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miércoles, 17 de marzo de 2021

OBSERVER, TERROR CYBERPUNK DE POLONIA A TU CONSOLA

 TERROR Y CYBERPUNK

¿Qué pasa cyborgs, qué andáis cocinando en el megabloque? Aquí vengo con la entrega bloggera del mes de Marzo al nodo pirata fuera de la vigilancia de Netwatch que mantiene el punk over the cyber, vuestro aumentado disfuncional favorito de la autopista digital, Pixel Van Gogh, os choca esos cinco de nuevo, contento de otearos en su tugurio virtual, se que las texturas necesitan un cellshading bien diseñado y que el lag y los glitches son molestos en ocasiones, pero es difícil financiar un buen espacio virtual cuando tienes docenas de programas perro guardián olisqueándote las pelotas entre salto y salto de proxy.

Así que no me pidáis mucho más ahora que también regalo mis opiniones de mierda sin que nadie me lo pida en un podcast. ¿Qué no lo sabíais? Hostia puta choomers, en Ivoox sólo tenéis que buscar Los Sueños De Tungsteno, lo he adaptado al español porque la hispanización en el sprawl ya es mayor a la asiatización y me gusta arrimarme al sol que más calienta, esos boricuas me caen bien, los haitianos hablan francés y hacen vudú, ya no me caen tan bien. 

En fin, que podéis escuchar mi autotunneada voz de fumador crónico cada día 15 en Ivoox, y éste mes de Marzo decidí empezar la casa por el tejado, y me marqué un episodio dedicado al cyberpunk en líneas generales, una guía “rápida” (1 hora y algo) para aprendices de cowboy, que aderezo con una conversación con Sayko2020, el bibliotecario del Cyberpunk rolero en castellano más cojonudo de todo el metaverso, con el que damos un repasito a una de las obras no literarias ni cinemáticas más famosas del género, que no es ni nada más ni anda menos, que el universo Cyberpunk 20XX de R.L.Talsorian Games, imaginado por Mike Pondsmith y su pandilla y que la peña de CD Projekt Red ha llevado a tu consola de videojuegos con Cyberpunk 2077.

Obviamente, nos hemos dejado cientos de títulos y referencias en el nano USB sin enchufar, pero poco a poco iremos despiezando todo y seguro que volveré a hablar con Sayko2020 en el futuro, si no se ha dado cuenta ya de lo gilipollas que soy y me ha bloqueado en su interfaz de holollamada.

Así que como he dedicado el mes al cyberpunk (otra vez), hoy voy a hablar de un videojuego que he terminado recientemente, un videojuego de una compañía polaca, y no, la respuesta no es Cyberbug 2077, muy gracioso, hoy voy a despellejar Observer, que si bien me había creado unas expectativas altísimas desde que salió, me ha dejado muy indiferente, y ya sabéis que en éste blog se habla bien y también se habla mal, pero sobre una base, tanto técnicamente objetiva, como la absurdamente subjetiva que yo pueda aportar, y Observer, no va a salir muy bien parado en lo que a mis gustos respecta.

En 2017 sale a la venta este título, de la mano de Bloober Team y distribuido por Aspyr, y desde entonces le pongo el implante ocular encima y me crean la necesidad de tenerlo, como casi todo lo cyberpunk que sale al mercado para que engañarme. Sin embargo, como ya soy un maniroto y un Diógenes por naturaleza, me contengo, el síndrome de abstinencia me vuelve inestable, mis nanositos no controlan la química de mi organismo y paso atado a la pata de la cama de mi bando en las afueras un par de semanas alimentado por una sonda hasta que consigo borrar de mi disco líquido el recuerdo de que éste videojuego estaba ya a la venta y puedo seguir haciendo vida estándar. 



El juego apenas se distribuye en edición física, está considerado un título indie y experimental, y su precio no parece ir acorde con sus características técnicas ni su hype, bastante nulo. Así que lo dejo pasar pensando, “Ya llegará la segunda mano”, porque soy un coleccionista de lo físico, una anacronía en el mundo futuro en el que todo es desechable, pero soy un bicho raro, joder, no hay más que verme.

Y la segunda apta no llega, y las pocas cajas del juego que localizo son de especuladores facinerosos que saben cómo jugar el juego del capitalismo, oferta y demanda tronco, lo cabalgan a pelo, y no estaba dispuesto a empeñar mi filtro biokem del riñón para coger una cirrosis mientras juego un juego del que no se nada, excepto que es cyberpunk y que los pantallazos de las webs y revistas son bastante chulos estéticamente, pero juzgar el tomo por el lomo, suele ser un error que ya he cometido demasiadas veces.

Y de repente un día, Nintendo hace super rebajas en su catálogo online, y Observer está muy barato, así que aunque no me gusta lo virtual, me decido, lo compro, y comienzo a formar una opinión de mierda para un blog de mierda.

Primero, documentémonos, ¿Quiénes son Bloober? Una cuadrilla polaca, como CD Projekt, que tienen el atrevimiento de lanzar un juego cyberpunk mientras Cyberpunk2077 calienta en el banquillo, ¿eran los teloneros?. Bueno, en realidad, Polonia, y toda la órbita ex soviética de la europa del noreste, goza de una comunidad cyberpunk sana y en forma, con ilustradores y creadores de ciencia ficción distópica en un underground ilusionado y constante.

Podemos encontrar otros títulos de videojuegos que cumplen las características de ser polacos y cyberpunk como por ejemplo Ghostrunner a cargo de la gente de One More Level, el steampunk ucrónico y bélico de WarSaw, Space engineers de los checos Keen Software…

Y no sólo en el mundo del videojuego y el cyberpunk debemos quedarnos en Polonia y alrededores, podemos mencionar al escritor Stanislaw Lem, Eugeniusz Debski autor de las tecno noir historias protagonizadas por Owen Yeates, Jacek Dukaj que explora desde un punto de vista hard la realidad virtual, la singularidad y la nanotecnología (elementos muy presentes en el género cyberpunk), el difunto Janusz Zajdel especialista en distopías, etc.

Así que se respiran nanositos en el ambiente a bajo cero allí, el vodka y los R-Activos guatemalqueños crean una burbuja distópica a tener en cuenta.



Dicho esto, Bloober, se fundó en 2008, por los tocayos Peter, uno Babieno y el otro Bielatowicz, que escindieron de la compañía Nibiris, y desde Cracovia debutaron en 2014 con Basement Crawl en PS4, un “bomberman” de estética siniestra y mal rollera digna de pesadilla infantil, cualidad que adoptan como propia seña de identidad de los juegos de la compañía por lo visto, la siniestralidad. Ya que el siguiente título sería Layers of fear, un juego de terror que marca ya desde lejos que iba yo a encontrarme en Observer, pero no tenía ni idea de que este juego, que se convirtió en saga con una secuela, existía, ni que tenía la misma pinta que Observer pero sin estética cyberpunk, si no gótico rural actual.

Y seguimos en un Halloween continuo con esta gente, su siguiente título fue Blair Witch, esta vaska deben ser unos goths de la leche, me los estoy imaginando a todos y todas rollo The Cure frente al teclado, y los más valientes ya a lo Lordi con caretas de látex bumpeando black metal vikingo marcha atrás e menos 60bpm en el pitch.

Ahora trabajan en un título llamado The médium para no aburrirse de hacer siempre lo mismo y no ser encasillados.

Bueno, cada uno camela como camela, les deseo suerte.

EL OBSERVADOR, LADRON DE RECUERDOS

Y llegamos a donde queríamos, Observer, una aventura cyberpunk con algunos puntos a favor, y otros en contra.

Cracovia, 2088, Europa ha pasado por una última gran guerra y la sociedad vive con miedo a las plagas digitales como la nanofagia, nuevas enfermedades digitales que afectan orgánicamente a los individuos aumentados con implantes, que por otra parte, se ha convertido en una cirugía asequible capaz de, en un principio, mejorar la salud de los pacientes frente a enfermedades comunes que ya se consideran antiguas, hasta la aparición de estos nuevos riesgos para la salud de aquellos que decidieron someterse a los aumentos.

Daniel Lazarski es nuestro avatar, inspector de policía maduro, aumentado, con una mejora peculiar, un dispositivo de recuperación de memoria de los implantes neuronales de los sospechosos y víctimas de sus casos, el devora sueños. El típico cable que hemos visto ya en otros juegos como el último Syndicate que le metes sin permiso ni saliva por la oreja a quien quieres interrogar digitalmente, robándole sus memorias. 

Aquí el primer clásico básico del cyberpunk, las memorias digitales, estamos acostumbrados al concepto choomers, días extraños, remember me, y yo que se cuántos títulos más.



Bueno, continuemos. Lazarski está en su coche patrulla, disfrutando de un apacible día de lluvia sucia, cuando recibe la llamada de su hijo Adam, en problemas, localizado en un arrabal, un megabloque de apartamentos de los suburbios, mal lugar para un chico como ese, asi que Lazarski arranca y pone rumbo al agradable edificio de pisitos.

Jugamos en primera persona, así que no tenemos muchas oportunidades de ver nuestro propio aspecto en el juego a excepción de algunas cinemáticas y reflejos en espejos, y es ahí cuando empezamos a atar cabos en uno de los pocos fetiches que el juego ofrece fuera de su jugabilidad y desarrollo, y es que el agente que encarnamos, está ni más ni menos que interpretado y doblado por el que dio vida a nuestro humanoide artificial favorito, Dios le tenga en su gloria, Rutger Hauer, alias Roy Batty, también conocido como El Mendigo con una escopeta.

Un detalle bonito para los amantes de la ciencia ficción y el buen gusto cinéfilo, pero lamentablemente, esto, no mejora el juego.

Una vez dentro del megabloque de apartamentos de clase baja, comenzará el juego y la historia.

Por un lado, la historia, es un thriller ciber noir de manual, con una trama no demasiado complicada, y ojo que eso es de agradecer porque en ocasiones las tramas carecen de píes ni de cabeza y los misterios se desvelan “por que sí” en rocambolescos giros de guión totalmente inesperados, porque claro, no tienen el menor sentido. Y nos veremos inmersos en un seguimiento de pistas (no spoiler) recorriendo el edificio, interrogando vecinos, colándonos en los pisos de los sospechosos y registrando cajones y discos duros.

Encontraremos elementos clásicos del género cyberpunk como la realidad virtual, transhumanismo, los límites de lo humano y lo monstruoso, una megacorporación llamada Chiron, digitalización de identidades e inteligencias artificiales… No dejamos casi ningún cliché, porque nuestro prota, a parte del toque hard boiled que rezuma, está atormentado por diferentes fantasmas del pasado que le visitarán durante el juego de forma lisérgica, añadiendo el toque de terror psicológico al juego, que irá evolucionando a terror serie Z a pasos agigantados, incluyendo apartamentos cubiertos de litros de sangre e intestinos colgando de los conductos de ventilación, mezclando lo tecnológico con lo orgánico al estilo tetsuo, convirtiendo el bloque de apartamentos en una pesadilla que juega con nosotros como un relato de Philip K. Dick, pero sin la suficiente maestría.

Estéticamente el juego está muy bien, la tecnología es decadente y de bajo coste en el arrabal, los diseños molan bastante, aunque terminan por cansar ya que se repiten con demasiada frecuencia en el laberinto de puertas, videotelefonillos, cables colgando y monitores tirados en los descansillos.

Estos serían los valores positivos y canónicos del juego, pero, vamos a por los malos. El juego, no es divertido, nada, es un “simulador de caminar” más que una aventura o un survival horror, ya que entre nuestras acciones, poco más están las de caminar, abrir puertas, navegar por los diálogos delirantes y surrealistas que mantendremos con los vecinos en nuestras pesquisas policiales y personales y el uso de un dispositivo que Lazarski lleva en su muñeca desde el que podemos hacer 4 cosas, 4:

-Ponernos visión “Rayos X”, o algo así, como un uso de scanner para identificar los objetos del jeugo conlos que podemos interactuar.

-Ponernos visión “infraroja”, o algo así de nuevo, ya que nos permite analizar restos orgánicos para buscar pistas.

-Visión nocturna, algo tan inútil como desesperante, porque el juego, lejos de ofrecer puzles complicados o pruebas de ingenio audaces, su principal “reto” es tratar de discernir algún objeto con el que interactuar en la tétrica oscuridad.

-Tomar pastillas rollo prozak o tranquimazin cuando los “nervios” de Lazarski se disparan ante situaciones límite (puntos de cordura de toda la vida vaya) tras encontrarse cadáveres mutilados o tener un mal viaje buceando en el cerebro de las víctimas con el devora sueños.

Y no tenemos inventario, ni nada, el juego va de caminar, hablar, tocar un par de palancas y a tomar por saco. Menos mal que es corto, no creo que me llegase ni a  10 horas aunque me dejé un par de “quests secundarias” si es que lo podemos llamar así. Se hace monótono interrogar a vecinos majaretas, aburre caminar por los mismos descansillos con pantallas retrofuturístas y luces led y hologramas que se repiten hasta la saciedad (el puñetero ojo en el monitor a lo 1984 con esa estética Brazil de Gilliam).



El juego es aburridoooooooooooooooo

Lo mejor, lo putamente mejor del juego, es un minijuego que se incluye dentro de diferentes ordenadores personales que podremos manipular en los apartamentos, que se llama Fire and Sword o algo así, y es un simulacro de 8 bits de ingenio, en el que manejamos un diminuto “príncipe de persia” que tiene que recorrer una mazmorra pasillera dispuesta en mapa desde vista aérea, recogiendo todas las monedas de oro dispersas en el laberinto, esquivando arañas gigantes o chamuscándolas cuando conseguimos un ítem de “espada de fuego”. Conseguidas las monedas, podemos ir al ítem del “brujo pirujo” a quien rescatar. Me mola que no es una princesa lo que hay que rescatar, si no un viejo barbudo en batamanta, me encanta el fresqueo de éste mini juego que tiene 10 niveles que apretarán nuestra visión espacial y nuestra paciencia. Es sin duda el jodido mejor extra de todo el juego, hay que joderse, mear y no escocerse. Ojala Bloober hiciese 100 niveles de Fire and Sword y no más juegos de “survival horror”.

Sólo el buen gusto estético salva Observer, a mi criterio, de ser un fracaso absoluto como juego, y tal vez deberían haberse dedicado a hacer teleseries estos de Bloober, porque una vez terminado el juego me reafirmo en que no vale lo que cuesta, no.

Ni siquiera disfruté los “viajes” cerebrales que Lazarski se marca en la mente de las víctimas que va encontrando por el megabloque, porque aquí es donde le meten el toque “terror psicológico” que me cago en las cien tecnoperras a qué le llaman “terror psicológico”, a un puñado de escenas lisérgicas de pesadilla barata que ha concebido alguien de Bloober puesto hasta las cejas de Toseína con seven up y que si eres epiléptico te va a mandar al hospital a que te cosan la lengua seguro, así que ten cerca una bolsa con hielos cuando juegues Observer porque entre glitches, fogonazos, y parallaxes igual te da un telele o te mareas y te caes redondo mientras te potas encima.

No se, de verdad, no se, no ha cumplido mis expectativas en lo más mínimo como juego, si bien tiene un diseño muy bonito, y la historia es salvable aunque predecible. Mucha sangre, muchas locuras pesadillescas fuera de tono, y al final te quedas con la sensación de que incluir el cyberpunk en éste juego es sólo un reclamo para colarnos una vez más un juego gore de fantasmagoría sangrienta etiquetada como terror piscológico, que después del chasco que me llevé con Midsomar  y Hereditary o la mierda de peli que me vi en Netflix hace unos días, Block Isle Sound, parece que a cualquier cosa le llamamos terror psicológico y nos creemos que Lovecraft escribía bien, y claro, por eso cualquiera parece bueno también si lo comparamos con el de Providence, porque estaríamos poniendo el listón en la mediocridad creando un falso espejismo de “qué es terror”.



¿Eh? ¿Cómo? Estoy sufriendo múltiples ataques, y no es Netwatch, esto es software casero ilegal, frieneuronas, joder, quema, sabía que el fandom no perdonaría este último discurso sobre terror psicológico, hijos de una tostadora, no ha pasado desapercibido, joder, joder, me las piro antes de quedarme pegado a las ventosas, nos vemos dentro de un mes ciborgs!


lunes, 21 de diciembre de 2020

ARMITAGE III, CYBERPUNK A LA JAPONESA

 

ARMITAGE III, MISMO NOMBRE, DOS OBRAS DIFERENTES

¿Qué pasa choomers? ¿habéis lanzado ya por la ventana vuestros ejemplares de cyberpunk 2077? ¿O sois como yo que defiende a Arasaka a capa y espada pese a sus obvios y decepcionantes fallos en el acabado y la jugabilidad? A tomar por culo con ello, si en cuanto vi que me cambiaban el tráiler de la chica guapa con implantes afilados tiroteada por la policía con un cartel de la ilustración original de Alt del manual Cyberpunk 2020 de R. L. Talsorian Games de fondo, por el del p.u.t.o. Keanu Reeves, ya supe yo que todo se iba a la mierda, y os lo dije, no me estoy haciendo el Capitán A Posteriori, os lo dije, P-U-T-O Keanu, blasfemias así contra Johnny Silverhand no podían ser perdonadas por los dioses digitales del cromo y han maldecido a CD Projekt Red  con buggs ancestrales.

Nos acercamos al final del año, el comienzo de una nueva década, crucémoslo como si fuese un tubo de conexión cegador, atravesando el ciber espacio a través de glitches, spam, y residuo eléctrico; o como si fuese un túnel de gusano a velocidad luz a los mandos de nuestra berlina interplanetaria mientras los destellos de azul cósmico se reflejan en la carlinga.

¡Vamos que nos vamos!

A mi el 2020 me ha defraudado profundamente, porque era el mejor año para vendernos la realidad virtual inmersiva, y ya no salir nunca más de nuestras celdas de pladur, trabajar en una oficina virtual, salir de copas con las amistades a clubs virtuales, sexo virtual… Maldigo a Sanyo, Apple, Microsoft, o quien quiera que no haya hecho los deberes debidamente para éste 2020, porque hubiese sido el año ideal para “Los sustitutos” versión ciberespacio, y quedarnos todos en casa ajenos a cualquier pandemia, recibiendo nuestras compras con drones a domicilio, haciendo vida con unas gafas y unos guantes desde una butaca o el sofá, mientras aquellos cuyo medio de sustento hubiese sido engullido por el progreso capitalista tuviesen que vivir en slums en el exterior, bajo puentes, en parques o en las cloacas, forjando una resistencia mutante antisocial; y la juventud sin estudios ni trabajo formase violentas pandillas motorizadas. Hemos perdido la mejor oportunidad de nuestras vidas para hacer realidad el futuro que llevamos décadas imaginando, somos unos parguelas.

En fin, que todo va a seguir igual que hace un año en cuanto se vacune a todo el mundo. Puede que a algunos y algunas nos caiga un rayo o nos caguemos encima, no se, pero es lo que hay.

Y tras un toque de humor absurdo, porque prefiero reir que llorar, y lamento si hubiese herido la sensibilidad de alguien, no era mi intención, voy a tirarme de cabeza al tema que me trae a mi buhardilla virtual hoy, un comic (manga) que primero fue una película de animación (OVA), y que parecen no tener nada que ver la una con la otra, para bien y o para mal.




Se trata de Armitage III, una obra cyberpunk que quedó eclipsada en los 90 patrios por méritos propios en los kioskos, y no solo por la mejor de las excusas que hubiese sido que no podía competir contra Akira, Patrulla especial GHOST ni Apleseed o Alita. Pero es que el manga de Armitage III se eclipsa a sí mismo con su dibujo y el giro de estilo narrativo posterior a su presentación como Anime.

Así que empecemos por el principio, 1995, Chiaki J. Konaka (Digimon) escribía la historia de Armitage III, reconocido fan de los mitos de Lovecraft (a ver si ahora los digimon estos van a estar inspirados en dioses primordiales, la leche) se puso al frente del screenplay de lo que serían los 4 primeros episodios televisivos que nos presentarían Armitage III.



La versión “papel” sin embargo fue escrita por Zarae Otana y Tatsuya Ikegami, recayendo la responsabilidad del dibujo en Hiroyuki Ochi, por lo que lo primero que queda claro es que Armitage III  no es producto personal de un solo autor, si no más bien, el juguete de una productora a disposición de diferentes creativos o dibujantes, en éste caso Tokuma Shoten. Esto, ya explica abstante bien por qué el manga no se parece en nada al film, en nada. Conservan el mismo guión dorsal y lore pero ni las personalidades de los protagonistas ni el estilo plástico concuerdan en absoluto de un soporte al otro.

COCKTAIL CASPOSO DE ASIMOV Y BLADE RUNNER

¿Qué puedo decir yo de Armitage III? Seguramente poco y mal dicho será lo que diga, ya que no soy un otaku, apenas me gusta el manga y solo consumo el de ciencia ficción y con reticencias. ¿Os preguntáis por qué? Pues si no os lo preguntáis os lo digo también, es lo malo de la retórica. Personalmente opino que los mejores tebeos cyberpunk son los firmados por japoneses, sin duda, y no voy a volver a enumerarlos, pero sin embargo, sí enumeraré algunos de los occidentales del género más galardonados o endiosados, como Ronin o Transmetropolitan, y joder, amo Transmetropolitan, lo amo, pero los japos se llevan la medalla de oro en el cyberpunk ilustrado.

Sin embargo, ya lo he comentado alguna vez, tal vez en mi entrada de Blame!, no recuerdo, pero no logro conectar con el sentido del humor japonés, esas cosas (perdonad mi ignorancia lso que sabéis del tema) que a veces creo que se etiquetan como wayfu o kawai, o no se, de verdad, no se, pero no entiendo sus conflictos ético sociales la mayoría de las veces, ni comulgo especialmente con su afán de sexualizar heroínas en historias que pretenden ser distópicas, serias o grimdark, porque si lo que quiero es ver tetas gordas en un cómic me leo un Kiss Comix. No solo esto, si no que el montaje occidental de su lectura oriental suele quedar confuso, no es consecuente, me dificulta seguir el hilo, y si lo intento de derechas a izquierdas casi que peor, y suelen dejar muchos flecos y cosas sin explicar, demasiadas, y estoy siempre estrujándome le cerebro y pasando páginas de atrás hacia adelante una y otra vez para ver qué no estoy entendiendo, y me desespera un poco.

Pero ni con esas puedo quitarles a los malditos japos locos el podio de la historieta cyberpunk.

Esto mismo, genera otra situación, la sobrecarga de la temática en el mercado noventero, y al final, cuando más de la mitad de las obras mejor consideradas por la crítica y el público son cyberpunk, el pescado está vendido, no todas las obras pueden ser perita, y algunas no van a pasar de paja.

Armitage III tiene un poco de éste handycap o San Benito. Primero, quiero comentar una majadería mía, que es el propio nombre de la serie, homónima a la de la protagonista, Armitage, que considero un guiño, tributo, a la obra de WilliamGibson, por su personaje del Neuromante de mismo nombre. Aunque esto solo lo pienso yo, porque al parecer el guiño va para el de Providence citado antes, y el Dr. Armitage del Horror de Dunwich. A mi que me lo expliquen.



Dicho eso, es el Anime el que comienza la historia, y el manga lo que la continúa en un orden cronológico de la historia, y leer el manga sin ver los episodios, empeora la experiencia. Nos vamos a ir al planeta Marte de 2046, colonizado por la humanidad en una campaña de expansión por el sistema solar, pero gracias a los trabajos llevados a cabo por los robots y androides, la mejor mano de obra posible, la de la inteligencia artificial.



Desplegado el tablero, tenemos al detective humano Ross Sylibus, un tipo duro, el protagonista perfecto de un hardboiled, pastiche de future noir fusilado hasta la saciedad, lobo solitario con un trauma en particular (no spoiler).

En la otra mano, la protagonista absoluta, Naomi Armitage, policía de marte, sexy y provocadora de más, con pintas entre lo bondage y el chapero, irreverente, macarra, no tiene nada de frágil, es una matona de élite, una heroína de armas tomar.

Unidos por lo laboral, van a tener que esforzarse en hacer equipo para detener a un criminal muy particular, un asesino de androides tipo 3, los “nexus 6” de la historia, el modelo más avanzado de la robótica marciana que incumple las normativas legales y deberían estar fuera de servicio, un modelo capaz de camuflarse perfectamente entre la humanidad ya que son de apariencia idéntica a la orgánica y pueden comportarse emocionalmente, crear arte incluso, prácticamente indistinguibles de los humanos reales.

Con estos elementos, cualquiera diría que estamos en una obra de Asimov o una versión spin off de Bladerunner, porque tenemos los elementos más empleados en la receta cifi de comedor escolar hasta la fecha.

Potaje de robots.

Como podéis imaginar, sin spoilers, encontraremos las sempiternas y caducas tribulaciones a cerca de qué diferencia al humano de la máquina, la conciencia de la máquina, el alma frente al software, el síndrome de Pinocho, revueltas “racistas” antirobots, los problemas sociales de la robotización, la revuelta robótica en contra de sus amos humanos, y es que lo hemos hablado tantas veces (y lo hablaremos inevitablemente) que tampoco quiero hacer hincapié en ello, porque lo tenemos muy sobado (podemos rebobinar a la entrada del videojuego Detroit o Alita GUNNM para seguir haciéndonos daño con este saco de cuestiones filosóficas).

Al menos, la película, nos los propone todo en un ámbito serio, melancólico, maduro, con muy leves toques de humor “amarillo”, siendo un ejercicio recomendable para todo fan del cyberpunk darle un repasito a sus 4 episodios, compilados en el largometraje Poly-Matrix y por qué no, la secuela del 2002, Dual-Matrix.

La banda sonora, las escenas de acción, y los momentos de “reflexión” con metáforas acerca de lo vivo y lo artificial, el arte, la fe y el amor, cumplen con la expectativa.

La búsqueda de identidad de Armitage en medio de una serie de conspiraciones policiacas corporativas entre Ross y los fabricantes de droides modelo 2 hará avanzar la trama de esta historia ciber noir de manual. Merece la pena.

Mientras que el manga, bueno, si no recuerdo mal son 5 números de unas 70 páginas aproximadamente, en el que se infantiliza las personalidades de todos los papeles, convirtiéndose Armitage en una ciborg algo ridícula y cuqui que abandona por completo su papel psicótico y violento que manifestaba en la peli en ocasiones (no quiero spoilear de más); el dibujo hay veces que no tiene perdón de Dios y la calidad dista mucho de la del anime, y seguimos dándole vueltas al tema de los robots, sus funciones, y un extraño propósito secreto en la programación de Armitage y su némesis de clase 3, el “Roy Batty” de la historia, que es un clase 3 anti humanos con ansias megalómanas. Está más en la línea de Alita, que en la de GITS que estaba la película, y es que todas esas droides quieren ser Kusanagi, y ella quiso ser Molly Millions, ¿o no?



El manga incluye un donaire absolutamente innecesario llamado Chika, que es el robot doméstico de Armitage, y que infantiliza aún más la secuela impresa del anime, dejando de muestra un botón.

 

Y poco más mutantes y mutantas, sota, caballo y rey, esto es lo que hay sin contaros toda la trama y sus pocas sorpresas, que podéis imaginar antes incluso de darle al play o pasar la primera hoja de papel, pero bueno, no os va a llevar mucho de vuestro tiempo libre tampoco, y el saber no ocupa lugar, o si, según los gigas o los teras. Yo le di su oportunidad y no me arrepiento.

jueves, 6 de agosto de 2020

EL CYBERPUNK POR RODOLFO MARTINEZ


RODOLFO MARTINEZ

Calor, mucho calor. ¿Alguien se acuerda de la capa de ozono? Los profesores virtuales en sus clases no presenciales de historia, y nadie más. Y así nos va, hemos evolucionado como especie (por que decir como sociedad es muy arriesgado) destrozando y olvidando lo destrozado. Pero siempre hay beneficiados, como Kimicare, que lleva 10 años siendo líder indiscutible de producción y distribución de protectores solares factor 85 y complementos alimenticios sustitutivos.


He pasado el mes de Julio en el norte de la Insula Ibérica, cerca de la costa, huyendo del viento cálido que derrite Ciudad Capital, pero aquí estoy de nuevo, la Biogranja Factoría de procesado de permisos genéticos no descansa, y he tenido que regrsar a la periferia a canjear mis servicios cualificados estándar clase C por créditos para sobrevivir. Tengo que cambiarme un fusible y un par de nano turbinas de vez en cuando, y darme sesiones extras de lubricado, pero estoy de vuelta en el ciber espacio malditos choomers.


Durante esos fantásticos días de reposo, he vuelto a leer, bastante, y he retomado energía con mis nanositos fotovoltaicos celulares, energía que había mermado mucho desde el comienzo de la megaplaga, tiempo en el que pese a haber estado encerrado en el apartamento de sintepladur más tiempo de la cuenta, ni leí, ni visioné ni nada. Tuve el sistema defragmentando y buggeado.

Pero ya es la hora, y en Agosto el tungsteno debe fluir.


Vamos a dejarnos ya de payasadas y centrémonos. Hace ya unos años leí un libro cyberpunk editado por Gigamesh, y éste verano otro de Miraguano, y entonces, poco a poco, me sumerjo con fascinación en el universo personal del autor, Rodolfo Martínez.


De Rudy (como Rucker pero en versión asturiana y por ende de pronunciación fluida) pocos datos a nivel “bookstar” pude encontrar por la red a parte de su parca ficha de datos globales públicos de Wiki Watch, una buena entrevista en otros blog de literatura y ciencia ficción, y reseñas y sites de venta de sus obras. Tal vez por que no es un rock n rolla de los best sellers, y porque sus preferencias creativas no van a la onda mainstream, o yo que se por qué, si solo soy un cyborg barato con un sistema operativo pirata sin actualizar y piezas de importación asiática con aspiraciones ninjas justicieras. Yo que se.



Lo que sí se es que lo poco que llevo leído de su obra, me gusta, mucho. Y a los señoros y ñoras de los Ignotus también, porque se ha llevado algunos cuantos, y no sólo a los de la alta ceremonia literaria del sector, si no a otras cuantas entidades facilitadoras de premios, trofeos y diplomas. Y a nadie le amarga un dulce. Pinta bien, parece que compartimos criterio.


Rodolfo se ha dedicado a escribir fantasía y ficción, aparentemente por lo que llego a descubrir, desde su adolescencia, con especial gusto por la ciencia ficción, pero por lo poco que me parece discernir de el autor (sabéis que soy de los que le gusta vincular el autor a la obra haciendo un pack de comprensión avanzada) lo que le va no es un “ámbito” en el que ubicar sus historias, si no un “modo”, es decir, lo mismo me da que me da lo mismo que Rodolfo nos traslade al año 2345 que al 1938, a un universo ficticio, una línea temporal imaginaria, o una época registrada en los libros de historia, lo que va a hacer es movernos a través de una historia mediante el thriller o el noir y le veo una vena muy detectivesca que pese a que haya contrastado con su bibliografía y la pasión por Sherlock Holmes, se mastica en sus obras cyberpunk, que ni si quiera entrarían dentro de los canones gibsonianos del circulo ochentero original, pero que le jodan a los cánones, las reglas están para romperlas, y eso sí que es punk.


El autor es un imaginador como diría mi socio Alexander Sad Pimp de la División Fuzz, un visionario de la ficción neuronal, mucho más cálida que la realidad virtual, un artesano de la ensoñación, y eso es lo que me divierte.

¿Le estoy haciendo mucho la pelota? Qué putada, pero es que es lo que percibo con los dos libros que me he leído y todo lo que veo de él. Es el Dios de un universo propio que atiende y alimenta, sin dejarlo morir, un Dios cuidadoso y clemente con sus creaciones, que igual se mete en un ciclo de novelas no canónicas de Sherlock Holmes que reimagina una evolución humana desde finales del S XX hacia el futuro a largo plazo, abarcando una línea temporal de siglos, como si fuese Herbert, en la que las historias que nos narra no son consecutivas, pero suceden en el mismo marco, en su universo, Drimar, aunque no nos diésemos cuenta. Y él, riega Drimar, como Asimov regó su universo desde los robots a la fundación, cubriendo grietas siempre en el mismo color de la pared en la que vemos la historia. Y ese trabajo yo siempre lo agradezco. Enriquece, fideliza y te hace crear suposiciones y jugar a inmiscuirte en sus próximos sucesos o tejer lazos de relación y puntos que ni el propio autor ha puesto a mi alcance, o que precisamente, son cebos para alimentar mi software imaginativo. Así que estamos frente a un pequeño Miller o un pequeño Ridley Scott patrio, tentándonos a divagar y cuñadear en respecto a un universo del que sólo él es propietario y sobre el que sólo él tiene permiso de edición como administrador, pero del que al leer, nos sentimos parte, y obviamos el cartel de “no tocar” y el de “no alimente a los personajes” y todas las señales en rojo a su alrededor.


Y son sus vicios, sus fetiches, lo que nos hace sentirnos cómodos con él, y creernos que estamos entendiendo parte del mensaje cifrado que ha encriptado en su obra, nunca del todo, pero con algún acierto prestado a Lewis Carroll y a Conan Doyle y a Robert E. Howard, y te da la sensación, aunque sea ficticia, de que compartes con él todo eso, que te ha llegado su mensaje en la botella, y que cada página que paso de su obra a la sombra de un árbol clónico en el boulevard de Ciudad Capital le llega un pop up a su neuro red y entonces la comunicación entre autor y lector ha sido exitosa y se han completado todos los envíos de paquetes que había en cola.


Y para más, podéis encontrarle por twitter y en su blog escrito en el agua.


LA SONRISA DEL GATO


Y vamos con la lectura más reciente, pero no la más moderna, ganadora del ignotus del 96, hace ya unos lustros y sigue tan fluorescente como el primer día. Aún huele a radiación. Me encanta.


La sonrisa del gato nos lleva a La peonza, una estación orbital que parece ser “tierra neutral” para las grandes facciones políticas enfrentadas de la Tierra y el Sistema Solar colonizado en un futuro no muy lejano, más cyberpunk de segunda generación que space ópera con su pompa y neo feudalismo. Una ciudad ingrávida en el espacio que es la “Andorra” del sector, una ciber Sodoma tanto para el civil como para el inversor, un ecosistema perfecto para la conspiración corporativa y gubernamental, el espionaje, el libertinaje y la vida pirata y todo lo que se te ocurriría hacer si mañana en aguas internacionales saliese a flote una prolífica ciudad de las oportunidades sin restricciones éticas ni jurisdiccionales de tu país de residencia.


Y allí, destapando algunas de las filias recurrentes de Rodolfo, tenemos a Chandler y sus irregulares de Baker Street, un local de inspiración neo victoriana regentado por un traficante de información y su pequeña legión de fisgones entre los que destacar a Dedos y a Memo, muchachos a los que cogeremos cariño inevitablemente. Esta entrañable cuadrilla al filo de la ley, se encargan de cotillear y mercadear con la información recogida de empresarios, miembros diplomáticos, policía y cualquier otro residente o visitante de La peonza que tenga algo que a un tercero interese conocer a cambio de un buen precio, claro.

El problema de estas actividades, es que siempre acaban por reventarte en la cara, porque tarde o temprano la literatura y el cine nos han enseñado que vas a enterarte de algo que no deberías, te van a pillar, y el efecto dominó de consecuencias te va a obligar a actuar para salvar tu vida.


Así que tenemos una novela detectivesca con disfraz de cyborg, en esa clásica fórmula future noir que tanto funciona desde que estrenaron Blade Runner o desde que Asimov nos presentó a Elijah y Daniel Olivaw. Una nueva forma de resolver misterios de Agatha Christie que cambia la flema británica y burguesa que también padecía las consecuencias más humanas de la envidia y la avaricia, por un entorno tecnológico, generalmente poblado por perfiles bajos de dudosa reputación y moral, que suelen esconder dobles caras o pasados turbulentos a punto de aflorar en algún momento de la historia.

Sí, no es nada nuevo ni traemos la sopa de ajo, pero Rodolfo lo ejecuta tan bien, que no tengo ni una sola pega, ni una... Bueno...mmmmmhhh... ya veremos al final, pero esto es mandanga altamente recomendable choomers. Vais a encontrar todo lo que nos gusta.


Tenemos jerga ingeniosa del futuro cercano como en Neuromante, tenemos chips de personalidad como los de MaridAudrán, tenemos un pequeño nudo de intereses y una bola de secretos que ir desmadejando en sus apenas 200 paginitas que te dejarán con ganas de más, tenemos Inteligencias Artificiales, tenemos redes de Ciber Espacio, tenemos “anti personajes” y ningún héroe de brillante armadura... ¿Qué mas? Lo ha bordado, todo con un estilo dinámico, que pasa de la primera persona a los flash backs narrativos, buenos momentos de acción que en ocasiones hay autores que más que narrarnos nos marean, y un final inesperado.


Antes decía que le buscaría algún pero para no darle la nota perfecta, y tal vez, el final tan inesperado me hace dudar de la coherencia de la trama en un momento dado, pero ¿quién soy yo para decir cómo tiene que acabar? No hay finales malos, hay espectativas mal gestionadas, y ojo que con esto no quiero decir que me decepcionase, no, ni de lejos, pero me dejó con el mismo sabor de boca que El sueño del rey rojo, el sabor de boca de quien se ha perdido algo o quiere darle sentido al país de las maravillas donde todo es lisérgico, porque al otro lado del espejo, todo es al revés. Así que sólo déjate llevar a ese universo de Drimar que Rodolfo no deja de crear, recordar y expandir y del que tendré que seguir consumiendo.


EL SUEÑO DEL REY ROJO


Porque con éste título que tanto en común tiene con el anterior si recordamos Alicia en el país de las maravillas y tratamos de darle un sentido a todo en la distancia del autor, Y viajamos atrás en el tiempo desde La sonrisa del gato, a un futuro cercano, más cercano, sin viajes orbitales, pero con todo el sabor del cyberpunk más clásico, y no se si seguimos en Drimar o no, pero es lo de menos, como si Tyrell y Yutani conviviesen o no en el mismo universo, no estamos hablando de Marvel, así que a la verga joder.


Otras 200 paginitas aproximadamente, que nos dejarán con ganas de más, que sin haber leído el resto de la obra del autor y pecar de cuñado, parece un sucesor espiritual de la anterior novela despellejada aunque les separan 9 años terrestres, por título, por conexiones (y nunca mejor icho porque el ciber espacio es el canal de navegación principal de la trama en ésta novela) y por temática y elementos del género recurrentes.


Caemos de nuevo en una retorcida historia detectivesca de inframundos tecnológicos, en los que un triángulo amoroso mal avenido se verá envuelto en una trama de altas miras corporativas que fluye por la red del ciber espacio como la pólvora.




Para empezar tenemos como protagonista indiscutible a Alex, un cerebrito, un netrunner, hacker, cowboy, llámalo x, que está impedido en una silla de ruedas, confinado en casa, siempre frente a sus monitores, viviendo una vida virtual que le aisla de las relaciones humanas e interpersonales, convirtiéndole en una persona mezquina, huraña y desconfiada.

Alex va en silla de ruedas, y ya es un detalle de los que enriquece el contexto cyberpunk, porque podría tener unas piernas cibernéticas, pero no, no entra en sus planes éticos ni personales, y tenemos un tullido prácticamente superdotado como protagonista, una anacronía viviente, como el protagonista del a película Mute que es un mudo en una era cyberpunk.


Alex, se verá envuelto junto con su amiga Andrea en una intriga que aúna el asesinato y la aparición de un software de inteligencia artificial totalmente innovador y sospechoso. El ama a Andrea, pero no es correspondido, y para colmo, durante el desarrollo de la peligrosa trama de investigación, se suma un tercero en discordia, la IA del difunto ex amante de ella y ex mejor amigo de él, Lurquer, que me imaginé durante todo el libro como un impertinente Max Headroom.


La historia incluye elementos recurrentes del género como “el guía misterioso” , figura de la que he hablado en otras obras durante los casi 2 años que hará pronto el blog, del que se encarga de interpretar una extraña IA de la red conocida como ¿Cuantos ángeles? , un personaje carismático, misterioso y que sin duda sería mi favorito de la historia.

Por su parte, la IA póstuma de Lurquer, representan la siempre presente idea, no obstante interesante y fuente de múltiples debates y especulaciones, de la vida digital más allá de la muerte, de la que yo soy firme detractor en filosofía del género, ya que un backup de una mente humana, no es la continuación duradera de la misma, si no una copia, que podría evolucionar de forma diferente según los patrones de comportamiento configurados. Pero seguimos así añadiendo elementos canónicos, revisados, al cyberpunk, bien calzados por parte del hábil Rodolfo.


Esta historia en concreto, también trata asuntos que no voy a spoilear, que en cierta medida, me hicieron recordar Snowcrash de Stephenson. Y hasta ahí quiero leer para no desvelaros la intriga de ésta laberíntica obra, que precisamente, por lo laberíntico de sus tramas, y mi falta de olfato como sabueso, me cayó en la frente al final de un modo inesperado, más incluso que la sonrisa del gato, y ese es el único punto que me impedirá ponerle el mote del William Gibson Español, pero tal vez, sí el de “el ciber alumno aventajado de Conan Doyle”, aunque ya sabéis, el cyberpunk en estas 2 novelas es sólo un comodín en la baraja, la partida se gana con el resto de cartas policiacas.




Así que sin desvelar nada, os he dejado unas sinopsis y unas opiniones que espero os amplíen el horizonte cyberpunk hasta las costas de nuestra lengua castellana, que ni empieza ni termina en Rodolfo, pero que más que una extensa costa, es una calita privada donde poder nadar en pelota picada.


Como troyano de éste dúo de obras, el paralelísmo entre los mundos virtuales de unos y ceros que llevamos pronosticando en la cifi desde hace décadas con el otro lado del espejo de Alicia. El ciber espacio como un lugar donde todo es posible, donde podemos ser lo que queramos, pero donde habitan seres extraños, de dudosas intenciones y muy diferentes visiones de lo ético y lo moral, nuevas especies intangibles, que pueden tornar nuestro sueño en pesadilla y evitar que despertemos, impidiéndonos volver a la realidad de la que huíamos cuando cruzamos al otro lado.

El ciber espacio es el nexo y el conductor absoluto de ambas obras, y está a la altura, como ya he dicho, de los gurúes del asunto. Nada que envidiar aunque todo esté inventado.


Me quedo con ganas, muchas ganas, de en medida de mi pila de libros pendientes me permita (ahora sólo hay 3 y medio), continuar adentrándome en Drimar, ya que tenemos El ciclo Completo, que reúne todas las novelas cortas que componen el ciclo de su universo desde su nacimiento hasta su más reciente historia y sucesos, que son 2 completas, 7 cortas, de las cuales Bifrost es inédita, y continuar con Tierra de Nadie: Jormungand. Y así recorrer la historia de Drimar desde Un jinete Solitario hasta Yggdrasil, que curiosamente coincide en título con la obra cyberpunk latinoamericana de Jorge Baradit.

Y es que lo onírico y lo tecnológico se confunden y copulan en la obra de Rodolfo, y no sin razón pues “¿no es la magia una tecnología que aún no comprendemos?”, que dijo aquél.


Mejor aún, debería empezar una rehab de ciencia ficción que hago de vez en cuando, y pasarme a su ciclo de Sherlock Holmes o su reciente versión del cimmerio más famoso de todos los tiempos.

En fin, lo dicho, un prolífico imaginador de los que la Fuzz Division necesita.


¿Que qué es la Fuzz Division? Tiempo al tiempo mutantes, tiempo al tiempo. Mientras tanto, un ciber paseo por Escritoen el agua nos vendrá bien para seguir entendiendo la obra de Rodolfo y estar ciber ojo al parche de sus imaginaciones.


lunes, 25 de marzo de 2019

UPGRADE, TRANSHUMANISMO Y CYBERPUNK


EXPECTATIVAS Y AUMENTOS


Tras unos días demasiado atareados que me han impedido escribir a mi ritmo habitual, y me han obligado a tirar de algún refrito anterior, estoy ya al 100% tras la resaca científica de Aviador Dro y sus obreros especializados de anoche. Tal vez haga una entrada sobre tan maravillosa fiesta con mensajes CIFI y ritmos electrónicos y punk.

Hoy le trincho a una de las películas que mas hype me habían generado las redes sociales. Continuamente encontraba referencias, opiniones, la mayoria de ellas aduladoras, y yo mordiéndome las uñas. 

“¿Dónde lo han visto? ¿Si no la estrenan en cines? ¿Como accedo a ella?”

El título es Upgrade, y finalmente, di con ella. Y aquí estoy hoy, para aguar la fiesta con mis opiniones al respecto.



No se si soy un quisquilloso o un pedante por naturaleza, pero mi capacidad de autocrítica me hace reconocer que algo de eso tengo, y se que algunos de mis mejores amigos, de los que mejor y más me conocen, no dudarían ni un momento en señalarme con el dedo en una explosión de carcajadas si les preguntase esto mismo. Mirarme al espejo es una actividad suficientemente positiva para entenderme a mi mismo tanto como mi entorno. La pedantería es uno de mis defectos más entrañables, un rasgo de mi personalidad, algo por lo que se me quiere aunque parezca imposible.
Siempre digo que lo que mejor se hacer en ésta vida, y no siempre lo he explotado debidamente para ganarme el jornal (aunque algunas épocas sí lo conseguí), es el palique, la verborrea, hablar es lo que mejor se me da, soy un charlatán, un Ronaldhino del verbo. Comunicar me pone.
Y me lío, me lío, y a veces soy una caricatura de mí mismo. Felix Rodriguez ha llegado a llamarme alguno, porque siempre tengo que contar un montón de cosas que sólo serían útiles en Saber y Ganar, y los premios en ese concurso son muy rácanos, no iba a hacerme rico con ello, no es Pasapalabra. Así que vaya birria de don me tocó el día de las habilidades especiales.
Os espera un pequeño coñazo al respecto, así que si queréis hacer un FWD, y sudar de mis tribulaciones personales, pasad al subencabezado de la entrada. Pero creo que la CIFI precisamente, tiene que generar esas comidas de tarro, extrapolando la ficción a la realidad.

Reirme de mi mismo, me ayuda a relajarme un poco en ésta vorágine social que es la vida, y ayuda a no tomarme tan en serio nada, a no valorar mi opinión más que la de otra persona, a ser humilde, así que no me toméis por un catedrático de nada ni un gurú, ni un provocador. Solo opino libremente, en confianza, porque si venís a leer esto, es porque ya somos cómplices de algo. Pues no es grande la red como para que hayáis acabado leyendo esto, ¿o no?. Y si os estoy poniendo la cabeza como el Sputnik, pues F5 y a otra cosa.
Considero que tengo la virtud de quitarle plomo a las cosas y convertir casi cualquier drama en algo jocoso. Así que voy a diferir de casi todo lo que leí previamente a cerca de Upgrade antes de verla. Sí, soy ese tipo de tocapelotas.

El primer fenómeno a tocar tras visionar Upgrade, es precisamente, el conflicto de la expectación creada. Hacer una crítica a cerca de cualquier manifestación artística, como el cine (literatura, videojuego, música, etc...) requiere de sensibilidad pero no estrictamente requiere de talento académico. Considero que el arte genera impresiones meramente subjetivas, y me estoy metiendo en un embolao de los gordos aunque parezca que no, un debate milenario. Cada individuo, según su sensibilidad y según los conocimientos técnicos obtenidos al respecto, va a entender o sacar diferentes conclusiones que otro. Pero no hace falta que nadie nos haya dado un carné, diploma o título honorífico para poder opinar. De hecho, considero como muy patria la tradición de opinar sin tener ni puñetera idea, es un tópico español sin duda alguna.

Vivimos en una era de sobreinformación, de estímulo contínuo, la radio, la tele, la prensa, y por supuesto las redes sociales, internet y sus infinitas herramientas, youtube, twitter, instagram, blogger, tumblr, et, etc. Sin querer vamos a toparnos con reviews, opiniones, sugerencias, calificaciones de casi cualquier cosa a diario. Una nueva serie, un nuevo libro, una nueva película, política, deporte, ¡todo!. Para salir vírgen de éste cuarto oscuro y lujurioso de la información, sin sugestionarnos y sin crearnos prejuicios adquiridos, hay que tener las cosas muy claras, o mudarse a una cueva en el monte. Sin mencionar el spoiler claro...eso ya es lo peor que nos puede pasar, tropezar con alguna persona que nos destripe la peli desde su preestreno. Que mala gente, merecemos la extinción.

Estamos sometidos a la información de terceros de manera continua, por culpa de nuestra voluntad de participar en el ciber circo de las relaciones humanas digitales, de formar círculos y compartir opiniones y puntos de vista, que nos inflan de certeza pero que no valen ni una pizca más que las de cualquier otro, siempre que conformen una verdad, y no sea una mentira.
Es un debate absolutamente cyberpunk, el poner sobre la mesa la realidad de como nos influimos los unos a los otros. Yo, por ejemplo, navego, surfeo la gran ola de datos, testeo los contenidos de otros individuos conectados, hasta que cercioro que puedo dar credibilidad a sus opiniones. Confío en criterios de personas anónimas que no conozco, considerándolos “aptos”. Busco personas, con aficiones o intereses comunes, para intercambiar percepciones, mantenerme informado, y aprender. Les doy mi voto porque sus contenidos me enriquecen, por su forma de dominar la dialéctica y su manejo del diálogo o prosa, que me encandila, o por lo que sea, pero si al final termino tomando en serio sus criterios, yo me genero unas expectativas, que pueden ser mayores incluso de lo que el comunicador me ha querido dar a entender, total, cada uno agarramos el mensaje al vuelo y lo retorcemos como nos da la gana y más cómodo nos entra por el orificio favorito. Pura percepción.

Rigor y criterio vaya, como ese podcast que tanto me entretiene, que habla de aficiones que comparto con ellos, y que se ha convertido en uno de mis “influencers” por decirlo de algún modo acorde con los tiempos digitales que nos ha tocado descubrir, de los que yo acabo, en mayor o menor medida, tomando nota y que me empuja a ver algunas películas, jugar algunos juegos, o leer algunas obras, que tal vez, si no les hubiese prestado atención, no me hubiesen interesado nunca, o lo hubiesen hecho en otro momento. Y eso que su título, no es para tomárselo precisamente en serio, intencionadamente. Y quizás, ese sea uno de los motivos, por los que me los creo más que a otros comunicadores. En fin, cada uno tiene sus necesidades.



El caso es que sea quien sea, quien me da ese empujón, ya me ha creado unas expectativas, insisto. Y esas expectativas, luego, pueden convertirse en un handycap si me quedo sin combustible a medio vuelo, y caigo en picado. Y no es culpa de ellos, es culpa mía por entrar al trapo. Que le saque entonces, las pegas, que no le han sacado esas personas en las que puse mi confianza en sus manos (menudo drama), no se si es un defecto o una virtud, insolencia, ignorancia, atrevimiento o soberbia...pero creo que es precisamente eso del criterio. Porque el criterio, por más que queramos acotarlo en estándares, y ponerle mínimos y máximos técnicos, sigue siendo subjetivo. Que le preguntasen a Warhol al respecto del valor del arte, una vez más, para que mintiese una vez más y se descojonase de todos.
Las numerosas opiniones diferentes, construidas sobre hechos fehacientes, conforman la realidad, que es múltiple y nunca singular.

Vaya momento ¿eh? Me ha poseído Kierkegard durante un rato. Ya me quito el moodie de las novelas de Marid Audrán escritas por Alec Effinger, y vuelvo a ser el palurdo de siempre. Y es lo que tiene la CIFI y las nuevas tecnologías, debate. Nuevos horizontes.

Todo este tostón para resumir que Upgrade, me ha defraudado enormemente, y apenas superaría la nota de un suficiente en mi colegio privado y bilingüe de opinión, donde todas las obras que entran, tienen que vestir mi uniforme a cuadros, porque para eso soy yo el director del centro, y punto. Es mi opinión. Pero aún así, por gusto propio y regocijo personal, voy a explayarme y a dar los motivos de por qué saco esa conclusión de la película CIFI – Cyberpunk del 2019.

VENGANZA, CHIPS PRODIGIOSOS Y EL PELIGRO DE LA TECNOLOGIA




Leigh Wanell firma la dirección de la cinta de ciencia ficción distópica en un futuro muy próximo. Actor, guionista y director australiano, mete el hocico en un montón de títulos de los que poder sentirse orgulloso como Saw, que reinventó el trhiller de terror; O Insidious, que aparentaba ser capaz de renovar el fenómeno poltergheist y quedaba a medio gas, con alguna novedad agarrada con pinzas, pero resultona. Pero como chupacámaras no le gana cualquiera, con cameos y papeles interpretativos en películas de otros como la taquillera Aquaman, y sus propias entregas de Saw.

En el reparto, trae en el papel protagonista a un tipo que parece compartir ADN con Tom Hardy, pero que se llama Logan Marshall-Green que se ha dejado ver en títulos interesantes como Prometheus, Spiderman Homecoming o la insulsa The Invitation.
Compartirá pantalla con Betty Gabriel, Harrison Gilbertson, y Benedict Hardie.



Upgrade es un título cyberpunk, que tras no parar de leer maravillas sobre ella como indicaba antes, esperaba algo que reventase la neo moda del neón y los chips como la última Blade Runner, Ghost In the Shell, o la recientísima Alita. Que carecen todas de un elaborado ejercicio imaginativo, pero resuelven satisfactoriamente sin excepción. Pero no. Me encontré con una película de bajo o medio presupuesto, que aunque resuelve correctamente en recursos distópicos que nos consiguen transportar a un futuro cercano con sus diseños de mobiliario, su arquitectura y sus vehículos futuristas, aspira a ser una orgullosa película de acción con trasfondo CIFI que empieza igual que termina, simplona, mediocre.
Y no es malo ser mediocre, yo soy un mediocre de manual, y sobrevivo felizmente. Mediocre implica ser suficiente, en ningún caso insuficiente, es un aprovado por definición, pero en ningún caso excepcional. Y ya habéis leido la introducción al respecto de las expectativas y el hype, confiaba en encontrarme un soplo de aire fresco, una historia de autor divertida, con chicha a parte de acción.

Logan interpreta a Grey, un mecánico chapadao a la antigua, que se gana la vida reparando vehículos “históricos”, manchándose las manos de aceite y grasa, un artesano en una cercana era mecanizada, robotizada. Es feliz en su casa con jardín, con su pareja, Cortez, que tiene un buen puesto de trabajo adminstrativo en una mega corp tipicamente cyberpunk, y que es una mujer contemporánea de su década, tecnodependiente.
La tecnofobia del protagonista, Grey, debería de aportar un plus al personaje, ofreciendo algo que no es habitual en los protagonistas de éste tipo de historias technoir, pero si sois aficionados al género como yo, esto no es nuevo ya a estas alturas. El perfil del retrogrado que reniega de la tecnología y desconfía de sus ventajas en un futuro cercano es recurrente en el género. Asimov en la saga de los Robots nos presentaba grupos denominados “medievalistas” en contra del imparable progreso tecnológico.
Respecto al temor a ese progreso, imparable, diario en nuestra sociedad actual y de camino hacia la ficción, si son convincentes los argumentos adjudicados al prota en la película, alegando los mismos argumentos que hoy podemos oír en la sociedad actual.

“La tecnología quita trabajos” o “ningún robot sabe hacer lo que yo hago”

Esto es ya el presente. Sólo hay que ver el temor de muchos sectores laborales actuales a perder su caduca hegemonía frente a las nuevas opciones que los sistemas tecnológicos ofrecen. El telemarketing, la atención al cliente en ventanilla, el taxi contra los VTC y sus servicios APP, los servicios de entrega a domicilio, nada de eso existía antes, lo ha traido la tecnología, y es una realidad que mueve miles de puestos de trabajo de los que dependen familias enteras.
¿Es la tecnología una amenaza? Ese es el quid de la película, pero no se para ahí, en el debate moral, social o filosófico, no eso quedará en un segundo plano, mientras el desarrollo de la historia trata de convertirse en una trepidante aventura de acción, y digo, intenta.
Pero no abandonemos todavía lo interesante que subyace en la rutina de la película. ¿es en verdad una amenaza social? ¿O cuando se cierra una puerta, se abren otras dos? ¿Debió tener miedo la cadena de videoclubs Blockbuster en su momento, antes de la llegada de HBO y Netflix? Lo que es una realidad, es que el mundo gira, el humano inventa, y el mercado cambia, y tratar de echar el ancla es un error que se paga caro. El coche al principio necesitaba caballos, luego agua y carbón, después combustibles fósiles, y hoy en día lo mueve una pila. ¿han dejado de existir coches? No.
El ser humano debe saber adaptarse a los tiempos que él mismo crea. No podemos ser víctimas de nuestro propio ingenio.

Pero hay que hilar muy fino para quedarse con esa moraleja de éste film de venganza y muerte gratuita iluminada por neón.
La perfecta vida de Grey se torcerá, todo al traste, aparentemente por mala suerte, por estar en el sitio erróneo en le momento erróneo, pero claro, es tan, tan obvio mientras el metraje avanza, de que hay gato encerrado, que no puedo considerar este dato como spoiler, si no como aprte de una sinopsis muy sesgada e inevitable. El paraíso de Grey se convierte en infierno, se quedará minusvalido, y se someterá voluntariamente a una novedosa operación, asumiendo el papel de conejillo de indias humano, para alojar en su columna vertebral un nuevo chip o microprocesador biotécnico que le devolverá la movilidad, y no solo eso, lo convertirá en un nuevo humano, el siguiente paso en la evolución, el transhumano, el hominido 2.0., mejorado y aumentado, más rápido, más listo, más fuerte. Una máquina de matar de carne y hueso. Y de ahí en adelante empiezan las tollinas.



El punto de que Grey quede sentado en una silla de ruedas, tampoco aporta novedad alguna para un fan del género, aunque sí algun momento de humor negro que se agradece, como la escena del bar de delincuentes, ya veréis. 
Recordemos Mute, de la que ya he bloggeado, en la que el prota era un barman mudo, que no desea recuperar la voz artificialmente por motivos religiosos, casi tan respetables como al adversión a la tecnología de Grey en Upgrade. También podemos recordar el libro El sueño del rey rojo, novela cyberpunk patria en la que el protagonista es un hacker sentado en una silla de ruedas, pese a que podría mejorarse bionicamente y volver a caminar. O por ejemplo uno de los personajes principales de la saga de los Mendigos de Nancy Kress, que en un futuro perfecto, también queda postrado a una silla de ruedas, cosa que no le frena en su megalómano desarrollo intelectual. Y los casos que me dejaré en el tintero y que aún no conozco.
Entonces, afirmamos, Upgrade no aporta absolutamente nada nuevo al género.
¿Es acaso imprescindible para que una obra sea buena, que aporte algo nuevo al género? No, no lo es, pero yo lo hubiese agradecido, y repito, la expectativa ya me había marcado a fuego como una vaca tejana.

De ahí en adelante, se desenmaraña un diminuto guión conspiranóico, con sorpresas más que evidentes, fáciles de adivinar. Me vi en el sofá adelantándome al guión continuamente, qué chasco. Y ni siquiera las coreografías de combate me hicieron dar un salto del cheslón. Sangre abundante, y combates entre aumentados, al trote tras el único objetivo de la venganza, al margen de la ley.
Y eso es Upgrade sin desvelar nada de lo poco que puede sorprender y que merece la pena ser visto. Hasta aquí voy a leer.
Malditas expectativas, voy a conseguir que dejéis de leerme si sigo así.

Pero tranquilos, vosotros compartís vuestra percepción, y yo por eso, no voy a retiraros mi credibilidad. ¿Qué hay más enriquecedor que la discrepancia constructiva? Espero nadie se sintiese aludido ni ofendido, porque soy tan participe de la sobreinformación como todos los demás. ¿A ver que hago en éste blog si no? Despellejar subjetivamente cada obra de ciencia ficción que pasa por mis manos. Y estaréis de acuerdo o no, muchas veces, y a veces os crearé una expectativa, que después, ojalá, vosotros destrocéis después también. La especie debe fluir. Que no pare la CIFI.
¡Traigo el tungsteno barato, oiga!

Además, reconozco que soy un friki demente y un devorador de cyberpunk, lo que me pone mucho más complicado sorprenderme con Upgrade. La vi, y me pareció haberla visto antes una docena de veces, o tal vez no verla, si no haberla leído o jugado y en verdad incluso haberla imaginado. Eso me pasa por ansioso.
Decir que la película es mala, sería mentir. Pero decir que es muy buena, también. Es el tipo de película que echan pasada la medianoche en uno de los canales del TDT sintonizados al final de la lista, que te alegra el insomnio y te salva la noche. Y si la veis siendo un poquito menos versados que yo (y no me intento tirar el pisto, al César lo que es del César, que mis horas he invertido), igual reluce más, y os acordáis de mis ancestros haciendo pitar mis oidos.
Así que ánimo, que tengo tapones. A disfrutar el cyberpunk que es lo bonito y lo que nos une y reúne aquí.