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jueves, 23 de abril de 2020

EL FIN EN FOTOGRAMAS - III : MAD MAX DE MILLER Y SU LEGADO


¿ROLLOS DE PAPEL O CILINDROS?

Qué pasa mutantes, espero y deseo que todos gocéis de la mejor salud posible, que tengáis suficientes latas de judías y rollos de papel higiénico. Y digo yo ¿por qué papel higiénico? ¿Nadie ha pensado que con un bidé no hace falta papel higiénico? Mirad los japoneses, con sus inodoros con chorrillo, y los occidentales riéndose, bueno, pues yo siempre he querido uno, y se que me compraré uno cuando me mude. Pero a falta de ese wc mágico, ¿por qué la gente tiene bidé en su casa y sólo lo usan para echar ropa sucia? Y si no tienes bidé, un manguerazo en la ducha, y ya está, no hace falta comprar cien rollos de papel higiénico, el apocalípsis no entiende de doble o triple capa, el apocalípsis entiende de válvulas y cilindros.
¿Me seguís? Sí, seguro que sí.
Hoy me voy atrever (ya que estoy de día libre) con una de las vacas sagradas de la ciencia ficción en el cine. Se que tiene una legión de fans, amantes y estudiosos que sabrán mucho más que yo, así que les pido que interpreten ésta entrada, como en realidad hay que interpretar todas las que escribo, como un resumen de mi percepción al respecto, y no una cátedra. De hecho, agradeceré cualquier comentario constructivo, corrección o puntilla en el área de comentarios.
Y sí, hoy vamos a hablar de Mad Max y su herencia, por lo que, si no quiero hacer un artículo de 20 páginas que lleve una hora leer, que no quiero porque sería una putada, voy a hacer el esfuerzo de sintetizar lo máximo posible, cosa difícil con mi pedantería innata, pero allá vamos.
Poneros a los Siniestro Total con “Max, estás hecho una pena” y a leer.

SALVAJES DE LA AUTOPISTA


1979, Australia, allí estaba el señor Miller. George Miller, a punto de estrenar una película de bajo presupuesto con poca ci-fi, mucha crítica social, mucha violencia, poco diálogo, pocas interpretaciones brillantes, pero que sentó el gérmen definitivo de las historias post cataclísmicas, no ene l acto, pero si en su secuela, que ya veremos, vayamos por orden, no nos emocionemos.



La idea, sospecho, era más bien hacer una película de justicieros, una nueva versión del “Vigilante” como lo había sido Charles Bronson, Clint Eastwood o Chuck Norris, que en vez de hacer cumplir la ley por su propia mano en una gran ciudad cosmopolita como la típica Nueva York, lo hacía en las autopistas australianas. Una peli “hard boil”, negra, de violencia policiaca gratuita con la venganza como leit motiv.

¿De dónde venía Miller cuandos e le ocurrió hacer Mad Max? Griego adoptado por Oceania, de familia numerosa, hermano de un gemelo, que estudió medicina con él, pero cuya verdadera inquietud era el cine, hobby que practicaba con su hermana, y que le otorgó algún premio escolar con cortos.
Finalmente se animó a aprticipar en unos talleres de cine en la universidad de Melbourne, donde conoció a alguien muy importante para Mad Max, Byron Kennedy, coproductor de la opera prima de Miller.
Acabada la carrera de medicina, Miller y Kennedy fundaron su pequeña productora, y Mad Max fue su primer largometraje, que con un presupuesto de 350 mil dolares logrado a pellizcos de todas partes (publicidad explícita dentro de la película mostrando marcas de consumibles, pro ejemplo), recaudó más de 100 millones en todo el mundo.
Mad Max, la locura máxima, Max el loco, sea como fuese, lo lograron.

Max Rockatansky, interpretado por Mel Gibson, será el sempiterno protagonista de la trilogía oficial, y en cierto modo el responsable del éxito del personaje. Cuentan los rumores, que Gibson llegó al casting sin la intención de participar, solo acompañando a su colega Steve Bisley que fue intencionadamente y se llevó el papel de Goose (que nuestros dobladores tradujeron sin cortarse ni un pelo como Ganso, literalmente claro, sin error al respecto). Gibson llegó allí con la pinta del que ha pasado una noche en el infierno, toledana en un bar de moteros en la carretera, ojeroso, con algún moratón y apestando a no haber dormido, y eso fascinó aal equipo de Miller y le dieron el papel protagonista.
Miller quiso que todo fuese lo más real posible, como una “docu película”, aunque suena muy bonito pintarlo así cuando no tenían ni un chavo y había que ahorrar de todas partes, y bueno, Gibson dio el perfil. Al hilo de ésto último, muchos dobles de la película eran auténticos moteros que hacían de extra por unas cuantas cervezas. La autenticidad estaba lograda.

Gibson venía de haber hecho una sola película, y de beber mucho alcohol y meterse en muchas peleas pese a su educación católica y conservadora (el cocktail moldeó al hombre que hoy todos conocemos, con excelentes películas y una polémica vida). El título de aquella era Summer City, dirigida por Cristopher Fraser. Quien iba a decirnos que una película en la que sólo escupía 16 líneas iba a catapultarlo al Olimpo de los actores. Dieciséis frases, sí, por eso anunciaba antes, que la pelicula brilla por sus carencias, pero la fórmula no explotó, si no que resplandeció. Miller dijo que era un gran fan del cine mudo, que para contar una historia no hace falta sonido, y casi lo consiguió, aunque insisto, que como excusa queda muy bien, en verdad me imagino a Mel borracho o de resaca cada día de rodaje.

Pero aquél experimento bizarro salió disparado como un cohete. Max era un policía de la brigada de carreteras llamada Patrulla de Fuerza Central, en una Australia del futuro cercano y distópico en el que la crísis económica había llegado al gran Kaboom. Las instituciones públicas carecían de recursos, el petróleo escaseaba, las pandillas criminales campaban a sus anchas. La crítica social a cerca de la mala gestión económica desde el estado y la por entonces muy en voga crísis del petróleo que presagiaba una quiebra mundial con el consecuente problema energético tanto industrial como doméstico, eran uno de los motores de la historia que aprovechaba Miller a meter como caballo de troya en una película de carreteras violenta y cruda, sangrienta, una road movie de persecuciones motorizadas y disparos que según Miller, surgió de su estancia como médico en un hospital, donde quedó horrorizado con los resultados de accidentes de tráfico.

Ups, crísis económica, barriles de petróleo gratis, gente que se va a quedar en al calle de aquí a unos años y tal vez la carretera sea su único hogar...no, no hablo ahora del 2022 imaginado pro Miller, hablo de nuestra actualidad, perdonad el “kit kat”. Volvamos a la película.



El problema de Max y Ganso en Mad Max, serán los pandilleros de El Corta Uñas, interpretado por Hugh keays-Byrne, que ya había hecho unas 4 ó 5 películas antes, pero que no se nota, un villano sobreactuado e histriónico. El tipo y sus muchachos se dedican a robar combustible para sus motocicletas, beber sin pagar, saquear, violar y matar. Un grupo muy caritativo.
Ya la mayoría habréis visto la peli, así que ¿para qué daros el coñazo y hacer ésto interminable? A la pandilla se le va de las manos la criminalidad, la lían a saco, y salpican a Max, quien se tomará la ley por su parte perdiendo la cordura, casi casi en un proceso kantiano tan terrible como el de Travis en Taxi Driver. Un descenso a los infiernos mentales y la desesperación, que no está especialmente bien rodado ni hace mucho intento de que el espectador lo note, pero por el que debemos hacer esfuerzo de imaginar para entender la leyenda que nació en aquella película.
Max Rockatansky, hombre de pocas palabras, arrastrando su desde entonces lisiada pierna coja, hombre de ley convertido en psicópata, lobo solitario, sin esperanza por la humanidad, obligado a seguir adelante al volante del verdadero protagonista, El Interceptor, un Ford Falcon XB modificado.

Porque los coches y las motos, siendo honestos, eran el verdadero gancho de la cinta. Una cinta que carente de todo lo mencionado antes, tenía adrenalina, violencia, gasolina, choques, disparos, explosiones, y cualquier caballo de troya o interpretación brillante sobraban.
A mi, la película me resulta mala, bastante mala, con su encanto de serie B, su nsotalgia de significar lo que significa, pero eso no la convierte en mejor, y son las agujas de los marca kilómetros los verdaderos protagonístas que marcan la dinámica, no ya de ésta, si no de toda la saga, e in cresccendo.

LA CONSOLIDACION DE LA LEYENDA, EL GUERRERO DE LA CARRETERA, 1981.


Ahora sí que sí, ya se montó el kilombo, Miller, realmente preocupado por la tensión nuclear, da un giro inesperado a la saga, aunque muy en consecuencia en un futuro cercano en el que todo estaba ya patas arriba, y es la guerra atómica. La Australia distópica de Miller explotó, se convirtió en un erial gamma, el yermo de los yermos, el wasteland de manual desde entonces, por y para siempre.
Si Mad Max me pareció una película mala, Mad Max 2 me parece fantasía pura, la consolidación de Max Rockatansky como leyenda definitiva, no en vano, la influencia absoluta en personajes de ciencia ficción sucesivos como Ken del Puño de laestrella del norte, o de nuestro habitante del búnquer de Fallout, entre otras. Miller y Gibson se pasaron el juego, habían definido un género.
Aquí si me postro y me quito el sombrero.



La autopista es ahora interminable, la civilización se da por concluida, la ciencia ficción se adueña del lore de toda la historia, los supervivientes se dividen en dos, lobos y corderos. Las vigas de los edificios vigilan en la lejanía las carreteras salpicadas de chasis saqueados y calcinados.
La anarquía es absoluta. A ley del más fuerte es la única verdad. Ya no hace falta nada más, ni un guión, ni un argumento, podríamos alargar la saga de Mad Max hasta el infinito convirtiendo cada entrega en un día más de la vida de un lobo solitario y nómada como Rockatansky, asqueado de la vida, conforme con el cataclísmo, rodando como una roca cuesta abajo sin objetivo ni plan, sencillamente sobreviviendo un día más, tras dormir unas pocas horas entre pesadillas de odio y venganza, con el recuerdo de sus seres queridos agonizantes tatuado en su memoria como combustible.

Bajo esa premisa, que sea lo que Dios quiera, ya está todo hecho.
Ahora, vayamos a lo importante, los verdaderos protagonistas, los vehículos. Oh Dios mio, aquí sí que te pasaste Miller, cambiamos los Ford por buggyes, hot rats, vehículos pesados tuneados con picas, chapas y calaveras, y la estética post atómica se definió para ser copiada docenas de veces en el cómic, el videojuego, la literatura y por supuesto, más películas, e incluso juegos de mesa. Ya hablaremos del legado de Max al final.

En la peli tenemos varios nuevos elementos, que se convertirán de ahora en adelante, en señas de identidad narrativas de la franquicia:

  • Max el nómada solitario: La figura de Rockatansky adoptará el rol de viajero solitario, que camina por no pararse, caminar o morir, que no quiere involucrarse en anda pero al final, acaba haciéndolo cuando algún personaje o situación penetra su armadura de odio e indiferencia y pulsa su botón de la humanidad, reavivando al justiciero que se forjó a caucho y sangre en la primera película. Mantendrá (en parte) detalles importantes como la falta de diálogos y su cojera ocasionada en la primera película, creando así una línea narrativa contínua, inmersiva y comprometida con el espectador.
  • El donaire: En Mad Max 2 aparece un rol nuevo que perdurará en las siguientes entregas, el donaire, un bribón superviviente que aporta las líneas y el humor que la franquicia requiere para convertirse en una cinta familiar de acción, cosa que no era la primera entrega ni de lejos, pero que Miller accedió a fomentar después, en pos de la distribución de éstas joyas de la acción. Fue necesario y acertado. En ésta entrega el donaire es el Capitán Gyro, interpretado pro el cómico Bruce Spence, a quien veremos también en la tercera entrega de la saga.
  • El Punk: Las pandillas, los nómadas de la carretera, son nuevos bárbaros motorizados, punks. Las crestas de colores, los tatuajes, los pendientes, scarificaciones, cualquier síntoma tribal y antisocial será bienvenido en una estética homo rebelde de cuero y cadenas de la que el más icónico de todos, en ésta entrega y me atrevo a decir que en todas, será Lord Humungus, Ayatolá del Rock N Roll, Señor del yermo, interpretado por Kjell Nilsson. Un personaje icónico que ha trascendido al subcosciente popular y su cultura.
  • Los afligidos: Siempre encontraremos un grupo de resistentes supervivientes del yermo que estarán siendo espoleados por los punks. Pedirán ayuda a Max, y aunque les cueste, alguno de los miembros de la comunidad conseguirá ablandarle, en ésta entrega esa responsabiliadd cae sobre el niño mutante, feucho, mudo, salvaje y belicoso como un animal entrenado, sin nombre, narrador en off de la historia al más puro estilo del mago Akiro de Conan (sólo que Conan se estrenó un año después, en el 82) interpretado por Emil Minty.

El vestuario, el tunning y el paisaje del sur de Australia lograron la magia de teletransportarnos al fin del mundo futuro.
No tengo ni una pega, es una cinta redonda, con toques de western, si cambiamos al pistolero por Max, y al pueblo del oeste por la refinería del páramo, y los apaches o bandoleros por los punkis. No en vano, haciendo un tirabuzón triple, Miller afirma que recibió gran inspiración del cine de samurais de Kurosawa, y ¿cuántas veces los que saben de cine nos han explicado el paralelísmo entre el western y los samurais? Para muestra un botón.
Si a parte cambiamos las escenas a caballo por carreras con boogyes y quads. Bingo. Magistral.



Max en ésta entrega encontrará a su más fiel compañero, un perro, un pastor alemán que encarna los valores que el ser humano ha perdido en su nueva edad de piedra post atómica. Y volviendo al tema de la inspiración japonesa, se convierte en la imágen del shinobi, el shadow dancer, el ninja y su perro. Aunque hay quien dice que ésto es un guiño a Un chico y su perro de 1975, film postapocalíptico y weird en el que un niño y su perro, llamado Sangre y que tiene poderes telepáticos, recorren un mundo devastado por la guerra.

MAS ALLA DE LA CUPULA DEL TRUENO


En 1985 se estrena la tercera parte de Mad Max y también Miller decía adiós a su gran socio y amigo Kennedy. Una alegría y una pena.
Max continúa su camino hasta Negociudad, un núcleo urbano post apocalíptico gobernado con guante de hierro por Tía Ama interpretado por la gran Tina Turner, quien a mi opinión, dio todo el pego con su cardado interminable y zoomórfico, y sus pendientes de muelles y bisutería de chatarra.
Por primera vez en la saga se añade un núcleo urbano, un espejísmo de neo sociedad, un caballo de troya sobre el poder, la economía y el gobierno.



Es la entraga más criticada y menos querida por los fans, pero yo la prefiero mil veces más que la primera. Añade el exotismo a la sociedad superviviente, turbantes, capas andrajosas, camellos y dromedarios, torneos deportivos sanguinarios, pan y circo, mentiras desde el poder, opresión, capitalismo...
Para mi lo tiene todo, sin olvidarnos de los vehículos, y un pasito más hacia adelante de un asunto que tímidamente ha ido siendo más recurrente y aceptado en la saga, las mutaciones por culpa de la radiación. Si ya en Mad Max 2 teníamos al niño salvaje, en Mad Max 3 tenemos a Maestro y a Golpeador, dos personajes tan icónicos como Hummungus. Sensacionales, imprescindibles.
El donaire vuelve a ser Bruce Spence que en ésta ocasión pone el mismo rostro, a un nuevo personaje, Jededdiah, que pese al cambio de nombre, Miller juega a sembrarnos la duda de si sigue siendo o no el capitán Gyro con otra identidad, y desde ahora, en lo que queda de saga, Miller va a a jugar mucho al despiste como con ésto, intencionadamente.

Tenemos a la comunidad infantil del “mundo del mañana mañana” tocando la tecla humana de Rockatansky una vez más, en un paralelísmo al “mundo de nunca jamás”, con los niños perdidos, que convierte a Max en un Peter Pan post atómico durante parte del metraje, y que seguro inspiró la estética de los niños perdidos del Hook de Steven Spielberg en los noventa.



Y todo junto crea una historia que a mi parecer vuelve a ser redonda, cargada de adrenalina, de aventura pura ochentera para toda la familia a la zaga de Golpe en al pequeña China, o las aventuras de Indiana Jones.

Pero sobre todo, la cúpula del trueno, esa bóveda verjada con cuerdas de puenting donde se enfrentan a muerte con armas de filo de boing en boing dos contrincantes, mientras los nómadas, chatarreros, scavengers y mutantes aplauden y jalean deseando que les salpique la sangre.
Es genial, irrepetible, la imaginación de Miller siempre sentando tópicos futuros, el universo más veces copiado o reinterpretado, una influencia generacional inmortal.

Como curiosidad, la película inspiró a 2 Pac y Dr. Dre para su videoclip del remic de California Love, copiando la cúpula y toda a estética del universo de Miller.

Y no quiero enrollarme más, que no llegamos...

FURY ROAD, LA GLORIA DE FURIOSA


Y en 2015, contra todo pronóstico, llegó Fury Road, y se armó la gorda por muchos motivos.



  1. Ciao Mel Gibson, hello Tom Hardy: Han pasado unos 30 años, Mel ya no está para reinterpretar sin dobles de acción a Max como a él le gustaban. O eso, o hacemos un Max abuelillo como pretenden con Conan y Schwartzenegger para la tercera entrega de la saga en ciernes desde hace décadas. Parece ser que la película tuvo que ser rodada en 2003, pero Miller no pudo y Gibson estaba con La pasión de Cristo.
    La cosa estaba complicada, si
    Miller va a traer de vuelta a Max, hay que cambiarle la cara, sin remedio. A las nuevas generaciones les daría igual, pero a los críos de los 80 que crecimos recreando las aventuras de Max con clicks de playmobile, no. Pero no había más remedio, debíamos acostumbrarnos a la cara del nuevo Max igual que James Bond ha cambiado de cara ya unas cuantas veces.
  2. ¿Por qué Mad Max y no Furiosa antes del Fury Road en el título? El protagonismo de Max en la peli es relativo. Max tiene cosas que no me cuadran como fan. Max no cojea en ésta peli ¿por qué? ¿Se ha curado? Vale que le cambiemos la cara, pero su historia debe seguir siendo la misma, debe ser cojo ¿no?. Sigue hablando poco, o en esta ocasión, menos que poco, ni mú.
    Yo, llegué a pensar que
    Miller estaba jugando conmigo, que Max no era Max, si no el niño mutante de la segunda entrega, que admiraba a Max y no sabía hablar, pero llegó a hablar porque es el narrador en off y según contaba llegó a ser jefe de su propia tribu...maldición, teoría por los suelos, pero llegué a hacer cábalas al respecto ojo, no me creía que Max era Max, creía que Miller me tendía una trampa argumental, me sembraba una duda. Pero no, sí es Max. Fue divertido hacer hipótesis.Furiosa, la verdadera protagonista, la reina indiscutible, una valkirya del yermo en manos de Charlize Theron, salvaje, bestial con el pelo al cero, y llegados a este punto, quizás, no merecía la pena duplicar la trilogía de Mad Max (porque Miller promete que será una nueva trilogía que completará una sextalogía), y hubiese preferido crear una nueva trilogía en el mismo universo, bajo el nombre y protagonismo total de Furiosa. Porque es que Max es un panoli en ésta peli, un pelele sufridor, aquí es Furiosa la que corta el bacalao, a la que aplaudimos, de la que queremos más. Hubiese sido como Red Sonja en el universo Conan. ¿por qué no? Entiendo que el nombre de Mad Max se vende solo, pero treinta años después no hubiese pasado nada.
    Hecho eco de mi fanatismo pro
    Furiosa, sí que hubo el absurdo debate de nuestra absurda sociedad actual y el más aún absurdo negocio del Hollywood, de que Fury Road era una película que empoderaba a la mujer, que Hollywood exige un cupo paritario en los repartos aunque no empareje con el argumento, con un claro mensaje feminista y de matriarcado que bla, bla, bla... Puta mierda de gilipolleces, viva Furiosa y punto. Me hubiese gustado más protagonista de Max, pero no puedo más que rendirme ante Furiosa. ¿A caso en la segunda entrega no teníamos punks claramente gays, sin mencionar el aceitoso cuerpo de Hummungus y nadie dijo tanta tontería? Si es que vamos para atrás como los cangrejos, siempre lo digo.



Con esos dos cambios tremebundos en la saga, todo lo demás fluye como la seda hasta considerarse la mejor película de acción de la historia, sin paños calientes. Una película que se centra 100% en los vehículos, las persecuciones, los asaltos en marcha (como a la diligencia del far west, recordad), el rock, y todo esto sin apenas CGI, respetando la naturaleza de Mad Max sin ninguna duda, sin pegas pese al papel secundario que encarna Rockatansky.

Una película llena de guiños, que como decía antes, me da la sensación de que a un fan ordenado de Max nos descuadra, y nos invita a hacer rompecabezas, porque... la caja de música que Max encontró en el camión de la 2, lo lleva en su poder una de las matronas; Porque vemos la gorra del capitán Gyro en el salpicadero de uno de los coches encalada en una calavera; Porque Max no cojea... ¿En qué momento del universo Miller ocurre éste ajetreado día de la vida de Max? Si queremos hacer una línea temporal con las otras tres entregas, nada cuadra, pero tampoco cuadraba que Bruce Spence hiciese dos personajes diferentes decía yo antes. Miller, eres un liante.
Y ahí está de nuevo Hugh keays-Byrne interpretando al villano de ésta nueva entrega, el caudillo Inmortan Joe. Cuánto amor.

La estética acepta y acurruca todas esas pequeñas características de la saga que Miller fue introduciendo poco a poco, como los pandilleros tribales, mutantes, ropajes exóticos y punks, el tunning salvaje... No falta de nada, Miller se da un festín postatómico que nos regala los 5 sentidos.

Más coches, más velocidad, más acción, mucha más acción, la saga se actualiza, pero no se reinventa, sigue tan pura como la segunda entrega, y no contento, Miller , nos promete otras dos secuelas en camino, de la que sabemos, la primera se titulará Wasteland.
No tengo pegas, tuve dudas existenciales, pero no pegas, un peliculón por mucho que me quiera hacer pajas mentales con los easter eggs.

¡Sed Testigos, Valhalla!

Merecidas fueron las 10 nominaciones a los Oscar y bien invertidos los 100 millones de dolares, que quién le hubiese dicho a Miller, que gastaría cuando dirigió la primera.
Felicidades, de todo corazón, que Max no muera nunca.

EL LEGADO EN PIXELS:



¿Cuántas veces he dicho que Mad Max sentó al cátedra del futuro post apocalíptico motorizado? Unas cuantas, y si hay que decirlo otra vez, pues se dice.
El mundo del videojuego sucumbió terriblemente a la estética Miller, acordámonos de:

  • ROADWAR 2000:

    En 1986
    Computer Game Published sacaba al mercado éste videojuego de estrategia por turnos, que inspirado en Mad Max nos ubicaba en unos futuros EEUU que habían sucumbido a un virus (vaya, vaya) mortal alcanzando el colapso capitalísta y demócrata hasta la anarquía. Así que podríamos encarnar un guerrero de la carretera que tras vencer unos cuantos clanes punks y de canibales mutantes, sería reclutado pro lo que queda del gobierno para rescatar 8 científicos que podrían crear la cura al virus. Para ello, recorreríamos el país por sus autopístas sorteando emboscadas motorizadas en cada estado.
    Un año después, se comercializó la secuela
    ROAD WAR EUROPA con una mecánica gemela.
  • ROAD KILL:

    En la primitiva
    X.Box de Microsoft se estrenó éste título de coches tunneados disparándose metralla en un mundo abierto. De 2003 y de mano de Midway , en la línea de Twisted metal, seremos el conductor de un vehículo improvisado y tunneado con chasis de Muscle Car, que desde la ciudad post apocalíptica de “Hell County” arrancaremos para liquidar bandas rivales, chatarrear, o lo que se tercie para convertirnos en el amo de las carreteras del condado. Es una versión moderna, o una sucesora espiritual de Roadwar pero sin estrategia, basicamente en el lore de una norteamerica colapsada por un virus (y dale vuelta al torno perico, esto significa que nos asustan más los virus que los kilotones desde hace décadas, y al final, mirad, hemos sucumbido).
  • BADLANDS

    El título ya lo dice todo, otra forma de referirse a los
    wastelands, el yermo y coches que disparan. Atari nos trajo en 1989 éste divertidisimo juego de circuitos a lo Super Off Road pero inspirado en un mundo post apocalíptico, con vehículos de combate. Un novedoso “scalextric” de combate multijugador muy divertido.
  • ROAD AVENGER:

    En 1985,
    Data East lanzaba el que posiblemente sea el más vistoso de todos los video juegos inspirados en Mad Max, un arcade con estética manga a cargo de los estudios Toei que en primera persona nos sentaba frente al volante de un primo lejano del Interceptor, cuya jugabiliad era la de una película interactiva, siguiendo la fórmula de Dragons Lair, Space Ace o Time Gail. Memoriza y repite en el momento justo.
    En un claro guiño, el piloto que encarnamos, sólo busca venganza familiar contra una panda de moteros.
  • AUTODUEL:

    Un videojuego de rol, basado en el manual
    Car Wars de Steve Jackson. El jugador es un piloto newyorkino del 2030 que tendrá que viajar hasta Boston enfrentándose a pandilleros motorizados.


(AUTODUEL)



(ROAD AVENGER)


(ROAD WARS 2000)


  • VIGILANTE 8:

    La secuela espiritual de Interstate 77, una ucronía que nos rebobina a 1975, a una crísis energética y del petróleo mundial que colapsa la economía y el estilo de vida norteamericano, lo de siempre como podéis ver.
    Un equipo de élite de conductores de la Oil Monopoly Alliegance Regime debe combatir en convoy por las carreteras a la banda conocida como Los Coyotes, y ya está todo dicho.
    Tuvo una secuela inclusive.
  • FIRE AND FORGET:

    Titus nos trajo en 1988 éste “simulador” de conducción arcade postapocalíptica, en el que conduciendo un coche muy parecido al Interceptor, debíamos proteger un convoy dirección Megacity. Su novedoso scroll parallax lo colocó en un podio a recordar junto Out Run o Chase H.Q.
  • QUARANTINE:
    Otra vez un virus, sí, luego dirán que sólo Iker Jiménez lo veía venir, en fin. Al volante de un taxi, primo lejano del Interceptor, con una vista en primera persona al volante, recorreremos la ciudad post apocalíptica recogiendo clientes y cargándonos enemigos.
  • OUTLANDER:

    Posiblemente la más infame imitación directa de Mad Max en tu super nintendo. El juego intercalaba fases de conducción en primera persona por el yermo, esquivando barricadas y disparando motoristas por la ventanilla, a una velocidad de caracol absurda, con plataformas en las que debíamos superar la fase saltándo niveles y disparando punks. Un bodrio que es mejor que caiga en el olvido.
  • MAD MAX: ROAD WARRIOR.

    Tras el éxito de Fury Road, llegó a la nueva generación el videojuego de la franquicia oficial, por fin. Un sandbox motorizado que pecaba de un desarrollo monótono, pero que es indispensable para los fans.

(MAD MAX)


(BAD LANDS)


(VIGILANTE 8)


Hecha ésta lista autodidacta, me ahorro mencionar la influencia de Max en títulos como Rage o Borderlands, ni hablar de Wastelando de Fallout, porque ya lo hice en su día en el blog, y prefiero recordar otras manifestaciones ociosas inspiradas por Mad Max, ahora, en tablero, papel y lápiz:

DADOS Y COCHES DE COMBATE:


  • CAR WARS:

    Tal vez el mejor lugar por dónde empezar, un juego de rol basado en el combate vehícular.
    El mejor embajador para simular el universo de
    Miller.
    Su base creativa partía de la escasez de combustible, inspirándose en
    Mad Max, pero ya en 1981, proyectando el problema hasta el distópico 2030.
    No fue de los más populares en España, distribuido por JOC, quedó eclipsado por El señor de los Anillos, La llamada de Chtuluh o Stormbringer.

  • DEVILS RUN:

    Otro juego de rol para asaltos vehiculares post-apocalípticos. No tengo ni idea de qué tal está, creo que no ha sido traducido al español aún, pero que sepáis que existe.

  • DARK FUTURE:

    Fue un juego de estrategia con miniaturas, un
    wargame, absolutamente inspirado en Mad Max, que gozó con una gama de miniaturas modeladas por la casa reina, Citadel, en los 80.
    Hoy es una codiciada pieza de coleccionismo pro los warmongers de la old school.

  • GORKA MORKA

    Acabamos de mencionar Dark Future, pero
    Citadel, ya con Games Workshop en los 90, decidió sacar al mercado un juego de mesa de combates sobre vehículos de combate, totalmente inspirado en Mad Max pero cambiando a sus pilotos por orkos de piel verde, para retroalimentar su universo privado.
  • GAS LANDS:

    El más reciente wargame de lucha entre vehículos. En ésta ocasión, nos vamos más allá en el tiempo, y viajamos a un futuro en el que la élite se ha largado a vivir a Marte mientras La Tierra se come a sí misma sumida en el caos y la anarquía.
    El principal aditivo de éste wargame, es que es muy accesible, basta con comprar coches de juguete escala Hot Wheels, y tunnearlos y repintarlos a mano, a tu gusto, dándoles tu personalidad si eres lo suficientemente maños, creando así una experiencia de hobby, a parte de ociosa y social sobre la mesa.

  • KERO:

    Un juego de mesa menos exigente que los wargames, completo en su caja y sin necesidad de usar tu imaginación como en los juegos de rol, ni de andar pintando los juguetes de tus hijos e hijas. En un postapocalítico 2471 el combustible escasea y es muy preciado, así que no dejes que tu clan se quede sin ello.
  • PUNKAPOCALIPTYC:

    Un pequeño wargame de escaramuzas, en el que las bandas del yermo más gamberro y delirante se enfrentarán a vida o muerte sobre la mesa de tu casa.
    El juego exige la compra de miniaturas, su posible hobby como el en Gaslands o Dark Future, y un poquito de paciencia por sus reglas que aunque caben en un libro pequeñito, tienen miga.
    Algunas de las miniaturas más carismáticas de la marca están muy inspiradas en Mad MAx, como Lord homoeroticus.

 

(LIBROS DE REGLAS DE CAR WARS Y DE DEVILS RUN)



(CAJA DE DARK FUTURE Y ALGUNAS DE SUS MINIS PARA COLECCIONAR)


(MANUAL DE PUNKAPOCALIPTYC Y LA MINI LORD HOMOEROTICUS INSPIRADA EN LORD HUMMUNGUS)


(MANUAL DE GASLANDS Y ALGUNOS EJEMPLOS DE COCHES DE JUGUETE CUSTOMIZADOS)


(KERO)


Y seguro que podríamos seguir así días, pero creo que ya hemos dicho bastante de Mad Max y todo lo que le orbita copiando su estilo y universo. Me encantaría que me dijéseis que desconozco, o que me dejo, porque me encanta el mundo de los “coches que disparan”. Así que no os cortéis, el cuadro de texto está ahí, para vosotros, o mi twitter, (que lo cambié) @pixel_van_gogh .

Ahora, me gustaría saber, si hubo algo anterior a Mad Max que juntase tan bien los coches de combate con el futuro postapocalíptico, y no, no me vale Death race 2000, que ya hemos hablado de ello.

Un abrazo mutantes, y recordad, si os veo desde la ventana con una manguera y una garrafa acurrucados junto a mi Pick Up, os pego un tiro mangantes.



miércoles, 4 de diciembre de 2019

DEATH RACE 2000, EL FUTURO Y LOS COCHES, INSEPARABLES

AL VOLANTE DEL FUTURO QUE NO LLEGA



Bienvenidos y perdón por la tardanza, pero es que el tráfico rodado por la multipista de 9 carriles puede llegar a resultar infernal para desplazarse uno desde el sector industrial hasta las colonias de ciudadanos con permiso corporativo de baja cualificación en las afueras.
Claro, si tuviese uno de esas aero berlinas eléctricas Tesla Urano 5000 no me comería nunca estos atascos por vía terrestre, de 3 horas de embotellamiento. Al menos, como mi turismo esta geodirigido vía satélite, voy viendo mis concursos favoritos en la holored sentado, me encanta la nueva temporada de “Resort terminal”, me parto de la risa con “Gladiadores sin pasaporte” y la que me está defraudando algo en su nueva trigesimoquinta edición pero nunca falla es “La casa del Cyborg”. Dios salve a la tele ¿Qué haríamos sin ella? Y a los coches, por supuesto.

¿Recordáis hace décadas a ese tipo...Musk...¿Elon Musk? Algo así, que presentó un prototipo de coche indestructible con estética poligonal cyberpunk bautizado no sin menos descaro como Cybertruck, y le salió el tiro por la culata, se cargó la ventana del auto en la primera demostración pública, ¡Ja! Vaya tiempos aquellos, qué época debió de ser para vivir el SXXI.



Musk , el Steve Jobs de los coches, un multimillonario cercano y dicharachero, carismático, un adalid del cyberpunk, cofundador de paypal, del futuro hyperloop, Solar City, Neuralink, involucrado en proyectos de colonización interplanetaria, y bla, bla, bla, Todo lo que trae entre manos supone un exabrupto inalcanzable para los más escépticos, un sueño para los más crédulos, y por eso mismo es quien es, un vendedor de bloques de hielo en el polo sur.
Su hambre de cambiar el mundo, no sin llenar su caja fuerte, parece casi filantrópico si obviasemos lo segundo, y esa pasión es lo que hace que medio planeta confíe en él. Tesla ha sido todo un éxito por el momento, y disponer de vehículos de alta gama eléctricos con semejante autonomia empezaba a convertirse en una necesidad acuciante antes de ayer, ahora falta que la producción abarate los costes suficiente en función de la demanda para que todos podamos disfrutar uno, pero sospecho que queda mucho gas y petróleo por gasta en el mundo aún, y que una vez la democratización del vehículo eléctrico sea total, ya nos atarán las pelotas con un nuevo cable hecho de tasas, impuestos, o lo que sea.
Y bueno, no vine a hacer un articulo de Musk, pero sí de coches y la ciencia ficción, así que no podíamos pasar por alto a éste mecenas del cambio, un ciber Miguel Angel moderno. Un excéntrico soñador, que se permite soñar y ahcernos soñar a lso demás, que quiere diseñar nuestro futuro, y eso es de agradecer, sospecho que es un fan de la ciencia ficción, y que como todos los soñadores de tungsteno, extraña el futuro que llevamos imaginando décadas y que a las puertas de 2020 no ha llegado aún.

No tenemos aero patinetes como en regreso al futuro II, ni vehículos híbridos para aire y suelo como en Blade Runner. El futuro se resiste aún, y mucho. A veces da la sensación de que lo están retrasando a drede, que especulan con el progreso. ¿Industrias de combustibles fósiles? ¿Hay que agotar los recursos actuales antes de pasar a la siguiente fase comercial e industrial? ¿Estamos preparados para llenar el cielo de vehículos turismo voladores?
Hace poco veía el prototipo Skaide BMW de un híbrido tierra-aire, un huevo móvil convertible capaz de salir volando de un chasis terrestre de tracción rodada gracias a unas hélices tipo dron. Pero no soñamos con … eso...con un “gorrocóptero” de Doraemon tapizado en cuero, no. Queremos turbinas de despegue vertical, y las queremos ¡Ya!. No podéis seguir especulando con nuestro futuro ideal malditos traficantes de futuro (digo ésto en calzoncillos alzando el puño por la ventana, los asiáticos fumando y jugando majong en la acera me increpan algo en un dialecto que mi traductor neuronal de Google no logra convertir al español con decencia ni sentido para mi).

Pero las grandes corpos de la ingeniería del motor y transporte no cejan en su empeño, Airbus trabaja en ello, Porsche y Boing unen fuerzas para sus futuros prototipos, NEC en japón testea su homogéneo volador, Toyota diseña el coche personalizable FunVII, y todas quieren ser la primera en romper ese vacío del mercado. Y ya no es el diseño lo importante, si no las prestaciones, y las lunas digitales con realidad aumentada o características multimedia también se han convertido en una prioridad de la I+D automovilística, sin olvidar el "piloto automático" geolocalizado vía satélite.
Seguro que como siempre, la industria irá más rápido que la legislación y volveremos a vivir momentos como el del vehículoautotripulado por localización GPS atropellando a un androide en Las Vegas.


Ostras, a ver si el futuro sí está ya aquí, pero resulta que nos lo ha traido Aliexpress en vez de la Tyrell.
Sea como fuere, los coches siempre han sido un elemento propio del futuro, da la sensación en la mente y el imaginario colectivo, que es el coche volador el que inaugurará una nueva era y que hasta que no lo veamos no será cierto. Motor económico mundial desde la Revolución Industrial y Henry Ford, medio de transporte por excelencia, objeto de deseo, joya de la corona del diseño y la modernidad, citando a Marianetti con su manifiesto poético del futurismo en 1909:

“Un coche de carreras es mas bello que la Victoria de Samotracia”

Algún día tendré que hablar de las vanguardias, pero hoy le toca al automóvil en una entrada de blog que es un extraño sueño de tungsteno, plácido, y diferente a los demás.

Cuando era crío coleccionaba cromos, y los que crecísteis en los 80 del SXX muy seguramente recordaréis la colección “Coches” de Motor16 si no recuerdo mal. Me parece ver un Ferrari F40 rojo en portada.
Aquél álbum traía algunos cromos de prototipos que ya por los 80 soñaban con el futuro, diseños lisos de una sola pieza, sin juntas, de carrocerías onduladas y carlingas moldeadas al viento, extrañas moles de metal tintadas con faldón tan bajo que no se veían los neumáticos... Y además, al final del album, había una zona de creación artística para los más peques, en la que nos invitaban a diseñar nuestro coche del futuro.
Recuerdo el mío, una especie de Interceptor con aletas en el capó y el tejado, faros retráctiles, y todo tipo de marcianadas salidas de la mente de un crío acostumbrado al cine de los 80, Mad Max, Knight Rider, etc... Una pesadilla de ingeniería similar al coche que diseñó Homer Simpson en la serie de animación que protagoniza.



Pero es que eran los prototipos que salían en el álbum, lo que más molaba de todo. Parecían burbujas cromadas con ruedas, fantasmas de la carretera, cápsulas tripuladas salidas de una ficción espacial.

Desde los 70, algunos prototipos estaban fuertemente inspirados por las películas de ciencia ficción, es un hecho, la música por sintetizador, los cómics franceses (con Moebius a la cabeza), era una década que ya añoraba el futuro como seguimos haciéndolo nosotros. Y en éste caso Europa tomo la iniciativa y no Asia ni EEUU. Bertone y Citroen abrieron al veda en los 70 arriesgando con diseños impensables. Y de ahí el Citroen Karin, todo un sueño de tungsteno , bello, anguloso y maravilloso, sobre todo en su interior.




Siguieron otros como el Ford Maya, o el Citroen Xenia, pero no eran tan atrevidos como lo pudo ser el Lancia Bertone Stratos, un auténtico misil cromado sobre ruedas salido de una novela pulp de “ a duro”.



En la misma línea el Maseratti Boomerang, inspirado por la serie de dibujos animados Transformers, dato literal.



Y desde oriente, se sumaban a la moda y presentaron el Insomnia y lo pusieron a correr en Lemans a finales de los 70. Su panel de control es de traca, una fantasía digital única.




Alfa Romeo lo petó con el Carabo y el Navajo, auténticos carros macarras cyberpunk.



¿Y qué me decís precisamente de los paneles de mando? Luces, pilotos y contadores digitales quisieron suplantar a las agujas, porque sí, amigos, antes de las pantallas táctiles y los ordenadores de a bordo hoy tan a la orden del día, había agujas y marcadores analógicos, así que en cierto modo, los siguientes modelos de “dashboard” son merecedores de considerarse el primer paso del vehículo actual.
El del Oldsmobile Inca es toda una verbena espacial con mandos de “Tie fighter” en vez de volante, toda una pasada para un crío de los 80 si ya lo flipábamos con el volante de la máquina arcade de Spy Hunter.



El del Lancia Orca, aunque tenía volante, estaba lleno de lucecitas increíbles y botones como Kit.



Y el mapa digital del coche del vector V8 pues vosotros me diréis, que chulada, parece salido de la barra de estamina de un videojuego de vehículos de combate.



En EEUU el primero que me viene a la mente es el Plymouth Slingshot, eso en 1988 sí era el futuro, sin duda, un 16 válvulas con un exterior en perla y negro, con una carlinga de apertura frontal que imitaba a un aeroplano de combate. Menudo un sueño de vehículo.



El Chevrolet Express era muy parecido, parecía un extraño vehículo de combate, o de policía como el que después aparecería en la película Demolition Man, un Ultralite de la General Motors, más moderno claro, ya de entrados los 90.





Porque pese a que la búsqueda del futuro en el mundo automovilístico suene a retro, y actualmente el reto siga siendo el vehículo aéreo, los diseñadores más soñadores no tiran la toalla de jubilar el presente y meternos de lleno en el futuro con estéticas bio técnicas como el BMW The Vision.



Y es que los coches y la ciencia ficción están tremendamente unidos, son protagonistas de docenas de historias, el Ford Taurus de Robocop, el Delorean de Regreso al futuro, el Ford Falcon “Interceptor” de Mad Max, el Lexus 2054 de Minority Report, el Audi RSQ de la asimoviana Yo Robot; Ninguna de esas películas serían lo mismo sin sus coches.

Y por eso mismo, hoy voy a hablar también de una película en la que los coches y el futuro distópico lo son todo.

DEATH RACE 2000


¡La carrera de la muerte del año 2000! Ya, calro, que me instalen a mi en el turismo un par de armas de fuego automáticas, ya veríais como me lo montaba en los atascos. 
En fin, así imaginaba Paul Bartel los coches y el futuro en 1975, pobre ingenuo.


Bartel, que proféticamente falleció en el 2000, año en el que imaginó esta loca distopía motorizada, fue un director y actor neoyorkino a quien debemos o hemos visto en títulos muy populares en la TV y el videoclub durante nuestra infancia como Piraña, Los Locos de Cannonball (le gustaban los coches a Paul, sin duda), la infame Munchies, Gremlins 2, o escape from L.A., por lo que sobra decir que la mayor parte de su desarrollo artístico sucedió en circuitos independientes y producciones de bajo presupuesto.
Death Race 2000 es sin duda su principal éxito junto a Private Parts, ambas gracias a la cooperación de su amigo Roger Corman, responsable de otra larga lista de títulos de dudosa reputación y otros más afortunados como La pequeña tienda de los horrores, El Cuervo o Los cuatro fantásticos.





¿De que va Death Race 2000? Podemos sintetizarlo con facilidad, una carrera de coches ultra violenta de costa a costa de los EEUU en un futuro sombrío gobernado por un tirano. Pero no vamos a conformarnos con ésto, oh no, Multivac sabe que no.

El gobierno de los EEUU ha asumido un control dictatorial tras la última hecatombe bélica, económica y social del siglo XX. Para fomentar la economía y entretener a la población, cada año organizan la retransmisión televisiva de La carrera de la muerte, en la que 5 vehículos con su piloto y copiloto, recorrerán la nación con dos objetivos.
Uno, ganar la carrera llegando el primero.
Dos, sumar puntos matando gente en el camino. Sí, habéis oído bien, un alegato de ultraviolencia desmesurada y demencialmente cómica en la que de forma surrealista, Paul Bartel predice el mecanismo del videojuego Carmaggedon. Atropellar varones adultos no da tantos puntos como atropellar mujeres, adolescentes, infantes...y los jubilados ya son el bonus especial. 1975, Sí , yo me he quedado sorprendido, ya que el cine de la época aún trataba de recuperarse de La Naranja Mecánica y su visión nihilista de la ultraviolencia hacía 4 años. Obviamente, éste film no tuvo nid e lejos la repercusión de la de Kubrick, ni los medios, ni es una película que podamos considerar siquiera buena siendo honesto. Pero poniéndonos en situación, es una película muy atrevida, muy irreverente, y seguiremos hablando de eso mismo un poco más adelante.

La carrera es una parodia distópica absoluta que uno no sabe si tomarse a coña, en serio, o 50/50. Es como Los autos locos en versión adultos. Los coches, son vehículos de combate con ese toque pasado de moda (ahora que es el 2020 casi claro, por eso insisto, hay que ponerse en situación) de un imaginario año 2000 que hemos dejado muy atrás ya en el rpesente. Parecen hot wheels de circuito infantil, con carrocerías carnavalescas, zoomorficas y exageradas y enormes cuchillas y armas como cuadrigas modernas de Ben Hur.
Los pilotos, tres cuartos de lo mismo, asumen roles exagerados de alter egos temáticos, entre el súper héroes y el personaje de dibujos de Hanna Barbera, ridículo al máximo. Tenemos en el elenco una cowboy fatal en su coche con cuernos vacunos, una demoledora nazi con su esvástica y todo en una especie de bólido-tanque, un Marco Antonio romano de palo, Sylvester Stallone en el papel del piloto gángster de los Chicago 30's que en ocasiones parece Paccino torciendo el morro en el papel de Tony Montana; Y por último a David Carradine como Frankenstein, un superpiloto mejorado biónicamente en quirófanos, el favorito, con su traje de super héroe barato de látex-cuero que podríamos confundir con un sumiso de mazmorra sadomaso bondage.


Dantesco todo. ¿Pero a que apetece verla?


Stallone y Carradine copan el protagonismo de ésta marcianada de culto, dos pilotos enfrentandos, rivales colosales, en una cinta que no hace ninguna gala de corrección política, y que como hablaba en otras pelis de la época, como Rollerball o America 3000, han envejecido de una insultante manera retrógrada que las convierten, en la equidistante era actual que nada tiene que ver con la distopía cruel y salvaje que imaginaron, en una ficción machista y gratuitamente violenta con un buen puñado de escenas que el Franquismo no censuró pero que hoy en día sí censurarían defensores y defensoras de ésto y de lo otro sin pararse a tratar de entender ni un momento que es una ficción, repetimos ficción, una vez más F-I-C-C-I-O-N, y que no tiene por que representar de forma exponencial ningún sector real de la sociedad, no pretende tener carácter educativo, y sólo responde a la imaginación, bizarra o no, del autor, que debe fluir libre sin atender a cánones éticos ni morales, aunque la firmase Srdan Spasojevic. ¿Por qué? Porque es una FICCION. Y con ésto no me posiciono en ningún caso que me caigan bien ni me parezca bien lo que hacen o hicieron ni Francisco Franco ni Spasojevic ¿vale? Que hay que ir con las manos en la nuca con la gente del SXXI como cuando la poli de Texas te pide que pares el coche a un lado de la carretera, porque todos tienen el ratón cargado y el dedo tiritando sobre el click.



La película presenta una sociedad hyperviolenta, alienada, que como en Rollerball, o en La naranja mecánica, necesitan su circo. Seguramente pretendió horrorizar al espectador de hace 40 años, mostrándole una caricatura grotesca de la sociedad americana, de su violencia innata enraizada en al sociedad, de la cosificación y la deshumanización, que acaba representada en un sainete sobre ruedas con mucha sangre hecha con botes de tomate frito, coches copiados de un reto escolar de carreras estudiantiles cuesta abajo, algunos pechitos al aire muy de revista, y Stallone cascándole un puñetazo a la playmate rubia y cateta que le hace las veces de copiloto, porque sí, porque su personaje Al Capone del Hacendado precisamente es eso, una caricatura del mal gusto machirulo y dominante de un líder del hampa.



Por lo demás, la pelicula incluye escenas de humor absolutamente absurdo, a lo Benny Hill pero con gore y coches de carreras, y ese pequeño intento de hacer sorna sobre el estilo de vida puramente americano, con un presidente de los EEUU que es un monigote, dando alguna puntada con hilo gordo a cerca de que los medios de comunicación están totalmente comprados al servicio del poder desinformando al espectador, y una pequeña moraleja revolucionaria y política que yo descifraría en clave de desencanto, pero no voy a hacer spoiler.

Como anécdota, reuniendo algunos de los actores que reúne, teniendo la solera que tiene, y prediciendo un futuro distópico, si empatizamos con la fecha de producción, los medios que seguramente tuvo la producción, y todos esos aspectos a poner boca arriba sobre la mesa antes de darle al mando a distancia, la película tiene un anecdótico pase cinéfilo, curioso, aunque no bueno.

Pero no podía quedar ahí la cosa, que va, en 2017 a alguien se le ocurre rodas Death Race 2050 con exactamente la misma premisa. El majadero que destroza cualquier atisbo de orgullo y humanidad que pudo tener el título original con éste remake es G.J. Echternkamp, que no tenía yo ni idea de quien era hasta que visualicé éste bodrio absoluto, y que tras investigar un poco, sigo sin saber quién es ni haber visto nada suyo. Lo peor de todo es que Roger Corman produció semejante ofensa a su película original.



Su revisión del clásico es si cabe, más absurda, más patética, con peor producción en retrsopectiva del tiempo pasado desde la original a la suya, y en fin, mala a rabiar, no voy a entretenerme mucho en hablar de algo tan malo.
Resumiré con que añade a la misma temática nuevos pilotos secundarios, manteniendo a Frankenstein encarnado ésta vez por Manu Bennet (el orco malvado e hiper carcterizado del Hobbit ), y repite la historia original, con licencias como añadir el fenómeno de la realidad virtual a la carrera televisada, y cambiar toda aquella morralla incorrecta de la primera, por chistes malos y situaciones sin sentido y efectos especiales de bazar ostentosos e ineficaces.
Pero en honor a la verdad, había que mencionar que semejante horror, que rivalizaría con Troll 2, existe, y no hace ni la mitad de gracia, ni logra transmitir la burla del estilo de vida y política americanas porque es tan mala, que no puede uno entrar en la onda sin avergonzarse.
O a lo mejor, teniendo en cuenta que Corman produjo esto, igual no he terminado de entender la película, aunque veo de lejos por donde quieren ir los tiros, pero no hay quien lo aguante. Delirante.


Atención, que uno de los documentos que aún no he podido cotillear, pero que pienso hacerlo a menos tardar, son los cómics de Death Race 2020 de Roger`s Corman Cosmic Comics, tienen una pinta pulp que no me quiero perder por nada del mundo.



El clásico de Corman, obtuvo una continuación cronológica de su universo con la trilogía Death Race de Paul W. S. Anderson (de quien ehmos hablado hace bien poco en el blog) protagonizada por Jason Statham, que retomaba la historia distópica original, dándola un acertado lavado de cara al gusto contemporáneo y consiguiendo cierto éxito comercial gracias a las tan deseadas escenas de acción y velocidad rodadas con medios actuales y un buen presupuesto. Pero de ésa trilogía y otros spin offs del universo Death Race de Corman, hablaré en un segundo capítulo de la entrada, porque esto se está iendo de las manos hoy, y no pretendo escribir la biblia, dosifiquemos, que aún me queda, y dediquémosle a ésta trilogía renovada el hueco que se merece en los sueños de Tungsteno.






Y POR SUPUESTO, VIDEOJUEGOS


Y como no podía ser menos, la distopía sobre ruedas, los duelos al volante, los destruction derby del futuro, donde mejor retratados han quedado es en los videojuegos.

Como la entrada de hoy, pese a que me está encantando, se hace demasiado densa, no voy a centrarme en un título en concreto, pero al igual que con esos modelos de coche real que hicieron y siguen haciendo volar nuestra imaginación, que menos que darles un repaso a granel.

Si hay un título que me encanta de coches compitiendo violentamente en el futuro, es F-Zero.
En ese clásico exclusivo de Super Nintendo, de 1990, firmado por Miyamoto, dios absoluto de la gran N en el panteón de seres supremos, pilotaremos vehículos futurístas, aéreos en ésta ocasión (un paso evolutivo imaginado por todos en la automoción), en aceleradas carreras en las que nuestro vehículo podrá quedar destrozado si no somos lo suficientemente hábiles.



La sensación de velocidad arrasó en el mercado de juegos de carreras de los 16 bits convirtiéndose en un pequeño portento técnico y un clásico inefable.
De hecho, se constituyó como saga, continuando en los títulos F-Zero X, F-Zero Maximum Velocity, F-Zero GX, F-Zero GP Legend y por último F-Zero Climax, y lejos de ser revisiones de carreras del futuro y poco más, como suele hacer Nintendo, incluye un trasfondo para darle profundidad al universo en el que se compite, narrando un almanaque de la historia de la competición, incluyendo eventos históricos, y mitificando pilotos. Todo éste universo expandido dio píe a una serie anime en japón incluso, lo que constata su éxito.

Hubo otros juegos intentando hacerse con el trono de la velocidad del futuro, como Wipe Out, de Psygnosis para Playstation, Saturn y PC en 1995. Las carreras del año 2052, dispuestas a hacer sombra al clásico susodicho de Nintendo, bautizadas como la F3600, carreras de anti-gravedad, con vehículos aerodeslizados. El jugador podía elegir diferentes vehículos pertenecientes a diferentes escuderías o equipos megacorporativos, y la historia sigue reduciéndose a lo mismo, ganar sin explotar en una curva. Nada nuevo, aunque a nivel técnico, la velocidad y los gráficos daban un salto exponencial respecto a su predecesor espiritual.



Hubo otros en el intento, como Mega Race, para PC, Sega CD y 3DO firmado por Cryo en 1993. Seguimos dándole vuelta al torno Perico, carreras futuristas y violentas, que en ésta ocasión, sí eran sobre ruedas.
El juego exprimía la tecnología 3D del momento e incluía secuencias digitalizadas de full motion video.
El juego aguantó una segunda y una tercera entrega, luchando contra el olvido.




Y entre carrera y carrera, no puedo despedirme sin mencionar Spy Hunter, el arcade con el volante más retrofuturista de la historia, que gozada era agarrar ese volante sudado en el salón recreativo y creerte Michael knight a los mandos de Kit. En aquel shooter vertical que ficcionaba las persecuciones de un espía modo 007 conduciendo su mortífero coche ultra tecnológico por la autopista.
Secuelas y una docena de ports avalan el incunable de Midway del 1983.



Y podríamos añadir otro porrón de títulos con coches de combate como protagonistas como Car Wars, Power Drift, Badlands, Fire & Forget, etc, etc, pero estos, aunque tienen coches armados y autopistas interminables, creo que más bien deben lo que son a Mad Max, que ya tocará otro día, con mimo, cariño, devoción y miedo por hacerle los honores necesarios.
Lo mismo con juegos de mesa y o rol como Gas Lands o Combat Cars.
Y por supuesto, seguro que me recordáis más títulos, o me descubrís muchos más del estilo, porque no lo se todo, ojalá.


Así que, perdón por el retraso, y hasta la próxima, que estoy oyendo como pita la alarma de mi buga aparcado abajo ene l callejón, y ya veo por la ventana que hay un par de punks llevándose los tapacubos, cojo el jamonero y bajo en bata. ¡Nos vemos en el futuro!