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sábado, 22 de agosto de 2020

ERIK URANO . ASTRONAUTA DEL 4X4

RAP Y CIENCIA FICCION ESPECULATIVA


¿Cómo lleváis el fin del verano mutantes? Yo voy a tener que pasar por revisión de chapa y pintura para que el técnico revise mi climatizador corporal, le estoy dando un tute por encima de lo recomendado por el fabricante, no paro de sudar aceite y mancho todo. El verano es un castigo, aunque desde que nos quedamos sin capa de ozono, ponerle nombre al resto de estaciones del año no tiene sentido, pero pese a los implantes aún somos humanos ¿verdad? La nostalgia y las tradiciones nos diferencian de las máquinas, por ahora.


Sin duda, lo mejor del verano suele ser la cerveza fría, y de todo el año, una vez más, me doy cuenta de que da igual que sea verano, y si me paro a pensar, el verano, sólo trae cosas malas como por ejemplo la canción del verano.

Hoy voy a hablar de música, música que tiene que ver con la ciencia ficción por supuesto, con los futuros distópicos y las ficciones especulativas, música que bailan los robots, porque hace ya muchas entradas que no hablo de música desde Aviador Dro, pero existe mucha música unida a la ciencia ficción igual que lo están el cine, la literatura, o los videojuegos, la música es otra vía narrativa que además atraviesa paredes porque penetra con sus algoritmos ritmicos en lo más reptiliano de nuestro cerebro y empezamos palmeando el suelo con el píe, y derepente eso se ha convertido en un zapateo, y al rato ha descarrilado un tren interior de movimientos espasmódicos y desacompasados en todo nuestro sistema psicomotríz que nos ha puesto a dar giros, vueltas y hacer aspavientos y ejecutar una rutina de bugs cervicales aritméticamente in crescendo. La música tiene poder.

Pero cuando además cuenta una historia, cuando además tiene lírica, tiene narrativa, estamos ante una de las más ancestrales y complejas formas de expresión. Técnica y vocacional, genética me atrevería a decir.

Y técnica porque para componer, hay que aprender, y puedes hacerlo en un conservatorio, o mirando y escuchando de forma autodidacta, pero hay que aprender, requiere tiempo, interés, entrenamiento, uno no compone de la noche a la mañana, requiere meses y años de dedicación. Una dedicación que además debe satisfacer al individuo involucrado, debe generarle placer, ponerle a cien las glándulas pineales y eyacular dopamina en un orgásmo porcino de media hora, porque requiere mucho tiempo.

Mueve el píe izquierdo, el derecho, y las manos para hacer sonar esa batería como debe, mira cuantas teclas tiene éste piano, ¿por qué las guitarras tienen tantas cuerdas?.


Y luego está la parte lírica, ¿sabes contar historias? ¿Tienes algo que decir? ¿Cómo llevas los recursos literarios, el compás, y la rima asonante y consonante? Ësta parte la considero algo más innata, pero no menos técnica si deseamos un resultado a la altura de un selecto grupo de consumidores.

Pero aún hay más, ¿tienes voz? ¿sabes solfeo? ¿Dominas tus cuerdas vocales para convertirlas en un instrumento mientras cuentas esa historia que tanto ha costado escribir? Esto es lo genético, y también requiere su desarrollo.


Así que hacer música, es una ciencia terriblemente compleja que no está al alcance de cualquiera, porque además, para que suene bien nso queda la parte no menos importante del androide ingeniero. ¿Tienes dinero para invertir en la maquinaria adecuada para poder inmortalizar ya esa canción que acabas de escribir y componer? ¿Sabes lo que es un patrón, un delay, un preset, un DB, fade in y fade out, pistas, la compresión, un pluggin? Oh Dios mío de los santos cables y las placas quemadas.


Pero un día, en los barrios bajos de la costa este americana a finales de los 70, en fiestas improvisadas y bla, bla, bla, brotó una enfermedad llamada rap que permitía a todos aquellos notas de barrio catalogados en perfil bajo, con escaso poder adquisitivo, financiaciones de dudosa procedencia, y carencias culturales y educativas, convertir su realidad diaria del lumpen en loops y arengas pareadas para mover el esqueleto, dar vueltas en el sintasol y cagarse en la sociedad que les discriminaba.

Durante décadas esa música evolucionó haciendo eses y meandros en el río del culto que crearía, y sigue fluyendo hoy día, de formas renovadas aunque no tan diferentes, ya que entre el amplio abanico de temáticas, looks e idiologías que aquél estilo aforamericano, siguen conservándose unos cánones aparentemente innamovibles, vacas sagradas del género, que son los leit motiv y señas claramente identificativas del rapero aceptado en su movimiento creativo como tal, tienda más a la lírica conservadora del mensaje social, la denuncia y la pseudo poesía de a duro; O al también conservador y nada vanguardista himno edonista de los gansters y soñadores de Tony Montana que quieren pasar de las zapatillas victoria a las Balenciaga a cualquier precio, maquiavélicamente, mediante cualquier medio lucrativo, para después jactarse de ello y hacer propaganda de las virtudes y bondades de saltarte el sistema para conseguir el éxito estandarizado que la sociedad blanca impone. Sea como fuese, entre medias hay cientos de subgéneros, ideas, puntos de vista y estilos de vida, con sus correspondientes targets objetivos y sus defensores y detractores.

Y no voy a redactar un ensayo del rap, pese a que muy bien podría hacerlo con cátedra, si no que voy ya, hecha la introducción reglamentaria, a presentar a mi protagonista de hoy, único en su especie (o casi) en ésta vorágine de cadenas de oro y anglicismos snob que es el rap según los españoles, que da para otro ensayo totalmente diferenciado.


Hoy voy a disfrutar de Erik Urano.




GORRIONES Y SATÉLITES


Rara avis el gorrión vallisoletano que sin saltarse los cánones más primigenios de la secta religiosa del hip hop, logró con éxito volar lo suficientemente lejos del vórtice de antimateria de los vibes sampleados de soul, funk, jazz y rhythm n blues; Y los cinturones de asteroides de rimas frenéticas sin contenido, cacofonías invalorables heréticamente llamadas “métricas”, skills, y flow; Y encontró su campo de gravedad rotacional, no lo suficientemente lejano para abandonar el sistema rap, pero lo suficiente para escapar a los telescopios, sondas y robots satélite que rastrean el espacio para que el orden de los códigos no implosione en un mega big bang bong boom bax en un compás de cuatro por cuatro a 90 bpm.


Y aquél gorrión dió una vuelta, y dos, y tres, en su órbita, cómodo, observando desde el confín del sistema todos aquellos planetas, astros y planetoides de diferentes tamaños y colores, con anillos o sin ellos, con la única norma en común de intentar mantener la “realidad” en sus mensajes y textos, el vivo reflejo de sus vivencias, de los barrios, de las calles y de los perfiles ni tan marginales ni tan aburguesados pero sistemáticamente desobedientes y antisistema.


Y desde la órbita de Valladolid, que no es Nueva York, Paris, ni tan siquiera la aburrida Madrid ni la “europea” Barcelona, el gorrión disparó su texto, lo convirtió en rap, y le añadió algo a todo ese lore de periferia y delincuencia al por menor que lo convirtieron en su seña de identidad, le añadió ciencia ficción, y resultó.


Hablamos entonces de un artista que de por sí, sin que exista una ridícula regla de que tengas que ser del gueto para que te den la licencia de hacer pareados, viene de una ciudad que podríamos los neófitos catalogar de apacible, sosegada, histórica y tradicionalmente conservadora. Siendo generosos, eso está muy bien para la agencia de turismo de la ciudad Castellana. Pero desde mi más temprana y antisistemática juventúd, ya en la Malasaña de los 90, raperos, punkies, sharperos y metaleros compartíamos las leyendas urbanas, o no (porque cuando el río suena agua lleva), de la fachadolid en la que grupos de skinetos campaban a sus anchas casi sin resistencia importunando a los “guarros” como nosotros, que desdichadamente habían nacido allí, en vez de la ciudad que inventó la pólvora, la sopa de ajo y los macarrones con queso que todos sabíamos que era la capital opresora del estado, no otra que Madrid.


Y con el tiempo, mucho viajar, madurar, y sin que la segregación urbanística de estratos sociales por nivel económico, etnia y lugar de residencia me sirvan de termómetro para nada, pero aceptando que los tópicos existen por que un estudio popular no regulado de estadística reincidente les concede su veracidad, llegué a la conclusión de que cualquier ciudad, cualquier pueblo, cualquier barrio, esconden tesoros y animales venenosos en sus arterias de ladrillo, pladur y cristal.

No me han intentado nunca atracar en La Ventilla, Bronx, Long Beach, y sí lo han hecho en la boca de metro O'Donnell frente a la casa de la moneda y timbre dentro del distrito de Salamanca. ¿Me seguís?

Pues haciendo gala de esa realidad absoluta, y del refrán “Pueblo pequeño, infierno grande”, Erik Urano comenzó la panspermia cósmica de sus vivencias urbanas (canon del rap) camufladas con pixels digitales, logrando casi un estilo cyberpunk que sin querer o queriendo (no se) aúna múltiples características del subgenero ci-fi sobre compases de 4x4 y fotografías de bloque proletario estándar costumbrista y naturalista, retratado como Zolá o Benito Pérez Galdós pero en versión contemporánea, porque los tiempos cambian.


Como me atrevía a decir en al introducción de la entrada, para hacer música hay que aprender, y una vez aprendes, lo ideal es pasar por múltiples fases creativas, consecuentes con uno mismo y la realidad de la que el artista absorbe sus energías telúricas. Erik Urano no escapa a mi lupa de esas fases, de una evolución hasta ser lo que es ahora, sin saber qué será mañana, porque igual que la ciudad está en movimiento como decían los Dro, el humano también, como Goya. Somos organismos dentro de organismos, parte de un sistema vivo que envejece, muta, y se renueva constantemente. El universo es infinito, se expande, y Erik Urano lo hace con él, de copiloto con Carl Sagan.

Porque antes de hablar de esa evolución y su gráfica percentil, añadir, que si algo es claro a los oídos y ojos del buen observador, es que Erik Urano tiene un respeto nada chic ni esnobista a los arquitectos, lo suyo no es moda, y patente queda en sus odas a kraftwerk, Los Dro, o esplendor geométrico entre otros, que no solo lee ci-fi, si no que la escucha, es un robot asimoviano que se cree humano, absolutamente convincente, y en ocasiones un humano que se siente robot, planteando en sus líricas todos esos dilemas sobre la alienación y la cosificación humana patrocinada por la sociedad, sin masonerías ni gilipolleces, casi basándose en un método cientifico infalible, en las predicciones de los “papás” de la cifi especulativa, y en los futuros cercanos que nunca llegan, porque han llegado sin darnos cuenta, nos han metido la puntita, y se nos han corrido dentro un montón de nanositos mientras seguimos girando en el remolino del sistema, lo laboral, la sociedad del confort, la política del bienestar y todas esas trampas del capitalismo occidental que va de culo y cuesta abajo mientras sonreímos, Amazon nos trae la compra con un dron y un becario de programación ruso nos espía por la cam de nuestro terminal móvil de 1500 pavos mientras nos masturbamos en la taza del water. “The future is now” decían los Nonphixion.


Insisto en que Erik urano no es moda, y haciendo honor a la verdad tampoco el único en su mundo del rap en hacer música inspirada en ciencia ficción, añadiría a Elphomega cuyo álbum Homogeddon es un parque temático de la distopía genial, inmejorable, de culto; O algún otro tímido asedio como el de Mitsuruggy con un álbum y un E.P. ni de lejos tan bien construidos en torno a la ci-fi pero con un puñado de droppins inspirados en clásicos y maestros como Asimov y Sagan. Pero Erik es sin duda el más constante en su pompa distópica, no es tema pasajero para él, si no su prioridad, en cada álbum (o en casi todos, a ver si me meto ya con esa evolución en su carrera) y de ahí su mérito, porque en las temáticas del rap más aceptadas, desde la llamada “era dorada” del género que los puristas y metomentodos consideran los 90, la ciencia ficción no ha sido un tema especialmente aceptado por los oyentes que esperaban continuadamente su dosis de violencia, códigos criminales, sexo explícito y dramas fruto de la marginalidad. Y cuando España importó el género, en sus inicios se caracterizó por añadir una alta carga de mensaje antifascista en la mayoría de sus grupos, más reactivos en general, hasta la democratización del género, su expansión por toda la piel de toro, y un pequeño salto generacional para equilibrar la balanza, sin contar con que la gente de los 90 tenía que enterarse de todo vía parabólica, y ya entrados los 2000 internet puso en la palma de la mano millones de Gigas de música pirateada al consumidor que pudo hacerse una nueva reconfiguración de sus clústers al respecto del software que se habían instalado en sus discos duros, con una consecuente ebullición volcánica de cismas, enfrentamientos filosóficos y cruzadas inquisitoriales sobre todo tipo de dogmas de diferentes profetas del barrio.

Así que su valentía, por mantenerse firme, sin miedo al qué dirán, afianza su personalidad hidráulica como el auténtico astronauta del rap. No hay otro.


Pero ahora parece que la moda, las nuevas generaciones, ha sufrido un cambio en todo aquello que venía arrastrándose décadas atrás, y se permite por beneplácito de los nuevos influencers del Trap norteamericano, el mestizaje de la cultura vulgarmente considerada friki, la más nerd, con el submundo delictivo que sigue abanderando el movimiento respecto al consumo de drogas y las financiaciones ilegales que siguen manteniéndose como piedra angular del estilo musical.

La nueva adolescencia millonaria del nuevo rap norteamericano, ha comenzado a defender el manga y el videojuego como partes imprescindibles de la cultura popular de su generación, y veamos, siendo objetivos, no me sorprende ni me escandaliza, lo que me hace ver es cómo otras generaciones anteriores fueron tan ciegas de en ocasiones no expresar esas mismas influencias sólo por el hecho de permanecer dentro del rebaño. Dicho ésto, muchos jóvenes artistas emergentes buscando su hueco en el mercado y las redes, componen ahora esta nueva música no menos cyberpunk en su filosofía, conocida como Trap (una evolución o subgenero del rap durante el siglo XXI) e incluyen con naturalidad y orgullo propaganda y conceptos relacionados con Ghost In the shell, Cowboy Beebop, el cyberpunk en general, pero casi siempre a través de la cultura otaku , sin el poso verdaderamente intelectual que Erik Urano nos aporta, pese a que su último trabajo se titule precisamente Neovalladolor en honor de la obra cúlmen de Katsuhiro, no debemos confundirnos ni caer en el prejuicio de catalogárlo previamente como kitch.

Muchos de éstas nuevas promesas emergentes mantendrán una relación esporádica y promiscua con la ci-fi, mientras Erik está casado con ella.

No obstante, la cultura popular es propiedad del pueblo, y el pueblo, somos todos, por lo que enriquezcamos mediante cualquier medio nuestra sociedad y expandamos horizontes al respecto.


DISTOPIA DE LOS BARRIOS


Vamos a lo musical, embrollos al margen y ya ubicados.

Una búsqueda rápida de Flat Eerik e tu oráculo virtual favorito te va a poner frente a la cara un par de títulos de la última década, Cosmonáutica y su reciente Neovalladolor. Los títulos son toda una declaración de intenciones. Pero hay más si rebobinamos la cinta de recuerdos, encontraremos títulos de obras completas como Energía Libre junto a Zar1, el maxisingle Matrix, el E.P. Balaclava, y sin duda hay un buen porrón de canciones para estudiar de Erik desde principios de los 2000 junto con su grupo creativo, los Urano Playerz.



Los ví en concierto en 2010, y de joven se me ha hecho de día con algunos de ellos en sus excursiones madrileñas gracias a un amigo en común de Torrejón. Pero mi primer cntacto mutual con algunos de ellos como Mike y More fue en foros en la internet del pleistoceno. Sin embargo, pese a tan agradables recuerdos, hablo en ésta entrada desde la más estricta y virginal objetividad de Erik como artista, como creador, y como yo lo veo como “sabedor” de su género musical, y “sabedor en ciernes” de la ciencia ficción. Esta entrada no es propaganda, es disección para aportar un registro más a mi biblioteca virtual de cultura choomer.


Comenzando de alante hacia atrás, Neovalladolor, su trabajo más reciente. El homenaje a Akira es un compendio de canciones que adaptan su versión urbana de los hechos sucedidos y sus circustancias cotidianas vallisoletanas, callejeo canónico ya hemos dicho en el género dogmáticamente inevitable, a un futuro presente, ya no cercano, presente. No es conceptualmente ficticio, ni mucho menos, si no un biopic pixelado que nos transporta de esa realidad gris y rutinaria a otra cromada, robótica y mecanizada, en una voltereta metafórica. Una metamorfósis del callejeo a distopía. Un futuro especulativo muy oscuro, no grimdark, pero como decía antes, muy cyberpunk y hablemos de ésto, porque también tiene su cánon ¿no?.

La realidad vallisoletana de Erik nos es pintada en tintas grises, monocromáticas, desesperanzadas y repetitivas, crudamente realistas, pero al pasarlas por su filtro de verde fósforo obtenemos una realidad alternativa que en un acercamiento al futurísmo italiano está protagonizado por luces led, materiales sintéticos creados por el hombre como el goretex y el neopreno, tecnicismos de la era de la comunicación, la red, y cálculos científicos que presagian lo que está por venir. Erik juega con la ciencia y el barrio haciendo malabares, convirtiendo la vida de sus protagonistas involuntarios, antihéroes fumando narcóticos como medida de distracción y evasión, en un nuevo Neo que tiene que enfrentarse a la realidad que lo anestesia, al sistema, usando y entendiendo su entorno, un entorno digital y tecnológico.

Musicalmente, las atmósferas conseguidas también se alejan de lo que el neófito catalogaría como rap, pero que un oído más experimentado tal vez pueda asociar entre otras muchas referencias a company flow o ninja tunes por decir algo de muchas, al vuelo. Y sobre composiciones sintéticas damos ese salto al futuro cercano. Vamos a encontrar giros que amenicen el viaje lírico con ritmos más bailables con ese “perreo subatómico” que él mismo bautiza, o música de rave, otro elemento muy ligado a la cultura choomer, con vibes cercanos al dubstep, veloces y dinámicos. Nos transportan a esa pista de baile con noctámbulos retrofuturistas pasados de moda bailando en la oscuridad con juguetes fluorescentes, crestas, botas, pendientes y pupilas dilatadas mientras Erik escupe su mantra.

La distopía, el cyberpunk, incluye ese nihilísmo, esa marginalidad social, y las drogas, pero si lo miramos bien, como dicen lso que saben de esto de verdad ¿Qué es la ficción si no un disfraz de la realidad? Más real que la vida misma, la toman en Neuromante, y la lleva tu jefe en el bolsillo de la americana.

Entre todo esto no se pierde la raíz y encontramos extrapolarizaciones y loops de raperos de los 90. Por lo que no es una obra ecléctica y multi género, no, la intención es clara, innovar, mutar, pero seguir siendo humano, no llegar a la ciberpsicosis tras una colección nueva de aumentos. Insisto, no es una obra de ficción.


Pistas de corta duración que cumplen con los algoritmos involuntarios de la radiofórmula actual pero que cumplen con creces su cometido pese a ésta peculiaridad contemporánea. Que por otro lado ayuda a querer darle una segunda vuelta al compacto.

Pese a todo el callejeo y su antiheroísmo tampoco vais a encontrar una apología gratuita de la delincuencia y la rebeldía sin causa, es un trabajo de una persona con inquietudes intelectuales que lleva mucho mamando ficción y ciencia.


Donde el Quijote veía gigantes que eran molinos, Erik ve mechas, y ese es su ejercicio imaginario más valioso.




Antes estuvo el E.P. Balaclava, caracterizado por ese sonido mecánico, las librerias que podrían haber sido usadas en tecno purista pero que han sido recicladas para hacer su peculiar rap nada convencional. Seguiremos prestando atención a sus píldoras ci-fi en sus versos, su respeto a la obra Matrix de las wachowski, sus visiones digitales que parpadean en sus ojos biónicos, su realidad vallisoletana en la que aparecen pop ups como espejismos mientras lo tangible se glitchea, y esos giros rave en el compás cuando dejamos de oir su voz.


Por detrás, Cosmonáutica, que es la antesala de Neovalladolor. Considero que fue el punto de inflexión que lleva a Erik al ambiente futurista, pero su lírica la veo aún más cerca de Energía Libre que de neovalladolor. Un trabajo eslabón que es imprescindible para entender la mutación.




Un pasito más atrás para entender toda ésta mutación, Energía Libre es el punto que yo considero en mi distancia, meta volante, de la versión anterior de Erik y su actualización. Parecen poder diferenciarse dos mitades claras, una más clásica, menos innovadora, más del rap influenciado pincipalmente por los movimientos costa este desde la mitad de los 90, más “boom bap” y otra mitad en la que el virus de su sistema va apropiándose de archivos ejecutables y rompiendo su hielo negro, lo que me hace valorarlo, ya que no encuentro la sorpresa en la faceta tradicional, que bien ejecutada sin duda técnica ninguna, me retrotrae inevitablemente a otros artistas anteriores, que ya han ejecutado de manera similar, las mismas reinterpretaciones del catálogo más convencional del género una y otra vez, pese a los droppin ingeniosos en torno al futurismo que nunca le han faltado.

Ojo al track que da nombre al título y a la canción “pura magia negra”.

Dejar claro que yo no busco consumir boom bap y eso ya me condiciona, con todo el respeto.


Así que de la discografía de Erik Urano podremos extraer una lista ideal para el holoreproductor y una botella de vodka mientras se manifestan frente nosotros carpas koi de colores y medusas hipnóticas a oscuras y con la persiana bajada en nuestro apartamento del megabloque para empleados de la corporación. Tal vez, descifremos alguna frase encriptada que nos ejecute una nueva subrutina.

viernes, 24 de enero de 2020

EL AVIADOR DRO Y SUS OBREROS ESPECIALIZADOS


ANARQUIA CIENTIFICA


Hoy he tenido un día largo, no especialmente duro pero largo, He llorado como un niño pequeño en el dentista a primera hora de la mañana, y he decidido patear el centro con el morro anestesiado y la encía dormida pensando que eso me trae algunos viejos recuerdos sobre ciertas aventuras muy relacionadas con la entrada que ronda mi cabeza desde hace semanas.
El tungsteno por fin fluye por mi cuerpo, bañándome ardiendo, cayendo espeso de una tubería amarilla pintada con zanjas negras, y recorre mi anatomía derritiéndola, reduciendo mi carne, mis músculos y mis huesos a nada, porque el metal siempre es más fuerte que la carne, y en metal debemos convertirnos.

Termino mi jornada laboral y ya en los últimos 10 minutos abro un tercio que tengo en la nevera de la oficina, como si fuese un Moët aguardando el éxito de una transacción multimillonaria en el despacho de mi dueño, pero no, es una triste Miller de apenas un euro que sabe a agua chirri y que sirve para celebrar que por fin abandono mi cueva digital y puedo recorrer mi hora de trayecto subterráneo algo atizado con el libro Anarquía científica del Aviador Dro entre las manos. De píe, balanceándome en el interior de una tenia mecánica que recorre los intestinos de la ciudad hasta encontrar el ano por el que escupirme a mi y al resto de pasajeros en una eyaculación de mercurio lenta y perezosa que se esparce por el túnel y las escaleras mecánicas como hormigas subiendo el tronco del platanero.

Pero soy arrastrado hacia mi hogar de humano, convencido de una cosa. Hoy voy a abrir el portátil, y voy a conectar esa vieja máquina del 2008 que aún funciona, fiel y funcional, a mi marcapasos cromado. Directamente, sin antivirus ni firewalls. Porque estoy conmovido, estoy agitado, estoy zumbado y mutando hacia el nuevo homínido biomecánico y digital que profetizaron Los obreros especializados.

En mi casa de humano de 40 metros cuadrados, a las afueras en un clásico barrio obrero que se reinventa entre burbujas imaginarias y especulaciones del tulipán mientras la banca siempre gana, encuentro media pizza fría y media litrona. Genial, puedo continuar, aunque se que me va a llevar rato, mucho rato, a mi escribirlo y a vosotros leerlo, porque estoy chiflado con éste libro de tapa dura roja que parece un manual de conducta Mahoísta.
Y porque hablar de la fascinante revolución tecno del Aviador Dro, es en parte hablar de mi mismo, de casualidades y conexiones, de una forma de entender la vida, de aceptar la mutación benigna que el destino me ha regalado. De no mirar atrás, aunque este libro es precisamente eso, un vistazo bien largo hacia atrás, a una época en la que yo no había sido ensanblado aún siquiera, y su futuro, que me ha perseguido desde entonces, sin saberlo ellos, ni saberlo yo.

Hoy hablaremos de música, y de ciencia ficción por supuesto, porque ambas cosas tienen mucho que ver, y Aviador Dro y sus obreros especializados son la clave.
Pongo mi plataforma de streaming habitual, aunque la uso muy, muy poco porque yo soy de esos petardos que siguen reproduciendo físico, y me pongo sus canciones mientras escribo, sus historias de ficción, sus space óperas, sus ficciones especulativas, sus distopias revolucionarias e hirientes, sus caricaturas del presente y sus paisajes post atómicos. Y espontáneamente los voy a añadir a éste ensayo experimental de hoy, no tanto como el futurismo ni el dadaísmo, pero experimental en ese sentido, de unir, la cifi y la música por primera vez en Tungsteno Dreams, y no será la última.

“yo quiero bañarme en mares de radio
con nubes de estroncio, cobalto y plutonio
yo quiero tener envolturas de plomo
y niños mutantes montando en las motos”




CIENCIA FICCION MUSICAL


Aquellos jóvenes a punto de acuñar la etiqueta “tecno pop” estaban allí, terminando el instituto, en La Prospe, jugando rol, escuchando The Residents, Kraftwerk y Devo, y leyendo Clarke, Heinlein, y Asimov.

Como hemos resumido antes, extrayendo algunos de los momentos más geniales que vamos a encontrar en el gran libro de la Anarquía Científica, los miembros de Aviador Dro se caracterizan por su interés en la ciencia ficción, el futurismo del que ya hemos hablado muy por encima en la entrada de deathrace 2000, y la ciencia y tecnología en general. Imaginaron el futuro partiendo de la cifi clásica y el pulp, acertando en docenas de sus soflamas proféticas como auténticos cyber nostradamus de la movida madrileña.
Influidos por el punk, el nihilísmo consecuente, La naranja mecánica, evolucionaron junto a la ciencia ficción componiendo canciones, que a mi paarecer, fuera de lo que podemos encontrar en el libro de Anarquía científica, y según mi propio aporte y cosecha, cada una es un nano relato o un nano poema futurísta.

“toda la corporación unida, planeando futuros proyectos
la misión que nos imponemos, la conquista del reino de los cielos.
Es el día de la celebración del nacimiento de la indústria
lo celebramos con cometas de neón y el claxon cristalino de los coches”

¿Era una broma de mal gusto? Creo que sí.
¿Iban en serio? Mucho
¿Activistas? Por supuesto

Encontraremos acidez en sus canciones, en sus futuros industrializados, distópicos, opresores, en los que el ser humano es sistematizado, como un androide, reducido a un estado de alienación en el que ya nunca más estará triste, porque la felicidad está programada.
Demonios, minijacks oxidados, y virus barrotes... ¿no es magnífico hacer canciones en torno a ese futuro?
Pero los obreros especializados no concibieron el futuro como una distopía, si no que lo enfocaron desde el punto de vista de la utopía. Su caricatura del androide, del cyborg, del mutante, se reía de sí mismos, mientras sus octavillas y el mensaje latente sobre la canción divertida es demoledormente social, político y amenazante. Como ocurriría con cualquier buena novela de ciencia ficción.

Las canciones de Aviador Dro nos van a presentar entornos sintéticos, asépticos, laboratorios, factorías, estaciones espaciales, yermos radioactivos, combates galácticos, romances mecánicos...

Sus líricas iban perfectamente embutidas en un todo, un pack completo de música compuesta con sintetizadores Korg y samples, y una puesta en escena teatral que sin tapujos bebía directamente de los Devo y The residents.

Pese a aceptar ellos mismos la etiqueta tecno pop, para mi son tecno punk, porque la anarquía no puede ser pop. Precisamente lo popular es lo que nos esclaviza y sistemiza. EL opio social. El aviador Dro y sus obreros especializados dinamitaba todas las convicciones populares, y las anécdotas al rededor de la famosa actuación asturiana con interpretación de Nuclear sí lo dice solo.
En sus canciones veremos a Mad Max, a Godzilla, a Flash Gordon, fragmentos de Philip K, Dick o de Gibson.
Pero no es sólo cifi, no son sólo unos frikis sin talento para la música que consiguieron juntar unos acordes en sus teclados asiáticos de forma autodidacta mientras vomitaban delirios futurístas, no.
Son auténticos activistas, una compañía teatral comprometida con la vanguardia, involucrados en los tiempos que les ha tocado vivir, intentando mutar a los humanos con sus herramientas sónicas de hacer sonidos hipnóticos para colarse en nuestros cerebros primitivos y despertar las cadenas de cromosomas latentes en nuestro ADN alienígena durmiente y llevarnos a la evolución post humana mientras bailamos.
¿qué más se puede pedir?



Patricia Godes nos trae un maravilloso tocho de libro, titulado La anarquía científica, con ese símbolo de la A de anarquía encerrada en un circulo (que contradictorio, encerrada la libertad), modificada a forma de un compás y un rayo.

“Libertad
Igualdad
Electricidad”

En éste compendio de vivencias, filosofía y recuerdos de los 40 años de vida del grupo, editado por La Felguera, podremos descubrir toda la historia de la banda, centrada principalmente en Servando Carvallar, alias Biovac N, espíritu y fundador de la casi guerrilla de los obreros especializados, por la que militaron y desertaron muchos nombres en tanto tiempo, dejando su impronta en la historia que Patricia nos presenta, de voz de sus protagonistas y allegados.

Leeremos un recorrido filosófico e idealista de los principios y objetivos del grupo, que iban más allá que el de la mayoría de grupos del momento “Movida Madrileña”, influenciados en su mayoría por el punk, el rock'n'roll, los mode o el pop con aspiraciones más que menos superficiales y edonistas que nada tenían que ver con el militarismo de el Aviador. Podríamos catalogarlos como una asociación intelectual vanguardista de jóvenes inquietos con ganas de crear el futuro que les habían prometido los escritores de ciencia ficción clásica. El rol, los tebeos, la cifi, el cine y el punk y la música electrónica y las vanguardias más surealistas nutren la identidad del grupo que inventó la etiqueta “independiente” en la industria musical española, los verdaderos pioneros del underground.
Biovac N, su líder, representaba el espíritu de “lo haré sin vosotros, os guste o no, insignificantes humanos” entre la superioridad intelectual y la comedia más ácida e irreverente.
Si hay que levantar el fusil en la guerra civil de las junglas de Venus, que al menos sea divirtiéndonos.

“Ella es de pexiglas y por eso me gusta mas
esta hecha de metal y por eso me gusta mas”

Pasaremos las páginas de Anarquía científica descubriendo todas esas memorias, disfrutando de copias de sus octavillas originales y sus “flyers” artísticos con auténtico sabor pulp, alguna historia ficticia en torno a los obreros especializados, cómics, repasos musicales de sus inspiraciones, movimientos contraculturales y moda.
Un imprescindible para cualquier melómano y por supuesto más aún si somos fans del grupo, está lleno de datos tremendamente interesantes, de los que me quedo por ejemplo así al vuelo con que resulta que Parliament y Funkadelic, uno de mis grupos favoritos, también influyeron al Aviador en ciertas temáticas, técnicas musicales e incluso outfits. Y eso no es nada.



“He repasado mis cintas de recuerdos
cuando volabas conmigo
unidos en la cima del mundo
desafiando su sonido
ahora tu cuerpo yace invernado
en una cápsula especial
y sólo puedo estrechar el vacío
sólo puedo esperar”

Que mejor que mirar el mundo desde arriba, desde un aparato volador que bombardea el suelo, porque desde ahí arriba no se ven los muertos.
Qué crudeza, Aviador Dro no iba en broma.

Sólo es darle al play a Nuclear Sí (por supuesto!) para dar un paseo  por el wasteland más loco y caótico que habremos presenciado nunca, es como ponerse las gafas de realidad virtual, pero lo logran a través de tus oídos. Y no sólo nos regalan un viaje acústico, irónico, terrorífico entre Mad Max, Dune y El reino de la Noche, si no que descojonándose, haciendo sorna de los peligros de la radiación, nos conciencian de la misma, Hay un mensaje bajo su ficción, como debe ser, como exigen los cánones, nada es en vano.

Y ocurre lo mismo si escuchamos la arenga de los sindicatos futuristas, o el día de la industria, porque nos reiremos visionando esa civilización futura en torno al culto de lo mecanizado, las factorías, el trabajo en cadena robotizado y la idolatría al patrón, a la megacorporación, pero cuidado, que la caricatura esconde una manzana envenenada, que nos reímos para después pensar en que vamos cuesta abajo y sin frenos a esa mecanisburgo deshumanizada si no ponemos soluciones. Soluciones que la historia a lo largo de los siglos sólo ha aceptado violentas, revolucionarias, porque los obreros especializados son auténticos guerrilleros de la anarquía científica, la libertad plena a través del entendimiento con la máquina y la ciencia, el posthumanismo absoluto, la destrucción de lo antiguo por cualquier medio para crear lo nuevo, brigada de demolición.

Y nos enamoraremos de manera industrial de chicas construidas en plexiglás, y tendremos piezas metálicas en nuestro cuerpo como Néstor, y volaremos en el aerocoche nuevo de la corporación por encima de la ciudad, desafiando su sonido.
Bailaremos como robots arítmicos mientras desciframos el código binario de sus letras, porque el sonido plástico y sintético de sus Korg, Moog, Akai, Roland y otros juguetitos llenos de cables y teclas nos envolverán en un holoespectáculo hyperdimensionado que nos embrujará como la ayaguaska y el mantra del chamán, en una versión futurista de la celebración más primitiva de nuestra existencia.

¿Es o no es literatura? Es eso y mucho más. Cuánto le deben Siniestro o los Nikkis por ejemplo a la forma de componer del Aviador.

MUSICA CON MAQUINAS, HISTORIAS HUMANAS


Nací recién empezados los 80, mi infancia no tuvo nada que ver con Aviador Dro, Ni la Movida madrileña a excepción de La Bola de Cristal y Rockopop, ¿o tal vez sí? Nunca he creído en las casualidades, tampoco me he obsesionado con ellas porque resultan azarosas, pero si el universo se sostiene sobre cuerdas, posiblemente nuestros destinos también, aunque ésto no es nada científico y los obreros especializados tendrían muchos argumentos con los que formatear mi disco duro defragmentado.
Conocí a éste grupo hace unos 4 años, ya talludito, más cerca de los 40 que de los 30, y fue como una bomba atómica para mi. Arrasó con todo lo que había en mi encefalograma plano, dejando un solar postatómico poblado por zombies carnófagos, scavengers carroñeros, reptiles mutantes super-saurios y alienígenas raptando especímenes para sus experimentos.
Y yo leyendo Asimov, Sterling, Masamune Shirow, y no había oído nunca antes Aviador Dro. ¿Pero qué cojones?
Claro, me recuerdo a mi mismo en la preadolescencia, con mi colección de cassettes que yo creía transgresoras, llenas de ritmos machacones insulsos y “poesía” barata de a duro interpretada por un puñado de delincuentes juveniles norteamericanos y unos cuantos aspirantes patrios orgullosos de las tonterías que balaban en pareados de segundo de E.G.B. Y mi padre diciéndome

“Chaval, te voy a tirar toda esa mierda a la basura, coge mis discos de los Beattles o Mark Knopfler”

Y yo pensando que aunque de pequeño me flipaba le película de animación del Submarino amarillo y papá siempre me había inculcado cierto interés y gusto por tendencias artísticas que él pudo haber considerado independientes, aquella mierda británica ya no me interesaba para nada, solo quería ponerme los vaqueros tres tallas más grandes al revés y saber con qué máquinas hacían la música esos negros.
Y las cosas en todos los hogares humanos de España deben de seguir siendo parecidas, sin evolución ninguna, y no me meto. Y no lo hago, porque de aquellas fatigas, vinieron grandes cosas, grandes sueños, y grandes decepciones, y me menciono a mí mismo, porque eso es lo que he leído en Anarquía científica y no puedo evitar que se me pongan los pelos como escarpias y las clavijas de punta.

“hemos ido a bailar a la sincoteca
un programa especial no computado aún
con ultrasonidos y en caída libre
estás muy bella esta noche”

En un barrio que conozco muy bien, La Prospe, un grupo de adolescentes inquietos, activos en lo político, lo artístico y lo musical, comienzan a pasar horas y horas en la casa desprovista de tutores legales de uno de ellos, y empiezan a convertir un piso cualquiera de un barrio cualquiera en un hervidero de locuras, aparentemente inocentes, inocuas, pero demoledoras, reales, tangibles, que iban tomando forma, deforme, pero creciente, como Testsuo a punto de explotar.
Comienzan a escribir cosas entre partidas de rol, panfletos, teatro, canciones. Y todo aquello comienza a írseles de las manos, pero ocurre lo necesario para que no chorree por un desagüe, y es la comunidad, una escena, más jóvenes buscando su sitio, queriendo ir siempre un paso más adelante, hacer que la bola de nieve siga creciendo cada vuelta que da colina hacia abajo, más grande, más monstruosa, capaz de derrumbar el muro erigido al fondo del valle por los mediocres y ver saltar sus ladrillos por el cielo alto, muy alto, como un Dodge en la calle Claudio Cohello.
Y lo leo, y noto las mariposas en el estómago, porque eso hacíamos nosotros, eso mismo, con veinte años de diferencia, en un nuevo patrón del programa en espiral.



Casas okupas, locales, contacto con otros grupos, encuentros con la poli de los que reírse después, conciertos desastrosos que curiosamente gustaron a los asistentes, de forma impensable. Componer música con computadoras y máquinas. Escribir letras que nadie excepto quien las escribe comprenderá nunca del todo y ni con esas.
Y la maquinaria del juggernaut seguía funcionando, y aquello no paraba, iba a más, más conciertos, más movimiento, más jóvenes interesados en unirse a aquello que estaba ocurriendo, y otros que lo abandonarían drásticamente. Egos, discrepancias, amistades que se pierden, penas que no pueden frenar tus sueños, porque tus sueños son tuyos. Y leo como Biovac N sufre el cisma con Esplendor Geométrico, y también lo siento como si me hubiese pasado. Me duele.

Ya sabéis, si leísteis mi entrada de Pequeños Héroes, que también une la ciencia ficción con la música, que yo trabajé durante unos años en ese mundo. Y entonces leo cómo Servando crea un colectivo en torno al Aviador Dro, sus Obreros especializados, donde cada uno pone lo mejor de sí mismo sólo porque quiere, porque disfruta viendo aquello hincharse a punto de estallar en la cara de todos los asistentes como si de una mega performance dadaísta se tratase, como Leo Bassi salpicando de excremento bovino a su público en un teatro, y crea DRO, y digo.... otra vez, esto lo he visto yo, con la diferencia de que la empresa para la que trabajé no facturaba 100 millones de pesetas al año, no teníamos a Loquillo, ni a mis amados Siniestro Total, ni a gabinete Caligari, pero sí muchos grupos buenos, y como ellos, mi empresa logró colocar a éstos artistas emergentes, contraculturales, don nadies con corona en el underground y sus circuitos sectarios reducidos, en portadas de revistas de tirada nacional, en conciertos por Europa y por Estados Unidos, en las estanterías de tiendas en Japón, en la televisión nacional, y entonces tengo que pensar...joder Servando, te siento.
Otra cosa con la que me quedé de piedra al leerlo en Anarquía científica fue que calle Fundadores albergó la sede de Discos Radioactivos Organizados, sus almacenes y un local de grabación. La puta calle en la que he crecido, la calle en la que también hubo otra cosa importante para mi, que fue Alfil Juegos en la primera planta de una vieja carbonería con portón de madera. Que seguro también fue importante para Biovac N, porque insisto, nada es casualidad, cuando DRO se fue a la mierda, apenas unas calles arriba estuvo Arte-9, de la que Servando fue accionista, para desprenderse de ello al final y fundar generación – X.
Mierda, ¿sabéis cuántas horas he pasado yo de crío en Arte-9? Todo me ha estado rondando, todo éste tiempo, y me doy cuenta de que nací 20 años tarde para haber absorbido todo aquello, pero que no he podido escapar, es parte de mi vida y no lo he sabido hasta la segunda década de los 2000.
¿Y jugando los videojuegos de DRO Soft? Porque sí, también tuvieron su propia productora y distribuidora de videojuegos para ordenadores domésticos de la época, y allí estaba yo jugando a mi Spectrum, del que ya os he hablado muchas veces fue un trampolín imaginativo para mi, con el OP QA, y El aviador y sus trabajadores estaban de nuevo detrás mía involucrados en el mutante que latía en mi interior.

Tras Discos Radioactivos Organizados vinieron La fábrica magnética y Virus, que me los imagino mucho más cercano a la empresa que durante más de media década me dio trabajo a mi en el mundo musical underground, éxitos y alegrías. Una escena posterior de artistas, con poco en común a parte de componer digitalmente y resultar chocantes para el resto de humanos no mutantes. Y he pasado por despachos, almacenes, emisoras de radio,cadenas de TV, oficinas de la prensa especializada, festivales interminables de gente que acampa al rededor de los escenarios, trabajando muy duro para poder colocar a todos los involucrados donde yo quería que estuviesen, en lo más alto, pero eso nunca ocurría. Y un veinteañero trabajando con compañías discográficas emergentes, como le pasó a los Aviador Dro, pero que no estaba en la movida madrileña, si no en unos 2000 en los que todo había cambiado mucho desde entonces, necesitaba un plan B para la siguiente década si eso no comenzaba a dar facturas por encima de los 4 ceros cada trimestre. Y a mi, eso no me ocurrió, a la mayoría de mis compañeros de faena y artistas tampoco, pero quedaron en boca de muchos que sí lo consiguieron, y de aquél entorno colaborativo del que surgió aquella aventura laboral (que putada que al final todo se racionaliza) me alegro de que algunos terminasen cumpliendo sus sueños, trabajando en cine, televisión, o la industria musical, y aunque me hubiese gustado ser Servando, y montar un negocio que me apasionase con lo poco ahorrado como hizo él con Generación-X, me quedé como Cyberjet, pero sin la pasta ni el aeroplano, viéndo a algún viejo compañero en la tele del salón, retirado de la primera línea de guerra. Un puñetero mileurista más, se acabó el sueño, no podía seguir sacrificando facturas por una profesión emocionante que algunos meses no daba de comer.

“me estoy alimentando con un nuevo programa
imágenes simula mi amor informativo
me estoy reconstruyendo con un buen telefilme
dibujos animados que aniquilan el cine”

Así que Aviador Dro, tras casi 4 décadas bio camuflados en mi radar, por fin fueron descubiertos, justo en un momento de mi vida nuevo, en crisálida de mutación, reprogramándome, y sus vivencias y biografías me han hecho entender que todo tiene una estructura, que las cosas ocurren de forma muy similar, en todos los lugares, todas las épocas, y que todo es un programa en espiral.
Y cuando leo que Aviador Dro durante su tercera década, tras idas y venidas de miembros, dramas y peleas, no llegaban ni a juntar 100 personas en una sala tras haber facturado millones de pesetas décadas antes, es entonces cuando me siento un cyber Sísifo empujando todos los días de su vida una enorme bola de chatarra en un vertedero post atómico, imposible de dejar de hacerlo.
Es entonces cuando entiendo el significado de la palabra guerrillero, de la arenga sindicalista, de los monos de camuflaje, del Do it yourself.
Y leo las declaraciones de Biovac N, de Arcoiris, de Metalina 2, de Fox Cicloide, en Anarquúía científica y siento perfectamente sus sueños, sus ambiciones, la defensa de sus principios, la idea de querer crear cultura iendo a la contra, sus penas y sus dolores cuando el equipo se rompe, cuando caes cuesta abajo y sin frenos, cuando crees que ya nada tiene sentido y hay que reinventarse. Joder. Para alguien que ha currado en la música es un libro tremendamente doloroso y a la vez motivador.

Y allí estaban, haciendo carátulas a mano y coloreándolas y recortándolas para venderlas, y repartiendo octavillas en el rastro y en las discotecas, moviéndose, organizándo la independencia musical, la Anarquía científica, y me recuerdo a mi con veinte y pocos repartiendo flyers, poniendo pegatinas, grabando verbatims y fotocopiando portadas y recortándolas, sin tener ni idea de que todo eso ya lo habían hecho en La Prospe, y que antes de El Laboratorio ya estuvo el Ateneo en Mantuano. Que ellos, fueron los primeros en España en constituir un colectivo artístico en torno a la música, una “comuna” de libertad creativa enfocada en una única dirección, que inevitablemente, tarde o temprano, se astilla en múltiples direcciones, llamémoslas esplendor geométrico o Warner.
Y los trajes, las performances, 20 personas sobre un escenario, cada una haciendo una cosa diferente, celebrando la anarquía musical. La anarquía nunca dura para siempre, es imposible. Y todos hemos querido mantener esa pureza, esa inocencia, ese idealismo, pero cuando pasamos por el notario y configuramos una sociedad mercantil, pensando que nada podrá romper el espíritu de lo creado, qué hipócritas somos, toda esa anarquía se muere en cuanto añades las letras S.L. Al final del nombre de la comuna.

Y dejemos ya de orbitar personalmente al rededor del Aviador, porque aunque me resultaba imperdonable no hacerlo, no estoy buscando vuestra aceptación ni un ejercicio de auto compasión.

“la nostalgia es un término humano incomprensible”

Tras descubrir tan tarde lo muy involucrados que estos mutantes han estado en mi vida, al menos los he visto en concierto por su 40 aniversario, y me siento feliz, porque me han inspirado mucho, muchísimo y nunca es tarde si la dicha es buena. Gracias obreros, vuestro futuro es ahora.