Blog de Ciencia Ficción para inadaptados, gente sin complejos y miembros de subculturas. Aquí despacho literatura, videojuegos, cine y cómic entre cualquier otra manifestación artística inspirada por la CIFI o el cyberpunk.
Soy un cowboy solitario del ciberespacio, bienvenidos a mi realidad virtual.
LA CHICA DEL TANQUE, MISILES NUCLEARES Y UN PAR DE TETAS
Buenas noches con nocturnidad,
alevosía, y latas de cerveza especiada con sinte anfetas y
ciberprozin.
Aquí estoy de nuevo, frente al verde
fósforo de mi holopantalla monocromo de segunda mano comprada en el
mercadillo callejero de los domingos y mis trodos viejos y sudados de
ventosa y cable pelado.
Un día más en la biogranja de la
corporación, un día más con electro pasquines virtuales
bombardeando mi burbuja neuronal conectada, hormigas caníbales han
salido de la tumba radioactiva de una vieja central sepultada hace
décadas, mutantes huyen de las islas gulag en embarcaciones
precarias fabricadas con plásticos con la intención de llegar a
flotas comunales en aguas internacionales, se ha extinguido el último
bio caniche en cautividad, Ciber Cola niega poner más de un 21% de
opiaceos en su receta secreta tal como estipula la convención de Teherán...
Un puto coñazo, esas agencias de
reporteros independientes no hablan nunca de que Juan el cojo ha
disparado a Pepe el Guarro por media bolsa de mutihuana en el segundo
R del portal 16 del megabloque, ni de que Susi Cyborg está engañando
a Kevin Abascal de Wamba Junior con Perico el del cobre mientras se
va a currar a los peajes aéreos cambiando los drones cuneta, ni nada
de lo realmente importante en la vida de un ciber ninja de periferia
a media jornada.
Todo lo que ocurre en el mundo está
fuera de mi alcance, está lejos, ni me roza, por mucho que me
cuenten que afecta a la inflación, la economía, la demanda de
empleo, y las corporaciones. Toda esa mierda de chupadatos está en
otra órbita que no incluye mis satélites tronco. No puedo ni
calcular con un chip flopyquick de cálculo avanzado cuánto están
moviendo esos cabrones mientras yo saco fichas de bingo para fiarle a
Cha Laoh las latas de birra sudafricanas.
¿De qué me vale toda esa info? Sólo
quieren encerrarme en una jaula de noticias terribles y
grandilocuentes, para que me de cuenta de que no puedo salir de
eso...pero en algún jodido lado está el agujero de gusano que me va
a actualizar la vida, fijo, solo tengo que surfear bien el cable.
Tener los ojos bien abiertos, no embobarme con holos de karpas koi ni
amas de llave japonesas ciber esculpidas, esa mierda está ahí fuera
para distraerte, como las noticias, y evitar que dejes de ser
desechable.
Lo tengo claro. Hay que hacer algo,
algo como lo que hicieron Alan & Jamie,
algo que les joda, pero que a la vez les guste, y que tenga potencia
y poder destructivo, algo como una tia buena punky pilotando un
Panzer...sí...Algo como Tank Girl.
PUNK Y JUERGAS EN EL CAMPUS
Eran
los últimos años de los 80 del SXX, y la movida se parecía
bastante a lo que es ahora, la mierda tradicional estandarizada de
los medios, la moda y la sociedad, empezó a cambiar, y llegaban a la
fama y el respeto pintores drogadictos, modistos que hacían ropa con
basura, analfabetos que no sabían tocar la guitarra pero se cagaban
en el sistema. Sí. Todo eso se colaba entre afroamericanos con el
pelo planchado y trajes de lentejuelas cantando y bailando
coreografías imposibles, políticos apretando el cuello de la clase
obrera, jóvenes youpies de Wall Street esnifando y vendiendo
acciones por teléfono, y jóvenes de Manchester con patillas, la
cabeza rapada y telarañas en el codo porque lo tenían clavado a la
barra del bar sin empleo 12 horas al día.
Qué
época en la que el éxito, la aceptación social y el dinero podían
lloverle del cielo a un fracasado escolar heroinómano con un buen
padrino en cualquier parte del mundo. El rock y el rhytm n blues se
convirtieron en metal y punk, y el cisma generacional se hizo más
evidente que nunca, era la época del cambio, del destruir para
construir, un tiempo loco que vivir deprisa, dejando un cadáver
bonito lleno de picotazos en los brazos y las ingles.
En la
escuela de arte de Sussex, por el 87, Alan & Jamie
estaban destruyendo y creando, molestando, jodiendo, metidos en la
creación de fanzines underground,
vendiéndole la moto a los crédulos que consideraban aquello
vanguardia y contracultura, más o menos, como hoy pero en papel y
tinta en vez de en HTML. Junto con Philip
Bond,
crearon Atomtan,
su primer cómic fotocopiado y grapado a mano, todo esto me recuerda
tanto al espíritu de AviadorDro
coloreando a mano las carátulas fotocopiadas de sus discos, así
debían ser los 80 en verdad, sí señor.
Y
Atomtan
se vendió mejor que la yerba en la universidad. Diseño gráfico
underground,
collage
de dibujo y fotografía, poesía punk,
un sentido del humor absurdo e improvisado y por primera vez en la
historia de la humanidad, un personaje que ocupaba una página
completa, una mujer fuerte, con buenas tetas, un arma de destrucción
masiva entre las manos, y púas afiladas con la leyenda
“TE
ROMPERÉ LAS PELOTAS”.
Como
la Lorna
de Azpiri,
de la nada, y sin mayor pretensión, había nacido Tank
Girl.
Un
año después, Tank
Girl
se hizo un hueco en Deadline
Magazine,
sin saber o recordar muy bien cómo tras las resacas de los jardines
Denton frente a la residencia de estudiantes de la facultad de bellas
artes, sencillamente, Tank
Girl
ocurría, casi dibujándose sola ente bromas e ideas al vuelo.
FARAONA DEL YERMO AUSTRALIANO
Si
algo se le tiene que atribuir al personaje, es punk,
y un carácter underground
y alternativo
indiscutibles
del momento histórico del contexto. Si el trío calavera hubiesen
hecho música en vez de dibujar, hubiesen sido The
Smiths o
los Stump.
Y
allí estaba, creciendo número a número, evolucionando en concepto
artístico y personalidad, aunque, nunca prometió más de lo que
ofrecía, historias alocadas, de un sentido del humor que yo no
termino de coger, flojucho, tontuno, muy soft
dentro del punk
que emana por cada poro; un erotismo nulo en realidad más allá de
que alguien pudiese considerar la historieta como un escaparate para
lucir el esmirriado cuerpo de nuestra anárquica y esquizofrénica
heroína; pero había algo, algo que la hacía icónica, y ese era y
es, bajo mi humilde opinión de palurdo pedante, su arte, su estilo,
los detalles, que cada viñeta en sí es divertida. No es lo que Tank
Girl
dice o hace, que no tiene sentido ninguno, es lo molona que es su
ropa, lo molón que es su tanque, lo customizado que está todo, y
que concentra todo el sabor de los 80 en un nuevo estilo.
Sencillamente, por mucho que joda ser así de snob
respecto a algo tan transgesor,
era vanguardia del tebeo. Pura y dura cultura pop
reinterpretada.
E
insistiendo en su inexistente gracia de cada chiste, hagámosnos un
favor, y recapacitemos ¿cuándo han tenido sentido del humor los
británicos? Mr. Bean, Benny Hill, joder... Tank
Girl
no iba a ser mejor! Aunque a los fans de los Monthy o denuevas series
como Flea Bag, igual os encaja, o como diría la protagonista del
tebeo “El plan
os cuaja”.
Las
andanzas caóticas de Tank
Girl, que
llegaron a España con El
Vibora
y Comix
(como no podía ser de otra forma), se ubican en la Australia post
apocalíptica del mismísimo MadMax
de Miller,
solo que a nadie le importa mucho el contexto, ni el por qué el
mundo se fue a la mierda en ésta ocasión, no, no hay un inicio, un
nudo, ni un desenlace, Tank
Girl
está ahí, tiene un tanque, y tienes que asumirlo, sin hacer
preguntas, sin esperar un ejercicio de world
building
ninguno por parte de sus creadores, lo tomas o lo dejas, tú mismo.
¿Quieres sabes más de Tank
Girl?
Pues a quien mucho quiere saber, poco y del revés, jódete. Tank
Girl
es como el Studio 54, era una mierda pero había cola toda la noche y
o llegabas el primero para decir “estuve dentro” o te quedabas en
la cola toda la noche. Su mejor secreto es que no tiene secreto.
Pero desde entonces, una larga lista de dibujantes se pirriaron por poner sus lapiceros y pinceles a los píes de la piloto de blindados más sexy y malparida de la Oceanía del mañana. Ashley Wood, Rufus Dayglo, Mike McMahon, etc.
Su éxito radicó en convertirse en un icono feminista, un icono de la lucha contracultural británica de los 80. Se convirtió en la musa de las pancartas y merchandissing anti Tatcher en las celebraciones por los derechos LGTB del momento. La chica del tanque era libertad, postmodernismo, new age, y lo que cualquiera quisiese que fuera.
Penguin Publisher se hizo con el contrato, y comenzó a editar Tank Girl por todo el globo, en todos los idiomas, el punk se volvió viral, global, y como era inevitable, comercial. Viral.
Los Ramones o New Order adoraban Tank Girl, la revista Elle se inspiró para varias sesiones fotográficas en sus looks y estilismos, convirtiéndose en moda.
Pero en su esencia, Tank Girl, sólo
trata de desconectarte con sus historietas de destrucción, borrachera,
sexo intraespecies, y sus chascarrillos baratos de teleserie barata,
como si tuvieses 15 de nuevo, esa es la vaina, vuelves a ser
adolescente un rato gracias a Tank
Girl,
compartes con ella un mundo sin ley, sin reglas, un nunca jamás post
atómico y desértico en el que cada viñeta te regala letras de
canciones, easter
eggs
de los 80, personajes inspirados en políticos y estrellas de la tele
de entonces, y vuelves a ser un chaval por un rato. Esa es la virtud
de Tank Girl,
no otra.
Así
que ábrete una lata de birra, ponte tu holocinta de punk binario
favorita de los Amstrad
Red,
y quédate en la parra con Tank
Girl
y su cuadrilla, un canguro mutante motero que es su amante, un koala
gay, sus amigas Jet
Girl
y Rocket Girl
(¿que de dónde han salido y cual es su historia? Tío ésto no es
Marvel
ni DC
¿qué cojones nos importa de dónde han salido?), y adóralas,
idolátralas, ríndelas culto y veneración como a una Venus de
Windeldorf pero en esmirriadas con piercing y un corte de pelo
trasquilado y tintado. Tank
Girl
es la diosa de la destrucción en tierra de aborígenes, caprichosa,
maleducada, violenta, alcohólica, criminal... ¿una antiheroína?
No, la novia de Satán
mejor dicho, y ojo con esto, no
spoiler,
pero dato importante si queréis imaginar a dónde llega su locura
surrealista y sinvergüenza.
Bueno,
entonces, ¿Dónde está la ciencia
ficción
aquí? Bueno, no dejan de ser historietas cortas post apocalípticas
en las que Tank
Girl
vapulea el sistema corporativo regente y se escaquea de la ley.
No,
no es muy profundo, ni nos deja ninguna reflexión, pero es una
influencia tan grande en la cultura post apocalíptica, que no
podemos saltárnosla en TungstenoDreams,
aunque reconozco, os parezca popular o no, que a mi sus argumentos y
sus chistes me parecen un pedo en lata, pero me quedo embobado con el
arte. Ya sabéis que me flipa el horror
vacui,
lo hemos visto ya con muchos otros artistas en el blog, así que Tank
Girl,
para mi, se queda sin medalla ni podio, pero merece su puesto
honorífico en el top ten.
DE LAS VIÑETAS A LA PANTALLA
Tras
varias historietas cortas, tocó darle mayor protagonismo en
historias largas, como La
Odisea, e
incluso llegó el momento de la película (redobles y platillos) en
1995.
Si
el cómic carece de coherencia alguna, al película ya es para mear y
no echar gota. Sinceramente, como curiosidad o fetiche, vale, pero
como obra, es un bodrio acojonante, vamos por partes.
Dirigió
Rachel Talalay
(Pesadilla
en Elm Street 4, La muerte de Freddy, Los Borrowers...), aceptó el
protagonismo de Tank
Girl
recayó en Lori
Petty
(Liberad a Willy, y no he visto ninguna mas suya joder, vaya tela)
que a mi gusto está horrorosamente sobre actuada, fuera de rol, y
que siendo los 90 podría haber bordado por estética y actitud, por
ejemplo, Gwen
Steffani
a la que vimos años después en EL Aviador o Sr. y Sra. Smith. Una
interpretación que a mi, particularmente, me resultó lamentable y
nada enrollada, sin picardia ni mala uva, muy de barrio sésamo.
Pero
que no pare la fiesta, uno de mis actores favoritos (no), ice-T
de nuevo!! Si no tuvimos suficiente de él en el mundo de la ciencia
ficción
con JohnnyMnemonic,
agarraos los machos que aquí hace de Canguro mutante, sí, en serio,
la rehostia!!! Mátame camión!!
Pero
cuidado que de repente, así como conejos de la chistera, nos sale
Naomi Watts, Malcom
McDowell
o Iggy Pop
en el reparto. Joder, joder, joder, si es que es una bizarrada digna
de ver, aunque sólo sea para poder contarlo luego.
La
película, es una mala adaptación más de un cómic a la larga lista
de fracasos de viñetizar en celuloide de Hollywood. Pese a que trata
de mantener la idea original, Tank
Girl
es una heroína desde el principio, y no una bipolar esquizofrénica
armada hasta los dientes en el yermo de las Antípodas del 2033, y
ahí comienzan las licencias creativas, que tratan de no alejarse
mucho de la obra original, pero que quedan muy por debajo de lo
esperado.
Los
canguros mutantes, oh Dios mio los canguros mutantes, no voy a
deciros nada, el maquillaje que debió ser portada de Fangoria,
no me jodas.
¿Y
el argumento? Una corporación quiere controlar toda el agua potable
de Australia a cualquier precio, pero Tank
Girl
va a ser la chica equivocada con la que joder. Y así, en una pirueta
greenpeaceaica,
tenemos una comedia de ciencia
ficción
y acción, con unos efectos especiales de serie B atroces, un rodaje
pestoso, intepretaciones bochornosas, y nada bueno, en serio, nada
bueno. Soporífera y edulcorada.
Y
poco más os puedo contar de esta majadería de cómic, que como nota
personal, creo que es la principal influencia de una exitosa saga de
videojuegos llamada Borderlands,
que creo va a ser mi próximo objetivo en el blog dentro de 7 días.
Como
anécdota, cerrar contando que en 2001, Jamie
Hewlett
puso “cara” a los miembros del grupo Gorillaz,
sí, el formado por Damon
Albarn
de Blur
y Nakamura,
la banda “virtual”, algo muy cifi,
ojo, recordemos PequeñosHéroes
de Spinrad,
o el capítulo de Miley
Cyrus
en Black Mirror.
Pues Gorillaz
es un experimento comercial que crea la primera banda “no
existente” documentada, cuya representación pública son unos
dibujos del padre de la niñita del tanque.
Y
me despido tras dar un repaso a ésta musa del feminismo, amazona
radioactiva, pimp de canguros, destructora de pelotas arrugadas,
faraona del yermo, jinete de acorazados, la Mad Max diseñada por Vivienne Westwood, la action man de Jean Paul Gaultier, con cariño pero sin
expectativas, reconociendo que me dormí con sus cómics y con su
peli, y alegando motivos puramente iconoclastas e ideológicos para
su recomendación.
Yihaa vaquero, me ha costado muchos
días traer mis cabezas de ganado transgénico desde el este hasta el
ciber oeste, he tenido problemas con pandillas indias motorizadas,
lluvía ácida, y bandoleros psicópatas, pero al final estoy aquí y
pretendo darme un homenaje en el salón.
O algo así.
¿Qué tal a todos y todas las
soñadoras de tungsteno? Decid no al wolframio, ya sabéis. Casi que
me demoro un mes en dejar nuevas entradas en el blog, pero es que me
doy cuenta de que me estoy volviendo un vago, sí, ya se que el
primer año lo cogí con mucha ilusión y eso, pero durante la plaga
genética he estado algo “apagado”, y ahora llega el verano y ya
sabéis como le pega el sol a nuestro asqueroso planeta a través de
ese enorme butrón de la capa de ozono, y me entrego al futón y la
cerveza y... Todo son excusas. Si quiero, puedo, pero para que
mentir, me he enganchado a la videoconsola como hacía años que no
me ocurría, y llevo sin terminar un libro pendiente 4 meses, me da
hasta vergüenza decirlo, pero se que durante mis muy, muy cercanas
vacaciones, me los voy a comer de 2 en 2 en la hamaca, a la sombra,
eso sí, con más cerveza, porque lo de meternos a la piscina éste
verano... creo que meterán robo pirañas, o nanositos asesinos que
se te introducen por la uretras y... Bueno, eso habrá que aprobarlo
en junta.
Me enrollo más que un ciber miembro
extensible de Arasaka. Ostras, el inspector Gadget sería un héroe
cyborg, acabo de caer en la cuenta, el primer cyborg de mi vida tal
vez. Ya me estoy iendo de nuevo, me enfoco, hoy voy a derramar
impurezas sin miramiento ni tecnicismos, sobre un cómic
ligerito de 4 entregas breves, y en éste caso no podemos decir que
cumpla con refranes aritméticos a cerca de su calidad. Tampoco es
una aberración contra natura, tiene su gracia, pero exceptuando que
vuestro objetivo sea pasar un ratito esperando al hyperloop en la
estación viendo un dibujo resultón aunque nada innovador, y una
historia vacía pero surrealista y macarra. Esta pieza extraña,
recuperada de quien sabe donde se titula Dead or Alive –
A Cyberpunk western.
En principio la
declaración de intenciones es de lo más llamativo, aunque el lejano
oeste, descubro poco a poco si sois asiduos al blog, que es un
fetiche recurrente en las historias distópicas, futuristas,
cyberpunk e incluso galácticas. Y no sólo como hemos visto ya en
Este del Oeste, si no en otras que tengo en la lista de
entradas pendientes (Serenity, The Postman) y en realidad
desde que tengo uso de razón cineciaficcionaria infantil, que es
realmente importante ya que es donde la semilla germinó, y ahí que
recuerdo Bravestar, Space Rangers (que buena era esa
serie de animación Dios mío). Y en éstos casos hablamos de
adaptaciones tópicas y cliché del salvaje oeste de gorro,
cartucheras, bandolera y duelos en la calle principal de un pueblucho
llamado Tombstone en medio del desierto, con bolas de rastrojos
arrastradas por el viento.
Pero la influencia
del western como tal, sus características propias como género
cinematográfico y novela de a duro (que en España proliferó
muchísimo a mediados del siglo pasado) son insultantemente claras en
un buen puñado de obras cifi que yo haya catado como hemos
dejado bien claro en ocasiones anteriores, y me repito, las que me
quedan, que no soy ningún gurú, como Mad Max o CowboyBebop.
Pero no estamos
ante la versión cyberpunk de Sin Perdón, Los 7 magníficos
ni El bueno, el feo y el malo. No. Más bien ante una
adaptación aumentada y chippeada del más barato spaghetti
western, de los que le encantan a mi suegro en la cadena
autonómica después o antes de la comida, sin rigor histórico ni
trasfondo, que se sucede sin más, y estás aún con ello por ver los
indios o el tiroteo en la aldea abandonada con su iglesia mejicana.
Eso es dead or Alive a cyberpunk western, un pasatiempo que
pese a respetar en el enunciado el elemento del cartel de bandolero
al margen de la justicia con un precio sobre su cabeza, tiene de todo
menos western, y cuando digo de todo, es de todo, una auténtica
majadería que sin arrancarme las carcajadas que sólo me arranca
Spider Jerusalem, sí me saca una sonrisa.
PAYASOS, VACAS,
MESÍAS Y LO QUE SE TE OCURRA
En 1998 Dark
Horse una vez más, sacaba ésta mini colección a cargo de
Alberto Ponticelli (algunos trabajos para Marvel como
Blade y también para Humanoides Asociados, y su más
aclamada obra Soldado desconocido con Joshua Dysart) y
Tatjana (Animal man o Camelot 3000, autora
ganadora al premio Shazam).
Estamos en el
salvaje oeste de un futuro cercano o no, totalmente anárquico,
sardónico, y un montón de “ónicos” más que se repetirían más
que el Monster. En la región del planeta conocida como el Cyberwest
pueblan un puñado de gañanes sucios, holgazanes, y palurdos en un
sainete orquestado por el Señor Bungle, un gañán que parece
descendiente de un affaire
entre Mario Bross
y Pier No Doy Una,
magnate de la franquicia de carne de vaca sintética M-Cow.
Un esperpento caricaturesco y cómico de villano millonario al frente
de la mayor corporación alimenticia del cyberwest, un megalómano al
mando del resto de la región, siempre acompañado de un séquito de
ciber psicópatas aumentados del tamaño de un Goliath
cromados, hasta arriba de cables y piezas metálicas.
Por
otro lado tenemos al héroe, anti héroe, bufón, errr... bueno,
protagonísta sería correcto, de la historia. El Señor
Risitas, un payaso que
por su parte parece ser el vástago de una noche loca entre Violator
de Spawn
y Lobo.
Y con esto acabo de mentar las dos pricipales similitudes artísticas
que encuentro en el arte del cómic
aunque también vi esos garabatos fuertes y apretados en contornos
que me recordaron a Azpiri
en alguna viñeta, y el imprescindible horror vacui
del que toda obra cyberpunk
parece obligada a hacer gala en el arte plástico, cuyo máximo
exponente podría ser Darrow.
Pero a parte de que cada outfit o espacio en las viñetas,
estérepleto de detalles hasta la más mínima esquina, volviendo a
hablar del Sr. Risitas,
el payaso es un inspector de carne de vaca, que recorre el cyberwest
garantizando que la carne de vaca que los comerciantes y
establecimientos ofrecen a sus clientes, sea eso, carne de vaca, y si
encuentra alguna anomalía, la visita del Señor
Sonrisas (que no sonríe
ni una vez bajo la pintura de payaso en todo el cómic
como bien podríais imaginar) se convierte en un baño de sangre que
ocupará unas cuantas viñetas de forma gratuita, inesperada y
convirtiéndose en el leit
motiv de la historia, las
páginas avanzan entre mamarrachadas y la sierra mecánica del Sr.
Risitas partiendo por la
mitad mutantes cibernéticos y forajidos de poca monta y boca grande.
En
una de éstas, sin venir a cuento de nada en la idea de un western,
tendremos una irreverente versión bíblica como hilo conductor de
las matanzas del Sr.
Risitas, que eso sí como
todo buen anti héroe cyberpunk,
no será motivado por causas justas, nobles ni por un bien supremo,
se topará con un niño que resulta ser una especie de nuevo
advenimiento de Cristo,
el único ser capaz de devolver la paz y la felicidad al cyberwest
según la profecía de un grupo de tecno lavanderos orientales, el
mesías nacido de una lavadora. Una blasfemia absoluta tan absurda
que no hay por donde cogerla, y como broma es simplona, pero si no
fuese por estas chorradas, el tebeo valdría menos aún. Es un
sinsentido que hay que aceptar tal cual.
Y
en ese paralelísmo bíbilico, el Señor
Bungle recibirá la
noticia de una profecia que le avisa de que un niño acabará con su
imperio, haciendo las veces de Neo Herodes, y mandando a uno de sus
mejores cyber asesinos, un skinhead aumentado, matar a todos los
niños del cyberwest para que la profecía no se cumpla.
Ais
si Jesucristo hubiese tenido un guardaespaldas como el Sr.
Risitas, la biblia
hubiese sido la repera.
Si
ya os parece suficientemente loco mezclar el cyberpunk,
el oeste americano y la biblia... Esperaos que vienen curvas. Se
monta la mari morena si añadimos una invasión alien durante las
peripecias del Sr. Risitas
y el niño milagro sin nombre, unos extraterrestres dispuestos a
dominar el cyberwest adoptando camaleónicamente la imágen de
actrices porno neumáticas (sí, Critters
lo hizo primero y ésto me pareció un homenaje en cuanto lo leí)
para así dominar a la población humana sin tener que gastar ni un
cartucho, pero no contaban con los indios. Indios que viven en
campamentos dignos de un Viñarock 3050. Esto ya es un cachondeo y no
hay respeto ni por el western, ni por el lector ni por nada, el tebeo
es una gamberrada que usa todos los tópicos posibles como gancho en
una historia absurda y aunque yo esperaba otra cosa, celebro haberme
encontrado con un “lobo
type” cómic
con el que pasar un rato ameno sin gastar muchas neuronas, con un
dibujo rápido pero sobrecargado que cumple más que bien con mis
gustos new school y ya
está, divirtámonos que el tebeo éste es para eso y poco más.
Cuatro
numeritos de veintipico páginas a todo color para deleitarnos un
rato con chips, cables y caballos y revólveres, flipar un poco y
querer comprar la misma mierda que tomaron Ponticelli
y tatjana
cuando hicieron semejante barrabasada. Un viaje lisérgico que
utiliza el western y el cyberpunk
como excusa para no
contar nada, descojonarse de la biblia un rato aunque para eso
prefiero la vida de brian,
y no es que yo sea sancionador del humor sacro ni mucho menos, pero
es que tampoco es especialmente gracioso nada de lo que ocurre en las
páginas de éstas grapas. Pse, tiene su rollo, es gamberro, sonrío,
pero prescindible, me quedo con Lobo.
Dicho
ésto, darle una oportunidad si os van las bizarradas y no os hace
falta un sólo “por qué”, ya que acogiéndome a eso mismo me he
dado el capricho de retomar la actividad bloggera con una entradita
que no es el santo grial de la cifi
pero que seguro despierta la curiosidad de más de un amante del
humor negro, la acidez, y las viñetas sangrientas de estilo grunge.
Así
que yipi yaeh yoh vaquero, pide un tequila ultra azucarado en el
saloon McDuck
y no le pongas tu mano extensible encima a las chicas del can can si
no quieres una bala de tungsteno en tu nuca.
Qué pasa mutantes, espero y deseo que
todos gocéis de la mejor salud posible, que tengáis suficientes
latas de judías y rollos de papel higiénico. Y digo yo ¿por qué
papel higiénico? ¿Nadie ha pensado que con un bidé no hace falta
papel higiénico? Mirad los japoneses, con sus inodoros con
chorrillo, y los occidentales riéndose, bueno, pues yo siempre he
querido uno, y se que me compraré uno cuando me mude. Pero a falta
de ese wc mágico, ¿por qué la gente tiene bidé en su casa y sólo
lo usan para echar ropa sucia? Y si no tienes bidé, un manguerazo en
la ducha, y ya está, no hace falta comprar cien rollos de papel
higiénico, el apocalípsis no entiende de doble o triple capa, el
apocalípsis entiende de válvulas y cilindros.
¿Me seguís? Sí, seguro que sí.
Hoy me voy atrever (ya que estoy de
día libre) con una de las vacas sagradas de la ciencia ficción
en el cine. Se que
tiene una legión de fans, amantes y estudiosos que sabrán mucho más
que yo, así que les pido que interpreten ésta entrada, como en
realidad hay que interpretar todas las que escribo, como un resumen
de mi percepción al respecto, y no una cátedra. De hecho,
agradeceré cualquier comentario constructivo, corrección o puntilla
en el área de comentarios.
Y sí,
hoy vamos a hablar de Mad Max
y su herencia, por lo que, si no quiero hacer un artículo de 20
páginas que lleve una hora leer, que no quiero porque sería una
putada, voy a hacer el esfuerzo de sintetizar lo máximo posible,
cosa difícil con mi pedantería innata, pero allá vamos.
Poneros
a los Siniestro Total
con “Max, estás hecho una pena”
y a leer.
SALVAJES
DE LA AUTOPISTA
1979,
Australia, allí estaba el señor Miller.
George Miller, a
punto de estrenar una película de bajo presupuesto con poca ci-fi,
mucha crítica social, mucha violencia, poco diálogo, pocas
interpretaciones brillantes, pero que sentó el gérmen definitivo de
las historias post cataclísmicas, no ene l acto, pero si en su
secuela, que ya veremos, vayamos por orden, no nos emocionemos.
La
idea, sospecho, era más bien hacer una película de justicieros, una
nueva versión del “Vigilante” como lo había sido Charles
Bronson, Clint
Eastwood o Chuck
Norris, que en vez de hacer
cumplir la ley por su propia mano en una gran ciudad cosmopolita como
la típica Nueva York, lo hacía en las autopistas australianas. Una
peli “hard boil”, negra, de violencia policiaca gratuita con la
venganza como leit motiv.
¿De
dónde venía Miller
cuandos e le ocurrió hacer Mad Max? Griego
adoptado por Oceania, de familia numerosa, hermano de un gemelo, que
estudió medicina con él, pero cuya verdadera inquietud era el cine,
hobby que practicaba con su hermana, y que le otorgó algún premio
escolar con cortos.
Finalmente
se animó a aprticipar en unos talleres de cine en la universidad de
Melbourne, donde conoció a alguien muy importante para Mad
Max, Byron Kennedy,
coproductor de la opera prima de Miller.
Acabada
la carrera de medicina, Miller
y Kennedy fundaron su
pequeña productora, y Mad Max
fue su primer largometraje, que con un presupuesto de 350 mil dolares
logrado a pellizcos de todas partes (publicidad explícita dentro de
la película mostrando marcas de consumibles, pro ejemplo), recaudó
más de 100 millones en todo el mundo.
Mad Max,
la locura máxima, Max el loco, sea como fuese, lo lograron.
Max Rockatansky,
interpretado por Mel Gibson,
será el sempiterno protagonista de la trilogía oficial, y en cierto
modo el responsable del éxito del personaje. Cuentan los rumores,
que Gibson llegó al
casting sin la intención de participar, solo acompañando a su
colega Steve Bisley
que fue intencionadamente y se llevó el papel de Goose
(que nuestros dobladores tradujeron sin cortarse ni un pelo como
Ganso, literalmente
claro, sin error al respecto). Gibson
llegó allí con la pinta del que ha pasado una noche en el infierno,
toledana en un bar de moteros en la carretera, ojeroso, con algún
moratón y apestando a no haber dormido, y eso fascinó aal equipo de
Miller y le dieron el
papel protagonista.
Miller
quiso que todo fuese lo más real posible, como una “docu
película”, aunque suena muy bonito pintarlo así cuando no tenían
ni un chavo y había que ahorrar de todas partes, y bueno, Gibson
dio el perfil. Al hilo de ésto último, muchos dobles de la película
eran auténticos moteros que hacían de extra por unas cuantas
cervezas. La autenticidad estaba lograda.
Gibson venía
de haber hecho una sola película, y de beber mucho alcohol y meterse
en muchas peleas pese a su educación católica y conservadora (el
cocktail moldeó al hombre que hoy todos conocemos, con excelentes
películas y una polémica vida). El título de aquella era Summer
City, dirigida por Cristopher
Fraser. Quien iba a decirnos
que una película en la que sólo escupía 16 líneas iba a
catapultarlo al Olimpo de los actores. Dieciséis frases, sí, por
eso anunciaba antes, que la pelicula brilla por sus carencias, pero
la fórmula no explotó, si no que resplandeció. Miller
dijo que era un gran fan del
cine mudo, que para contar una historia no hace falta sonido, y casi
lo consiguió, aunque insisto, que como excusa queda muy bien, en
verdad me imagino a Mel
borracho o de resaca cada día de rodaje.
Pero
aquél experimento bizarro salió disparado como un cohete. Max
era un policía de la brigada de carreteras llamada Patrulla
de Fuerza Central, en una
Australia del futuro cercano y distópico
en el que la crísis económica había llegado al gran Kaboom. Las
instituciones públicas carecían de recursos, el petróleo
escaseaba, las pandillas criminales campaban a sus anchas. La crítica
social a cerca de la mala gestión económica desde el estado y la
por entonces muy en voga crísis del petróleo que presagiaba una
quiebra mundial con el consecuente problema energético tanto
industrial como doméstico, eran uno de los motores de la historia
que aprovechaba Miller
a meter como caballo de troya en una película de carreteras violenta
y cruda, sangrienta, una road movie
de persecuciones motorizadas y disparos que según Miller,
surgió de su estancia como médico en un hospital, donde quedó
horrorizado con los resultados de accidentes de tráfico.
Ups,
crísis económica, barriles de petróleo gratis, gente que se va a
quedar en al calle de aquí a unos años y tal vez la carretera sea
su único hogar...no, no hablo ahora del 2022 imaginado pro Miller,
hablo de nuestra actualidad, perdonad el “kit kat”. Volvamos a la
película.
El
problema de Max y
Ganso en Mad
Max, serán los pandilleros de
El Corta Uñas,
interpretado por Hugh keays-Byrne, que
ya había hecho unas 4 ó 5 películas antes, pero que no se nota, un
villano sobreactuado e histriónico. El tipo y sus muchachos se
dedican a robar combustible para sus motocicletas, beber sin pagar,
saquear, violar y matar. Un grupo muy caritativo.
Ya la
mayoría habréis visto la peli, así que ¿para qué daros el coñazo
y hacer ésto interminable? A la pandilla se le va de las manos la
criminalidad, la lían a saco, y salpican a Max,
quien se tomará la ley por su parte perdiendo la cordura, casi casi
en un proceso kantiano
tan terrible como el de Travis
en Taxi Driver.
Un descenso a los infiernos mentales y la desesperación, que no está
especialmente bien rodado ni hace mucho intento de que el espectador
lo note, pero por el que debemos hacer esfuerzo de imaginar para
entender la leyenda que nació en aquella película.
Max
Rockatansky,
hombre de pocas palabras, arrastrando su desde entonces lisiada
pierna coja, hombre de ley convertido en psicópata, lobo solitario,
sin esperanza por la humanidad, obligado a seguir adelante al volante
del verdadero protagonista, El
Interceptor,
un Ford Falcon XB
modificado.
Porque
los coches y las motos, siendo honestos, eran el verdadero gancho de
la cinta. Una cinta que carente de todo lo mencionado antes, tenía
adrenalina, violencia, gasolina, choques, disparos, explosiones, y
cualquier caballo de troya o interpretación brillante sobraban.
A
mi, la película me resulta mala, bastante mala, con su encanto de
serie B, su nsotalgia de significar lo que significa, pero eso no la
convierte en mejor, y son las agujas de los marca kilómetros los
verdaderos protagonístas que marcan la dinámica, no ya de ésta, si
no de toda la saga, e in cresccendo.
LA
CONSOLIDACION DE LA LEYENDA, EL GUERRERO DE LA CARRETERA, 1981.
Ahora
sí que sí, ya se montó el kilombo, Miller,
realmente preocupado por la tensión nuclear, da un giro inesperado a
la saga, aunque muy en consecuencia en un futuro cercano en el que
todo estaba ya patas arriba, y es la guerra atómica. La Australia
distópica de Miller
explotó, se convirtió en un erial gamma, el yermo de los yermos, el
wasteland
de manual desde entonces, por y para siempre.
Si
Mad Max
me pareció una película mala, Mad
Max 2 me
parece fantasía pura, la consolidación de Max
Rockatansky
como leyenda definitiva, no en vano, la influencia absoluta en
personajes de ciencia
ficción
sucesivos como Ken
del Puño de laestrella del norte,
o de nuestro habitante del búnquer de Fallout,
entre otras. Miller
y Gibson
se pasaron el juego, habían definido un género.
Aquí
si me postro y me quito el sombrero.
La
autopista es ahora interminable, la civilización se da por
concluida, la cienciaficción se
adueña dellorede
toda la historia, los supervivientes se dividen en dos, lobos y
corderos. Las vigas de los edificios vigilan en la lejanía las
carreteras salpicadas de chasis saqueados y calcinados.
La
anarquía es absoluta. A ley del más fuerte es la única verdad. Ya
no hace falta nada más, ni un guión, ni un argumento, podríamos
alargar la saga de Mad
Max
hasta el infinito convirtiendo cada entrega en un día más de la
vida de un lobo solitario y nómada como Rockatansky,
asqueado de la vida, conforme con el cataclísmo, rodando como una
roca cuesta abajo sin objetivo ni plan, sencillamente sobreviviendo
un día más, tras dormir unas pocas horas entre pesadillas de odio y
venganza, con el recuerdo de sus seres queridos agonizantes tatuado
en su memoria como combustible.
Bajo
esa premisa, que sea lo que Dios quiera, ya está todo hecho.
Ahora,
vayamos a lo importante, los verdaderos protagonistas, los vehículos.
Oh Dios mio, aquí sí que te pasaste Miller,
cambiamos los Ford
por buggyes, hot rats, vehículos pesados tuneados con picas, chapas
y calaveras, y la estética post atómica se definió para ser
copiada docenas de veces en el cómic, el videojuego, la literatura y
por supuesto, más películas, e incluso juegos de mesa. Ya
hablaremos del legado de Max
al final.
En
la peli tenemos varios nuevos elementos, que se convertirán de ahora
en adelante, en señas de identidad narrativas de la franquicia:
Max
el nómada solitario: La figura de Rockatansky
adoptará el rol de viajero solitario, que camina por no pararse,
caminar o morir, que no quiere involucrarse en anda pero al final,
acaba haciéndolo cuando algún personaje o situación penetra su
armadura de odio e indiferencia y pulsa su botón de la humanidad,
reavivando al justiciero que se forjó a caucho y sangre en la
primera película. Mantendrá (en parte) detalles importantes como
la falta de diálogos y su cojera ocasionada en la primera película,
creando así una línea narrativa contínua, inmersiva y
comprometida con el espectador.
El
donaire: En Mad
Max 2
aparece un rol nuevo que perdurará en las siguientes entregas, el
donaire, un bribón superviviente que aporta las líneas y el humor
que la franquicia requiere para convertirse en una cinta familiar de
acción, cosa que no era la primera entrega ni de lejos, pero que
Miller
accedió a fomentar después, en pos de la distribución de éstas
joyas de la acción. Fue necesario y acertado. En ésta entrega el
donaire es el Capitán
Gyro,
interpretado pro el cómico Bruce
Spence,
a quien veremos también en la tercera entrega de la saga.
El
Punk: Las pandillas, los nómadas de la carretera, son nuevos
bárbaros motorizados, punks. Las crestas de colores, los tatuajes,
los pendientes, scarificaciones, cualquier síntoma tribal y
antisocial será bienvenido en una estética homo rebelde de cuero y
cadenas de la que el más icónico de todos, en ésta entrega y me
atrevo a decir que en todas, será Lord
Humungus, Ayatolá del Rock N Roll, Señor del yermo,
interpretado por Kjell
Nilsson.
Un personaje icónico que ha trascendido al subcosciente popular y
su cultura.
Los
afligidos: Siempre encontraremos un grupo de resistentes
supervivientes del yermo que estarán siendo espoleados por los
punks. Pedirán ayuda a Max,
y
aunque les cueste, alguno de los miembros de la comunidad conseguirá
ablandarle, en ésta entrega esa responsabiliadd cae sobre el niño
mutante, feucho, mudo, salvaje y belicoso como un animal entrenado,
sin nombre, narrador en off de la historia al más puro estilo del
mago Akiro
de Conan (sólo
que Conan
se estrenó un año después, en el 82) interpretado por Emil
Minty.
El
vestuario, el tunning y el paisaje del sur de Australia lograron la
magia de teletransportarnos al fin del mundo futuro.
No
tengo ni una pega, es una cinta redonda, con toques de western,
si cambiamos al pistolero por Max,
y al pueblo del oeste por la refinería del páramo, y los apaches o
bandoleros por los punkis. No en vano, haciendo un tirabuzón triple,
Miller
afirma que recibió gran inspiración del cine de samurais de
Kurosawa,
y ¿cuántas veces los que saben de cine nos han explicado el
paralelísmo entre el western y los samurais? Para muestra un botón.
Si
a parte cambiamos las escenas a caballo por carreras con boogyes y
quads. Bingo. Magistral.
Max
en ésta entrega encontrará a su más fiel compañero, un perro, un
pastor alemán que encarna los valores que el ser humano ha perdido
en su nueva edad de piedra post atómica. Y volviendo al tema de la
inspiración japonesa, se convierte en la imágen del shinobi,
el shadow dancer,
el ninja y su perro. Aunque hay quien dice que ésto es un guiño a
Un chico y su perro
de 1975, film postapocalíptico y weird
en el que un niño y su perro, llamado Sangre
y que
tiene poderes telepáticos, recorren un mundo devastado por la
guerra.
MAS
ALLA DE LA CUPULA DEL TRUENO
En
1985 se estrena la tercera parte de Mad
Max
y también Miller
decía adiós a su gran socio y amigo Kennedy.
Una alegría y una pena.
Max
continúa su camino hasta Negociudad,
un núcleo urbano post apocalíptico gobernado con guante de hierro
por Tía Ama
interpretado por la gran Tina
Turner,
quien a mi opinión, dio todo el pego con su cardado interminable y
zoomórfico, y sus pendientes de muelles y bisutería de chatarra.
Por
primera vez en la saga se añade un núcleo urbano, un espejísmo de
neo sociedad, un caballo de troya sobre el poder, la economía y el
gobierno.
Es
la entraga más criticada y menos querida por los fans, pero yo la
prefiero mil veces más que la primera. Añade el exotismo a la
sociedad superviviente, turbantes, capas andrajosas, camellos y
dromedarios, torneos deportivos sanguinarios, pan y circo, mentiras
desde el poder, opresión, capitalismo...
Para
mi lo tiene todo, sin olvidarnos de los vehículos, y un pasito más
hacia adelante de un asunto que tímidamente ha ido siendo más
recurrente y aceptado en la saga, las mutaciones por culpa de la
radiación. Si ya en Mad
Max 2
teníamos al niño salvaje, en Mad
Max 3
tenemos a Maestro
y a Golpeador,
dos personajes tan icónicos como Hummungus.
Sensacionales, imprescindibles.
El
donaire vuelve a ser Bruce
Spence
que en ésta ocasión pone el mismo rostro, a un nuevo personaje,
Jededdiah,
que pese al cambio de nombre, Miller
juega a sembrarnos la duda de si sigue siendo o no el capitán
Gyro
con otra identidad, y desde ahora, en lo que queda de saga, Miller
va a a jugar mucho al despiste como con ésto, intencionadamente.
Tenemos
a la comunidad infantil del “mundo del mañana mañana” tocando
la tecla humana de Rockatansky
una vez más, en un paralelísmo al “mundo de nunca jamás”, con
los niños perdidos, que convierte a Max
en un Peter Pan
post atómico durante parte del metraje, y que seguro inspiró la
estética de los niños perdidos del Hook
de Steven Spielberg
en los noventa.
Y
todo junto crea una historia que a mi parecer vuelve a ser redonda,
cargada de adrenalina, de aventura pura ochentera para toda la
familia a la zaga de
Golpe en al pequeña China,
o las aventuras de Indiana
Jones.
Pero
sobre todo, la cúpula del trueno, esa bóveda verjada con cuerdas de
puenting donde se enfrentan a muerte con armas de filo de boing en
boing dos contrincantes, mientras los nómadas, chatarreros,
scavengers y mutantes aplauden y jalean deseando que les salpique la
sangre.
Es
genial, irrepetible, la imaginación de Miller
siempre sentando tópicos futuros, el universo más veces copiado o
reinterpretado, una influencia generacional inmortal.
Como curiosidad, la película inspiró a 2 Pac y Dr. Dre para su videoclip del remic de California Love, copiando la cúpula y toda a estética del universo de Miller.
Y
no quiero enrollarme más, que no llegamos...
FURY
ROAD, LA GLORIA DE FURIOSA
Y
en 2015, contra todo pronóstico, llegó Fury
Road,
y se armó la gorda por muchos motivos.
Ciao
Mel Gibson,
hello Tom Hardy:
Han pasado unos 30 años, Mel
ya no está para reinterpretar sin dobles de acción a Max
como a él le gustaban. O eso, o hacemos un Max
abuelillo como pretenden con Conan
y Schwartzenegger
para la tercera entrega de la saga en ciernes desde hace décadas.
Parece ser que la película tuvo que ser rodada en 2003, pero Miller
no pudo y Gibson estaba con La
pasión de Cristo.
La cosa estaba complicada, si Miller
va a traer de vuelta a Max,
hay que cambiarle la cara, sin remedio. A las nuevas generaciones
les daría igual, pero a los críos de los 80 que crecimos recreando
las aventuras de Max
con clicks de playmobile, no. Pero no había más remedio, debíamos
acostumbrarnos a la cara del nuevo Max
igual que James
Bond
ha cambiado de cara ya unas cuantas veces.
¿Por
qué Mad Max
y no Furiosa
antes del Fury
Road en el título?
El protagonismo de Max
en la peli es relativo. Max
tiene cosas que no me cuadran como fan. Max
no cojea en ésta peli ¿por qué? ¿Se ha curado? Vale que le
cambiemos la cara, pero su historia debe seguir siendo la misma,
debe ser cojo ¿no?. Sigue hablando poco, o en esta ocasión, menos
que poco, ni mú. Yo, llegué a pensar que Miller
estaba jugando conmigo, que Max
no era Max,
si no el niño mutante de la segunda entrega, que admiraba a Max
y no sabía hablar, pero llegó a hablar porque es el narrador en
off y según contaba llegó a ser jefe de su propia
tribu...maldición, teoría por los suelos, pero llegué a hacer
cábalas al respecto ojo, no me creía que Max
era
Max, creía
que Miller
me tendía una trampa argumental, me sembraba una duda. Pero no, sí
es Max.
Fue divertido hacer hipótesis.Furiosa,
la verdadera protagonista, la reina indiscutible, una valkirya del
yermo en manos de Charlize
Theron,
salvaje, bestial con el pelo al cero, y llegados a este punto,
quizás, no merecía la pena duplicar la trilogía de Mad
Max
(porque Miller
promete
que será una nueva trilogía que completará una sextalogía), y
hubiese preferido crear una nueva trilogía en el mismo universo,
bajo el nombre y protagonismo total de Furiosa.
Porque es que Max
es un panoli en ésta peli, un pelele sufridor, aquí es Furiosa
la que corta el bacalao, a la que aplaudimos, de la que queremos
más. Hubiese sido como Red
Sonja
en el
universo Conan.
¿por qué no? Entiendo que el nombre de Mad
Max
se vende solo, pero treinta años después no hubiese pasado
nada. Hecho eco de mi fanatismo pro Furiosa,
sí que hubo el absurdo debate de nuestra absurda sociedad actual y
el más aún absurdo negocio del Hollywood,
de que Fury Road
era una película que empoderaba a la mujer, que Hollywood
exige un cupo paritario en los repartos aunque no empareje con el
argumento, con un claro mensaje feminista y de matriarcado que bla,
bla, bla... Puta mierda de gilipolleces, viva Furiosa
y punto. Me hubiese gustado más protagonista de Max,
pero no puedo más que rendirme ante Furiosa.
¿A caso en la segunda entrega no teníamos punks claramente gays,
sin mencionar el aceitoso cuerpo de Hummungus
y nadie dijo tanta tontería? Si es que vamos para atrás como los
cangrejos, siempre lo digo.
Con
esos dos cambios tremebundos en la saga, todo lo demás fluye como la
seda hasta considerarse la
mejor película de acción de la historia, sin
paños calientes. Una película que se centra 100% en los vehículos,
las persecuciones, los asaltos en marcha (como a la diligencia del
far west, recordad), el rock, y todo esto sin apenas CGI, respetando
la naturaleza de Mad
Max
sin ninguna duda, sin pegas pese al papel secundario que encarna
Rockatansky.
Una
película llena de guiños, que como decía antes, me da la sensación
de que a un fan ordenado de Max
nos descuadra, y nos invita a hacer rompecabezas, porque... la caja
de música que Max
encontró en el camión de la 2, lo lleva en su poder una de las
matronas; Porque vemos la gorra del capitán Gyro
en el salpicadero de uno de los coches encalada en una calavera;
Porque Max
no cojea... ¿En qué momento del universo Miller
ocurre éste ajetreado día de la vida de Max?
Si queremos hacer una línea temporal con las otras tres entregas,
nada cuadra, pero tampoco cuadraba que Bruce
Spence
hiciese dos personajes diferentes decía yo antes. Miller,
eres un liante.
Y
ahí está de nuevo Hugh
keays-Byrne interpretando
al villano de ésta nueva entrega, el caudillo Inmortan
Joe.
Cuánto amor.
La
estética acepta y acurruca todas esas pequeñas características de
la saga que Miller
fue introduciendo poco a poco, como los pandilleros tribales,
mutantes, ropajes exóticos y punks, el tunning salvaje... No falta
de nada, Miller
se da un festín postatómico que nos regala los 5 sentidos.
Más
coches, más velocidad, más acción, mucha más acción, la saga se
actualiza, pero no se reinventa, sigue tan pura como la segunda
entrega, y no contento, Miller
, nos promete otras dos secuelas en camino, de la que sabemos, la
primera se titulará Wasteland.
No
tengo pegas, tuve dudas existenciales, pero no pegas, un peliculón
por mucho que me quiera hacer pajas mentales con los easter
eggs.
¡Sed
Testigos, Valhalla!
Merecidas fueron las 10 nominaciones a los Oscar y bien invertidos
los 100 millones de dolares, que quién le hubiese dicho a Miller,
que gastaría cuando dirigió la primera.
Felicidades, de todo corazón, que Max no muera nunca.
EL
LEGADO EN PIXELS:
¿Cuántas
veces he dicho que Mad
Max sentó
al cátedra del futuro post apocalíptico motorizado? Unas cuantas, y
si hay que decirlo otra vez, pues se dice.
El
mundo del videojuego sucumbió terriblemente a la estética Miller,
acordámonos de:
ROADWAR 2000:
En 1986 Computer
Game Published
sacaba al mercado éste videojuego de estrategia por turnos, que
inspirado en Mad
Max
nos ubicaba en unos futuros EEUU que habían sucumbido a un virus
(vaya, vaya) mortal alcanzando el colapso capitalísta y demócrata
hasta la anarquía. Así que podríamos encarnar un guerrero de la
carretera que tras vencer unos cuantos clanes punks y de canibales
mutantes, sería reclutado pro lo que queda del gobierno para
rescatar 8 científicos que podrían crear la cura al virus. Para
ello, recorreríamos el país por sus autopístas sorteando
emboscadas motorizadas en cada estado. Un año después, se
comercializó la secuela
ROAD WAR EUROPA
con una mecánica gemela.
ROAD
KILL:
En la primitiva X.Box
de Microsoft
se estrenó éste título de coches tunneados disparándose metralla
en un mundo abierto. De 2003 y de mano de Midway
, en la línea de Twisted
metal,
seremos el conductor de un vehículo improvisado y tunneado con
chasis de Muscle Car, que desde la ciudad post apocalíptica de
“Hell County” arrancaremos para liquidar bandas rivales,
chatarrear, o lo que se tercie para convertirnos en el amo de las
carreteras del condado. Es una versión moderna, o una sucesora
espiritual de Roadwar
pero sin estrategia, basicamente en el lore
de una norteamerica colapsada por un virus (y dale vuelta al torno
perico, esto significa que nos asustan más los virus que los
kilotones desde hace décadas, y al final, mirad, hemos sucumbido).
BADLANDS
El
título ya lo dice todo, otra forma de referirse a los wastelands,
el yermo y coches que disparan. Atari
nos trajo en 1989éste
divertidisimo juego de circuitos a lo Super
Off Road
pero inspirado en un mundo post apocalíptico, con vehículos de
combate. Un novedoso “scalextric” de combate multijugador muy
divertido.
ROAD
AVENGER:
En 1985, Data
East
lanzaba el que posiblemente sea el más vistoso de todos los video
juegos inspirados en Mad
Max,
un arcade con estética manga a cargo de los estudios Toei
que en primera persona nos sentaba frente al volante de un primo
lejano del Interceptor,
cuya jugabiliad era la de una película interactiva, siguiendo la
fórmula de Dragons
Lair, Space Ace
o Time Gail.
Memoriza y repite en el momento justo. En un claro guiño, el
piloto que encarnamos, sólo busca venganza familiar contra una
panda de moteros.
AUTODUEL:
Un
videojuego de rol, basado en el manual Car
Wars
de Steve Jackson.
El jugador es un piloto newyorkino del 2030 que tendrá que viajar
hasta Boston enfrentándose a pandilleros motorizados.
(AUTODUEL)
(ROAD AVENGER)
(ROAD WARS 2000)
VIGILANTE 8:
La secuela espiritual de Interstate 77, una ucronía que nos rebobina a 1975, a una crísis energética y del petróleo mundial que colapsa la economía y el estilo de vida norteamericano, lo de siempre como podéis ver. Un equipo de élite de conductores de la Oil Monopoly Alliegance Regime debe combatir en convoy por las carreteras a la banda conocida como Los Coyotes, y ya está todo dicho. Tuvo una secuela inclusive.
FIRE AND FORGET:
Titus nos trajo en 1988 éste “simulador” de conducción arcade postapocalíptica, en el que conduciendo un coche muy parecido al Interceptor, debíamos proteger un convoy dirección Megacity. Su novedoso scroll parallax lo colocó en un podio a recordar junto Out Run o Chase H.Q.
QUARANTINE:
Otra vez un virus, sí, luego dirán que sólo Iker Jiménez lo veía venir, en fin. Al volante de un taxi, primo lejano del Interceptor, con una vista en primera persona al volante, recorreremos la ciudad post apocalíptica recogiendo clientes y cargándonos enemigos.
OUTLANDER:
Posiblemente la más infame imitación directa de Mad Max en tu super nintendo. El juego intercalaba fases de conducción en primera persona por el yermo, esquivando barricadas y disparando motoristas por la ventanilla, a una velocidad de caracol absurda, con plataformas en las que debíamos superar la fase saltándo niveles y disparando punks. Un bodrio que es mejor que caiga en el olvido.
MAD MAX: ROAD WARRIOR.
Tras el éxito de Fury Road, llegó a la nueva generación el videojuego de la franquicia oficial, por fin. Un sandbox motorizado que pecaba de un desarrollo monótono, pero que es indispensable para los fans.
(MAD MAX)
(BAD LANDS)
(VIGILANTE 8)
Hecha
ésta lista autodidacta, me ahorro mencionar la influencia de Max
en títulos como Rage
o Borderlands,
ni hablar de Wastelando de Fallout,
porque ya lo hice en su día en el blog, y prefiero recordar otras
manifestaciones ociosas inspiradas por Mad
Max, ahora, en tablero,
papel y lápiz:
DADOS
Y COCHES DE COMBATE:
CAR
WARS:
Tal vez el mejor lugar por dónde empezar, un juego de
rol basado en el combate vehícular. El mejor embajador para
simular el universo de Miller. Su
base creativa partía de la escasez de combustible, inspirándose en
Mad Max,
pero ya en 1981, proyectando el problema hasta el distópico
2030. No fue de los más populares en España, distribuido por
JOC, quedó eclipsado por El señor de los Anillos, La llamada de
Chtuluh o Stormbringer.
DEVILS
RUN:
Otro juego de rol para asaltos vehiculares
post-apocalípticos. No tengo ni idea de qué tal está, creo que no
ha sido traducido al español aún, pero que sepáis que existe.
DARK
FUTURE:
Fue un juego de estrategia con miniaturas, un
wargame,
absolutamente inspirado en Mad
Max, que gozó con una
gama de miniaturas modeladas por la casa reina, Citadel,
en los 80. Hoy es una codiciada pieza de coleccionismo pro los
warmongers de la old school.
GORKA
MORKA
Acabamos de mencionar Dark Future, pero Citadel,
ya con Games Workshop
en los 90, decidió sacar al mercado un juego de mesa de combates
sobre vehículos de combate, totalmente inspirado en Mad
Max pero cambiando a sus
pilotos por orkos de piel verde, para retroalimentar su universo
privado.
GAS
LANDS:
El más reciente wargame de lucha entre vehículos. En
ésta ocasión, nos vamos más allá en el tiempo, y viajamos a un
futuro en el que la élite se ha largado a vivir a Marte mientras La
Tierra se come a sí misma sumida en el caos y la anarquía. El
principal aditivo de éste wargame, es que es muy accesible, basta
con comprar coches de juguete escala Hot Wheels, y tunnearlos y
repintarlos a mano, a tu gusto, dándoles tu personalidad si eres lo
suficientemente maños, creando así una experiencia de hobby, a
parte de ociosa y social sobre la mesa.
KERO:
Un
juego de mesa menos exigente que los wargames, completo en su caja y
sin necesidad de usar tu imaginación como en los juegos de rol, ni
de andar pintando los juguetes de tus hijos e hijas. En un
postapocalítico 2471 el combustible escasea y es muy preciado, así
que no dejes que tu clan se quede sin ello.
PUNKAPOCALIPTYC:
Un pequeño wargame de escaramuzas, en el que las bandas del yermo más gamberro y delirante se enfrentarán a vida o muerte sobre la mesa de tu casa. El juego exige la compra de miniaturas, su posible hobby como el en Gaslands o Dark Future, y un poquito de paciencia por sus reglas que aunque caben en un libro pequeñito, tienen miga. Algunas de las miniaturas más carismáticas de la marca están muy inspiradas en Mad MAx, como Lord homoeroticus.
(LIBROS DE REGLAS DE CAR WARS Y DE DEVILS RUN)
(CAJA DE DARK FUTURE Y ALGUNAS DE SUS MINIS PARA COLECCIONAR)
(MANUAL DE PUNKAPOCALIPTYC Y LA MINI LORD HOMOEROTICUS INSPIRADA EN LORD HUMMUNGUS)
(MANUAL DE GASLANDS Y ALGUNOS EJEMPLOS DE COCHES DE JUGUETE CUSTOMIZADOS)
(KERO)
Y
seguro que podríamos seguir así días, pero creo que ya hemos dicho
bastante de Mad Max
y todo lo que le orbita copiando su estilo y universo. Me encantaría
que me dijéseis que desconozco, o que me dejo, porque me encanta el
mundo de los “coches que disparan”. Así que no os cortéis, el
cuadro de texto está ahí, para vosotros, o mi twitter, (que lo
cambié) @pixel_van_gogh .
Ahora,
me gustaría saber, si hubo algo anterior a Mad
Max que juntase tan bien
los coches de combate con el futuro postapocalíptico, y no, no me
vale Death race 2000,
que ya hemos hablado de ello.
Un
abrazo mutantes, y recordad, si os veo desde la ventana con una
manguera y una garrafa acurrucados junto a mi Pick Up, os pego un
tiro mangantes.