miércoles, 21 de agosto de 2019

RIDDICK



EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE


Vaya día en la fábrica, esos malditos robots dando órdenes todo el día, como deseo que un día uno de esos cerebros de cable se equivoque y todo salte por los aires.
Al fin me quito el mono azul del trabajo, y me pongo mi mono negro de ninja, paro en el 24 horas de la esquina, paso por encima de un par de “nómadas” que duermen en el soportal (en verdad son mendigos, pero no les culpo por querer salvaguardar el poco honor y humanidad que les queda por llamarse a sí mismo nómadas), y cruzo la puerta de la tienda. Suena una melodía oriental que no reconozco cuando accedo, hologramas de estúpidos dibujos animados japoneses me saludan y me sonríen en mi campo de visión. Cruzo el pasillo de la izquierda, dejo atrás a esa mujer embarazada que está llenando el colchón del carrito del crío con botes de encurtidos y mahonesa, a Cha Laoh no le va a gustar eso, pero no la puedo culpar, ¿quién coño en su sano juicio pagaría 5 €cus por un bote de pepinillos? Nos están matando poco a poco, trabajos de mierda, comida de mierda, casas de mierda...Mi abuelo me dijo una vez que todo comenzó a principios del SXXI, lo llamaban crísis, pero que tras 30 años de aquella “crísis”, nada mejoró y la gente comenzó a llamar a esto... Area de confort. Me cago en su puta madre...área de alkanfort lo llamaría yo.
Agarro una litrona sin cebada, 100% labo-safe dice la rubia tehutona de la etiqueta, y un cubo de fideos instantáneos, llego a la mesa de Cha, que está como siempre flipado con su stem jugando a esas mierdas de críos. Su robot cajero me lee los códigos de los productos, me pide mis 9 es y me imprime una bolsa desechable. Cuando voy saliendo oigo el ruido de un bote de pepinillos romperse, no es mi movida, la avaricia rompe el saco.
Subo las escaleras del megabloque y ahí están mis dos compañeros de piso, que bien se llevan los zoquetes, uno estudió ingeniería bionaval aplicada y el otro se doctoró en ciencias sociales del yagaísmo, tienen entre 42 y 47 tacos, uno curra con un uniforme de marinero en una cervecería folclórica y el otro es un divorciado arruinado por la pensión que acepta trabajos esporádicos en una agencia de seguridad privada de las afueras. Area de confort.
Entro en mi habitación y enciendo la holopantalla de viejo fósforo verde, por fin, yo, mi cerveza, mis fideos, y la noche.
Joder si fuese un ninja de verdad podría moverme en la noche como un fantasma, como un gato de callejón sifilítico, y podría verlo todo, como con unos injertos oculares de Nextgen, en infrarojo, o en infravioleta, o en infra color que me diese la gana, pero no tengo esa pasta.
Una vez escuché el rumor, de un tipo que en una cárcel de esas en las que nadie vuelve a ver la luz del sol, a cambio de 20 cigarrillos, sobornó al cirujano de la prisión para que le pusiese unos nuevos globos oculares que le daban esa visión nocturna tan flipante. El tipo se llamaba Riddick.
Richard B. Riddick para ser exactos. Aunque creo que su verdadero nombre era Vin Diesel.



En 1998 (veintiún años se dicen pronto) se estrenaba una cinta arriesgada, experimental, de bajo presupuesto, que trató de sorprender inspirada claramente por otras obras de diferentes géneros de terror, slasher o survives angustiosos, en un universo de ciencia ficción.
La película venía firmada por David Twohy (director y guionista involucrado en casposos clásicos denostados como Water World, Critters 2 o G.I. Jane), Ken Wheat, Jim Wheat y el propio protagonista Vin Diesel (que aún no había entrado al Olympo de los blockbusters con Fast N Furious que vendría 3 años después) en un delirio personal que a todas luces no pasaría de capricho y de suponer un infructuoso desembolse económico para los osados emprendededores. Algo se escapó a su control.

RIDDICK, UN NUEVO ANTIHEROE: PITCH BLACK


Recuerdo por aquél entonces, cuando con los colegas siempre intentábamos ver películas no comerciales, alternativas, que nos contasen cosas que no fuesen las mismas que estábamos hartos de ver. No es que fuésemos unos intelectuales cinéfilos, no, pero sí una panda de apalancados con más de un vicio y con ganas de salirnos del camino principal, aunque no supiésemos que el camino secundario, el terciario y hasta el cuaternario en verdad los ha trazado la misma mano y nada es tan especial en sus paisajes como nos pensábamos. Más de lo mismo. Pero allí estábamos, litronas, ceniceros llenos y Cube, Brazil, Los Monthy Python, Pi, Robert Rodríguez, Kevin Smith, Kids, etc. Y un día le tocó a Pitch Black. Y nos moló.
Esos veintiún años después (o algo menos seguro con el jetlag del videoclub y tal), tras haber encontrado a Riddick docenas de veces, en canales del TDT a deshoras, intentando caer en las redes de Morfeo y no haberle dado ni una sola oportunidad real ninguna de esa docena de veces, me digno a darme el capricho de conocer mejor al calvo de las gafas negras. Y he de admitir que es un descubrimiento, que me hace darme cuenta de algunas cosas.

La primera cosa, es precisamente cómo ha pasado el tiempo, dos décadas que se notan muchísimo en la primera de las aventuras de Riddick, Pitch Black, una película en la que se nota la falta de dolares, cosa que nunca me importa cuando me siento frente a la pantalla con predisposición a ver una historia diferente que me secuestre durante unas dos horas, pero hay que decirlo así tal cual. Y muy posiblemente esa falta de pasta en su realización, ese Diesel con una tonelada menos de músculo y sin haber adquirido aún el viciado don de doble filo de sobreactuar cada personaje hasta el extremo en su ineludible papel de macho alfa simpaticote, o máquina de matar con buen corazón, y la idea de “película de supervivencia” al desuso, son lo que la convirtieron en una pequeña cinta de culto underground que corría de boca en boca y que consolidó la franquicia.
El tipo que ve en la oscuridad en un planeta que es de noche dónde viven unos bichos tope de chungos.
Eso era Pitch Black, y pese a sus estúpidas tramas visuales, sus filtros, sus repeticiones visuales, y el incómodo monocromatismo contínuo que pasaba del azul fantasmagórico al naranja marciano en cada secuencia, funcionó mejor de lo que sus creadores hubiesen imaginado, contra todo pronóstico.

Podría surfear la wikipedia, y Google para sacar datos de la película, de su rodaje, entrevistas a Vin Diesel, seguro que podría, pero me voy a limitar a analizarla desde mi ignorante punto de vista, sin más, que tampoco va a ser menos, porque hay tela que planchar.



Pitch Black nos presenta una nave civil de largo recorrido, con 40 variopintos pasajeros hibernando en sus clásicas ya cápsulas de suelo criogénico o lo que sea. Una nave de un diseño industrial, una bonita maqueta digna de cualquier otro clásico del cine de ciencia ficción a la altura de los diseños de O'bannon, surcando el espacio, promete.
Un predicador islámico del siglo XXVIII, junto a sus pupilos, que aporta un extraño toque galáctico con regustillo a Dune, y que da ese toque exótico y profético del futuro que nos espera y que hemos visto en otros siglos venideros imaginados por otros autores como la evolución étnico, religiosa y social de La paja en el ojo de Dios. Ese factor humanista que nos avisa de que, lo sentimos mucho humanidad, sois como sois y tenéis costumbres que no erradicaréis ni en el futuro más lejano, y la religión es una de ellas. Un must de la cifi sin ninguna duda, la religión y los viajes galácticos. Y eso aporta cierta seriedad de manual, doctrina o interés de buen hacer en los responsables de la película.
Añadimos al pasaje de abordo un gañán contrabandista de manual, en cuanto le vemos interactuar un par de veces sabemos que morirá pronto, como el quaterback en Camp Crystal Lake o el fumeta de Elm Street. Ese es nuestro contrabandista.
El menor sin tutores legales. Los pilotos. Un agente de la ley que transporta un reo, un peligroso reo por el que cobrar una jugosa recompensa en su destino.
Y como debía ser, unos meteoritos fastidian la travesía, la nave ha de aterrizar forzosamente en un planeta extraño, y los supervivientes a la colisión deberán cooperar, superar sus diferencias y buscar la manera de regresar a la órbita.

El preso peligroso es nuestro Riddick, pinta de asesino, rapado, tipo de pocas palabras, frío y calculador. Acababa de nacer un antihéroe en la pantalla.
Mientras se ponen de acuerdo y se organizan, descubrirán que el planeta donde han chocado es muy hostil, un hábitat extremo, desértico, con poca agua, elevadas temperaturas, y ni un puesto civilizado cerca ni una triste colonia. Mientras lo exploran discutiendo si Riddick ha de ser entregado a la justicia sin perdón o si de es en realidad la persona más apta y capacitada para sacarles de semejante entuerto, encontrarán una antigua estación geológica y los moradores nativos del planeta, unos encantandores depredadores alados que interpretarán al asesino en serie de éste slasher de ciencia ficción que gracias a Dios no se corta un pelo con el gore de serie Z en las muertes que irán sufriendo los miembros del grupo incapaces de tomar las decisiones correctas para sobrevivir.
Porque la película es una survival movie en toda regla, un grupo desavenido, con pocos recursos, en inferioridad ante un planeta hostil de ecología depredadora con una oscura y larga noche provocada por el eclipse de sus 3 soles cada 22 años, y qué mala suerte, han aterrizado de emergencia en el planeta adecuado, el día justo para conocer la fauna autóctona nocturna.
Como en 30 Días de oscuridad si no fuese porque Pitch Black es anterior, la oscuridad nocturna es el desencadenante del exterminio de protagonistas.
Hay mucho de Alien el octavo pasajero en Pitch Black, la estética futurista post cyberpunk, industrial, wasteland y underground, los espacios cerrados, la oscuridad, las criaturas, y que nadie oirá sus gritos en un planeta desértico y deshabitado. Mucho, o así lo veo yo. De hecho, me atrevería a decir que Pitch Black es un homenaje mal enfocado de Alien, de mal gusto pero hecho con amor, porque no, no hay comparación posible entre ambas por mucho que queramos maquillar Pitch Black y ser generosos con ella. Pero el intento, se le ve el plumero creo yo.

Con que ese ostentoso Alien de serie Z que cambiaba a la diosa Ripley por un cachudo de pocas palabras capaz de ver en la oscuridad, consiguió lo que quería y se hizo un huequito en el cine independiente de ciencia ficción y terror.
Y ahora que lo menciono, sí, Riddick ve en la oscuridad, creí dejarlo claro al principio, pero es el detalle que le da ventaja sobre el resto de la camarilla en un planeta de noche interminable. Bueno, eso, y que está mazado, es silencioso, rápido, mortífero, y presume de un agudizado instinto animal latente en su cerebro, lo que le distingue de los humanos normales.
Tan tópico como original en su planteamiento.

UNA BROMA DE MAL GUSTO: LAS CRONICAS


Así que tras aquella extraña peli de videoclub y programación autonómica nocturna, llegó en 2003 su continuación, Las crónicas de Riddick, y sólo puedo preguntarme ¿por qué? ¿era necesario? Riddick no se merecía esa ofensa. Hicieron del asesino un personaje indigno.
No se si Vin Diesel quiso retomar el personaje que en realidad siempre quiso ser porque es su forma de revindicar “Yo también cree un héroe”, porque es su “bebé”, su ojito derecho, o sencillamente porque alguien le convenció que debía dilapidar las montañas de benjamins que había amasado hasta entonces con una bolsa del Ikea llena de blockbusters. Pero el caso es que ocurrió, Riddick tuvo una secuela.
Se nota que Vin Diesel echó billetes a ésta segunda parte, se mejoró el vestuario, los decorados, el número de extras y participantes, y se liaron la manta a la cabeza con una space opera barata, de manual, que no aportaba nada de nada al género, sin terror, sin sangre, con armas láser y ejércitos tiránicos que encarnan al mal en al galaxia con armaduras neo medievales y toda esa basura épica que estábamos hartos de ver y que no pintaba nada ene l universo de Riddick.
Riddick sigue siendo un prófugo de la justicia solitario, que termina en un planeta de corte medievalista engañado por uno de los supervivientes de Pitch Black con los que trabó cierta amistad o camaradería. Ese pobre planeta está siendo invdido por un terrible ejército cósmico de una raza llamada los necrófilos (es que es para reírse hombre) cuyo líder, un “Lord Mariscal” y marqués de chorrapelada, ha obtenido los mesiánicos poderes de robar el alma a sus víctimas tras haber sobrevivido a un viaje por el subuniverso. Tremenda subbasura sin jugo ni originalidad ni sentido ninguno.
Entiendo el interés o las ganas de endiosar a Riddick, de ampliar las miras de un antihéroe de ciencia ficción capaz de recorrer diferentes galaxias y vivir nuevas y violentas aventuras. Vale que quisieran elevar al bribón de Riddick de vulgar criminal a … elegido salvador de la galaxia y único superviviente de una raza alienígena llamada los furyanos, pero... ¿así de golpe? ¿De una entrega a otra? Convirtieron al asesino frío y calculador en un cachudo socarrón, la película de survival terror en una comedia familiar de acción, el lore underground y axfisiante del futuro oscuro y desesperanzado en planetas de Stargate la teleserie con un Darth Vader de pacotilla y un ejército de memos con armadura negra y armamento ridículo de lásers y bolas de energía a medio camino de la magia de fantasía y la space opera menos innovadora.



Que desastre de píes a cabeza. La evolución de Riddick y de los personajes que repiten papel de Pitch Black en ésta segunda entrega, es irreal, inconcebible y vergonzosa.
Las piruetas de Riddik triplican su efecto gravítico, y parece que estemos ante un híbrido de Flash Gordon y XXX.
Y por si fuera poco, debieron de volver a contratar al fan de Lazarov de Pitch Black que jugaba borracho con los filtros, los zooms y los cambios de luz, obteniendo como resultado un montón de dinero quemado en el fuego.

Supongo que el batacazo debió de ser de aupa, y si me equivoco, pues debo ser un ingenuo. Pero Vin no se dio por vencido. Riddick debe suponer para él como ese romance tóxico que te hace sentir como un patán pero que no puedes dejar de perseguir, no se da por vencido, está obsesionado y empeñado en hacer de Riddick algo más que aquél personaje carismático y duro que creó en Pitch Black, pero lo viste de tirolés y lo manda así al primer día de instituto con Las crónicas de Riddik, creándole un trauma insalvable hasta que pase por completo su adolescencia y haga nuevas amistades universitarias desde el completo anonimato.

RIDDICK, TÚ ANTES MOLABAS


Y en 2013, Riddick es el título homónimo, de lo que sin esperanza ninguna he terminado por calificar la mejor de las tres.
Supongo que Vin encontró a un amigo de verdad, uno de esos que no es un lameculos de Hollywood, alguna persona con sentido de la vergüenza y valor que le debió de decir eso de “Vin, Riddick antes molaba”.
Y le removió algo por dentro. Me lo imagino soñando con esa frase dormido y despierto, al personaje ficticio de Riddick devorándole la conciencia, culpándole, “tú me mataste, y yo te quería” en una espiral de voces con eco dentro de su cabeza, hasta que tomó las riendas del antihéroe de nuevo.
Y así Riddick volvió a ser una hoguera de biruta, pero en esta ocasión, el humo de la fogata hizo bonitas nubes con volutas de colores. Por fin un reparto con un mínimo de gancho, Batista, Moyá, unos buenos efectos visuales, especiales y un CGI más que decente sin ser Star Wars, y sobre todo, recuperando todo lo que nos gustó de Pitch Black.
Un planeta hostil, un elenco limitadito de personajes encerrados en el mismo ecosistema, como una novela de asesinatos “cluedo” de Agatha christie, pero en suelo extraterrestre, sin escapatoria,una película de “cacería” que si bien Pitch Black opino se inspiró en Alien, a ésta Riddick le veo mucho de Depredador, asumiendo Diesel el papel de cazador despiadado.
Riddick vuelve a ser un andrajoso sansón pelado con estética wasteland, como sus perseguidores a sueldo, que está empeñado en recuperar su “lado animal” con una faceta a lo “Frank de la jungla” galáctico, que en lo que parece un intento claro de la producción de reconciliarlo con el público y la crítica, no vuelve a hacer especial hincapíe en que en realidad es alienígena y no humano (aunque un alienígena llamado Richard, no se yo, se les fue de las manos en Las crónicas, sin duda), recuperan el Riddick oríginal, añadiéndole un par de ases en la manga, pero matando silenciosamente el héroe de acción espacial “marveliano” de la anterior entrega. Parece todo muy premeditado e intencionado.
Loq ue se dejó en la bolsa de cosas viejas de Pitch Black en ésta ocasión fue el terror, ni un intento, por pobre que fuese, nada, se acabó ese enfoque.
Pero funciona, es como reinterpretar Pitch Black, que ya no volverá a tener aquella frescura, nunca más, no volverá a sorprender como entonces, pero los factores metereológicos y las condiciones naturales adversas volverán a obligar a perseguidores y perseguido a ponerse de acuerdo para salir de ese agujero de planeta con una fauna nada amigable.
Se repetían todas las características de éxito de la personalidad de Pitch Black, incluso volvíamos a ver un poquito de sangre, e incluso un par de tetillas, vaya, vaya Vin, ¡que canteo! ¡Qué film más duro! ¡Waoww!.
Bromas a parte, se agradece de nuevo la crudeza, aunque sin spoilers, Riddick peca de payaso en ocasiones innecesarias que nos recuerdan, que nunca volverá a ser lo que fue en Pitch Black, pero que la menos queda esperanza.



SUB UNIVERSO EXPANDIDO


Y digo que debe quedar esperanza porque Vin Diesel sigue dándole vuelta al torno Perico, y no para el tipo, anunciando que habrá una cuarta entrega del asesino calvorota de la visión nocturna.
Por mi parte si sigue en la línea original “modernizada” (por decir algo) y le quita un par de tópicos bárbaros al antihéroe humanizándolo un poco, y bajándolo del podio de los semidioses, creo que podremos disfrutar de una buena película de acción, aunque echemos de menos una pizca de terror y slasher.

Hay Riddick para rato. ¿Cómo ha podido calar un personaje tan plano? Un saco de músculos y clichés de taquillazo. Supongo que su estética, esas gafas negras, ya son un icono. Pero no nso engañemos, releyendo lo expresado, son los planetas inhóspitos y mortales en los que aterriza los verdaderos protagonistas de sus historias, y si pretenden devolverle a los combates de naves espaciales y las culturas futuro renacentistas, seguramente, muera como una caricatura de sí mismo a las órdenes del ratón Mickey.
¿Acaso es cierto aquello de que nada es como al primera vez? Bueno, en verdad, nada suele ser como la primera vez de algo, aveces precisamente la primera vez es la peor de todas, pero Riddick no es un ejemplo de ésto. ¿Será capaz de sorprendernos de nuevo alguna vez? ¿De hacernos pensar que estamos viendo algo que el resto de la gente se está perdiendo y deberían ver? ¿O me sentiré como con Las crónicas, el único idiota que lo ha visto entero?
Yo que se, pero lo sabremos si Dios quiere y anda pasa, y mientras tanto, hay 2 novelas de Riddick, videojuegos y cintas de animación que ir descubriendo juntos hasta la cuarta súper producción del asesino de los ojos blancos. Porque yo no he catado ninguna de estas obras alternativas que completan el universo de Riddick, y mi Xbox360 sigue funcionando como hace 10 años, aunque no espero gran cosa y si lo juego seguro que acabo haciendo de tripas corazón por puro fandom.



Buenas noches, y sintonizad vuestros chips para soñar tungsteno.
Gracias.

jueves, 15 de agosto de 2019

SYNDICATE


CYBERPUNK CORPORATIVO EN PIXELS


Mientras el calor derrite la megalópolis, aprovecho la oscuridad de la noche para no derretirme frente a la pantalla que despide calurosos haces de verde fósforo. En la cocina solo tengo una litrona a media sin fuerza y cereales pasados. Ok, al cuenco con los dos, seguramente una cosa potenciará la otra y yo me nutro y me refresco a la vez.
Una cucaracha corretea por la pared y las luces del holograma de streaptease del edifico de enfrente me están volviendo loco, inundan mi apartamento como una marea fluorescente de un mal viaje de wire barato sudafricano.
Y aquí estoy, sudando la gota, en gayumbos en un sofá despellejado de cuero falso que se me pega a la piel como una jodida sanguijuela, intentando escribir algo para ésta nueva semana.
¡Ouh! ¡Joder! La cosa se anima, un disparo, dos, me asomo por la ventana a gachas a cotillear, ¡mierda! Una bala perdida acaba de entrar por mi ventana hacia arriba y se ha abierto paso por el techo de sinteplast como un dedo en la mierda recién cagada, qué fuerte, con suerte se han cargado al hacker de arriba, ese sucio farsante se pasa las noches conectado a V-Land embutido en un avatar de Lolita en el que no le cabría ni una pierna en la vida real. ¿Que cómo lo se? No preguntéis hostias.
Miralos, son los tipos duros del Syndicate, con sus gabardinas blindadas y sus implantes de última generación, dando caza a algún youpie de la competencia. ¿Que no sabéis quienes son esos tíos? ¿En que agujero habéis estado metidos los últimos 26 años? La madre que los parió.



Era 1993 y la maravillosa Bullfrog lanzó al mercado Syndicate en multiplataforma 16 bits y ordenadores. Bullfrog son unos de los chicos británicos que más hecho de menos en ésto de los videojuegos. Sus títulos me han hecho gozar como un perro. Allí estaban en 1987 Les Edgar y el gurú Molyneux al frente de la joven empresa de entretenimiento, estrenándose por todo lo alto con Populous, toma ya, ¡boom!. Y después puedo hablar de Dungeonkeeper y de Theme Hospital (uno de los juegos de PC más vendidos del mundo), pero hoy se lo dedicaremos a Syndicate.
Bullfrog fue absorbida por EA, y Molyneux abandonó el barco por discrepancias creativas, una multi no puede cortarle las alas a un búho tan sabio y venerable, así que voló, y los restos de Bullforg, sin capitán al timón, pasaron a ser EA UK, y de ahí a la desaparición, sin sumar ningún acierto más a parte de un port de Quake III de PC a la videoconsola del momento de Sony. Osea, nada.

Año 2096, la esencia del cyberpunk convertido en un juego de estrategia en tiempo real. Las megacorporaciones han suplantado a los gobiernos de forma definitiva, y la guerra de competencia desleal ha explotado, extracciones de personal, robo de I+D, espionaje industrial, extorsiones, secuestros y atentados encubiertos entre corporaciones que actúan como sindicatos del crímen enviando unas contra otras pequeños grupos de expertos sicarios ciber aumentados.
El único objetivo es apoderarse del control global por la fuerza silenciosa.

Esos pequeños escuadrones de la muerte, con sus gabardinas negras escondiendo armas de gran calibre y brillantes partes cromadas en sus cuerpos suplantando antiguos músculos y huesos, se adentran en los centros de negocios y las barriadas del downtown de cada gran ciudad de cada país, para eliminar la resistencia armada de sus rivales y apoderarse de sus mercados de formas poco decorosas pero muy efectivas.
Controlados mediante un chip por la corporación Eurocorp, estos asesinos natos son marionetas sanguinarias manejados por las cuerdas invisibles del poder en los despachos de los áticos de los rascacielos de acero y cristal.



Habrá daños colaterales, siempre los hay, civiles, policias, muchos viudos, viudas y huérfanos, pero la cuenta corriente de la megacorporación no puede dejar de crecer.

Y bajo ese sanguinario y despiadado marco de futuro distópico, teníamos Syndicate, un juego revolucionario por su lore corporativo del cercano futuro sombrío, en el que manejaríamos a 4 asesinos profesionales que viajarían por todo el globo, país a país, reduciendo a la competencia mediante distintas misiones que cumplir en tiempo real.
Teníamos desde asesinatos de un individuo rival en concreto, hasta su secuestro mediante el uso de armas “hipnóticas”, o masacres de civiles en plena vía pública para sembrar el miedo.
Controlaríamos al pequeño escuadrón en grupo o de forma individual, y recorreríamos los escenarios isométricos industriales y mustios de un cercano futuro neo bahuaus, decorados con algún neón de night club de vez en cuando, a píe o en vehículos. Podríamos tratar de mantener el incógnito el mayor tiempo posible, o desenfundar el arma e ir sembrando el pánico entre la población, llamando la atención de la seguridad ciudadana y de nuestros rivales del zaibatsu contrario.

Tras cada misión completada con éxito, con o sin bajas en nuestro equipo, podíamos aumentar a los miembros de nuestro escuadrón, con implantes de protección, reflejos, velocidad, y todo un amplio catálogo cibernético de brillantes repuestos quirurgicos, convirtiendo a nuestros agentes en temibles cyborgs poco a poco.

Cada nuevo país cuya sede corporativa había sido derrotada, pasaba a formar parte de la red corporativa de nuestra compañía, y podíamos gestionar los impuestos de la nueva colonia corporativa, de forma que considerasemos más beneficiosa, con los riesgos de una revuelta civil, como una huelga, obligándonos a repetir la misión.

El único objetivo, superar todas las misiones en cada país y monopolizar el mundo por completo.



¿Qué puedo decir yo al respecto como fan auténtico del cyberpunk? Pues que el juego es icónico por plantear semejante historia y jugabilidad, pero haciendo honor a la verdad, tenía sus brechas. En mi casa no entró un ordenador doméstico hasta que tuve 15, por lo que jugaba con una Megadrive, y el juego, alquilado, no tuvo nada de éxito en mi consola Sega en casa a mis 12 años. El control con el joy pad de sega era confuso, nada intuitivo, era necesario tener memorizado que cada botón de A, B y C tenían varias funciones sobre el comando de asesinos cyborg, según cuantas veces lo pulsaba, para dejar una opción de acción en grupo o en solitario preseteada. Los colores, oscuros, industriales, deprimentes, no eran nada motivadores, y el control de punteria de disparo, era muy confuso y costaba atinar a los enemigos. Un chasco para un chaval. Era un juego, que hubiese brillado en la época, en manos de un post adolescente, y no fue mi caso.
Hoy, le sigo dedicando algún rato en emulación vía android, o en la megadrive cuando la saco de la caja de zapatillas, y pese a que lo saboreo con otro prisma (poco objetiva, el de un friki choomer, sí, es cierto), no puedo reconocer que se aun juego divertido.

Nunca lo he jugado en PC y tal vez, gracias al cursor del ratón, la historia cambie mucho, porque sí que me enamoré de Dungeonkeeper, y de Theme Hospital en mi tardío PC, pero es que con ratón también he gozado de lo lindo con juegos distópicos de estrategia en tiempo real de otras casas como Laser Squad o Gender Wars (Dios como amé Gender Wars). Así que sospechó que se me ha pasado el arroz con éste clásico, pero aún así, merecía mi recordatorio en Los Sueños de Tungsteno. Porque no es fácil llegar al gran público respetando el cyberpunk con algo más que neones y brazos de acero, hace falta más, hace falta crudeza, violencia, corrupción, opresión y depresión, y en verdad Syndicate tenía y tiene todo eso.
La crítica en su estreno tampoco fue generosa, y opinaron sin piedad de lo que pareció la oveja negra de Bullfrog, y cuando menos nadie se lo esperaba, algún año después, llegaba la Computer gaming world y lo metía en el puesto 67 de los 100 mejores juegos de PC de la historia (hasta entonces).
Desde luego, no fue un juego mainstrem, pero se ha mantenido erguido hasta nuestros días. Tanto, que en realidad, Syndicate nunca murió, y se asentó, timidamente, como una saga con un universo propio, fiel al cyberpunk más oscuro e inmoral.
Se lanzó un paquete de expansión de misiones, Syndicate: American Revolt, y más tarde, con la llegada de la nueva generación, llegó Syndicate Wars para PC y Playstation, que renderizaba en gráficos 3D la misma idea original de las guerras corporativas con estrategia en tiempo real, pero que quedó en el olvido del amplio catálogo del monstruo de Sony.

LAS SECUELAS


Aquél Syndicate Wars se mantuvo fiel al juego original, con el lavado de cara gráfico que conservó la vista isométrica, En la nueva entrega, Eurocorp sufría un atentado online que deterioraba el uso de sus chips injertados de control mental y su nuevo enemigo no era un zaibatsu rival, si no una especie de iglesia de chiflados preparacionistas con tecnología alien recuperada de un hallazgo arqueológico en la tundra nórdica por un grupo de científicos.
Nuevas ciudades, nuevos rivales, nuevo arsenal de armas y escenarios como pro ejemplo la colonia lunar, a la que se llega mediante un ascensor orbital. Desde luego el lore cyberpunk no podría incluir elementos tan acertados, tan “gibsonianos y sólo pro ese lore y esos guiños, merece un breve repaso.
Además, técnicamente incluía novedades como que podíamos realizar el modo historia eligiendo facción, Eurocorp o La Iglesia, y añadía un modo multijugador en red, escasito, pero de agradecer en aquél 1996.
La crítica, absurda crítica, fue mejor para Syndicate en ésta ocasión, cuando sin embargo, nadie parece recordar éste juego, y muy pocos lo conservan en sus colecciones. Y con todas, aún, es el abuelo e inspiración directa reconocida de Satelite Reign.





No acabó ahí la cosa. En 2012 Starbreeze Studios y EA revivían la saga seis años después con un absoluto lavado de cara. Adiós a la estrategia en tiempo real, hola al fps y el tiroteo. Syndicate a secas, como si del original de Bullfrog se tratase, era el nuevo título del universo cyberpunk, reconvertido a un juego de disparos en primera persona con modo historia, un reboot para PC, Xbox360 y Playstation3.
Encarnaríamos a Miles Kilo, uno de los asesinos chippeados de Eurocorp, manteniéndo un lore suficientemente fiel al universo primigeneo cyberpunk que crearon Molyneux y Kevin Buckner.
Kilo será enviado a masacrar rivales corporativos pero descubrirá el terrible secreto de reclutamiento de Eurocorp, el chip que él mismo lleva injertado en su cráneo.

El nuevo universo Syndicate fue renovado con acierto pese a haber dado un giro de 360 grados a su modelo de juego clásico, añadió la necesaria temática de las redes de datos en un mundo cyberpunk, el dataverso, y un guión oscuro y conspiranoico, que ojo al dato, fue ni nada más ni nada menos que escrito por Richard K. Morgan , el papá de Takeshi Kovacs y el mundo de Carbono Modificado. No podía ser tan mala la vuelta de la franquicia a nuestras máquinas.
Y no lo fue, no, pero tampoco estuvo para tirar cohetes. El nuevo juego resolvía en su modo historia, con un motor gráfico y una jugabilidad en primera persona que recordaba mucho al Dark Messiah of Might & Magic, un juego 6 años anterior.
La crítica despellejó el juego, no llegó ni de lejos al pretendido AAA, e incluso algunos países prohibieron su venta por su alto contenido violento (no es para tanto) como fue Australia.
Técnicamente, gozabamos de un amplio arsenal de armas de fuego, gracias al chip injertado podíamos tener acceso a realidad aumentada, podíamos piratear los chips de otros cyborgs para persuadirlos, usarlos como aliados o llevarlos al suicidio incluso, el nuevo dataverso nos ofrecía puzzles que resolver... Tenía lo que el juego debía tener, pero algo lo dejaba cojo. Compararlo con Deus Ex lo dejaba en bragas, y fijaos que mundo más cruel para los choomers, que Deus Ex, igual que el reboot de Syndicate fue considerado un fracaso en ventas y pese a que había planeadas continuaciones, ambas sagas, llegaron a su fin para desgracia de los fans, y sobretodo una pena lo de Deus Ex a sabiendas que faltaba un tercer título por entregar en nuevas generaciones de la trilogía reboot de Jensen.
150 mil copias de Syndicate hicieron reconocer a EA que fue un riesgo y un error resucitar Syndicate.
Aún así, yo me lo compré y me lo pasé, y aunque lo disfruté, reconozco que un triple AAA no es, y que tampoco destaca técnicamente, que tan sólo la historia, con sus lagunas, y su ambientación, sus escenarios y todo lo relativo a la estética, si os gusta el cyberpunk, merece la pena porque tampoco lleva muchas horas acabárselo y en unos pocos días de vicio está listo.





Así que otra mítica saga cyberpunk que se extingue. ¿Alguien la resucitará algún día? ¿Y más ahora con el nuevo boom cyberpunk que nos van trayendo las grandes compañías de ocio con remakes, spin offs y reboots de Ghost In The Shell, Akira, Alita, Blade Runner o series como Altered Carbon? ¿Quién apuesta?

jueves, 8 de agosto de 2019

PEQUEÑOS HEROES DE NORMAN SPINRAD

ANARQUIA Y CYBERPUNK EN NUEVA YORK



Bien hallados a éste viaje psicodélico y virtual, aquí yo controlo lo horizontal y lo vertical, las formas y los colores, los sonidos pesan y las luces suenan, dejaros caer en la charca estroboscópica de mi pequeño blog de lava cálida y esponjosa, una bola de cristal navideña en la que nievan pixels de colores sobre Woodstock, en un campo púrpura de suaves hebras que cosquillean en la palma de vuestras manos, con las que andáis, y aplaudís con la palma de los píes el último sólo de balalaika de Mucho Muchacho.

No, no es el cantante de rap español que cambió las reglas de su género en los 90, aunque tal vez, ese chico llamado Oliver del grupo 7 Notas 7 Colores que copaba los carteles de los más primitivos Festimad y Viñarock, leyese el libro del que vamos a hablar hoy (tras las semanas de paro estival que me he permitido) y tomase su nombre artístico prestado de éste libro, creyéndose precisamente un Pequeño Héroe, de camino a convertirse en “quien siempre qusisite ser y no fuiste”. Y en verdad, puede que ese viejo rapero de los 90, le ocurriese exactamente lo mismo que a la Vieja loca del Rock’N’Roll, Gloriana O`Toole, otra de las protagonistas de éste mágico libro distópico de Norman Spinrad. Y no adelantemos más acontecimientos, pero quedaros con la copla, porque pocas veces, la ficción, narra tan acertadamente, la realidad que habita en nuestros interiores y alimenta nuestros sueños.

Norman Spinrad es ya un señor de avanzada edad que nació en Nueva York en la década de los 40, y se nota cuanto pateó sus calles en Pequeños Héroes, cuántos callejones debió frecuentar, como observó los negros abismos que separaban los proyectos de la gran manzana, y se empapó de ello hasta los huesos. Porque se nota la devoción religiosa y el amor y odio que le profesa al ombligo del mundo en Pequeños Héroes.
Estudiante del instituto de ciencias en El Bronx, no me queda duda que aprendió de boricuas, dominicanos y algún que otro cholo lo suficiente como para crear años después a Mucho Muchacho. También, en un barrio que pasó por aquellas difíciles décadas de gentrificación y abandono municipal, debió de observar lo suficiente del sueño americano, los deseos de champán y los sueños de caviar de los pobres del proyecto y los pisos baratos, dispuestos a salir de allí con un disco de oro o kilos de cualquiera que fuese la droga que pegase en las calles ese año, coca, hierba o pcp.
Y todo eso, está en Pequeños Héroes. No queda reflejado como una ensoñación de LSD, o pizcas robadas de postales y películas, no. Huele a haber corrido por aquellas calles.
No sin esfuerzo, Norman Spinrad, fue considerado el presidente más polémico y controvertido de la Science Fiction & Fantasy Writters America, con su aportación a la antología Visiones peligrosas de Harlan Ellison, formando parte de la primera línea de choque de la denominada Nueva era de la ciencia ficción durante los 60. Movimiento de cambio en el género que incluyó temas tabú a la cifi tradicional, popularizando, o mejor dicho, desatanizando, las drogas y el sexo en el género, convirtiéndose en muchos casos en el motor de la mayoría de los relatos de la “chupi pandi” del momento, como el propio Spinrad o el mismísimo y amado technofante supremo de la secta del Tungsteno, Philip K. Dick.
El propio Spinrad, se autodefine como un anarquista sindicalista, terriblemente preocupado por que la gente cree y disfruta más los futuros literarios distópicos en los que la sociedad se ha ido a tomar por saco, que aquellas en las que la utopía se hace realidad y la sociedad ha mejorado moralmente a la vez que tecnológicamente. Si nadie se cree eso, es que directamente, la humanidad no apostaría por ella misma, y visto así, sí, es para estar preocupado. Pero no nos pongamos paranoicos aún.
Para afinar un poquito más de lo que debemos saber de Spinrad para bucear mejor en las líneas de Pequeños Héroes, añadir, que precisamente éste título es de los más desdeñados de su biografía, con una mala crítica en general, y casi relegado al ostracismo. Spinrad tocó techo con Incordié a Jack Barron , obra que dio varios tumbos de un editor a otro hasta llegar a manos de Moorcock (sí, el papá de Elric de Melniboné, nuestro enfermo de fantasía favorito en el multiverso), con quien entabló una estrecha amistad, que tal vez, también, a parte de la literatura, fuese alimentada por la música. Moorcock a parte de escribir literatura, compuso y escribió para grupos como Hawkind o Blue Oyster Kult. Y precisamente, rock’n’roll es lo que lleva dentro Pequeños Héroes, mucho rock`n`roll.
Y terminamos con la presentación, con una apreciación personal, de que el ya anciano Spinrad, tenga mucho en común con su personaje de ésta novela, Gloriana O`Toole, alias La vieja loca del rock`nroll, y es que por muchos años que pasen, la rebeldía no se extingue y siempre hay que llevar los ojos ardientes y llameantes en la vida, tanto que el último libro de Spinrad de 2007, titulado Osama The Gun, sigue siendo tan polémico y políticamente incorrecto hoy en día, como lo debió ser el resto de su obra hace casi 50 años, que no es poco, ya que ninguna editorial ha accedido a editarlo en papel ni lanzarlo al mercado. Y precisamente de esa relación “autor/industria” también hay mucho en Pequeños Héroes. Aunque tal vez, fuesen más rompedores y trasgresores entonces ellos que nosotros ahora, tal y como están de finas las pieles en el S XXI.



DROGAS Y ROCK N ROLL


Al turrón. ¿De qué diantres va Pequeños Héroes? Pues ya he dejado caer algunas pistas importantes en la presentación de su autor y la psicodélica bienvenida de la entrada.
Pequeños Héroes es una novela distópica publicada en los finales años 80, que podríamos catalogar como cyberpunk por cumplir con muchas de las características de la secta original de ese estilo cifi , pero que por norma no suele ser incluido en el saco, por ser Spinrad un autor externo al círculo de cyberpunkers originales. La obra tiene como protagonistas a una pandilla de acabados profesionales, frustrados, don nadies y tunantes de baja estofa que evolucionarán nadando a contracorriente de la sociedad, empleando dudosos métodos de financiación, actuando acordes a conductas poco éticas o indecorosas; Y además, tenemos software, drogas electrónicas, flipes psico pixelados, megacorporaciones y mucho rock`n`roll. ¿Por qué no íbamos a tildarlo pues de cyberpunk?
Es un ladrillo de 635 páginas, que sin que resulte especialmente molesto pero llamativo, tiene bastantes pequeñas erratas de imprenta original, como letras que bailan en su orden en algunas palabras, o palabras que se repiten en la misma frase, pero que no cunda el pánico, no amargan la experiencia lectora. Una experiencia, que igual que en su día supuse que Elhacker y las hormigas de Rudy Rucker sería una novela que disfrutaría muchísimo alguien que se dedique a la programación, por la cantidad de situaciones cotidianas extrapoladas de la profesión a la ficción; Pequeños Héroes ofrece una obra ideal para aquellos que se hayan dedicado al mundo de la música, y casualmente yo trabajé en el sector durante unos años, y el futuro distópico que imagina Spinrad para el negocio de la música, es una gozada profética para los que hemos pasado tanto por estudios de grabación como por el despacho de márquetin, logística, ventas, dirección artística y la editorial y hemos sido testigos de las luces y sombras del mundo del espectáculo. Y por eso he rechupeteado los huesos de cada capítulo en el que Spinrad reinventa el futuro de las sesiones de mezcla y master del rock`n`roll del futuro, que melódicamente, nada tiene que ver con el clásico ni el actual, y que nos es presentado como una fanfarria de efectos de sonido y exóticos instrumentos de conga dirigidos por acordes de guitarra, siempre disparados desde bibliotecas digitales de sonido a las consolas de control de software, modulados por sintetizadores y teclados con infinitos pluggins cargados para conseguir mantras hipnóticos y subsónicos.
No sé cuantas pistas cargaban en los 80 (cuando se publicó el libro) en un estudio profesional de Los Angeles, Nueva York, o cómo se lo montaban los Beatles en sus sesiones experimentales con toda una colección de cacharros Korg, Moog y un theremín puestos de peyote hasta las cejas. Pero Spinrad imaginó, excesivamente pero no mal encaminado, cómo en el siglo XXI la voz humana cedería a efectos artificiales para conseguir voces imposibles, con el ficticio Voxbox de su novela, posiblemente inspirado en el talkbox popularizado en los 70 por grupos como Zapp, pero más real que nunca hoy en día con el tratamiento digital por el que a través de vocoders, kilos y kilos de autotune y horas de melodine, un ingeniero de sonido con tacto y sobre todo buen oído, puede convertir el desafinado canto de cualquier participante de reality shows casposos, en una inhumana voz sensual y ligeramente robótica con entonaciones que ni La Carey en sus mejores momentos. O al gambitero hijo de una folclórica con la voz pasada de rosca tras diez resacas, en un ángel futurista de sensual terciopelo sobre una balada de folclore latino electrificado. Sí, eso se lo debemos a los ingenieros de sonido y productores musicales, arreglistas y demás elenco profesional siempre en la sombra de tu artista favorito. Que tu ídolo suene bien, se lo debes a ellos y ellas.
Así que sí, parece que hemos llegado a la música del futuro, el rock`n`roll ha muerto y cualquier tiempo pasado fue mejor, somos unos poiaviejas que lo flipas hablando todo el día de la EGB y criticando Dragon Force, David Guetta, el Trap y el reguetón. ¿Pero por qué? El nuevo orden mundial tiene la culpa, y Spinrad también disparó su pluma en esa dirección.



Retomando el control de los renglones, y centrándonos, Pequeños Héroes narra dos historias paralelas, de costa a costa, advocadas a convertirse en una sola (cero spoilers).
Por un lado tendremos en la costa oeste un triángulo compuesto por:
  • Gloriana O`Toole alias La vieja loca del rock`n`roll, una jubilada que sigue viviendo su Woodstock particular, recipiente y arca perdida del espíritu del rock en pellejo y hueso, el sexo, las drogas y el desmadre, con toda la sabiduría de la escuela de la calle acumulada hasta la incipiente tercera edad que no logra enterrarla.
  • Sally “La del Valle”, una virtuosa ingeniera de sonido del Voxbox, vocalista fantasma de la mayoría de éxitos de la radio fórmula insatisfecha con ella misma, una plane jane cualquiera, el fantasma del baile de fin de curso, alias La espinilla.
  • Bobby Rubin, el novato, más tierno que el pan de molde, un ingeniero de video y personalidades virtuales de primera categoría que se ha llevado todas las collejas del instituto.
Este trío de talentosos perdedores, anhelantes de mejores vidas y reconocimiento, serán los protagonistas de una historia relacionada precisamente con el espíritu creativo, la ambición, el estrellato, la frustación y los contratos basura de las grandes compañías.
Como ejecutores y arregladores a sueldo de la megacorporación nacional del ocio y el entretenimiento audiovisual, la Music Factory Inc (una parodia cruel de la MTV), tienen la obligación de crear one hit wonders que alcancen las cifras deseadas por la compañía cada x semanas para llenar las listas de éxitos de canciones absolutamente artificiales, interpretadas por artistas virtuales, inexistentes. Gloriana es la inspiración del tridente, la voz de la experiencia; Sally la vocalista, mezcladora y compositora al voxbox; Y Bobby el genio de creación de personajes, modelador de texturas, editor de video, y el responsable de crear fantasmas de bits y bytes que interpreten las canciones en fascinantes videoclips.
Todos cobran su salario en función del éxito de cada canción, pero la Music Factory se ahorra los royalties, las exigencias, los contratos y las complicaciones, al ofrecer música sin autores, estrellas inexistentes para la nación, ídolos etéreos, personalidades artificiales que responden a las características que el público demanda según los estudios de marquetin de la compañía y su equipo de sociólogos. El mainstream convertido en religión, una fábrica de moda, la industrialización robótica del arte, el máximo beneficio al mínimo coste, la muerte del rock`n`roll.

Por otro lado en la costa este, en Nueva York, tenemos el grupo formado por:
  • Paco Mónaco, un puertoriqueño de baja estofa que sobrevive en las calles dando palos y trapicheando en garitos de mala muerte. El tipo es el fan número uno de la estrella artificial de moda, Mucho Muchacho, el emperador azteca del rock`n`roll, el autor del hit “Tu madre también”.
  • Karen Gold, una chica de clase media a la que todo le salió mal, terminó una carrera que no la garantizó un empleo, perdió un empleo que comenzó a hacer por ella un robot, y al final se vio de patitas en la calle convertida en una fracasada absoluta hasta que topó con el Frente de Liberación de la realidad.
  • El frente de liberación de la realidad, un grupo antisistema de anarquistas con aspiraciones terroristas de poca monta, liderado por un carismático loco apodado Marcowitz. Una pequeña familia de soñadores con más ilusión que posibilidades.
Los caminos de todos se juntarán en las sucias calles de los getos de NYC a ritmo de los éxitos de la Music Factory mientras tratan de salir a flote de toda la mierda que les rodea.
Y entre costa y costa y el rock`n`roll, la fiebre de los wire, dispositivos neuronales que se colocan en la cabeza, camuflados entre el cabello, que dan un viaje alucinógeno de primera, muy adictivos, y con alta posibilidad de freírte el cerebro tras abusar unos cuantos meses de enchufarse. La droga electrónica.
Con ésta pequeña sinopsis, pasemos a desgranar los efectos que el libro ha generado sobre mi sin spoilear la historia principal y sus hechos más relevantes.

Como comentaba antes, los pasajes que detallan cómo funcionan los despachitos de cada departamento de una productora musical, editorial o distribuidora, son muy gozosos para alguien que conozca un poco el negocio, como también lo son los relacionados con sus fantabulosas sesiones de grabación y mezcla de éxitos como “El rey coronado del rock`n`roll” o “Sally Cyborg, cable y carne”. Como se ponen de coca sintética y chutes del wire hasta el culo para componer y como los problemas personales y las drogas son las principales inspiraciones a la hora de sacar una buena canción. Es un xplotation de los excesos ochenteros trasladado a un futuro cercano del capitalismo agonizante y las nuevas tecnologías.
Esta relación de música y droga que propone como inseparable Pequeños Héroes, no es ninguna tontería cyberpunk, es la realidad y sólo hay que echar un vistazo a la música contemporánea. Bob Marley y la ganja, La Ruta del Bakalao y las pastillas, Los Beatles o Jimy Hendrix con el LSD, etc… La droga y la música siempre han ido de la mano, pero la droga es ilegal y la música no. Y curiosamente la música que atenta contra la legalidad, al final, en el punto de mira de las discográficas, se convierte en cool, en moda, y el sistema, el orden mundial y las grandes compañías domestican a la estrella del rock con una mansión, un jet privado y más droga. La doble moral, la gran mentira, el cinísmo y cómo las compañías rebuscan en el patio trasero del underground la estrella emergente que está tentando al sistema con sus líricas transgresoras, sus mensajes revolucionarios, sus comparsas pseudo terroristas, exigiendo su lugar, su respeto como individuo, toma distancia cuando por fin la multinacional se lo entrega. La Major entonces se lo muestra al mundo entero como Mufasa con el pequeño Simba en lo alto de un pedrusco y gritarles “Esto es lo que mola ahora! Esto representa la lucha!” matando ipsofacto su rock, mascándolo como un chicle hasta dejarlo sin una gota de sabor, para después escupirlo y con suerte, al pisarlo, se quede en la suela de sus zapatos durante unos años.
Los genios de la música le cantan a las drogas, todos quieren ser como ese genio de la música, asi quemuchos fans toman drogas. El sistema prohíbe las drogas, sin embargo la compañía se lucra gracias a su artista pro defensor de las drogas. Interesa que la rueda siga girando y retroalimentando la moda (M.Rajoy: “lo bueno es malo, y lo malo es mejor” “los vecinos eligen al alcalde y es el alcalde quien elige a los vecinos”) y en Pequeños Héroes la droga es el wire, también conocido como zap o Jack. Esa mierda, conectada a tu cabeza, como una redecilla de baño con pequeños trodos camuflada en tu peinado afro o tu melena para que nadie la vea, te da un viaje directo a la parte del cerebro donde está la imaginación y los sueños y te potencia, te convierte en quien siempre quisiste ser.

DESPIERTA EL TIGRE QUE HAY EN TI


¿Y quién quieren ser nuestros protagonistas en la novela? Quieren ser sus artistas virtuales favoritos, quieren ser Mucho Muchacho el jodido chulo latino más gangster de ciudad choca rica, Jack El Rojo el príncipe del rock adicto al wire, y quieren ser Sally Cyborg el súcubo del rock electrónico, el pibón por excelencia, el deseo hecho carne y cable.
Pequeños Héroes va precisamente de eso, del potencial que cada don nadie lleva dentro, pero que no explota. De masas de corderos dóciles, sin expectativas que pasan por la vida como un mueble, sin plantearse nada, consumiendo, drogados, anestesiados, esperando la chispa que los convierta en una bola de demolición, y esa es el rock en nuestra historia.



Mediante la droga electrónica del wire, y la música, nuestros don nadies protagonistas, se convertirán por momentos en sus alter egos cada vez que se enchufen los trodos neuronales, y la realidad a su alrededor será la que ellos quieran que sea, lejos de los suburbios, lejos del drama, lejos del fracaso. La droga a resumidas cuentas, les lleva a un lugar feliz lejos de sus problemas, les convierten en lo que no son y siempre quisieron ser.
A nuestro grupo de ingenieros de sonido a sueldo, que anhelan ser la portada de la revista, estar bajo el foco, los flashes, las entrevistas, porque a fin de cuentas son los verdaderos autores detrás de la música , los “negros” y “ghost writters” detrás del telón mientras la fama es para un puñado de bytes y bits con nombres rimbombantes que ni si quiera existen fuera de la pantalla.
A nuestro grupo de muertos de hambre neoyorquinos, peleando con la vida, recogiendo las sobras de los ricos y los gordos de ciudad trabajo, oprimidos por el sistema, sin oportunidades de mejorar en la vida, con carreras que no les otorgan ningún empleo digno.
A ambos grupos, el wire les dará alas, les convertirá en Mucho Muchacho, en Jack El Rojo, en Sally Cyborg. Pero no sin correr riesgos, no sin que la ficción devore sus realidades, no sin que pierdan el control y sus alter ego interiores terminen devorando sus conciencias y haciéndoles dudar entre lo real y lo irreal. Poseiéndoles como vulgares yonkies que creen que aún controlan, que no se les nota el andar ni los ojos rojos, y que “todo les sale mejor cuando están colocados”, cuantas veces habré oído yo esa frase en mi vida real de un montón de amigos, que si hubiesen leído éste libro se habrían creído el estribillo de Jack El Rojo

Yo te potencio a ti
Tú me potencias a mi

Mentiras piadosas que susurra en la intimidad cualquier droga cuando hace efecto, si no estuviese buena, la gente no se engancharía.

Todas ellas y ellos, parias de segunda, imperfectos, carnales y simplones, se convertirán en Pequeños Héroes

“cada hombre un rey cada mujer una estrella”

, y reclamarán su lugar en la pirámide alimenticia del capitalismo a ritmo de rock como himno de la rebeldía e inconformismo. La música, es la gasolina del cambio en ésta novela, la droga, la trampa.

Dicho todo esto, hay que admitir, que cada viaje psicotrópico de wire acompañado de música y sus renglones recitados en cada página, son lo más parecido que he leído nunca a pequeños fragmentos de ridículos musicales de Boradway cyberpunk, con coreografías descritas, juegos de luz y sonido, efectos audiovisuales, y un montón de flipes pasados de fecha que surcaban mi imaginación como un clip de Lazarov renglón tras renglón, absurdos y cómicos que por el momento me sacaban de la trama y del drama social y la lucha de superación personal de cada uno de los personajes. Cuando aparecía Mucho Muchacho cantando frases como

Besa mi pico
Y tu madre también
Mejor llámame señor
Y tu madre también

O Sally Cyborg contoneándose con unas braids moradas de neón y su traje de catwoman cromado al son de

Soy Sally Cyborg
Sangre y cable caliente
Grita y tira el mundo
A mi pira funeraria

Y la broma de cantante glam de metal de Jack El Rojo con

Yo te aumento a ti
Tú me aumentas a mi
Soy tu maquina invisible de rock n roll
Bits y bytes


EL NUEVO ORDEN MUNDIAL 


Pues todo se volvía bastante increíble y extraño. Y esto, tal vez, haya enturbiado algo mi lectura de una obra, que desde luego tiene un claro mensaje motivador de rebeldía antisistema, espíritu juvenil y “piterpanesco” que incita a no dejar nunca de luchar por ser quien quieres ser y obtener lo que te mereces contra viento y marea, jodiendo al sistema mejor que mejor, molestando, como cuando los negros inventaron el funky y vestían de colores chillones con sombreros de ala y pluma, enormes cadenas de oro huecas y bailaban con James Brown, no lo hacían para que la radio pusiese de moda su nueva cultura, si no para molestar a los blancos conservadores, para mofarse de ellos, para lanzar coloridos gritos mudos con su indumentaria a una sociedad que de repente tenía miedo de que sus hijos blancos fumasen marihuana y bailasen funk y rhytm`n`blues con negritas de pompones afrorizados.
El mensaje es mantener la lucha desde la cultura y el arte, luchar con la música contra el sistema, que las canciones sean nuestras pedradas en sus ventanas, porque después del funky vino el punk, con los Pistols y con Sid cantándole a la anarquía, crestas, casas okupas, collares de perro, tatuajes, los blancos de la flema británica habían sufrido un cáncer entre su juventud y estaban preocupados. Pero como siempre, la droga campó a sus anchas, la heroína, el sida, las sobredosis.
Música, moda, droga, dinero, discográficas, y vuelta a empezar. Esa moda es mala, la juventud muere de sobredosis, os traemos una nueva moda, y así una vez y otra, una vez y otra, en una estúpida purga capitalista encubierta. El nuevo orden mundial deja a la juventud creerse libre durante unos años, si la palman de sobredosis, nos los quitamos de en medio, si sobreviven, serán productivos y formarán parte de la cadena de montaje social.
Los negros tocando jazz para blancos, los beatniks, los hipies después, los rastafaris y el heavy metal psicodélico, el pop rock británico, el rap, la música electrónica… Generación tras generación lo mismo. ¿Es arte? ¿Es cultura? ¿Es solo moda y consumismo? ¿Qué es? ¿Por qué lo necesitamos?

Y el sistema nos convenció, de que todo eso de las modas salvajes y las tribus urbanas estaba mal, de que la gente moría, de que no era el camino, y el stablishment ha ido guardando con disimulo al rebaño en el corral, y mientras los viejos rockeros miran sus tatuajes de vikingos y sirenas verdosear en sus brazos peludos y arrugados de cincuentones, los chavales raperos con pantalones enormes que pintaban paredes y rimaban en contra de la poli han desaparecido, la ruta del bakalao también, y los góticos que asustaban a la vecina del tercero cuando bajaba a comprar el pan se han metido en su ataúd, y el new world order se frota las manos con los beneficios de la nueva industria que mató al vinilo y la cassette, Madrid Rock y las tiendas Tipo, dando online a chorrón de megas a la legión adolescente homogeneizada la libertad de pensar que van en contra del sistema escuchando cualquier nueva ola como el trap, el nuevo rap de los negros que ponen a twerkear mujeres blancas con falsas voces pasadas por 25 filtros diferentes recitando odas a Versacce, Gucci y Balenciaga. Consume, consume, y drógate, haz el tonto, un falso nihilísmo antirevolucionario, no pienses, no quieras ser quien quieras ser, quiere ser como yo, nada en mi misma pecera, la pecera del nuevo orden mundial y creete eso de que le jodan al mundo. 
Desde los despachos han logrado que Madonna suene igual que Kiko Rivera y viceversa, que el viejo rockero pase por el aro y colabore con el nuevo producto, el nuevo Frankenstein de la música pop, el nuevo Milli Vanilly que borraremos de las listas dentro de 2 años si no muere antes de sobredosis o le pegan un tiro. 
Yo fuera del libro he visto al trajeado a punto de jubilarse que te cuenta qu él fue el motor del heavy metal en este país, mientras te intenta trasgiversar las condiciones de un contrato, que por escrito, dice lo contrario.
He visto un grupo que pega el petardazo, quiere prosperar en una compañía que le ofrece más, y su carta de libertad nunca llega bloqueando su carrera.
He visto al director del departamento artístico decir:

"Yo no tengo ni idea de música, no se reconocer el talento, pero se contar el número de personas en la cola del concierto y eso me basta"

He visto jóvenes ganar en una hora de espectáculo más de lo que tú y yo en un año, durante media década, y hoy, no tienen derechos de autor, royalties, ni manager y como no han cotizado no tienen ninguna suvención ni ingreso económico.
Los he visto, pasar de un call center a la marquesina más grande de Gran Vía en menos de un año. Y los he visto caer del escenario más caro y 60 fechas al año en los principales festivales del mundo a vigilar un supermercado con porra y uniforme oscuro.



¿Qué es el talento? ¿De verdad tuvieron talento alguna vez? ¿Son artistas o un producto? ¿Son conscientes de ello? ¿Cómo se supera haber sido un Pequeño Héroe y pasar a ser de nuevo un Don Nadie? Porque cuando la moda pasa, cuando tu generación de consumidores desaparece de la escena, cambian de hábitos, de ideales políticos, de ropero y de vida y te olvidan para siempre, entonces, ¿entienden que fueron una moda? ¿Qué dejan de legado? ¿iniciaron alguna revolución?
A los pocos que no se gastaron sus beneficios en ropa, saunas, putas y droga y ramificaron sus inversiones mirando al futuro,  seguramente les de igual. Los demás, van a necesitar mucho psicólogo y mucha droga legal de farmacia.

Bienvenidos todos a la muerte del rock`n`roll.
Jackson está muerto, Cobain también, Mercury está muerto, Lennon está muerto, 2Pac está muerto, es el deber de la corporación crear nuevas estrellas sin talento y esclavizar a las que lo tienen.
Y cuando creáis que alguien intenta resucitar al verdadero artista, al imaginador, y pega sus labios frescos y jóvenes a los de la momia rebelde para insuflarle un nuevo aliento, ahí estarán los gordos para ofrecerle un apartamento en las 6th de Miami, un contrato vitalicio lleno de párrafos trampa, un Lambo y un cheque más gordo de lo que la súper estrella en el garaje de su padre va a ganar en toda su vida tocando cada viernes en un bar y trabajando 40 horas semanales en cualquier agujero infecto. Y entonces la roja anarquía madurará a los ojos de todos. Y la rebeldía. La frescura, la creatividad, se fabricará en masa y se envasará en blisters para venderla más barata que la mota con semillas.

Eso es Pequeños Héroes, y si os gusta la música y el cyberpunk, tenéis que echarle cojones y leerlo.