Blog de Ciencia Ficción para inadaptados, gente sin complejos y miembros de subculturas. Aquí despacho literatura, videojuegos, cine y cómic entre cualquier otra manifestación artística inspirada por la CIFI o el cyberpunk.
Soy un cowboy solitario del ciberespacio, bienvenidos a mi realidad virtual.
¿Qué tal ciber samurais de extraradio? ¿Cómo os trata la vida? ¿Habéis cogido algún neuro virus por compartir clavija con desconocidos? ¿Habéis recibido alguna bala perdida? ¿La corporación ha derribado ya vuestro barrio chabolista para ampliar una autopísta de 10 carriles o levantar un casino hotel de lujo?
Lo normal entonces por aquí colegas, la realidad siempre supera la ficción, al final del día es normal tener ganas de embutiros en un mono crio-camo, afilar la monokatana Kendaichi y cabalgar en la tatamaha un rato por las grandes avenidas y boulevares, pinchando algunas ruedas, derribando mobiliario público, y cargándote algún dron de identificación ciudadana.
Lo más normal en 2021, me he retrasado en publicar y ya vengo con las excusas de mierda como siempre, buuhh, buhh, mimimimi.... Pero joder, derribaron mi Megaproyecto de vivienda y me he tenido que mudar a una zona rural de la ínsula Ibérica, estoy amueblando mi prefabricado en el slum aún, el zaibatsu me ha puiesto complicaciones para darme acceso a la matríz de nuevo, putos fascistas ¡Pixels para el pueblo! No pueden dejar a un tecnomemo sin su droga o se volverá loco y hará cosas de las que todo el mundo se arrepentirá.
Y además, lo más novedoso, he decidido ordenarme, sí, compilarme troncos, y volver a marcarme pautas como hace un tiempo, así que ahora os garantizo 1 única entrada de blog al mes, cada día 15 (arriba o abajo). Pero no sufráis mis cabezitas de botón cableadas, porque traigo sorpresa, voy a duplicar el formato, a parte de seguir practicando la escritura en blog con mis implantes dactilares Aracnotec de Militech (triplique sus apéndices manuales, promete) aunque preferiría la escritura neuronal si tuviese pasta para pagarme el bio software, teclear, aunque sea con 15 dedos a la vez por cada mano, es de pobres; bueno, y bla, bla, bla que me enrollo, que a parte de escribir...¡podréis escuchar mi voz autotuneada cada mes! Siiiiiii.... ¿Nadie se alegra? ¿En serio? Bueno, ya lo sabía yo, en fin, me paso a podcastear también, si nada falla y consigo unas cuantas planchas de gelespuma para el chabolo, que el invierno aprieta, el 15 de Febrero estrenaremos los Sueños de Tungsteno en versión audio, acompañada de su inseparable entrada escrita, que se compaginarán una con la otra.
Mola ¿eh? Vale, vale, lo pillo, ok. Voy a hacerlo igualmente os guste o no.
Espero que me quede tiempo libre para salir por ahí hasta arriba de parches de tetraclidimazina y cualquier derivado de birra no natural y jugar a ser samurai aunque no tenga ni puta idea del Bushido, el Daimyo o lo que es un puñetero ronin, como esa historia de Frank Miller, tipo de quien dije poco en Hard Boiled porque sabía que llegaría el momento de hablar de ésta obra.
Miller, ay Miller, seguro hay un montón de cosas que decir de él, pero no seré yo, porque sería infame y mal educado, grosero por mi parte, meterme donde no me llaman sin saber lo suficiente y teniendo vuestro oráculo favorito en el ciber espacio de dónde extraer mejor y mayor info de la que pueda daros yo, humilde choomer decadente.
Pero no puedo pasar por alto su obra con Batman, con Martha Washington, Daredevil y Elektra, sus exitosas obras adaptadas al cine 300 y Sin City ni por supuesto la que le toca hoy, Ronin, que fue la obra que sin duda le catapultó a nuevas cuotas como historietista.
En 1983 Frank Miller venía de trabajar en modelos heróicos para D.C., con atino y calidad, principalmente Daredevil, y se arriesgó a desmarcarse de la factoría de súpers dentro de la misma editorial, apostando por una historia diferente, complicada, extraña y sobre todo muy personal. Esa historia mezclaría la tecnología y la ciencia ficción, lo tradicional y la vanguardia, la magia y la violencia.
Por lo visto, D.C. le dijo a Miller algo así como:
"vale, lo has hecho muy bien hasta ahora, confiamos en tí, te hacemos un hueco para esa historia tuya, pero no podemos darte soporte ni un equipo, tú te lo guisas y tú te lo comes"
Y ni corto ni perezoso, a Miller no se le cayeron los anillos y se convirtió en el hombre orquesta de su proyecto, el ejército de uno solo, dibujante, guionísta, publicista, editor, y toda la cadena para él solito, cosa que por otro lado le dio las tablas suficientes para ser quien es hoy en día, y le abrió las puertas del lavabo de ejecutivos en D.C., ya sabéis, con toallas de algodón en vez de secador eléctrico y sabanas de papel para la taza del inodoro y percha en la puerta para la americana. Vamos, que los dejó con la boca abierta hasta el suelo con el éxito de su "proyecto personal sin súper héroes".
Self made Dreams come true sería un buen eslogan motivador si le tomamos de ejemplo, cree en tí mismo y esas mierdas de uno entre un millón. Sí.
La obra basa gran parte de su novedoso formato en dos puntos técnicos casi fundamentales, el corte de viñetas y su maquetación, y el color, heredado éste último de la tradición europea de los humanoides, pero presentada con la fuerza de una nueva reinterpretación, que no copia, que hace añicos lo viejo y trae lo nuevo. Respecto al color en cuestión, le debemos el mérito a la colorista Lynn Varley, y fue algo tan innovador y nunca antes visto que Frank tuvo que revisar personalmente el proceso de impresión, obligando a D.C. a emplear un tipo de papel nuevo en el que las tonalidades tuviesen el brillo y saturación necesarias, tirando atrás tiradas enteras de imprenta.
De Lynn decir que fue esposa de Frank hasta el 95, así como efeméride.
Esta nueva vertiente de dar un protagonismo tan absoluto al color ayuda a sumergirnos en un viaje latente y cambiante através de las páginas de Ronin, ya hemos visto a Darrow, Josán González o Moebious hacerlo en Tungsteno Dreams, pero Ronin es diferente, es chocante, ambiental, no es ver todo a través de las gafas de vidriera caleidoscópicas de Jean Giraoud, ni acostumbrarse a sus tonos pastel inexistentes en al realidad natural y totalmente artificiales, es un colorido vivo, agresivo, que cambia en función de la tensión de la viñeta, con cada personaje y con el lugar de la acción. El color conecta las narrativa, no es solo gusto plástico, es un conductor, tiene una armonía digna del arte oriental en el que se inspira la historia como los jardines japoneses o los bonsais (esto me ha quedado muy bien tras ver Cobra Kai). Y me estoy adelantando a los cimientos de la obra, pero no he podido evitarlo, me he dejado llevar.
DEMONIOS, NEGROS NAZIS Y LISIADOS CIBERNETICOS, EN LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS
Os estarñeis preguntando con todo esto a nivel técnico ¿De qué va Ronin? Pues es una historia corta, de desarrollo natural que no necesita de textos en off para ser entendida aunque a veces nos desconcierte (no tanto como un manga estandard de ciencia ficción), que gira en torno a la obsesión, la venganza, y cómo la sociedad se aleja cada vez más de la tradición y lo espiritual en pos de la tecnología y el desarrollo sin prestar atención a qué estamos sacrificando en el proceso.
Cuando comencé la obra, estaba algo desubicado, pensé "¿qué demonios es esto? ¿Un cuento de samurais? No pude con Usagi Yojimbo ¿Cómo voy a poder con ésto?"
Y cuando fui avanzando flipé tanto que dije "Vale, OK, acepto barco como animal acuático, de compañía y mamífero si hace falta".
Todo comenzará de forma inusual para una historia de ciencia ficción que en ocasiones se tilda de cyberpunk y en otras de postapocalíptica, en el Japón feudal con una historia de honor, traición, valores y brujería. Nuestro protagonista, el samurai sin maestro, el Ronin, se enfrentará a un poderoso demonio astuto, mezquino y embaucador, responsable del asesinato deshonesto del maestro de nuestro héroe, y el destino de ambos némesis quedará ligado através del tiempo, la realidad, y la vida desde entonces, hasta su reencuentro en el nueva York en ruinas dominado por pandillas callejeras del cercano futuro distópico, con una espada mágica como nexo.
Se abrirá una " Y " entonces, y lo mágico, pagano o espiritual se cruzará en el camino de lo hipertecnológico en un experimento que está llevando a cabo una megacorporación instalada en un complejo conocido como Acuario en la ciudad, que recordándonos levemente a Akira, trata de servir para convertir una persona muy particular (no quiero hacer spoiler, ya os estoy poniendo el cebo en el gancho) en el arma definitiva. El escenario está servido.
Nuestro samurai sin maestro, tan desubicado en Nueva York como estaba yo al principio de la historia pasando páginas, tendrá que sobrevivir a la jungla de cemento y su fauna surrealista, mendigos, nazis sodomitas, agentes paramilitares de la corporación... Y su más temible enemigo tratará de utilizar a su favor las nuevas herramientas del futuro que no tenía en el japón feudal para hacer aún mayor mal. Magia negra y nanotecnología se fusionarán en la historia mientras la katana de nuestro aturdido protagonista cercena miembros y hace llover la sangre por Manhattan.
En cierto modo, me recordó la situación a la comedia Los visitantes en la que el Conde de Miramonte y su lacayo saltaban 8 siglos adelante en el tiempo en la película francesa con Jean reno. ¿Os acordáis? Tuvo secuela y todo. Pues esto es igual, pero sin risas ni chistes tontos, esto es eso pero violento y oscuro.
Podría ahondar más aún, podría poner la guindita de que nuestro samurai sufrirá una extraña "mutación" nanotecnológica, provocada por ... No, hasta aquí pienso leer, el resto, descubrirlo vosotros.
Porque dudaréis a cada capítulo, si la historia es una broma de mal gusto, el resultado de una sesión de marihuana y psilocybes, o simplemente una genialidad cargada de tantos valores y mensajes que o no los vemos, o los creamos nosotros mismos para no sentirnos idiotas leyendo el cómic. Esto ya, lo que cada uno consiga arrancar del hueso de ésta obra que considero genial.
Antes hablábamos de las viñetas y de su curiosa manera de presentar el transcurso de los acontecimientos, y sin duda que es de lo más dinámico, artístico y cinematográfico que he visto anteriormente en ningún otro tebeo, y hay que tener en cuenta que la obra salió al mercado cuando yo no sabía leer, ni casi andar, lo que la insufla un valor casi pionero y ariete para todas las obras posteriores cuya sincronía plástica nos ha dejado boquiabierto, casi asistiendo a dibujos holográficos en movimiento si pasas rápido los ojos de una viñeta a otra, como poner un peine entre tus ojos y el canal plus codificado. Bueno, olvidad ese último simil, sencillamente, acojonante.
No tenía ninguna esperanza de que una historia de samurais, guerreros urbanos y megacorporaciones ultra tecnológicas pudiese maridar tan bien, pero tanto, tanto lo hizo, que seguramente le debamos el actual concepto cyberpunk de samurai callejero a ésta obra, que yo voy a tratar de cerrar en resúmen como una aspiración Quijotesca, sin que se peyorativo, si no todo lo contrario, ya que El Quijote es una obra de adoración absoluta que me encanta, y nuestro samurai de Ronin, encarna en parte un conjunto de delirios, con Dulcinea del Toboso incluida, y ya echo el freno que os destripo de más.
Una novela gráfica que pasó a la historia, ya no tanto por sus personajes, ni su historia, si no por su narrativa, la forma en la que Frank Millerentendió el medio y supo emplear las herramientas que tenía al alcance y que nadie había osado sujetar entre sus dedos antes, adelantando una cabeza a todo el pelotón de talentos del momento, acomodados en una marcha constante nada agotadora.
Primeros planos, viñetas secuenciales, vistas subjetivas en primera persona y un sin fin de trucos de magia que junto a la técnica de color antes mencionada nos harán sentirnos entre las volutas de una nube de humo del narguile de la oruga del país de las maravillas, chisporroteando con los ojitos brillantes.
Marvel debe llevar 40 años arrepintiéndose de no haber aceptado el envite que les hizo Miller.
Así que dicho esto, si no lo habéis leído ya, estáis tardando tecno ninjas!
¿Qué pasa choomers? ¿habéis lanzado ya por la ventana
vuestros ejemplares de cyberpunk 2077?
¿O sois como yo que defiende a Arasaka
a capa y espada pese a sus obvios y decepcionantes fallos en el acabado y la
jugabilidad? A tomar por culo con ello, si en cuanto vi que me cambiaban el
tráiler de la chica guapa con implantes afilados tiroteada por la policía con
un cartel de la ilustración original de Alt
del manual Cyberpunk 2020 de R. L. Talsorian Games de fondo, por el del p.u.t.o. Keanu Reeves, ya supe yo que todo se
iba a la mierda, y os lo dije, no me estoy haciendo el Capitán A Posteriori, os
lo dije, P-U-T-O Keanu, blasfemias
así contra Johnny Silverhand no
podían ser perdonadas por los dioses digitales del cromo y han maldecido a CD Projekt Red con buggs ancestrales.
Nos acercamos al final del año, el comienzo de una nueva
década, crucémoslo como si fuese un tubo de conexión cegador, atravesando el
ciber espacio a través de glitches, spam, y residuo eléctrico; o como si fuese
un túnel de gusano a velocidad luz a los mandos de nuestra berlina
interplanetaria mientras los destellos de azul cósmico se reflejan en la
carlinga.
¡Vamos que nos vamos!
A mi el 2020 me ha defraudado profundamente, porque era el
mejor año para vendernos la realidad virtual inmersiva, y ya no salir nunca más
de nuestras celdas de pladur, trabajar en una oficina virtual, salir de copas
con las amistades a clubs virtuales, sexo virtual… Maldigo a Sanyo, Apple,
Microsoft, o quien quiera que no haya hecho los deberes debidamente para éste
2020, porque hubiese sido el año ideal para “Los sustitutos” versión
ciberespacio, y quedarnos todos en casa ajenos a cualquier pandemia, recibiendo
nuestras compras con drones a domicilio, haciendo vida con unas gafas y unos
guantes desde una butaca o el sofá, mientras aquellos cuyo medio de sustento
hubiese sido engullido por el progreso capitalista tuviesen que vivir en slums
en el exterior, bajo puentes, en parques o en las cloacas, forjando una
resistencia mutante antisocial; y la juventud sin estudios ni trabajo formase
violentas pandillas motorizadas. Hemos perdido la mejor oportunidad de nuestras
vidas para hacer realidad el futuro que llevamos décadas imaginando, somos unos
parguelas.
En fin, que todo va a seguir igual que hace un año en cuanto
se vacune a todo el mundo. Puede que a algunos y algunas nos caiga un rayo o
nos caguemos encima, no se, pero es lo que hay.
Y tras un toque de humor absurdo, porque prefiero reir que
llorar, y lamento si hubiese herido la sensibilidad de alguien, no era mi
intención, voy a tirarme de cabeza al tema que me trae a mi buhardilla virtual
hoy, un comic (manga) que primero fue una película
de animación (OVA), y que parecen no
tener nada que ver la una con la otra, para bien y o para mal.
Se trata de Armitage
III, una obra cyberpunk que
quedó eclipsada en los 90 patrios por méritos propios en los kioskos, y no solo
por la mejor de las excusas que hubiese sido que no podía competir contra Akira, Patrulla especial GHOST ni Apleseed o Alita. Pero es que el manga
de Armitage III se eclipsa a sí
mismo con su dibujo y el giro de estilo narrativo posterior a su presentación
como Anime.
Así que empecemos por el principio, 1995, Chiaki J. Konaka (Digimon) escribía la historia de Armitage III, reconocido fan de los mitos de Lovecraft (a ver si ahora los digimon estos van a estar inspirados
en dioses primordiales, la leche) se puso al frente del screenplay de lo que serían los 4 primeros episodios televisivos
que nos presentarían Armitage III.
La versión “papel” sin embargo fue escrita por Zarae Otana y Tatsuya Ikegami, recayendo la responsabilidad del dibujo en Hiroyuki Ochi, por lo que lo primero
que queda claro es que Armitage III no es producto personal de un solo autor, si
no más bien, el juguete de una productora a disposición de diferentes creativos
o dibujantes, en éste caso Tokuma Shoten.
Esto, ya explica abstante bien por qué el manga
no se parece en nada al film, en
nada. Conservan el mismo guión dorsal y lore
pero ni las personalidades de los protagonistas ni el estilo plástico
concuerdan en absoluto de un soporte al otro.
COCKTAIL CASPOSO DE ASIMOV Y BLADE RUNNER
¿Qué puedo decir yo de Armitage
III? Seguramente poco y mal dicho será lo que diga, ya que no soy un otaku, apenas me gusta el manga y solo consumo el de ciencia ficción y con reticencias. ¿Os
preguntáis por qué? Pues si no os lo preguntáis os lo digo también, es lo malo
de la retórica. Personalmente opino que los mejores tebeoscyberpunk son los
firmados por japoneses, sin duda, y no voy a volver a enumerarlos, pero sin
embargo, sí enumeraré algunos de los occidentales del género más galardonados o
endiosados, como Ronin o Transmetropolitan, y joder, amo Transmetropolitan, lo amo, pero los
japos se llevan la medalla de oro en el cyberpunk
ilustrado.
Sin embargo, ya lo he comentado alguna vez, tal vez en mi
entrada de Blame!, no recuerdo, pero
no logro conectar con el sentido del humor japonés, esas cosas (perdonad mi
ignorancia lso que sabéis del tema) que a veces creo que se etiquetan como wayfu o kawai, o no se, de verdad, no se, pero no entiendo sus conflictos
ético sociales la mayoría de las veces, ni comulgo especialmente con su afán de
sexualizar heroínas en historias que pretenden ser distópicas, serias o grimdark,
porque si lo que quiero es ver tetas gordas en un cómic me leo un Kiss Comix.
No solo esto, si no que el montaje occidental de su lectura oriental suele quedar
confuso, no es consecuente, me dificulta seguir el hilo, y si lo intento de
derechas a izquierdas casi que peor, y suelen dejar muchos flecos y cosas sin
explicar, demasiadas, y estoy siempre estrujándome le cerebro y pasando páginas
de atrás hacia adelante una y otra vez para ver qué no estoy entendiendo, y me
desespera un poco.
Pero ni con esas puedo quitarles a los malditos japos locos
el podio de la historieta cyberpunk.
Esto mismo, genera otra situación, la sobrecarga de la
temática en el mercado noventero, y al final, cuando más de la mitad de las
obras mejor consideradas por la crítica y el público son cyberpunk, el pescado está vendido, no todas las obras pueden ser
perita, y algunas no van a pasar de paja.
Armitage III
tiene un poco de éste handycap o San Benito. Primero, quiero comentar una
majadería mía, que es el propio nombre de la serie, homónima a la de la
protagonista, Armitage, que
considero un guiño, tributo, a la obra de WilliamGibson, por su personaje del Neuromante
de mismo nombre. Aunque esto solo lo pienso yo, porque al parecer el guiño va
para el de Providence citado antes,
y el Dr. Armitage del Horror de Dunwich. A mi que me lo
expliquen.
Dicho eso, es el Anime
el que comienza la historia, y el manga
lo que la continúa en un orden cronológico de la historia, y leer el manga sin ver los episodios, empeora la
experiencia. Nos vamos a ir al planeta Marte de 2046, colonizado por la
humanidad en una campaña de expansión por el sistema solar, pero gracias a los
trabajos llevados a cabo por los robots y androides, la mejor mano de obra
posible, la de la inteligencia artificial.
Desplegado el tablero, tenemos al detective humano Ross Sylibus, un tipo duro, el
protagonista perfecto de un hardboiled,
pastiche de future noir fusilado
hasta la saciedad, lobo solitario con un trauma en particular (no spoiler).
En la otra mano, la protagonista absoluta, NaomiArmitage, policía de marte, sexy y provocadora de más, con pintas
entre lo bondage y el chapero, irreverente, macarra, no tiene nada de frágil,
es una matona de élite, una heroína de armas tomar.
Unidos por lo laboral, van a tener que esforzarse en hacer
equipo para detener a un criminal muy particular, un asesino de androides tipo
3, los “nexus 6” de la historia, el modelo más avanzado de la robótica marciana
que incumple las normativas legales y deberían estar fuera de servicio, un
modelo capaz de camuflarse perfectamente entre la humanidad ya que son de
apariencia idéntica a la orgánica y pueden comportarse emocionalmente, crear
arte incluso, prácticamente indistinguibles de los humanos reales.
Con estos elementos, cualquiera diría que estamos en una
obra de Asimov o una versión spin offde Bladerunner, porque
tenemos los elementos más empleados en la receta cifi de comedor escolar hasta la fecha.
Potaje de robots.
Como podéis imaginar, sin spoilers, encontraremos las sempiternas y caducas tribulaciones a
cerca de qué diferencia al humano de la máquina, la conciencia de la máquina,
el alma frente al software, el síndrome de Pinocho,
revueltas “racistas” antirobots, los problemas sociales de la robotización, la
revuelta robótica en contra de sus amos humanos, y es que lo hemos hablado
tantas veces (y lo hablaremos inevitablemente) que tampoco quiero hacer
hincapié en ello, porque lo tenemos muy sobado (podemos rebobinar a la entrada
del videojuego Detroit o Alita GUNNMpara seguir haciéndonos
daño con este saco de cuestiones filosóficas).
Al menos, la película,
nos los propone todo en un ámbito serio, melancólico, maduro, con muy leves toques
de humor “amarillo”, siendo un ejercicio recomendable para todo fan del cyberpunk darle un repasito a sus 4
episodios, compilados en el largometraje Poly-Matrix y por qué no, la secuela del 2002, Dual-Matrix.
La banda sonora, las escenas de acción, y los momentos de
“reflexión” con metáforas acerca de lo vivo y lo artificial, el arte, la fe y
el amor, cumplen con la expectativa.
La búsqueda de identidad de Armitage en medio de una serie de conspiraciones policiacas
corporativas entre Ross y los
fabricantes de droides modelo 2 hará avanzar la trama de esta historia ciber noir de manual. Merece la pena.
Mientras que el manga,
bueno, si no recuerdo mal son 5 números de unas 70 páginas aproximadamente, en
el que se infantiliza las personalidades de todos los papeles, convirtiéndose Armitage en una ciborg algo ridícula y
cuqui que abandona por completo su papel psicótico y violento que manifestaba
en la peli en ocasiones (no quiero spoilear
de más); el dibujo hay veces que no tiene perdón de Dios y la calidad dista
mucho de la del anime, y seguimos
dándole vueltas al tema de los robots, sus funciones, y un extraño propósito
secreto en la programación de Armitage
y su némesis de clase 3, el “Roy Batty” de la historia, que es un clase 3 anti
humanos con ansias megalómanas. Está más en la línea de Alita, que en la de GITS
que estaba la película, y es que todas esas droides quieren ser Kusanagi, y ella quiso ser Molly Millions, ¿o no?
El manga incluye
un donaire absolutamente innecesario
llamado Chika, que es el robot
doméstico de Armitage, y que
infantiliza aún más la secuela impresa del anime,
dejando de muestra un botón.
Y poco más mutantes y mutantas, sota, caballo y rey, esto es
lo que hay sin contaros toda la trama y sus pocas sorpresas, que podéis
imaginar antes incluso de darle al play o pasar la primera hoja de papel, pero
bueno, no os va a llevar mucho de vuestro tiempo libre tampoco, y el saber no
ocupa lugar, o si, según los gigas o los teras. Yo le di su oportunidad y no me
arrepiento.
Oh amigos cyborgs, mutantes, operarios
de baja y media cualificación de la corporación, ninjas urbanos,
cowboys, buzos, chupadatos, copias de identidad virtuales, fantasmas
de unos y ceros, hybridos genéticos, aumentados, y aumentadas en
general, hoy se cumple la profecía del calendario alienígena de
Tungsteno, hoy entra el 2020, el año 0 del futurísmo, el verdadero
inicio del fin, la conjunción astral y planetaria de la reaparición
del décimo planeta X. Hoy, el futuro seguirá siendo mañana.
Porque esta noche pasadas las 23:59 de
vuestra zanja horaria global, los coches seguirán sin volar gracias
a turbinas o reactores verticales modo “harrier”, hoy un miembro
biónico seguirá siendo una precaria hazaña de la medicina, hoy las
pantallas holográficas y los interfaces flotantes de colores flúor
seguirán sin responder a nuestros dedos, hoy decepcionantemente
seguiremos sin disfrutar de emocionantes vidas paralelas en el
dataverso virtual.
Pero la distopía sigue siendo real,
porque sí habrá más desigualdad social, el rico será más rico y
el pobre será más pobre, un nuevo país desaparecerá tras
conflictos bélicos para fundarse un nuevo gobierno revolucionario
más corrupto que el anterior tiránico, seguiremos padeciendo
enfermedades sin cura, seguiremos comiendo alimentos ultraprocesados.
Estos años de la edad oscura del
presente hemos visto el primero intento de clonar seres vivos,
generaciones barridas por la droga, carne hecha en placas de petri y
probetas, la moda de comer insectos, el imparable cambio climático,
y el acelerador de partículas de Ginebra sigue dando vueltas.
El futuro es sin duda, un fraude
terrible, un sueño que cuando comienzas a roncar plácidamente se
convierte en pesadilla. Pero vamos a seguir esperando todo eso, los
viajes a Marte, colonias en la Luna, realidad virtual profunda, sexo
con hombres y mujeres sintéticos, corporaciones comprando países, y
el ratón Mickey Mouse decidiendo qué puedes ver en tu pantalla,
cuantos actores y actrices debe haber, cuántos han de ser heteros u
homos, cuantos negros, blancos o amarillos, y cuál debe ser la ética
correcta que debes adoptar para que el mundo siga engrasado, feudal,
imperial, exactamente igual. Porque el Ratón Mickey Mouse no
pretende borrar esa sonrisa de su cara, porque su sonrisa te hace
feliz, y no quieres verle llorar, no quieres verle apretar los
colmillos ni corretear por tu ano, adentrarse en tu recto y comerte
de dentro a fuera mientras estás despierto.
Así que un paso más al futuro sin
fondos de pensiones, al futuro sin jubilados, al futuro de la
robotización y la desaparición de empleo, al futuro no sostenible,
el futuro del disturbio que no sucederá.
Amaos los unos a los otros porque es lo
único que cambiará de verdad el futuro, ni Bezos, ni Musk. Sólo
los pequeños héroes (Dios salve a Spinrad). Viva el frente de
liberación de la realidad.
Sí, la Tierra es una fase maravillosa.
Aquí estoy, algo triste, porque en éstas fechas cada año me someto
a unos días de soledad en los que pese a que trato de mantenerme
ocupado, ejercito mis relaciones humanas sin límites ni trabas, e
intento dejar de dejar para mañana lo que puedo hacer hoy, valga la
redundancia, por sacarle provecho a mi soledad, hay algo en el
ambiente navideño que a solas me roba la energía. ¿Es ver felices
a los demás? Creo que no. No se qué es. Pero comer hoy arroz con
chile y carne enlatadas, en pijama, mirando el reloj contínuamente
porque me toca un turno de 10 horas laborales de noche y no quiero
ir, tampoco ayuda.
Así que me he abierto una botella de
St. Bernardus Abt 12, y he abierto el ordenador portátil. Se que
llego (literalmente) sobre la campana, que he vagueado estos días,
pero no doy a basto ni en soledad.
Sin duda mi conclusión es que el
trabajo es el peor invento de la humanidad.
En fin, todo esto me pone un poco
nostálgico, y me retraigo antes de avanzar, y pese a que escribí de
cómic en la última entrada, tengo la necesidad de repetirme, con
alguien que ha sido primordial en mi crecimiento intelectual de niño
a adulto. Y ojalá alguien pudiese decir eso de mi alguna vez, y lo
más curioso es que se que hay gente que lo sentirá igual en
realidad, y que mi yo con otro alias, de otra época, al que pretendo
asesinar (metafísicamente) definitivamente éste 2020 y del que no
pronunciaré su nombre en ésta nueva identidad bloggera, ha sido
influyente y decisivo para el crecimiento artístico e intelectual de
muchas personas, soy consciente de que he dejado huella (no
escribiendo éste blog, aún, si no en otra vida, en otra actividad)
y ni siquiera con eso me contento ni me regocijo, nunca es
suficiente, todo es poco.
Esta persona que iluminó mi
imaginación y prendió mi inquietud como un eterno vertedero de
neumáticos en llamas que nunca se apagará, fue Alfonso Azpiri.
AZPIRI,
TECNO-HISTORIETISTA SUPREMO DE LA RELIGION DEL TUNGSTENO
1947,
Madrid, familia de músicos y Alfonso Azpiri
vino al mundo para dibujar y hacernos soñar.
Pronto
en 1971 comenzó con historietas en la revista Trinca,
la Pilote patria, una
publicación Bruguera
de Editorial Doncel
de contenido flojo, soso, insustancial pese a su alta calidad de
encuadernado e impresión, que junto al elevado precio de la
publicación, no le permitieron envejecer más de 65 números, pero
que al menos sirvió de trampolín para artistas como nuestro
protagonista de hoy y Antonio Hernández Palacios
(Doc Savage y Mac
Coi).
Los
que saben de cómic,
no dudan en evidenciar la influencia de Victor de la Fuente
en el estilo y evolución de
Azpiri, pero a mi,
desde mi ignorancia, no me lo parece, y no encuentro practicamente
ningún parecido en el estilo entre ambos, y a nivel esencial, solo
les veo compartir temáticas fantásticas y ficciones en sus obras,
con especial dedicación a la anatomía humana, pero mientras Victor
se posiciona en un arte clásico de la vieja escuela americana, más
cercano a Frazetta,
Azpiri evolucionó a
un (voy a inventarme la etiqueta) “post-afrancesamiento” de la
escuela humanoide con
un trazo único muy modernista, de línea gruesa, que no abandona el
boceto en el entintado y rompe violentamente la curva con los ángulos
en tradicionales perfilados clásicos como cabellos y plieges
textiles que conviven con suaves moldeados y siempre exuberantes
contornos anatómicos.
Sin
duda, único, auténtico, personal e inimitable. Sabes cuando tienes
un Azpiri delante, no
lo dudas.
La
primera vez que abrí El pequeño País,
con mi cacao soluble en la taza sobre la mesa una mañana de domingo,
y mis galletas Tostarica, y vi a MOT
nada volvió a ser igual, porque de repente, mi yo niño, puso nombre
al fin al héroe de las portadas de videojuegos de mi Spectrum más
alucinantes. Porque Azpiri
creó personajes de historieta fascinantes, como la Lorna
que hoy nos va a robar el tiempo y el corazón, y la sangre que se va
del corazón a otros apéndices involuntariamente, pero si algo lo
elevó a la cumbre fueron las portadas de videojuegos de la
denominada Edad de oro del software Español,
y no hace falta que os lo cuente Iker Jimenez en un programa de ovnis
y fantasmas para que lo flipéis, porque si esos juegos vendían, la
mayoría de las veces no era por el juego en sí, que solía pecar de
aburrido, imposible, o de horribles gráficos, si no por la portada.
La Edad de oro del software español,
bien podría rebautizarse como “la edad de oro del
marquetin español”, porque
aquellos porductos, sin meterme en la complejidad de producción y
programación que por entonces tendrían, no hubiesen supuesto un
éxito en más de la mitad de las veces si no hubiese sido por
ilustradores como Azpiri,
Luis Royo o Juan
Gimenez de quien ya hemos
hablado en la Casta de los metabarones.
¿Que
no es cierto ésto? Vale, al grano, caso práctico, el juego Abu
Simbel profanation, del coloso
de la era dorada, Dinamic,
1985, con Victor Ruiz
al frente de Snatcho, Florentino Pertrejo
y Santiago Morga, un
juego tan injugable por su dificultad que la compañía ofrecía
50.000 pesetazas de la época como premio al primero que se lo
terminase, ¿qué narices? ¿A caso alguien disfruta comiéndose sin
morir un cocido de 5 kilos sólo por llevarse el vuelo a canarias en
turista irlandesa y hostal de carretera sin pensión que ofrece el
restaurante del ataque al corazón por ingesta de legumbres y
chorizo? No. Pues Abu Simbel
lo mismo, no era una experiencia divertida, era una putada que me río
yo del Dark Souls,
sólo con la diferencia de que Dark Souls
es bonito, es bello, y Abu Simel
ponía nombre de héroe de acción (Johnny Jones,
te cagas) a una albóndiga azul con patas que saltaba de plataforma
en plataforma esquivando arañas de 6 patas y gotas de ácido.
¿Qué
hacía que yo imaginase que esa bola deforme azul con ojos inertes y
sonrisa perenne fuese realmente Johnny Jones?
La portada, la jodida y puñetera portada que lograba que igual que
cuando movía con la mano un argamboy sobre la alfombra lo viese
mover sus rígidas articulaciones como si fuese de verdad gracias a
la imaginación, esa deformidad azul llamada johnny Jones
en la televisión de tubo a la que enchufaba el spectrum
128 cobrase vida y fuese el
héroe que Azpiri
había dibujado en la portada de la cinta.
Y
Dinamic se dio
cuenta, porque Abu Simbel
fue la primera de docenas de portadas que firmó Azpiri
con ellos, y con otras muchas compañías como Topo
u Opera.
No
vendía el juego, lo vendía Azpiri.
Dios salve al tecno-ilustrador de la ficción y fantasía españolas
en 8 bits. Que Dios lo tenga en su gloria, porque ya no contamos con
su compañía desde 2017, pero él es inmortal.
Es
inmortal en todas aquellas portadas de videojuegos, inmortal en MOT,
inmortal en Lorna,
inmortal en las fotos que me tomé con él en diferentes salones del
cómic y el video juego, inmortal su rúbrica y sus dedicatoria en
las páginas en blanco de los tomos que le llevaba para firmar.
Gracias Azpiri, de
todo corazón, gracias, porque tú me hiciste soñar con las
historias de Leo y MOT
como nadie había hecho hasta entonces. Porque tú me hiciste
descubrir el líbido infantil con tus heroínas imposibles. Recuerdo
recortar de Micromanias
y Hobbyconsolas todas
tus mujeres anatómicamente imposibles y guardarlas en una carpetita
secreta de mi habitación para ojearlas de vez en cuando
pecaminosamente pero libre de maldad, ingenuo e inocente, vergonzoso,
adentrándome en un terreno inexplorado para mi aún, tanto que un
día oía que se abría la puerta, y me dio tanta vergüenza estar
ojeando aquellas amazonas galácticas tuyas, destapadas y siempre
erguidas, que lancé mis recortes por la ventana para evitar que mi
padre me pillase babeando con dibujos. Pero claro, la vecina del
patio se encargó de decirle a mi padre que su patio había recibido
una lluvia de recortes de descocadas musas de combate y ficción. Mi
rubor no pudo ser máximo, culpable de que me hipnotizasen aquellos
cuerpos de tinta.
Comenzaba
la entrada nostálgico, ñoño, con ese sentimiento de que el tiempo
se te va como agua entre los dedos, y casi que se me empañan los
ojos escribiendo estos recuerdos. Por eso Azpiri
es tan importante para mi.
Portadas
como Phantis, Megacorp, Ulises, Coloseum, Bronx, Stardust,
Zona 0, Tuareg, Silent Shadow, o
Rescate en el golfo,
alimentaron mi imaginación por siempre, me motivaron y empujaron a
hacer mi propias historietas en cuadernos (¿en qué papel reciclado
se habrán convertido?), mis primeros y vergonzantes relatos breves
(aunque con alguno gané algún concurso escolar), y fantasías y
proyectos infantiles de todo tipo.
Gracias
otra vez y no me canso.
Y
así, Azpiri paseó
por Cimoc, por
Penthouse Comix, por
Heavy Metal, siempre
haciendo gala de su sátiro interior, de su amante empedernido, de su
lascivia, de su deseo, de su respeto a la mujer, madre, dadora,
amante, heroína, con mujeres de ensueño seductoras, dominantes,
hermosas, aunque sin querer enturbiar su honra (Dios me libre por al
admiración que le tengo y lo que supuso su obra para mi) no siempre
orgullosas ni empoderadas. Y ahí aparece Lorna,
la coprotagonista de hoy.
Añadamos
otros logros desbloqueados como sus pinitos en el cine con diseños
de El caballero del dragón,
un olvidadísimo film cargado de originalidad dirigido por Fernando
Colomo(Bajarse
al moro, El efecto mariposa...) con aquella mítica y ochentera
jugada de hype
dando un papelito al ya entonces todopoderoso Miguel
Bosé, que
mezclaba fantasía y ciencia ficción con toques de oscurantismo. Una
película que seguro representa un clásico del género para algunos
consagrados directores de hoy.
LORNA,
DE NINFOMANA GALACTICA A HEROINA CERCENADORA DE MIEMBROS
Cuando
Azpiri
dibuja en la revista
Mastia a
mediados de los 70, Star
Wars de
Lucas
irrumpe como un tsunami en nuestras vidas a través de las pantallas
de cine, nunca volveríamos a ver la galaxia de la misma forma, y el
concepto y la tendencia de la space
opera
cambiaría para siempre. Mira, qué curioso que éstos días estamos
viviendo el final de lo que empezó entonces.
Alfonso
crea para la publicación a Lorna,
una despampanante femme
fatal
del espacio acompañada siempre de su robot. Según cuenta el propio
Azpiri,
fue precisamente la nueva moda y admiración que todo el mundo sentía
por La guerra de
las galaxias,
que modificó los bocetos iniciales del primer robot por uno nuevo
más parecido al androide de protocolo y traducción más famoso de
la historia, C3PO,
solo que el robot de Lorna,
no tenía ni protocolo ni conocía idiomas, aunque se le daba muy
bien la lengua, y sin faltar al respeto, la historieta pudo haberse
llamado “la guarra de las galaxias”, porque el robot era un
androide sexual que necesitaba litros y litros de 3 en 1 para seguir
funcionando y saciar el infinito apetito sexual de su dueña, Lorna.
Y
esa era la premisa, un cómic
erótico festivo, de destape, no pornográfico (nunca se mostraban
escenas explícitas, penetraciones, ni órganos genitales de ningún
sexo) pero picante sin mayor pretensión que hacer reir y subir el
color de algún lector que por aquél entonces, calentito aún el
ataúd de Franco,
o leía la Mastia
o se iba a Francia a ver películas guarrillas.
Efectivamente
eran otros tiempos, otra forma de entender la sexualidad, con poca
libertad sexual, tabúes, vedettes de revista, pero mucho vicio y
poco puritanismo pese a ir a misa cada domingo. El destape.
Y
para bien que hemos evolucionado (o eso creo) no solo en la libertad
sexual individual de cada uno, en quitarnos pudores y en normalizar
conductas saludables consentidas entre adultos, si no materia de
machismo que iba unida sinequanon
a la sexualidad, como un chicle sucio a la suela de un mocasín
pasado de moda. Porque aunque hago hincapíe en que eran otros
tiempos, Lorna
era una mujer florero, ninfómana, que cedía gustosa a violaciones
de mal gusto y poca comedia (porque hoy en día a mi ninguna
violación puede parecerme cómica) por alienígenas y terrestres de
toda la galaxia. Yo ni había nacido, no se que decir al respecto de
lo correcto, vanguardista, casposo o lo que fuesen las historietas de
Lorna
en aquellos comienzos de Mastia,
pero tal vez solo fuese material para pajilleros fantasiosos, que
actualmente me parecen de mal gusto.
Y
no solo de mal gusto, ya que el dibujo de Azpiri
aún
estaba en evolución, no había alcanzado su zénit, estaba en una
adolescencia fea, de esa con acne, y gaznate pronunciado, con ropa
desconjuntada sin planchar... Era un polluelo desplumado con una
apariencia a caballo entre el tebeo
patrio
más tradicional acercándose a Ibañez,
Escobar, Vázquez
o Jan,
y las historietas verdes “S” de El
Papus
o El Cuervo.
Lorna
acaparaba el protagonismo artístico, mientras que sus “amantes”
o fornicantes solían tener peor acabado, quedando claro el objetivo
de que el elctor solos e fijase en Lorna,
un poco en la metódica habitual del porno enfocado a público
masculino.
Dentro
del desaguisado sexual que suponían las aventuras de Lorna
y su robot,
se incluían continuos toques de humor y caricatura que incluyen
versiones absurdas de la propia Star
Wars
o incluso de El
Señor de los anillos.
Y es que Gandalf
y su báculo no podían resistirse a los persuasivos encantos de
Lorna.
Lo
más curioso es que pese a la vanalidad de las aventuras sexuales de
Lorna
en aquellos años 70, Azpiri
trató de darle un sentido al personaje, dentro de lo absurdo y la
“jaimitada” que sus aventuras representaban, y cada historieta
enlazaba con la siguiente, creando un pequeño y tímido transfondo,
un universo propio que no eclosionaría en aquella modalidad de
historieta, pero que anunciaba que no iba a dejar morir a Lorna
en el género destape, que pretendía llegar más allá con ella.
Incluirá personajes secundarios persistentes, y otros elementos que
ayudarán a la maduración del personaje.
Y
llegaron los 80, y luego los 90, y Lorna
evolucinó
con los tiempos, y se adaptó, y ahí se me crea la duda de si Azpiri
en Mastia
sólo hacía lo que le pedían, estaba conforme con aquella
casquibana y promiscua de las galaxias que se empotraba a todo ser
viviente y sintético hasta dejarlo extasiado y sin baterías, y la
hizo evolucionar acorde con los gustos de la sociedad y el nuevo
target, o si realmente él quiso crear una heroína icónica desde el
principio. ¿Obligaciones de guión o libertad creativa? No veo clara
la línea que separa una cosa de la otra en el caso de Lorna
y me fastidia, me deja un sabor agridulce.
Pero
Lorna
evolucionó y se posicionó como heroína de la ciencia
ficción
dejando atrás el rol de puta insaciable y sumisa. Se convirtió en
una puta orgullosa e independiente. Y que nadie se ofenda con lo de
puta por favor, no caigamos en la desnaturalización reinante de las
morales equidistantes y superiores. Las cosas por su nombre y con el
debido respeto.
El
dibujo y el entintado de las obras crecieron en calidad exponencial
convirtiéndose en un must estilístico y añadiendo valor al aún
polémico enfoque de las historias de nuestra protagonista.
Junto
a Cidoncha
(que aún ni lo había mencionado, guionista de Lorna,
que egoísta por mi parte porque tiene tantya culpa o más que
Azpirin en
todo esto) la rubia de generoso busto y espinazo hecho a compás
continuó recorriendo la galaxia, pero su objetivo dejó de ser poco
a poco tirarse a todo ser del cosmos y quitarse el picor del parrús,
pese a que de forma paulatina fue evolucionando en sus deseos, ansias
y necesidades sexuales titánicas y descomunales. Lorna
continuó siendo una musa, oscuro objeto de deseo, pero tebeo a
tebeo, fue consolidándose como una mujer de su época en cada cómic
editado, aunque esto me parece, desde mi puinto de vista en el 2020,
lamentable que siguiese siendo un personaje sumiso y atado a la
opinión masculina hasta casi sus últimos números, y hubiese sido
mucho más iompactante si Azpiri
y Cidoncha
la hubiesen adelantado a su época, ya que en realidad, era una mujer
del futuro, y eso debía de haber representado desde el minuto uno,
pero su nacimiento fue muy distinto, y supongo, les costó matar a su
esclava sexual de fantasía de la noche a la mañana.
Entrega
a entrega, Lorna
iba resistiéndose a las violaciones a las que en sus inicios se
entregaba encantada (puagh), cercenaba miembros de machirulos
alienígenas sedientos de sexo como una Lorena Bobbit espacial, y
consumaría tórridas escenas que no abandonaría nunca en ningún
tomo, solo con amores platónicos que como protagonístas no le
llegaban ni a la suela de los tacones. Se consolidó, gracias a
Dios, como una amazona galáctica poderosa, fuerte, con control sobre
sus deseos sexuales y guiones finalmente interesantes, aventuras
emocionantes de búsquedas espaciales, rescate de planetas,
recolección de botines místicos de civilizaciones alienígenas
olvidadas, y todas las tramas habituales de la space
opera de
“a duro”, siempre provocativa, sus creadores nunca renunciaron a
que pasease por cada viñeta con los pechos al aire y en escorzos
seductores imposibles de “good
girls”
hipersexualizadas como ocurría en Cuentosde la era Xenozoica
pero multiplicado por 10.
Esta
sana pero incompleta evolución hacia lo que hoy consideramos como
heroína de tomo y lomo se produjo en un largo proceso de 8 tomos:
Lorna
(compilación
de su época de la revista Mastia)
Las
nuevas aventuras de Lorna y su robot
Mouse
Club
(donde comienzan a percibirse los primeros cambios tanto en estilo
como en argumento)
Leviatán
(una versión libre de Mobby
Dick
que comienza a presentarnos la Lorna
heroína moderna)
El
arka
(comienza la verdadera evolución de Lorna
hacia heroina, siempre picante y destapada pero heroína, con
historias más profundas y maduras, que se continuará y mejorará
de aquí en adelante)
El
ojo de dart-ang-gor
Sombras
perdidas
Las
torres negras
Rescate
¿Satisfecho con
el personaje en cuestión? No mucho, pero la nostalgia es un arma
poderosa, y Lorna llegó para quedarse, así lo quiso su
creador, y nunca dejó de ser lo que era, una venus con pistolas
láser.
Recomendaría
directamente empezar con Lorna “en serio” desde el título
Leviatán y tratar de obviar su pasado de Mastia,
porque hay cosas, que no envejecen tan bien como el vino, no señor,
y no es un pasado del que estar especialmente orgulloso pese a que su
intencionalidad, su venta y su target estaban enfocados al destape.
Aquí mi reflexión
personal, a riesgo de que se me malinterprete:
El cuerpo humano
es bello, femenino y masculino (el mio no pero bueno), y el desnudo
no debe escandalizar a nadie, ha de tratarse con naturalidad, y si
Lorna se siente cómoda surcando el espacio desnuda,
bienvenida sea. Si Azpiri quiso crearla así ¿Quienes somos
nosotros para juzgar su imaginación? Nadie. No se debe censurar la
exuberancia, y la hipersexualización no me parece ni mala ni insana.
Cada cual crea a sus personajes como desea, célibes, castos,
pendones o infieles, me da igual, son igual de enriquecedores si
están bien formados.
Respecto al sexo,
tampoco hay nada de malo en creaciones sexuales que fomenten la
actividad sexual continuada, desinhibida, libre, entre ninguna
persona ni personas. Y en multitud de ficciones encontraremos escenas
de violación, porque desgraciadamente, existe la violación desde
que el mundo el mundo, y por fortuna, el ser humano, inventó las
leyes también, y lapena es que no se cumplan debidamente o no eviten
semejantes atrocidades.
Dicho esto, me
incomoda de cualquier modo que una violación sea frivolizada en
cualquier tipo de ficción. Entiendo la necesidad de una escena que
incluya una violación en una ficción, pero no creo que sea
saludable ficcionar que la victima la disfrute de manera automática
y que incluso quiera repetir. Cuidado con esto.
Y sin querer ser
más papista que el Papa, que cada uno ficcione lo que le de la gana,
que ya seré yo quien decida si leerlo o no, verlo o no, siempre
teniendo claro que está en el marco de una ficción.
Nunca lo saquemos
de ese marco. No es No.
Lorna
debe ser ejemplo del poder de la mujer a decidir llevar la vida que
desee y tener pleno control sobre ella, sus decisiones y su cuerpo. Y
cuando es NO, rayo láser a la entrepierna!!. Y si es SI con un
Klingon, un Mandaloriano y tres súcubos Eldar, si todos están por
la labor, que corra el champán y no juzguemos a nadie por querer
disfrutar en armonía como cada uno quiera.
No se
es más puta por saciar más tus necesidades cuantas veces quieras
como quieras.
Dicho
esto, Lorna, mi
primer amor platónico de la infancia junto a Turbo Girl,
Hundra y Sabrina
Salerno, se convirtió en el
icono que aspiraba ser.
Tuvo
su propio videojuego a cargo de la clásica Topo Soft
(una birria de juego por otro lado, que si vendió algo fue por la
ilustración, todo sea dicho de nuevo) y que hace relativamente poco,
antes de la despedida final del maestro en la Tierra, estuvo a punto
de resucitar en carne y hueso mediante un proyecto de mecenazgo que
prometía el rodaje de una película homónima, proyecto que llevaba
en el aire, de mano en mano y despacho en despacho, décadas.
En
2015 se comenzó el proyecto, pero la rubia no tuvo suerte. Miguel
Mesas junto el propio Azpiri
estuvo al frente del conato, con experiencia en FOX
y Universal para
largometrajes de bajo presupuesto fantásticos como Hércules
y Clash of Titans.
Pero posiblemente, sea barbwire la inspiración más poderosa, intencionada o casual, que podremos encontrar en el cine de Lorna a fecha de hoy.
No
exenta de polémicas, protagonizó una que enfrentó temporalmente a
Azpiri contra Alex
de la Iglesia, al incluir éste
último un personaje femenino, sospechosamente similar a nuestra sexy
heroína, de mismo nombre, encarnada por Carolina Bang
en la serie Plutón BBRNero.
En un principio se tildó de bulo o fake new, pero Azpiri
confirmó su molestia al no haberle informado Alex
de sus intenciones con el personaje.
También,
y por supuesto, se ha intentado llevar a la animación en 2011 por
Balieri Estudio, pero
tristemente aquella nave espacial quedó a la deriva.
Por
todo esto, Lorna es
un imprescindible del cómic
de ciencia ficción
patrio, y a la vez del erotísmo o historieta “S”, y Azpiri
una leyenda y un mito de la ilustración fantástica y cifi
de nuestra cantera.
Un
saludo maestro, allí donde estés, en la galaxia que hayas elegido.
Con cariño.
Buenas noches soñadores del número
atómico 74, no lo llamemos Wolframio por favor, y espero que la
conexión neuronal con mi cuchitril virtual sea estable y vuestros
avatares no sufran de glitch mientras pasáis aquí un rato,
compartiendo conmigo ciencia ficción, obras, opiniones, ideas
y conceptos.
Os recuerdo que abajo hay un campo de
opiniones, comentarios, quejas e insultos libre de la vigilancia del
roboministerio corporativo de civismo y ciudadanía, gracias a unos
firewall piratas de Ten-Tech cortesía de unos becarios de Bangladesh
fans de William Gibson. Así que sentiros libres de aportar vuestro
rastro genético en mi nodo, o de saludarme ene twitter,
@pixel_van_gogh .
Cumplido el protocolo, cargamos la
rutina del día, que versará sobre cómic en ésta ocasión,
ya que hace más de un mes que no hablamos de viñetas distópicas.
Hoy voy a abordar una obra corta, pero
artísticamente intensa, una que conocí precisamente gracias a la
participación de un visitante, Eduardo Pérez, que en Julio
compartía con todos nosotros sus percepciones sobre la obra The
Future Is Now de Josán González. Gracias Edu, porque
llevabas toda la razón, y como siempre reconozco, no soy ningún
gurú ni catedrático versado en el universo inabarcable del tebeo,
cómic o novela gráfica, llámalo X. Aprendo al tran tran,
de forma autodidacta y gracias a aportaciones de gente como Edu, que
repito, no pudo estar más acertado cuando mencionó a Geof
Darrow.
Me apunté aquello, y me tomé mi
tiempo para bucear en el dataverso, chocando con la
protagonista de hoy, Hard Boiled.
Esta obra englobada en 3 pequeñas
entregas, comenzó en 1990 y finalizó en el 93, editada en la
siempre omnipresente Dark Horse, con historia de Frank
Miller. Y siendo sincero, son dos pesos muy pesados para lo
humildemente poco que he tratado con ellos. ¿por qué mentir? Así
que me puse un poco las pilas al respecto para sacarle más jugo a un
cómic breve pero intenso y muy gozoso.
Mano a mano, los dos colosos, se
marcaron una obra ágil y light dentro de la densidad a la que
nos tienen acostumbrados, pero que no lejos de su intención lúdica
y relajante de crear sin presiones en Hard Boiled, de darse un
caprichito rápido así hablando en plata, y desengrasar mente y
muñeca, firmaron un interesantísimo título con un rápido pero
directo cometido intelectual a cerca de la realidad, una ciber “vida
es sueño” ultra violenta y cargada de humor negro. No es una obra
superflua o poco meritoria, porque ni Miller ni Darrow
suelen defraudar ni aunque se lo propusieran, y puede ofrecer mucho
más de lo que pretendieron, sin aspiraciones, de forma innata y
natural pese a su concepción de entremés. Y ahí está su grandeza
y la prueba de la genialidad del dúo, su don de rey Midas.
Darrow, natural de Iowa, exhibe
su admiración por el estilo europeo de Moebius en cada viñeta
de Hard Boiled, recargando barrocamente cada espacio con
delicias, saturando nuestra visión y sobre estimulando nuestro
cerebro. Fiel a las paletas pastel que conviven en el mismo color
pero a diferentes tonos, como ya vimos en The Future is Now,
creando esa sensación de estar leyendo la página con unas viejas
gafas 3D de papel charol en dos colores, y haciendo innecesario un
coloreado realista con ésta suerte de relleno “vidriera” que
todo completa de maravilla.
Toda esa influencia afrancesada
proviene de su admiración y cooperación con el grupo de creativos
Humanoides asociados de los que también hemos hablado ya por
encima en el blog en La Casta de los Metabarones. De toda
aquella experiencia y cooperación francesa, Darrow parió
Bourbon Thret, asegurandose ya una clara seña de identidad en
su arte desde entonces.
De hecho, fue Moebius quien hizo
de alcahuete entre Darrow y Miller en Los Angeles, para
que naciese Hard Boiled, y se llevase el premio Eisner.
También es importante mencionar su
importancia en los artes de la saga cinematográfica Matrix.
Podríamos intentar meternos en profundidad a desgranar la vida, obra
y milagros de Darrow, pero ni soy tan fan como para empalmarme
hablando de él (aún) ni voy a saber contar mucho más de lo que os
ofrece la red si sois gente curiosa.
Con Miller me pasa un poco lo
mismo, 300, El caballero oscuro, Sin City,
principalmente para mis gustos Ronin (ya hablaremos de ella en
el futuro distópico), así que tampoco voy a tirarme el folio con
él, por ésta vez, la próxima lo habré masticado como un chicle.
SER O NO SER, 404 NOT FOUND.
En un distópico futuro cercano, Hard
Boiled nos presenta a Nixon, ¿o es Carl Setz? No
espera… ¿Carl Burns? ¿Harry Seltz? ¡Demonios ni él
mismo sabe cómo se llama! ¿Cómo es posible? Pues porque éste
perfecto esposo y padre de familia de dos querubines, cobrador de
impuestos ejemplar, propietario de una vivienda unifamiliar y un
utilitario vintage es en realidad un ciborg de
la compañía Willeford, una herramienta de matar en contínuo
incógnito incluso para él mismo.
De forma casual o no, no creo en las
casualidades, la idea de la obra se centra en lo mismo en lo que se
centró después Matrix, alguien que vive una realidad
ficticia dentro de la realidad real que desconoce. Una versión
techno noir de la maldición del hombre lobo, humano de día,
bestia de noche, que al despertar cada mañana cree haber sufrido
horribles pesadillas de asesinatos, carnicerías y carreras por el
bosque a la luz de la luna. Eso le ocurre a Nixon.
Podríamos pensar que Hard Boiled
es una obra corte de no más de 200 páginas ideada para que Darrow
se luzca, sin duda, el arte gráfico prima sobre los diálogos, el
trasfondo o el hilo argumental. Pero con una premisa tan sencilla, la
semilla de la historia da sus frutos. Y la narrativa es sustituida
por imágenes violentas, explosiones, tiroteos sanguinolientos y
masacres en lugares públicos con un ciborg protagonista que
se enfrenta a una nueva realidad al descubrir que no es un tipo
normal, con un trabajo normal, y una familia de anuncio.
¿Tomará la pastilla roja o la azul?
No pienso hacer el spoiler, bastante he desvelado ya aunque
era imprescindible para poder dar unas pinceladas de la sinopsis.
FUTURE NOIR
El título, Hard Boiled, ya es
toda una declaración de intenciones de la obra, haciendo alusión a
un género en sí, popular en los 1920 y 1930, que era un subgénero
derivado de la novela negra, de dudosa reputación en el ámbito
pulp, por abusar explícitamente de violencia y sexualidad en
sus historias.
Cumplirá canónicamente con la
estética requerida, siendo nuestro ciborg protagonista un
cliché estético del detective de novela negra, rudo, violento, con
su gabardina y sus pantalones grandes de pinzas, la cartuchera bajo
el sobaco, y su T-Bird con el interior hecho un vertedero de envases
de comida rápida. Una suerte de blade runner. Todo con una
estética ucrónica o retro futurista años 50.
Siguiendo estas características del
dogma “hard boiled”, el cómic de mismo nombre ahonda de
repente en la cuestión existencial, la revelación de la verdad, la
aceptación o negación de los hechos y la capacitación de superar
el shock. Y hablar más del tema, debido a su brevedad, sería pecar
en spoiler.
Pero no todo es seguir el cánon a píes
juntillas, los personajes que completan el elenco a parte de Nixon,
como su mujer Becky, sus hijos, o el CEO de Willeford,
son una auténtica canallada satírica, esperpénticos, especialmente
éste último, un cachalote deformado con flequillo de Tintín
agasajado continuamente de forma automática con servicios sexuales y
comida basura, muy en la línea de los tróspidos que hemos visto en
otros tebeos como Tokyo Ghost, humanoides infectos y
repulsivos que representan todo lo que detestamos en el ser humano,
la gula, la avaricia, la cosificación…humanos deshumanizados, una
deprimente visión cyberpunk de nuestra evolución que quedará
en manos de las máquinas que nosotros mismos hemos creado.
Así que poco más puedo hacer que
recomendaros a todos éste homenaje de la novela negra pulp de
“a duro”, con un confundido Philip Marlow cibernético de
protagonista.
Sólo recomendárosla encarecidamente,
dejaros llevar un rato en cada viñeta abarrotada de detalles de
cultura popular y mensajes subliminales erótico festivos, grafitis
provocadores y outfits inverosímiles entre las masas de peatones en
la calle; Y paraos a pensar un momento en la situación de Nixon
sin dejaros llevar por la orgía de sangre que va a salpizaros.
Si os gustó
Transmetropolitan o The Future is Now, ésta obra va a
ser sumamente esclarecedora para todos. Nos leemos pronto la próxima,
¡¡palabra!!