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miércoles, 17 de marzo de 2021

OBSERVER, TERROR CYBERPUNK DE POLONIA A TU CONSOLA

 TERROR Y CYBERPUNK

¿Qué pasa cyborgs, qué andáis cocinando en el megabloque? Aquí vengo con la entrega bloggera del mes de Marzo al nodo pirata fuera de la vigilancia de Netwatch que mantiene el punk over the cyber, vuestro aumentado disfuncional favorito de la autopista digital, Pixel Van Gogh, os choca esos cinco de nuevo, contento de otearos en su tugurio virtual, se que las texturas necesitan un cellshading bien diseñado y que el lag y los glitches son molestos en ocasiones, pero es difícil financiar un buen espacio virtual cuando tienes docenas de programas perro guardián olisqueándote las pelotas entre salto y salto de proxy.

Así que no me pidáis mucho más ahora que también regalo mis opiniones de mierda sin que nadie me lo pida en un podcast. ¿Qué no lo sabíais? Hostia puta choomers, en Ivoox sólo tenéis que buscar Los Sueños De Tungsteno, lo he adaptado al español porque la hispanización en el sprawl ya es mayor a la asiatización y me gusta arrimarme al sol que más calienta, esos boricuas me caen bien, los haitianos hablan francés y hacen vudú, ya no me caen tan bien. 

En fin, que podéis escuchar mi autotunneada voz de fumador crónico cada día 15 en Ivoox, y éste mes de Marzo decidí empezar la casa por el tejado, y me marqué un episodio dedicado al cyberpunk en líneas generales, una guía “rápida” (1 hora y algo) para aprendices de cowboy, que aderezo con una conversación con Sayko2020, el bibliotecario del Cyberpunk rolero en castellano más cojonudo de todo el metaverso, con el que damos un repasito a una de las obras no literarias ni cinemáticas más famosas del género, que no es ni nada más ni anda menos, que el universo Cyberpunk 20XX de R.L.Talsorian Games, imaginado por Mike Pondsmith y su pandilla y que la peña de CD Projekt Red ha llevado a tu consola de videojuegos con Cyberpunk 2077.

Obviamente, nos hemos dejado cientos de títulos y referencias en el nano USB sin enchufar, pero poco a poco iremos despiezando todo y seguro que volveré a hablar con Sayko2020 en el futuro, si no se ha dado cuenta ya de lo gilipollas que soy y me ha bloqueado en su interfaz de holollamada.

Así que como he dedicado el mes al cyberpunk (otra vez), hoy voy a hablar de un videojuego que he terminado recientemente, un videojuego de una compañía polaca, y no, la respuesta no es Cyberbug 2077, muy gracioso, hoy voy a despellejar Observer, que si bien me había creado unas expectativas altísimas desde que salió, me ha dejado muy indiferente, y ya sabéis que en éste blog se habla bien y también se habla mal, pero sobre una base, tanto técnicamente objetiva, como la absurdamente subjetiva que yo pueda aportar, y Observer, no va a salir muy bien parado en lo que a mis gustos respecta.

En 2017 sale a la venta este título, de la mano de Bloober Team y distribuido por Aspyr, y desde entonces le pongo el implante ocular encima y me crean la necesidad de tenerlo, como casi todo lo cyberpunk que sale al mercado para que engañarme. Sin embargo, como ya soy un maniroto y un Diógenes por naturaleza, me contengo, el síndrome de abstinencia me vuelve inestable, mis nanositos no controlan la química de mi organismo y paso atado a la pata de la cama de mi bando en las afueras un par de semanas alimentado por una sonda hasta que consigo borrar de mi disco líquido el recuerdo de que éste videojuego estaba ya a la venta y puedo seguir haciendo vida estándar. 



El juego apenas se distribuye en edición física, está considerado un título indie y experimental, y su precio no parece ir acorde con sus características técnicas ni su hype, bastante nulo. Así que lo dejo pasar pensando, “Ya llegará la segunda mano”, porque soy un coleccionista de lo físico, una anacronía en el mundo futuro en el que todo es desechable, pero soy un bicho raro, joder, no hay más que verme.

Y la segunda apta no llega, y las pocas cajas del juego que localizo son de especuladores facinerosos que saben cómo jugar el juego del capitalismo, oferta y demanda tronco, lo cabalgan a pelo, y no estaba dispuesto a empeñar mi filtro biokem del riñón para coger una cirrosis mientras juego un juego del que no se nada, excepto que es cyberpunk y que los pantallazos de las webs y revistas son bastante chulos estéticamente, pero juzgar el tomo por el lomo, suele ser un error que ya he cometido demasiadas veces.

Y de repente un día, Nintendo hace super rebajas en su catálogo online, y Observer está muy barato, así que aunque no me gusta lo virtual, me decido, lo compro, y comienzo a formar una opinión de mierda para un blog de mierda.

Primero, documentémonos, ¿Quiénes son Bloober? Una cuadrilla polaca, como CD Projekt, que tienen el atrevimiento de lanzar un juego cyberpunk mientras Cyberpunk2077 calienta en el banquillo, ¿eran los teloneros?. Bueno, en realidad, Polonia, y toda la órbita ex soviética de la europa del noreste, goza de una comunidad cyberpunk sana y en forma, con ilustradores y creadores de ciencia ficción distópica en un underground ilusionado y constante.

Podemos encontrar otros títulos de videojuegos que cumplen las características de ser polacos y cyberpunk como por ejemplo Ghostrunner a cargo de la gente de One More Level, el steampunk ucrónico y bélico de WarSaw, Space engineers de los checos Keen Software…

Y no sólo en el mundo del videojuego y el cyberpunk debemos quedarnos en Polonia y alrededores, podemos mencionar al escritor Stanislaw Lem, Eugeniusz Debski autor de las tecno noir historias protagonizadas por Owen Yeates, Jacek Dukaj que explora desde un punto de vista hard la realidad virtual, la singularidad y la nanotecnología (elementos muy presentes en el género cyberpunk), el difunto Janusz Zajdel especialista en distopías, etc.

Así que se respiran nanositos en el ambiente a bajo cero allí, el vodka y los R-Activos guatemalqueños crean una burbuja distópica a tener en cuenta.



Dicho esto, Bloober, se fundó en 2008, por los tocayos Peter, uno Babieno y el otro Bielatowicz, que escindieron de la compañía Nibiris, y desde Cracovia debutaron en 2014 con Basement Crawl en PS4, un “bomberman” de estética siniestra y mal rollera digna de pesadilla infantil, cualidad que adoptan como propia seña de identidad de los juegos de la compañía por lo visto, la siniestralidad. Ya que el siguiente título sería Layers of fear, un juego de terror que marca ya desde lejos que iba yo a encontrarme en Observer, pero no tenía ni idea de que este juego, que se convirtió en saga con una secuela, existía, ni que tenía la misma pinta que Observer pero sin estética cyberpunk, si no gótico rural actual.

Y seguimos en un Halloween continuo con esta gente, su siguiente título fue Blair Witch, esta vaska deben ser unos goths de la leche, me los estoy imaginando a todos y todas rollo The Cure frente al teclado, y los más valientes ya a lo Lordi con caretas de látex bumpeando black metal vikingo marcha atrás e menos 60bpm en el pitch.

Ahora trabajan en un título llamado The médium para no aburrirse de hacer siempre lo mismo y no ser encasillados.

Bueno, cada uno camela como camela, les deseo suerte.

EL OBSERVADOR, LADRON DE RECUERDOS

Y llegamos a donde queríamos, Observer, una aventura cyberpunk con algunos puntos a favor, y otros en contra.

Cracovia, 2088, Europa ha pasado por una última gran guerra y la sociedad vive con miedo a las plagas digitales como la nanofagia, nuevas enfermedades digitales que afectan orgánicamente a los individuos aumentados con implantes, que por otra parte, se ha convertido en una cirugía asequible capaz de, en un principio, mejorar la salud de los pacientes frente a enfermedades comunes que ya se consideran antiguas, hasta la aparición de estos nuevos riesgos para la salud de aquellos que decidieron someterse a los aumentos.

Daniel Lazarski es nuestro avatar, inspector de policía maduro, aumentado, con una mejora peculiar, un dispositivo de recuperación de memoria de los implantes neuronales de los sospechosos y víctimas de sus casos, el devora sueños. El típico cable que hemos visto ya en otros juegos como el último Syndicate que le metes sin permiso ni saliva por la oreja a quien quieres interrogar digitalmente, robándole sus memorias. 

Aquí el primer clásico básico del cyberpunk, las memorias digitales, estamos acostumbrados al concepto choomers, días extraños, remember me, y yo que se cuántos títulos más.



Bueno, continuemos. Lazarski está en su coche patrulla, disfrutando de un apacible día de lluvia sucia, cuando recibe la llamada de su hijo Adam, en problemas, localizado en un arrabal, un megabloque de apartamentos de los suburbios, mal lugar para un chico como ese, asi que Lazarski arranca y pone rumbo al agradable edificio de pisitos.

Jugamos en primera persona, así que no tenemos muchas oportunidades de ver nuestro propio aspecto en el juego a excepción de algunas cinemáticas y reflejos en espejos, y es ahí cuando empezamos a atar cabos en uno de los pocos fetiches que el juego ofrece fuera de su jugabilidad y desarrollo, y es que el agente que encarnamos, está ni más ni menos que interpretado y doblado por el que dio vida a nuestro humanoide artificial favorito, Dios le tenga en su gloria, Rutger Hauer, alias Roy Batty, también conocido como El Mendigo con una escopeta.

Un detalle bonito para los amantes de la ciencia ficción y el buen gusto cinéfilo, pero lamentablemente, esto, no mejora el juego.

Una vez dentro del megabloque de apartamentos de clase baja, comenzará el juego y la historia.

Por un lado, la historia, es un thriller ciber noir de manual, con una trama no demasiado complicada, y ojo que eso es de agradecer porque en ocasiones las tramas carecen de píes ni de cabeza y los misterios se desvelan “por que sí” en rocambolescos giros de guión totalmente inesperados, porque claro, no tienen el menor sentido. Y nos veremos inmersos en un seguimiento de pistas (no spoiler) recorriendo el edificio, interrogando vecinos, colándonos en los pisos de los sospechosos y registrando cajones y discos duros.

Encontraremos elementos clásicos del género cyberpunk como la realidad virtual, transhumanismo, los límites de lo humano y lo monstruoso, una megacorporación llamada Chiron, digitalización de identidades e inteligencias artificiales… No dejamos casi ningún cliché, porque nuestro prota, a parte del toque hard boiled que rezuma, está atormentado por diferentes fantasmas del pasado que le visitarán durante el juego de forma lisérgica, añadiendo el toque de terror psicológico al juego, que irá evolucionando a terror serie Z a pasos agigantados, incluyendo apartamentos cubiertos de litros de sangre e intestinos colgando de los conductos de ventilación, mezclando lo tecnológico con lo orgánico al estilo tetsuo, convirtiendo el bloque de apartamentos en una pesadilla que juega con nosotros como un relato de Philip K. Dick, pero sin la suficiente maestría.

Estéticamente el juego está muy bien, la tecnología es decadente y de bajo coste en el arrabal, los diseños molan bastante, aunque terminan por cansar ya que se repiten con demasiada frecuencia en el laberinto de puertas, videotelefonillos, cables colgando y monitores tirados en los descansillos.

Estos serían los valores positivos y canónicos del juego, pero, vamos a por los malos. El juego, no es divertido, nada, es un “simulador de caminar” más que una aventura o un survival horror, ya que entre nuestras acciones, poco más están las de caminar, abrir puertas, navegar por los diálogos delirantes y surrealistas que mantendremos con los vecinos en nuestras pesquisas policiales y personales y el uso de un dispositivo que Lazarski lleva en su muñeca desde el que podemos hacer 4 cosas, 4:

-Ponernos visión “Rayos X”, o algo así, como un uso de scanner para identificar los objetos del jeugo conlos que podemos interactuar.

-Ponernos visión “infraroja”, o algo así de nuevo, ya que nos permite analizar restos orgánicos para buscar pistas.

-Visión nocturna, algo tan inútil como desesperante, porque el juego, lejos de ofrecer puzles complicados o pruebas de ingenio audaces, su principal “reto” es tratar de discernir algún objeto con el que interactuar en la tétrica oscuridad.

-Tomar pastillas rollo prozak o tranquimazin cuando los “nervios” de Lazarski se disparan ante situaciones límite (puntos de cordura de toda la vida vaya) tras encontrarse cadáveres mutilados o tener un mal viaje buceando en el cerebro de las víctimas con el devora sueños.

Y no tenemos inventario, ni nada, el juego va de caminar, hablar, tocar un par de palancas y a tomar por saco. Menos mal que es corto, no creo que me llegase ni a  10 horas aunque me dejé un par de “quests secundarias” si es que lo podemos llamar así. Se hace monótono interrogar a vecinos majaretas, aburre caminar por los mismos descansillos con pantallas retrofuturístas y luces led y hologramas que se repiten hasta la saciedad (el puñetero ojo en el monitor a lo 1984 con esa estética Brazil de Gilliam).



El juego es aburridoooooooooooooooo

Lo mejor, lo putamente mejor del juego, es un minijuego que se incluye dentro de diferentes ordenadores personales que podremos manipular en los apartamentos, que se llama Fire and Sword o algo así, y es un simulacro de 8 bits de ingenio, en el que manejamos un diminuto “príncipe de persia” que tiene que recorrer una mazmorra pasillera dispuesta en mapa desde vista aérea, recogiendo todas las monedas de oro dispersas en el laberinto, esquivando arañas gigantes o chamuscándolas cuando conseguimos un ítem de “espada de fuego”. Conseguidas las monedas, podemos ir al ítem del “brujo pirujo” a quien rescatar. Me mola que no es una princesa lo que hay que rescatar, si no un viejo barbudo en batamanta, me encanta el fresqueo de éste mini juego que tiene 10 niveles que apretarán nuestra visión espacial y nuestra paciencia. Es sin duda el jodido mejor extra de todo el juego, hay que joderse, mear y no escocerse. Ojala Bloober hiciese 100 niveles de Fire and Sword y no más juegos de “survival horror”.

Sólo el buen gusto estético salva Observer, a mi criterio, de ser un fracaso absoluto como juego, y tal vez deberían haberse dedicado a hacer teleseries estos de Bloober, porque una vez terminado el juego me reafirmo en que no vale lo que cuesta, no.

Ni siquiera disfruté los “viajes” cerebrales que Lazarski se marca en la mente de las víctimas que va encontrando por el megabloque, porque aquí es donde le meten el toque “terror psicológico” que me cago en las cien tecnoperras a qué le llaman “terror psicológico”, a un puñado de escenas lisérgicas de pesadilla barata que ha concebido alguien de Bloober puesto hasta las cejas de Toseína con seven up y que si eres epiléptico te va a mandar al hospital a que te cosan la lengua seguro, así que ten cerca una bolsa con hielos cuando juegues Observer porque entre glitches, fogonazos, y parallaxes igual te da un telele o te mareas y te caes redondo mientras te potas encima.

No se, de verdad, no se, no ha cumplido mis expectativas en lo más mínimo como juego, si bien tiene un diseño muy bonito, y la historia es salvable aunque predecible. Mucha sangre, muchas locuras pesadillescas fuera de tono, y al final te quedas con la sensación de que incluir el cyberpunk en éste juego es sólo un reclamo para colarnos una vez más un juego gore de fantasmagoría sangrienta etiquetada como terror piscológico, que después del chasco que me llevé con Midsomar  y Hereditary o la mierda de peli que me vi en Netflix hace unos días, Block Isle Sound, parece que a cualquier cosa le llamamos terror psicológico y nos creemos que Lovecraft escribía bien, y claro, por eso cualquiera parece bueno también si lo comparamos con el de Providence, porque estaríamos poniendo el listón en la mediocridad creando un falso espejismo de “qué es terror”.



¿Eh? ¿Cómo? Estoy sufriendo múltiples ataques, y no es Netwatch, esto es software casero ilegal, frieneuronas, joder, quema, sabía que el fandom no perdonaría este último discurso sobre terror psicológico, hijos de una tostadora, no ha pasado desapercibido, joder, joder, me las piro antes de quedarme pegado a las ventosas, nos vemos dentro de un mes ciborgs!


martes, 19 de enero de 2021

RONIN DE FRANK MILLER, UN SAMURAI EN EL NUEVA YORK DEL FUTURO

 CIBER BUSHIDO

¿Qué tal ciber samurais de extraradio? ¿Cómo os trata la vida? ¿Habéis cogido algún neuro virus por compartir clavija con desconocidos? ¿Habéis recibido alguna bala perdida? ¿La corporación ha derribado ya vuestro barrio chabolista para ampliar una autopísta de 10 carriles o levantar un casino hotel de lujo?

Lo normal entonces por aquí colegas, la realidad siempre supera la ficción, al final del día es normal tener ganas de embutiros en un mono crio-camo, afilar la monokatana Kendaichi y cabalgar en la tatamaha un rato por las grandes avenidas y boulevares, pinchando algunas ruedas, derribando mobiliario público, y cargándote algún dron de identificación ciudadana.

Lo más normal en 2021, me he retrasado en publicar y ya vengo con las excusas de mierda como siempre, buuhh, buhh, mimimimi.... Pero joder, derribaron mi Megaproyecto de vivienda y me he tenido que mudar a una zona rural de la ínsula Ibérica, estoy amueblando mi prefabricado en el slum aún, el zaibatsu me ha puiesto complicaciones para darme acceso a la matríz de nuevo, putos fascistas ¡Pixels para el pueblo! No pueden dejar a un tecnomemo sin su droga o se volverá loco y hará cosas de las que todo el mundo se arrepentirá.

Y además, lo más novedoso, he decidido ordenarme, sí, compilarme troncos, y volver a marcarme pautas como hace un tiempo, así que ahora os garantizo 1 única entrada de blog al mes, cada día 15 (arriba o abajo). Pero no sufráis mis cabezitas de botón cableadas, porque traigo sorpresa, voy a duplicar el formato, a parte de seguir practicando la escritura en blog con mis implantes dactilares Aracnotec de Militech (triplique sus apéndices manuales, promete) aunque preferiría la escritura neuronal si tuviese pasta para pagarme el bio software, teclear, aunque sea con 15 dedos a la vez por cada mano, es de pobres; bueno, y bla, bla, bla que me enrollo, que a parte de escribir...¡podréis escuchar mi voz autotuneada cada mes! Siiiiiii.... ¿Nadie se alegra? ¿En serio? Bueno, ya lo sabía yo, en fin, me paso a podcastear también, si nada falla y consigo unas cuantas planchas de gelespuma para el chabolo, que el invierno aprieta, el 15 de Febrero estrenaremos los Sueños de Tungsteno en versión audio, acompañada de su inseparable entrada escrita, que se compaginarán una con la otra.

Mola ¿eh? Vale, vale, lo pillo, ok. Voy a hacerlo igualmente os guste o no.

Espero que me quede tiempo libre para salir por ahí hasta arriba de parches de tetraclidimazina y cualquier derivado de birra no natural y jugar a ser samurai aunque no tenga ni puta idea del Bushido, el Daimyo o lo que es un puñetero ronin, como esa historia de Frank Miller, tipo de quien dije poco en Hard Boiled porque sabía que llegaría el momento de hablar de ésta obra.





Miller, ay Miller, seguro hay un montón de cosas que decir de él, pero no seré yo, porque sería infame y mal educado, grosero por mi parte, meterme donde no me llaman sin saber lo suficiente y teniendo vuestro oráculo favorito en el ciber espacio de dónde extraer mejor y mayor info de la que pueda daros yo, humilde choomer decadente.

Pero no puedo pasar por alto su obra con Batman, con Martha Washington, Daredevil y Elektra, sus exitosas obras adaptadas al cine 300 y Sin City ni por supuesto la que le toca hoy, Ronin, que fue la obra que sin duda le catapultó a nuevas cuotas como historietista.

En 1983 Frank Miller venía de trabajar en modelos heróicos para D.C., con atino y calidad, principalmente Daredevil, y se arriesgó a desmarcarse de la factoría de súpers dentro de la misma editorial, apostando por una historia diferente, complicada, extraña y sobre todo muy personal. Esa historia mezclaría la tecnología y la ciencia ficción, lo tradicional y la vanguardia, la magia y la violencia.

Por lo visto, D.C. le dijo a Miller algo así como:

"vale, lo has hecho muy bien hasta ahora, confiamos en tí, te hacemos un hueco para esa historia tuya, pero no podemos darte soporte ni un equipo, tú te lo guisas y tú te lo comes"

Y ni corto ni perezoso, a Miller no se le cayeron los anillos y se convirtió en el hombre orquesta de su proyecto, el ejército de uno solo, dibujante, guionísta, publicista, editor, y toda la cadena para él solito, cosa que por otro lado le dio las tablas suficientes para ser quien es hoy en día, y le abrió las puertas del lavabo de ejecutivos en D.C., ya sabéis, con toallas de algodón en vez de secador eléctrico y sabanas de papel para la taza del inodoro y percha en la puerta para la americana. Vamos, que los dejó con la boca abierta hasta el suelo con el éxito de su "proyecto personal sin súper héroes".

Self made Dreams come true sería un buen eslogan motivador si le tomamos de ejemplo, cree en tí mismo y esas mierdas de uno entre un millón. Sí.

La obra basa gran parte de su novedoso formato en dos puntos técnicos casi fundamentales, el corte de viñetas y su maquetación, y el color, heredado éste último de la tradición europea de los humanoides, pero presentada con la fuerza de una nueva reinterpretación, que no copia, que hace añicos lo viejo y trae lo nuevo. Respecto al color en cuestión, le debemos el mérito a la colorista Lynn Varley, y fue algo tan innovador y nunca antes visto que Frank tuvo que revisar personalmente el proceso de impresión, obligando a D.C. a emplear un tipo de papel nuevo en el que las tonalidades tuviesen el brillo y saturación necesarias, tirando atrás tiradas enteras de imprenta.

De Lynn decir que fue esposa de Frank hasta el 95, así como efeméride.



Esta nueva vertiente de dar un protagonismo tan absoluto al color ayuda a sumergirnos en un viaje latente y cambiante através de las páginas de Ronin, ya hemos visto a Darrow, Josán González o Moebious hacerlo en Tungsteno Dreams, pero Ronin es diferente, es chocante, ambiental, no es ver todo a través de las gafas de vidriera caleidoscópicas de Jean Giraoud, ni acostumbrarse a sus tonos pastel inexistentes en al realidad natural y totalmente artificiales, es un colorido vivo, agresivo, que cambia en función de la tensión de la viñeta, con cada personaje y con el lugar de la acción. El color conecta las narrativa, no es solo gusto plástico, es un conductor, tiene una armonía digna del arte oriental en el que se inspira la historia como los jardines japoneses o los bonsais (esto me ha quedado muy bien tras ver Cobra Kai). Y me estoy adelantando a los cimientos de la obra, pero no he podido evitarlo, me he dejado llevar.

DEMONIOS, NEGROS NAZIS Y LISIADOS CIBERNETICOS, EN LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS


Os estarñeis preguntando con todo esto a nivel técnico ¿De qué va Ronin? Pues es una historia corta, de desarrollo natural que no necesita de textos en off para ser entendida aunque a veces nos desconcierte (no tanto como un manga estandard de ciencia ficción), que gira en torno a la obsesión, la venganza, y cómo la sociedad se aleja cada vez más de la tradición y lo espiritual en pos de la tecnología y el desarrollo sin prestar atención a qué estamos sacrificando en el proceso.

Cuando comencé la obra, estaba algo desubicado, pensé "¿qué demonios es esto? ¿Un cuento de samurais? No pude con Usagi Yojimbo ¿Cómo voy a poder con ésto?"

Y cuando fui avanzando flipé tanto que dije "Vale, OK, acepto barco como animal acuático, de compañía y mamífero si hace falta".

Todo comenzará de forma inusual para una historia de ciencia ficción que en ocasiones se tilda de cyberpunk y en otras de postapocalíptica, en el Japón feudal con una historia de honor, traición, valores y brujería. Nuestro protagonista, el samurai sin maestro, el Ronin, se enfrentará a un poderoso demonio astuto, mezquino y embaucador, responsable del asesinato deshonesto del maestro de nuestro héroe, y el destino de ambos némesis quedará ligado através del tiempo, la realidad, y la vida desde entonces, hasta su reencuentro en el nueva York en ruinas dominado por pandillas callejeras del cercano futuro distópico, con una espada mágica como nexo.

Se abrirá una " Y " entonces, y lo mágico, pagano o espiritual se cruzará en el camino de lo hipertecnológico en un experimento que está llevando a cabo una megacorporación instalada en un complejo conocido como Acuario en la ciudad, que recordándonos levemente a Akira, trata de servir para convertir una persona muy particular (no quiero hacer spoiler, ya os estoy poniendo el cebo en el gancho) en el arma definitiva. El escenario está servido.

Nuestro samurai sin maestro, tan desubicado en Nueva York como estaba yo al principio de la historia pasando páginas, tendrá que sobrevivir a la jungla de cemento y su fauna surrealista, mendigos, nazis sodomitas, agentes paramilitares de la corporación... Y su más temible enemigo tratará de utilizar a su favor las nuevas herramientas del futuro que no tenía en el japón feudal para hacer aún mayor mal. Magia negra y nanotecnología se fusionarán en la historia mientras la katana de nuestro aturdido protagonista cercena miembros y hace llover la sangre por Manhattan.

En cierto modo, me recordó la situación a la comedia Los visitantes en la que el Conde de Miramonte y su lacayo saltaban 8 siglos adelante en el tiempo en la película francesa con Jean reno. ¿Os acordáis? Tuvo secuela y todo. Pues esto es igual, pero sin risas ni chistes tontos, esto es eso pero violento y oscuro.

Podría ahondar más aún, podría poner la guindita de que nuestro samurai sufrirá una extraña "mutación" nanotecnológica, provocada por ... No, hasta aquí pienso leer, el resto, descubrirlo vosotros.

Porque dudaréis a cada capítulo, si la historia es una broma de mal gusto, el resultado de una sesión de marihuana y psilocybes, o simplemente una genialidad cargada de tantos valores y mensajes que o no los vemos, o los creamos nosotros mismos para no sentirnos idiotas leyendo el cómic. Esto ya, lo que cada uno consiga arrancar del hueso de ésta obra que considero genial.



Antes hablábamos de las viñetas y de su curiosa manera de presentar el transcurso de los acontecimientos, y sin duda que es de lo más dinámico, artístico y cinematográfico que he visto anteriormente en ningún otro tebeo, y hay que tener en cuenta que la obra salió al mercado cuando yo no sabía leer, ni casi andar, lo que la insufla un valor casi pionero y ariete para todas las obras posteriores cuya sincronía plástica nos ha dejado boquiabierto, casi asistiendo a dibujos holográficos en movimiento si pasas rápido los ojos de una viñeta a otra, como poner un peine entre tus ojos y el canal plus codificado. Bueno, olvidad ese último simil, sencillamente, acojonante.

No tenía ninguna esperanza de que una historia de samurais, guerreros urbanos y megacorporaciones ultra tecnológicas pudiese maridar tan bien, pero tanto, tanto lo hizo, que seguramente le debamos el actual concepto cyberpunk de samurai callejero a ésta obra, que yo voy a tratar de cerrar en resúmen como una aspiración Quijotesca, sin que se peyorativo, si no todo lo contrario, ya que El Quijote es una obra de adoración absoluta que me encanta, y nuestro samurai de Ronin, encarna en parte un conjunto de delirios, con Dulcinea del Toboso incluida, y ya echo el freno que os destripo de más.

Una novela gráfica que pasó a la historia, ya no tanto por sus personajes, ni su historia, si no por su narrativa, la forma en la que Frank Miller entendió el medio y supo emplear las herramientas que tenía al alcance y que nadie había osado sujetar entre sus dedos antes, adelantando una cabeza a todo el pelotón de talentos del momento, acomodados en una marcha constante nada agotadora.

Primeros planos, viñetas secuenciales, vistas subjetivas en primera persona y un sin fin de trucos de magia que junto a la técnica de color antes mencionada nos harán sentirnos entre las volutas de una nube de humo del narguile de la oruga del país de las maravillas, chisporroteando con los ojitos brillantes.

 Marvel debe llevar 40 años arrepintiéndose de no haber aceptado el envite que les hizo Miller.

Así que dicho esto, si no lo habéis leído ya, estáis tardando tecno ninjas!








lunes, 21 de diciembre de 2020

ARMITAGE III, CYBERPUNK A LA JAPONESA

 

ARMITAGE III, MISMO NOMBRE, DOS OBRAS DIFERENTES

¿Qué pasa choomers? ¿habéis lanzado ya por la ventana vuestros ejemplares de cyberpunk 2077? ¿O sois como yo que defiende a Arasaka a capa y espada pese a sus obvios y decepcionantes fallos en el acabado y la jugabilidad? A tomar por culo con ello, si en cuanto vi que me cambiaban el tráiler de la chica guapa con implantes afilados tiroteada por la policía con un cartel de la ilustración original de Alt del manual Cyberpunk 2020 de R. L. Talsorian Games de fondo, por el del p.u.t.o. Keanu Reeves, ya supe yo que todo se iba a la mierda, y os lo dije, no me estoy haciendo el Capitán A Posteriori, os lo dije, P-U-T-O Keanu, blasfemias así contra Johnny Silverhand no podían ser perdonadas por los dioses digitales del cromo y han maldecido a CD Projekt Red  con buggs ancestrales.

Nos acercamos al final del año, el comienzo de una nueva década, crucémoslo como si fuese un tubo de conexión cegador, atravesando el ciber espacio a través de glitches, spam, y residuo eléctrico; o como si fuese un túnel de gusano a velocidad luz a los mandos de nuestra berlina interplanetaria mientras los destellos de azul cósmico se reflejan en la carlinga.

¡Vamos que nos vamos!

A mi el 2020 me ha defraudado profundamente, porque era el mejor año para vendernos la realidad virtual inmersiva, y ya no salir nunca más de nuestras celdas de pladur, trabajar en una oficina virtual, salir de copas con las amistades a clubs virtuales, sexo virtual… Maldigo a Sanyo, Apple, Microsoft, o quien quiera que no haya hecho los deberes debidamente para éste 2020, porque hubiese sido el año ideal para “Los sustitutos” versión ciberespacio, y quedarnos todos en casa ajenos a cualquier pandemia, recibiendo nuestras compras con drones a domicilio, haciendo vida con unas gafas y unos guantes desde una butaca o el sofá, mientras aquellos cuyo medio de sustento hubiese sido engullido por el progreso capitalista tuviesen que vivir en slums en el exterior, bajo puentes, en parques o en las cloacas, forjando una resistencia mutante antisocial; y la juventud sin estudios ni trabajo formase violentas pandillas motorizadas. Hemos perdido la mejor oportunidad de nuestras vidas para hacer realidad el futuro que llevamos décadas imaginando, somos unos parguelas.

En fin, que todo va a seguir igual que hace un año en cuanto se vacune a todo el mundo. Puede que a algunos y algunas nos caiga un rayo o nos caguemos encima, no se, pero es lo que hay.

Y tras un toque de humor absurdo, porque prefiero reir que llorar, y lamento si hubiese herido la sensibilidad de alguien, no era mi intención, voy a tirarme de cabeza al tema que me trae a mi buhardilla virtual hoy, un comic (manga) que primero fue una película de animación (OVA), y que parecen no tener nada que ver la una con la otra, para bien y o para mal.




Se trata de Armitage III, una obra cyberpunk que quedó eclipsada en los 90 patrios por méritos propios en los kioskos, y no solo por la mejor de las excusas que hubiese sido que no podía competir contra Akira, Patrulla especial GHOST ni Apleseed o Alita. Pero es que el manga de Armitage III se eclipsa a sí mismo con su dibujo y el giro de estilo narrativo posterior a su presentación como Anime.

Así que empecemos por el principio, 1995, Chiaki J. Konaka (Digimon) escribía la historia de Armitage III, reconocido fan de los mitos de Lovecraft (a ver si ahora los digimon estos van a estar inspirados en dioses primordiales, la leche) se puso al frente del screenplay de lo que serían los 4 primeros episodios televisivos que nos presentarían Armitage III.



La versión “papel” sin embargo fue escrita por Zarae Otana y Tatsuya Ikegami, recayendo la responsabilidad del dibujo en Hiroyuki Ochi, por lo que lo primero que queda claro es que Armitage III  no es producto personal de un solo autor, si no más bien, el juguete de una productora a disposición de diferentes creativos o dibujantes, en éste caso Tokuma Shoten. Esto, ya explica abstante bien por qué el manga no se parece en nada al film, en nada. Conservan el mismo guión dorsal y lore pero ni las personalidades de los protagonistas ni el estilo plástico concuerdan en absoluto de un soporte al otro.

COCKTAIL CASPOSO DE ASIMOV Y BLADE RUNNER

¿Qué puedo decir yo de Armitage III? Seguramente poco y mal dicho será lo que diga, ya que no soy un otaku, apenas me gusta el manga y solo consumo el de ciencia ficción y con reticencias. ¿Os preguntáis por qué? Pues si no os lo preguntáis os lo digo también, es lo malo de la retórica. Personalmente opino que los mejores tebeos cyberpunk son los firmados por japoneses, sin duda, y no voy a volver a enumerarlos, pero sin embargo, sí enumeraré algunos de los occidentales del género más galardonados o endiosados, como Ronin o Transmetropolitan, y joder, amo Transmetropolitan, lo amo, pero los japos se llevan la medalla de oro en el cyberpunk ilustrado.

Sin embargo, ya lo he comentado alguna vez, tal vez en mi entrada de Blame!, no recuerdo, pero no logro conectar con el sentido del humor japonés, esas cosas (perdonad mi ignorancia lso que sabéis del tema) que a veces creo que se etiquetan como wayfu o kawai, o no se, de verdad, no se, pero no entiendo sus conflictos ético sociales la mayoría de las veces, ni comulgo especialmente con su afán de sexualizar heroínas en historias que pretenden ser distópicas, serias o grimdark, porque si lo que quiero es ver tetas gordas en un cómic me leo un Kiss Comix. No solo esto, si no que el montaje occidental de su lectura oriental suele quedar confuso, no es consecuente, me dificulta seguir el hilo, y si lo intento de derechas a izquierdas casi que peor, y suelen dejar muchos flecos y cosas sin explicar, demasiadas, y estoy siempre estrujándome le cerebro y pasando páginas de atrás hacia adelante una y otra vez para ver qué no estoy entendiendo, y me desespera un poco.

Pero ni con esas puedo quitarles a los malditos japos locos el podio de la historieta cyberpunk.

Esto mismo, genera otra situación, la sobrecarga de la temática en el mercado noventero, y al final, cuando más de la mitad de las obras mejor consideradas por la crítica y el público son cyberpunk, el pescado está vendido, no todas las obras pueden ser perita, y algunas no van a pasar de paja.

Armitage III tiene un poco de éste handycap o San Benito. Primero, quiero comentar una majadería mía, que es el propio nombre de la serie, homónima a la de la protagonista, Armitage, que considero un guiño, tributo, a la obra de WilliamGibson, por su personaje del Neuromante de mismo nombre. Aunque esto solo lo pienso yo, porque al parecer el guiño va para el de Providence citado antes, y el Dr. Armitage del Horror de Dunwich. A mi que me lo expliquen.



Dicho eso, es el Anime el que comienza la historia, y el manga lo que la continúa en un orden cronológico de la historia, y leer el manga sin ver los episodios, empeora la experiencia. Nos vamos a ir al planeta Marte de 2046, colonizado por la humanidad en una campaña de expansión por el sistema solar, pero gracias a los trabajos llevados a cabo por los robots y androides, la mejor mano de obra posible, la de la inteligencia artificial.



Desplegado el tablero, tenemos al detective humano Ross Sylibus, un tipo duro, el protagonista perfecto de un hardboiled, pastiche de future noir fusilado hasta la saciedad, lobo solitario con un trauma en particular (no spoiler).

En la otra mano, la protagonista absoluta, Naomi Armitage, policía de marte, sexy y provocadora de más, con pintas entre lo bondage y el chapero, irreverente, macarra, no tiene nada de frágil, es una matona de élite, una heroína de armas tomar.

Unidos por lo laboral, van a tener que esforzarse en hacer equipo para detener a un criminal muy particular, un asesino de androides tipo 3, los “nexus 6” de la historia, el modelo más avanzado de la robótica marciana que incumple las normativas legales y deberían estar fuera de servicio, un modelo capaz de camuflarse perfectamente entre la humanidad ya que son de apariencia idéntica a la orgánica y pueden comportarse emocionalmente, crear arte incluso, prácticamente indistinguibles de los humanos reales.

Con estos elementos, cualquiera diría que estamos en una obra de Asimov o una versión spin off de Bladerunner, porque tenemos los elementos más empleados en la receta cifi de comedor escolar hasta la fecha.

Potaje de robots.

Como podéis imaginar, sin spoilers, encontraremos las sempiternas y caducas tribulaciones a cerca de qué diferencia al humano de la máquina, la conciencia de la máquina, el alma frente al software, el síndrome de Pinocho, revueltas “racistas” antirobots, los problemas sociales de la robotización, la revuelta robótica en contra de sus amos humanos, y es que lo hemos hablado tantas veces (y lo hablaremos inevitablemente) que tampoco quiero hacer hincapié en ello, porque lo tenemos muy sobado (podemos rebobinar a la entrada del videojuego Detroit o Alita GUNNM para seguir haciéndonos daño con este saco de cuestiones filosóficas).

Al menos, la película, nos los propone todo en un ámbito serio, melancólico, maduro, con muy leves toques de humor “amarillo”, siendo un ejercicio recomendable para todo fan del cyberpunk darle un repasito a sus 4 episodios, compilados en el largometraje Poly-Matrix y por qué no, la secuela del 2002, Dual-Matrix.

La banda sonora, las escenas de acción, y los momentos de “reflexión” con metáforas acerca de lo vivo y lo artificial, el arte, la fe y el amor, cumplen con la expectativa.

La búsqueda de identidad de Armitage en medio de una serie de conspiraciones policiacas corporativas entre Ross y los fabricantes de droides modelo 2 hará avanzar la trama de esta historia ciber noir de manual. Merece la pena.

Mientras que el manga, bueno, si no recuerdo mal son 5 números de unas 70 páginas aproximadamente, en el que se infantiliza las personalidades de todos los papeles, convirtiéndose Armitage en una ciborg algo ridícula y cuqui que abandona por completo su papel psicótico y violento que manifestaba en la peli en ocasiones (no quiero spoilear de más); el dibujo hay veces que no tiene perdón de Dios y la calidad dista mucho de la del anime, y seguimos dándole vueltas al tema de los robots, sus funciones, y un extraño propósito secreto en la programación de Armitage y su némesis de clase 3, el “Roy Batty” de la historia, que es un clase 3 anti humanos con ansias megalómanas. Está más en la línea de Alita, que en la de GITS que estaba la película, y es que todas esas droides quieren ser Kusanagi, y ella quiso ser Molly Millions, ¿o no?



El manga incluye un donaire absolutamente innecesario llamado Chika, que es el robot doméstico de Armitage, y que infantiliza aún más la secuela impresa del anime, dejando de muestra un botón.

 

Y poco más mutantes y mutantas, sota, caballo y rey, esto es lo que hay sin contaros toda la trama y sus pocas sorpresas, que podéis imaginar antes incluso de darle al play o pasar la primera hoja de papel, pero bueno, no os va a llevar mucho de vuestro tiempo libre tampoco, y el saber no ocupa lugar, o si, según los gigas o los teras. Yo le di su oportunidad y no me arrepiento.

jueves, 24 de septiembre de 2020

UN AÑO MAS DE TUNGSTENO DREAMS

 A POR LA TERCERA VUELTA AL DISCO DURO

Conexión exitosa.

Inserte su usuario y su clave.

Recuerde distinguir entre mayúsculas y minúsculas.

Asegúrese de que los trodos estén bien conectados vía epidérmica o intramuscular para evitar glitch y lag binario neuronal.

Los consejos de salud son que no salte al ciberespacio profundo si sufre epilepsia, fiebre X, Hyper Viruela, o si se medica con Espaminazina o Espaciolina.

Si una vez desconectado siente que la realidad ha cambiado, oye voces, o las normas de la naturaleza se han invertido, o una IA de nive A2 al A4 contacta con usted, revise que la desconexión se hubiese realizado correctamente mediante un protocolo corticoidal de emergencia, bio comando return””

Que tenga un buen sueño de Tungsteno.

Pixels, pixels, cascadas de pixels, montañas de pixels y sprites lloviendo frente a mi visión perimetral aumentada con filtro clásico de fósforo verde, soy un nostálgico. He vuelto.

Septiembre está siendo extraño, lleno de novedades, de cambios, y no sólo por la plaga de Macro Lepra a nivel mundial y orbital con la que nos bombardean continuamente en nuestras cuentas de instainfo preseteadas en los implantes y genes de conexión, que ya es bastante anómalo, pero ¿qué no lo es en el futuro distópico? ¿Qué podía salir mal en el futuro del ayer?

El capitalismo corporativo, las aboliciones globalistas de derechos humanos ya que cada vez somos menos humanos (y no precisamente por la chatarra oriental que nos implantamos ni la cirugía estética zoomórfica), los reality shows sensoriales y los concursos mortales, las guerras de migración, los neocamponeros aumentados de la Gran Panamérica y el gigante asiático, la pérdida total de capa de ozono, los technocristianos de la colonia Julio Verne en la Luna, todos nos han llevado a ésta situación insostenible que llamamos normalidad, de la que somos cómplices. No culpemos ahora al Bildelberg, a los Iluminati, a la Tribu Milenaria, Wintermute ni a esos grupos ficticios de cuentos de viejas para asustar bebés probeta. Somos cómplices de aceptar el futuro a manos abiertas, y querer siempre más.

Pero sea cómo sea, he vuelto, para celebrar en un texto vanal e insustancial que éste blog ha resistido ya dos años y comienzo el tercero.

Y decía que es raro, porque Tungsteno Dreams nació tras una serie de lecturas vacacionales durante las fiestas de San Mateo, en un hotel de Salou, que ya era tradición visitar con los miembros de la familia en éstas fechas, que visité el año pasado como os conté en la entrada de entonces, y sin embargo éste año no ha podido ser, éste año he disfrutado de la misma semana de vacaciones, en casa, con la familia, sin hotel, sin boufete libre con plancha, wok ni playa ni piscina. Este año, he escrito menos entradas y podría usar la excusa barata de que me han ascendido en la megacorporación, de que el cambio me está constando, de que el nuevo puesto y las normas de alerta sanitaria me han afectado, que dramáticas y funestas situaciones en el seno familiar también, y que me he visto separado de la persona que más quiero y más me quiere de forma temporal por esto y todo lo demás… Y aunque todo fuese verdad, mentiría si quisiese usarlo como motivo al respecto de mi reducción de actividad en Tungsteno Dreams.

No he podido mantenerme a una entrada por semana, porque mis horarios laborales han cambiado, porque tengo muchos otros hobbies que me han apetecido más, porque al no emplear el transporte público con la misma frecuencia de antes he leído menos (hasta el punto de comprar un libro en Enero y leerlo en Julio), he jugado muchísimos menos videojuegos, y lo único que he mantenido en cuotas personales que pueda comparar al año pasado es el visionado de cine.

También es cierto que comencé bloggeando entradas de 3 páginas, y últimamente, me he metido en berenjenales de 9 páginas Word, porque me gusta poner toda la carne en el asador cuando me pongo, y si no, no me gusta ponerme para dejar un texto a medias que tener que retomar otro día, porque los datos van a demasiados teraflops en mi sistema cerebral modificado, y no soy capaz por sistema operativo de dejar tareas pendientes en segundo plano. Y porque sufro erecciones sensoriales cuando encuentro la veta correcta de la que sacar el tungsteno en una buena obra, y cuando fluyen las palabras, me vuelvo loco de gozo.

Y me pregunto ¿Debo seguir con el blog? ¿Debo seguir programando sueños de Tungsteno? ¿Aunque cada vez me lea menos gente (tal vez motivado por mi falta de frecuencia programada y mi pérdida de rigor y autodisciplina)? ¿Aunque el podcast, el videoblog y otros formatos desplacen la pesada, tediosa y tormentosa tarea de leer (nada comparable egoístamente con la de escribir)? La misma mierda de siempre, spam.

Entiendo que no soy ningún gurú, ni siquiera un intelectual, ni un apasionado, sino un ciborg mediocre compilado con piezas de segunda mano, pero mi sistema operativo es abierto y me reprogramo constantemente. Hay droides infinitamente más eficaces haciendo lo mismo que yo cada vez que se conectan a la matriz, es una realidad cuántica.

Puede que unas entradas tengan más visitas, que últimamente otras que no, pero es que tal vez hable de obras de las que no todo el mundo habla, aunque sean menos interesantes y posicionen menos y peor.

Me he relajado en mis rutinas de autopromoción en redes sociales, pero qué demonios, ¿es necesario daros la turra?

¿A qué aspiro? No se cual es el punto evolutivo que quiero alcanzar. Hablo como si compitiese, como si quisiese vivir de ésto, o alguna gilipollez semejante, pero soy consciente y eso me mantiene seguro de que no estoy viviendo un lag fantasma de desconexión. Se que todo aquél que ama algo y se termina involucrando en ello pasa por éstas diatribas, no soy el único, ni estoy sólo, ni es la primera vez que me ocurre tras haber remunerado otras actividades creativas en el pasado. Es inevitable, un bug en nuestro código genético, esos jodidos extraterrestres dejaron flecos en nuestra hélice.

No, no lo voy a dejar, no voy a volver a darle vuelta al torno Perico con el rollo de que yo no le he prometido nada a nadie, ni bla, bla, bla, ya lo hemos oído. Seguiré dándoos el coñazo a los que seguís pasando por aquí de vez en cuando, porque me gusta, y punto, no hay que darle más vueltas.

Solo que, ¿La realidad ha superado ya a la ficción? Yo no se si somos un producto azaroso de la panspermia cósmica, el resultado genético de experimentos de elevada arquitectura biológica de alienígenas, la obra caprichosa de un ser superior, o simplemente software de simulación, pero los humanos, más o menos ciborgs, hacemos éstas cosas inexplicables, en contra de toda lógica procesable, y disfrutamos creando “nada”, procrastinando de maneras lúdicas y pseudoculturales inimaginables que reducen la productividad del individuo en el régimen corporativo establecido, y en vez de seguir produciendo o resultándole útil al partido y el líder, nos evadimos leyendo, escribiendo, componiendo, debatiendo, y perdiendo el tiempo y energías con actividades no homologadas que en ocasiones incluso suponen un anti ético ejercicio de exhibicionismo e individualismo no consentido por el sistema al hacerlas públicas en el ciberespacio y ponerlas a disposición de los surferos, cowboys, buzos y boayeurs despistados, exploradores de los oasis de bits, descubridores de nodos paradisacos a los que jamás conoceremos en persona. Tal vez incluso sólo sean bots neo soviéticos de estudiantes chupadatos del ciber bolcheviquismo ilustrado.

Y el universo seguirá girando, el pasado seguirá siendo modificado para que los dirigentes actuales puedan convencer a las generaciones venideras del éxito de sus planes y la gloria de sus decisiones. Y nada ha cambiado, y el futuro no llega, y la ficción cada vez es más real.

Este nuevo tercer año de sueños Tungsteno me gustaría abordar obras que tengo en mente despachar casi desde que cree éste ridículo capricho virtual, como Ghost In Te Shell, Blade Runner, Akira, Alien, Robocop, Dune… Y otro montón de obras de ayer y hoy que me vayan surgiendo al tran tran del día a día de un ninja cibernético de noche, empleado de la megacorporación de día, con facturas que pagar, en la periferia de la gran ciudad de pladur y neón, aspirando a un planeta mejor. No ya a una vida mejor, no, si no a una mentalidad planetaria mejor, equilibrada, sana, solidaria, y sostenible, y soñando con la utopía entre tantas distopías.

No voy a compartir ésta agridulce entrada de celebración con 9 hojas de texto como cuando me vengo arriba sacando conclusiones mediocres de Perogrullo en el momento de análisis, alabanza o crítica de las obras que me chiflan, porque no tengo tantas cosas que decir, la inspiración está buggeada en mi sistema operativo, pero espero que me entendáis, y que sigáis conmigo, cuando os apetezca.

Soñad amigos robots, soñad, porque llegará el día que hasta los sueños dejen de pertenecernos, cuando una vulgar app creada por algún soñador en el garaje de la casa de sus padres logre que compartamos nuestros sueños en el ciber espacio, y una vez lo hagáis sin poder resistiros a ser parte del monstruo orgánico social latente en esa generación, dejarán de ser vuestros por no haberos leído la letra pequeña ni haber resistido el envite del resto de humanidad normalizada.

¿Seguiréis siendo estándar? ¿O si no nacisteis para empuñar un rifle lasser en una revolución centroeuropea anticorporativa, al menos, os permitiréis el lujo de soñar? Yo sueño, nuevo Segismundo cromado. Sueño en pequeñito, pero recordad, que el ciber espacio puede ampliar vuestro sueño sin pediros permiso cuando menos lo esperéis.

Gracias por estar aquí un año más. Y voy a intentar terminar Septiembre con algunas entradas más antes de empezar Octubre con ganas renovadas y nuevas bio baterías de Litio y Vitamina B56, manténgase conectados.




sábado, 22 de agosto de 2020

ERIK URANO . ASTRONAUTA DEL 4X4

RAP Y CIENCIA FICCION ESPECULATIVA


¿Cómo lleváis el fin del verano mutantes? Yo voy a tener que pasar por revisión de chapa y pintura para que el técnico revise mi climatizador corporal, le estoy dando un tute por encima de lo recomendado por el fabricante, no paro de sudar aceite y mancho todo. El verano es un castigo, aunque desde que nos quedamos sin capa de ozono, ponerle nombre al resto de estaciones del año no tiene sentido, pero pese a los implantes aún somos humanos ¿verdad? La nostalgia y las tradiciones nos diferencian de las máquinas, por ahora.


Sin duda, lo mejor del verano suele ser la cerveza fría, y de todo el año, una vez más, me doy cuenta de que da igual que sea verano, y si me paro a pensar, el verano, sólo trae cosas malas como por ejemplo la canción del verano.

Hoy voy a hablar de música, música que tiene que ver con la ciencia ficción por supuesto, con los futuros distópicos y las ficciones especulativas, música que bailan los robots, porque hace ya muchas entradas que no hablo de música desde Aviador Dro, pero existe mucha música unida a la ciencia ficción igual que lo están el cine, la literatura, o los videojuegos, la música es otra vía narrativa que además atraviesa paredes porque penetra con sus algoritmos ritmicos en lo más reptiliano de nuestro cerebro y empezamos palmeando el suelo con el píe, y derepente eso se ha convertido en un zapateo, y al rato ha descarrilado un tren interior de movimientos espasmódicos y desacompasados en todo nuestro sistema psicomotríz que nos ha puesto a dar giros, vueltas y hacer aspavientos y ejecutar una rutina de bugs cervicales aritméticamente in crescendo. La música tiene poder.

Pero cuando además cuenta una historia, cuando además tiene lírica, tiene narrativa, estamos ante una de las más ancestrales y complejas formas de expresión. Técnica y vocacional, genética me atrevería a decir.

Y técnica porque para componer, hay que aprender, y puedes hacerlo en un conservatorio, o mirando y escuchando de forma autodidacta, pero hay que aprender, requiere tiempo, interés, entrenamiento, uno no compone de la noche a la mañana, requiere meses y años de dedicación. Una dedicación que además debe satisfacer al individuo involucrado, debe generarle placer, ponerle a cien las glándulas pineales y eyacular dopamina en un orgásmo porcino de media hora, porque requiere mucho tiempo.

Mueve el píe izquierdo, el derecho, y las manos para hacer sonar esa batería como debe, mira cuantas teclas tiene éste piano, ¿por qué las guitarras tienen tantas cuerdas?.


Y luego está la parte lírica, ¿sabes contar historias? ¿Tienes algo que decir? ¿Cómo llevas los recursos literarios, el compás, y la rima asonante y consonante? Ësta parte la considero algo más innata, pero no menos técnica si deseamos un resultado a la altura de un selecto grupo de consumidores.

Pero aún hay más, ¿tienes voz? ¿sabes solfeo? ¿Dominas tus cuerdas vocales para convertirlas en un instrumento mientras cuentas esa historia que tanto ha costado escribir? Esto es lo genético, y también requiere su desarrollo.


Así que hacer música, es una ciencia terriblemente compleja que no está al alcance de cualquiera, porque además, para que suene bien nso queda la parte no menos importante del androide ingeniero. ¿Tienes dinero para invertir en la maquinaria adecuada para poder inmortalizar ya esa canción que acabas de escribir y componer? ¿Sabes lo que es un patrón, un delay, un preset, un DB, fade in y fade out, pistas, la compresión, un pluggin? Oh Dios mío de los santos cables y las placas quemadas.


Pero un día, en los barrios bajos de la costa este americana a finales de los 70, en fiestas improvisadas y bla, bla, bla, brotó una enfermedad llamada rap que permitía a todos aquellos notas de barrio catalogados en perfil bajo, con escaso poder adquisitivo, financiaciones de dudosa procedencia, y carencias culturales y educativas, convertir su realidad diaria del lumpen en loops y arengas pareadas para mover el esqueleto, dar vueltas en el sintasol y cagarse en la sociedad que les discriminaba.

Durante décadas esa música evolucionó haciendo eses y meandros en el río del culto que crearía, y sigue fluyendo hoy día, de formas renovadas aunque no tan diferentes, ya que entre el amplio abanico de temáticas, looks e idiologías que aquél estilo aforamericano, siguen conservándose unos cánones aparentemente innamovibles, vacas sagradas del género, que son los leit motiv y señas claramente identificativas del rapero aceptado en su movimiento creativo como tal, tienda más a la lírica conservadora del mensaje social, la denuncia y la pseudo poesía de a duro; O al también conservador y nada vanguardista himno edonista de los gansters y soñadores de Tony Montana que quieren pasar de las zapatillas victoria a las Balenciaga a cualquier precio, maquiavélicamente, mediante cualquier medio lucrativo, para después jactarse de ello y hacer propaganda de las virtudes y bondades de saltarte el sistema para conseguir el éxito estandarizado que la sociedad blanca impone. Sea como fuese, entre medias hay cientos de subgéneros, ideas, puntos de vista y estilos de vida, con sus correspondientes targets objetivos y sus defensores y detractores.

Y no voy a redactar un ensayo del rap, pese a que muy bien podría hacerlo con cátedra, si no que voy ya, hecha la introducción reglamentaria, a presentar a mi protagonista de hoy, único en su especie (o casi) en ésta vorágine de cadenas de oro y anglicismos snob que es el rap según los españoles, que da para otro ensayo totalmente diferenciado.


Hoy voy a disfrutar de Erik Urano.




GORRIONES Y SATÉLITES


Rara avis el gorrión vallisoletano que sin saltarse los cánones más primigenios de la secta religiosa del hip hop, logró con éxito volar lo suficientemente lejos del vórtice de antimateria de los vibes sampleados de soul, funk, jazz y rhythm n blues; Y los cinturones de asteroides de rimas frenéticas sin contenido, cacofonías invalorables heréticamente llamadas “métricas”, skills, y flow; Y encontró su campo de gravedad rotacional, no lo suficientemente lejano para abandonar el sistema rap, pero lo suficiente para escapar a los telescopios, sondas y robots satélite que rastrean el espacio para que el orden de los códigos no implosione en un mega big bang bong boom bax en un compás de cuatro por cuatro a 90 bpm.


Y aquél gorrión dió una vuelta, y dos, y tres, en su órbita, cómodo, observando desde el confín del sistema todos aquellos planetas, astros y planetoides de diferentes tamaños y colores, con anillos o sin ellos, con la única norma en común de intentar mantener la “realidad” en sus mensajes y textos, el vivo reflejo de sus vivencias, de los barrios, de las calles y de los perfiles ni tan marginales ni tan aburguesados pero sistemáticamente desobedientes y antisistema.


Y desde la órbita de Valladolid, que no es Nueva York, Paris, ni tan siquiera la aburrida Madrid ni la “europea” Barcelona, el gorrión disparó su texto, lo convirtió en rap, y le añadió algo a todo ese lore de periferia y delincuencia al por menor que lo convirtieron en su seña de identidad, le añadió ciencia ficción, y resultó.


Hablamos entonces de un artista que de por sí, sin que exista una ridícula regla de que tengas que ser del gueto para que te den la licencia de hacer pareados, viene de una ciudad que podríamos los neófitos catalogar de apacible, sosegada, histórica y tradicionalmente conservadora. Siendo generosos, eso está muy bien para la agencia de turismo de la ciudad Castellana. Pero desde mi más temprana y antisistemática juventúd, ya en la Malasaña de los 90, raperos, punkies, sharperos y metaleros compartíamos las leyendas urbanas, o no (porque cuando el río suena agua lleva), de la fachadolid en la que grupos de skinetos campaban a sus anchas casi sin resistencia importunando a los “guarros” como nosotros, que desdichadamente habían nacido allí, en vez de la ciudad que inventó la pólvora, la sopa de ajo y los macarrones con queso que todos sabíamos que era la capital opresora del estado, no otra que Madrid.


Y con el tiempo, mucho viajar, madurar, y sin que la segregación urbanística de estratos sociales por nivel económico, etnia y lugar de residencia me sirvan de termómetro para nada, pero aceptando que los tópicos existen por que un estudio popular no regulado de estadística reincidente les concede su veracidad, llegué a la conclusión de que cualquier ciudad, cualquier pueblo, cualquier barrio, esconden tesoros y animales venenosos en sus arterias de ladrillo, pladur y cristal.

No me han intentado nunca atracar en La Ventilla, Bronx, Long Beach, y sí lo han hecho en la boca de metro O'Donnell frente a la casa de la moneda y timbre dentro del distrito de Salamanca. ¿Me seguís?

Pues haciendo gala de esa realidad absoluta, y del refrán “Pueblo pequeño, infierno grande”, Erik Urano comenzó la panspermia cósmica de sus vivencias urbanas (canon del rap) camufladas con pixels digitales, logrando casi un estilo cyberpunk que sin querer o queriendo (no se) aúna múltiples características del subgenero ci-fi sobre compases de 4x4 y fotografías de bloque proletario estándar costumbrista y naturalista, retratado como Zolá o Benito Pérez Galdós pero en versión contemporánea, porque los tiempos cambian.


Como me atrevía a decir en al introducción de la entrada, para hacer música hay que aprender, y una vez aprendes, lo ideal es pasar por múltiples fases creativas, consecuentes con uno mismo y la realidad de la que el artista absorbe sus energías telúricas. Erik Urano no escapa a mi lupa de esas fases, de una evolución hasta ser lo que es ahora, sin saber qué será mañana, porque igual que la ciudad está en movimiento como decían los Dro, el humano también, como Goya. Somos organismos dentro de organismos, parte de un sistema vivo que envejece, muta, y se renueva constantemente. El universo es infinito, se expande, y Erik Urano lo hace con él, de copiloto con Carl Sagan.

Porque antes de hablar de esa evolución y su gráfica percentil, añadir, que si algo es claro a los oídos y ojos del buen observador, es que Erik Urano tiene un respeto nada chic ni esnobista a los arquitectos, lo suyo no es moda, y patente queda en sus odas a kraftwerk, Los Dro, o esplendor geométrico entre otros, que no solo lee ci-fi, si no que la escucha, es un robot asimoviano que se cree humano, absolutamente convincente, y en ocasiones un humano que se siente robot, planteando en sus líricas todos esos dilemas sobre la alienación y la cosificación humana patrocinada por la sociedad, sin masonerías ni gilipolleces, casi basándose en un método cientifico infalible, en las predicciones de los “papás” de la cifi especulativa, y en los futuros cercanos que nunca llegan, porque han llegado sin darnos cuenta, nos han metido la puntita, y se nos han corrido dentro un montón de nanositos mientras seguimos girando en el remolino del sistema, lo laboral, la sociedad del confort, la política del bienestar y todas esas trampas del capitalismo occidental que va de culo y cuesta abajo mientras sonreímos, Amazon nos trae la compra con un dron y un becario de programación ruso nos espía por la cam de nuestro terminal móvil de 1500 pavos mientras nos masturbamos en la taza del water. “The future is now” decían los Nonphixion.


Insisto en que Erik urano no es moda, y haciendo honor a la verdad tampoco el único en su mundo del rap en hacer música inspirada en ciencia ficción, añadiría a Elphomega cuyo álbum Homogeddon es un parque temático de la distopía genial, inmejorable, de culto; O algún otro tímido asedio como el de Mitsuruggy con un álbum y un E.P. ni de lejos tan bien construidos en torno a la ci-fi pero con un puñado de droppins inspirados en clásicos y maestros como Asimov y Sagan. Pero Erik es sin duda el más constante en su pompa distópica, no es tema pasajero para él, si no su prioridad, en cada álbum (o en casi todos, a ver si me meto ya con esa evolución en su carrera) y de ahí su mérito, porque en las temáticas del rap más aceptadas, desde la llamada “era dorada” del género que los puristas y metomentodos consideran los 90, la ciencia ficción no ha sido un tema especialmente aceptado por los oyentes que esperaban continuadamente su dosis de violencia, códigos criminales, sexo explícito y dramas fruto de la marginalidad. Y cuando España importó el género, en sus inicios se caracterizó por añadir una alta carga de mensaje antifascista en la mayoría de sus grupos, más reactivos en general, hasta la democratización del género, su expansión por toda la piel de toro, y un pequeño salto generacional para equilibrar la balanza, sin contar con que la gente de los 90 tenía que enterarse de todo vía parabólica, y ya entrados los 2000 internet puso en la palma de la mano millones de Gigas de música pirateada al consumidor que pudo hacerse una nueva reconfiguración de sus clústers al respecto del software que se habían instalado en sus discos duros, con una consecuente ebullición volcánica de cismas, enfrentamientos filosóficos y cruzadas inquisitoriales sobre todo tipo de dogmas de diferentes profetas del barrio.

Así que su valentía, por mantenerse firme, sin miedo al qué dirán, afianza su personalidad hidráulica como el auténtico astronauta del rap. No hay otro.


Pero ahora parece que la moda, las nuevas generaciones, ha sufrido un cambio en todo aquello que venía arrastrándose décadas atrás, y se permite por beneplácito de los nuevos influencers del Trap norteamericano, el mestizaje de la cultura vulgarmente considerada friki, la más nerd, con el submundo delictivo que sigue abanderando el movimiento respecto al consumo de drogas y las financiaciones ilegales que siguen manteniéndose como piedra angular del estilo musical.

La nueva adolescencia millonaria del nuevo rap norteamericano, ha comenzado a defender el manga y el videojuego como partes imprescindibles de la cultura popular de su generación, y veamos, siendo objetivos, no me sorprende ni me escandaliza, lo que me hace ver es cómo otras generaciones anteriores fueron tan ciegas de en ocasiones no expresar esas mismas influencias sólo por el hecho de permanecer dentro del rebaño. Dicho ésto, muchos jóvenes artistas emergentes buscando su hueco en el mercado y las redes, componen ahora esta nueva música no menos cyberpunk en su filosofía, conocida como Trap (una evolución o subgenero del rap durante el siglo XXI) e incluyen con naturalidad y orgullo propaganda y conceptos relacionados con Ghost In the shell, Cowboy Beebop, el cyberpunk en general, pero casi siempre a través de la cultura otaku , sin el poso verdaderamente intelectual que Erik Urano nos aporta, pese a que su último trabajo se titule precisamente Neovalladolor en honor de la obra cúlmen de Katsuhiro, no debemos confundirnos ni caer en el prejuicio de catalogárlo previamente como kitch.

Muchos de éstas nuevas promesas emergentes mantendrán una relación esporádica y promiscua con la ci-fi, mientras Erik está casado con ella.

No obstante, la cultura popular es propiedad del pueblo, y el pueblo, somos todos, por lo que enriquezcamos mediante cualquier medio nuestra sociedad y expandamos horizontes al respecto.


DISTOPIA DE LOS BARRIOS


Vamos a lo musical, embrollos al margen y ya ubicados.

Una búsqueda rápida de Flat Eerik e tu oráculo virtual favorito te va a poner frente a la cara un par de títulos de la última década, Cosmonáutica y su reciente Neovalladolor. Los títulos son toda una declaración de intenciones. Pero hay más si rebobinamos la cinta de recuerdos, encontraremos títulos de obras completas como Energía Libre junto a Zar1, el maxisingle Matrix, el E.P. Balaclava, y sin duda hay un buen porrón de canciones para estudiar de Erik desde principios de los 2000 junto con su grupo creativo, los Urano Playerz.



Los ví en concierto en 2010, y de joven se me ha hecho de día con algunos de ellos en sus excursiones madrileñas gracias a un amigo en común de Torrejón. Pero mi primer cntacto mutual con algunos de ellos como Mike y More fue en foros en la internet del pleistoceno. Sin embargo, pese a tan agradables recuerdos, hablo en ésta entrada desde la más estricta y virginal objetividad de Erik como artista, como creador, y como yo lo veo como “sabedor” de su género musical, y “sabedor en ciernes” de la ciencia ficción. Esta entrada no es propaganda, es disección para aportar un registro más a mi biblioteca virtual de cultura choomer.


Comenzando de alante hacia atrás, Neovalladolor, su trabajo más reciente. El homenaje a Akira es un compendio de canciones que adaptan su versión urbana de los hechos sucedidos y sus circustancias cotidianas vallisoletanas, callejeo canónico ya hemos dicho en el género dogmáticamente inevitable, a un futuro presente, ya no cercano, presente. No es conceptualmente ficticio, ni mucho menos, si no un biopic pixelado que nos transporta de esa realidad gris y rutinaria a otra cromada, robótica y mecanizada, en una voltereta metafórica. Una metamorfósis del callejeo a distopía. Un futuro especulativo muy oscuro, no grimdark, pero como decía antes, muy cyberpunk y hablemos de ésto, porque también tiene su cánon ¿no?.

La realidad vallisoletana de Erik nos es pintada en tintas grises, monocromáticas, desesperanzadas y repetitivas, crudamente realistas, pero al pasarlas por su filtro de verde fósforo obtenemos una realidad alternativa que en un acercamiento al futurísmo italiano está protagonizado por luces led, materiales sintéticos creados por el hombre como el goretex y el neopreno, tecnicismos de la era de la comunicación, la red, y cálculos científicos que presagian lo que está por venir. Erik juega con la ciencia y el barrio haciendo malabares, convirtiendo la vida de sus protagonistas involuntarios, antihéroes fumando narcóticos como medida de distracción y evasión, en un nuevo Neo que tiene que enfrentarse a la realidad que lo anestesia, al sistema, usando y entendiendo su entorno, un entorno digital y tecnológico.

Musicalmente, las atmósferas conseguidas también se alejan de lo que el neófito catalogaría como rap, pero que un oído más experimentado tal vez pueda asociar entre otras muchas referencias a company flow o ninja tunes por decir algo de muchas, al vuelo. Y sobre composiciones sintéticas damos ese salto al futuro cercano. Vamos a encontrar giros que amenicen el viaje lírico con ritmos más bailables con ese “perreo subatómico” que él mismo bautiza, o música de rave, otro elemento muy ligado a la cultura choomer, con vibes cercanos al dubstep, veloces y dinámicos. Nos transportan a esa pista de baile con noctámbulos retrofuturistas pasados de moda bailando en la oscuridad con juguetes fluorescentes, crestas, botas, pendientes y pupilas dilatadas mientras Erik escupe su mantra.

La distopía, el cyberpunk, incluye ese nihilísmo, esa marginalidad social, y las drogas, pero si lo miramos bien, como dicen lso que saben de esto de verdad ¿Qué es la ficción si no un disfraz de la realidad? Más real que la vida misma, la toman en Neuromante, y la lleva tu jefe en el bolsillo de la americana.

Entre todo esto no se pierde la raíz y encontramos extrapolarizaciones y loops de raperos de los 90. Por lo que no es una obra ecléctica y multi género, no, la intención es clara, innovar, mutar, pero seguir siendo humano, no llegar a la ciberpsicosis tras una colección nueva de aumentos. Insisto, no es una obra de ficción.


Pistas de corta duración que cumplen con los algoritmos involuntarios de la radiofórmula actual pero que cumplen con creces su cometido pese a ésta peculiaridad contemporánea. Que por otro lado ayuda a querer darle una segunda vuelta al compacto.

Pese a todo el callejeo y su antiheroísmo tampoco vais a encontrar una apología gratuita de la delincuencia y la rebeldía sin causa, es un trabajo de una persona con inquietudes intelectuales que lleva mucho mamando ficción y ciencia.


Donde el Quijote veía gigantes que eran molinos, Erik ve mechas, y ese es su ejercicio imaginario más valioso.




Antes estuvo el E.P. Balaclava, caracterizado por ese sonido mecánico, las librerias que podrían haber sido usadas en tecno purista pero que han sido recicladas para hacer su peculiar rap nada convencional. Seguiremos prestando atención a sus píldoras ci-fi en sus versos, su respeto a la obra Matrix de las wachowski, sus visiones digitales que parpadean en sus ojos biónicos, su realidad vallisoletana en la que aparecen pop ups como espejismos mientras lo tangible se glitchea, y esos giros rave en el compás cuando dejamos de oir su voz.


Por detrás, Cosmonáutica, que es la antesala de Neovalladolor. Considero que fue el punto de inflexión que lleva a Erik al ambiente futurista, pero su lírica la veo aún más cerca de Energía Libre que de neovalladolor. Un trabajo eslabón que es imprescindible para entender la mutación.




Un pasito más atrás para entender toda ésta mutación, Energía Libre es el punto que yo considero en mi distancia, meta volante, de la versión anterior de Erik y su actualización. Parecen poder diferenciarse dos mitades claras, una más clásica, menos innovadora, más del rap influenciado pincipalmente por los movimientos costa este desde la mitad de los 90, más “boom bap” y otra mitad en la que el virus de su sistema va apropiándose de archivos ejecutables y rompiendo su hielo negro, lo que me hace valorarlo, ya que no encuentro la sorpresa en la faceta tradicional, que bien ejecutada sin duda técnica ninguna, me retrotrae inevitablemente a otros artistas anteriores, que ya han ejecutado de manera similar, las mismas reinterpretaciones del catálogo más convencional del género una y otra vez, pese a los droppin ingeniosos en torno al futurismo que nunca le han faltado.

Ojo al track que da nombre al título y a la canción “pura magia negra”.

Dejar claro que yo no busco consumir boom bap y eso ya me condiciona, con todo el respeto.


Así que de la discografía de Erik Urano podremos extraer una lista ideal para el holoreproductor y una botella de vodka mientras se manifestan frente nosotros carpas koi de colores y medusas hipnóticas a oscuras y con la persiana bajada en nuestro apartamento del megabloque para empleados de la corporación. Tal vez, descifremos alguna frase encriptada que nos ejecute una nueva subrutina.