viernes, 24 de enero de 2020

EL AVIADOR DRO Y SUS OBREROS ESPECIALIZADOS


ANARQUIA CIENTIFICA


Hoy he tenido un día largo, no especialmente duro pero largo, He llorado como un niño pequeño en el dentista a primera hora de la mañana, y he decidido patear el centro con el morro anestesiado y la encía dormida pensando que eso me trae algunos viejos recuerdos sobre ciertas aventuras muy relacionadas con la entrada que ronda mi cabeza desde hace semanas.
El tungsteno por fin fluye por mi cuerpo, bañándome ardiendo, cayendo espeso de una tubería amarilla pintada con zanjas negras, y recorre mi anatomía derritiéndola, reduciendo mi carne, mis músculos y mis huesos a nada, porque el metal siempre es más fuerte que la carne, y en metal debemos convertirnos.

Termino mi jornada laboral y ya en los últimos 10 minutos abro un tercio que tengo en la nevera de la oficina, como si fuese un Moët aguardando el éxito de una transacción multimillonaria en el despacho de mi dueño, pero no, es una triste Miller de apenas un euro que sabe a agua chirri y que sirve para celebrar que por fin abandono mi cueva digital y puedo recorrer mi hora de trayecto subterráneo algo atizado con el libro Anarquía científica del Aviador Dro entre las manos. De píe, balanceándome en el interior de una tenia mecánica que recorre los intestinos de la ciudad hasta encontrar el ano por el que escupirme a mi y al resto de pasajeros en una eyaculación de mercurio lenta y perezosa que se esparce por el túnel y las escaleras mecánicas como hormigas subiendo el tronco del platanero.

Pero soy arrastrado hacia mi hogar de humano, convencido de una cosa. Hoy voy a abrir el portátil, y voy a conectar esa vieja máquina del 2008 que aún funciona, fiel y funcional, a mi marcapasos cromado. Directamente, sin antivirus ni firewalls. Porque estoy conmovido, estoy agitado, estoy zumbado y mutando hacia el nuevo homínido biomecánico y digital que profetizaron Los obreros especializados.

En mi casa de humano de 40 metros cuadrados, a las afueras en un clásico barrio obrero que se reinventa entre burbujas imaginarias y especulaciones del tulipán mientras la banca siempre gana, encuentro media pizza fría y media litrona. Genial, puedo continuar, aunque se que me va a llevar rato, mucho rato, a mi escribirlo y a vosotros leerlo, porque estoy chiflado con éste libro de tapa dura roja que parece un manual de conducta Mahoísta.
Y porque hablar de la fascinante revolución tecno del Aviador Dro, es en parte hablar de mi mismo, de casualidades y conexiones, de una forma de entender la vida, de aceptar la mutación benigna que el destino me ha regalado. De no mirar atrás, aunque este libro es precisamente eso, un vistazo bien largo hacia atrás, a una época en la que yo no había sido ensanblado aún siquiera, y su futuro, que me ha perseguido desde entonces, sin saberlo ellos, ni saberlo yo.

Hoy hablaremos de música, y de ciencia ficción por supuesto, porque ambas cosas tienen mucho que ver, y Aviador Dro y sus obreros especializados son la clave.
Pongo mi plataforma de streaming habitual, aunque la uso muy, muy poco porque yo soy de esos petardos que siguen reproduciendo físico, y me pongo sus canciones mientras escribo, sus historias de ficción, sus space óperas, sus ficciones especulativas, sus distopias revolucionarias e hirientes, sus caricaturas del presente y sus paisajes post atómicos. Y espontáneamente los voy a añadir a éste ensayo experimental de hoy, no tanto como el futurismo ni el dadaísmo, pero experimental en ese sentido, de unir, la cifi y la música por primera vez en Tungsteno Dreams, y no será la última.

yo quiero bañarme en mares de radio
con nubes de estroncio, cobalto y plutonio
yo quiero tener envolturas de plomo
y niños mutantes montando en las motos”




CIENCIA FICCION MUSICAL


Aquellos jóvenes a punto de acuñar la etiqueta “tecno pop” estaban allí, terminando el instituto, en La Prospe, jugando rol, escuchando The Residents, Kraftwerk y Devo, y leyendo Clarke, Heinlein, y Asimov.

Como hemos resumido antes, extrayendo algunos de los momentos más geniales que vamos a encontrar en el gran libro de la Anarquía Científica, los miembros de Aviador Dro se caracterizan por su interés en la ciencia ficción, el futurismo del que ya hemos hablado muy por encima en la entrada de deathrace 2000, y la ciencia y tecnología en general. Imaginaron el futuro partiendo de la cifi clásica y el pulp, acertando en docenas de sus soflamas proféticas como auténticos cyber nostradamus de la movida madrileña.
Influidos por el punk, el nihilísmo consecuente, La naranja mecánica, evolucionaron junto a la ciencia ficción componiendo canciones, que a mi paarecer, fuera de lo que podemos encontrar en el libro de Anarquía científica, y según mi propio aporte y cosecha, cada una es un nano relato o un nano poema futurísta.

toda la corporación unida, planeando futuros proyectos
la misión que nos imponemos, la conquista del reino de los cielos.
Es el día de la celebración del nacimiento de la indústria
lo celebramos con cometas de neón y el claxon cristalino de los coches”

¿Era una broma de mal gusto? Creo que sí.
¿Iban en serio? Mucho
¿Activistas? Por supuesto

Encontraremos acidez en sus canciones, en sus futuros industrializados, distópicos, opresores, en los que el ser humano es sistematizado, como un androide, reducido a un estado de alienación en el que ya nunca más estará triste, porque la felicidad está programada.
Demonios, minijacks oxidados, y virus barrotes... ¿no es magnífico hacer canciones en torno a ese futuro?
Pero los obreros especializados no concibieron el futuro como una distopía, si no que lo enfocaron desde el punto de vista de la utopía. Su caricatura del androide, del cyborg, del mutante, se reía de sí mismos, mientras sus octavillas y el mensaje latente sobre la canción divertida es demoledormente social, político y amenazante. Como ocurriría con cualquier buena novela de ciencia ficción.

Las canciones de Aviador Dro nos van a presentar entornos sintéticos, asépticos, laboratorios, factorías, estaciones espaciales, yermos radioactivos, combates galácticos, romances mecánicos...

Sus líricas iban perfectamente embutidas en un todo, un pack completo de música compuesta con sintetizadores Korg y samples, y una puesta en escena teatral que sin tapujos bebía directamente de los Devo y The residents.

Pese a aceptar ellos mismos la etiqueta tecno pop, para mi son tecno punk, porque la anarquía no puede ser pop. Precisamente lo popular es lo que nos esclaviza y sistemiza. EL opio social. El aviador Dro y sus obreros especializados dinamitaba todas las convicciones populares, y las anécdotas al rededor de la famosa actuación asturiana con interpretación de Nuclear sí lo dice solo.
En sus canciones veremos a Mad Max, a Godzilla, a Flash Gordon, fragmentos de Philip K, Dick o de Gibson.
Pero no es sólo cifi, no son sólo unos frikis sin talento para la música que consiguieron juntar unos acordes en sus teclados asiáticos de forma autodidacta mientras vomitaban delirios futurístas, no.
Son auténticos activistas, una compañía teatral comprometida con la vanguardia, involucrados en los tiempos que les ha tocado vivir, intentando mutar a los humanos con sus herramientas sónicas de hacer sonidos hipnóticos para colarse en nuestros cerebros primitivos y despertar las cadenas de cromosomas latentes en nuestro ADN alienígena durmiente y llevarnos a la evolución post humana mientras bailamos.
¿qué más se puede pedir?



Patricia Godes nos trae un maravilloso tocho de libro, titulado La anarquía científica, con ese símbolo de la A de anarquía encerrada en un circulo (que contradictorio, encerrada la libertad), modificada a forma de un compás y un rayo.

Libertad
Igualdad
Electricidad”

En éste compendio de vivencias, filosofía y recuerdos de los 40 años de vida del grupo, editado por La Felguera, podremos descubrir toda la historia de la banda, centrada principalmente en Servando Carvallar, alias Biovac N, espíritu y fundador de la casi guerrilla de los obreros especializados, por la que militaron y desertaron muchos nombres en tanto tiempo, dejando su impronta en la historia que Patricia nos presenta, de voz de sus protagonistas y allegados.

Leeremos un recorrido filosófico e idealista de los principios y objetivos del grupo, que iban más allá que el de la mayoría de grupos del momento “Movida Madrileña”, influenciados en su mayoría por el punk, el rock'n'roll, los mode o el pop con aspiraciones más que menos superficiales y edonistas que nada tenían que ver con el militarismo de el Aviador. Podríamos catalogarlos como una asociación intelectual vanguardista de jóvenes inquietos con ganas de crear el futuro que les habían prometido los escritores de ciencia ficción clásica. El rol, los tebeos, la cifi, el cine y el punk y la música electrónica y las vanguardias más surealistas nutren la identidad del grupo que inventó la etiqueta “independiente” en la industria musical española, los verdaderos pioneros del underground.
Biovac N, su líder, representaba el espíritu de “lo haré sin vosotros, os guste o no, insignificantes humanos” entre la superioridad intelectual y la comedia más ácida e irreverente.
Si hay que levantar el fusil en la guerra civil de las junglas de Venus, que al menos sea divirtiéndonos.

Ella es de pexiglas y por eso me gusta mas
esta hecha de metal y por eso me gusta mas”

Pasaremos las páginas de Anarquía científica descubriendo todas esas memorias, disfrutando de copias de sus octavillas originales y sus “flyers” artísticos con auténtico sabor pulp, alguna historia ficticia en torno a los obreros especializados, cómics, repasos musicales de sus inspiraciones, movimientos contraculturales y moda.
Un imprescindible para cualquier melómano y por supuesto más aún si somos fans del grupo, está lleno de datos tremendamente interesantes, de los que me quedo por ejemplo así al vuelo con que resulta que Parliament y Funkadelic, uno de mis grupos favoritos, también influyeron al Aviador en ciertas temáticas, técnicas musicales e incluso outfits. Y eso no es nada.



He repasado mis cintas de recuerdos
cuando volabas conmigo
unidos en la cima del mundo
desafiando su sonido
ahora tu cuerpo yace invernado
en una cápsula especial
y sólo puedo estrechar el vacío
sólo puedo esperar”

Que mejor que mirar el mundo desde arriba, desde un aparato volador que bombardea el suelo, porque desde ahí arriba no se ven los muertos.
Qué crudeza, Aviador Dro no iba en broma.

Sólo es darle al play Nuclear Sí (por supuesto!) para dar un paseo  por el wasteland más loco y caótico que habremos presenciado nunca, es como ponerse las gafas de realidad virtual, pero lo logran a través de tus oídos. Y no sólo nos regalan un viaje acústico, irónico, terrorífico entre Mad Max, Dune y El reino de la Noche, si no que descojonándose, haciendo sorna de los peligros de la radiación, nos conciencian de la misma, Hay un mensaje bajo su ficción, como debe ser, como exigen los cánones, nada es en vano.

Y ocurre lo mismo si escuchamos la arenga de los sindicatos futuristas, o el día de la industria, porque nos reiremos visionando esa civilización futura en torno al culto de lo mecanizado, las factorías, el trabajo en cadena robotizado y la idolatría al patrón, a la megacorporación, pero cuidado, que la caricatura esconde una manzana envenenada, que nos reímos para después pensar en que vamos cuesta abajo y sin frenos a esa mecanisburgo deshumanizada si no ponemos soluciones. Soluciones que la historia a lo largo de los siglos sólo ha aceptado violentas, revolucionarias, porque los obreros especializados son auténticos guerrilleros de la anarquía científica, la libertad plena a través del entendimiento con la máquina y la ciencia, el posthumanismo absoluto, la destrucción de lo antiguo por cualquier medio para crear lo nuevo, brigada de demolición.

Y nos enamoraremos de manera industrial de chicas construidas en plexiglás, y tendremos piezas metálicas en nuestro cuerpo como Néstor, y volaremos en el aerocoche nuevo de la corporación por encima de la ciudad, desafiando su sonido.
Bailaremos como robots arítmicos mientras desciframos el código binario de sus letras, porque el sonido plástico y sintético de sus Korg, Moog, Akai, Roland y otros juguetitos llenos de cables y teclas nos envolverán en un holoespectáculo hyperdimensionado que nos embrujará como la ayaguaska y el mantra del chamán, en una versión futurista de la celebración más primitiva de nuestra existencia.

¿Es o no es literatura? Es eso y mucho más. Cuánto le deben Siniestro o los Nikkis por ejemplo a la forma de componer del Aviador.

MUSICA CON MAQUINAS, HISTORIAS HUMANAS


Nací recién empezados los 80, mi infancia no tuvo nada que ver con Aviador Dro, Ni la Movida madrileña a excepción de La Bola de Cristal y Rockopop, ¿o tal vez sí? Nunca he creído en las casualidades, tampoco me he obsesionado con ellas porque resultan azarosas, pero si el universo se sostiene sobre cuerdas, posiblemente nuestros destinos también, aunque ésto no es nada científico y los obreros especializados tendrían muchos argumentos con los que formatear mi disco duro defragmentado.
Conocí a éste grupo hace unos 4 años, ya talludito, más cerca de los 40 que de los 30, y fue como una bomba atómica para mi. Arrasó con todo lo que había en mi encefalograma plano, dejando un solar postatómico poblado por zombies carnófagos, scavengers carroñeros, reptiles mutantes super-saurios y alienígenas raptando especímenes para sus experimentos.
Y yo leyendo Asimov, Sterling, Masamune Shirow, y no había oído nunca antes Aviador Dro. ¿Pero qué cojones?
Claro, me recuerdo a mi mismo en la preadolescencia, con mi colección de cassettes que yo creía transgresoras, llenas de ritmos machacones insulsos y “poesía” barata de a duro interpretada por un puñado de delincuentes juveniles norteamericanos y unos cuantos aspirantes patrios orgullosos de las tonterías que balaban en pareados de segundo de E.G.B. Y mi padre diciéndome

Chaval, te voy a tirar toda esa mierda a la basura, coge mis discos de los Beattles o Mark Knopfler”

Y yo pensando que aunque de pequeño me flipaba le película de animación del Submarino amarillo y papá siempre me había inculcado cierto interés y gusto por tendencias artísticas que él pudo haber considerado independientes, aquella mierda británica ya no me interesaba para nada, solo quería ponerme los vaqueros tres tallas más grandes al revés y saber con qué máquinas hacían la música esos negros.
Y las cosas en todos los hogares humanos de España deben de seguir siendo parecidas, sin evolución ninguna, y no me meto. Y no lo hago, porque de aquellas fatigas, vinieron grandes cosas, grandes sueños, y grandes decepciones, y me menciono a mí mismo, porque eso es lo que he leído en Anarquía científica y no puedo evitar que se me pongan los pelos como escarpias y las clavijas de punta.

hemos ido a bailar a la sincoteca
un programa especial no computado aún
con ultrasonidos y en caída libre
estás muy bella esta noche”

En un barrio que conozco muy bien, La Prospe, un grupo de adolescentes inquietos, activos en lo político, lo artístico y lo musical, comienzan a pasar horas y horas en la casa desprovista de tutores legales de uno de ellos, y empiezan a convertir un piso cualquiera de un barrio cualquiera en un hervidero de locuras, aparentemente inocentes, inocuas, pero demoledoras, reales, tangibles, que iban tomando forma, deforme, pero creciente, como Testsuo a punto de explotar.
Comienzan a escribir cosas entre partidas de rol, panfletos, teatro, canciones. Y todo aquello comienza a írseles de las manos, pero ocurre lo necesario para que no chorree por un desagüe, y es la comunidad, una escena, más jóvenes buscando su sitio, queriendo ir siempre un paso más adelante, hacer que la bola de nieve siga creciendo cada vuelta que da colina hacia abajo, más grande, más monstruosa, capaz de derrumbar el muro erigido al fondo del valle por los mediocres y ver saltar sus ladrillos por el cielo alto, muy alto, como un Dodge en la calle Claudio Cohello.
Y lo leo, y noto las mariposas en el estómago, porque eso hacíamos nosotros, eso mismo, con veinte años de diferencia, en un nuevo patrón del programa en espiral.



Casas okupas, locales, contacto con otros grupos, encuentros con la poli de los que reírse después, conciertos desastrosos que curiosamente gustaron a los asistentes, de forma impensable. Componer música con computadoras y máquinas. Escribir letras que nadie excepto quien las escribe comprenderá nunca del todo y ni con esas.
Y la maquinaria del juggernaut seguía funcionando, y aquello no paraba, iba a más, más conciertos, más movimiento, más jóvenes interesados en unirse a aquello que estaba ocurriendo, y otros que lo abandonarían drásticamente. Egos, discrepancias, amistades que se pierden, penas que no pueden frenar tus sueños, porque tus sueños son tuyos. Y leo como Biovac N sufre el cisma con Esplendor Geométrico, y también lo siento como si me hubiese pasado. Me duele.

Ya sabéis, si leísteis mi entrada de Pequeños Héroes, que también une la ciencia ficción con la música, que yo trabajé durante unos años en ese mundo. Y entonces leo cómo Servando crea un colectivo en torno al Aviador Dro, sus Obreros especializados, donde cada uno pone lo mejor de sí mismo sólo porque quiere, porque disfruta viendo aquello hincharse a punto de estallar en la cara de todos los asistentes como si de una mega performance dadaísta se tratase, como Leo Bassi salpicando de excremento bovino a su público en un teatro, y crea DRO, y digo.... otra vez, esto lo he visto yo, con la diferencia de que la empresa para la que trabajé no facturaba 100 millones de pesetas al año, no teníamos a Loquillo, ni a mis amados Siniestro Total, ni a gabinete Caligari, pero sí muchos grupos buenos, y como ellos, mi empresa logró colocar a éstos artistas emergentes, contraculturales, don nadies con corona en el underground y sus circuitos sectarios reducidos, en portadas de revistas de tirada nacional, en conciertos por Europa y por Estados Unidos, en las estanterías de tiendas en Japón, en la televisión nacional, y entonces tengo que pensar...joder Servando, te siento.
Otra cosa con la que me quedé de piedra al leerlo en Anarquía científica fue que calle Fundadores albergó la sede de Discos Radioactivos Organizados, sus almacenes y un local de grabación. La puta calle en la que he crecido, la calle en la que también hubo otra cosa importante para mi, que fue Alfil Juegos en la primera planta de una vieja carbonería con portón de madera. Que seguro también fue importante para Biovac N, porque insisto, nada es casualidad, cuando DRO se fue a la mierda, apenas unas calles arriba estuvo Arte-9, de la que Servando fue accionista, para desprenderse de ello al final y fundar generación – X.
Mierda, ¿sabéis cuántas horas he pasado yo de crío en Arte-9? Todo me ha estado rondando, todo éste tiempo, y me doy cuenta de que nací 20 años tarde para haber absorbido todo aquello, pero que no he podido escapar, es parte de mi vida y no lo he sabido hasta la segunda década de los 2000.
¿Y jugando los videojuegos de DRO Soft? Porque sí, también tuvieron su propia productora y distribuidora de videojuegos para ordenadores domésticos de la época, y allí estaba yo jugando a mi Spectrum, del que ya os he hablado muchas veces fue un trampolín imaginativo para mi, con el OP QA, y El aviador y sus trabajadores estaban de nuevo detrás mía involucrados en el mutante que latía en mi interior.

Tras Discos Radioactivos Organizados vinieron La fábrica magnética y Virus, que me los imagino mucho más cercano a la empresa que durante más de media década me dio trabajo a mi en el mundo musical underground, éxitos y alegrías. Una escena posterior de artistas, con poco en común a parte de componer digitalmente y resultar chocantes para el resto de humanos no mutantes. Y he pasado por despachos, almacenes, emisoras de radio,cadenas de TV, oficinas de la prensa especializada, festivales interminables de gente que acampa al rededor de los escenarios, trabajando muy duro para poder colocar a todos los involucrados donde yo quería que estuviesen, en lo más alto, pero eso nunca ocurría. Y un veinteañero trabajando con compañías discográficas emergentes, como le pasó a los Aviador Dro, pero que no estaba en la movida madrileña, si no en unos 2000 en los que todo había cambiado mucho desde entonces, necesitaba un plan B para la siguiente década si eso no comenzaba a dar facturas por encima de los 4 ceros cada trimestre. Y a mi, eso no me ocurrió, a la mayoría de mis compañeros de faena y artistas tampoco, pero quedaron en boca de muchos que sí lo consiguieron, y de aquél entorno colaborativo del que surgió aquella aventura laboral (que putada que al final todo se racionaliza) me alegro de que algunos terminasen cumpliendo sus sueños, trabajando en cine, televisión, o la industria musical, y aunque me hubiese gustado ser Servando, y montar un negocio que me apasionase con lo poco ahorrado como hizo él con Generación-X, me quedé como Cyberjet, pero sin la pasta ni el aeroplano, viéndo a algún viejo compañero en la tele del salón, retirado de la primera línea de guerra. Un puñetero mileurista más, se acabó el sueño, no podía seguir sacrificando facturas por una profesión emocionante que algunos meses no daba de comer.

me estoy alimentando con un nuevo programa
imágenes simula mi amor informativo
me estoy reconstruyendo con un buen telefilme
dibujos animados que aniquilan el cine”

Así que Aviador Dro, tras casi 4 décadas bio camuflados en mi radar, por fin fueron descubiertos, justo en un momento de mi vida nuevo, en crisálida de mutación, reprogramándome, y sus vivencias y biografías me han hecho entender que todo tiene una estructura, que las cosas ocurren de forma muy similar, en todos los lugares, todas las épocas, y que todo es un programa en espiral.
Y cuando leo que Aviador Dro durante su tercera década, tras idas y venidas de miembros, dramas y peleas, no llegaban ni a juntar 100 personas en una sala tras haber facturado millones de pesetas décadas antes, es entonces cuando me siento un cyber Sísifo empujando todos los días de su vida una enorme bola de chatarra en un vertedero post atómico, imposible de dejar de hacerlo.
Es entonces cuando entiendo el significado de la palabra guerrillero, de la arenga sindicalista, de los monos de camuflaje, del Do it yourself.
Y leo las declaraciones de Biovac N, de Arcoiris, de Metalina 2, de Fox Cicloide, en Anarquúía científica y siento perfectamente sus sueños, sus ambiciones, la defensa de sus principios, la idea de querer crear cultura iendo a la contra, sus penas y sus dolores cuando el equipo se rompe, cuando caes cuesta abajo y sin frenos, cuando crees que ya nada tiene sentido y hay que reinventarse. Joder. Para alguien que ha currado en la música es un libro tremendamente doloroso y a la vez motivador.

Y allí estaban, haciendo carátulas a mano y coloreándolas y recortándolas para venderlas, y repartiendo octavillas en el rastro y en las discotecas, moviéndose, organizándo la independencia musical, la Anarquía científica, y me recuerdo a mi con veinte y pocos repartiendo flyers, poniendo pegatinas, grabando verbatims y fotocopiando portadas y recortándolas, sin tener ni idea de que todo eso ya lo habían hecho en La Prospe, y que antes de El Laboratorio ya estuvo el Ateneo en Mantuano. Que ellos, fueron los primeros en España en constituir un colectivo artístico en torno a la música, una “comunade libertad creativa enfocada en una única dirección, que inevitablemente, tarde o temprano, se astilla en múltiples direcciones, llamémoslas esplendor geométrico o Warner.
Y los trajes, las performances, 20 personas sobre un escenario, cada una haciendo una cosa diferente, celebrando la anarquía musical. La anarquía nunca dura para siempre, es imposible. Y todos hemos querido mantener esa pureza, esa inocencia, ese idealismo, pero cuando pasamos por el notario y configuramos una sociedad mercantil, pensando que nada podrá romper el espíritu de lo creado, qué hipócritas somos, toda esa anarquía se muere en cuanto añades las letras S.L. Al final del nombre de la comuna.

Y dejemos ya de orbitar personalmente al rededor del Aviador, porque aunque me resultaba imperdonable no hacerlo, no estoy buscando vuestra aceptación ni un ejercicio de auto compasión.

la nostalgia es un término humano incomprensible”

Tras descubrir tan tarde lo muy involucrados que estos mutantes han estado en mi vida, al menos los he visto en concierto por su 40 aniversario, y me siento feliz, porque me han inspirado mucho, muchísimo y nunca es tarde si la dicha es buena. Gracias obreros, vuestro futuro es ahora.

martes, 31 de diciembre de 2019

LORNA, SU ROBOT Y ALFONSO AZPIRI, SPACE MENOISE A TROIS


EL FUTURO NO SERA MAÑANA

Oh amigos cyborgs, mutantes, operarios de baja y media cualificación de la corporación, ninjas urbanos, cowboys, buzos, chupadatos, copias de identidad virtuales, fantasmas de unos y ceros, hybridos genéticos, aumentados, y aumentadas en general, hoy se cumple la profecía del calendario alienígena de Tungsteno, hoy entra el 2020, el año 0 del futurísmo, el verdadero inicio del fin, la conjunción astral y planetaria de la reaparición del décimo planeta X. Hoy, el futuro seguirá siendo mañana.
Porque esta noche pasadas las 23:59 de vuestra zanja horaria global, los coches seguirán sin volar gracias a turbinas o reactores verticales modo “harrier”, hoy un miembro biónico seguirá siendo una precaria hazaña de la medicina, hoy las pantallas holográficas y los interfaces flotantes de colores flúor seguirán sin responder a nuestros dedos, hoy decepcionantemente seguiremos sin disfrutar de emocionantes vidas paralelas en el dataverso virtual.
Pero la distopía sigue siendo real, porque sí habrá más desigualdad social, el rico será más rico y el pobre será más pobre, un nuevo país desaparecerá tras conflictos bélicos para fundarse un nuevo gobierno revolucionario más corrupto que el anterior tiránico, seguiremos padeciendo enfermedades sin cura, seguiremos comiendo alimentos ultraprocesados.
Estos años de la edad oscura del presente hemos visto el primero intento de clonar seres vivos, generaciones barridas por la droga, carne hecha en placas de petri y probetas, la moda de comer insectos, el imparable cambio climático, y el acelerador de partículas de Ginebra sigue dando vueltas.

El futuro es sin duda, un fraude terrible, un sueño que cuando comienzas a roncar plácidamente se convierte en pesadilla. Pero vamos a seguir esperando todo eso, los viajes a Marte, colonias en la Luna, realidad virtual profunda, sexo con hombres y mujeres sintéticos, corporaciones comprando países, y el ratón Mickey Mouse decidiendo qué puedes ver en tu pantalla, cuantos actores y actrices debe haber, cuántos han de ser heteros u homos, cuantos negros, blancos o amarillos, y cuál debe ser la ética correcta que debes adoptar para que el mundo siga engrasado, feudal, imperial, exactamente igual. Porque el Ratón Mickey Mouse no pretende borrar esa sonrisa de su cara, porque su sonrisa te hace feliz, y no quieres verle llorar, no quieres verle apretar los colmillos ni corretear por tu ano, adentrarse en tu recto y comerte de dentro a fuera mientras estás despierto.

Así que un paso más al futuro sin fondos de pensiones, al futuro sin jubilados, al futuro de la robotización y la desaparición de empleo, al futuro no sostenible, el futuro del disturbio que no sucederá.
Amaos los unos a los otros porque es lo único que cambiará de verdad el futuro, ni Bezos, ni Musk. Sólo los pequeños héroes (Dios salve a Spinrad). Viva el frente de liberación de la realidad.

Sí, la Tierra es una fase maravillosa. Aquí estoy, algo triste, porque en éstas fechas cada año me someto a unos días de soledad en los que pese a que trato de mantenerme ocupado, ejercito mis relaciones humanas sin límites ni trabas, e intento dejar de dejar para mañana lo que puedo hacer hoy, valga la redundancia, por sacarle provecho a mi soledad, hay algo en el ambiente navideño que a solas me roba la energía. ¿Es ver felices a los demás? Creo que no. No se qué es. Pero comer hoy arroz con chile y carne enlatadas, en pijama, mirando el reloj contínuamente porque me toca un turno de 10 horas laborales de noche y no quiero ir, tampoco ayuda.
Así que me he abierto una botella de St. Bernardus Abt 12, y he abierto el ordenador portátil. Se que llego (literalmente) sobre la campana, que he vagueado estos días, pero no doy a basto ni en soledad.
Sin duda mi conclusión es que el trabajo es el peor invento de la humanidad.

En fin, todo esto me pone un poco nostálgico, y me retraigo antes de avanzar, y pese a que escribí de cómic en la última entrada, tengo la necesidad de repetirme, con alguien que ha sido primordial en mi crecimiento intelectual de niño a adulto. Y ojalá alguien pudiese decir eso de mi alguna vez, y lo más curioso es que se que hay gente que lo sentirá igual en realidad, y que mi yo con otro alias, de otra época, al que pretendo asesinar (metafísicamente) definitivamente éste 2020 y del que no pronunciaré su nombre en ésta nueva identidad bloggera, ha sido influyente y decisivo para el crecimiento artístico e intelectual de muchas personas, soy consciente de que he dejado huella (no escribiendo éste blog, aún, si no en otra vida, en otra actividad) y ni siquiera con eso me contento ni me regocijo, nunca es suficiente, todo es poco.
Esta persona que iluminó mi imaginación y prendió mi inquietud como un eterno vertedero de neumáticos en llamas que nunca se apagará, fue Alfonso Azpiri.





AZPIRI, TECNO-HISTORIETISTA SUPREMO DE LA RELIGION DEL TUNGSTENO


1947, Madrid, familia de músicos y Alfonso Azpiri vino al mundo para dibujar y hacernos soñar.
Pronto en 1971 comenzó con historietas en la revista Trinca, la Pilote patria, una publicación Bruguera de Editorial Doncel de contenido flojo, soso, insustancial pese a su alta calidad de encuadernado e impresión, que junto al elevado precio de la publicación, no le permitieron envejecer más de 65 números, pero que al menos sirvió de trampolín para artistas como nuestro protagonista de hoy y Antonio Hernández Palacios (Doc Savage y Mac Coi).

Los que saben de cómic, no dudan en evidenciar la influencia de Victor de la Fuente en el estilo y evolución de Azpiri, pero a mi, desde mi ignorancia, no me lo parece, y no encuentro practicamente ningún parecido en el estilo entre ambos, y a nivel esencial, solo les veo compartir temáticas fantásticas y ficciones en sus obras, con especial dedicación a la anatomía humana, pero mientras Victor se posiciona en un arte clásico de la vieja escuela americana, más cercano a Frazetta, Azpiri evolucionó a un (voy a inventarme la etiqueta) “post-afrancesamiento” de la escuela humanoide con un trazo único muy modernista, de línea gruesa, que no abandona el boceto en el entintado y rompe violentamente la curva con los ángulos en tradicionales perfilados clásicos como cabellos y plieges textiles que conviven con suaves moldeados y siempre exuberantes contornos anatómicos.
Sin duda, único, auténtico, personal e inimitable. Sabes cuando tienes un Azpiri delante, no lo dudas.



La primera vez que abrí El pequeño País, con mi cacao soluble en la taza sobre la mesa una mañana de domingo, y mis galletas Tostarica, y vi a MOT nada volvió a ser igual, porque de repente, mi yo niño, puso nombre al fin al héroe de las portadas de videojuegos de mi Spectrum más alucinantes. Porque Azpiri creó personajes de historieta fascinantes, como la Lorna que hoy nos va a robar el tiempo y el corazón, y la sangre que se va del corazón a otros apéndices involuntariamente, pero si algo lo elevó a la cumbre fueron las portadas de videojuegos de la denominada Edad de oro del software Español, y no hace falta que os lo cuente Iker Jimenez en un programa de ovnis y fantasmas para que lo flipéis, porque si esos juegos vendían, la mayoría de las veces no era por el juego en sí, que solía pecar de aburrido, imposible, o de horribles gráficos, si no por la portada. La Edad de oro del software español, bien podría rebautizarse como “la edad de oro del marquetin español”, porque aquellos porductos, sin meterme en la complejidad de producción y programación que por entonces tendrían, no hubiesen supuesto un éxito en más de la mitad de las veces si no hubiese sido por ilustradores como Azpiri, Luis Royo o Juan Gimenez de quien ya hemos hablado en la Casta de los metabarones.
¿Que no es cierto ésto? Vale, al grano, caso práctico, el juego Abu Simbel profanation, del coloso de la era dorada, Dinamic, 1985, con Victor Ruiz al frente de Snatcho, Florentino Pertrejo y Santiago Morga, un juego tan injugable por su dificultad que la compañía ofrecía 50.000 pesetazas de la época como premio al primero que se lo terminase, ¿qué narices? ¿A caso alguien disfruta comiéndose sin morir un cocido de 5 kilos sólo por llevarse el vuelo a canarias en turista irlandesa y hostal de carretera sin pensión que ofrece el restaurante del ataque al corazón por ingesta de legumbres y chorizo? No. Pues Abu Simbel lo mismo, no era una experiencia divertida, era una putada que me río yo del Dark Souls, sólo con la diferencia de que Dark Souls es bonito, es bello, y Abu Simel ponía nombre de héroe de acción (Johnny Jones, te cagas) a una albóndiga azul con patas que saltaba de plataforma en plataforma esquivando arañas de 6 patas y gotas de ácido.
¿Qué hacía que yo imaginase que esa bola deforme azul con ojos inertes y sonrisa perenne fuese realmente Johnny Jones? La portada, la jodida y puñetera portada que lograba que igual que cuando movía con la mano un argamboy sobre la alfombra lo viese mover sus rígidas articulaciones como si fuese de verdad gracias a la imaginación, esa deformidad azul llamada johnny Jones en la televisión de tubo a la que enchufaba el spectrum 128 cobrase vida y fuese el héroe que Azpiri había dibujado en la portada de la cinta.
Y Dinamic se dio cuenta, porque Abu Simbel fue la primera de docenas de portadas que firmó Azpiri con ellos, y con otras muchas compañías como Topo u Opera.
No vendía el juego, lo vendía Azpiri. Dios salve al tecno-ilustrador de la ficción y fantasía españolas en 8 bits. Que Dios lo tenga en su gloria, porque ya no contamos con su compañía desde 2017, pero él es inmortal.

Es inmortal en todas aquellas portadas de videojuegos, inmortal en MOT, inmortal en Lorna, inmortal en las fotos que me tomé con él en diferentes salones del cómic y el video juego, inmortal su rúbrica y sus dedicatoria en las páginas en blanco de los tomos que le llevaba para firmar. Gracias Azpiri, de todo corazón, gracias, porque tú me hiciste soñar con las historias de Leo y MOT como nadie había hecho hasta entonces. Porque tú me hiciste descubrir el líbido infantil con tus heroínas imposibles. Recuerdo recortar de Micromanias y Hobbyconsolas todas tus mujeres anatómicamente imposibles y guardarlas en una carpetita secreta de mi habitación para ojearlas de vez en cuando pecaminosamente pero libre de maldad, ingenuo e inocente, vergonzoso, adentrándome en un terreno inexplorado para mi aún, tanto que un día oía que se abría la puerta, y me dio tanta vergüenza estar ojeando aquellas amazonas galácticas tuyas, destapadas y siempre erguidas, que lancé mis recortes por la ventana para evitar que mi padre me pillase babeando con dibujos. Pero claro, la vecina del patio se encargó de decirle a mi padre que su patio había recibido una lluvia de recortes de descocadas musas de combate y ficción. Mi rubor no pudo ser máximo, culpable de que me hipnotizasen aquellos cuerpos de tinta.

Comenzaba la entrada nostálgico, ñoño, con ese sentimiento de que el tiempo se te va como agua entre los dedos, y casi que se me empañan los ojos escribiendo estos recuerdos. Por eso Azpiri es tan importante para mi.

Portadas como Phantis, Megacorp, Ulises, Coloseum, Bronx, Stardust, Zona 0, Tuareg, Silent Shadow, o Rescate en el golfo, alimentaron mi imaginación por siempre, me motivaron y empujaron a hacer mi propias historietas en cuadernos (¿en qué papel reciclado se habrán convertido?), mis primeros y vergonzantes relatos breves (aunque con alguno gané algún concurso escolar), y fantasías y proyectos infantiles de todo tipo.
Gracias otra vez y no me canso.





Y así, Azpiri paseó por Cimoc, por Penthouse Comix, por Heavy Metal, siempre haciendo gala de su sátiro interior, de su amante empedernido, de su lascivia, de su deseo, de su respeto a la mujer, madre, dadora, amante, heroína, con mujeres de ensueño seductoras, dominantes, hermosas, aunque sin querer enturbiar su honra (Dios me libre por al admiración que le tengo y lo que supuso su obra para mi) no siempre orgullosas ni empoderadas. Y ahí aparece Lorna, la coprotagonista de hoy.

Añadamos otros logros desbloqueados como sus pinitos en el cine con diseños de El caballero del dragón, un olvidadísimo film cargado de originalidad dirigido por Fernando Colomo (Bajarse al moro, El efecto mariposa...) con aquella mítica y ochentera jugada de hype dando un papelito al ya entonces todopoderoso Miguel Bosé, que mezclaba fantasía y ciencia ficción con toques de oscurantismo. Una película que seguro representa un clásico del género para algunos consagrados directores de hoy.

LORNA, DE NINFOMANA GALACTICA A HEROINA CERCENADORA DE MIEMBROS


Cuando Azpiri dibuja en la revista Mastia a mediados de los 70, Star Wars de Lucas irrumpe como un tsunami en nuestras vidas a través de las pantallas de cine, nunca volveríamos a ver la galaxia de la misma forma, y el concepto y la tendencia de la space opera cambiaría para siempre. Mira, qué curioso que éstos días estamos viviendo el final de lo que empezó entonces.
Alfonso crea para la publicación a Lorna, una despampanante femme fatal del espacio acompañada siempre de su robot. Según cuenta el propio Azpiri, fue precisamente la nueva moda y admiración que todo el mundo sentía por La guerra de las galaxias, que modificó los bocetos iniciales del primer robot por uno nuevo más parecido al androide de protocolo y traducción más famoso de la historia, C3PO, solo que el robot de Lorna, no tenía ni protocolo ni conocía idiomas, aunque se le daba muy bien la lengua, y sin faltar al respeto, la historieta pudo haberse llamado “la guarra de las galaxias”, porque el robot era un androide sexual que necesitaba litros y litros de 3 en 1 para seguir funcionando y saciar el infinito apetito sexual de su dueña, Lorna.
Y esa era la premisa, un cómic erótico festivo, de destape, no pornográfico (nunca se mostraban escenas explícitas, penetraciones, ni órganos genitales de ningún sexo) pero picante sin mayor pretensión que hacer reir y subir el color de algún lector que por aquél entonces, calentito aún el ataúd de Franco, o leía la Mastia o se iba a Francia a ver películas guarrillas.
Efectivamente eran otros tiempos, otra forma de entender la sexualidad, con poca libertad sexual, tabúes, vedettes de revista, pero mucho vicio y poco puritanismo pese a ir a misa cada domingo. El destape.
Y para bien que hemos evolucionado (o eso creo) no solo en la libertad sexual individual de cada uno, en quitarnos pudores y en normalizar conductas saludables consentidas entre adultos, si no materia de machismo que iba unida sinequanon a la sexualidad, como un chicle sucio a la suela de un mocasín pasado de moda. Porque aunque hago hincapíe en que eran otros tiempos, Lorna era una mujer florero, ninfómana, que cedía gustosa a violaciones de mal gusto y poca comedia (porque hoy en día a mi ninguna violación puede parecerme cómica) por alienígenas y terrestres de toda la galaxia. Yo ni había nacido, no se que decir al respecto de lo correcto, vanguardista, casposo o lo que fuesen las historietas de Lorna en aquellos comienzos de Mastia, pero tal vez solo fuese material para pajilleros fantasiosos, que actualmente me parecen de mal gusto.



Y no solo de mal gusto, ya que el dibujo de Azpiri aún estaba en evolución, no había alcanzado su zénit, estaba en una adolescencia fea, de esa con acne, y gaznate pronunciado, con ropa desconjuntada sin planchar... Era un polluelo desplumado con una apariencia a caballo entre el tebeo patrio más tradicional acercándose a Ibañez, Escobar, Vázquez o Jan, y las historietas verdes “S” de El Papus o El Cuervo
Lorna acaparaba el protagonismo artístico, mientras que sus “amantes” o fornicantes solían tener peor acabado, quedando claro el objetivo de que el elctor solos e fijase en Lorna, un poco en la metódica habitual del porno enfocado a público masculino.
Dentro del desaguisado sexual que suponían las aventuras de Lorna y su robot, se incluían continuos toques de humor y caricatura que incluyen versiones absurdas de la propia Star Wars o incluso de El Señor de los anillos. Y es que Gandalf y su báculo no podían resistirse a los persuasivos encantos de Lorna.
Lo más curioso es que pese a la vanalidad de las aventuras sexuales de Lorna en aquellos años 70, Azpiri trató de darle un sentido al personaje, dentro de lo absurdo y la “jaimitada” que sus aventuras representaban, y cada historieta enlazaba con la siguiente, creando un pequeño y tímido transfondo, un universo propio que no eclosionaría en aquella modalidad de historieta, pero que anunciaba que no iba a dejar morir a Lorna en el género destape, que pretendía llegar más allá con ella. Incluirá personajes secundarios persistentes, y otros elementos que ayudarán a la maduración del personaje.

Y llegaron los 80, y luego los 90, y Lorna evolucinó con los tiempos, y se adaptó, y ahí se me crea la duda de si Azpiri en Mastia sólo hacía lo que le pedían, estaba conforme con aquella casquibana y promiscua de las galaxias que se empotraba a todo ser viviente y sintético hasta dejarlo extasiado y sin baterías, y la hizo evolucionar acorde con los gustos de la sociedad y el nuevo target, o si realmente él quiso crear una heroína icónica desde el principio. ¿Obligaciones de guión o libertad creativa? No veo clara la línea que separa una cosa de la otra en el caso de Lorna y me fastidia, me deja un sabor agridulce.
Pero Lorna evolucionó y se posicionó como heroína de la ciencia ficción dejando atrás el rol de puta insaciable y sumisa. Se convirtió en una puta orgullosa e independiente. Y que nadie se ofenda con lo de puta por favor, no caigamos en la desnaturalización reinante de las morales equidistantes y superiores. Las cosas por su nombre y con el debido respeto.
El dibujo y el entintado de las obras crecieron en calidad exponencial convirtiéndose en un must estilístico y añadiendo valor al aún polémico enfoque de las historias de nuestra protagonista.



Junto a Cidoncha (que aún ni lo había mencionado, guionista de Lorna, que egoísta por mi parte porque tiene tantya culpa o más que Azpirin en todo esto) la rubia de generoso busto y espinazo hecho a compás continuó recorriendo la galaxia, pero su objetivo dejó de ser poco a poco tirarse a todo ser del cosmos y quitarse el picor del parrús, pese a que de forma paulatina fue evolucionando en sus deseos, ansias y necesidades sexuales titánicas y descomunales. Lorna continuó siendo una musa, oscuro objeto de deseo, pero tebeo a tebeo, fue consolidándose como una mujer de su época en cada cómic editado, aunque esto me parece, desde mi puinto de vista en el 2020, lamentable que siguiese siendo un personaje sumiso y atado a la opinión masculina hasta casi sus últimos números, y hubiese sido mucho más iompactante si Azpiri y Cidoncha la hubiesen adelantado a su época, ya que en realidad, era una mujer del futuro, y eso debía de haber representado desde el minuto uno, pero su nacimiento fue muy distinto, y supongo, les costó matar a su esclava sexual de fantasía de la noche a la mañana.

Entrega a entrega, Lorna iba resistiéndose a las violaciones a las que en sus inicios se entregaba encantada (puagh), cercenaba miembros de machirulos alienígenas sedientos de sexo como una Lorena Bobbit espacial, y consumaría tórridas escenas que no abandonaría nunca en ningún tomo, solo con amores platónicos que como protagonístas no le llegaban ni a la suela de los tacones. Se consolidó, gracias a Dios, como una amazona galáctica poderosa, fuerte, con control sobre sus deseos sexuales y guiones finalmente interesantes, aventuras emocionantes de búsquedas espaciales, rescate de planetas, recolección de botines místicos de civilizaciones alienígenas olvidadas, y todas las tramas habituales de la space opera de “a duro”, siempre provocativa, sus creadores nunca renunciaron a que pasease por cada viñeta con los pechos al aire y en escorzos seductores imposibles de “good girls” hipersexualizadas como ocurría en Cuentosde la era Xenozoica pero multiplicado por 10.

Esta sana pero incompleta evolución hacia lo que hoy consideramos como heroína de tomo y lomo se produjo en un largo proceso de 8 tomos:

  • Lorna (compilación de su época de la revista Mastia)
  • Las nuevas aventuras de Lorna y su robot
  • Mouse Club (donde comienzan a percibirse los primeros cambios tanto en estilo como en argumento)
  • Leviatán (una versión libre de Mobby Dick que comienza a presentarnos la Lorna heroína moderna)
  • El arka (comienza la verdadera evolución de Lorna hacia heroina, siempre picante y destapada pero heroína, con historias más profundas y maduras, que se continuará y mejorará de aquí en adelante)
  • El ojo de dart-ang-gor
  • Sombras perdidas
  • Las torres negras
  • Rescate


¿Satisfecho con el personaje en cuestión? No mucho, pero la nostalgia es un arma poderosa, y Lorna llegó para quedarse, así lo quiso su creador, y nunca dejó de ser lo que era, una venus con pistolas láser. 
Recomendaría directamente empezar con Lorna “en serio” desde el título Leviatán y tratar de obviar su pasado de Mastia, porque hay cosas, que no envejecen tan bien como el vino, no señor, y no es un pasado del que estar especialmente orgulloso pese a que su intencionalidad, su venta y su target estaban enfocados al destape.

Aquí mi reflexión personal, a riesgo de que se me malinterprete:
El cuerpo humano es bello, femenino y masculino (el mio no pero bueno), y el desnudo no debe escandalizar a nadie, ha de tratarse con naturalidad, y si Lorna se siente cómoda surcando el espacio desnuda, bienvenida sea. Si Azpiri quiso crearla así ¿Quienes somos nosotros para juzgar su imaginación? Nadie. No se debe censurar la exuberancia, y la hipersexualización no me parece ni mala ni insana. Cada cual crea a sus personajes como desea, célibes, castos, pendones o infieles, me da igual, son igual de enriquecedores si están bien formados.
Respecto al sexo, tampoco hay nada de malo en creaciones sexuales que fomenten la actividad sexual continuada, desinhibida, libre, entre ninguna persona ni personas. Y en multitud de ficciones encontraremos escenas de violación, porque desgraciadamente, existe la violación desde que el mundo el mundo, y por fortuna, el ser humano, inventó las leyes también, y lapena es que no se cumplan debidamente o no eviten semejantes atrocidades.
Dicho esto, me incomoda de cualquier modo que una violación sea frivolizada en cualquier tipo de ficción. Entiendo la necesidad de una escena que incluya una violación en una ficción, pero no creo que sea saludable ficcionar que la victima la disfrute de manera automática y que incluso quiera repetir. Cuidado con esto.
Y sin querer ser más papista que el Papa, que cada uno ficcione lo que le de la gana, que ya seré yo quien decida si leerlo o no, verlo o no, siempre teniendo claro que está en el marco de una ficción.
Nunca lo saquemos de ese marco. No es No.
Lorna debe ser ejemplo del poder de la mujer a decidir llevar la vida que desee y tener pleno control sobre ella, sus decisiones y su cuerpo. Y cuando es NO, rayo láser a la entrepierna!!. Y si es SI con un Klingon, un Mandaloriano y tres súcubos Eldar, si todos están por la labor, que corra el champán y no juzguemos a nadie por querer disfrutar en armonía como cada uno quiera.
No se es más puta por saciar más tus necesidades cuantas veces quieras como quieras.



Dicho esto, Lorna, mi primer amor platónico de la infancia junto a Turbo Girl, Hundra y Sabrina Salerno, se convirtió en el icono que aspiraba ser.
Tuvo su propio videojuego a cargo de la clásica Topo Soft (una birria de juego por otro lado, que si vendió algo fue por la ilustración, todo sea dicho de nuevo) y que hace relativamente poco, antes de la despedida final del maestro en la Tierra, estuvo a punto de resucitar en carne y hueso mediante un proyecto de mecenazgo que prometía el rodaje de una película homónima, proyecto que llevaba en el aire, de mano en mano y despacho en despacho, décadas.
En 2015 se comenzó el proyecto, pero la rubia no tuvo suerte. Miguel Mesas junto el propio Azpiri estuvo al frente del conato, con experiencia en FOX y Universal para largometrajes de bajo presupuesto fantásticos como Hércules y Clash of Titans.
Pero posiblemente, sea barbwire la inspiración más poderosa, intencionada o casual, que podremos encontrar en el cine de Lorna a fecha de hoy.



No exenta de polémicas, protagonizó una que enfrentó temporalmente a Azpiri contra Alex de la Iglesia, al incluir éste último un personaje femenino, sospechosamente similar a nuestra sexy heroína, de mismo nombre, encarnada por Carolina Bang en la serie Plutón BBRNero. En un principio se tildó de bulo o fake new, pero Azpiri confirmó su molestia al no haberle informado Alex de sus intenciones con el personaje.



También, y por supuesto, se ha intentado llevar a la animación en 2011 por Balieri Estudio, pero tristemente aquella nave espacial quedó a la deriva.



Por todo esto, Lorna es un imprescindible del cómic de ciencia ficción patrio, y a la vez del erotísmo o historieta “S”, y Azpiri una leyenda y un mito de la ilustración fantástica y cifi de nuestra cantera.

Un saludo maestro, allí donde estés, en la galaxia que hayas elegido. Con cariño.