento si hubiese herido la sensibilidad de alguien, no era mi intención, voy a tirarme de cabeza al tema que me trae a mi buhardilla virtual hoy, un comic (manga) que primero fue una película de animación (OVA), y que parecen no tener nada que ver la una con la otra, para bien y o para mal.




Se trata de Armitage III, una obra cyberpunk que quedó eclipsada en los 90 patrios por méritos propios en los kioskos, y no solo por la mejor de las excusas que hubiese sido que no podía competir contra Akira, Patrulla especial GHOST ni Apleseed o Alita. Pero es que el manga de Armitage III se eclipsa a sí mismo con su dibujo y el giro de estilo narrativo posterior a su presentación como Anime.

Así que empecemos por el principio, 1995, Chiaki J. Konaka (Digimon) escribía la historia de Armitage III, reconocido fan de los mitos de Lovecraft (a ver si ahora los digimon estos van a estar inspirados en dioses primordiales, la leche) se puso al frente del screenplay de lo que serían los 4 primeros episodios televisivos que nos presentarían Armitage III.



La versión “papel” sin embargo fue escrita por Zarae Otana y Tatsuya Ikegami, recayendo la responsabilidad del dibujo en Hiroyuki Ochi, por lo que lo primero que queda claro es que Armitage III  no es producto personal de un solo autor, si no más bien, el juguete de una productora a disposición de diferentes creativos o dibujantes, en éste caso Tokuma Shoten. Esto, ya explica abstante bien por qué el manga no se parece en nada al film, en nada. Conservan el mismo guión dorsal y lore pero ni las personalidades de los protagonistas ni el estilo plástico concuerdan en absoluto de un soporte al otro.

COCKTAIL CASPOSO DE ASIMOV Y BLADE RUNNER

¿Qué puedo decir yo de Armitage III? Seguramente poco y mal dicho será lo que diga, ya que no soy un otaku, apenas me gusta el manga y solo consumo el de ciencia ficción y con reticencias. ¿Os preguntáis por qué? Pues si no os lo preguntáis os lo digo también, es lo malo de la retórica. Personalmente opino que los mejores tebeos cyberpunk son los firmados por japoneses, sin duda, y no voy a volver a enumerarlos, pero sin embargo, sí enumeraré algunos de los occidentales del género más galardonados o endiosados, como Ronin o Transmetropolitan, y joder, amo Transmetropolitan, lo amo, pero los japos se llevan la medalla de oro en el cyberpunk ilustrado.

Sin embargo, ya lo he comentado alguna vez, tal vez en mi entrada de Blame!, no recuerdo, pero no logro conectar con el sentido del humor japonés, esas cosas (perdonad mi ignorancia lso que sabéis del tema) que a veces creo que se etiquetan como wayfu o kawai, o no se, de verdad, no se, pero no entiendo sus conflictos ético sociales la mayoría de las veces, ni comulgo especialmente con su afán de sexualizar heroínas en historias que pretenden ser distópicas, serias o grimdark, porque si lo que quiero es ver tetas gordas en un cómic me leo un Kiss Comix. No solo esto, si no que el montaje occidental de su lectura oriental suele quedar confuso, no es consecuente, me dificulta seguir el hilo, y si lo intento de derechas a izquierdas casi que peor, y suelen dejar muchos flecos y cosas sin explicar, demasiadas, y estoy siempre estrujándome le cerebro y pasando páginas de atrás hacia adelante una y otra vez para ver qué no estoy entendiendo, y me desespera un poco.

Pero ni con esas puedo quitarles a los malditos japos locos el podio de la historieta cyberpunk.

Esto mismo, genera otra situación, la sobrecarga de la temática en el mercado noventero, y al final, cuando más de la mitad de las obras mejor consideradas por la crítica y el público son cyberpunk, el pescado está vendido, no todas las obras pueden ser perita, y algunas no van a pasar de paja.

Armitage III tiene un poco de éste handycap o San Benito. Primero, quiero comentar una majadería mía, que es el propio nombre de la serie, homónima a la de la protagonista, Armitage, que considero un guiño, tributo, a la obra de WilliamGibson, por su personaje del Neuromante de mismo nombre. Aunque esto solo lo pienso yo, porque al parecer el guiño va para el de Providence citado antes, y el Dr. Armitage del Horror de Dunwich. A mi que me lo expliquen.



Dicho eso, es el Anime el que comienza la historia, y el manga lo que la continúa en un orden cronológico de la historia, y leer el manga sin ver los episodios, empeora la experiencia. Nos vamos a ir al planeta Marte de 2046, colonizado por la humanidad en una campaña de expansión por el sistema solar, pero gracias a los trabajos llevados a cabo por los robots y androides, la mejor mano de obra posible, la de la inteligencia artificial.



Desplegado el tablero, tenemos al detective humano Ross Sylibus, un tipo duro, el protagonista perfecto de un hardboiled, pastiche de future noir fusilado hasta la saciedad, lobo solitario con un trauma en particular (no spoiler).

En la otra mano, la protagonista absoluta, Naomi Armitage, policía de marte, sexy y provocadora de más, con pintas entre lo bondage y el chapero, irreverente, macarra, no tiene nada de frágil, es una matona de élite, una heroína de armas tomar.

Unidos por lo laboral, van a tener que esforzarse en hacer equipo para detener a un criminal muy particular, un asesino de androides tipo 3, los “nexus 6” de la historia, el modelo más avanzado de la robótica marciana que incumple las normativas legales y deberían estar fuera de servicio, un modelo capaz de camuflarse perfectamente entre la humanidad ya que son de apariencia idéntica a la orgánica y pueden comportarse emocionalmente, crear arte incluso, prácticamente indistinguibles de los humanos reales.

Con estos elementos, cualquiera diría que estamos en una obra de Asimov o una versión spin off de Bladerunner, porque tenemos los elementos más empleados en la receta cifi de comedor escolar hasta la fecha.

Potaje de robots.

Como podéis imaginar, sin spoilers, encontraremos las sempiternas y caducas tribulaciones a cerca de qué diferencia al humano de la máquina, la conciencia de la máquina, el alma frente al software, el síndrome de Pinocho, revueltas “racistas” antirobots, los problemas sociales de la robotización, la revuelta robótica en contra de sus amos humanos, y es que lo hemos hablado tantas veces (y lo hablaremos inevitablemente) que tampoco quiero hacer hincapié en ello, porque lo tenemos muy sobado (podemos rebobinar a la entrada del videojuego Detroit o Alita GUNNM para seguir haciéndonos daño con este saco de cuestiones filosóficas).

Al menos, la película, nos los propone todo en un ámbito serio, melancólico, maduro, con muy leves toques de humor “amarillo”, siendo un ejercicio recomendable para todo fan del cyberpunk darle un repasito a sus 4 episodios, compilados en el largometraje Poly-Matrix y por qué no, la secuela del 2002, Dual-Matrix.

La banda sonora, las escenas de acción, y los momentos de “reflexión” con metáforas acerca de lo vivo y lo artificial, el arte, la fe y el amor, cumplen con la expectativa.

La búsqueda de identidad de Armitage en medio de una serie de conspiraciones policiacas corporativas entre Ross y los fabricantes de droides modelo 2 hará avanzar la trama de esta historia ciber noir de manual. Merece la pena.

Mientras que el manga, bueno, si no recuerdo mal son 5 números de unas 70 páginas aproximadamente, en el que se infantiliza las personalidades de todos los papeles, convirtiéndose Armitage en una ciborg algo ridícula y cuqui que abandona por completo su papel psicótico y violento que manifestaba en la peli en ocasiones (no quiero spoilear de más); el dibujo hay veces que no tiene perdón de Dios y la calidad dista mucho de la del anime, y seguimos dándole vueltas al tema de los robots, sus funciones, y un extraño propósito secreto en la programación de Armitage y su némesis de clase 3, el “Roy Batty” de la historia, que es un clase 3 anti humanos con ansias megalómanas. Está más en la línea de Alita, que en la de GITS que estaba la película, y es que todas esas droides quieren ser Kusanagi, y ella quiso ser Molly Millions, ¿o no?



El manga incluye un donaire absolutamente innecesario llamado Chika, que es el robot doméstico de Armitage, y que infantiliza aún más la secuela impresa del anime, dejando de muestra un botón.

 

Y poco más mutantes y mutantas, sota, caballo y rey, esto es lo que hay sin contaros toda la trama y sus pocas sorpresas, que podéis imaginar antes incluso de darle al play o pasar la primera hoja de papel, pero bueno, no os va a llevar mucho de vuestro tiempo libre tampoco, y el saber no ocupa lugar, o si, según los gigas o los teras. Yo le di su oportunidad y no me arrepiento.

jueves, 10 de diciembre de 2020

1984 EL AÑO DE LA DISTOPIA

 

EL GRAN HERMANO NOS VIGILA

 

Bienvenidos una vez más ciborgs, robots, mutantes, mutantas, aliens, y demás baja estofa y lumpen interplanetario e intervirtual que os reunís en mi  nodo por sorpresa y con alevosía, para masonear, difamar y supurar en torno a cuantas obras de ciencia ficción multi soporte y formato caigan en nuestras manos, o más bien en las mías que soy el panoli que invierte su tiempo libre en escribir éste blog infame, carente de rigor ni criterio (guiño, guiño a la A.C.H.U.S. si algún día se dejan caer por aquí, que sepan que serán bien recibidos, tengo ganchitos, refresco hiperazucarado y no les pasaré el antivirus neuroletal), ni ética, ni popularidad, ni nada de nada, pero que a mi para disgusto de puristas, oráculos y empollones, me sigue gustando escribir, porque bueno, me gusta escribir, y así no pierdo la práctica. Me gusta comunicar, aunque a veces hecho de menos no tener un interlocutor directo, claro, pero quien sabe, estoy barajando pasarme al podcasting, pero bueno, como diría El Nota del Gran Lebowsky “Más complicaciones”, y si a eso le sumamos mi cinturón negro en procrastinación, y mi superávit de hobbies… No hago más que liarme la manta a la cabeza.

Pero a llorar a la llorería, aquí estoy, una vez más, quién lo hubiese apostado, y hoy vamos a recuperar la literatura como hilo y vamos a charlotear informalmente, como siempre, pero con amor y pasión, sobre una obra que éste 2020 ha estado, y estará muy vigente, por los componentes políticos y conspiranoicos que predijo a mediados del siglo pasado, y es que, bajo mi humilde opinión de ignorante observador, no hemos cambiado tanto desde el final de la segunda gran guerra, y aunque parece precisamente distopía o ciencia ficción, si hago el esfuerzo de echar la mirada hacia atrás sin esforzarme mucho, recuerdo la caída del muro de Berlín, la independencia de Hong Kong, y otras consecuencias del mapeado post guerra fría, que yo diría que no más que haber terminado, sencillamente podríamos llamarla, la guerra templada, porque no ha dejado de estar vigente desde que empezó, y seguimos pendientes de soluciones en Palestina, en Los Balcanes, y en prácticamente toda la Africa post colonial, y así sucesivamente sin ser yo un entendido de nada ni pretenderlo, pero es que hasta los tontos, si prestamos un mínimo de atención, logramos sacar conclusiones de nuestro entorno, más o menos acertadas, y ya si nos da por documentarnos debidamente, pues podríamos hasta dar nuestras opiniones en voz alta, pero yo no me atrevo aún, porque no me gusta decir gilipolleces, aunque como todo semi humano, a veces, lo hago, pero siempre tiene uno la oportunidad de repensar, investigar, y retractarse o reafirmarse incluso.

Bueno, que para hablar con propiedad de algo hay que tener la info, que aquí todo el mundo opinamos muchas veces pero no tenemos ni puta idea, y a mi me pasa también, sí, pero al menos soy consciente y activo el firewall en medida de lo posible. Pero de eso va mucho también nuestra obra de hoy, de formar opiniones, porque al final, muchas veces opinamos a raíz de lo que nos cuentan, por ejemplo, políticos, medios de comunicación, conocidos y o familiares, y al final, si no contrastamos nada, igual le damos veracidad, porque ¿Qué necesidad de mentir tendrían todas estas personas que me están contando esto o aquello? Si no tengo datos para desmentirlo o rebatirlo, no estoy en posición de ninguna verdad, y entonces, acepto como verdad, la única info que recibo.

Esto dicho así, de andar por casa, porque para tesis doctorales y demás ejercicios intensivos al respecto, la red nos ofrece todo lo que deseemos conocer, pero preferimos el porno y el Candy crush, somos semi humanos, es así. Pero realmente, podríamos leer a Kant por ejemplo, para profundizar en la verdad, podríamos leer a cerca del Intituto Tavistock, para comprender la ingeniería social, podríamos… Pero nos conformamos con 1984.

Así que en un escenario que podríamos bautizar como El telón de cromo, ya que el acero tiene poco glamour distópico, la sociedad occidental sigue sumida en las mismas mierdas caducadas y retrogradas de la izquierda y la derecha, dejando en ridículo a todo aquél que se autodenomine centrista, porque siempre tiende a oscilar hacia uno de los otros dos lados o sencillamente el populacho no queremos medias tintas. Y dale vuelta al torno perico con las viejas etiquetas, los rancios abolengos, los rojos y los azules, encabestrándonos en un antiprogreso que a alguien debe favorecer, pero nunca al proletariado, ni siquiera al burgués de turno engañado en su trono de cartón piedra que como tiene su pan acepta que le llamen tonto, y yo que se quien será el verdadero señor del puro, ¿Los Bildelberg? ¿Los masones? ¿Arasaka y las grandes megacorporaciones? ¡¿Quién?! El Gran Hermano (risa malvada grave y prolongada).

Y no avanzamos, corremos en la rueda de hámster sosteniendo las mismas astas de bandera roída y descolorida, y si no lo haces, eres un apóstata social, un facha, un bolivariano, o peor…eres un librepensador o un miembro de la cínica tribu milenaria, y en verdad seguimos y seguimos creando categorías y subcategorías con las que camuflar el sentido común, y afloran aún de forma absolutamente incomprensible para mi cerebro chippeado, racismos, machismos, antisemitismos, homofobias, y odios irracionales para todos los gustos y colores sustentados por consignas políticas extintas, por proclamas fósiles. Y yo, demócrata convencido, de tinte socialista aunque a veces peco de capitalista, antisionista, antitotalitarista, llámenme burlonamente progresista si gustan con total libertad y sentido del humor, pues lo entenderé ya que me considero especialmente empático respecto a quienes se proclaman “liberales” , pero nunca frente a los cabestros y bueyes (con perdón a tan noble bestia de carga) que defienden todos esos odios tan asquerosos enumerados antes que desearía no tener que repetir jamás. Me siento un poco solo, saturado ante la decadencia y el surrealismo social reinante, porque no logro asimilar que haya cerebros orgánicos capaces de cometer y defender semejantes atentados hacia la humanidad y padezco el miedo o la preocupación de ser consciente de que conviven conmigo, los tengo a mi lado, muy cerca, y son una bomba de relojería a punto de estallar, o de sacar un  arma y al grito de viva cristo rey pegarme un tiro por la espalda al grito de rojo, judío o maricón (indistintamente de que lo fuese o no, ¿que más daría una vez apretado el gatillo?) como hace apenas 45 años aún pasaba en nuestras calles. ¿Cuántos millones quieren fusilar una panda de vejestorios que han formado parte de los cuerpos de defensa nacionales? Y eso que aquí no hay segunda enmienda, te cagas. Y yo pensando en que hay que promover el pensamiento global de humanidad y olvidarnos de los nacionalismos porque si no, a largo plazo, vamos a tirarnos al vacío como Lemmings. En fin, ¿qué sabré yo? Odia el juego pero no al jugador.

En verdad, como si de una campaña publicitaria se tratase, va a haber que defender el eslogan de que cada uno somos “algo más” que una cosa u otra visto lo visto, pero lo que nos falta es cemento de unión, nos falta ese puntito sardónicamente cristiano de amar al prójimo, o lo que llamaríamos actualmente los charlatanes pseudocientíficos, asertividad.

 

Y tal como decía al principio de mi reflexión, no, no hemos cambiado prácticamente nada, y no se si cambiaremos alguna vez, y hablo en plural de la primera persona, porque sería demasiado soberbio por mi parte excluirme del grupo humano occidental al que pertenezco por defecto, pese a ser consciente de nuestros defectos, ya que ejercitando la empatía de nuevo como presumía antes, tal vez, aquellos individuos que se mantengan en un eje radicalmente opuesto a lo expuesto piensen lo mismo de mi, y llegados a éste punto, podríamos leer en la red algo de Karl Popper también, pero eso es más aburrido que 1984. Y dicho todo esto, es imposible no tenerle miedo al futuro, porque estamos en manos de psicópatas, y convivimos con asesinos hambrientos. Es desalentador, pesimista, negativo, pero es una realidad, y el mundo, o mejor dicho la humanidad, seguimos funcionando como un virus, dejando al famoso COVID a la altura de cualquier santo católico apostólico románico. Y eso, sin enterarnos muy bien de que estará pasando en el resto del mundo, en países que nuestros pequeños no estudian aún en la ESO, y gobiernos demenciales cuyo líder podría ser un villano de la Marvel sentado en su castillo desayunando fetos humanos, porque muchos documentales vemos de Hitler, Mussolini, Stalin, Maho pero pocos de Duterte, o de señores de la guerra africanos mientras los medios nos bombardean con peleles como Bolsonaro  o Trump y volvemos a lo mismo, 1984, nos informan de lo que quieren que sepamos, pero George Orwell no imaginaba que hoy en día tendríamos internet, que podría ser la herramienta clave para eliminar el desconocimiento, pero creo que es incluso innecesario bloquearlo como hace el gobierno Chino, la red ya tiene suficientes laberintos de contrainformación, bulos, y demás trampas del conocimiento que nos harán crear opiniones deformes y monstruosas, auténticos ghoules intelectuales, que nos dejarán en el mismo punto de ignorancia y estupidez, como si internet no existiese. Menos mal que hay porno y póker online, ¿no? Yo que se, solo se que no se nada.

Parece esto un ensayo sobre la épica lucha entre el bien y el mal, el ying y el yang y demás magufadas erótico filosóficas.

Vamos allá con lo nuestro.




GEORGE ORWELL

Después de semejante chapa introductoria que podrá generaros sarpullidos y erupciones a todos aquellos y aquellas que discrepéis, os pediré, igual que hago yo, que empaticéis conmigo, y no me toméis demasiado en serio. Seguro que muchos y muchas tenéis opiniones contrarias, parecidas pero con matices, primas, hermanas o sobrinas, pero iguales lo que se dice iguales, ya será difícil, teniendo en cuenta además que no he expresado todo lo que llevo dentro, porque tampoco es mi intención adoctrinar a nadie ni vender ninguna moto, sencillamente, es lo que yo percibo, y seguro que mañana será otra cosa, porque el mayor valor del humano, es precisamente, que es mutante por naturaleza, cambiante, evolutivo o involutivo, pero cambiante. Según los estímulos recibidos, mutaré. Y ya sabéis lo que opino de las opiniones, valga la redundancia, y es que no son tan trascendentales hasta que lso datos objetivos demuestren lo contrario, y volvemos a darle vuelta a la ruleta del significado de la verdad.

Vamos a por la ya típica intro del autor, porque si me leéis habitualmente, sabréis que soy de los que sacan mayor jugo a la obra, si se algo del autor, si logro entenderle un poquito al menos, y Eric Arthur Blair, verdadero nombre de George Orwell (pseudónimo seleccionado con gran tiento britanófilo para firmar obras que creía avergonzarían a su familia) fue un señor de familia bien, o muy bien sinceramente, que estudió en colegios anglicanos de bien, con buenas notas, y que de ahí en adelante, se torció un poquito podríamos decir en broma. Porque podría ponerme en plan copy+paste para presentaros al autor, pero para eso ya tenéis la red, recordadlo.

Orwell se alistó al cuerpo de policía del cuerpo colonial del imperio británico en Birmania, colonia de la que era natural su madre, y allí comenzó a gestar su odio personal hacia el imperialismo británico y a tener conciencia de clases, haciendo ya sus primeros pinitos novelísticos al respecto.

Tras esa etapa de desencanto con el orden y la ley, muta a bohemio y ejerce de librero y de educador, y continúa sus pinitos como escritor, especialmente influenciado por Jack London.

Y entonces llega el momento más importante de su vida, la guerra civil española, antesala del desastre europeo en ciernes que fue la segunda guerra mundial, y se alista al POUM (partido de índole stalinista) bajo la famosa frase

“alguien tiene que asesinar fascistas”

 

Curioso que actualmente los partidos democráticos de extrema derecha utilicen su obra 1984 como punta de lanza a la hora de hacer oposición en el ojo del huracán COVID, la absurdez contemporánea es un tsunami de ignorancia descontrolada, menuda época para vivir, todo vale. Orwel debe estar descojonándose en su tumba.

El caso es que en la contienda patria, entendió que ningún bando totalitario era una solución, ni el comunismo, ni el fascismo, ni ningún derivado posible que no sea democracia. Y fue testigo de primera mano del adoctrinamiento, la contrainformación, el panfletismo, y el uso de las noticias como un arma más con el que conseguir el apoyo civil y de otras naciones.

Herido por arma de fuego en combate, y aquejado de una rampante tuberculosis, terminó sus días como periodista de medios liberales de tendencia izquierdista inglesa, vigilado con lupa por los servicios de inteligencia británicos, y con sus dos novelas cumbre, absolutamente inspiradas en su desencanto político a nivel europeo que nos avisaría de los problemas de no percatarnos de los objetivos de los líderes, Rebelión en la granja y la que nos atañe hoy, 1984.




LA DISTOPIA POR EXCELENCIA

Tras repasar a velocidad luz su obra y milagros, con luces y sombras que darían para mucho más, vamos a cortar la carnaza.

1984 Se edita al fallecer George, y nos traslada a un nuevo país, resultado de futuros conflictos bélicos y geopolíticos, que podría ser la nueva Gran Bretaña, en la que se ha instaurado un modelo de gobierno totalitario, autárquico, completamente vigilado por los ministerios y herramientas del partido para lograr la lealtad absoluta, el patriotismo forzado, y a grandes rasgos, la alienación del ciudadano.

El partido Ingsoc y su líder, El Gran Hermano, velan por la prosperidad y seguridad de los buenos ciudadanos.

Su futuro cercano, es sin duda, junto con Mundo Feliz y Fahrenheit 451, el gérmen de toda distopía actual y moderna, muy en boga últimamente, de la que beben prácticamente todos los taquillazos y best sellers del palo como Los juegos del hambre, Divergente, La Isla, El corredor del laberinto,  y clásicos incunables como La fuga de Logan, Brazil,  e incluso algunas obras de menor repercusión ya diseccionadas en este blog como Bionico. Aunque si buscamos si fue primero el huevo o la gallina, nunca llegaríamos al fin de la madeja, porque ahí está Metropolis también.

Todas las posteriores se cimientan sobre las bases de estas obras clásicas. Se repetirán hasta la saciedad con mayor o menor acierto los gobiernos autoritarios basados en la mentira y la desinformación, la lucha de clases, los atentados de falsa bandera; la alienación del individuo y su anulación para incluirlo en un sistema comunitario bien controlado, dócil, y eficiente, lo que incluye la anulación de sus emociones, sus principios, y cualquier rastro de un pasado que pueda poner en duda la gloria de la causa patria en pos del bien supremo de la nación.

Y no solo esas obras, si no que 1984 tuvo sus propias adaptaciones al cine, y televisión, destacando la dirigida por Michael Radford, o eso tengo entendido, no la he visto aún.

Por lo que tenemos patriotismo exhacervado, manipulación de la verdad, adoctrinamiento casi religioso o fanatismo, y un único objetivo nacional bélico de derrotar al enemigo (en muchas ocasiones como en ésta, invisible) como combustible de una sociedad futura basada en la productividad industrial de autoabastecimiento, el nacionalismo, el cierre de fronteras y la xenofobia.

Rectas instituciones velan por la integridad del ciudadano, tanto de carácter didáctico o escolar, sin ánimo de lucro, como las policiales y legislativas, para que se cumplan los modelos de vida estandarizados y saludables que no afecten a las bases de una recta y próspera sociedad. Por supuesto, cualquier conducta impropia, no considerada ética, ni mucho menos ilegal, es consentida, y los castigos son despiadados, y los procesos de reeducación e inserción a la sociedad también, poco menos que un lavado de cerebro pauloviano.

                                               

Osea, es fantástico, es como vivir en un gulag. Qué alegría.

Pero la naturaleza humana es la que es, y la curiosidad mató al gato. Y aquí entra Winston, el prota, un currito fracasado que como era de esperar y sin hacer spoilers, se hace demasiadas preguntas, hasta el punto de obsesionarse.

Tras la reflexión “introductoria”, creo que lo que hay en 1984 es obvio, pero recalcaría algunos aspectos.

El primero, la brillante idea de que destruir el pasado, o cambiarlo, convence a los que viven el presente de su verdad, y esto se está llevando a la práctica hoy día en prácticamente cualquier movimiento independentista o nacionalista.

Lo segundo, la importancia magistral que Orwell da al idioma, y la forma de comunicarse. Cuanto más sistemático es un lenguaje, menos oportunidades de expresar sentimientos tiene, y si además, modificamos el lenguaje para evitar expresiones o formas de comunicación que puedan herir al régimen, mejor. Brillante, muy genialmente hilado, ya que, el lenguaje, es lo que teje nuestro entendimiento de la realidad. Si vivimos en una sociedad en la que, ejemplo, guiño, guiño, la palabra “corona virus” no existe (o se prohíbe bajo pena capital), pues no tendremos ni un solo caso diagnosticado pro médicos en esa nación, ¿eh Turkmenistán? Orwell estaría orgulloso de vosotros.

Lo tercero, el punto más sorprendente y terrorífico que encontré en la lectura, aviso, mini spoiler, pero muy mini. La sorprendente posibilidad, de que un individuo, en creencia de poseer la verdad absoluta, sea capaz de ofrecerse a los actos más terribles, crueles e inimaginables, para de una forma tan maquiavélica de justificar los medios, se convierta, pese a negarlo, en lo mismo que su enemigo. Los inocentes, están a merced de los fanáticos, y el líder lo sabe, El Gran hermano lo sabe. Ese momento de la lectura, me dejó frío ante una verdad tan terrible y despiadada, que sencillamente, atestigua que convivimos con asesinos en potencia si les das la excusa adecuada.

Por último, y cuarto, cómo el sexo procede como vía de escape y terapia puramente fisiológica frente a la alienación humana, y no quiero haceros spoiler, pero claro, ésta novela tiene su puntito de romance también, como todas sus hijas e hijos contemporáneos, si es que está todo inventado. Pero la importancia del sexo como rompehielos en la anodina rutina proletaria de nuestros protagonistas, es la chispa y la causa de una serie de sucesos que no voy a adelantar.

Con todos estos temas de siempre candente actualidad, hemos hecho un mapeado de 1984 que debe servir como cebo a quien aún no lo haya leído, y que tal vez haya aburrido al que se lo sepa de memoria, pero por eso mismo, no he querido hacer una sinópsis tradicional, y me he permitido divagar sobre su naturaleza de una forma más personal y abstracta.



Como he dicho ya en otras ocasiones, un revolucionario sólo es un nuevo tirano en potencia. Bienvenidos a 202…  digo… 1984.

 

 

martes, 24 de noviembre de 2020

DOOM

 
EL INFIERNO MARCIANO

 

Bienvenidos, mutantes, mutantas, ciborgs, xenomorfos e inteligencias artificiales de toda la galaxia, una vez más, a mi humilde nodo binario del metaverso en 128ks.

Tercera entrada del mes de Noviembre, sobre la campana, y prometí hace tres semanas que iba a mantener vivo el espíritu del día de los muertos en clave de ciencia ficción todo el mes, pero maldita sea, es que ya apesta a navidad, ¿pega seguir metiendo miedo en el cuerpo a los astronautas y los cowboys?

Me he hinchado a nubes de caramelo fundidas en gofres de nutella con la excusa de Halloween, yo creo que ya está bien ¿Sí?

¡No! El terror y la ciencia ficción hacen un cocktail perfecto, como Zipi y Zape, como Mortadelo y Filemón, como Batman y Robin, como cromo y láser, sí. Así que voy a seguir empleando la excusa para hablar de videojuegos que hace muchísimo que no hablo, y podría haberme etrvido con Alien (Que lo he estado empollando pero ya será el año que viene si me guardo ese as en la manga), La cosa, u otros clásicos básicos de la cifi y el miedo , pero hace mucho que no toco los pixels, y hay que hacer honor a mi nombre.

He elegido un título del que poco puedo decir yo que nos e haya dicho ya, una obra de la que se han escrito y editado libros y ríos de tinta y Times New Roman, no creo estar a la altura de poder descifrar ya nada de ello, pero no me voy a quedar sin darme el capricho.

Bienvenidos a la aventura más violenta, sanguinaria y monstruosa que pudiese haber tenido lugar en cualquier recóndito y mohoso lugar de la galaxia, en una luna lejana de un planeta maldito, o una estación espacial abandonada sin motivo que orbita alrededor de un agujero negro… Bienvenidos al infierno (con permiso de Horizonte Final y la disformidad del universo Warhammer 40k) moderno, el hades futuro, la pesadilla echa realidad, bienvenidos a Doom.

 

¿Necesitaba Doom un transfondo en realidad? Sinceramente no, un FPS o como amablemente lo llamaría yo, un juego de disparos y matanza en primera persona, no necesita una gran historia, ni una maravillosa ambientación, ni un entorno que nos logre enredar en su tela de araña hasta no poder despegarnos, pero contra todo pronóstico, desde que por decir algo, empuñase una arma automática en mis manos por primera vez en el mueble del Operation Wolf, los juegos de disparos, funcionan mejor si tienen algo más que disparos, pro poquito que sea, y ya lo hemos visto en cohetáneos de Doom como Wolfenstein, o en apuestas más modernas con los restos de su ADN en la programación como fue la entrada de Bioshock, y lo seguiremos viendo en un porrón de fps en el futuro, que si nos dan una pizquita imaginativa para ubicarnos en el juego y darnos una excusa para matar (porque apretar el gatillo porque sí está muy feo y algo dentro de nuestro cerebro más reptiliano y prehistórico nos avisa de que eso no mola), lo haremos con mucha más alegría.

Y claro, nada mejor que una ficción para camuflar nuestras ansias de demostrar nuestros reflejos y secretar adrenalina a zambombazo de arma pesada desde cada esquina de un laberinto, porque si me tengo que poner en la piel de un cadete de la segunda guerra mundial, con su fusil, y tal…mmmhheeee….

Pero si voy a enfrentarme a criaturas del averno, aberraciones biomecánicas, mutantes, soldados alienígenas o nazis ciborg… Pues entonces, como en un meme con Drake de protagonista, sonrío y entono un melódico “Sí nene”.

Y en 1993 ID Software nos ponía en el disquete al alumno que superó al maestro (Wolfenstein), y nos creíamos un marine colonial intraplanetario en misión rutinaria por Phobos, una de las dos lunas de Marte, que de repente se encontraba en una situación de vida o muerte al haber fracasado uno de los experimentos científicos más ambiciosos de la humanidad, el portal de teletransporte, que por H o por B, debió de cruzar su ruta interdimensional y subatómica con una pequeñita puertecita hacia otro plano que coloquialmente y sin ser muy técnico podríamos definir como el infierno, sin paños calientes.

Y todas las monstruosidades, pecados hechos carne, atrocidades flotantes, espíritus condenados, caníbales de ultratumba y demás fauna satánica imaginable, decidieron cruzar la puerta y sembrar el caos por toda la superficie del satélite marciano.


¿Da miedo? A mi me lo daría si tuviese que desarrollar ésta historia de una forma mucho mas narrativa, pero no hizo falta mucho más, una escopeta fue suficiente para comenzar a repartir estopa sin preguntar, total, ya sabíamos demasiado, disparar o morir, siempre hacia adelante.

John Carmack y su tocayo John Romero trascendieron al olimpo de los desarrolladores casi al instante con Doom, que mejoraba lo ya visto en Wolfenstein en la misma compañía, sin mucha sorpresa, cambiando una ucrónica Alemania nazi de ciencia ficción por laberintos demoniacos en marte, mezclando lo pagano con lo futurista, como ya hizo Wolfenstein insisto, pero un par de niveles más por encima, creando un juego tan goloso, tan obsceno y tan exagerado que si nos gustaba ya el café, nos daban cinco tazas con éste nuevo título. Jugar sobre seguro nunca dio tan buenos resultados.

Realmente, existe un poco más de trasfondo, pero a todos nos daba igual, que las instalaciones marcianas perteneciesen a un conglomerado corporativo conocido como UAC (Union Aerospace Corporation) o que durante lso experimentos de teletransporte el segundo satélite marciano, Deimos,  desapareciese de la órbita. Eso estaría bien para desarrollar libros, cómics, películas… espera, espera, luego hablamos, sigamos en ésta rama un poco más.

Doom corrió como un virus de disquete en disquete, su popularidad se disparó, su mecanismo, simple como el de un sonajero, que consistía en recorrer un nivel desde un punto A a un punto B por un pequeño laberinto, recogiendo armas, llaves, armadura, ítems de súper poderes y aniquilando demonios, enamoró a los jugadores de todo el mundo, y levantó las siempre absurdas críticas de sectores proteccionistas que llegaron a unir cabos afirmando que Doom era un simulador de matanzas que motivó a la juventud a cometer actos repudiables como el tiroteo del instituto norteamericano Columbine, asegurando que los asesinos era fervientes jugadores del título.

La facilidad de poder crear nuevos niveles customizados por los jugadores (los llamados WAD) y modificarlos también (los llamados MODs de los que vimos casi todo, como uno con audios de Chiquito de la Calzada) fomentaron aún más la popularidad del juego. La diversión nunca terminaba con Doom.




Pronto el mercado se inhundó de clones de Doom, había pasado de largo y sin derrapar al puñado de juegos más influyentes de la historia. Casi ninguna videoconsola doméstica que pudiese portar o soportar dignamente sus texturas y el motor de juego 3D se negó a tener su Doom, destacando el esfuerzo de Nintendo para adaptarlo a cartucho de Super NES (el que yo jugué hasta que tuve un PC en casa), exprimiendo el máximo potencial de la 16 bits de la gran N.

La gente enloqueció, compañías como Lotus  e Intel prohibían explícitamente a sus empleados jugar Doom en horas de trabajo, muchos fabricantes de ordenadores incluyeron Doom en el disco duro como premisa para su venta, y aquello no había hecho más que empezar.

CARMACK Y ROMERO EN LA COCINA

Todo esto, no hubiese sido posible sin los papás, los “Johnes” Carmack y Romero, y no dejemos fuera a Adrian Carmack.

El caso fue que ID andaba queriendo crear un nuevo juego 3D en la línea de su niña de ojos bonitos, Wolfenstein, pero más enfocado a todos los públicos, aprovechando una pequeña franquicia plataformera de aspecto infantil denominada como la saga del Comandante Keen.

Carmack estaba en otra onda, él quería crear algo duro, oscuro, futurista, y bueno, ID acabó aceptando barco como animal acuático, y menos mal.

Carmack tuvo 3 musas, Dungeons & Dragons (El icónico cacodemonio está extrapolado del beholder de D&D), Alien el octavo pasajero (ambos era fans de Giger e intentaron, fallidamente, hacerse con las licencias del xenomorfo) y Evil Dead 2 (la motosierra a cuento de qué si no en el juego, obvio).

Bueno y una cuarta, El color del dinero, película de la que supuestamente eligió el título de Doom.

Todo esto debió de ser un dolor de huevos para Tom Hall, el creativo de ID que estuvo intentando encauzar las ideas de Carmack, que quería una buena historia, profunda, y otra serie de características que Carmack le negaba una y otra vez. Seguro que estuvo desconfiando del proyecto a diario para después comerse sus palabras una vez vistos los resultados de ventas.

Los “Johnes” solo buscaban un resultado, “Algo mucho más brutal que Wolfenstein”, y ya está, eso era todo.

La música y los FX, por Bobby Prince, también eran importantes, tenían que estar acordes a la brutalidad esperada.

Y todo salió a pedir de boca desde la más simple de las premisas, mejorar lo presente, y desde su estreno, Doom facturaba él solito 100.000 dólares diarios para la compañía. Chúpate esa Tom Hall. Cien mil unidades vendidas en un año. Y aquello solo fue el principio, su fama crecía día tras día, y lso años consecutivos se habló de millones de unidades vendidas al año, con una media de 8 millones de dólares anuales en beneficios sólo en EEUU.

Y su legado se reflejó en docenas de títulos como System Shock, Hexen, Blood, varios títulos de Star Wars, y por supuesto Duke Nukem.




QUE LA FIESTA NO PARE

En 1994, sin aportar mucho más pero aprovechando el rebufo, salía a la venta Doom 2: Hell on Earth, 30 nuevos niveles de lo mismo, más demonios nuevos, más armas nuevas, más sangre, más pólvora, más misiles, mas Doom que es que no nos hacía falta nada más.

Doom, Doom, Doom!!!

En esta ocasión los demonios se habían abierto camino hasta el planeta Tierra, y todo era caos y desesperación.

También mejoró los sistemas de multiplayer de su predecesor, de los que no he hablado antes, pero que ahí estaban, primitivos pero estaban, con la posibilidad del deathmatch.

El marine sin nombre, comenzó a ser apodado Doomguy, y seguíamos repartiendo muerte con él.

Con todos los deberes hechos, esto fue tarea de chupadatos, con nombre y apellidos, American McGee y Sandy Petersen, dando unas merecidas vacaciones a los “Johnes”, que como ya hemos visto, lo suyo era programar, no complicarse la vida con historias.

Hubo una nueva versión de Doom (Definitive Edition) el año siguiente, con niveles extras.

Se siguieron portando a consolas (Doom 2 llegó a Game Boy Advance por ejemplo), y en 2004, mucho después (no sin que hubiesen ocurrido cosas entre medias, tiempo al tiempo y con orden), llegó Doom 3, que pasó sin pena ni gloria como un reboot de la idea original, devolviéndonos a Marte con mejores gráficos, pero pocos aciertos, sin ser un mal juego, sencillamente, no dio la talla que se esperaba de un título como Doom, y suele pasar cuando se estira demasiado el chicle, lo hemos visto suceder docenas de veces. Su intención fue desarrollar narrativamente lo que ya conocíamos de Doom, cosa que no se si a estas alturas hubiese tenido el beneplácito de Tom Hall, pero que tantos años después, ya era innecesario. Incluía una línea argumental al estilo Half Life (que gran obra maestra), conociendo personajes en las instalaciones marcianas de la UAC que fueron los responsables del fracasado experimento interdimensional, y nos va soltando con cuenta gotas los enemigos que van infiltrándose en nuestro plano material poco a poco ante la esquizofrenia y la locura del personal científico de las instalaciones.

La idea, podría haber funcionado, si fuese éste el primer Doom y fuese 2004 efectivamente, pero no, el primer Doom tenía ya una década, ya  nadie le importaba un carajo la historia del juego, ni siquiera a su creador. Así que lamentando los esfuerzos de Mathew J. Costello por enriquecer el universo Doom, pero como diría el Nota “Podría vivir perfectamente con una mancha de pis en la alfombra, pero…Que va tío, más complicaciones”.

El juego, intento de survival horror del que tal vez hubiese podido beber algo Dead Space,  incluía uso de linterna, el movimiento era más lento y menos frenético pese a seguir siendo un FPS puro, e intentó explicarnos más cosas del lore de Doom, funcionando argumentalmente en dúo con un videojuego para teléfonos móviles titulado Doom RPG, que quiso hacer las veces de precuela narrativa del Doom original. Y a veces, remover el pasado no es la mejor idea.

Del “motorcillo” de Doom RPG se reciclaron Wolfenstein RPG y Doom 2 RPG, que se que existen, pero poco más.

Por supuesto, como ocurrió con los títulos 1 y 2, tuvo sus expansiones de niveles a la venta.

2016 Nos brindó un nuevo Doom, a secas, que retomaba la acción frenética del original, adaptado a las nuevas máquinas, con las ventajas jugables que eso conllevaba, hubo un Doom 64, pero la estocada llega hace poco, con Doom Eernal, que intenta únicamente cumplir lo mismo, más niveles, más demonios, más sangre salpicándote la cara entre humo y fuego, pero en 4K. Ni tan mal. ¿Era necesario? Estorbar, no estorba, si lo quieres, ahí está. Al menos siguen fieles al concepto de Carmack, matar sin pensar.




Para mi, la cosa se quedó parada en Doom 2, aunque no descarto hacerme con el Doom de 2016 ni el Eternal cuando lso vea a buen precio para mis videoconsolas.

Pero no podemos obviar un título, que si no se llamó Doom 3 (ni 4, ni 5 ni 6) supongo que fue para no saturar el mercado…

QUAKE, EL HIJO PRODIGO

Como hemos dicho, Carmack parió la criatura y dijo “a otra cosa”, que él no se iba a complicar con historias, ya había una legión de masillas en ID para seguir llenando las arcas gracias a su idea.

Y en 1996, en medio de todos esos MODs de Doom 1  y 2, kaboom!! Un nuevo motor inspirado en su ojito derecho pero técnicamente muy superior se presentaba con el nombre de Quake.

Tal como su creador deseaba, Quake supuso un cambio obligatorio tecnológico en las tarjetas aceleradoras de gráficos para ordenadores personales, mejoraba Doom de una forma tan realista y terrorífica, que la diversión ahora se multiplicaba por 100.

¿La misiva? Tres cuartos de lo mismo, ésta vez, un ranger especial sin nombre (de nuevo), había cruzado el portal dimensional que una corporación había abierto por accidente durante sus experimentos, adentrándose en el mismísimo infierno.

Vaya, vaya, ahí vamos de nuevo, solo que esta vez, al otro lado del espejo. Un infierno gótico futurista de criaturas inimaginables dispuestas a devorarnos o a freírnos con sus armas de largo alcance. Un infierno que guardaba un pequeño guiño al viejo maestro Lovecraft, por cierto.

No voy a entretenerme de más contando cosas que todo el mundo sabe, mejor que yo, pero este fue mi título favorito, para mi fue el extasis de los FPS, violento, trepidanteoscuro, grimdark, satánico…. Aún lo juego asiduamente, aunque reconozco que no poder mirar hacia arriba ni hacia abajo, acostumbrado ya a los juegos actuales, me mata.

Le siguieron Quake 2 y Quake 4, en los que Carmack volvió a hacer la bomba de humo tras parir a la criatura y principalmente su motor, y lso creativos, dirigidos por Tim Willits, dieron un giro drástico al título, reseteando una nueva saga inspirada totalmente en la ciencia ficción y la lucha de la humanidad contra un nuevo enemigo nada pagano, si no extraterrestre, los Stroggs, unos humanoides ciborg que se convertirían desde entonces en el némesis cósmico de la raza humana.

Ambos juegos, tenían un mayor peso argumental, contaba una historia heróica entre disparos y explosiones, alimentando la experiencia hacia un universo nuevo que explotar y no reduciéndola a una experiencia casi arcade como hizo Doom.




A mi, Quake 2 me gusto mucho, porque presentaba un futuro tan oscuro, siniestro y grimdark, con esos aliens ciborg tan feos, que no me importó que se alejase dela sombra del papá Doom, mientras que Quake 4, me dio una sensación más vacía, para nada grimdark, mucho más luminosa e intentando competir con una nueva saga emergente de marines espaciales en FPS llamada Halo, sin éxito.

Entre medias, como Vivancos 3 (que aún no ha hecho Wyoming la 1 ni la 2), apareció Quake 3 Arena, que adoptaba la nueva estética cifi de Quake 2 tanto en personajes como en escenarios, pero que se centraba en el juego multijugador de “arena”, un pequeño “todos contra todos” en un espacio limitado donde en un tiempo el que más veces mataba a sus rivales, ganaba. Un concepto puramente competitivo que abrasó mi consola Sega Dreamcast a 4 mandos en Split screen durante meses.

No aportaba nada al universo Quake como una historia en expansión, pero como herramienta de ocio y diversión no tuvo igual (lo lamento por los fans de Unreal Tournament que me lean).

Hubo más entregas de Quake, incluso de estrategia, pero para mi, acabó en su cuarta entrega, y no sería justo repetir lo que diga mi oráculo favorito de infored por rellenar líneas, que ya cansaría demasiado.




EL LEGADO

Como no podía ser de otra forma, Doom generó un mercado de expectativas y productos infinito que pervive hoy mismo, y su universo, en contra de lo que Carmack hubiese hecho (aunque creo que se la sopla bastante), ha seguido reproduciéndose hasta la saciedad.

En 2005, la siempre hambrienta de ideas ajenas Hollywood no pudo resistirse a la brillante idea de llevar Doom a la gran pantalla, y como todos los aficionados sabemos, no me caben en los dedos de una mano las adaptaciones cinematográficas de videojuegos que son como poco correctas, y Doom, no está entre ellas.

Una película que me ha dejado dormido en varias ocasiones, sin esperar absolutamente nada a medida que avanza su metraje, hasta que un día me obligué a verla bien colocado de café. Porque es un bodrio insoportable firmado por (a ver si lo escribo bien) Andrzej Bartkowiak, señor polaco que tras ganarse la vida como fotógrafo, le dio por hacer películas, un porrón de ellas, de las que podemos recordar con cariño en la fotografía Speed, Arma letal 4, Species, y como director poca leche como Romeo debe morir, pero no Doom.

Una bravuconada con intentos de resultar de mal gusto (estos yankees no tienen mili ninguna y la calificaron “R”) pero que es un pedete, hablando pronto, mal y en confianza.

Al menos, no como hacen otras adaptaciones fílmicas, respeta la idea del videojuego, que ya nos hemos cansado de decir en la entrada, que era bien simple, y nos lleva a un grupo de marines espaciales a unas instalaciones marcianas del futuro, donde los experimentos de teletransporte han salido rana y el resto ya lo sabéis.

Tienen la decencia de incluir guiños bonitos como llamar a uno de los científicos de la base Dr. Carmack, o filmar una serie de secuencias de acción como si fuese el propio videojuego desde vista primera persona por los túneles de la base.

Hasta ahí, bien, las gracias, es una película respetuosa y simpática. Pero es que en general, no vale nada.

Dwayne Johnson “The rock” se encargará de encarnar al sargento sin nombre de la cuadrilla militar enviada a marte, añaden algunas licencias más que necesarias (porque no será por John Carmack) para rellenar metraje y darle un mínimo sentido, con arqueología marciana y algunos puntos de cultura pop “ancient alien”, y le da un giro que no voy a spoilear a las apariciones monstruosas.




En fin, como peli de acción no vale nada, o tal vez sí, te la puedes ver si eres muy fan o desconfías de mi opinión, que en verdad es lícito, porque mi opinión, no es mejor que la tuya nunca lector. Qué leches, póntela y escríbeme en el campo de comentarios después por favor, dale vidilla al blog.

Pero sin duda, es mejor que Doom Annhilation, un telefilm de presupuesto ajustadito, que…en fin, paso palabra. Firmada por Tony Giglio, guionista y director de un puñado de bodrios mas o menos exitosos.




De Doom existe también un juego de mesa, estilo ameritrash, de la mano de Fantasy Flight Games, con un tablero modular estilo “Space Hulk” y unas miniaturas de un detalle y un gusto exquisitas para meterle el pincel si sois aficionados a los wargames y los dioramas, etc…

No lo he jugado, pero promete ser fiel a la idea de Carmack, recorrer pasillso y matar, esta vez, no gracias a nuestros reflejos sobre el joy pad o el ratón, si no con cartas y dados, demasiado a la suerte tal vez.

Tenemos novelas, varias, en las que el famoso marine anónimo es bautizado como Flint Taggart. Curioso ¿verdad? Al fin tiene nombre el protagonista de la saga, ¿o no? ¿O es otro marine que no es el que manejamos en los videojuegos? Bueno, habrá que lleras y sacar nuestras propias conclusiones. Aunque Toma Hall quiso haberle bautizado como Buddy Dacote, ojo a esa, que tocapelotas Tom, déjalo estar.

Hubo incluso un cómic editado por Marvel, rara pieza de coleccionismo de nada más de 16 páginas impreso para una feria del videojuego en 1996.

Aquel marcador de vida, con el rostro del marine, no se nos va a ir de la mente con facilidad en décadas, así que, me despido y os dejo que me voy a echar una partidita al Doom. Por último ¿Por qué empuña la escopeta con guantes pero golpea puñetazos a nudillo descubierto?