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lunes, 21 de diciembre de 2020

ARMITAGE III, CYBERPUNK A LA JAPONESA

 

ARMITAGE III, MISMO NOMBRE, DOS OBRAS DIFERENTES

¿Qué pasa choomers? ¿habéis lanzado ya por la ventana vuestros ejemplares de cyberpunk 2077? ¿O sois como yo que defiende a Arasaka a capa y espada pese a sus obvios y decepcionantes fallos en el acabado y la jugabilidad? A tomar por culo con ello, si en cuanto vi que me cambiaban el tráiler de la chica guapa con implantes afilados tiroteada por la policía con un cartel de la ilustración original de Alt del manual Cyberpunk 2020 de R. L. Talsorian Games de fondo, por el del p.u.t.o. Keanu Reeves, ya supe yo que todo se iba a la mierda, y os lo dije, no me estoy haciendo el Capitán A Posteriori, os lo dije, P-U-T-O Keanu, blasfemias así contra Johnny Silverhand no podían ser perdonadas por los dioses digitales del cromo y han maldecido a CD Projekt Red  con buggs ancestrales.

Nos acercamos al final del año, el comienzo de una nueva década, crucémoslo como si fuese un tubo de conexión cegador, atravesando el ciber espacio a través de glitches, spam, y residuo eléctrico; o como si fuese un túnel de gusano a velocidad luz a los mandos de nuestra berlina interplanetaria mientras los destellos de azul cósmico se reflejan en la carlinga.

¡Vamos que nos vamos!

A mi el 2020 me ha defraudado profundamente, porque era el mejor año para vendernos la realidad virtual inmersiva, y ya no salir nunca más de nuestras celdas de pladur, trabajar en una oficina virtual, salir de copas con las amistades a clubs virtuales, sexo virtual… Maldigo a Sanyo, Apple, Microsoft, o quien quiera que no haya hecho los deberes debidamente para éste 2020, porque hubiese sido el año ideal para “Los sustitutos” versión ciberespacio, y quedarnos todos en casa ajenos a cualquier pandemia, recibiendo nuestras compras con drones a domicilio, haciendo vida con unas gafas y unos guantes desde una butaca o el sofá, mientras aquellos cuyo medio de sustento hubiese sido engullido por el progreso capitalista tuviesen que vivir en slums en el exterior, bajo puentes, en parques o en las cloacas, forjando una resistencia mutante antisocial; y la juventud sin estudios ni trabajo formase violentas pandillas motorizadas. Hemos perdido la mejor oportunidad de nuestras vidas para hacer realidad el futuro que llevamos décadas imaginando, somos unos parguelas.

En fin, que todo va a seguir igual que hace un año en cuanto se vacune a todo el mundo. Puede que a algunos y algunas nos caiga un rayo o nos caguemos encima, no se, pero es lo que hay.

Y tras un toque de humor absurdo, porque prefiero reir que llorar, y lamento si hubiese herido la sensibilidad de alguien, no era mi intención, voy a tirarme de cabeza al tema que me trae a mi buhardilla virtual hoy, un comic (manga) que primero fue una película de animación (OVA), y que parecen no tener nada que ver la una con la otra, para bien y o para mal.




Se trata de Armitage III, una obra cyberpunk que quedó eclipsada en los 90 patrios por méritos propios en los kioskos, y no solo por la mejor de las excusas que hubiese sido que no podía competir contra Akira, Patrulla especial GHOST ni Apleseed o Alita. Pero es que el manga de Armitage III se eclipsa a sí mismo con su dibujo y el giro de estilo narrativo posterior a su presentación como Anime.

Así que empecemos por el principio, 1995, Chiaki J. Konaka (Digimon) escribía la historia de Armitage III, reconocido fan de los mitos de Lovecraft (a ver si ahora los digimon estos van a estar inspirados en dioses primordiales, la leche) se puso al frente del screenplay de lo que serían los 4 primeros episodios televisivos que nos presentarían Armitage III.



La versión “papel” sin embargo fue escrita por Zarae Otana y Tatsuya Ikegami, recayendo la responsabilidad del dibujo en Hiroyuki Ochi, por lo que lo primero que queda claro es que Armitage III  no es producto personal de un solo autor, si no más bien, el juguete de una productora a disposición de diferentes creativos o dibujantes, en éste caso Tokuma Shoten. Esto, ya explica abstante bien por qué el manga no se parece en nada al film, en nada. Conservan el mismo guión dorsal y lore pero ni las personalidades de los protagonistas ni el estilo plástico concuerdan en absoluto de un soporte al otro.

COCKTAIL CASPOSO DE ASIMOV Y BLADE RUNNER

¿Qué puedo decir yo de Armitage III? Seguramente poco y mal dicho será lo que diga, ya que no soy un otaku, apenas me gusta el manga y solo consumo el de ciencia ficción y con reticencias. ¿Os preguntáis por qué? Pues si no os lo preguntáis os lo digo también, es lo malo de la retórica. Personalmente opino que los mejores tebeos cyberpunk son los firmados por japoneses, sin duda, y no voy a volver a enumerarlos, pero sin embargo, sí enumeraré algunos de los occidentales del género más galardonados o endiosados, como Ronin o Transmetropolitan, y joder, amo Transmetropolitan, lo amo, pero los japos se llevan la medalla de oro en el cyberpunk ilustrado.

Sin embargo, ya lo he comentado alguna vez, tal vez en mi entrada de Blame!, no recuerdo, pero no logro conectar con el sentido del humor japonés, esas cosas (perdonad mi ignorancia lso que sabéis del tema) que a veces creo que se etiquetan como wayfu o kawai, o no se, de verdad, no se, pero no entiendo sus conflictos ético sociales la mayoría de las veces, ni comulgo especialmente con su afán de sexualizar heroínas en historias que pretenden ser distópicas, serias o grimdark, porque si lo que quiero es ver tetas gordas en un cómic me leo un Kiss Comix. No solo esto, si no que el montaje occidental de su lectura oriental suele quedar confuso, no es consecuente, me dificulta seguir el hilo, y si lo intento de derechas a izquierdas casi que peor, y suelen dejar muchos flecos y cosas sin explicar, demasiadas, y estoy siempre estrujándome le cerebro y pasando páginas de atrás hacia adelante una y otra vez para ver qué no estoy entendiendo, y me desespera un poco.

Pero ni con esas puedo quitarles a los malditos japos locos el podio de la historieta cyberpunk.

Esto mismo, genera otra situación, la sobrecarga de la temática en el mercado noventero, y al final, cuando más de la mitad de las obras mejor consideradas por la crítica y el público son cyberpunk, el pescado está vendido, no todas las obras pueden ser perita, y algunas no van a pasar de paja.

Armitage III tiene un poco de éste handycap o San Benito. Primero, quiero comentar una majadería mía, que es el propio nombre de la serie, homónima a la de la protagonista, Armitage, que considero un guiño, tributo, a la obra de WilliamGibson, por su personaje del Neuromante de mismo nombre. Aunque esto solo lo pienso yo, porque al parecer el guiño va para el de Providence citado antes, y el Dr. Armitage del Horror de Dunwich. A mi que me lo expliquen.



Dicho eso, es el Anime el que comienza la historia, y el manga lo que la continúa en un orden cronológico de la historia, y leer el manga sin ver los episodios, empeora la experiencia. Nos vamos a ir al planeta Marte de 2046, colonizado por la humanidad en una campaña de expansión por el sistema solar, pero gracias a los trabajos llevados a cabo por los robots y androides, la mejor mano de obra posible, la de la inteligencia artificial.



Desplegado el tablero, tenemos al detective humano Ross Sylibus, un tipo duro, el protagonista perfecto de un hardboiled, pastiche de future noir fusilado hasta la saciedad, lobo solitario con un trauma en particular (no spoiler).

En la otra mano, la protagonista absoluta, Naomi Armitage, policía de marte, sexy y provocadora de más, con pintas entre lo bondage y el chapero, irreverente, macarra, no tiene nada de frágil, es una matona de élite, una heroína de armas tomar.

Unidos por lo laboral, van a tener que esforzarse en hacer equipo para detener a un criminal muy particular, un asesino de androides tipo 3, los “nexus 6” de la historia, el modelo más avanzado de la robótica marciana que incumple las normativas legales y deberían estar fuera de servicio, un modelo capaz de camuflarse perfectamente entre la humanidad ya que son de apariencia idéntica a la orgánica y pueden comportarse emocionalmente, crear arte incluso, prácticamente indistinguibles de los humanos reales.

Con estos elementos, cualquiera diría que estamos en una obra de Asimov o una versión spin off de Bladerunner, porque tenemos los elementos más empleados en la receta cifi de comedor escolar hasta la fecha.

Potaje de robots.

Como podéis imaginar, sin spoilers, encontraremos las sempiternas y caducas tribulaciones a cerca de qué diferencia al humano de la máquina, la conciencia de la máquina, el alma frente al software, el síndrome de Pinocho, revueltas “racistas” antirobots, los problemas sociales de la robotización, la revuelta robótica en contra de sus amos humanos, y es que lo hemos hablado tantas veces (y lo hablaremos inevitablemente) que tampoco quiero hacer hincapié en ello, porque lo tenemos muy sobado (podemos rebobinar a la entrada del videojuego Detroit o Alita GUNNM para seguir haciéndonos daño con este saco de cuestiones filosóficas).

Al menos, la película, nos los propone todo en un ámbito serio, melancólico, maduro, con muy leves toques de humor “amarillo”, siendo un ejercicio recomendable para todo fan del cyberpunk darle un repasito a sus 4 episodios, compilados en el largometraje Poly-Matrix y por qué no, la secuela del 2002, Dual-Matrix.

La banda sonora, las escenas de acción, y los momentos de “reflexión” con metáforas acerca de lo vivo y lo artificial, el arte, la fe y el amor, cumplen con la expectativa.

La búsqueda de identidad de Armitage en medio de una serie de conspiraciones policiacas corporativas entre Ross y los fabricantes de droides modelo 2 hará avanzar la trama de esta historia ciber noir de manual. Merece la pena.

Mientras que el manga, bueno, si no recuerdo mal son 5 números de unas 70 páginas aproximadamente, en el que se infantiliza las personalidades de todos los papeles, convirtiéndose Armitage en una ciborg algo ridícula y cuqui que abandona por completo su papel psicótico y violento que manifestaba en la peli en ocasiones (no quiero spoilear de más); el dibujo hay veces que no tiene perdón de Dios y la calidad dista mucho de la del anime, y seguimos dándole vueltas al tema de los robots, sus funciones, y un extraño propósito secreto en la programación de Armitage y su némesis de clase 3, el “Roy Batty” de la historia, que es un clase 3 anti humanos con ansias megalómanas. Está más en la línea de Alita, que en la de GITS que estaba la película, y es que todas esas droides quieren ser Kusanagi, y ella quiso ser Molly Millions, ¿o no?



El manga incluye un donaire absolutamente innecesario llamado Chika, que es el robot doméstico de Armitage, y que infantiliza aún más la secuela impresa del anime, dejando de muestra un botón.

 

Y poco más mutantes y mutantas, sota, caballo y rey, esto es lo que hay sin contaros toda la trama y sus pocas sorpresas, que podéis imaginar antes incluso de darle al play o pasar la primera hoja de papel, pero bueno, no os va a llevar mucho de vuestro tiempo libre tampoco, y el saber no ocupa lugar, o si, según los gigas o los teras. Yo le di su oportunidad y no me arrepiento.

lunes, 2 de noviembre de 2020

EL REINO DE LA NOCHE, DE WILLIAM H. HODGSON

HALLOWEEN CIBERNETICO, PESADILLAS DE TUNGSTENO


Dije que volvería por Halloween, y así ha de ser, sin excusas, sin lamentaciones ni buuuh buhh de por qué he estado hibernando 3 meses en una cápsula especial, regreso engrasado y defragmentado, con un parche de actualización, nuevas baterías nucleares, y un antivirus de pago mensual en criptomoneda que me proteja del malware comercial y la procrastinación.

Tungsteno dreams entre en su tercer año y el wolframio debe fluir, es una orden.


Los críos del vecindario vienen a pedirme chucherias y yo les entrego pequeñas piezas de mineral, alguno perdió un diente al llevárselo a la boca, pero jamás olvidarán el sabor a galaxia lejana, ni el terror del futuro cercano carente de esperanza social. Sonríen mellados cuando entienden que ya saben a qué sabe el futuro.


Como si de una premonición se tratase, durante éstos extraños días que nos envuelven desde una primavera perdida que se ha eternizado como por culpa del calentamiento global, realicé un pequeño experimento de ocio social en mi amado Logroño, con los más pequeños de la familia, empleando la tecnología. Y nos animamos a llevar a cabo una yimcana disfrazada de escape room urbano, que indistintamente del nombre que le pongamos, fue una magnífica actividad familiar. Pero entonces, una de las pistas del juego, nos llevó a una pequeña calle de Logroño, del casco viejo, en frente del frontón de una iglesia bien conocida por todos sus foráneos, con una información que yo desconocía, una información tan real y técnica que no se como la había pasado pro alto en el pequeó universo de cuerdas que es la vida de cada uno de nosotros, enclenques sacos de hueso y carne con un software de obsolescencia programada por el gran programados, llámalo Dios, llámalo alien, llámalo I.A. Maestra; Un dato que había tenido delante de mis circuitos tantos años y que mi estupidez esnobista me había impedido constatar, que me pareció una señal, un error en la Matríz, un anuncio de Ubik. Yo, que hace 3 años decidí nombrar a éste mínimo y raquítico espacio del ciberverso que a nadie le iportaría un comino, Sueños de Tungsteno, y resulta que allí, en varias placas de una vieja casa, en una vieja pared, sin que nadie le hiciese caso, colgaban varias placas conmemorativas a los hermanos Delhuyar, Fausto y Juan José, descubridores del mal llamado Wolframio, que en realidad debe ser reconocido como Tungsteno. Que en 1783 descubrieron el elemento de la tabla periódica del que están hechos nuestros sueños.

Y entonces leí el código fuente, y las cuerdas que me unen al universo se tensaron en miles de millones de átomos chocando y produciendo energía, y supe que era el momento de regresar.


Y qué mejor mes que Octubre, mes de Halloween, del Shamaín, que tanto me gustó redactar el año pasado. El tercer año de Tungsteno Dreams debía empezar ya con varias entradas que unan el terror y el futuro.

Así que he enchufado mi Spectrum ZX Sinclair para contactar con lso espectros del ciber espacioe invocarlos a través del sonido de carga de la cassette, donde puedo oir sus lamentos, sus quejas, y sus remordimientos amenazantes. Tecleo Death "" y doy el salto.




Y precisamente es un salto lo que damos hoy en la pesadilla de Tungsteno, porque nos vamos a finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte, y contactamos con el atormentado fantasma de William Hope Hodgson, que gime de dolor en mi pantalla, en enormes sprites que arrastran flash en 5 colores, con un uniforme de guerra, en una trinchera.


Es un hombre fuerte que ha trabajado su cuerpo y se ha esmerado en esculpir su musculatura, atractivo, joven e intelectual. Sin duda una gran pérdida .

Me cuenta que nació en Essex, hijo de un reverendo anglicano, y que durante su infancia vió nacer a 9 hermanos más, y también vio morir a 3, de un total de 12 que formaron la familia.

No tuvo un hogar fijo, ya que su padre viajaba de parroquia en parroquia por la geografía británica, propagando la palabra salvadora del señor.

Me cuenta, con lentitud y la voz de 8 bits, que dejó los estudios para enrolarse a pequeñas embarcaciones marineras, y que el amor y el terror que la mar le infundaron desde su adolescencia quedaron para siempre grabados en su interior más profundo de su cerebro reptiliano.

Tras el fallecimiento temprano de su papá por cáncer, la familia quedó a dispensas de la caridad en una miserable situación de necesidad.

William huyó desesperadamente de aquello, a la mar, pasando de la sartén al cazo, ya que aquella vida no era mejor que la que su familia pudiera darle en tierra firme. A bordo de diferentes navíos sufrió el maltrato de marineros veteranos, se encargó de las peores tareas, pero nunca quebró su espiritu, y en sus ratos libres ejercitó su culto al cuerpo mediante el ejercicio físico, y una afición emprendedora y artística como la fotografía, que centró en inmortalizar la crueldad del mar, las tormentas, el oleaje, tifones, marineros enfermos y gusanos en el pescado muerto, auténticas estampas de pesadilla marina, naturalismo brutal, bodegones de muerte y miedo que a veces, como si el precursor de la novela gráfica fuese, acompañaba con poesía o breves relatos que deisen vida a la captura.

Y nada de aquello consiguió doblegar su alma cristiana y paciente de santurrón, dando siempre un ejemplar modelo de comportamiento, de caballero y héroe que tal vez absorbiese de los sermones de su difunto padre, obteniendo la medalla al heroísmo de la Royal Humane Society tras el arriesgado rescate de un marinero caído por la borda en aguas infestadas de tiburones de Nueva Zelanda.


Continúo su extraordinaria vida dedicándose al ejercicio físico, terminando por ser un reconocido y polémico culturista cuyos ejercicios y tablas físicas escandalizaron a la opinión pública en más de una ocasión y le enfrentaron incluso a una estrella del espectáculo del momento como Houdini.


Y en un absoluto empeño de engarzar el lema del mens sana in corpore sano decidió dedicarse a colaborar en la revista Grand Magazine con pequeños relatos de ficción inspirados por Conan Doyle y Edgard Allan poe.

La diosa de la muerte o El mar de Sargasso fueron algunas de sus primeras novelas que marcaron ya la identidad de un autor que crearía ficciones de terror inspiradas en leyendas paganas de países exóticos y terrores marinos. Un momento, mis bots spider de búsqueda y captura han ejecutado el algoritmo de búsqueda y un pop up holográfico frente a mi ojo izquierdo me está descargando en 9G toda la info disponible de un tal H.P. Lovecraft en el disco líquido. Tal es la importancia de William H.H. Que sin ninguna duda, el de Providence le debe gran parte de su inspiración y su admiración es manifesta.

Y continúo escribiendo, dejando sus títulos más recordados como la casa en el borde, un relato lisérgico que acercaba al lector decinónico a la locura y simulaba una experiencia desorientadora. O 1965, una sátira CI-FI de los horrores de la guerra y sus intereses.

Fuera de la tormenta regresó al terror marino, y los piratas fantasmas siguió por aquellos derroteros marineros.

Creó una serie de relatos cortos al más puro estilo best seller, protagonizados por un detective ocultista llamado Thomas Carnacki.

Y en 1912 publicó la obra que hoy nos va a robar el sueño, El reino de la noche.

Convertido ya en un prolífico escritor, se casó, se mudo a Francia, y comió perdices.




Estalla la primera Guerra Mundial, es llamado a filas en artillería, y todo su sueño terminaría en la cuarta batalla de Ypres, víctima de la munición enemiga.


Pulso el stop del reproductor de mi Spectrum, el ruido de carga cesa, gracias William, descansa en paz, debes saber que tu obra se ha convertido en una pionera del horror cósmico que después popularizó Lovecraft, que tus textos te han otorgado la inmortalidad, que Alfred hitchcock rescató a tu detective carnacki, y que algunos te recordarán como "El padre del tentáculo". Adiós.


TERROR DECIMONÓNICO FUTURISTA


Tras la sesión de ciber espiritísmo confío en que el eco binario de William descanse con calma y sosiego en los nodos libres de spam adecuados.

Estamos ante el pionero del horror cósmico, de un escritor prolífico de todo tipp de aventuras que van desde el western hasta la ciencia ficción, un imaginador nato que acumula en su mochila miles de puntos de experiencia, que son bajo mi estúpido punto de vista, la gasolina del alma el día que todo se termina. Cuando morimos y nuestra carne es pasto de los cuervos, el alma necesita experiencias acumuladas, vivencias, emociones, para emprender su viaje al siguiente reto. Y para eso, no podemos pasar por la vida como un objeto, la vida nos la dan para vivirla. No hace falta que seamos celebridades, ni alcanzar el éxito, porque el fracaso, el dolor, el sufrimiento, el remordimiento, también otorgan experiencia. El hambre, el odio, la tristeza, la pena, todas son gasolina para el alma.

Hay que crear, hay que destruir, hay que pensar, plantearse las cosas, discutir, rebatir, dudar, equivocarse y acertar, dañar y sufrir...

William llevaba el depósito lleno como podemos comprobar tras su invocación, seguro que ha trascendido.


Recuerdo el día que entré a la category killer literaria de aquella brutal mole comercial de periferia, hambriento de un nuevo relato que leer, y vi aquella portada.

Oh cielos, otra vez, ¿cuántas veces me he dejado engañar por la portada? Ni que las hiciese Azpiri (guiño, guiño). Pero aquél tocho tenía una especie de Chtuhlu dibujado, pero el nombre de H.P. No salía en ninguna parte. Lo sostuve, leí la sinópsis de turno ideada por un experto en teletienda, y me lo llevé a caja, donde el dependiente me dijo "Acaba de llegar y le tengo muchas ganas".




El reino de la noche, un libro atípico, con sus luces y sus sombras, a fin de cuentas, un libro de otro siglo.

Comenzaré reconociendo mis limitaciones con Edgard Allan Poe, habiendo leído un par de antologías suyas, mentiría si me declarase fan, y vuelvo a lo mismo, naftalina en el armario, el olor de la casa de la abuela, literatura de otra época que no carente de talento, a mi, no me completa.

La brecha estilística se me hace muy grande, es exactamente lo mismo que el cine en blanco y negro, los ritmos, los planos, la dinámica me impide acomodarme ante el relato. Sí, justo es eso, llego totalmente convencido de disfrutarlo, pero estoy incómodo, en posturas que hace que se me duerman músculos del cerebro que no conocía, a una velocidad de frames en la que un caracol me parece tiempo bala como si fuese Neo, y entonces una mosca, el ruido del aire en mis cañerías o el timbre del vecino me sacan de la ficción.

Y eso me pasó con la mayoría de relatos de Poe e incluso con varios de H.P. Pero trato de quedarme con lo positivo, con el germen de su relato, con la intencionalidad, porque estoy predispuesto a disfrutarlo por alguna de sus esquinas, y a final, el conjunto, como es el caso de H.P. El universo que crea al rededor de dos chuminadas bien planteadas, pesa más en la balanza que sus cadencias aburridas y la petulancia decimonónica, que por aquél entonces, sería la hostia y la moda, pero que en el siglo veintiuno, yo, no lo veo.

Hay algo por lo que nos gusta, eso está claro, no lo estoy desacreditando ni destruyendo, pero está descontextualizado a nuestra actual forma de consumir, y considero que eso es una realidad, y que por tanto, son obras que requieren de un esfuerzo pese a su grandeza, como lo requieren Rinconete y Cortadillo o la obra de Bequer.


No obstante, llegué a casa y comencé a leer aquella engañifa marquetiniana lovecraftiana que después resultó ser la piedra angular de todo lo posterior.


Según los que saben (que no seré yo), la obra se etiqueta bajo el subgénero "tierra moribunda" por algunas características que comentaré en un momentito. Pero a mi, se me hizo más bien una aventura ci-fi de a duro muy larga, con semillas de horror cósmico, un puntito Burroughs, porque como decía antes y no creo equivocarme, la "moda" o la tendencia, los "topics" de la ci-fi de aquél entonces, incluían tierras extrañas y criaturas más extrañas todavía, encuadradas en un marco aventurero.


Comencemos, siglo XVII, la inglaterra con más flema de todas, nuestro joven protagonista burgués se enamora locamente de la doncella más emperifollada de la barriada, lady Mirdath, y comienzan las primeras páginas de la novela en un tono inocentón y goloso de novela romántica, narrándo las prácticas de cortejo más políticamente correctas y peripecias dignas de sainete para conseguir el corazón de la mujer amada que continuamente se hace de rogar.

¿Qué diantres estaba yo leyendo? Mi esperanza se evaporaba mientras leía auténticas pamplinas pegajosas y empalagosas de otra época, con un estilo pseudo poético que los expertos atribuyen, inspirado por John Milton para la ocasión.

El prota, llega a disfrazarse de jovencita, con sus enaguas y su vestido, para poder espiar más de cerca a su amada platónica e inalcanzable. Yo no tenía muy claro a esas alturas por qué la portada traía un primigenio de Hacendado dibujado.


El caso es que a unas cuantas páginas, y sin hacer spoiler, ocurre "el suceso" (no me apetece contároslo porque estaría mal por mi parte, aquí os dejo el cebo) y nuestro protagonista, que estaba sumido en la desesperación y el desamor más profundos, sufre un "salto", "viaje astral", "viaje dimensional", llamadlo X (muy apropiado el recurso, ya que la versión corta de la novela fue titulada El sueño de X), pero el caso es que se planta en una reencarnación consciente de él mismo pero en un futuro muy, muy lejano.


Un futuro en el que la humanidad que ha sobrevivido al ocaso del sol (suceso que se dice tomó de las acertadas teorías científicas de Lord kelvin), viven en una macro ciudad piramidal en medio de un erial donde la noche es permanente a raíz de la muerte del astro que irradiaba calor y vida a la Tierra en tiempos mejores.

La ciudad, se nutre de una serie de energías "telúricas", lo que provee de energía para la electricidad, el calor y toda necesidad a sus habitantes, y aquí tenemos el primer punto interesante dentro de ésta fantasía desmesurda de ci-fi.

Hodgson se adelantó a su tiempo mediante la ficción, adelantando las posibilidades de energías sostenibles y alternativas.

Esta mega urbe piramidal con una base de 5 millones y pico de millas, que tenía 1320 plantas, y cada planta era una ciudad en sí misma, y cada una se dedicaba a diferentes actividades de substintencia, como la agricultura, la ganadería, la química, la balística, etc...

Es interesante dentro de la descaballeda aventura que iba a vivir el protagonista, el esfuerzo de creación de munbdos de William al detallar la organización de ésta nueva sociedad humana futura en una unica ubicación hipertecnológica y de tan pantagruélicas dimensiones. Algo tan titánico y colosal que podría haber inspirado la mítica R'lye.


Esta magnífica construcción, que también veremos en la obra que disponde de enormes plantas subterráneas a parte de las visibles en el gigantesco poliedro, estaba aislada en medio de un erial oscuro, un yermo, habitado por tribus de sub-humanos y monstruos mutantes, engendros de toda indole, que suponían la mayor amenaza para la supervivencia humana. Pero claro, los humanos de ese tiempo futuro, supieron como crear sus defensas, y gracias a la mística energía que obtenían del interior de la tierra, pudieron establecer un campo de energía defensivo letal para las criaturas hostiles, e incluso unas armas llamadas discos, que son una especie de alabarda metálica, en cuya asta se generaba un disco de ésta energía natural, similar a un plasma o un laser, capaz de cercenar cualquier hueso y cortar en rebanadas cualquier metal.

Aludiendo un leve mensaje ecológico, la invención de éstos discos incluye la característica de que cuando su portador fallece en combate, la energia de su alma, y la del disco, son absorvidas por la tierra de nuevo, pasando a formar parte de el ciclo ecológico natural en el que el hombre toma la energía para su uso pero después la devuelve.


Sin embargo, hay algo peor que las bestias del yermo, algo mucho mas temible, algo que ya convierte el mundo imaginado por Williams en un innovador relato que germinaría en sus futuros lectores, Los observadores, cuatro seres antiquísimos, tan grandes como montañas, de posible origen alienígena, que ubicados cada uno en un punto cardinal, vigilan la gran pirámide, esperando el momento exacto en el que su energía procedente del interior de la Tierra se desvanezca. Esos cuatro monstruos colosales, son sin ninguna duda, la semilla de los dioses primigenios lovecraftianos, y de ahí venía el ser tentacular de la portada.




Nuestro burgués protagonista, teletransportado a éste futuro decadente y peligroso, sufrirá, una vez aclimatado a su nueva vida reencarnada, una llamada de auxilio telepática, y es que la telepatía será una de las principales nuevas características de la humanidad evolucionada en éste lejanísimo futuro sin esperanza. La llamada de auxilio proviene de otra mega ciudad lejana, otra pirámide, más lejana, construida hace eones por una expedición de colonos que partió de su misma mega ciudad. Y esa llamada despierta en su interior las emociones más intensas que hubiese sentido en otra vida, y es que no será otra la llamada de auxilio, que la de su amor, también reencarnado, pidiendo socorro, un a necesitada petición de ayuda de vida o muerte, y aquí comienza la heróica aventura que el libro plantea en realidad más allá de los contados factores de interés ficcionado de la novela, de los que cabe destacar también algunos portentos de la química alimenticia imaginados por Hogdson como las tabletas nutritivas instantáneas, que en realidad, se acercan a los alimentos deshidratados actuales y los complementos energéticos.


Se preparará una expedición de valientes que acompañen al caballeresco príncipe azul por el yermo, y es que de aquí en adelante la novela es una epopeya clásica de romántica aventura que no se salta ni una sola característica del pastiche. Nuestro héroe recorrerá (y me imagino el típico mapa de película en el que vamos trazando una línea que cruza territorios cartografiados con todo detalle) la carretera de los silenciosos, la montaña de la voz, el palacio oscuro y otros lugares de alto abolengo dignos de aventura artúrica, tan, tan del romanticismo post gótico, tan de gran aventura isabelina, tan.. de a duro!.

Y por supuesto se enfrentará a horribles sub humanos simiescos, a artrópodos insectoides de tamaño descomunal, cruzará ríos de lava, cavernas sin fondo, pozos de oscuridad infinita, pantanos de vapores ediondos, y mientras yo leía semejante topicazo, le cogí el gustillo imaginándolo todo como uan de aquellas maravillosas películas de mi infancia en la que el stop motion de Ray Harryhausen me tenía pegado a la pantalla. Y sí, ciertamente éste recurso imaginativo me funcionó, porque desde que lo puse en práctica, empaticé con la época del autor, el momento en el que se escribió, y que algo así, igual que en el cine de aventuras de los 60 y 70 fue necesario, también debió serlo previamente en la literatura de ciencia ficción de principios del siglo pasado para llegar a donde estamos hoy, y me pareció bello, entrañable y puerilmente divertido.


El rescate de la amada indefensa en un mundo cruel lleno de criaturas peludas de varios miembros terminados en protuberancias tentaculares, garras, y cualquier otro apéndice hiriente, tan casposo como achuchable.


Así que amigos del Tungsteno, si buscáis algo lovecraftiano, o buena ciencia ficción "actual" (incluyo desde los 80 que es donde comienza mi nucleo duro cyberpunk), ésta no es vuestra novela, pero si queréis conocer de primera mano la obra que plantó muchas de las semillas de un género tan popular como el horror cósmico, y uno de los acercamientos más precoces de la ciencia ficción y el terror, aunque está mucho más hermanado con John Carter de la Tierra, quien posiblemente, también le deba mucho, o no, ¿quién lo sabe? debéis darle una oportunidad.

 Yo no se nada, solo se que estoy terminándome una Aventinus de 8,5% muy rica que antes de la comida ya me está dejando algo nockeado, que tal vez encontréis fallos de escritura y aprovecharé la coyuntura para echarle la culpa a la cerveza, y que éste mes de Noviembre voy a proseguir con el ejercicio de subir entradas que mezclen la ciencia ficción y el terror en celebración del Halloween más raro de nuestra historia.

Quedaros en casa en medida de lo posible, no salgáis de rave ni esas mierdas, ni participéis en absurdas revueltas populares carentes de ideologia con el vandalismo como único objetivo, coged un buen videojuego, película, cómic o novela de ciencia ficción, y disfrutad seguros.

Corto y cambio, hasta dentro de unos días, palabra.

¡He vuelto!

lunes, 28 de octubre de 2019

NAMELESS DE MORRISON & BURNHAM


TRUCO O TRATO


Gracias por conectaros en mi IP una vez más jinetes y stalkers de la nueva era. Se que llevo retraso en mi conexión semanal, pero he tenido que resolver un lío con unos vecinos haitianos pertenecientes a una banda llamada los hijos del voo doo o algo así. Mi vecino se llama Papá Banton, está todo el día con la música caribeña a tope en su holoreproductor, y por las rendijas del conducto climatizador general del bloque de mega apartamentos me llegan olores muy fuertes a productos químicos todo el día. 
Llegué borracho y envalentonado la noche del fin de semana, y no lo pensé, aporreé su puerta dispuesto a poner fin a esta situación. Y allí estaban, Papá Banton y unos amigos suyos, con una amiga tumbada en el suelo sobre un dibujo ridículo en rojo, y estaban desplumando gallinas y fumando porros, al fin entendía lo de los olores por el sistema climatizador, ¿Cómo se le ocurre tener animales de granja en casa? ¿Y todo ese humo de mutihuana? Que desconsiderado. Me enfadé mucho, pero luego tuve que pedir perdón, porque me explicaron que todo es debido a Halloween, el Shamain, una fiesta pagana que se está poniendo de moda otra vez después de las guerras corporativas de 2051. Recuerdo haberla celebrado de pequeño, me ponían un disfraz y salía a por caramelos. Una vez mamá sacó de la bolsa algo que me había echado dentro el Señor Ramírez del 11ºA que dijo que no eran caramelos, aunque venía envuelto muy parecido...
En fin, la cosa va de asustar, de dar miedo, es la noche en la que los muertos están más cerca de los vivos, la noche de los aquelarres, zombies, hombres lobo, momias, decapitados, espectros y taxistas desaseados, salen supuestamente de sus escondrijos para hacer que nos caguemos encima.

Y por eso vamos a centrarnos en historias de terror y ciencia ficción los próximos días, para celebrar todos juntos ese Halloween.

Voy a comenzar con un cómic, porque hace semanas que no hablamos del octavo arte, y el elegido es Nameless de Grant Morrison (Animal man y Arkham Assylum de Batman), Chris Burnham (Batman Incorporated), Nathan Fairbairn y Simon Bowland al trabajo sucio.


COCKTAIL DE TRADICIONES Y SUPERSTICIONES


Hagamos una nueva obra, pero con monstruos y en el espacio
Le exigió Chris Burnham a Grant Morrison

¿Qué vamos a encontrar en Nameless? Bueno, antes de pasar a diseccionarlo debo decir que es un tomo en castellano editado por Norma Editorial, originalmente de Image, que reúne las 6 grapas originales y que despiezar su guión sin spoilers sería breve, aunque tocaremos ese argumento claro, pero lo interesante de Nameless está entre sus líneas, en bambalinas. Es su significado oculto, su droppin contínuo a referencias cabalísticas, mitológicas, religiosas y de brujería, y algunas ideas propias des us autores que vamos a estudiar un poco a continuación.

Para empezar suave, como aperitivo, voy a adelantar que Nameless es una obra de pesadilla, que juega con nuestros sentidos espacio temporales, confundiéndonos, tan bien como podría hacerlo cualquier película o novela de philip K. Dick. Es un laberinto de viñetas bien ordenadas que nos hará dudar de que es real y qué no, cuál es la historia principal, cuál la secundaria, o si las dos son al mismo tiempo, antes o después. Principalmente Morrison va a intentar jugar con nuestras percepciones en éste cómic, queriendo volvernos locos. Y ahí encontramos parte de la carga terrorífica de éste tebeo, que intenta traspasar la barrera de la viñeta para colarse en nuestra cabeza y hacernos sentir terror psicológico, y lo consigue, mucho mejor que muchas películas galardonadas.
No en vano, Morrison, está artísticamente influenciado por Terence McKenna, que es un poco nuestro Escohotado americano, un psiconauta ilustrado, intelectual defensor del uso de agentes psicotrópicos y sus ventajas. Y también está marcado por Michael Bertiaoux, ocultista y artista. Por si no fuera poco encontraremos referencias a las obras de Alystair Crawley, y un clarísimo homenaje a H.P. Lovecraft en Nameless. Así que sí, preparaos para alucinar.

De forma premeditadamente desordenada, en Nameless viajaremos del pasado al futuro (o tal vez sea sólo un engaño temporal), de lo onírico a la realidad, entre planos, acompañando a un ocultista sin nombre, y ya tenemos la primera referencia religiosa y mágica. El carecer de nombre protege al ser, no puede ser reclamado, porque el nombre, la palabra, es la mayor herramienta de creación de Dios, que creó todas las cosas dotándolas de nombre tal como cuenta la tradición según el libro de Enoch, y aquí tenemos ya la primera superstición de todas las que vamos a ir encontrando.

El sin nombre es atormentado por visiones de su pasado, violentas, confusas, y ha sido contratado por una organización privada multimillonaria para recuperar un artefacto místico, una llave, la llave onírica da Nam Samwhol, que debe obtener de otro plano gracias a su experiencia como ocultista.
Aquí el homenaje a H.P. Lovecraft es absoluto, nos presentan un viaje onírico a un plano que se mezcla con la realidad en una especie de vigilia vívida, un mundo de los sueños al que no todo el mundo es capaz de viajar, un viaje astral a otro lugar que coexiste con el nuestro, con reliquias mágicas como la propia llave, fantasmagóricos guardianes dignos de la literatura gótica flamígera y esbirros humanoides con cabeza de pez que instantáneamente nos transportan a Insmouth.
Confirmando el reconocimiento que Nameless muestra al de Providence, se incluirá en la trama contenido referente a Pohnpei (la isla micronesia que inspiró la Pona Peh lovecraftiana y su consiguiente leyenda de R'Lyeh).
Magia, frases que deben ser recitadas correctamente para surtir efecto y visiones que distorsionan la realidad de nuestro protagonista. Comenzamos con terror del bueno.



La llave onírica, es un encargo necesario para avanzar en otra serie de pesquisas llevadas a cabo por la megacorporación de los multimillonautas, dirigida por Paul Darius, cuyo fin es salvar a la Tierra de su destrucción por la colisión inminente de un asteroide llamado Xibalba. Más mitología, en esta ocasión americana, Xibalba, el inframundo maya, hogar de dioses y demonios, de muertos y redividos según su “biblia” tradicional, el Po Pol Vuhl.
Este enorme pedrusco que viaja hacia la Tierra a una velocidad pasmosa, tiene la peculiaridad de llevar sobre su superficie un gigantesco petroglifo (que curiosamente es muy parecido al símbolo empleado en la reciente película El Hijo) que representa la puerta al antiverso.
Así que habrá que viajar al asteroide, un paseo espacial, para aterrizar sobre una roca gigante que va camino a la Tierra al estilo Armaggedon, y frenar lo que parece ser más que un trozo de roca cósmica que se dirige a nuestro planeta por azar.
Prefiero ya no seguir desvelando la trama, porque considero que es una obra que disfrutaréis sin ninguna duda.
Encontraremos momentos tremendamente gore, sangrientos, escatólogicos y violentos desde que comienza esa aventura espacial para salvar el mundo, que incluirá 13 miembros (cómo Jesús y sus apóstoles, otro número mágico de la cábala) reclutados de entre los mejores científicos del mundo, y por supuesto, nuestro ocultista, nuestro erudito sin nombre, docto en materias olvidadas por la ciencia hace muchos años.

HOMENAJE A H.P. LOVECRAFT


El terror onírico se dará la mano con el alienígena, de nuevo siguiendo los pasos de Lovecraft, e iremos descubriendo una mitología propia de éste cómic, que bebe de la tradición pagana y la cristiana para redibujar orígenes de nuestro mundo, creando un nuevo y titánico Génesis apócrifo para explicarnos la dificultad de la misión que el grupo de 13 expertos tiene por delante. En pocas páginas, nos construyen un entramado firme de leyendas y mitos absolutamente pantagruélicos, que dejan a la humanidad reducida a una mota de polvo en el inmenso cosmos. Ese mismo nihílismo que nos traía Lovecraft, ese miedo que debemos sentir cuando pensamos en nosotros en comparación con el universo y su infinita grandeza, que nos reduce a hormiguitas mientras nos invade el miedo al descubrir que no somos la cima de la creación, que tal vez Dios no exista como tal,que lo que nuestra avanzada ciencia da por hecho son solo conjeturas absurdas, y que allí afuera, en lo más oscuro, existen cosas que no podemos ni imaginar.
Terror psicológico, porque, el cerebro funciona de una forma peculiar cuando imagina, e imagina en base a lo que ya conoce. Por eso la mayoría de alienígenas de la ciencia ficción son humanoides
que presentan leves e imaginativas mutaciones, o los monstruos mitológicos de la antigüedad están compuestos por partes y órganos de otros animales ya existentes, por que el cerebro humano no puede imaginar lo que no ha visto, no puede imaginar colores que no conoce, no puede imaginar formas vivas que no asocie, y lo inimaginable pues escapa a la razón y por lo tanto a la cordura, e incluso lo que diagnosticamos como locura, no sea si no una clarividencia en vez de una enfermedad. Lo sensorial y la psique son la puerta del miedo.
Las pesadillas Lovecraftianas no son si no, un hábil esfuerzo creativo de deformar toda esa información objetiva de la realidad, la flora y la fauna acumuladas en un cerebro lógico y cuerdo, para retorcerlas con maestría hasta deformarlas lo suficiente para que una gran mayoría de lectores nunca hubiese hecho el esfuerzo de imaginar aquellas criaturas viscosas, tentaculares y reptantes, que en realidad como podemos ver en el icónico Chtulhu, tampoco escapan al mecanismo fantasioso del cerebro de hacer “mosaicos”, ya que no era tan complicado mezclar un dragón con un calamar, si nso paramos a pensarlo, pero funcionó, por algún motivo irracional oculto en nuestro más profundo ser, funcionó, y se hizo inmortal.
Eso, y la brillante idea de que los horrores que dominan nuestras minúsculas vidas no vienen ni del cielo ni del infierno, no es una batalla de ángelss y demonios, el bien ni el mal, ni fantasmas, vampiros ni otros entes tradicionales. No. Son seres de otros planetas, alienígenas muy anteriores a la creación del ser humano, que han recorrido el cosmos de una forma que nuestra ciencia no llega a comprender, manejando la materia, el átomo, de maneras que no comprendemos, plegándose, através de otras dimensiones que están ahí, a la vez que la nuestra, creando una primitiva y ficticia teoría de cuerdas que reduce nuestro intelecto a papilla y nos ridiculiza.

CUIDADO CON LO DESCONOCIDO


En Nameless seguiremos encontrando muchas más referencias que nos lleven a investigar y explorar la red y libros y documentales ideales para Halloween, porque si hay otro de los cebos en la historia que dan para rato es el llamado “lenguaje de los angeles”. Antes mencionábamos que nuestro protagonista no tiene nombre, precisamente, como buen experto en ocultismo y viejas tradiciones, evitar así que puedan poseerlo esos entes alienígenas o de otros planos. Ya que como decíamos antes, según el libro de Enoch, el mundo fue creado mediante la palabra de Dios, y poniéndole nombre a cada ser vivo y cosa, esa creación quedaba vinculada a la voluntad de Dios, debiéndo obedecer cada vez que Dios pronnciaba de nuevo su nombre, lo que implica que si alguien conociese la lengua de Dios, tendría poder sobre nosotros gracias a nuestro nombre.
Hemos visto ésto en múltiples libros y películas, y en el terror, recordemos El exorcista, cuando el padre Carras exige conocer el nombre del ente que posee a la niña, para poder vencerlo. Sin su nombre, no habrá posibilidad. Por eso la tradición judeo cristiana y las supersticiones cuentan que los demonios no pronunciarán jamás su nombre voluntariamente, para evitar ser derrotados, y usarán mentiras y embustes para evitar que se conozcan sus identidades.
Los relatos de Enoch, son textos que dan píe a la fabulación y el fantaseo de los menos ortodoxos, extrapolando el mito religioso a la teoría de los antiguos astronautas que se basa en que nuestra tradición oral y escrita acerca de la creación, que conocemos como religiones, en realidad narraba hechos poco comprensibles por los humanos no tecnológicos de la antigüedad, que realmente fueron visitados por seres extraterrestres avanzados que interactuaron con los primitivos habitantes de la Tierra en diferentes de sus puntos geográficos, llegando incluso a emplear humanos en planes de desarrollo genético.
En el libro de Enoch, encontramos algo que podría encajar con esas teorías, ya que Enoch relata como los ángeles bajan a la tierra y procrean con las mujeres humanas, engendrando una nueva especie llamada los nephilim o gigantes, que sembraron el caos en la tierra tomando el poder. El libro incluye visiones y viajes celestes, estudios astronómicos y profecías apocalípticas.



Pero volviendo a “la palabra de los ángeles” , técnicamente conocido como enoquiense, debemos mencionar a John Dee, una eminencia británica del siglo XVI, matemático, filósofo, navegante, pero además de todo eso, ocultista, y como no puede ser menos y lleva ocurriendo toda la historia humana, asesor privado de isabel I. Todos los monarcas, todos los dirigentes y gobernantes siempre tienen tras la cortina un ocultista, y no sólo en el medievo, renacimiento, o antes de la RRII, no, Churchill, Hitler, y se dice que hasta nuestros presidente actuales, solicitan los servicios de éstos enigmáticos asesores. Y eso sí da terror, porque indica que incluso los que debieran ser más escépticos y empíricos, dejan en manos de lo desconocido ciertas decisiones.
No nos dejemos llevar, porque John Dee, fue un amtemático ilustre, una eminencia europea, no era un loco alquimísta, ni un druida cualquiera, no, era un hombre culto y de ciencias. Desde el más absoluto cristianismo decidió ponerse en contacto con ángeles y comenzar a escribir sus dictados en su lengua natal, el enoquiano. Para sus conexiones ayunaba, oraba y empleaba una bola de cristal. Suscitó gran interés entre diferentes gobernantes y religiosos europeos de la época, pero fue su asociación con el alquimista Edward Kelly lo que muy posiblemente terminó por despojar sus logros de veracidad. Sin embargo, siempre quedará la duda de si ese enoquiano hubiese sido o no el mismo lenguaje que emplearon los ángeles de Enoch, o solo un delirio de un intelectual, denostado por los jacobinos y borrado de los anales de la historia hasta el extremo de que su lápida fue robada una noche.

Y más y más simbolismo e historias y leyendas ocultas tras un viaje espacial a un asteroide. Tarot, La conspiración contra la raza humana del autor Thomas Ligotti, Christopher Hichtens, Santa Juliana de Norwich, mitología egipcia, cabalismo...
Nameless más que un cómic, es una guía iniciática a la magia moderna en toda regla, camuflada de odisea científica y terror cósmico, que encierra demasiado simbolísmo en cada viñeta, tantísimo que es imposible de descifrar por el neófito, y que desde nuestra ignorancia nos perturba e incomóda, nos aterra, nos da miedo, porque como divagaba más arriba, es precisamente lo que el cerebro no entiende, lo que no es capaz de imaginar por sí mismo, lo que de verdad nos da miedo, lo absolutamente desconocido.
Nameless es un salto a lo desconocido, un portal a otro estilo de vida, una mano tendida que nos va a llevar a un lugar peligroso, prohibido, que enfrenta la tecnología, la ciencia, lo empírico; contra lo oculto, lo mágico, lo tradicional. Sostengo que aceptar la invitación puede ser un riesgo para la salud mental del lector sugestionable, inmaduro, y ávido de creer en cualquier cosa alternativa a la realidad que lo rodea porque está inconforme con todo y no encuentra sentido a nada. Un salto al vacío sin paracaídas ni escalera de retorno. Si queremos comprender del todo Nameless, no nos quedaría más remedio que recurrir a esa bibliografía siniestra de filósofos despreciados, magos, cultistas, santos apócrifos, espiritístas, tarotistas, y manuales de religiones antiguas. Así que hay que estar preparado para ello, como si de la ficticia biblioteca de Lovecraft se tratase y fuésemos a abrir el Necronomicosn, el de vermis misterys, o el libro des ghoules, que cuidado, también se tomaron como reales en la década del autor, llegándose a vender ejemplares falsos del necronomicosn como si verdaderas reliquias traídas del lejano oriente se tratasen. Y por eso debemos estar preparados, como el que se arriesga a comprar una ouija, o a practicar santería, porque puede que una vez nos metamos en esas aguas no sepamos nadar y nos ahoguemos.



Si te preguntan mi nombre, no respondas.

martes, 9 de octubre de 2018

RUDY RUCKER Y SOFTWARE

RUDY RUCKER


Rudy Rucker es un nombre mucho más fácil de recordar y pronunciar que el que figura en su documentación, Rudolf Von Bitter Rucker (Gracias Rudy), natural de Kentucky en el 1946.
No es un autor del que se pueda recabar una vibrante y turbulenta biografía, como el caso de Effinger o K. Dick, pero sí podríamos decir de él que es un ciudadano ejemplar en tal caso. No todo son drogas, chips y techno en la low life de la generación hi tech
Fue un estudiante brillante, que llegó a matemático, ejerció como profesor. Publicó varios ensayos científicos que llegaron lejos en ciertos ámbitos de la comunidad y le deberían haber grajeado un merecido éxito profesional, pero estaba claro que no todo podía ser tan perfecto, Rudy era un matemático díscolo, un tipo de ciencia alternativo, un “yeyé” o lo que seguramente los catedráticos más distinguidos y apolillados de su gremio catalogarían como “hippie” sólo por ciertas de sus actitudes, su melena, y su interés por la filosofía y las letras. Esto, claramente, lastró su popularidad en el circuito matemático según su entorno, y es que es una pena que sin comer culos un tipo con talento tenga más difícil asomar la cabeza que uno sin talento pero con la lengua bien entrenada.
Sin embargo, la historia tiene una buena moraleja, y es que nada frena al hombre perseverante y con aptitud. Rucker fue un docente excepcional en diferentes escuelas y universidades, nunca frenó su sed de saber, ni su hambre de escribir, y nos ha dejado un montón de buenos títulos científicos y divulgativos, y otros de CIFI, convirtiéndose en uno de los padres del movimiento literario Cyberpunk.
En 2004 Rucker abandona la cátedra con el título profesor Emérito como profesor de Sistemas Informáticos y programación. Aún gozamos de su compañía en el planeta Tierra.

Desde luego, es una personalidad muy diferente a por ejemplo, el adalid del Cyberpunk, William Gibson, quien no tenía ni la más remota idea de sistemas ni computadoras cuando escribió Neuromante. Rudy sabía lo que se hacía cuando se ponía a imaginar sus historias, o al menos, tenía una base científica en la que impulsarse para dar el triple salto mortal con tirabuzón. Su estilo literario, de hecho, se ganó el apelativo de Transrealismo dentro de la escuela Cyberpunk, porque la diferencia de sus formas era evidente en contra de la del resto de su círculo creativo. Bajo su propio Manifesto Transreal, abogaba por la inspiración de la vida personal y plasmar mediante la fantasía, percepciones instantáneas de lo cotidiano. Un poco rococó para una mente primitiva como la mía, pero la diferencia en el texto respecto al resto de autores Cyberpunk es escandalosa, de eso no cabe duda.



Entre el 1982 y el año 2000, Rucker ha llevado a cabo su principal obra de ficción, la tetralogía del Ware, compuesta por las obras Software, Wetware, Freeware y Realware, de las cuales en formato físico, impreso, y en español, sólo ha llegado Software, y mira que ha habido tiempo de por medio para tenernos contentos a los lectores de CIFI. Y si resulta que me equivoco, pese a mis arduas y tediosas búsquedas por internet para poder comprarlos todos, y resulta que sí fueron traducidos y comercializados, corregidme y por favor ponedme en el rastro de esos tomos.
Sin embargo, sí disponemos de otras obras suyas posteriores como por ejemplo El hacker y las hormigas, que reposa en mi mueble del salón a la espera de ser devorado más temprano que tarde.

CIENCIA FICCION EN CASTELLANO


Software es, insisto en “si no me equivoco”, el único título de la tetralogía Ware de Rudy Rucker, impreso en castellano, y data de principios de los 80. Como lector de ciencia ficción, con irónica preferencia por el anticuado formato físico (me estoy cargando el Amazonas), me mosquea que haya sagas como ésta, que pese a haberse convertido en clásico en su lengua materna, carezca de una correcta representación castellana, incluso cuando la mitad de la saga ha sido galardonada con un premio Philip K. Dick, que es un galardón que augura una buena acogida del título y avala la calidad del relato. Es decir, no creo que sea tirarse a una piscina sin agua para la editorial que lo adopte, o tal vez sí, no lo se, estoy fuera mirando para adentro, sólo soy un consumidor, pero por suerte o por desgracia, tengo unos humildes conocimientos de marketing y experiencia en el abominable mecanismo dentado de la distribución y edición de otros soportes culturales, no iguales, pero parecidos, en el mercado español. 
Insisto, en lo que a literatura me respecta, soy un ignorante del método, y hablo como consumidor, con derecho de venirme arriba cuando me de la gana aún a riesgo de reconocer no tener ni idea de lo que hablo, pero que nadie me quite mi derecho de enfatizar mis lastimeros quejidos de lector.
El caso es que me da la sensación, de que las tendencias actuales de cada década, moda, o movimiento social – intelectual, cuando arraigan, lo hacen borrando de la memoria sus antecesores y raíces, para que como consumidores, sólo pensemos en el “ahora”. ¿Es esto premeditado o buscado por los ingenieros sociales y los genios marquetinianos? ¿O es algo espontáneo y fortuito, intrínseco a nuestra forma de ser? Me resulta claro y llamativo en la música, su industria y la subcultura derivada del calco estético y la imitación de actitudes que adoptan los fans de sus ídolos. Fans que deglutan el producto final con glotonería y ansia, en muchos casos, sin pararse a pensar el orígen de ese sonido que se ha convertido en sustancia imprescindible en sus nuevas vidas, sin querer si quiera saber qué hubo antes, de dónde procede, cuales son sus bases tanto técnicas como culturales... Nada de eso importa, lo quieren rápido, lo quieren ahora, no importa el antes ni el después, están integrados en el creciente grupo mayoritario, insertados, forman parte de “algo”. ¿Es eso lo que genera una moda?
Y me enjabono con todo esto a riesgo de que me cortéis el agua, porque cuando llego a una gran superficie o un category killer de lectura, y me paro en la ciencia ficción o incluso en la fantasía, hay un extraño equilibrio entre incunables y licencias de éxito, que no soporto, lo entiendo, lo asumo, lo respeto, pero no lo soporto. ¿Que a qué me refiero? De todos los tomos a elegir, están las indispensables colecciones de Philip K. Dick, de Asimov, Dune de Herbert y familia... Luego encontramos algunos títulos de nuevos escritores de éxito y talento como podría ser el catálogo que ofrece Gigamesh, y otras editoriales que se atreven a picotear como con Tieryas, Cixin Liu o Glukhovsky entre otros... Y por último el 50% restante pertenece a licencias de universo expandido de videojuegos, juegos y películas de Hollywood, negocio puro y duro, como Star Wars, Halo, Bioshock, Mass Effect, Dishonored, o Warhammer 40.000. Y ojo, que algunas de las plumas que rubrican esos títulos de mastodónticas franquicias del entretenimiento, son premiados y reputadísimos autores de obras clásicas, pero a mi lo que me aturde es, ¿Y dónde están esas obras clásicas? ¿Por qué ninguna editorial las repone? Y repito, que desde la más humilde y reconocida ignorancia, sospecho, que las cifras me darían esa respuesta, pero el que no se moja, no coge peces, y por eso una vez más y sin que me patrocinen ni me lo agradezcan, soy yo el que se lo agradece a editoriales como Gigamesh.



Enfocando de nuevo la tetralogía Ware de Rudy, el problema es que ni siquiera se editaron en castellano las 3 obras finales de la saga, sólo la primera, por Martínez Roca en su colección Gran Superficción II, ¿no interesaba traducir el resto pese a recibir un segundo premio como garantía? Nos dejaron a medias, que digo a medias, a tres cuartos, de conocer el final. Y es una pena que ésto ocurra, porque el pasado de la ciencia ficción, es el ahora del mismo género. Rudy Rucker no abordó llamativas novedades ni asumió demasiados riesgos (a mi parecer) al comenzar la tetralogía del Ware con Software, y a continuación daré mi punto de vista de por qué, pero es un eslabón en la cadena de la CIFI, necesario (aunque reconozcamos que no imprescindible) para entender el género como tal. ¿Qué le pasó al público lector de CIFI en castellano para que las editoriales dejasen de interesarse en publicar más títulos? Ni idea, soy un gameto de los 80, tampoco puedo dar mucho más atrás en el tiempo, pero es algo que parece haberse prolongado incluso entre escritores de nuestra propia lengua madre, y ahí está lo preocupante. No veo reediciones ni nuevos ejemplares de Rodolfo Martinez, ni de Rafael Marín, aunque sea moderadamente fácil encontrar títulos de Carlos Sisí (del que su obra CIFI, en mi humilde opinión, está muy por debajo del nivel de los inicios de su obra Zombie, y “que le quiten lo bailao”) o lo más reciente de Guillem Sánchez, o el terror sideral más Stephenkingniano o Lovecraftiano de Emilio Bueso. Pero es material suministrado con cuenta gotas. ¿A caso a España no le gusta la ciencia ficción? ¿Es eso? ¿No vende? ¿Y pese a todo no le merece a una editorial poderosa hacer reediciones de pequeña tirada, darle el gancho de edición limitada y bla. bla, bla, y mantener un catálogo completo con diferentes tipos de producto para mantener la rotación de títulos? No se....no tengo ni pajolera idea y estoy dispuesto a aprender.
Ostras, eso sí, no paso de párrafo sin decir que lo único en español que no falta nunca en ningún lado es J.J.benítez y sus infumables píes de página hard cifi para premios Nobel en aeronáutica de la saga Caballo de Troya.

SOFTWARE


Bueno, al turrón, Software. La obra en sí comienza con un estilo socarrón y esperpéntico, denigrante a la vez que gracioso, pero algo casposo. Me recuerda a ese Ubik de Philip K. Dick pero más grosero e irreverente aún. Saboreo ciertos matices de la CIFI más Pulp, cincuentero, deliberadamente arcaico y anacrónico para alguien que escribía en los 80, que no hace tanto, sobre un 2020.
La historia comienza en un denigrante estado de Florida, caricaturizado en forma de distopía, superpoblado de jubilados ociosos y pasotas con ganas de drogas y música del siglo pasado. Y nos centra en dos personajes zafios e inadptados, el señor Cobb y el joven Sta-Hi, vecinos. El madurito, un borracho pensionista, ex genio de la robótica y la programación de inteligencias artificiales, culpable o como mínimo responsable, de la toma de conciencia de las máquinas (al más puro estilo Terminator); El otro, un adolescente drogadicto hijo de policía. Ambos cumplen esa característica contracultural, del género Cyberpunk, de ser parias convertidos por accidente en protagonistas de toda una odisea cibernética, a la que van sobreviviendo con más pena que gloria, sin grandes aspiraciones ni nobles cometidos, si no más bien tomando decisiones ególatras y atendiendo a su instinto de supervivencia. Pero huyen de esa estética dura, del matón chipeado, o del detective de novela negra, son más bien valleinclanescos, inadaptados cómicos, dan pena incluso, parece el comienzo de un sainete en la que ambos protagonistas cumplen el papel del donaire. No se si eso me gustó o me hizo temblar a apenas una docena de páginas, porque el libro no es muy largo tampoco, no quería una comedia de ciencia ficción, quería cyberpunk.



Pero no me dejo vencer por primeras impresiones y le doy cera a las páginas, una tras otra, y acabo lamentándome de que no pase de las 200 páginas, y de no tener el siguiente tomo de la saga en mis manos una vez lo he terminado, porque me deja con la incógnita y ya me he acostumbrado a un ritmo creciente de desarrollo y acción que ha terminado por envolverme.

Como sabéis, no hago spoilers, pero algún dato del libro debéis conocer para bien entenderme, o tener ganas de leerlo también. Podría improvisar una sinopsis, o un gancho de tapa trasera, del siguiente modo:

Un paso por delante del cyberpunk, Software, se impone en el género de CIFI como un paso evolutivo a la robótica de Asimov en todos los sentidos. Canalla, irreverente y ácido nos propone una serie de importantes reflexiones humanas bajo esa apariencia macarra e insolente”

¿Qué tal lo hago? Bueno...al caso.... La trama gira en torno a que el señor Cobb, en su día, antes de pasarse el tiempo tirado a la bartola con resaca, fue una estrella científica (vaya, ¿un poco transrealista tal vez?) que creó la vida artificial, robots y máquinas pensantes, sistemas de I.A. Autónomas, y en el 2020 ya ha caído en el olvido de la media, convirtiéndose en un don nadie. Un Gepetto cyberpunk. Pero sus creaciones, que han evolucionado y han creado una sociedad propia en la Luna, no se han olvidado de él, como han hecho sus congéneres orgánicos, los droides tienen planes, y hasta ahí voy a leer.

El título tiene muchos matices a destacar y de los que rondar sin desvelar sorpresas.
Para empezar, esas descripciones tan grotescas y deneznables de sus personajes, que nos hacen imaginarlos como zaguanes tuercebotas, no creo que sea sólo un sarcasmo, si no que encuentro una similitud, que considero más que acertada, con la forma en la que H.P. Lovecraft describía a sus “malditos” en sus novelas, a su prole de semihumanos, siervos y cultistas de las horrendas deidades cósmicas con propósitos y fines ignominiosos. Lovecraft los describía con rasgos feos, casi animales, en ocasiones simiescos o anfibios, pueblerinos poco agraciados, y de esto mucho se ha hablado de su especial crueldad al describir con esa horripilancia a sus personajes de etnias no caucásicas, pero eso es otra polémica para otro momento. Pues Rucker no es tan exagerado ni tan cruel, pero no esconde su admiración por el genio de Providence, y a parte de sus descripciones indecorosas de sus personajes, hace diferentes alusiones a la obra del mismo y los mitos de Chtuhlu en varios capítulos de Software. Vaya matrimonio, el cyberpunk y Lovecraft, ¡F'thang!
También es notable esa influencia, en las formas inhumanas y dificilmente imaginables por el lector, que Rucker le da a sus diferentes modelos de robots en la obra. Cuerpos cilíndricos con múltiples apéndices finos como un cable, que se desplazan sobre una oruga metálica, y de su parte superior sacan varias antenas, y otras bizarradas retorcidas que mientras leía me hacía pensar en si era un robot o un Anciano de los mitos.



Rucker se mofa abiertamente, pero de una forma que en ningún caso me parece insultante, de Asimov y sus leyes de la robótica. Los robots de Software son más humanos que nosotros, egoístas, con vicios y virtudes, me recuerdan mucho a Futurama, tienen sus problemas, sus necesidades, su propia moral diferente, ya que entienden la vida de forma no orgánica, distinta, y aquí llega lo más profundo e importante de la historia, el Software que da título al libro.



Los robots son en cierto modo, inmortales, porque sus programas, disponen de backups, y si el harware es destruido, no hay problema, si conservamos un backup de la personalidad del robot, por lo que la vida para ellos, la moral, la ética, es por ende mucho más distinta de cómo la percibe un humano. En éste concepto, reluce fulgurante la faceta científica y a la vez humanista de Rucker. El Software es lo más parecido al alma, o quizás el alma no es más que un software biológico.
En Software, dándole vueltas a lo susodicho, vanos a encontrar dilemas como la convivencia de dos especies superiores, la humana y la mecánica, con sus enfrentamientos y sus puntos de inflexión. Cómo sus diferentes ecologías, necesitan la una de la otra, y encontraremos ideas que nos recordarán a The Matrix y cómo las máquinas necesitan materia humana para su supervivencia, y no desvelo nada, porque ahí lo dejo.

Antes de continuar, cabe hacer un inciso especial a cerca del capítulo 16, un entremés poético, que también refleja el humanismo del científico en la personalidad de Rudy, ya que entre sus publicaciones, pese a ser un hombre de ciencias, también hay publicaciones de poesía, y ese breve interludio o intromisión de capítulo 16, es una brevísima pero intensa poesía sin lugar a dudas. Todo un hombre renacentista Rucker. Poniendo una pizca de pasión en una obra aparentemente caótica.

Y ya mencionado el asunto de la profundidad poética, nos damos cuenta durante la lectura, de que estamos destapando cuestiones sobre la libertad del individuo, el miedo a la muerte, la religión, el significado de Dios, la evolución de las especies, todo enfocado de un modo serio y formal, que hábilmente Rucker camufla con sus personajes extremos, que se pasan colocados y con ganas de echar un polvo la mitad de la aventura, y sus situaciones políticamente incorrectas que generan a su paso por cualquier parte. Convierte lo que podría haber sido una chapa moral y un compendio de divagaciones humanísticas soporíferas, dirigidas por Sánchez Dragó, en un circo salvado por la inaceptable actitud de eruditos borrachos al estilo Fernando Arrabal. Y creo que esa, es la mayor grandeza de Software.

Solo añadiré, qué pena por no poder tener el resto de la tetralogía encuadernada en español, por que aunque al principio me cayeron mal, ahora hecho de menos a sus personajes.