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jueves, 10 de diciembre de 2020

1984 EL AÑO DE LA DISTOPIA

 

EL GRAN HERMANO NOS VIGILA

 

Bienvenidos una vez más ciborgs, robots, mutantes, mutantas, aliens, y demás baja estofa y lumpen interplanetario e intervirtual que os reunís en mi  nodo por sorpresa y con alevosía, para masonear, difamar y supurar en torno a cuantas obras de ciencia ficción multi soporte y formato caigan en nuestras manos, o más bien en las mías que soy el panoli que invierte su tiempo libre en escribir éste blog infame, carente de rigor ni criterio (guiño, guiño a la A.C.H.U.S. si algún día se dejan caer por aquí, que sepan que serán bien recibidos, tengo ganchitos, refresco hiperazucarado y no les pasaré el antivirus neuroletal), ni ética, ni popularidad, ni nada de nada, pero que a mi para disgusto de puristas, oráculos y empollones, me sigue gustando escribir, porque bueno, me gusta escribir, y así no pierdo la práctica. Me gusta comunicar, aunque a veces hecho de menos no tener un interlocutor directo, claro, pero quien sabe, estoy barajando pasarme al podcasting, pero bueno, como diría El Nota del Gran Lebowsky “Más complicaciones”, y si a eso le sumamos mi cinturón negro en procrastinación, y mi superávit de hobbies… No hago más que liarme la manta a la cabeza.

Pero a llorar a la llorería, aquí estoy, una vez más, quién lo hubiese apostado, y hoy vamos a recuperar la literatura como hilo y vamos a charlotear informalmente, como siempre, pero con amor y pasión, sobre una obra que éste 2020 ha estado, y estará muy vigente, por los componentes políticos y conspiranoicos que predijo a mediados del siglo pasado, y es que, bajo mi humilde opinión de ignorante observador, no hemos cambiado tanto desde el final de la segunda gran guerra, y aunque parece precisamente distopía o ciencia ficción, si hago el esfuerzo de echar la mirada hacia atrás sin esforzarme mucho, recuerdo la caída del muro de Berlín, la independencia de Hong Kong, y otras consecuencias del mapeado post guerra fría, que yo diría que no más que haber terminado, sencillamente podríamos llamarla, la guerra templada, porque no ha dejado de estar vigente desde que empezó, y seguimos pendientes de soluciones en Palestina, en Los Balcanes, y en prácticamente toda la Africa post colonial, y así sucesivamente sin ser yo un entendido de nada ni pretenderlo, pero es que hasta los tontos, si prestamos un mínimo de atención, logramos sacar conclusiones de nuestro entorno, más o menos acertadas, y ya si nos da por documentarnos debidamente, pues podríamos hasta dar nuestras opiniones en voz alta, pero yo no me atrevo aún, porque no me gusta decir gilipolleces, aunque como todo semi humano, a veces, lo hago, pero siempre tiene uno la oportunidad de repensar, investigar, y retractarse o reafirmarse incluso.

Bueno, que para hablar con propiedad de algo hay que tener la info, que aquí todo el mundo opinamos muchas veces pero no tenemos ni puta idea, y a mi me pasa también, sí, pero al menos soy consciente y activo el firewall en medida de lo posible. Pero de eso va mucho también nuestra obra de hoy, de formar opiniones, porque al final, muchas veces opinamos a raíz de lo que nos cuentan, por ejemplo, políticos, medios de comunicación, conocidos y o familiares, y al final, si no contrastamos nada, igual le damos veracidad, porque ¿Qué necesidad de mentir tendrían todas estas personas que me están contando esto o aquello? Si no tengo datos para desmentirlo o rebatirlo, no estoy en posición de ninguna verdad, y entonces, acepto como verdad, la única info que recibo.

Esto dicho así, de andar por casa, porque para tesis doctorales y demás ejercicios intensivos al respecto, la red nos ofrece todo lo que deseemos conocer, pero preferimos el porno y el Candy crush, somos semi humanos, es así. Pero realmente, podríamos leer a Kant por ejemplo, para profundizar en la verdad, podríamos leer a cerca del Intituto Tavistock, para comprender la ingeniería social, podríamos… Pero nos conformamos con 1984.

Así que en un escenario que podríamos bautizar como El telón de cromo, ya que el acero tiene poco glamour distópico, la sociedad occidental sigue sumida en las mismas mierdas caducadas y retrogradas de la izquierda y la derecha, dejando en ridículo a todo aquél que se autodenomine centrista, porque siempre tiende a oscilar hacia uno de los otros dos lados o sencillamente el populacho no queremos medias tintas. Y dale vuelta al torno perico con las viejas etiquetas, los rancios abolengos, los rojos y los azules, encabestrándonos en un antiprogreso que a alguien debe favorecer, pero nunca al proletariado, ni siquiera al burgués de turno engañado en su trono de cartón piedra que como tiene su pan acepta que le llamen tonto, y yo que se quien será el verdadero señor del puro, ¿Los Bildelberg? ¿Los masones? ¿Arasaka y las grandes megacorporaciones? ¡¿Quién?! El Gran Hermano (risa malvada grave y prolongada).

Y no avanzamos, corremos en la rueda de hámster sosteniendo las mismas astas de bandera roída y descolorida, y si no lo haces, eres un apóstata social, un facha, un bolivariano, o peor…eres un librepensador o un miembro de la cínica tribu milenaria, y en verdad seguimos y seguimos creando categorías y subcategorías con las que camuflar el sentido común, y afloran aún de forma absolutamente incomprensible para mi cerebro chippeado, racismos, machismos, antisemitismos, homofobias, y odios irracionales para todos los gustos y colores sustentados por consignas políticas extintas, por proclamas fósiles. Y yo, demócrata convencido, de tinte socialista aunque a veces peco de capitalista, antisionista, antitotalitarista, llámenme burlonamente progresista si gustan con total libertad y sentido del humor, pues lo entenderé ya que me considero especialmente empático respecto a quienes se proclaman “liberales” , pero nunca frente a los cabestros y bueyes (con perdón a tan noble bestia de carga) que defienden todos esos odios tan asquerosos enumerados antes que desearía no tener que repetir jamás. Me siento un poco solo, saturado ante la decadencia y el surrealismo social reinante, porque no logro asimilar que haya cerebros orgánicos capaces de cometer y defender semejantes atentados hacia la humanidad y padezco el miedo o la preocupación de ser consciente de que conviven conmigo, los tengo a mi lado, muy cerca, y son una bomba de relojería a punto de estallar, o de sacar un  arma y al grito de viva cristo rey pegarme un tiro por la espalda al grito de rojo, judío o maricón (indistintamente de que lo fuese o no, ¿que más daría una vez apretado el gatillo?) como hace apenas 45 años aún pasaba en nuestras calles. ¿Cuántos millones quieren fusilar una panda de vejestorios que han formado parte de los cuerpos de defensa nacionales? Y eso que aquí no hay segunda enmienda, te cagas. Y yo pensando en que hay que promover el pensamiento global de humanidad y olvidarnos de los nacionalismos porque si no, a largo plazo, vamos a tirarnos al vacío como Lemmings. En fin, ¿qué sabré yo? Odia el juego pero no al jugador.

En verdad, como si de una campaña publicitaria se tratase, va a haber que defender el eslogan de que cada uno somos “algo más” que una cosa u otra visto lo visto, pero lo que nos falta es cemento de unión, nos falta ese puntito sardónicamente cristiano de amar al prójimo, o lo que llamaríamos actualmente los charlatanes pseudocientíficos, asertividad.

 

Y tal como decía al principio de mi reflexión, no, no hemos cambiado prácticamente nada, y no se si cambiaremos alguna vez, y hablo en plural de la primera persona, porque sería demasiado soberbio por mi parte excluirme del grupo humano occidental al que pertenezco por defecto, pese a ser consciente de nuestros defectos, ya que ejercitando la empatía de nuevo como presumía antes, tal vez, aquellos individuos que se mantengan en un eje radicalmente opuesto a lo expuesto piensen lo mismo de mi, y llegados a éste punto, podríamos leer en la red algo de Karl Popper también, pero eso es más aburrido que 1984. Y dicho todo esto, es imposible no tenerle miedo al futuro, porque estamos en manos de psicópatas, y convivimos con asesinos hambrientos. Es desalentador, pesimista, negativo, pero es una realidad, y el mundo, o mejor dicho la humanidad, seguimos funcionando como un virus, dejando al famoso COVID a la altura de cualquier santo católico apostólico románico. Y eso, sin enterarnos muy bien de que estará pasando en el resto del mundo, en países que nuestros pequeños no estudian aún en la ESO, y gobiernos demenciales cuyo líder podría ser un villano de la Marvel sentado en su castillo desayunando fetos humanos, porque muchos documentales vemos de Hitler, Mussolini, Stalin, Maho pero pocos de Duterte, o de señores de la guerra africanos mientras los medios nos bombardean con peleles como Bolsonaro  o Trump y volvemos a lo mismo, 1984, nos informan de lo que quieren que sepamos, pero George Orwell no imaginaba que hoy en día tendríamos internet, que podría ser la herramienta clave para eliminar el desconocimiento, pero creo que es incluso innecesario bloquearlo como hace el gobierno Chino, la red ya tiene suficientes laberintos de contrainformación, bulos, y demás trampas del conocimiento que nos harán crear opiniones deformes y monstruosas, auténticos ghoules intelectuales, que nos dejarán en el mismo punto de ignorancia y estupidez, como si internet no existiese. Menos mal que hay porno y póker online, ¿no? Yo que se, solo se que no se nada.

Parece esto un ensayo sobre la épica lucha entre el bien y el mal, el ying y el yang y demás magufadas erótico filosóficas.

Vamos allá con lo nuestro.




GEORGE ORWELL

Después de semejante chapa introductoria que podrá generaros sarpullidos y erupciones a todos aquellos y aquellas que discrepéis, os pediré, igual que hago yo, que empaticéis conmigo, y no me toméis demasiado en serio. Seguro que muchos y muchas tenéis opiniones contrarias, parecidas pero con matices, primas, hermanas o sobrinas, pero iguales lo que se dice iguales, ya será difícil, teniendo en cuenta además que no he expresado todo lo que llevo dentro, porque tampoco es mi intención adoctrinar a nadie ni vender ninguna moto, sencillamente, es lo que yo percibo, y seguro que mañana será otra cosa, porque el mayor valor del humano, es precisamente, que es mutante por naturaleza, cambiante, evolutivo o involutivo, pero cambiante. Según los estímulos recibidos, mutaré. Y ya sabéis lo que opino de las opiniones, valga la redundancia, y es que no son tan trascendentales hasta que lso datos objetivos demuestren lo contrario, y volvemos a darle vuelta a la ruleta del significado de la verdad.

Vamos a por la ya típica intro del autor, porque si me leéis habitualmente, sabréis que soy de los que sacan mayor jugo a la obra, si se algo del autor, si logro entenderle un poquito al menos, y Eric Arthur Blair, verdadero nombre de George Orwell (pseudónimo seleccionado con gran tiento britanófilo para firmar obras que creía avergonzarían a su familia) fue un señor de familia bien, o muy bien sinceramente, que estudió en colegios anglicanos de bien, con buenas notas, y que de ahí en adelante, se torció un poquito podríamos decir en broma. Porque podría ponerme en plan copy+paste para presentaros al autor, pero para eso ya tenéis la red, recordadlo.

Orwell se alistó al cuerpo de policía del cuerpo colonial del imperio británico en Birmania, colonia de la que era natural su madre, y allí comenzó a gestar su odio personal hacia el imperialismo británico y a tener conciencia de clases, haciendo ya sus primeros pinitos novelísticos al respecto.

Tras esa etapa de desencanto con el orden y la ley, muta a bohemio y ejerce de librero y de educador, y continúa sus pinitos como escritor, especialmente influenciado por Jack London.

Y entonces llega el momento más importante de su vida, la guerra civil española, antesala del desastre europeo en ciernes que fue la segunda guerra mundial, y se alista al POUM (partido de índole stalinista) bajo la famosa frase

“alguien tiene que asesinar fascistas”

 

Curioso que actualmente los partidos democráticos de extrema derecha utilicen su obra 1984 como punta de lanza a la hora de hacer oposición en el ojo del huracán COVID, la absurdez contemporánea es un tsunami de ignorancia descontrolada, menuda época para vivir, todo vale. Orwel debe estar descojonándose en su tumba.

El caso es que en la contienda patria, entendió que ningún bando totalitario era una solución, ni el comunismo, ni el fascismo, ni ningún derivado posible que no sea democracia. Y fue testigo de primera mano del adoctrinamiento, la contrainformación, el panfletismo, y el uso de las noticias como un arma más con el que conseguir el apoyo civil y de otras naciones.

Herido por arma de fuego en combate, y aquejado de una rampante tuberculosis, terminó sus días como periodista de medios liberales de tendencia izquierdista inglesa, vigilado con lupa por los servicios de inteligencia británicos, y con sus dos novelas cumbre, absolutamente inspiradas en su desencanto político a nivel europeo que nos avisaría de los problemas de no percatarnos de los objetivos de los líderes, Rebelión en la granja y la que nos atañe hoy, 1984.




LA DISTOPIA POR EXCELENCIA

Tras repasar a velocidad luz su obra y milagros, con luces y sombras que darían para mucho más, vamos a cortar la carnaza.

1984 Se edita al fallecer George, y nos traslada a un nuevo país, resultado de futuros conflictos bélicos y geopolíticos, que podría ser la nueva Gran Bretaña, en la que se ha instaurado un modelo de gobierno totalitario, autárquico, completamente vigilado por los ministerios y herramientas del partido para lograr la lealtad absoluta, el patriotismo forzado, y a grandes rasgos, la alienación del ciudadano.

El partido Ingsoc y su líder, El Gran Hermano, velan por la prosperidad y seguridad de los buenos ciudadanos.

Su futuro cercano, es sin duda, junto con Mundo Feliz y Fahrenheit 451, el gérmen de toda distopía actual y moderna, muy en boga últimamente, de la que beben prácticamente todos los taquillazos y best sellers del palo como Los juegos del hambre, Divergente, La Isla, El corredor del laberinto,  y clásicos incunables como La fuga de Logan, Brazil,  e incluso algunas obras de menor repercusión ya diseccionadas en este blog como Bionico. Aunque si buscamos si fue primero el huevo o la gallina, nunca llegaríamos al fin de la madeja, porque ahí está Metropolis también.

Todas las posteriores se cimientan sobre las bases de estas obras clásicas. Se repetirán hasta la saciedad con mayor o menor acierto los gobiernos autoritarios basados en la mentira y la desinformación, la lucha de clases, los atentados de falsa bandera; la alienación del individuo y su anulación para incluirlo en un sistema comunitario bien controlado, dócil, y eficiente, lo que incluye la anulación de sus emociones, sus principios, y cualquier rastro de un pasado que pueda poner en duda la gloria de la causa patria en pos del bien supremo de la nación.

Y no solo esas obras, si no que 1984 tuvo sus propias adaptaciones al cine, y televisión, destacando la dirigida por Michael Radford, o eso tengo entendido, no la he visto aún.

Por lo que tenemos patriotismo exhacervado, manipulación de la verdad, adoctrinamiento casi religioso o fanatismo, y un único objetivo nacional bélico de derrotar al enemigo (en muchas ocasiones como en ésta, invisible) como combustible de una sociedad futura basada en la productividad industrial de autoabastecimiento, el nacionalismo, el cierre de fronteras y la xenofobia.

Rectas instituciones velan por la integridad del ciudadano, tanto de carácter didáctico o escolar, sin ánimo de lucro, como las policiales y legislativas, para que se cumplan los modelos de vida estandarizados y saludables que no afecten a las bases de una recta y próspera sociedad. Por supuesto, cualquier conducta impropia, no considerada ética, ni mucho menos ilegal, es consentida, y los castigos son despiadados, y los procesos de reeducación e inserción a la sociedad también, poco menos que un lavado de cerebro pauloviano.

                                               

Osea, es fantástico, es como vivir en un gulag. Qué alegría.

Pero la naturaleza humana es la que es, y la curiosidad mató al gato. Y aquí entra Winston, el prota, un currito fracasado que como era de esperar y sin hacer spoilers, se hace demasiadas preguntas, hasta el punto de obsesionarse.

Tras la reflexión “introductoria”, creo que lo que hay en 1984 es obvio, pero recalcaría algunos aspectos.

El primero, la brillante idea de que destruir el pasado, o cambiarlo, convence a los que viven el presente de su verdad, y esto se está llevando a la práctica hoy día en prácticamente cualquier movimiento independentista o nacionalista.

Lo segundo, la importancia magistral que Orwell da al idioma, y la forma de comunicarse. Cuanto más sistemático es un lenguaje, menos oportunidades de expresar sentimientos tiene, y si además, modificamos el lenguaje para evitar expresiones o formas de comunicación que puedan herir al régimen, mejor. Brillante, muy genialmente hilado, ya que, el lenguaje, es lo que teje nuestro entendimiento de la realidad. Si vivimos en una sociedad en la que, ejemplo, guiño, guiño, la palabra “corona virus” no existe (o se prohíbe bajo pena capital), pues no tendremos ni un solo caso diagnosticado pro médicos en esa nación, ¿eh Turkmenistán? Orwell estaría orgulloso de vosotros.

Lo tercero, el punto más sorprendente y terrorífico que encontré en la lectura, aviso, mini spoiler, pero muy mini. La sorprendente posibilidad, de que un individuo, en creencia de poseer la verdad absoluta, sea capaz de ofrecerse a los actos más terribles, crueles e inimaginables, para de una forma tan maquiavélica de justificar los medios, se convierta, pese a negarlo, en lo mismo que su enemigo. Los inocentes, están a merced de los fanáticos, y el líder lo sabe, El Gran hermano lo sabe. Ese momento de la lectura, me dejó frío ante una verdad tan terrible y despiadada, que sencillamente, atestigua que convivimos con asesinos en potencia si les das la excusa adecuada.

Por último, y cuarto, cómo el sexo procede como vía de escape y terapia puramente fisiológica frente a la alienación humana, y no quiero haceros spoiler, pero claro, ésta novela tiene su puntito de romance también, como todas sus hijas e hijos contemporáneos, si es que está todo inventado. Pero la importancia del sexo como rompehielos en la anodina rutina proletaria de nuestros protagonistas, es la chispa y la causa de una serie de sucesos que no voy a adelantar.

Con todos estos temas de siempre candente actualidad, hemos hecho un mapeado de 1984 que debe servir como cebo a quien aún no lo haya leído, y que tal vez haya aburrido al que se lo sepa de memoria, pero por eso mismo, no he querido hacer una sinópsis tradicional, y me he permitido divagar sobre su naturaleza de una forma más personal y abstracta.



Como he dicho ya en otras ocasiones, un revolucionario sólo es un nuevo tirano en potencia. Bienvenidos a 202…  digo… 1984.

 

 

sábado, 22 de junio de 2019

LA ERA DEL DIAMANTE DE NEAL STEPHENSON


OBSESIONADOS POR LA COMUNICACIÓN


Buenos días, espero terminar de escribir éste macro meme y dejarlo en la red antes de que el Segundo sol del sistema Raquiti Omega desintegre el casco de mi regata interestelar de segunda mano y me desintegre por completo. El sistema de refrigeración de éste cacharro está averiado y sólo a mi se me ocurre viajar a las playas de Ramalaán II en ésta época del año. Estoy nadando en sudor dentro de mi traje.
Detalles escabroros al margen, centrémonos en la obra protagonista de hoy. Una lectura de lo más curiosa, que a ratos durante su parte intermedia, se me hizo tediosa, confusa e insustancial, pero que recupera ritmo con un final de infarto que liga con el comienzo magistral con el que engancha.
Hoy hablaré de La era del diamante: Manual ilustrado para jovencitas del siempre grande Neal Stepehenson.
Neal se ganó una cápsula criogénica de honor en el búnquer de los tecnofantes de la ciencia ficción con Snowcrash a principios de los 90. Y La era del diamante fue el siguiente título en consagrarle. Cierto es que podría haber empezado la casa por el tejado hablando de Snowcrash, pero voy a dejarlo para otro momento, y unas revisiones con calma ya que hace años que lo leí, y tengo más reciente éste último. Además, aunque todo está inventado y no vengo yo a aquí a decir como hay que freir los huevos, de Snowcrash ya he leído casi todo lo dicho, y aunque algo podré aportar, he decidido darle algo más de protagonismo a ésta otra obra, heredera estilística de Snowcrash, pero para nada una nueva obra cyberpunk, si no más bien un capricho ecléctico de ciencia ficción especulativa que sigue centrándose en las grandes obsesiones de Neal en su carrera, el lenguaje (tanto el computacional como el humano, una visión única y global de transmisión de información) y los entornos de interacción virtuales, como canal de comunicación a preveer en el cercano futuro como nueva forma natural de relacionarse y compartir. Y digo obsesiones, porque aunque no he leído toda la obra del Neal, en Snowcrash ya se centraba en los mundos virtuales y el lenguaje multiformato (orgánico e inorgánico), y tengo entendido que en otra de sus principales sagas, la del Criptonomicón (que por cierto sospecho que nace de ideas creativas subyacentes tras la ejecución de La era del diamante) sigue siendo la tónica reinante.
Y para más I.N.R.I., que conste que Neal estuvo inmerso en la creación de un videojuego MMORPG que trató de financiar por mecenazgo y que al final dejó morir ante la imposibilidad de llevar a cabo todas las mega ideas que deseaba plasmar en las mecánicas del juego online multijugador en un mundo persistente.
Así que sin duda, éste hijo de intelectuales científicos, de carrera científica, está totalmente picado con la interpretación de avatares en entornos virtuales, la forma en al que intercambiarían información, y los lenguajes de programación y las formas de comunicación humana, que ya, atraviesan líneas que hace años sólo hubiese imaginado un escritor de cifi.
De hecho, el mero hecho de pensar cómo ha cambiado nuestra forma de comunicarnos y de interactuar unos con otros, las redes sociales, sin necesidad de un interfaz virtual ni inmersivo, ya rompe las barreras de lo que hace tan sólo 20 años hubiésemos imaginado la sociedad. Ya es habitual ver a dos acompañantes sentados en una mesa, sin dirigirse la palabra, sólo con el teléfono móvil en sus manos, durante largos minutos. Eso es parte del cambio, un cambio que nos resulta lento, si lo comparamos con los sueños de la ciencia ficción, pero que se está produciendo mucho más rápido de lo que nos damos cuenta, silenciosamente.



EL SHANGAI DEL FUTURO CERCANO


La era del diamante, es una obra como decía antes, extraña, inusual, serpenteante y que del mismo modo que Neuromante no es para nada una obra introductoria para novatos, ésta, tampoco lo sería bajo mi humilde criterio de lector. De facto, La era del diamante, comparte varias características estílisticas de forma con Elneuromante sin duda ninguna, como por ejemplo, la de emplear constantemente neologísmos técnicos ficticios, inventados por Neal, para referirse a la tecnología existente en su futuro imaginado, pero que nosotros como lectores, no llegamos a imaginar con precisión, generándonos dudas a cerca de cómo debemos enfocar nuestra imaginación mientras leemos, lo que a mi, me hace perder el hilo en ocasiones y tener que releer renglones, cosa que me pone nervioso y no me gusta nada. Pero hago el sacrificio, y sigo para adelante, sintiéndome troleado y regateado en ocasiones, en las que mientras Neal desarrolla una escena (que yo me voy imaginando), da un quiebro y añade datos del entorno o del suceso, que deberían haber sido detallados al principio, y no cuando suelta la bomba, confundiéndome con sus “sorpresitas”.
No es secreta la admiración de Neal por Neuromante, ya que de hecho, inspiró profundamente su obra Snowcrash, pero eso ya lo contaremos cuando proceda.

Ese estilo barroco (reconocida la etiqueta por él mismo) de Neal, que ya comenzó a cultivar en Snowcrash (aún tengo dudas de como se sucedió el capitulo en el que A.T. Entra en el edificio gubernamental donde trabajaba su madre por lo parco de la narración)  explota en la era del diamante, y es lo que durante la parte central del libro me hastió durante unos días, necesitando un respiro para organizar en mi cabeza lo que estaba leyendo y qué tipo de historia era.
Además, tras el éxito cosechado con el cyberpunk en Snowcrash, la prensa y las editoriales no dudaron en colgarle el mismo San Benito a La era del diamante, pero no, amigos y amigas, no es una obra cyberpunk aunque cumple varios preceptos imprescindibles del género, como lainclusión de cibernética, redes de datos y software autónomo, personajes de baja estofa empujados a cumplir hitos épicos casi de rebote, etc; La ambientación, conserva algunos puntos clásicos de la jungla de neón y asfalto, pero añade elementos neo Victorianos más propios del steampunk.

Para ponernos ya de una vez en situación, La era del diamante se desarrolla principalmente en la Shangai del futuro cercano. Un futuro, en el que las naciones y la geopolítica han cambiado y ya no existen países como tal, más allá de los efectos geográficos geológicos, pero no políticos. Las naciones se componen de personas, asociadas a una jerarquía anarco capitalísta (vaya rizo) llamadas philes, que beben de la más clásica y distópica visión del punk futuro de pandilla (como la Naranja mecánica y sus grupos juveniles), cumpliendo sus miembros requisitos de distinción al  estilo “tribu urbana” de los 90 (vestimentas, modales, etnias, y otras características de identidad distintivas e imprescindibles para permanecer a la phyle); pero que son auténticos grupos organizados, conspiradores, con intereses económicos en juego constante. El explotado zaibatsu megacorporativo del cyberpunk, es suplantado en La era del diamante por estas phyles que hacen las veces de naciones descentralizadas que se rigen e interactúan unas con otras según las leyes de un nuevo código mercantil global aceptado de mutuo propio por todas ellas.
En esa Shangai, Neal se recrea “Tolkienanamente” en dispersas descripciones de su arquitectura, sus contrastes tecnológicos y culturales, neones y pagodas, implantes y salones de té, folklore y tecnología. Un crisol cultural que acoge a diferentes grupos de phyles y a miles de parias autóctonos, “tetes”, desheredados por el sistema de phyles, desplazados al márgen de sus intereses y especulaciones.
En ese futuro cercano, la nanotecnología representa la nueva revolución tecnológica, lo que da una vuelta de tuerca más al enfoque del clásico cyberpunk, porque Neal da por sentada la existencia de redes de datos y una suerte de red llamada Ractiva (muy interesante que luego detallaremos), pero los principales intereses de las phyles y el mayor logro tecnológico en la sociedad es la milagrosa nanotecnología, gracias la que diminutos robots biomecánicos, casi de tamaño atómico, inundan el ambiente, se pegan a nuestra piel sin que lo notemos, se cuelan por nuestras vías respiratorias y habitan en nuestro interior como en El chip prodigioso sin que lo notemos a no ser que tengamos los nano sistemas defensivos adecuados, y monitorizan todo, enviando información de todo tipo a sus operadores (phyles en su mayoría de casos) eliminando por completo el significado de intimidad. Ya que un minúsculo dron, que digo uno, millones, flotarían a nuestro al rededor, haciéndo quién sabe qué, desde grabándonos con fines comerciales, extrayéndonos muestras orgánicas para investigaciones médicas y farmacéuticas, o inoculándonos sustancias convirtiéndonos en conejillos de indias involuntarios de grandes empresas y gobiernos. Terrorífico.
Pero esa nanotecnología va más allá, y ese ejército casi infinito de diminutas máquinas microscópicas, también son excelentes obreros, capaces de recibir “mapas” o “instrucciones” de construcción, y formar objetos, entre ellos mismos, o compilando materia a nivel atómico y materia de la aparente “nada”. Como por arte de magia. Esas nano máquinas, llamadas nanositos, pueden fabricarnos ropa, alimentos orgánicos, o cualquier cosa en un electrodoméstico conocido como el C.M. (Compilador de Materia) que curiosamente, casualidad o inspirado el uno por el otro (La era del diamante es del 95 y Transmetropolitan del 1997), también encontramos en los cómics de Transmetropolitan, dónde Spider jerusalem le pide toda suerte de fármacos, drogas y armas a su electrodoméstico compilador de materia que además, para nuestro deleite y carcajadas, tiene un programa de I.A. Con síndrome de abstinencia molecular.
Estos electrodomésticos milagrosos, capaces de reciclar cualquier materia orgánica o inorgánica y reconstruirla en unos minutos tras un sonido de campanilla de microondas al terminar, están conectados a una red conocida como la toma, que no es otra cosa que una red pública de suministro de nanositos con sus estaciones de toma, como si fuesen estaciones de alta tensión de la red eléctrica actual que proveen nuestros hogares de electricidad.


MAS STEAM QUE CYBER


Ubicados ya, debemos conocer a nuestros protagonistas y una sinópsis de la trama sin spoilers, como siempre, sólo un intenso cebo por si queréis leerlo.
John Percybal Hackworth es un jóven y reconocido nano ingeniero de la phyle neovictoriana, una pandilla de nostálgicos británicos expertos en nano tecnología y arquitectura mediante el uso de nanositos, cuya punta de la pirámide jerárquica es una figura femenina conocida como La Reina. Gustan de amanerados modales y formas repipis, con mucha flema, bombín, chistera, paraguas y desplazarse mediante velocípedos, zancos hidráulicos, o cabalinas (corceles robóticos). Su presencia en Shangai es muy numerosa, y entonces comencé a imaginarme el entorno, como el capítulo La cacería de la serie Love, death & Robots.
En Shangai se han instalado también otra serie de phyles de todo tipo, más industriales, comerciales, o religiosas, como los Boer, los zulúes, los mormones, los judíos, el Sendero, etc...
la población foral, chinos de diferentes etnias, se agrupan en la mayoría regente del reino celeste, o pertenecen si no a otra nación en boga conocida como los puños del recto camino carmesí.
Al margen de todas estas facciones tenemos a los “tetes”, baja estofa, inmigrantes de aquí y de allá que no pertenecen a ninguna phyle, con poco poder adquisitivo, en paro, pocas expectativas de desarrollarse en ningún ámbito personal ni laboral, que sobreviven de la caridad, chapuzas, trapicheo, delincuencia y reciclaje de bienes en los compiladores de materia.
En cierto modo, el invento del compilador de materia, garantiza el bienestar mínimo de cualquier clase social, ya que a demás de ropa, entretenimiento o herramientas, los C.M. Recordemos que pueden crear comida y fármacos. Así que la pobreza absoluta, como tal, queda erradicada para todo aquél que tenga acceso a un C.M.

Hackworth recibirá la tarea de un alto cargo de su phyle de desarrollar una nueva herramienta nanotecnológica, el conocido como Manual ilustrado para jovencitas, que se trata de un libro interactivo, o mejor dicho ractivo, que sirva como herramienta doméstica para la educación autónoma y personalizada de las niñas vickys (neo victorianas) de buena familia y alta alcurnia, mientras sus tutores legales o progenitores, cumplen con sus obligaciones para la phyle.

Ahora tratemos de dejar claro el concepto, ractivo en el Shangai de Neal Stephenson. Ractiva es la nueva tecnología interactiva de ocio y entretenimiento, similar a la red, o internet, pero con un carácter virtual, inmersivo, en la que el usuario, no sólo vive una experiencia pseudo real, muy vívida, pre programada o cuyo desarrollo depende de inteligencias artificiales o programas, si no que interactúa en su vivencia virtual, con otras personas, anónimas en la mayoría de los casos gracias a sus avatares o identidades electrónicas (ractivas) además de con bots y otros programas de comportamiento preconcebido. La antigua industria del entretenimiento multimedia (televisión, videojuego...) es llamada pasiva en la era del diamante, y la ractiva, es la nueva fórmula de interactuación multimedia y tecnológica entre personas.
Suena retorcido, pero en el fondo, es una realidad virtual muy parecida al metaverso de Snowcrash.

¿Te aburres el viernes noche en casa? ¿Sin plan? ¿Quieres ser un espía británico, en un tren hacia Moscú repleto de espías nazis durante la GGMM? Carga el ractivo en tu terminal (del que Neal apenas da detalles durante la obra, y nos vemos obligados a reimaginar una y otra vez ese tipo de conexiones virtuales entre usuarios, aunque finalmente llega a mencionar unas gafas, que imagino como la típica mole de realidad virtual sobre el rostro) y vive una aventura que nunca será igual, porque la mitad del tren son otros usuarios. Una historia sin constantes, y con muchas variables.
Cómo un MMORPG en realidad virtual ¿verdad? Claro. Ya mencioné antes esa obsesión de Neal, que para mi es el papá de Ready PlayerOne, tras inventar La Calle del Metaverso en Snowcrash.
Y aquí entra en escena Miranda, una actriz emergente de ractivos. Porque los ractivos a la carta (me lo imagino en plan netflix o HBO) tienen una serie de papeles adjudicados a usuarios domésticos, y otros que son siempre interpretados por actores y actrices, en sus cubiculos de ractuación, facturando cada minuto de interpretación. Una nueva forma de vida del futuro.
Neal Stephenson dará una increible importancia al factor interpretativo, casi filosófica, a cerca del dramatis personae, de una forma casi “Calderoniana” a lo la vida es sueño, en la que nos costará, tanto a nosotros como a sus propios personajes, distinguir humanos de programas, y la realidad de la r-realidad.

Este libro digital a base de nanotecnología que absorbe los estados de ánimo de la pequeña lectora, y acumula datos de su carácter y sus respuestas, irá generando un entorno virtual ficticio, único y personalizado según los datos recavados, que goza de un protagonismo absoluto en la obra, trasladándonos de esa distópica Shangai a un mundo virtual de hadas y fantasía, no exento de oscurantismo y crudeza, al más puro estilo gótico de los hermanos Grimm, en el que la jovencita irá aprendiendo mediante cuentos y fábulas, que extrapolan datos de la realidad de la pequeña para convertirlos en relatos que serán a la vez clases teóricas de ética y moral con moralejas prácticas y conocimientos académicos, que se van pregenerando a medida que la niña interactúa y crea cada cuento protagonizándolo, mientras el mismo sistema del libro, realimentado por la info recopilada por los nanositos de su lectora, manda guiones de interpretación a los ractores conectados a la emisión de la lectura, como si de una de las anteriores series a la carta se tratase.
Como decíamos antes, barroco, muy barroco, y poco práctico.
No obstante, ese manual ilustrado para jovencitas, es una beta personal en desarrollo que Hackworth testea con su hija Fiona, antes de que la hija de su jefe obtenga su propia copia.

Tremendamente rebuscado todo, la implicación de los ractores en las fábulas del manual, etc... La lectura se va complicando. Pero pensemos en ello, ese manual, es asombroso. Una visión tecnológica para suplantar la educación convencional, las figuras paternas o familiares, y todo creando fantasías persistentes no prescritas, en las que interactuaremos con otros usuarios, bots, o humanos.



Todo se tuerce, cuando Hackworth pierde la beta del manual, siendo asaltado por una pandilla de tetes juveniles, entre los que se encuentra Harv, el hermano de Nell, dos críos que viven en un cuchitril con su madre Tequila, una mala madre, despreocupada, casquibana, de mano suelta, que mete un novio nuevo en casa cada dos semanas, a cada cual peor, borrachos, pederastas, drogadictos y maltratadores. Harv decide regalarle el botín a su hermanita pequeña, y ahí comienza todo, un libro dentro del libro, no al estilo del hombre en el castillo, pero sí un poco la historia interminable en versión “virtual”, en cuanto la pequeña Nell abre el libro, que le habla, le pregunta cómo se llama, y comienza a contarle cuentos.
Como una distópica Arya Stark, que huye de su hogar y crece sola de aquí para allá, agrandándose ante la adversidad, madurando, dejando atrás la infancia de forma precipitada. Nell comenzará un viaje alucinante en el ractivo del libro, y a la vez y como consecuencia, en la vida real, aprenderá a leer, aprenderá a superar sus miedos, sus problemas, y su vida de mierda como niña no deseada en un hogar de mierda, aprenderá lenguajes de programación, y se convertirá en la heroína de la obra, alternando entre una cruel y desangelada realidad y su mundo privado, el mundo del manual, donde es la princesa Nell, en busca de las 13 llaves de los reyes feéricos, en la eterna historia de superación narrada desde su infancia hasta su adolescencia.
El manual es como un “juego de rol” vívido y total.

En el otro extremo, tenemos al némesis de la historia, porque si algo aprendimos también en Snowcrash, es que Neal Stephenson adora crear un buen villano, pero no uno que sea malo y ya está, no, un malvado de manual, carismático, imprescindible y que en el fondo, no es tan malo y tiene unas aparentes “buenas” razones para ir en sentido contrario de nuestros protagonistas. En éste caso es el Doctor X, una especie de Fumanchú de novela de superagentes, un mandarín de los bajos fondos, inmiscuido en planes megalómanos, ni mejores ni peores que los de nuestros protagonistas, antihéroes en cierto modo, si no sencillamente opuestos. Este villano encarna una serie de tópicos y valores tan enigmáticos y folclóricos como jocosos y de xplotation oriental. Porque Neal es un gamberro, y un cachondo, y cuando crea escenas de acción convierte la mejor ciencia ficción especulativa en un espectáculo hollywoodiense para todos los públicos, ácido y socarrón.
Doctor X y sus secuaces, desean la tecnología del manual ilustrado para jovencitas, para otros planes que no voy a desvelar.

LOS NIÑOS SON EL FUTURO


Y volvemos a darle vuelta al torno Perico. Tal y como propuso en Snowcrash, en La era del diamante lo tradicional y lo místico tienen también un papel protagonista entretejido con la trama tecnológica.
En su obsesión de desarrollar una trama relacionada con los lenguajes, y la transmisión de datos, con más o menos fundamento científico que a mi se me pueda escapar, ya que no soy informático, Neal convierte lo virtual en orgánico, y lo orgánico en mecánico, cruzando la línea que separa unos y ceros de un sistema nervioso humano, emplea el recurso de la mente colectiva y tira de biología y genética para computerizar a los humanos. Convierte las células en transmisores de información cifrada, apoyado en la nanotecnología e introduciendo en escena una extrañísima phyle “sintética” conocida como Los Tamborileros. 
Los capítulos en los que entran en acción estos individuos, sin spoilers, son lisérgicos y alucinógenos, rompen toda lógica dentro de la narración. No se que narices tomaba Neal mientras lo escribía. Un despropósito tribal, chamánico y tecnológico, del que mejor, me contáis vosotros cuando lo leáis y compartimos la experiencia.



Finalmente, como yo los llamo, los “troyanos” que la obra nos clava bajo la ficción, parten desde la necesidad de que el humano siga siendo quien controla la máquina y no al revés, hasta la cuestión de la administración de permisos y accesos de la tecnología popular y la liberación de los logros tecnológicos.
Por supuesto también la revindicación del papel familiar en la pronta vida del individuo y la infancia, ya que recordemos, que la obra gira en torno en la visión de una niña desvalida de una vida inapropiada, maquillada, edulcorada, a través de la fantasía que crea para ella el manual inteligente e interactivo, y la implicación de la ractriz Miranda en el desarrollo de sus capítulos, a distancia, desde el anonimato, pero con una implicación que se va tornando maternal pese al anonimato de ambas participantes. Principalmente, eso es La era del diamante, una oda a la importancia de tratar la infancia con el debido respeto, invirtiendo la atención imprescindiblemente necesaria que todos los niños y niñas necesitan para su correcto desarrollo adulto. No se si Neal Stephenson tiene hijos o no, o cuando los tuvo, pero desde luego, La era del diamante, es un perfecto cuento cifi sobre la responsabilidad de criar niños y nunca infravalorar su potencial.
Un despertador biológico en forma de novela, vaya.

martes, 14 de mayo de 2019

BIONICO DE MIKE LIGHTWOOD


MANUAL PARA CYBORGS ADOLESCENTES


Aquí estoy de nuevo, recién teletransportado desde mi estación portátil de realidad virtual hasta el mismo ciberespacio para sacar conclusiones de una obra literaria, jóven, y en conclusión adelantada, para jóvenes.

¿Por qué digo esto? Bueno, vamos al tomate. Hoy me apetece quitarme de en medio Biónico, una obra de Mike Lightwood, editada por Dolmen.
¿Mike Lightwood? No lo conocía, pero estaba ansioso de lectura y ciencia ficción y en muchas ocasiones, a parte de conseguir clásicos impresos en vetustos tomos conseguidos en viejas tiendas o el mercado de segunda mano, también me dejo caer por mi category killer literaria habitual y me hago con alguna novedad. En aquél momento, las novedades, o no me convencían mucho, o las que sí lo hacían ya habían caído en mis garras con anterioridad. Así que vi un tomo de peso standard, un buen puñado de hojas, con una portada que aunque el hábito no hace al fraile, pues bueno, tenía un punto cómic bastante dudoso, pero me dejé engañar por sus rascacielos en tonos industriales, podría albergar una distopía con pizcas cyberpunk, me imaginé, entre eso y el título, Biónico.

Además, Dolmen es una editorial de la que tengo un buen porrón de tomos en casa, principalmente de su colección Z (Zombie), de la que su número de referencias es inabarcable pero he leído muchos, con una sensación similar a lo que pudiese ser un empate técnico, ya que de 4 sagas que he completado, 2 me han parecido muy buenas, y las otras 2 , mediocres, insulsas o viéndome en la obligación de hacer honor a la verdad y teniendo en cuenta que es una opinión subjetiva, a mi, siendo valiente en una era de correctismos políticos y formalidades exacerbadas... Que leches...malos..MA-LOS. Oye y punto.
De las que no me gustaron no voy a hacer mención, no es necesario y no son los protagonistas de hoy, pero de los que sí, pues me lleno la boca de gozo mencionando el inicio de Carlos Sisí con Los caminantes ( Ahora en Minotauro) y de Victor Z. Blazquez con los cuatro volúmenes de El cuarto jinete. Sagas de pandemia zombie bien construidas, con personajes que acabas queriendo, con sorpresas, y con lo que a uno le gusta de un libro vaya. Cierto es, que siendo pejilguero, el desarrollo de la saga los caminantes en Minotauro pues da un giro cuanto menos extraño, muy de ciencia ficción, que trata de vivir en armonía con el terror, y que a mi... me comenzó a agriar la historia y ahí estoy a la espera del nuevo tomo o incluso de la adaptación televisiva que ha firmado el autor, pero desde que el título pasa de Dolmen a minotauro, sea casualidad o no, a mi, me va un poco en picado, y que nos e enfade el señor Sisí, que por aquí sigo leyendo otras de sus obras, aunque al final me está pareciendo una lotería el disfrutar de sus títulos.
Pero bueno, que yo confiaba en Dolmen, y pensé que éste libro firmado por el desconocido, aún para mi, Mike Lightwood, podría ser una agradable sorpresa.

Parece ser un sevillano (llamado civilmente Miguel Trujillo), muy joven (de los 90), con oficio de traductor, que al momento de editar ésta novela, ya había editado otras dos, sin conocer en qué marco de género podríamos ubicarlas. A parte, buceando la deep web, sorteando todo tipo de software peligroso y rompiendo algún hielo negro, descubro algún detalle más de su vida personal, que desvelaremos más tarde a cuento del examen de su obra y que encaja a la perfección con el tipo de novela que acababa de leer entonces.



LA DISTOPIA DE NUNCA ACABAR


La novela en cuestión nos ubica en un futuro Neo Londres, que mama de la teta de la distopía más clásica y conservadora, a lo Orwell o Huxley. A priori eso no significa que sea malo, debería ser bueno, pero ni una cosa ni otra, sencillamente lo calificaría de repetitivo, monótono...cansino.
Pero bueno, en el nuevo Reino Unido del futuro cercano, la sociedad vive aislada del resto del mundo. Disfrutan de una sociedad utópica, correcta, repleta de avances tecnológicos para la vida cotidiana, a salvo de la barbarie bélica del resto del globo. Inglaterra es la única nación superviviente de un tremendo conflicto internacional, y la población es sabedora de los esfuerzos del gobierno por mantener su calidad de vida y su paz, ya que constantemente están amenazados por el resto de enemigos de la patria.

Comenzamos el pastiche cifi con “el enemigo invisible” y “la manipulación de información”. Son dos clásicos imperecederos, que si bien, pueden seguir funcionando, para ello, necesitan ser correctamente manufacturados, y a mi humilde gusto de don nadie que tiene un blog en internet (cosa que puede hacer cualquiera, no soy especial, un gurú ni un catedrático) en el caso de Biónico, el tema se trata de una forma que si bien no es poco diestra, tampoco aporta nada a la idea que hemos visto una vez y otra vez en otras películas y libros.
A modo de reflejo social, puedo comprar que la obra explota e hincha la imagen británica de su eterno aislamiento con el resto de Europa, propiciado pro su identidad insular a lo largo de la historia conocida, y que a modo jocoso podemos retorcer con sus costumbres incoherentes como al de conducir por el otro lado o pagar en una moneda diferente a la del resto de Europa. Cuando se escribió ésta obra, aún nos e había votado el Brexit, pero si algo hay que reconocerle al lore del libro, es que toda esa “paranoia” neo británica expuesta, refleja crítica y satíricamente bien, esa idiosincrasia inglesa de pequeño ombligo de Europa, con permiso de los franceses; Y sus nuevas y polémicas políticas de migración y proteccionismo nacional, cuando su nación ha sido una nación más migrante que los gallegos.

En esa burbuja británica de engaño y bienestar, vive nuestro protagonista, Shane, un jovencito escolar, niño pijo de alta alcurnia ya que es el hijo del equivalente distópico a Primer Ministro. No ve mucho a su padre, porque claro, es un hombre muy ocupado, pero aunque no recibe mucho cariño no le falta de nada y su mayordomo robótico le hace compañía. Ahí el autor le da esa pizquita asimoviana y dramática al personaje, que también hemos visto ya muchas veces.

De aquí en adelante, sin spoilers, Shane sufrirá unas circustancias inesperadas, que le harán protagonista inesperado, de una búsqueda de la verdad, que le obligarán a tomar decisiones importantes, y una evolución de sí mismo y su descubrimiento como persona.
Una novela juvenil cifi de manual, que mi librería me coloca entre Philip K. Dick y Clarke a traición. Muy mal, porque no es su sitio, hay que cambiarla de mueble, y quizás la culpa de que haya leído algo que no cubre mis inquietudes es de mi librería, o de la editorial, y no del autor, porque seguramente el autor, es consciente de lo que ha escrito y lo ha escrito a sabiendas.
Este libro debe estar en el mueble de literatura juvenil. Y si las tiendas o la editorial consideran que solo porque el libro incluye alguna tórrida escena edulcorada de romance sexual adolescente, ya debe estar en un están de ciencia ficcion que incluya cyberpunk o hard cifi y donde los pollaviejas y puretas buscamos algo que nos llene, gente responsable de ésto, váyanse a cagar a la vía.

La obra puede servir de trampolín a un quinceañero para aficionarse a la cifi, y creo que ese es su cometido, e incluso que así lo concibió el autor, pero no es para mi. Igual, sí es para tí, lector del blog, si lo que buscas es una aventura distópica light, con adolescentes en búsqueda de su identidad en pleno proceso de maduración personal, que van haciéndose bola de nieve a medida que ruedan hacia una conspiración social y política de altos vuelos , alcanzandose nuevas cuotas de libertad y justicia humana. Una odisea paladinesca, en la que un muchacho dudará de cómo hacer lo correcto hasta hacerlo. Pero ya.
Para mi, sin embargo, es un argumento constante en el best seller y el taquillazo, que me aporta más bien poco ya y que no sólo bebe de lso clásicos como Mundo feliz o 1984, si no que estiramos el chicle por todas esas otras obras mainstream como la saga divergente, los juegos del hambre, la isla, in time, e incluso otros títulos underground que por snobismo se ganan el favor del público gafapástico como la sobrevalorada moon. Y así suma y sigue.



CIBER SEXO


Lo malo no es que no aporta nada nuevo al género, y que es un libro terriblemente predecible, del que vas adivinando todo lo que va a pasar con 10 páginas de antelación, si no que para un tipo con unos cuantos libros de ciencia ficción en la mochila y rondando los 40 como yo, el libro rechina a cada página. Porque no sólo es el refrito de ideas y conceptos repetidos anteriormente en la cifi, y ojo, que vivimos en 2019, que está todo inventado, que tampoco pido que cada libro que se edita sea una obra maestra y su autor un genio, no, no pido eso y no sólo es eso... Es que el libro, bajo su ciencia ficción crítica con los regímenes de gobierno que mienten y engañan a su población, es una excusa para la ayuda de orientación sexual en adolescentes, que yo, no necesito.

Neo Londres es una jaula de oro, encierra a su población, pero sin embargo, su población, vive bien, confortablemente, y les gobiernan laxamente, con libertades de todo tipo, de las que el libro hace especial ímpetu en las sexuales e individuales (religiosas, étnicas, etc...). Parece una sociedad tolerante, una utopía. Por otro lado, el gobierno británico de la novela, miente a su población, y los controla, pero les va soltando la cuerda para que la soga no ahogue y estén cómodos con ella al cuello. Me confunde un poco la intención de reclamar tolerancia y libertad dentro de un régimen.
De todas esas libertades, Mike Lightwood, se deleita en las de la sexualidad. Veamos más acerca de ello.

Cuando lo leí, pensé, “Bueno, vaya manual de sexualidad teen que se ha marcado el autor en una historia sosa y aburrida de cifi” , pero una vez me preparo para escribir mi patético artículo de amateur (porque no me creo Umbral), y busco info del autor, como anunciaba al principio, hay partes de su personalidad y sus actividades, que me hacen entender con mayor profundidad su obra. Y eso es así, vida y obra van por separado, pero cuando conocemos cosas de una y otra, atamos cabos, porque siempre queda una pincelada de nuestra alma en nuestra obra aunque no sea nuestra intención. Y Miguel Trujillo, es un coach juvenil en temas sexuales, y activista del colectivo LGTB. Yo no lo sabía cuando leí el libro, y me es absolutamente indiferente (que siempre llegará el típico paladín de la moral moderna a apuntarme con el dedo de homófobo y de yo que se), pero ahora entiendo ciertos hincapíes en su obra, y me reafirmo, en que es una obra juvenil o adolescente.

¿Que por qué?

Primero, su forma de tratar los romances, es muy de ponerse en la piel del novato, y no hablo del escritor, aunque no me guste demasiado su técnica, si no de los personajes. Chicos y chicas jovenes, con dudas, miedos e inseguridades. Un poco Al salir de clase.
Por otra parte de agradecer, no saca a nadie “del armario”, ya que en la sociedad de Neo Londres, la sexualidad ya no es un tema interesante ni tabú, y la bisexualidad es naturalmente aceptada de forma lógica. Esto, a nivel utópico y futurista, me parece fabuloso, soy el primero que opina que el ano no es patrimonio homosexual (como aquél que dice, refrán acuñado por mi) y que cada persona ha de disfrutar su sexualidad como le plazca, con los únicos límites que la otra persona (o personas, nunca animales, que ellos no saben decir ni sí ni no) mayor de edad (esa es otra, ojo que os veo venir, la infancia es lo más sagrado) o en su sano juicio permita y consienta.
Hecho este alegato, en la ficticia Neo Londres, existen una suerte de “picaderos públicos”, en la calle, algo así como retretes públicos, donde cuando alguien quiere echar un caliqueño, paga, entra, y tiene su media horita o lo que sea, para darse un filetazo. Muy moderno, pero si se me permite el sentido del humor, y si no también, un poco “cuarto oscuro” friendly así por las buenas ¿no? Ojo que no lo se, soy un viejo verde hetero, y mi deprabación está obsoleta. A mi es un detalle de la novela, que me sobra, que me produce hasta risa, y que no le veo el interés. El gancho sexual está de más, sobretodo cuando es tan tibio.
Respecto a eso mismo de su tibiedad sexual, el trato literario en el tema romántico y sexual entre personas de igual sexo, me llama la atención que al final del libro, el autor, agradece y muestra su cariño y gratitud a una serie de amistades y consejeros en temas de sexualidad variada que le orientaron a la hora de reproducir sus ficticias escenas de encuentros.
A ver... a ver... yo veo bien que se abogue por la visualización, o es más, yo abogo por la normalización absoluta, es decir, lograr que a nadie le importe un pimiento lo que cada uno hace con su cuerpo en la intimidad, que no sea una pregunta necesaria entre personas nunca más, que no marque la forma en la que tengamos que tratarnos unos a otros, y así lo vivo yo, y entonces me es innecesario una clase de sexualidad camuflada de cifi. Normalidad es la que me ofrecía AlecEffinger con su obra maestra de la trilogía de MaridAudran, en la que la diversidad, sin explicaciones, tutoriales ni consejos, pasaba por un bereber alcohólico no musulmán que estaba locamente enamorado de una mujer transexual. En aquella obra, a parte de la variedad implícita sin hacer política ni apología de colectivos, en la que la novia de Marid fuese transexual era lo de menos. Ella ya era una mujer, y es que, eso sí es futurista, y no Biónico, porque cuando una mujer ya es mujer, me da igual que haya sido hombre anteriormente y el apellido “transexual” sobra, es una mujer. Como ejemplo de normalización, digo.
Y a ver, que hay otras muchas variantes de sexualidad, que quizás, para el neófito como yo, que como dirían Def Con Dos, “a pesar de todo sigo siendo heterosexual”, pueden resultarme confusas, pero siendo muy sincero, me importan un bledo.
Los seres humanos, seamos como seamos y disfrutemos como disfrutemos, no tenemos manual de instrucciones, no podemos convertirnos en clichés con patas, no espero que un homosexual, sólo por homosexual, deba comportarse con pluma y siguiendo los tópicos que la mayoría demanda, ¡No!. Me defrauda profundamente la explicación final del autor de pedir consejo a expertos en el mundo LGTB para crear personajes creibles de diferentes gustos sexuales. Cada personaje ficticio, es como el autor quiera que sea, no como una sociación o comité de expertos sugiere que deben ser por su normalización. Puedes pedir consejo a un experto científico o a un obrero especializado, si queires hacer una novela verosímil que ronda sobre algo que no dominas. Pero cada ser humano real es único, y no atiende a leyes exactas, así que los personajes de ficción, deben ser más únicos y extraordinarios todavía, para que si cabe, nos inspiren a los aburridos mortales que los leemos.
No puedes darme un personaje soso, plano y predecible según los cánones del rebaño, sea gay, pastafari o fan de Star treck. Nos define como actuamos, no como nos etiquetamos, sobran análisis.



Y esto es lo que más me ha defraudado de la novela, no su argumento sobado, su carencia de sorpresas, su técnica rutilante, ni su lore recalentado en microondas. No. Si no que para tratar de servir de guía sexual ficticia ( no es un libro de autoayuda ni de coaching, es ciencia ficción, ojo, no se me malinterprete) no me descubre nada, si no que me repite lo que ya hace la sociedad actual, ni con más ni con menos tolerancia, porque la tolerancia está dentro de mí, está naturalizada. Y sí, entiendo que otras personas no lo ven así, que aún sigue habiendo discriminación, pero yo no necesitaba leer esto, no me ha descubierto nada, aunque quizás otras personas sí.

Y como decía, está bien para adolescentes, que están absorbiendo cosas en ese salto de trampolín que es la niñez a la pseudo madurez (porque con 18 años nadie es maduro, y con 30 el 90% de las veces tampoco), puede ser un buen libro, divertido, que descubra a la juventud tanto la ciencia ficción como que les normalice las relaciones sexuales de forma integral. Pero a mi, el libro, no me ha enseñado nada. Lo siento. No te enfades conmigo Mike, soy un don nadie de internet, pero como diría Tony Montana “Solo tengo mi palabra y mis pelotas”, y no me podía morder la lengua después de haber pagado por tu libro.
Sigue en tu labor, que es muy digna, ánimo, yo no soy crítico, solo un gilipuertas más de la red que normaliza mucho todo, tal vez porque mi juventud ha sido lo que otros llamarían rara, y a lo mejor, por eso, nada me escandaliza.
Punk aint dead.
Desconectando..........

PD: Las ilustraciones de los personajes al final del libro, en calidad fanzine, por no decir, parte de atrás del cuaderno de matemáticas, me mataron.