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lunes, 21 de diciembre de 2020

ARMITAGE III, CYBERPUNK A LA JAPONESA

 

ARMITAGE III, MISMO NOMBRE, DOS OBRAS DIFERENTES

¿Qué pasa choomers? ¿habéis lanzado ya por la ventana vuestros ejemplares de cyberpunk 2077? ¿O sois como yo que defiende a Arasaka a capa y espada pese a sus obvios y decepcionantes fallos en el acabado y la jugabilidad? A tomar por culo con ello, si en cuanto vi que me cambiaban el tráiler de la chica guapa con implantes afilados tiroteada por la policía con un cartel de la ilustración original de Alt del manual Cyberpunk 2020 de R. L. Talsorian Games de fondo, por el del p.u.t.o. Keanu Reeves, ya supe yo que todo se iba a la mierda, y os lo dije, no me estoy haciendo el Capitán A Posteriori, os lo dije, P-U-T-O Keanu, blasfemias así contra Johnny Silverhand no podían ser perdonadas por los dioses digitales del cromo y han maldecido a CD Projekt Red  con buggs ancestrales.

Nos acercamos al final del año, el comienzo de una nueva década, crucémoslo como si fuese un tubo de conexión cegador, atravesando el ciber espacio a través de glitches, spam, y residuo eléctrico; o como si fuese un túnel de gusano a velocidad luz a los mandos de nuestra berlina interplanetaria mientras los destellos de azul cósmico se reflejan en la carlinga.

¡Vamos que nos vamos!

A mi el 2020 me ha defraudado profundamente, porque era el mejor año para vendernos la realidad virtual inmersiva, y ya no salir nunca más de nuestras celdas de pladur, trabajar en una oficina virtual, salir de copas con las amistades a clubs virtuales, sexo virtual… Maldigo a Sanyo, Apple, Microsoft, o quien quiera que no haya hecho los deberes debidamente para éste 2020, porque hubiese sido el año ideal para “Los sustitutos” versión ciberespacio, y quedarnos todos en casa ajenos a cualquier pandemia, recibiendo nuestras compras con drones a domicilio, haciendo vida con unas gafas y unos guantes desde una butaca o el sofá, mientras aquellos cuyo medio de sustento hubiese sido engullido por el progreso capitalista tuviesen que vivir en slums en el exterior, bajo puentes, en parques o en las cloacas, forjando una resistencia mutante antisocial; y la juventud sin estudios ni trabajo formase violentas pandillas motorizadas. Hemos perdido la mejor oportunidad de nuestras vidas para hacer realidad el futuro que llevamos décadas imaginando, somos unos parguelas.

En fin, que todo va a seguir igual que hace un año en cuanto se vacune a todo el mundo. Puede que a algunos y algunas nos caiga un rayo o nos caguemos encima, no se, pero es lo que hay.

Y tras un toque de humor absurdo, porque prefiero reir que llorar, y lamento si hubiese herido la sensibilidad de alguien, no era mi intención, voy a tirarme de cabeza al tema que me trae a mi buhardilla virtual hoy, un comic (manga) que primero fue una película de animación (OVA), y que parecen no tener nada que ver la una con la otra, para bien y o para mal.




Se trata de Armitage III, una obra cyberpunk que quedó eclipsada en los 90 patrios por méritos propios en los kioskos, y no solo por la mejor de las excusas que hubiese sido que no podía competir contra Akira, Patrulla especial GHOST ni Apleseed o Alita. Pero es que el manga de Armitage III se eclipsa a sí mismo con su dibujo y el giro de estilo narrativo posterior a su presentación como Anime.

Así que empecemos por el principio, 1995, Chiaki J. Konaka (Digimon) escribía la historia de Armitage III, reconocido fan de los mitos de Lovecraft (a ver si ahora los digimon estos van a estar inspirados en dioses primordiales, la leche) se puso al frente del screenplay de lo que serían los 4 primeros episodios televisivos que nos presentarían Armitage III.



La versión “papel” sin embargo fue escrita por Zarae Otana y Tatsuya Ikegami, recayendo la responsabilidad del dibujo en Hiroyuki Ochi, por lo que lo primero que queda claro es que Armitage III  no es producto personal de un solo autor, si no más bien, el juguete de una productora a disposición de diferentes creativos o dibujantes, en éste caso Tokuma Shoten. Esto, ya explica abstante bien por qué el manga no se parece en nada al film, en nada. Conservan el mismo guión dorsal y lore pero ni las personalidades de los protagonistas ni el estilo plástico concuerdan en absoluto de un soporte al otro.

COCKTAIL CASPOSO DE ASIMOV Y BLADE RUNNER

¿Qué puedo decir yo de Armitage III? Seguramente poco y mal dicho será lo que diga, ya que no soy un otaku, apenas me gusta el manga y solo consumo el de ciencia ficción y con reticencias. ¿Os preguntáis por qué? Pues si no os lo preguntáis os lo digo también, es lo malo de la retórica. Personalmente opino que los mejores tebeos cyberpunk son los firmados por japoneses, sin duda, y no voy a volver a enumerarlos, pero sin embargo, sí enumeraré algunos de los occidentales del género más galardonados o endiosados, como Ronin o Transmetropolitan, y joder, amo Transmetropolitan, lo amo, pero los japos se llevan la medalla de oro en el cyberpunk ilustrado.

Sin embargo, ya lo he comentado alguna vez, tal vez en mi entrada de Blame!, no recuerdo, pero no logro conectar con el sentido del humor japonés, esas cosas (perdonad mi ignorancia lso que sabéis del tema) que a veces creo que se etiquetan como wayfu o kawai, o no se, de verdad, no se, pero no entiendo sus conflictos ético sociales la mayoría de las veces, ni comulgo especialmente con su afán de sexualizar heroínas en historias que pretenden ser distópicas, serias o grimdark, porque si lo que quiero es ver tetas gordas en un cómic me leo un Kiss Comix. No solo esto, si no que el montaje occidental de su lectura oriental suele quedar confuso, no es consecuente, me dificulta seguir el hilo, y si lo intento de derechas a izquierdas casi que peor, y suelen dejar muchos flecos y cosas sin explicar, demasiadas, y estoy siempre estrujándome le cerebro y pasando páginas de atrás hacia adelante una y otra vez para ver qué no estoy entendiendo, y me desespera un poco.

Pero ni con esas puedo quitarles a los malditos japos locos el podio de la historieta cyberpunk.

Esto mismo, genera otra situación, la sobrecarga de la temática en el mercado noventero, y al final, cuando más de la mitad de las obras mejor consideradas por la crítica y el público son cyberpunk, el pescado está vendido, no todas las obras pueden ser perita, y algunas no van a pasar de paja.

Armitage III tiene un poco de éste handycap o San Benito. Primero, quiero comentar una majadería mía, que es el propio nombre de la serie, homónima a la de la protagonista, Armitage, que considero un guiño, tributo, a la obra de WilliamGibson, por su personaje del Neuromante de mismo nombre. Aunque esto solo lo pienso yo, porque al parecer el guiño va para el de Providence citado antes, y el Dr. Armitage del Horror de Dunwich. A mi que me lo expliquen.



Dicho eso, es el Anime el que comienza la historia, y el manga lo que la continúa en un orden cronológico de la historia, y leer el manga sin ver los episodios, empeora la experiencia. Nos vamos a ir al planeta Marte de 2046, colonizado por la humanidad en una campaña de expansión por el sistema solar, pero gracias a los trabajos llevados a cabo por los robots y androides, la mejor mano de obra posible, la de la inteligencia artificial.



Desplegado el tablero, tenemos al detective humano Ross Sylibus, un tipo duro, el protagonista perfecto de un hardboiled, pastiche de future noir fusilado hasta la saciedad, lobo solitario con un trauma en particular (no spoiler).

En la otra mano, la protagonista absoluta, Naomi Armitage, policía de marte, sexy y provocadora de más, con pintas entre lo bondage y el chapero, irreverente, macarra, no tiene nada de frágil, es una matona de élite, una heroína de armas tomar.

Unidos por lo laboral, van a tener que esforzarse en hacer equipo para detener a un criminal muy particular, un asesino de androides tipo 3, los “nexus 6” de la historia, el modelo más avanzado de la robótica marciana que incumple las normativas legales y deberían estar fuera de servicio, un modelo capaz de camuflarse perfectamente entre la humanidad ya que son de apariencia idéntica a la orgánica y pueden comportarse emocionalmente, crear arte incluso, prácticamente indistinguibles de los humanos reales.

Con estos elementos, cualquiera diría que estamos en una obra de Asimov o una versión spin off de Bladerunner, porque tenemos los elementos más empleados en la receta cifi de comedor escolar hasta la fecha.

Potaje de robots.

Como podéis imaginar, sin spoilers, encontraremos las sempiternas y caducas tribulaciones a cerca de qué diferencia al humano de la máquina, la conciencia de la máquina, el alma frente al software, el síndrome de Pinocho, revueltas “racistas” antirobots, los problemas sociales de la robotización, la revuelta robótica en contra de sus amos humanos, y es que lo hemos hablado tantas veces (y lo hablaremos inevitablemente) que tampoco quiero hacer hincapié en ello, porque lo tenemos muy sobado (podemos rebobinar a la entrada del videojuego Detroit o Alita GUNNM para seguir haciéndonos daño con este saco de cuestiones filosóficas).

Al menos, la película, nos los propone todo en un ámbito serio, melancólico, maduro, con muy leves toques de humor “amarillo”, siendo un ejercicio recomendable para todo fan del cyberpunk darle un repasito a sus 4 episodios, compilados en el largometraje Poly-Matrix y por qué no, la secuela del 2002, Dual-Matrix.

La banda sonora, las escenas de acción, y los momentos de “reflexión” con metáforas acerca de lo vivo y lo artificial, el arte, la fe y el amor, cumplen con la expectativa.

La búsqueda de identidad de Armitage en medio de una serie de conspiraciones policiacas corporativas entre Ross y los fabricantes de droides modelo 2 hará avanzar la trama de esta historia ciber noir de manual. Merece la pena.

Mientras que el manga, bueno, si no recuerdo mal son 5 números de unas 70 páginas aproximadamente, en el que se infantiliza las personalidades de todos los papeles, convirtiéndose Armitage en una ciborg algo ridícula y cuqui que abandona por completo su papel psicótico y violento que manifestaba en la peli en ocasiones (no quiero spoilear de más); el dibujo hay veces que no tiene perdón de Dios y la calidad dista mucho de la del anime, y seguimos dándole vueltas al tema de los robots, sus funciones, y un extraño propósito secreto en la programación de Armitage y su némesis de clase 3, el “Roy Batty” de la historia, que es un clase 3 anti humanos con ansias megalómanas. Está más en la línea de Alita, que en la de GITS que estaba la película, y es que todas esas droides quieren ser Kusanagi, y ella quiso ser Molly Millions, ¿o no?



El manga incluye un donaire absolutamente innecesario llamado Chika, que es el robot doméstico de Armitage, y que infantiliza aún más la secuela impresa del anime, dejando de muestra un botón.

 

Y poco más mutantes y mutantas, sota, caballo y rey, esto es lo que hay sin contaros toda la trama y sus pocas sorpresas, que podéis imaginar antes incluso de darle al play o pasar la primera hoja de papel, pero bueno, no os va a llevar mucho de vuestro tiempo libre tampoco, y el saber no ocupa lugar, o si, según los gigas o los teras. Yo le di su oportunidad y no me arrepiento.

jueves, 6 de agosto de 2020

EL CYBERPUNK POR RODOLFO MARTINEZ


RODOLFO MARTINEZ

Calor, mucho calor. ¿Alguien se acuerda de la capa de ozono? Los profesores virtuales en sus clases no presenciales de historia, y nadie más. Y así nos va, hemos evolucionado como especie (por que decir como sociedad es muy arriesgado) destrozando y olvidando lo destrozado. Pero siempre hay beneficiados, como Kimicare, que lleva 10 años siendo líder indiscutible de producción y distribución de protectores solares factor 85 y complementos alimenticios sustitutivos.


He pasado el mes de Julio en el norte de la Insula Ibérica, cerca de la costa, huyendo del viento cálido que derrite Ciudad Capital, pero aquí estoy de nuevo, la Biogranja Factoría de procesado de permisos genéticos no descansa, y he tenido que regrsar a la periferia a canjear mis servicios cualificados estándar clase C por créditos para sobrevivir. Tengo que cambiarme un fusible y un par de nano turbinas de vez en cuando, y darme sesiones extras de lubricado, pero estoy de vuelta en el ciber espacio malditos choomers.


Durante esos fantásticos días de reposo, he vuelto a leer, bastante, y he retomado energía con mis nanositos fotovoltaicos celulares, energía que había mermado mucho desde el comienzo de la megaplaga, tiempo en el que pese a haber estado encerrado en el apartamento de sintepladur más tiempo de la cuenta, ni leí, ni visioné ni nada. Tuve el sistema defragmentando y buggeado.

Pero ya es la hora, y en Agosto el tungsteno debe fluir.


Vamos a dejarnos ya de payasadas y centrémonos. Hace ya unos años leí un libro cyberpunk editado por Gigamesh, y éste verano otro de Miraguano, y entonces, poco a poco, me sumerjo con fascinación en el universo personal del autor, Rodolfo Martínez.


De Rudy (como Rucker pero en versión asturiana y por ende de pronunciación fluida) pocos datos a nivel “bookstar” pude encontrar por la red a parte de su parca ficha de datos globales públicos de Wiki Watch, una buena entrevista en otros blog de literatura y ciencia ficción, y reseñas y sites de venta de sus obras. Tal vez por que no es un rock n rolla de los best sellers, y porque sus preferencias creativas no van a la onda mainstream, o yo que se por qué, si solo soy un cyborg barato con un sistema operativo pirata sin actualizar y piezas de importación asiática con aspiraciones ninjas justicieras. Yo que se.



Lo que sí se es que lo poco que llevo leído de su obra, me gusta, mucho. Y a los señoros y ñoras de los Ignotus también, porque se ha llevado algunos cuantos, y no sólo a los de la alta ceremonia literaria del sector, si no a otras cuantas entidades facilitadoras de premios, trofeos y diplomas. Y a nadie le amarga un dulce. Pinta bien, parece que compartimos criterio.


Rodolfo se ha dedicado a escribir fantasía y ficción, aparentemente por lo que llego a descubrir, desde su adolescencia, con especial gusto por la ciencia ficción, pero por lo poco que me parece discernir de el autor (sabéis que soy de los que le gusta vincular el autor a la obra haciendo un pack de comprensión avanzada) lo que le va no es un “ámbito” en el que ubicar sus historias, si no un “modo”, es decir, lo mismo me da que me da lo mismo que Rodolfo nos traslade al año 2345 que al 1938, a un universo ficticio, una línea temporal imaginaria, o una época registrada en los libros de historia, lo que va a hacer es movernos a través de una historia mediante el thriller o el noir y le veo una vena muy detectivesca que pese a que haya contrastado con su bibliografía y la pasión por Sherlock Holmes, se mastica en sus obras cyberpunk, que ni si quiera entrarían dentro de los canones gibsonianos del circulo ochentero original, pero que le jodan a los cánones, las reglas están para romperlas, y eso sí que es punk.


El autor es un imaginador como diría mi socio Alexander Sad Pimp de la División Fuzz, un visionario de la ficción neuronal, mucho más cálida que la realidad virtual, un artesano de la ensoñación, y eso es lo que me divierte.

¿Le estoy haciendo mucho la pelota? Qué putada, pero es que es lo que percibo con los dos libros que me he leído y todo lo que veo de él. Es el Dios de un universo propio que atiende y alimenta, sin dejarlo morir, un Dios cuidadoso y clemente con sus creaciones, que igual se mete en un ciclo de novelas no canónicas de Sherlock Holmes que reimagina una evolución humana desde finales del S XX hacia el futuro a largo plazo, abarcando una línea temporal de siglos, como si fuese Herbert, en la que las historias que nos narra no son consecutivas, pero suceden en el mismo marco, en su universo, Drimar, aunque no nos diésemos cuenta. Y él, riega Drimar, como Asimov regó su universo desde los robots a la fundación, cubriendo grietas siempre en el mismo color de la pared en la que vemos la historia. Y ese trabajo yo siempre lo agradezco. Enriquece, fideliza y te hace crear suposiciones y jugar a inmiscuirte en sus próximos sucesos o tejer lazos de relación y puntos que ni el propio autor ha puesto a mi alcance, o que precisamente, son cebos para alimentar mi software imaginativo. Así que estamos frente a un pequeño Miller o un pequeño Ridley Scott patrio, tentándonos a divagar y cuñadear en respecto a un universo del que sólo él es propietario y sobre el que sólo él tiene permiso de edición como administrador, pero del que al leer, nos sentimos parte, y obviamos el cartel de “no tocar” y el de “no alimente a los personajes” y todas las señales en rojo a su alrededor.


Y son sus vicios, sus fetiches, lo que nos hace sentirnos cómodos con él, y creernos que estamos entendiendo parte del mensaje cifrado que ha encriptado en su obra, nunca del todo, pero con algún acierto prestado a Lewis Carroll y a Conan Doyle y a Robert E. Howard, y te da la sensación, aunque sea ficticia, de que compartes con él todo eso, que te ha llegado su mensaje en la botella, y que cada página que paso de su obra a la sombra de un árbol clónico en el boulevard de Ciudad Capital le llega un pop up a su neuro red y entonces la comunicación entre autor y lector ha sido exitosa y se han completado todos los envíos de paquetes que había en cola.


Y para más, podéis encontrarle por twitter y en su blog escrito en el agua.


LA SONRISA DEL GATO


Y vamos con la lectura más reciente, pero no la más moderna, ganadora del ignotus del 96, hace ya unos lustros y sigue tan fluorescente como el primer día. Aún huele a radiación. Me encanta.


La sonrisa del gato nos lleva a La peonza, una estación orbital que parece ser “tierra neutral” para las grandes facciones políticas enfrentadas de la Tierra y el Sistema Solar colonizado en un futuro no muy lejano, más cyberpunk de segunda generación que space ópera con su pompa y neo feudalismo. Una ciudad ingrávida en el espacio que es la “Andorra” del sector, una ciber Sodoma tanto para el civil como para el inversor, un ecosistema perfecto para la conspiración corporativa y gubernamental, el espionaje, el libertinaje y la vida pirata y todo lo que se te ocurriría hacer si mañana en aguas internacionales saliese a flote una prolífica ciudad de las oportunidades sin restricciones éticas ni jurisdiccionales de tu país de residencia.


Y allí, destapando algunas de las filias recurrentes de Rodolfo, tenemos a Chandler y sus irregulares de Baker Street, un local de inspiración neo victoriana regentado por un traficante de información y su pequeña legión de fisgones entre los que destacar a Dedos y a Memo, muchachos a los que cogeremos cariño inevitablemente. Esta entrañable cuadrilla al filo de la ley, se encargan de cotillear y mercadear con la información recogida de empresarios, miembros diplomáticos, policía y cualquier otro residente o visitante de La peonza que tenga algo que a un tercero interese conocer a cambio de un buen precio, claro.

El problema de estas actividades, es que siempre acaban por reventarte en la cara, porque tarde o temprano la literatura y el cine nos han enseñado que vas a enterarte de algo que no deberías, te van a pillar, y el efecto dominó de consecuencias te va a obligar a actuar para salvar tu vida.


Así que tenemos una novela detectivesca con disfraz de cyborg, en esa clásica fórmula future noir que tanto funciona desde que estrenaron Blade Runner o desde que Asimov nos presentó a Elijah y Daniel Olivaw. Una nueva forma de resolver misterios de Agatha Christie que cambia la flema británica y burguesa que también padecía las consecuencias más humanas de la envidia y la avaricia, por un entorno tecnológico, generalmente poblado por perfiles bajos de dudosa reputación y moral, que suelen esconder dobles caras o pasados turbulentos a punto de aflorar en algún momento de la historia.

Sí, no es nada nuevo ni traemos la sopa de ajo, pero Rodolfo lo ejecuta tan bien, que no tengo ni una sola pega, ni una... Bueno...mmmmmhhh... ya veremos al final, pero esto es mandanga altamente recomendable choomers. Vais a encontrar todo lo que nos gusta.


Tenemos jerga ingeniosa del futuro cercano como en Neuromante, tenemos chips de personalidad como los de MaridAudrán, tenemos un pequeño nudo de intereses y una bola de secretos que ir desmadejando en sus apenas 200 paginitas que te dejarán con ganas de más, tenemos Inteligencias Artificiales, tenemos redes de Ciber Espacio, tenemos “anti personajes” y ningún héroe de brillante armadura... ¿Qué mas? Lo ha bordado, todo con un estilo dinámico, que pasa de la primera persona a los flash backs narrativos, buenos momentos de acción que en ocasiones hay autores que más que narrarnos nos marean, y un final inesperado.


Antes decía que le buscaría algún pero para no darle la nota perfecta, y tal vez, el final tan inesperado me hace dudar de la coherencia de la trama en un momento dado, pero ¿quién soy yo para decir cómo tiene que acabar? No hay finales malos, hay espectativas mal gestionadas, y ojo que con esto no quiero decir que me decepcionase, no, ni de lejos, pero me dejó con el mismo sabor de boca que El sueño del rey rojo, el sabor de boca de quien se ha perdido algo o quiere darle sentido al país de las maravillas donde todo es lisérgico, porque al otro lado del espejo, todo es al revés. Así que sólo déjate llevar a ese universo de Drimar que Rodolfo no deja de crear, recordar y expandir y del que tendré que seguir consumiendo.


EL SUEÑO DEL REY ROJO


Porque con éste título que tanto en común tiene con el anterior si recordamos Alicia en el país de las maravillas y tratamos de darle un sentido a todo en la distancia del autor, Y viajamos atrás en el tiempo desde La sonrisa del gato, a un futuro cercano, más cercano, sin viajes orbitales, pero con todo el sabor del cyberpunk más clásico, y no se si seguimos en Drimar o no, pero es lo de menos, como si Tyrell y Yutani conviviesen o no en el mismo universo, no estamos hablando de Marvel, así que a la verga joder.


Otras 200 paginitas aproximadamente, que nos dejarán con ganas de más, que sin haber leído el resto de la obra del autor y pecar de cuñado, parece un sucesor espiritual de la anterior novela despellejada aunque les separan 9 años terrestres, por título, por conexiones (y nunca mejor icho porque el ciber espacio es el canal de navegación principal de la trama en ésta novela) y por temática y elementos del género recurrentes.


Caemos de nuevo en una retorcida historia detectivesca de inframundos tecnológicos, en los que un triángulo amoroso mal avenido se verá envuelto en una trama de altas miras corporativas que fluye por la red del ciber espacio como la pólvora.




Para empezar tenemos como protagonista indiscutible a Alex, un cerebrito, un netrunner, hacker, cowboy, llámalo x, que está impedido en una silla de ruedas, confinado en casa, siempre frente a sus monitores, viviendo una vida virtual que le aisla de las relaciones humanas e interpersonales, convirtiéndole en una persona mezquina, huraña y desconfiada.

Alex va en silla de ruedas, y ya es un detalle de los que enriquece el contexto cyberpunk, porque podría tener unas piernas cibernéticas, pero no, no entra en sus planes éticos ni personales, y tenemos un tullido prácticamente superdotado como protagonista, una anacronía viviente, como el protagonista del a película Mute que es un mudo en una era cyberpunk.


Alex, se verá envuelto junto con su amiga Andrea en una intriga que aúna el asesinato y la aparición de un software de inteligencia artificial totalmente innovador y sospechoso. El ama a Andrea, pero no es correspondido, y para colmo, durante el desarrollo de la peligrosa trama de investigación, se suma un tercero en discordia, la IA del difunto ex amante de ella y ex mejor amigo de él, Lurquer, que me imaginé durante todo el libro como un impertinente Max Headroom.


La historia incluye elementos recurrentes del género como “el guía misterioso” , figura de la que he hablado en otras obras durante los casi 2 años que hará pronto el blog, del que se encarga de interpretar una extraña IA de la red conocida como ¿Cuantos ángeles? , un personaje carismático, misterioso y que sin duda sería mi favorito de la historia.

Por su parte, la IA póstuma de Lurquer, representan la siempre presente idea, no obstante interesante y fuente de múltiples debates y especulaciones, de la vida digital más allá de la muerte, de la que yo soy firme detractor en filosofía del género, ya que un backup de una mente humana, no es la continuación duradera de la misma, si no una copia, que podría evolucionar de forma diferente según los patrones de comportamiento configurados. Pero seguimos así añadiendo elementos canónicos, revisados, al cyberpunk, bien calzados por parte del hábil Rodolfo.


Esta historia en concreto, también trata asuntos que no voy a spoilear, que en cierta medida, me hicieron recordar Snowcrash de Stephenson. Y hasta ahí quiero leer para no desvelaros la intriga de ésta laberíntica obra, que precisamente, por lo laberíntico de sus tramas, y mi falta de olfato como sabueso, me cayó en la frente al final de un modo inesperado, más incluso que la sonrisa del gato, y ese es el único punto que me impedirá ponerle el mote del William Gibson Español, pero tal vez, sí el de “el ciber alumno aventajado de Conan Doyle”, aunque ya sabéis, el cyberpunk en estas 2 novelas es sólo un comodín en la baraja, la partida se gana con el resto de cartas policiacas.




Así que sin desvelar nada, os he dejado unas sinopsis y unas opiniones que espero os amplíen el horizonte cyberpunk hasta las costas de nuestra lengua castellana, que ni empieza ni termina en Rodolfo, pero que más que una extensa costa, es una calita privada donde poder nadar en pelota picada.


Como troyano de éste dúo de obras, el paralelísmo entre los mundos virtuales de unos y ceros que llevamos pronosticando en la cifi desde hace décadas con el otro lado del espejo de Alicia. El ciber espacio como un lugar donde todo es posible, donde podemos ser lo que queramos, pero donde habitan seres extraños, de dudosas intenciones y muy diferentes visiones de lo ético y lo moral, nuevas especies intangibles, que pueden tornar nuestro sueño en pesadilla y evitar que despertemos, impidiéndonos volver a la realidad de la que huíamos cuando cruzamos al otro lado.

El ciber espacio es el nexo y el conductor absoluto de ambas obras, y está a la altura, como ya he dicho, de los gurúes del asunto. Nada que envidiar aunque todo esté inventado.


Me quedo con ganas, muchas ganas, de en medida de mi pila de libros pendientes me permita (ahora sólo hay 3 y medio), continuar adentrándome en Drimar, ya que tenemos El ciclo Completo, que reúne todas las novelas cortas que componen el ciclo de su universo desde su nacimiento hasta su más reciente historia y sucesos, que son 2 completas, 7 cortas, de las cuales Bifrost es inédita, y continuar con Tierra de Nadie: Jormungand. Y así recorrer la historia de Drimar desde Un jinete Solitario hasta Yggdrasil, que curiosamente coincide en título con la obra cyberpunk latinoamericana de Jorge Baradit.

Y es que lo onírico y lo tecnológico se confunden y copulan en la obra de Rodolfo, y no sin razón pues “¿no es la magia una tecnología que aún no comprendemos?”, que dijo aquél.


Mejor aún, debería empezar una rehab de ciencia ficción que hago de vez en cuando, y pasarme a su ciclo de Sherlock Holmes o su reciente versión del cimmerio más famoso de todos los tiempos.

En fin, lo dicho, un prolífico imaginador de los que la Fuzz Division necesita.


¿Que qué es la Fuzz Division? Tiempo al tiempo mutantes, tiempo al tiempo. Mientras tanto, un ciber paseo por Escritoen el agua nos vendrá bien para seguir entendiendo la obra de Rodolfo y estar ciber ojo al parche de sus imaginaciones.


miércoles, 19 de diciembre de 2018

COWBOY BEBOP, EL FUTURE NOIR ANIMADO


UNA SERIE DE DIBUJOS ANIMADOS POST CYBERPUNK


Hoy vamos a viajar al 2071 imaginado en 1998 por Hajime Yatate, que no es una persona, si no varias, es un seudónimo coral que responde al alias de “El creador Original”, un grupo creativo de la productora japonesa Sunrise, a cargo de otras obras clásicas CIFI de la televisión japonesa como Gundam.
El encargado de dirección fue Shinichiro Watanabe, con Macross en su palmares, y algún capítulo de Animatrix.

A simple vista, podréis pensar que hablo de una serie infantil de dibujos animados, y bueno...en ocasiones, algunos de sus capítulos son sosos y tibios, con toques de un ridículo e inocente humor oriental que a veces uno no llega a captar. Pero la atmósfera de sus 26 episodios, esconde en realidad una de las mejores obras audiovisuales de ciencia ficción emitidas en televisión en las últimas décadas. No en balde, el CIFI y el cyberpunk han encontrado sus mejores representaciones en movimiento en el anime japonés, alcanzando un reconocimiento maduro muy a tomar en serio con títulos como Akira, Appleseed, Ghost In The Shell, Alitta Battle Angel, Blame, etc... Si me pusiese a elaborar un catálogo encontraríamos más títulos de éxito en la industria del dibujo animado nipón, que en Hollywood, donde por norma suelen ser mal logradas adaptaciones del anime, de obras clásicas literarias, o títulos originales aislados en el tiempo y de poca proyección comercial como son los casos de Días Extraños, Johnny Mnemonic, Robocop, Blade Runner, o Desafío Total.
Por lo que no hay que tomar a la ligera los dibujos animados para adultos dentro de la ciencia ficción, y en especial los subgéneros del cyberpunk y el tech-noir, porque han hecho más por ellos que la industria californiana.

Dicho ésto, la propia televisión japonesa decidió limitar los capítulos del estreno de la serie en horario para todos los públicos durante su primera emisión, porque consideraron que no era apta para todas las edades. Yo sinceramente, creo que no es para tanto, pero realmente, sería echar a perder la serie si en España la emitiésemos en horario infantil, porque seguramente aburriría a muchos críos, que no percibirían muchos de los matices existenciales y los guiños cinéfilos que la serie nos ofrece. Es más, en España pasó sin pena ni gloria, emitida únicamente en un par de canales televisivos autonómicos como el andalúz y el catalán.
En el resto del mundo, especialmente EEUU, su emisión fue un éxito absoluto convirtiéndose en culto. De hecho, la todopoderosa Netflix, ya ha anunciado que tiene un remake en metraje real en marcha, del que se especula Keanu Reeves será el encargado de interpretar uno de los papeles principales. Ya veremos como acaba la noticia.


HUMO Y XPLOTATION 70`S A BORDO DE LA BEBOP


Si hay algo que me llama poderosamente la atención en Cowboy Bebop, y que le diferencia de otros animes, es su enorme cantidad de guiños al género policiaco de los 60 y la novela negra, junto con una banda sonora al pelo, magistral, que convierten la serie en un producto mimado y cuidado al detalle, demasiado para esos escépticos que me leéis y aún pensáis que los “dibujitos” no pueden dar mucho de sí.
De hecho, algunos de los mejores capítulos llevan como título un género musical como el Blues, el Jazz o el Folk. Muy melodramático.
El tabaco es la otra seña de identidad de la serie. No hay ni un sólo capítulo en la que alguien no encienda un pitillo.

“la vida se está volviendo dura para los fumadores”

Dicen en un capítulo, y ese podría ser el lema de toda la serie, perfectamente. El tipo duro en gabardina y corbata debe fumar, la femme fatale siempre sugerente soltando humo de sus atractivos labios, tan noir! Un estilo envuelto en volutas de humo azuladas que revive los años 70 en el futuro distópico.

En 2071 la humanidad ha conquistado el sistema solar gracias a unas “autopístas” de relee (al estilo Mass Effect) por las que cruzar el sistema a toda velocidad como el que va por la radial de peaje en un GTI. El humano se ha esparcido por lunas y planetas del sistema, en colonias, olvidándose de la vieja Tierra, que sufrió un apocalíptico destino al estallar su relee, afectando a la Luna, que perdió un buen pedazo de su esfera, con horribles consecuencias para el ritmo gravitacional y ecológico de nuestro planeta azul.
Esas colonias, no son maravillosas ciudades de space opera con torres y agujas que llegan hasta el cielo, no, son colmenas industriales al más puro estilo cyberpunk, con diferentes ecologías y estilos de vida, diferentes modas, y diferente cultura, pero todas respiran un aire de opresión grisáceo y tristón, decadente y distópico. Así que no catalogaría Cowboy Bebop como una space opera pese a que viajen de una colonia a otra en naves espaciales, si no más bien una obra post cyberpunk, como Carbono Modificado, en la que el humano también ha trascendido, capaz de colonizar nuevos planetas, pero incapaz de deshacerse de las lacras sociales y políticas que nos distinguen en la actualidad, una evolución tecnológica, pero no social,

“Tecnología alta, perfil bajo”.

La serie abre con una de las mejores cabeceras que he visto en mucho tiempo, un homenaje al Xplotation policial que tocó techo con Clint Eastwood y Charles Bronson, toda una declaración de intenciones y una inmejorable carta de presentación a la zaga del maestro Lalo Schifrin, compositor de Harry el Sucio, Starsky y Hutch o Enter the Dragon entre otras.
En un futuro dónde viajamos de satélite en satélite en naves espaciales monovolúmen, Cowboy Bebop se agarra a todo esto del xplotation noir y policiaco de los 60 con anacronísmos tan descarados como el uso de viejas pistolas del siglo XX, no usan armas láser no, usan 9 mm, Colt, Desert Eagle, como Harry. La estética y las influencias están muy claras.
A ritmo de blues, jazz, y funk embarcamos en la Bebop, la nave espacial hogar de nuestros protagonistas originales, Spike y Jet, que irá engordando filas con Faye, Ed y el perro Ein.

Los perfiles y las identidades de nuestros protagonistas gozan cada uno de un rico trasfondo y de una marcada personalidad que influirá en el desarrollo no lineal de los capítulos de la serie. A lo largo de los 26 episodios, como decía antes, hay un gran número de ellos que no trascienden, que funcionan de forma independiente como entretenimiento pasajero, sin un hilo conductor o argumental, respetando siempre sus señas características de estilo noir. Aún así, la serie respeta las líneas temporales de cada uno sobre la misma línea, en orden, y consigue que todos formen parte de una misma historia, aunque repleta de interludios triviales.
La nave espacial Bebop, se convierte así en la piedra angular de todos ellos, en su pegamento. Porque otra de las características que une la serie al subgénero cyberpunk, es la individualidad de sus protagonistas, sus intenciones materiales, un grupo de caza recompensas de delincuentes y fugitivos, movidos por la paga para seguir tirando hacia adelante, mientras arrastran pesadas cadenas del pasado, huyendo de sus propias vidas hacia adelante, con más ansia que ética.
Ese universo personal de cada protagonista, sus secretos, serán desvelados poco a poco en los capítulos estrella de la serie, los más enriquecedores, aportando peso y calidad argumental a la serie, evitando que sea solo una colección de aventuras de entretenimiento en el espacio.
La serie es conclusa, nos ofrece un principio y un final, y eso la hace redonda, sin dudas, sin ambigüedades, impertérrita.



Spike, el cowboy, el ronin (cómo ya desarrollaba en la entrada referente a Blame!), un ex miembro de un grupo del crimen organizado, estilo Yakuza, atormentado por el dolor del desamor y la deslealtad.

Jet, el sensei, la voz de la experiencia, un expolicía con el brazo artificial, fantasma metálico de su pasado.

Faye Valentine, en el papel de la buscona (ya se que no es muy acertado ni queda muy bonito, pero no pretendo que tenga connotaciones de género), nómada sin pasado, amnésica, especialista en el timo, el engaño y tretas de seducción. Un personaje en el rol de femme fatale.

Ed, una cría andrógina, natal de la Tierra, el personaje donaire, el soplo de juventud en la tripulación, el contrapunto de humor con tecnología, ya que la pequeñaja es un hacker insuperable, de habilidades innatas.

Ein, la mascota, un perro mejorado biológicamente, inteligente y empático como un humano. El mejor amigo del hombre.

Un grupo heterogéneo y unido con alfileres, que en ocasiones se ocultan información, se mienten, y se odian, pero que poco a poco formarán lazos distantes, a su manera, con frías pero firmes relaciones personales.


¿UN WESTERN O UNA DE SAMURAIS?


A parte de la importancia de la banda sonora, seña de identidad indiscutible de la serie, inseparable de la misma como por ejemplo en las películas de Tarantino (de las que por cierto en ocasiones la serie parece beber en cada tiroteo o duelo, no exento de sangre y muertes que parecen piruetas); Todo está imbuido de ese aire de novela negra, ese future noir, encarnado en Spike. Con su americana y su aspecto varonil, etiqueta yakuza, víctima del romanticísmo y el desamor, con un cigarrillo encendido bajo la lluvia de la gran ciudad. Esa postal es Cowboy Bebop.
Una exaltación de la masculinidad al más puro estilo japonés con todas sus premisas

En la mayoría de los artículos relacionados a Cowboy Bebop se ha aceptado que se trata de un western futurista, y de ahí incluso el título, pero la figura del cowboy, como leíamos con WilliamGibson, en la ciencia ficción, no alude sólo al símil de nuestros protagonistas cyberpunk con el de llanero solitario en una sociedad dura y al margen de la ley, por lo que estimo que abarca mucho más que la alusión al caza recompensas o atrapa forajidos.
Para mi, Spike, encaja más en el paralelísmo oriental del ronin, como decía anteriormente. Un samurai sin señor, una rolling stone obligada a seguir sobreviviendo tras verse despojado de un código, de un señor, de unas normas. Un animal extraviado que ha perdido el camino de regreso.
Cowboy Bebop se me asemeja más a una historia de crímen de John Woo que a un western, aunque lo debería de hablar con mi suegro, que es una verdadera enciclopedia del salvaje oeste. No yo.



A parte de los capítulos de desarrollo de personajes, flashbacks del pasado y cuentas pendientes, hay pequeñas perlas creativas al margen de los fantasmas personales del equipo de cazarecompensas de la Bebop. Encontraremos algunos episodios maravillosos, homenajeando por ejemplo a Alien el Octavo Pasajero, guiños a obras maestras como Conde Cero, otros géneros directamente unidos a la serie por su estética y antecedentes como el blackxplotation pimp de Iceberg Slim, y pequeños cuentos CIFI que abordarán clásicos temas como la inmortalidad, el poder, el consumismo y la religión.
La búsqueda de uno mismo, la soledad, el amor, son asuntos sentimentales importantes en toda la serie también.
Entre todo esto, sin complejos ni miedo, la inocente serie de “dibujitos” se atreve incluso con personajes transgénero y las relaciones homosexuales.
Largos planos fijos, estáticos, sobre los que fluyen conversaciones poéticas y profundas.
Y bajo todo ésto, los caprichos inconexos, y los infantilísmos aportados por peRsonajes como Ed para refrescar el ritmo y adaptarlo al mayor público posible, la serie es todo un drama en su corazón.
Sólo hay que saber mirar, hay que prestar atención a las mejores partes del guión, empaparse de la música de cada capítulo... y tal vez encender un cigarro, o no, para darse cuenta de la genialidad subyacente en Cowboy Bebop, una serie de “dibujos animados”. Claro.
Os animo a visionarla en Netflix, o cualquier otro método que estiméis oportuno. 
Un saludo.