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jueves, 10 de diciembre de 2020

1984 EL AÑO DE LA DISTOPIA

 

EL GRAN HERMANO NOS VIGILA

 

Bienvenidos una vez más ciborgs, robots, mutantes, mutantas, aliens, y demás baja estofa y lumpen interplanetario e intervirtual que os reunís en mi  nodo por sorpresa y con alevosía, para masonear, difamar y supurar en torno a cuantas obras de ciencia ficción multi soporte y formato caigan en nuestras manos, o más bien en las mías que soy el panoli que invierte su tiempo libre en escribir éste blog infame, carente de rigor ni criterio (guiño, guiño a la A.C.H.U.S. si algún día se dejan caer por aquí, que sepan que serán bien recibidos, tengo ganchitos, refresco hiperazucarado y no les pasaré el antivirus neuroletal), ni ética, ni popularidad, ni nada de nada, pero que a mi para disgusto de puristas, oráculos y empollones, me sigue gustando escribir, porque bueno, me gusta escribir, y así no pierdo la práctica. Me gusta comunicar, aunque a veces hecho de menos no tener un interlocutor directo, claro, pero quien sabe, estoy barajando pasarme al podcasting, pero bueno, como diría El Nota del Gran Lebowsky “Más complicaciones”, y si a eso le sumamos mi cinturón negro en procrastinación, y mi superávit de hobbies… No hago más que liarme la manta a la cabeza.

Pero a llorar a la llorería, aquí estoy, una vez más, quién lo hubiese apostado, y hoy vamos a recuperar la literatura como hilo y vamos a charlotear informalmente, como siempre, pero con amor y pasión, sobre una obra que éste 2020 ha estado, y estará muy vigente, por los componentes políticos y conspiranoicos que predijo a mediados del siglo pasado, y es que, bajo mi humilde opinión de ignorante observador, no hemos cambiado tanto desde el final de la segunda gran guerra, y aunque parece precisamente distopía o ciencia ficción, si hago el esfuerzo de echar la mirada hacia atrás sin esforzarme mucho, recuerdo la caída del muro de Berlín, la independencia de Hong Kong, y otras consecuencias del mapeado post guerra fría, que yo diría que no más que haber terminado, sencillamente podríamos llamarla, la guerra templada, porque no ha dejado de estar vigente desde que empezó, y seguimos pendientes de soluciones en Palestina, en Los Balcanes, y en prácticamente toda la Africa post colonial, y así sucesivamente sin ser yo un entendido de nada ni pretenderlo, pero es que hasta los tontos, si prestamos un mínimo de atención, logramos sacar conclusiones de nuestro entorno, más o menos acertadas, y ya si nos da por documentarnos debidamente, pues podríamos hasta dar nuestras opiniones en voz alta, pero yo no me atrevo aún, porque no me gusta decir gilipolleces, aunque como todo semi humano, a veces, lo hago, pero siempre tiene uno la oportunidad de repensar, investigar, y retractarse o reafirmarse incluso.

Bueno, que para hablar con propiedad de algo hay que tener la info, que aquí todo el mundo opinamos muchas veces pero no tenemos ni puta idea, y a mi me pasa también, sí, pero al menos soy consciente y activo el firewall en medida de lo posible. Pero de eso va mucho también nuestra obra de hoy, de formar opiniones, porque al final, muchas veces opinamos a raíz de lo que nos cuentan, por ejemplo, políticos, medios de comunicación, conocidos y o familiares, y al final, si no contrastamos nada, igual le damos veracidad, porque ¿Qué necesidad de mentir tendrían todas estas personas que me están contando esto o aquello? Si no tengo datos para desmentirlo o rebatirlo, no estoy en posición de ninguna verdad, y entonces, acepto como verdad, la única info que recibo.

Esto dicho así, de andar por casa, porque para tesis doctorales y demás ejercicios intensivos al respecto, la red nos ofrece todo lo que deseemos conocer, pero preferimos el porno y el Candy crush, somos semi humanos, es así. Pero realmente, podríamos leer a Kant por ejemplo, para profundizar en la verdad, podríamos leer a cerca del Intituto Tavistock, para comprender la ingeniería social, podríamos… Pero nos conformamos con 1984.

Así que en un escenario que podríamos bautizar como El telón de cromo, ya que el acero tiene poco glamour distópico, la sociedad occidental sigue sumida en las mismas mierdas caducadas y retrogradas de la izquierda y la derecha, dejando en ridículo a todo aquél que se autodenomine centrista, porque siempre tiende a oscilar hacia uno de los otros dos lados o sencillamente el populacho no queremos medias tintas. Y dale vuelta al torno perico con las viejas etiquetas, los rancios abolengos, los rojos y los azules, encabestrándonos en un antiprogreso que a alguien debe favorecer, pero nunca al proletariado, ni siquiera al burgués de turno engañado en su trono de cartón piedra que como tiene su pan acepta que le llamen tonto, y yo que se quien será el verdadero señor del puro, ¿Los Bildelberg? ¿Los masones? ¿Arasaka y las grandes megacorporaciones? ¡¿Quién?! El Gran Hermano (risa malvada grave y prolongada).

Y no avanzamos, corremos en la rueda de hámster sosteniendo las mismas astas de bandera roída y descolorida, y si no lo haces, eres un apóstata social, un facha, un bolivariano, o peor…eres un librepensador o un miembro de la cínica tribu milenaria, y en verdad seguimos y seguimos creando categorías y subcategorías con las que camuflar el sentido común, y afloran aún de forma absolutamente incomprensible para mi cerebro chippeado, racismos, machismos, antisemitismos, homofobias, y odios irracionales para todos los gustos y colores sustentados por consignas políticas extintas, por proclamas fósiles. Y yo, demócrata convencido, de tinte socialista aunque a veces peco de capitalista, antisionista, antitotalitarista, llámenme burlonamente progresista si gustan con total libertad y sentido del humor, pues lo entenderé ya que me considero especialmente empático respecto a quienes se proclaman “liberales” , pero nunca frente a los cabestros y bueyes (con perdón a tan noble bestia de carga) que defienden todos esos odios tan asquerosos enumerados antes que desearía no tener que repetir jamás. Me siento un poco solo, saturado ante la decadencia y el surrealismo social reinante, porque no logro asimilar que haya cerebros orgánicos capaces de cometer y defender semejantes atentados hacia la humanidad y padezco el miedo o la preocupación de ser consciente de que conviven conmigo, los tengo a mi lado, muy cerca, y son una bomba de relojería a punto de estallar, o de sacar un  arma y al grito de viva cristo rey pegarme un tiro por la espalda al grito de rojo, judío o maricón (indistintamente de que lo fuese o no, ¿que más daría una vez apretado el gatillo?) como hace apenas 45 años aún pasaba en nuestras calles. ¿Cuántos millones quieren fusilar una panda de vejestorios que han formado parte de los cuerpos de defensa nacionales? Y eso que aquí no hay segunda enmienda, te cagas. Y yo pensando en que hay que promover el pensamiento global de humanidad y olvidarnos de los nacionalismos porque si no, a largo plazo, vamos a tirarnos al vacío como Lemmings. En fin, ¿qué sabré yo? Odia el juego pero no al jugador.

En verdad, como si de una campaña publicitaria se tratase, va a haber que defender el eslogan de que cada uno somos “algo más” que una cosa u otra visto lo visto, pero lo que nos falta es cemento de unión, nos falta ese puntito sardónicamente cristiano de amar al prójimo, o lo que llamaríamos actualmente los charlatanes pseudocientíficos, asertividad.

 

Y tal como decía al principio de mi reflexión, no, no hemos cambiado prácticamente nada, y no se si cambiaremos alguna vez, y hablo en plural de la primera persona, porque sería demasiado soberbio por mi parte excluirme del grupo humano occidental al que pertenezco por defecto, pese a ser consciente de nuestros defectos, ya que ejercitando la empatía de nuevo como presumía antes, tal vez, aquellos individuos que se mantengan en un eje radicalmente opuesto a lo expuesto piensen lo mismo de mi, y llegados a éste punto, podríamos leer en la red algo de Karl Popper también, pero eso es más aburrido que 1984. Y dicho todo esto, es imposible no tenerle miedo al futuro, porque estamos en manos de psicópatas, y convivimos con asesinos hambrientos. Es desalentador, pesimista, negativo, pero es una realidad, y el mundo, o mejor dicho la humanidad, seguimos funcionando como un virus, dejando al famoso COVID a la altura de cualquier santo católico apostólico románico. Y eso, sin enterarnos muy bien de que estará pasando en el resto del mundo, en países que nuestros pequeños no estudian aún en la ESO, y gobiernos demenciales cuyo líder podría ser un villano de la Marvel sentado en su castillo desayunando fetos humanos, porque muchos documentales vemos de Hitler, Mussolini, Stalin, Maho pero pocos de Duterte, o de señores de la guerra africanos mientras los medios nos bombardean con peleles como Bolsonaro  o Trump y volvemos a lo mismo, 1984, nos informan de lo que quieren que sepamos, pero George Orwell no imaginaba que hoy en día tendríamos internet, que podría ser la herramienta clave para eliminar el desconocimiento, pero creo que es incluso innecesario bloquearlo como hace el gobierno Chino, la red ya tiene suficientes laberintos de contrainformación, bulos, y demás trampas del conocimiento que nos harán crear opiniones deformes y monstruosas, auténticos ghoules intelectuales, que nos dejarán en el mismo punto de ignorancia y estupidez, como si internet no existiese. Menos mal que hay porno y póker online, ¿no? Yo que se, solo se que no se nada.

Parece esto un ensayo sobre la épica lucha entre el bien y el mal, el ying y el yang y demás magufadas erótico filosóficas.

Vamos allá con lo nuestro.




GEORGE ORWELL

Después de semejante chapa introductoria que podrá generaros sarpullidos y erupciones a todos aquellos y aquellas que discrepéis, os pediré, igual que hago yo, que empaticéis conmigo, y no me toméis demasiado en serio. Seguro que muchos y muchas tenéis opiniones contrarias, parecidas pero con matices, primas, hermanas o sobrinas, pero iguales lo que se dice iguales, ya será difícil, teniendo en cuenta además que no he expresado todo lo que llevo dentro, porque tampoco es mi intención adoctrinar a nadie ni vender ninguna moto, sencillamente, es lo que yo percibo, y seguro que mañana será otra cosa, porque el mayor valor del humano, es precisamente, que es mutante por naturaleza, cambiante, evolutivo o involutivo, pero cambiante. Según los estímulos recibidos, mutaré. Y ya sabéis lo que opino de las opiniones, valga la redundancia, y es que no son tan trascendentales hasta que lso datos objetivos demuestren lo contrario, y volvemos a darle vuelta a la ruleta del significado de la verdad.

Vamos a por la ya típica intro del autor, porque si me leéis habitualmente, sabréis que soy de los que sacan mayor jugo a la obra, si se algo del autor, si logro entenderle un poquito al menos, y Eric Arthur Blair, verdadero nombre de George Orwell (pseudónimo seleccionado con gran tiento britanófilo para firmar obras que creía avergonzarían a su familia) fue un señor de familia bien, o muy bien sinceramente, que estudió en colegios anglicanos de bien, con buenas notas, y que de ahí en adelante, se torció un poquito podríamos decir en broma. Porque podría ponerme en plan copy+paste para presentaros al autor, pero para eso ya tenéis la red, recordadlo.

Orwell se alistó al cuerpo de policía del cuerpo colonial del imperio británico en Birmania, colonia de la que era natural su madre, y allí comenzó a gestar su odio personal hacia el imperialismo británico y a tener conciencia de clases, haciendo ya sus primeros pinitos novelísticos al respecto.

Tras esa etapa de desencanto con el orden y la ley, muta a bohemio y ejerce de librero y de educador, y continúa sus pinitos como escritor, especialmente influenciado por Jack London.

Y entonces llega el momento más importante de su vida, la guerra civil española, antesala del desastre europeo en ciernes que fue la segunda guerra mundial, y se alista al POUM (partido de índole stalinista) bajo la famosa frase

alguien tiene que asesinar fascistas

 

Curioso que actualmente los partidos democráticos de extrema derecha utilicen su obra 1984 como punta de lanza a la hora de hacer oposición en el ojo del huracán COVID, la absurdez contemporánea es un tsunami de ignorancia descontrolada, menuda época para vivir, todo vale. Orwel debe estar descojonándose en su tumba.

El caso es que en la contienda patria, entendió que ningún bando totalitario era una solución, ni el comunismo, ni el fascismo, ni ningún derivado posible que no sea democracia. Y fue testigo de primera mano del adoctrinamiento, la contrainformación, el panfletismo, y el uso de las noticias como un arma más con el que conseguir el apoyo civil y de otras naciones.

Herido por arma de fuego en combate, y aquejado de una rampante tuberculosis, terminó sus días como periodista de medios liberales de tendencia izquierdista inglesa, vigilado con lupa por los servicios de inteligencia británicos, y con sus dos novelas cumbre, absolutamente inspiradas en su desencanto político a nivel europeo que nos avisaría de los problemas de no percatarnos de los objetivos de los líderes, Rebelión en la granja y la que nos atañe hoy, 1984.




LA DISTOPIA POR EXCELENCIA

Tras repasar a velocidad luz su obra y milagros, con luces y sombras que darían para mucho más, vamos a cortar la carnaza.

1984 Se edita al fallecer George, y nos traslada a un nuevo país, resultado de futuros conflictos bélicos y geopolíticos, que podría ser la nueva Gran Bretaña, en la que se ha instaurado un modelo de gobierno totalitario, autárquico, completamente vigilado por los ministerios y herramientas del partido para lograr la lealtad absoluta, el patriotismo forzado, y a grandes rasgos, la alienación del ciudadano.

El partido Ingsoc y su líder, El Gran Hermano, velan por la prosperidad y seguridad de los buenos ciudadanos.

Su futuro cercano, es sin duda, junto con Mundo Feliz y Fahrenheit 451, el gérmen de toda distopía actual y moderna, muy en boga últimamente, de la que beben prácticamente todos los taquillazos y best sellers del palo como Los juegos del hambre, Divergente, La Isla, El corredor del laberinto,  y clásicos incunables como La fuga de Logan, Brazil,  e incluso algunas obras de menor repercusión ya diseccionadas en este blog como Bionico. Aunque si buscamos si fue primero el huevo o la gallina, nunca llegaríamos al fin de la madeja, porque ahí está Metropolis también.

Todas las posteriores se cimientan sobre las bases de estas obras clásicas. Se repetirán hasta la saciedad con mayor o menor acierto los gobiernos autoritarios basados en la mentira y la desinformación, la lucha de clases, los atentados de falsa bandera; la alienación del individuo y su anulación para incluirlo en un sistema comunitario bien controlado, dócil, y eficiente, lo que incluye la anulación de sus emociones, sus principios, y cualquier rastro de un pasado que pueda poner en duda la gloria de la causa patria en pos del bien supremo de la nación.

Y no solo esas obras, si no que 1984 tuvo sus propias adaptaciones al cine, y televisión, destacando la dirigida por Michael Radford, o eso tengo entendido, no la he visto aún.

Por lo que tenemos patriotismo exhacervado, manipulación de la verdad, adoctrinamiento casi religioso o fanatismo, y un único objetivo nacional bélico de derrotar al enemigo (en muchas ocasiones como en ésta, invisible) como combustible de una sociedad futura basada en la productividad industrial de autoabastecimiento, el nacionalismo, el cierre de fronteras y la xenofobia.

Rectas instituciones velan por la integridad del ciudadano, tanto de carácter didáctico o escolar, sin ánimo de lucro, como las policiales y legislativas, para que se cumplan los modelos de vida estandarizados y saludables que no afecten a las bases de una recta y próspera sociedad. Por supuesto, cualquier conducta impropia, no considerada ética, ni mucho menos ilegal, es consentida, y los castigos son despiadados, y los procesos de reeducación e inserción a la sociedad también, poco menos que un lavado de cerebro pauloviano.

                                               

Osea, es fantástico, es como vivir en un gulag. Qué alegría.

Pero la naturaleza humana es la que es, y la curiosidad mató al gato. Y aquí entra Winston, el prota, un currito fracasado que como era de esperar y sin hacer spoilers, se hace demasiadas preguntas, hasta el punto de obsesionarse.

Tras la reflexión “introductoria”, creo que lo que hay en 1984 es obvio, pero recalcaría algunos aspectos.

El primero, la brillante idea de que destruir el pasado, o cambiarlo, convence a los que viven el presente de su verdad, y esto se está llevando a la práctica hoy día en prácticamente cualquier movimiento independentista o nacionalista.

Lo segundo, la importancia magistral que Orwell da al idioma, y la forma de comunicarse. Cuanto más sistemático es un lenguaje, menos oportunidades de expresar sentimientos tiene, y si además, modificamos el lenguaje para evitar expresiones o formas de comunicación que puedan herir al régimen, mejor. Brillante, muy genialmente hilado, ya que, el lenguaje, es lo que teje nuestro entendimiento de la realidad. Si vivimos en una sociedad en la que, ejemplo, guiño, guiño, la palabra “corona virus” no existe (o se prohíbe bajo pena capital), pues no tendremos ni un solo caso diagnosticado pro médicos en esa nación, ¿eh Turkmenistán? Orwell estaría orgulloso de vosotros.

Lo tercero, el punto más sorprendente y terrorífico que encontré en la lectura, aviso, mini spoiler, pero muy mini. La sorprendente posibilidad, de que un individuo, en creencia de poseer la verdad absoluta, sea capaz de ofrecerse a los actos más terribles, crueles e inimaginables, para de una forma tan maquiavélica de justificar los medios, se convierta, pese a negarlo, en lo mismo que su enemigo. Los inocentes, están a merced de los fanáticos, y el líder lo sabe, El Gran hermano lo sabe. Ese momento de la lectura, me dejó frío ante una verdad tan terrible y despiadada, que sencillamente, atestigua que convivimos con asesinos en potencia si les das la excusa adecuada.

Por último, y cuarto, cómo el sexo procede como vía de escape y terapia puramente fisiológica frente a la alienación humana, y no quiero haceros spoiler, pero claro, ésta novela tiene su puntito de romance también, como todas sus hijas e hijos contemporáneos, si es que está todo inventado. Pero la importancia del sexo como rompehielos en la anodina rutina proletaria de nuestros protagonistas, es la chispa y la causa de una serie de sucesos que no voy a adelantar.

Con todos estos temas de siempre candente actualidad, hemos hecho un mapeado de 1984 que debe servir como cebo a quien aún no lo haya leído, y que tal vez haya aburrido al que se lo sepa de memoria, pero por eso mismo, no he querido hacer una sinópsis tradicional, y me he permitido divagar sobre su naturaleza de una forma más personal y abstracta.



Como he dicho ya en otras ocasiones, un revolucionario sólo es un nuevo tirano en potencia. Bienvenidos a 202…  digo… 1984.

 

 

lunes, 2 de noviembre de 2020

EL REINO DE LA NOCHE, DE WILLIAM H. HODGSON

HALLOWEEN CIBERNETICO, PESADILLAS DE TUNGSTENO


Dije que volvería por Halloween, y así ha de ser, sin excusas, sin lamentaciones ni buuuh buhh de por qué he estado hibernando 3 meses en una cápsula especial, regreso engrasado y defragmentado, con un parche de actualización, nuevas baterías nucleares, y un antivirus de pago mensual en criptomoneda que me proteja del malware comercial y la procrastinación.

Tungsteno dreams entre en su tercer año y el wolframio debe fluir, es una orden.


Los críos del vecindario vienen a pedirme chucherias y yo les entrego pequeñas piezas de mineral, alguno perdió un diente al llevárselo a la boca, pero jamás olvidarán el sabor a galaxia lejana, ni el terror del futuro cercano carente de esperanza social. Sonríen mellados cuando entienden que ya saben a qué sabe el futuro.


Como si de una premonición se tratase, durante éstos extraños días que nos envuelven desde una primavera perdida que se ha eternizado como por culpa del calentamiento global, realicé un pequeño experimento de ocio social en mi amado Logroño, con los más pequeños de la familia, empleando la tecnología. Y nos animamos a llevar a cabo una yimcana disfrazada de escape room urbano, que indistintamente del nombre que le pongamos, fue una magnífica actividad familiar. Pero entonces, una de las pistas del juego, nos llevó a una pequeña calle de Logroño, del casco viejo, en frente del frontón de una iglesia bien conocida por todos sus foráneos, con una información que yo desconocía, una información tan real y técnica que no se como la había pasado pro alto en el pequeó universo de cuerdas que es la vida de cada uno de nosotros, enclenques sacos de hueso y carne con un software de obsolescencia programada por el gran programados, llámalo Dios, llámalo alien, llámalo I.A. Maestra; Un dato que había tenido delante de mis circuitos tantos años y que mi estupidez esnobista me había impedido constatar, que me pareció una señal, un error en la Matríz, un anuncio de Ubik. Yo, que hace 3 años decidí nombrar a éste mínimo y raquítico espacio del ciberverso que a nadie le iportaría un comino, Sueños de Tungsteno, y resulta que allí, en varias placas de una vieja casa, en una vieja pared, sin que nadie le hiciese caso, colgaban varias placas conmemorativas a los hermanos Delhuyar, Fausto y Juan José, descubridores del mal llamado Wolframio, que en realidad debe ser reconocido como Tungsteno. Que en 1783 descubrieron el elemento de la tabla periódica del que están hechos nuestros sueños.

Y entonces leí el código fuente, y las cuerdas que me unen al universo se tensaron en miles de millones de átomos chocando y produciendo energía, y supe que era el momento de regresar.


Y qué mejor mes que Octubre, mes de Halloween, del Shamaín, que tanto me gustó redactar el año pasado. El tercer año de Tungsteno Dreams debía empezar ya con varias entradas que unan el terror y el futuro.

Así que he enchufado mi Spectrum ZX Sinclair para contactar con lso espectros del ciber espacioe invocarlos a través del sonido de carga de la cassette, donde puedo oir sus lamentos, sus quejas, y sus remordimientos amenazantes. Tecleo Death "" y doy el salto.




Y precisamente es un salto lo que damos hoy en la pesadilla de Tungsteno, porque nos vamos a finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte, y contactamos con el atormentado fantasma de William Hope Hodgson, que gime de dolor en mi pantalla, en enormes sprites que arrastran flash en 5 colores, con un uniforme de guerra, en una trinchera.


Es un hombre fuerte que ha trabajado su cuerpo y se ha esmerado en esculpir su musculatura, atractivo, joven e intelectual. Sin duda una gran pérdida .

Me cuenta que nació en Essex, hijo de un reverendo anglicano, y que durante su infancia vió nacer a 9 hermanos más, y también vio morir a 3, de un total de 12 que formaron la familia.

No tuvo un hogar fijo, ya que su padre viajaba de parroquia en parroquia por la geografía británica, propagando la palabra salvadora del señor.

Me cuenta, con lentitud y la voz de 8 bits, que dejó los estudios para enrolarse a pequeñas embarcaciones marineras, y que el amor y el terror que la mar le infundaron desde su adolescencia quedaron para siempre grabados en su interior más profundo de su cerebro reptiliano.

Tras el fallecimiento temprano de su papá por cáncer, la familia quedó a dispensas de la caridad en una miserable situación de necesidad.

William huyó desesperadamente de aquello, a la mar, pasando de la sartén al cazo, ya que aquella vida no era mejor que la que su familia pudiera darle en tierra firme. A bordo de diferentes navíos sufrió el maltrato de marineros veteranos, se encargó de las peores tareas, pero nunca quebró su espiritu, y en sus ratos libres ejercitó su culto al cuerpo mediante el ejercicio físico, y una afición emprendedora y artística como la fotografía, que centró en inmortalizar la crueldad del mar, las tormentas, el oleaje, tifones, marineros enfermos y gusanos en el pescado muerto, auténticas estampas de pesadilla marina, naturalismo brutal, bodegones de muerte y miedo que a veces, como si el precursor de la novela gráfica fuese, acompañaba con poesía o breves relatos que deisen vida a la captura.

Y nada de aquello consiguió doblegar su alma cristiana y paciente de santurrón, dando siempre un ejemplar modelo de comportamiento, de caballero y héroe que tal vez absorbiese de los sermones de su difunto padre, obteniendo la medalla al heroísmo de la Royal Humane Society tras el arriesgado rescate de un marinero caído por la borda en aguas infestadas de tiburones de Nueva Zelanda.


Continúo su extraordinaria vida dedicándose al ejercicio físico, terminando por ser un reconocido y polémico culturista cuyos ejercicios y tablas físicas escandalizaron a la opinión pública en más de una ocasión y le enfrentaron incluso a una estrella del espectáculo del momento como Houdini.


Y en un absoluto empeño de engarzar el lema del mens sana in corpore sano decidió dedicarse a colaborar en la revista Grand Magazine con pequeños relatos de ficción inspirados por Conan Doyle y Edgard Allan poe.

La diosa de la muerte o El mar de Sargasso fueron algunas de sus primeras novelas que marcaron ya la identidad de un autor que crearía ficciones de terror inspiradas en leyendas paganas de países exóticos y terrores marinos. Un momento, mis bots spider de búsqueda y captura han ejecutado el algoritmo de búsqueda y un pop up holográfico frente a mi ojo izquierdo me está descargando en 9G toda la info disponible de un tal H.P. Lovecraft en el disco líquido. Tal es la importancia de William H.H. Que sin ninguna duda, el de Providence le debe gran parte de su inspiración y su admiración es manifesta.

Y continúo escribiendo, dejando sus títulos más recordados como la casa en el borde, un relato lisérgico que acercaba al lector decinónico a la locura y simulaba una experiencia desorientadora. O 1965, una sátira CI-FI de los horrores de la guerra y sus intereses.

Fuera de la tormenta regresó al terror marino, y los piratas fantasmas siguió por aquellos derroteros marineros.

Creó una serie de relatos cortos al más puro estilo best seller, protagonizados por un detective ocultista llamado Thomas Carnacki.

Y en 1912 publicó la obra que hoy nos va a robar el sueño, El reino de la noche.

Convertido ya en un prolífico escritor, se casó, se mudo a Francia, y comió perdices.




Estalla la primera Guerra Mundial, es llamado a filas en artillería, y todo su sueño terminaría en la cuarta batalla de Ypres, víctima de la munición enemiga.


Pulso el stop del reproductor de mi Spectrum, el ruido de carga cesa, gracias William, descansa en paz, debes saber que tu obra se ha convertido en una pionera del horror cósmico que después popularizó Lovecraft, que tus textos te han otorgado la inmortalidad, que Alfred hitchcock rescató a tu detective carnacki, y que algunos te recordarán como "El padre del tentáculo". Adiós.


TERROR DECIMONÓNICO FUTURISTA


Tras la sesión de ciber espiritísmo confío en que el eco binario de William descanse con calma y sosiego en los nodos libres de spam adecuados.

Estamos ante el pionero del horror cósmico, de un escritor prolífico de todo tipp de aventuras que van desde el western hasta la ciencia ficción, un imaginador nato que acumula en su mochila miles de puntos de experiencia, que son bajo mi estúpido punto de vista, la gasolina del alma el día que todo se termina. Cuando morimos y nuestra carne es pasto de los cuervos, el alma necesita experiencias acumuladas, vivencias, emociones, para emprender su viaje al siguiente reto. Y para eso, no podemos pasar por la vida como un objeto, la vida nos la dan para vivirla. No hace falta que seamos celebridades, ni alcanzar el éxito, porque el fracaso, el dolor, el sufrimiento, el remordimiento, también otorgan experiencia. El hambre, el odio, la tristeza, la pena, todas son gasolina para el alma.

Hay que crear, hay que destruir, hay que pensar, plantearse las cosas, discutir, rebatir, dudar, equivocarse y acertar, dañar y sufrir...

William llevaba el depósito lleno como podemos comprobar tras su invocación, seguro que ha trascendido.


Recuerdo el día que entré a la category killer literaria de aquella brutal mole comercial de periferia, hambriento de un nuevo relato que leer, y vi aquella portada.

Oh cielos, otra vez, ¿cuántas veces me he dejado engañar por la portada? Ni que las hiciese Azpiri (guiño, guiño). Pero aquél tocho tenía una especie de Chtuhlu dibujado, pero el nombre de H.P. No salía en ninguna parte. Lo sostuve, leí la sinópsis de turno ideada por un experto en teletienda, y me lo llevé a caja, donde el dependiente me dijo "Acaba de llegar y le tengo muchas ganas".




El reino de la noche, un libro atípico, con sus luces y sus sombras, a fin de cuentas, un libro de otro siglo.

Comenzaré reconociendo mis limitaciones con Edgard Allan Poe, habiendo leído un par de antologías suyas, mentiría si me declarase fan, y vuelvo a lo mismo, naftalina en el armario, el olor de la casa de la abuela, literatura de otra época que no carente de talento, a mi, no me completa.

La brecha estilística se me hace muy grande, es exactamente lo mismo que el cine en blanco y negro, los ritmos, los planos, la dinámica me impide acomodarme ante el relato. Sí, justo es eso, llego totalmente convencido de disfrutarlo, pero estoy incómodo, en posturas que hace que se me duerman músculos del cerebro que no conocía, a una velocidad de frames en la que un caracol me parece tiempo bala como si fuese Neo, y entonces una mosca, el ruido del aire en mis cañerías o el timbre del vecino me sacan de la ficción.

Y eso me pasó con la mayoría de relatos de Poe e incluso con varios de H.P. Pero trato de quedarme con lo positivo, con el germen de su relato, con la intencionalidad, porque estoy predispuesto a disfrutarlo por alguna de sus esquinas, y a final, el conjunto, como es el caso de H.P. El universo que crea al rededor de dos chuminadas bien planteadas, pesa más en la balanza que sus cadencias aburridas y la petulancia decimonónica, que por aquél entonces, sería la hostia y la moda, pero que en el siglo veintiuno, yo, no lo veo.

Hay algo por lo que nos gusta, eso está claro, no lo estoy desacreditando ni destruyendo, pero está descontextualizado a nuestra actual forma de consumir, y considero que eso es una realidad, y que por tanto, son obras que requieren de un esfuerzo pese a su grandeza, como lo requieren Rinconete y Cortadillo o la obra de Bequer.


No obstante, llegué a casa y comencé a leer aquella engañifa marquetiniana lovecraftiana que después resultó ser la piedra angular de todo lo posterior.


Según los que saben (que no seré yo), la obra se etiqueta bajo el subgénero "tierra moribunda" por algunas características que comentaré en un momentito. Pero a mi, se me hizo más bien una aventura ci-fi de a duro muy larga, con semillas de horror cósmico, un puntito Burroughs, porque como decía antes y no creo equivocarme, la "moda" o la tendencia, los "topics" de la ci-fi de aquél entonces, incluían tierras extrañas y criaturas más extrañas todavía, encuadradas en un marco aventurero.


Comencemos, siglo XVII, la inglaterra con más flema de todas, nuestro joven protagonista burgués se enamora locamente de la doncella más emperifollada de la barriada, lady Mirdath, y comienzan las primeras páginas de la novela en un tono inocentón y goloso de novela romántica, narrándo las prácticas de cortejo más políticamente correctas y peripecias dignas de sainete para conseguir el corazón de la mujer amada que continuamente se hace de rogar.

¿Qué diantres estaba yo leyendo? Mi esperanza se evaporaba mientras leía auténticas pamplinas pegajosas y empalagosas de otra época, con un estilo pseudo poético que los expertos atribuyen, inspirado por John Milton para la ocasión.

El prota, llega a disfrazarse de jovencita, con sus enaguas y su vestido, para poder espiar más de cerca a su amada platónica e inalcanzable. Yo no tenía muy claro a esas alturas por qué la portada traía un primigenio de Hacendado dibujado.


El caso es que a unas cuantas páginas, y sin hacer spoiler, ocurre "el suceso" (no me apetece contároslo porque estaría mal por mi parte, aquí os dejo el cebo) y nuestro protagonista, que estaba sumido en la desesperación y el desamor más profundos, sufre un "salto", "viaje astral", "viaje dimensional", llamadlo X (muy apropiado el recurso, ya que la versión corta de la novela fue titulada El sueño de X), pero el caso es que se planta en una reencarnación consciente de él mismo pero en un futuro muy, muy lejano.


Un futuro en el que la humanidad que ha sobrevivido al ocaso del sol (suceso que se dice tomó de las acertadas teorías científicas de Lord kelvin), viven en una macro ciudad piramidal en medio de un erial donde la noche es permanente a raíz de la muerte del astro que irradiaba calor y vida a la Tierra en tiempos mejores.

La ciudad, se nutre de una serie de energías "telúricas", lo que provee de energía para la electricidad, el calor y toda necesidad a sus habitantes, y aquí tenemos el primer punto interesante dentro de ésta fantasía desmesurda de ci-fi.

Hodgson se adelantó a su tiempo mediante la ficción, adelantando las posibilidades de energías sostenibles y alternativas.

Esta mega urbe piramidal con una base de 5 millones y pico de millas, que tenía 1320 plantas, y cada planta era una ciudad en sí misma, y cada una se dedicaba a diferentes actividades de substintencia, como la agricultura, la ganadería, la química, la balística, etc...

Es interesante dentro de la descaballeda aventura que iba a vivir el protagonista, el esfuerzo de creación de munbdos de William al detallar la organización de ésta nueva sociedad humana futura en una unica ubicación hipertecnológica y de tan pantagruélicas dimensiones. Algo tan titánico y colosal que podría haber inspirado la mítica R'lye.


Esta magnífica construcción, que también veremos en la obra que disponde de enormes plantas subterráneas a parte de las visibles en el gigantesco poliedro, estaba aislada en medio de un erial oscuro, un yermo, habitado por tribus de sub-humanos y monstruos mutantes, engendros de toda indole, que suponían la mayor amenaza para la supervivencia humana. Pero claro, los humanos de ese tiempo futuro, supieron como crear sus defensas, y gracias a la mística energía que obtenían del interior de la tierra, pudieron establecer un campo de energía defensivo letal para las criaturas hostiles, e incluso unas armas llamadas discos, que son una especie de alabarda metálica, en cuya asta se generaba un disco de ésta energía natural, similar a un plasma o un laser, capaz de cercenar cualquier hueso y cortar en rebanadas cualquier metal.

Aludiendo un leve mensaje ecológico, la invención de éstos discos incluye la característica de que cuando su portador fallece en combate, la energia de su alma, y la del disco, son absorvidas por la tierra de nuevo, pasando a formar parte de el ciclo ecológico natural en el que el hombre toma la energía para su uso pero después la devuelve.


Sin embargo, hay algo peor que las bestias del yermo, algo mucho mas temible, algo que ya convierte el mundo imaginado por Williams en un innovador relato que germinaría en sus futuros lectores, Los observadores, cuatro seres antiquísimos, tan grandes como montañas, de posible origen alienígena, que ubicados cada uno en un punto cardinal, vigilan la gran pirámide, esperando el momento exacto en el que su energía procedente del interior de la Tierra se desvanezca. Esos cuatro monstruos colosales, son sin ninguna duda, la semilla de los dioses primigenios lovecraftianos, y de ahí venía el ser tentacular de la portada.




Nuestro burgués protagonista, teletransportado a éste futuro decadente y peligroso, sufrirá, una vez aclimatado a su nueva vida reencarnada, una llamada de auxilio telepática, y es que la telepatía será una de las principales nuevas características de la humanidad evolucionada en éste lejanísimo futuro sin esperanza. La llamada de auxilio proviene de otra mega ciudad lejana, otra pirámide, más lejana, construida hace eones por una expedición de colonos que partió de su misma mega ciudad. Y esa llamada despierta en su interior las emociones más intensas que hubiese sentido en otra vida, y es que no será otra la llamada de auxilio, que la de su amor, también reencarnado, pidiendo socorro, un a necesitada petición de ayuda de vida o muerte, y aquí comienza la heróica aventura que el libro plantea en realidad más allá de los contados factores de interés ficcionado de la novela, de los que cabe destacar también algunos portentos de la química alimenticia imaginados por Hogdson como las tabletas nutritivas instantáneas, que en realidad, se acercan a los alimentos deshidratados actuales y los complementos energéticos.


Se preparará una expedición de valientes que acompañen al caballeresco príncipe azul por el yermo, y es que de aquí en adelante la novela es una epopeya clásica de romántica aventura que no se salta ni una sola característica del pastiche. Nuestro héroe recorrerá (y me imagino el típico mapa de película en el que vamos trazando una línea que cruza territorios cartografiados con todo detalle) la carretera de los silenciosos, la montaña de la voz, el palacio oscuro y otros lugares de alto abolengo dignos de aventura artúrica, tan, tan del romanticismo post gótico, tan de gran aventura isabelina, tan.. de a duro!.

Y por supuesto se enfrentará a horribles sub humanos simiescos, a artrópodos insectoides de tamaño descomunal, cruzará ríos de lava, cavernas sin fondo, pozos de oscuridad infinita, pantanos de vapores ediondos, y mientras yo leía semejante topicazo, le cogí el gustillo imaginándolo todo como uan de aquellas maravillosas películas de mi infancia en la que el stop motion de Ray Harryhausen me tenía pegado a la pantalla. Y sí, ciertamente éste recurso imaginativo me funcionó, porque desde que lo puse en práctica, empaticé con la época del autor, el momento en el que se escribió, y que algo así, igual que en el cine de aventuras de los 60 y 70 fue necesario, también debió serlo previamente en la literatura de ciencia ficción de principios del siglo pasado para llegar a donde estamos hoy, y me pareció bello, entrañable y puerilmente divertido.


El rescate de la amada indefensa en un mundo cruel lleno de criaturas peludas de varios miembros terminados en protuberancias tentaculares, garras, y cualquier otro apéndice hiriente, tan casposo como achuchable.


Así que amigos del Tungsteno, si buscáis algo lovecraftiano, o buena ciencia ficción "actual" (incluyo desde los 80 que es donde comienza mi nucleo duro cyberpunk), ésta no es vuestra novela, pero si queréis conocer de primera mano la obra que plantó muchas de las semillas de un género tan popular como el horror cósmico, y uno de los acercamientos más precoces de la ciencia ficción y el terror, aunque está mucho más hermanado con John Carter de la Tierra, quien posiblemente, también le deba mucho, o no, ¿quién lo sabe? debéis darle una oportunidad.

 Yo no se nada, solo se que estoy terminándome una Aventinus de 8,5% muy rica que antes de la comida ya me está dejando algo nockeado, que tal vez encontréis fallos de escritura y aprovecharé la coyuntura para echarle la culpa a la cerveza, y que éste mes de Noviembre voy a proseguir con el ejercicio de subir entradas que mezclen la ciencia ficción y el terror en celebración del Halloween más raro de nuestra historia.

Quedaros en casa en medida de lo posible, no salgáis de rave ni esas mierdas, ni participéis en absurdas revueltas populares carentes de ideologia con el vandalismo como único objetivo, coged un buen videojuego, película, cómic o novela de ciencia ficción, y disfrutad seguros.

Corto y cambio, hasta dentro de unos días, palabra.

¡He vuelto!

jueves, 6 de agosto de 2020

EL CYBERPUNK POR RODOLFO MARTINEZ


RODOLFO MARTINEZ

Calor, mucho calor. ¿Alguien se acuerda de la capa de ozono? Los profesores virtuales en sus clases no presenciales de historia, y nadie más. Y así nos va, hemos evolucionado como especie (por que decir como sociedad es muy arriesgado) destrozando y olvidando lo destrozado. Pero siempre hay beneficiados, como Kimicare, que lleva 10 años siendo líder indiscutible de producción y distribución de protectores solares factor 85 y complementos alimenticios sustitutivos.


He pasado el mes de Julio en el norte de la Insula Ibérica, cerca de la costa, huyendo del viento cálido que derrite Ciudad Capital, pero aquí estoy de nuevo, la Biogranja Factoría de procesado de permisos genéticos no descansa, y he tenido que regrsar a la periferia a canjear mis servicios cualificados estándar clase C por créditos para sobrevivir. Tengo que cambiarme un fusible y un par de nano turbinas de vez en cuando, y darme sesiones extras de lubricado, pero estoy de vuelta en el ciber espacio malditos choomers.


Durante esos fantásticos días de reposo, he vuelto a leer, bastante, y he retomado energía con mis nanositos fotovoltaicos celulares, energía que había mermado mucho desde el comienzo de la megaplaga, tiempo en el que pese a haber estado encerrado en el apartamento de sintepladur más tiempo de la cuenta, ni leí, ni visioné ni nada. Tuve el sistema defragmentando y buggeado.

Pero ya es la hora, y en Agosto el tungsteno debe fluir.


Vamos a dejarnos ya de payasadas y centrémonos. Hace ya unos años leí un libro cyberpunk editado por Gigamesh, y éste verano otro de Miraguano, y entonces, poco a poco, me sumerjo con fascinación en el universo personal del autor, Rodolfo Martínez.


De Rudy (como Rucker pero en versión asturiana y por ende de pronunciación fluida) pocos datos a nivel “bookstar” pude encontrar por la red a parte de su parca ficha de datos globales públicos de Wiki Watch, una buena entrevista en otros blog de literatura y ciencia ficción, y reseñas y sites de venta de sus obras. Tal vez por que no es un rock n rolla de los best sellers, y porque sus preferencias creativas no van a la onda mainstream, o yo que se por qué, si solo soy un cyborg barato con un sistema operativo pirata sin actualizar y piezas de importación asiática con aspiraciones ninjas justicieras. Yo que se.



Lo que sí se es que lo poco que llevo leído de su obra, me gusta, mucho. Y a los señoros y ñoras de los Ignotus también, porque se ha llevado algunos cuantos, y no sólo a los de la alta ceremonia literaria del sector, si no a otras cuantas entidades facilitadoras de premios, trofeos y diplomas. Y a nadie le amarga un dulce. Pinta bien, parece que compartimos criterio.


Rodolfo se ha dedicado a escribir fantasía y ficción, aparentemente por lo que llego a descubrir, desde su adolescencia, con especial gusto por la ciencia ficción, pero por lo poco que me parece discernir de el autor (sabéis que soy de los que le gusta vincular el autor a la obra haciendo un pack de comprensión avanzada) lo que le va no es un “ámbito” en el que ubicar sus historias, si no un “modo”, es decir, lo mismo me da que me da lo mismo que Rodolfo nos traslade al año 2345 que al 1938, a un universo ficticio, una línea temporal imaginaria, o una época registrada en los libros de historia, lo que va a hacer es movernos a través de una historia mediante el thriller o el noir y le veo una vena muy detectivesca que pese a que haya contrastado con su bibliografía y la pasión por Sherlock Holmes, se mastica en sus obras cyberpunk, que ni si quiera entrarían dentro de los canones gibsonianos del circulo ochentero original, pero que le jodan a los cánones, las reglas están para romperlas, y eso sí que es punk.


El autor es un imaginador como diría mi socio Alexander Sad Pimp de la División Fuzz, un visionario de la ficción neuronal, mucho más cálida que la realidad virtual, un artesano de la ensoñación, y eso es lo que me divierte.

¿Le estoy haciendo mucho la pelota? Qué putada, pero es que es lo que percibo con los dos libros que me he leído y todo lo que veo de él. Es el Dios de un universo propio que atiende y alimenta, sin dejarlo morir, un Dios cuidadoso y clemente con sus creaciones, que igual se mete en un ciclo de novelas no canónicas de Sherlock Holmes que reimagina una evolución humana desde finales del S XX hacia el futuro a largo plazo, abarcando una línea temporal de siglos, como si fuese Herbert, en la que las historias que nos narra no son consecutivas, pero suceden en el mismo marco, en su universo, Drimar, aunque no nos diésemos cuenta. Y él, riega Drimar, como Asimov regó su universo desde los robots a la fundación, cubriendo grietas siempre en el mismo color de la pared en la que vemos la historia. Y ese trabajo yo siempre lo agradezco. Enriquece, fideliza y te hace crear suposiciones y jugar a inmiscuirte en sus próximos sucesos o tejer lazos de relación y puntos que ni el propio autor ha puesto a mi alcance, o que precisamente, son cebos para alimentar mi software imaginativo. Así que estamos frente a un pequeño Miller o un pequeño Ridley Scott patrio, tentándonos a divagar y cuñadear en respecto a un universo del que sólo él es propietario y sobre el que sólo él tiene permiso de edición como administrador, pero del que al leer, nos sentimos parte, y obviamos el cartel de “no tocar” y el de “no alimente a los personajes” y todas las señales en rojo a su alrededor.


Y son sus vicios, sus fetiches, lo que nos hace sentirnos cómodos con él, y creernos que estamos entendiendo parte del mensaje cifrado que ha encriptado en su obra, nunca del todo, pero con algún acierto prestado a Lewis Carroll y a Conan Doyle y a Robert E. Howard, y te da la sensación, aunque sea ficticia, de que compartes con él todo eso, que te ha llegado su mensaje en la botella, y que cada página que paso de su obra a la sombra de un árbol clónico en el boulevard de Ciudad Capital le llega un pop up a su neuro red y entonces la comunicación entre autor y lector ha sido exitosa y se han completado todos los envíos de paquetes que había en cola.


Y para más, podéis encontrarle por twitter y en su blog escrito en el agua.


LA SONRISA DEL GATO


Y vamos con la lectura más reciente, pero no la más moderna, ganadora del ignotus del 96, hace ya unos lustros y sigue tan fluorescente como el primer día. Aún huele a radiación. Me encanta.


La sonrisa del gato nos lleva a La peonza, una estación orbital que parece ser “tierra neutral” para las grandes facciones políticas enfrentadas de la Tierra y el Sistema Solar colonizado en un futuro no muy lejano, más cyberpunk de segunda generación que space ópera con su pompa y neo feudalismo. Una ciudad ingrávida en el espacio que es la “Andorra” del sector, una ciber Sodoma tanto para el civil como para el inversor, un ecosistema perfecto para la conspiración corporativa y gubernamental, el espionaje, el libertinaje y la vida pirata y todo lo que se te ocurriría hacer si mañana en aguas internacionales saliese a flote una prolífica ciudad de las oportunidades sin restricciones éticas ni jurisdiccionales de tu país de residencia.


Y allí, destapando algunas de las filias recurrentes de Rodolfo, tenemos a Chandler y sus irregulares de Baker Street, un local de inspiración neo victoriana regentado por un traficante de información y su pequeña legión de fisgones entre los que destacar a Dedos y a Memo, muchachos a los que cogeremos cariño inevitablemente. Esta entrañable cuadrilla al filo de la ley, se encargan de cotillear y mercadear con la información recogida de empresarios, miembros diplomáticos, policía y cualquier otro residente o visitante de La peonza que tenga algo que a un tercero interese conocer a cambio de un buen precio, claro.

El problema de estas actividades, es que siempre acaban por reventarte en la cara, porque tarde o temprano la literatura y el cine nos han enseñado que vas a enterarte de algo que no deberías, te van a pillar, y el efecto dominó de consecuencias te va a obligar a actuar para salvar tu vida.


Así que tenemos una novela detectivesca con disfraz de cyborg, en esa clásica fórmula future noir que tanto funciona desde que estrenaron Blade Runner o desde que Asimov nos presentó a Elijah y Daniel Olivaw. Una nueva forma de resolver misterios de Agatha Christie que cambia la flema británica y burguesa que también padecía las consecuencias más humanas de la envidia y la avaricia, por un entorno tecnológico, generalmente poblado por perfiles bajos de dudosa reputación y moral, que suelen esconder dobles caras o pasados turbulentos a punto de aflorar en algún momento de la historia.

Sí, no es nada nuevo ni traemos la sopa de ajo, pero Rodolfo lo ejecuta tan bien, que no tengo ni una sola pega, ni una... Bueno...mmmmmhhh... ya veremos al final, pero esto es mandanga altamente recomendable choomers. Vais a encontrar todo lo que nos gusta.


Tenemos jerga ingeniosa del futuro cercano como en Neuromante, tenemos chips de personalidad como los de MaridAudrán, tenemos un pequeño nudo de intereses y una bola de secretos que ir desmadejando en sus apenas 200 paginitas que te dejarán con ganas de más, tenemos Inteligencias Artificiales, tenemos redes de Ciber Espacio, tenemos “anti personajes” y ningún héroe de brillante armadura... ¿Qué mas? Lo ha bordado, todo con un estilo dinámico, que pasa de la primera persona a los flash backs narrativos, buenos momentos de acción que en ocasiones hay autores que más que narrarnos nos marean, y un final inesperado.


Antes decía que le buscaría algún pero para no darle la nota perfecta, y tal vez, el final tan inesperado me hace dudar de la coherencia de la trama en un momento dado, pero ¿quién soy yo para decir cómo tiene que acabar? No hay finales malos, hay espectativas mal gestionadas, y ojo que con esto no quiero decir que me decepcionase, no, ni de lejos, pero me dejó con el mismo sabor de boca que El sueño del rey rojo, el sabor de boca de quien se ha perdido algo o quiere darle sentido al país de las maravillas donde todo es lisérgico, porque al otro lado del espejo, todo es al revés. Así que sólo déjate llevar a ese universo de Drimar que Rodolfo no deja de crear, recordar y expandir y del que tendré que seguir consumiendo.


EL SUEÑO DEL REY ROJO


Porque con éste título que tanto en común tiene con el anterior si recordamos Alicia en el país de las maravillas y tratamos de darle un sentido a todo en la distancia del autor, Y viajamos atrás en el tiempo desde La sonrisa del gato, a un futuro cercano, más cercano, sin viajes orbitales, pero con todo el sabor del cyberpunk más clásico, y no se si seguimos en Drimar o no, pero es lo de menos, como si Tyrell y Yutani conviviesen o no en el mismo universo, no estamos hablando de Marvel, así que a la verga joder.


Otras 200 paginitas aproximadamente, que nos dejarán con ganas de más, que sin haber leído el resto de la obra del autor y pecar de cuñado, parece un sucesor espiritual de la anterior novela despellejada aunque les separan 9 años terrestres, por título, por conexiones (y nunca mejor icho porque el ciber espacio es el canal de navegación principal de la trama en ésta novela) y por temática y elementos del género recurrentes.


Caemos de nuevo en una retorcida historia detectivesca de inframundos tecnológicos, en los que un triángulo amoroso mal avenido se verá envuelto en una trama de altas miras corporativas que fluye por la red del ciber espacio como la pólvora.




Para empezar tenemos como protagonista indiscutible a Alex, un cerebrito, un netrunner, hacker, cowboy, llámalo x, que está impedido en una silla de ruedas, confinado en casa, siempre frente a sus monitores, viviendo una vida virtual que le aisla de las relaciones humanas e interpersonales, convirtiéndole en una persona mezquina, huraña y desconfiada.

Alex va en silla de ruedas, y ya es un detalle de los que enriquece el contexto cyberpunk, porque podría tener unas piernas cibernéticas, pero no, no entra en sus planes éticos ni personales, y tenemos un tullido prácticamente superdotado como protagonista, una anacronía viviente, como el protagonista del a película Mute que es un mudo en una era cyberpunk.


Alex, se verá envuelto junto con su amiga Andrea en una intriga que aúna el asesinato y la aparición de un software de inteligencia artificial totalmente innovador y sospechoso. El ama a Andrea, pero no es correspondido, y para colmo, durante el desarrollo de la peligrosa trama de investigación, se suma un tercero en discordia, la IA del difunto ex amante de ella y ex mejor amigo de él, Lurquer, que me imaginé durante todo el libro como un impertinente Max Headroom.


La historia incluye elementos recurrentes del género como “el guía misterioso” , figura de la que he hablado en otras obras durante los casi 2 años que hará pronto el blog, del que se encarga de interpretar una extraña IA de la red conocida como ¿Cuantos ángeles? , un personaje carismático, misterioso y que sin duda sería mi favorito de la historia.

Por su parte, la IA póstuma de Lurquer, representan la siempre presente idea, no obstante interesante y fuente de múltiples debates y especulaciones, de la vida digital más allá de la muerte, de la que yo soy firme detractor en filosofía del género, ya que un backup de una mente humana, no es la continuación duradera de la misma, si no una copia, que podría evolucionar de forma diferente según los patrones de comportamiento configurados. Pero seguimos así añadiendo elementos canónicos, revisados, al cyberpunk, bien calzados por parte del hábil Rodolfo.


Esta historia en concreto, también trata asuntos que no voy a spoilear, que en cierta medida, me hicieron recordar Snowcrash de Stephenson. Y hasta ahí quiero leer para no desvelaros la intriga de ésta laberíntica obra, que precisamente, por lo laberíntico de sus tramas, y mi falta de olfato como sabueso, me cayó en la frente al final de un modo inesperado, más incluso que la sonrisa del gato, y ese es el único punto que me impedirá ponerle el mote del William Gibson Español, pero tal vez, sí el de “el ciber alumno aventajado de Conan Doyle”, aunque ya sabéis, el cyberpunk en estas 2 novelas es sólo un comodín en la baraja, la partida se gana con el resto de cartas policiacas.




Así que sin desvelar nada, os he dejado unas sinopsis y unas opiniones que espero os amplíen el horizonte cyberpunk hasta las costas de nuestra lengua castellana, que ni empieza ni termina en Rodolfo, pero que más que una extensa costa, es una calita privada donde poder nadar en pelota picada.


Como troyano de éste dúo de obras, el paralelísmo entre los mundos virtuales de unos y ceros que llevamos pronosticando en la cifi desde hace décadas con el otro lado del espejo de Alicia. El ciber espacio como un lugar donde todo es posible, donde podemos ser lo que queramos, pero donde habitan seres extraños, de dudosas intenciones y muy diferentes visiones de lo ético y lo moral, nuevas especies intangibles, que pueden tornar nuestro sueño en pesadilla y evitar que despertemos, impidiéndonos volver a la realidad de la que huíamos cuando cruzamos al otro lado.

El ciber espacio es el nexo y el conductor absoluto de ambas obras, y está a la altura, como ya he dicho, de los gurúes del asunto. Nada que envidiar aunque todo esté inventado.


Me quedo con ganas, muchas ganas, de en medida de mi pila de libros pendientes me permita (ahora sólo hay 3 y medio), continuar adentrándome en Drimar, ya que tenemos El ciclo Completo, que reúne todas las novelas cortas que componen el ciclo de su universo desde su nacimiento hasta su más reciente historia y sucesos, que son 2 completas, 7 cortas, de las cuales Bifrost es inédita, y continuar con Tierra de Nadie: Jormungand. Y así recorrer la historia de Drimar desde Un jinete Solitario hasta Yggdrasil, que curiosamente coincide en título con la obra cyberpunk latinoamericana de Jorge Baradit.

Y es que lo onírico y lo tecnológico se confunden y copulan en la obra de Rodolfo, y no sin razón pues “¿no es la magia una tecnología que aún no comprendemos?”, que dijo aquél.


Mejor aún, debería empezar una rehab de ciencia ficción que hago de vez en cuando, y pasarme a su ciclo de Sherlock Holmes o su reciente versión del cimmerio más famoso de todos los tiempos.

En fin, lo dicho, un prolífico imaginador de los que la Fuzz Division necesita.


¿Que qué es la Fuzz Division? Tiempo al tiempo mutantes, tiempo al tiempo. Mientras tanto, un ciber paseo por Escritoen el agua nos vendrá bien para seguir entendiendo la obra de Rodolfo y estar ciber ojo al parche de sus imaginaciones.