martes, 31 de diciembre de 2019

LORNA, SU ROBOT Y ALFONSO AZPIRI, SPACE MENOISE A TROIS


EL FUTURO NO SERA MAÑANA

Oh amigos cyborgs, mutantes, operarios de baja y media cualificación de la corporación, ninjas urbanos, cowboys, buzos, chupadatos, copias de identidad virtuales, fantasmas de unos y ceros, hybridos genéticos, aumentados, y aumentadas en general, hoy se cumple la profecía del calendario alienígena de Tungsteno, hoy entra el 2020, el año 0 del futurísmo, el verdadero inicio del fin, la conjunción astral y planetaria de la reaparición del décimo planeta X. Hoy, el futuro seguirá siendo mañana.
Porque esta noche pasadas las 23:59 de vuestra zanja horaria global, los coches seguirán sin volar gracias a turbinas o reactores verticales modo “harrier”, hoy un miembro biónico seguirá siendo una precaria hazaña de la medicina, hoy las pantallas holográficas y los interfaces flotantes de colores flúor seguirán sin responder a nuestros dedos, hoy decepcionantemente seguiremos sin disfrutar de emocionantes vidas paralelas en el dataverso virtual.
Pero la distopía sigue siendo real, porque sí habrá más desigualdad social, el rico será más rico y el pobre será más pobre, un nuevo país desaparecerá tras conflictos bélicos para fundarse un nuevo gobierno revolucionario más corrupto que el anterior tiránico, seguiremos padeciendo enfermedades sin cura, seguiremos comiendo alimentos ultraprocesados.
Estos años de la edad oscura del presente hemos visto el primero intento de clonar seres vivos, generaciones barridas por la droga, carne hecha en placas de petri y probetas, la moda de comer insectos, el imparable cambio climático, y el acelerador de partículas de Ginebra sigue dando vueltas.

El futuro es sin duda, un fraude terrible, un sueño que cuando comienzas a roncar plácidamente se convierte en pesadilla. Pero vamos a seguir esperando todo eso, los viajes a Marte, colonias en la Luna, realidad virtual profunda, sexo con hombres y mujeres sintéticos, corporaciones comprando países, y el ratón Mickey Mouse decidiendo qué puedes ver en tu pantalla, cuantos actores y actrices debe haber, cuántos han de ser heteros u homos, cuantos negros, blancos o amarillos, y cuál debe ser la ética correcta que debes adoptar para que el mundo siga engrasado, feudal, imperial, exactamente igual. Porque el Ratón Mickey Mouse no pretende borrar esa sonrisa de su cara, porque su sonrisa te hace feliz, y no quieres verle llorar, no quieres verle apretar los colmillos ni corretear por tu ano, adentrarse en tu recto y comerte de dentro a fuera mientras estás despierto.

Así que un paso más al futuro sin fondos de pensiones, al futuro sin jubilados, al futuro de la robotización y la desaparición de empleo, al futuro no sostenible, el futuro del disturbio que no sucederá.
Amaos los unos a los otros porque es lo único que cambiará de verdad el futuro, ni Bezos, ni Musk. Sólo los pequeños héroes (Dios salve a Spinrad). Viva el frente de liberación de la realidad.

Sí, la Tierra es una fase maravillosa. Aquí estoy, algo triste, porque en éstas fechas cada año me someto a unos días de soledad en los que pese a que trato de mantenerme ocupado, ejercito mis relaciones humanas sin límites ni trabas, e intento dejar de dejar para mañana lo que puedo hacer hoy, valga la redundancia, por sacarle provecho a mi soledad, hay algo en el ambiente navideño que a solas me roba la energía. ¿Es ver felices a los demás? Creo que no. No se qué es. Pero comer hoy arroz con chile y carne enlatadas, en pijama, mirando el reloj contínuamente porque me toca un turno de 10 horas laborales de noche y no quiero ir, tampoco ayuda.
Así que me he abierto una botella de St. Bernardus Abt 12, y he abierto el ordenador portátil. Se que llego (literalmente) sobre la campana, que he vagueado estos días, pero no doy a basto ni en soledad.
Sin duda mi conclusión es que el trabajo es el peor invento de la humanidad.

En fin, todo esto me pone un poco nostálgico, y me retraigo antes de avanzar, y pese a que escribí de cómic en la última entrada, tengo la necesidad de repetirme, con alguien que ha sido primordial en mi crecimiento intelectual de niño a adulto. Y ojalá alguien pudiese decir eso de mi alguna vez, y lo más curioso es que se que hay gente que lo sentirá igual en realidad, y que mi yo con otro alias, de otra época, al que pretendo asesinar (metafísicamente) definitivamente éste 2020 y del que no pronunciaré su nombre en ésta nueva identidad bloggera, ha sido influyente y decisivo para el crecimiento artístico e intelectual de muchas personas, soy consciente de que he dejado huella (no escribiendo éste blog, aún, si no en otra vida, en otra actividad) y ni siquiera con eso me contento ni me regocijo, nunca es suficiente, todo es poco.
Esta persona que iluminó mi imaginación y prendió mi inquietud como un eterno vertedero de neumáticos en llamas que nunca se apagará, fue Alfonso Azpiri.





AZPIRI, TECNO-HISTORIETISTA SUPREMO DE LA RELIGION DEL TUNGSTENO


1947, Madrid, familia de músicos y Alfonso Azpiri vino al mundo para dibujar y hacernos soñar.
Pronto en 1971 comenzó con historietas en la revista Trinca, la Pilote patria, una publicación Bruguera de Editorial Doncel de contenido flojo, soso, insustancial pese a su alta calidad de encuadernado e impresión, que junto al elevado precio de la publicación, no le permitieron envejecer más de 65 números, pero que al menos sirvió de trampolín para artistas como nuestro protagonista de hoy y Antonio Hernández Palacios (Doc Savage y Mac Coi).

Los que saben de cómic, no dudan en evidenciar la influencia de Victor de la Fuente en el estilo y evolución de Azpiri, pero a mi, desde mi ignorancia, no me lo parece, y no encuentro practicamente ningún parecido en el estilo entre ambos, y a nivel esencial, solo les veo compartir temáticas fantásticas y ficciones en sus obras, con especial dedicación a la anatomía humana, pero mientras Victor se posiciona en un arte clásico de la vieja escuela americana, más cercano a Frazetta, Azpiri evolucionó a un (voy a inventarme la etiqueta) “post-afrancesamiento” de la escuela humanoide con un trazo único muy modernista, de línea gruesa, que no abandona el boceto en el entintado y rompe violentamente la curva con los ángulos en tradicionales perfilados clásicos como cabellos y plieges textiles que conviven con suaves moldeados y siempre exuberantes contornos anatómicos.
Sin duda, único, auténtico, personal e inimitable. Sabes cuando tienes un Azpiri delante, no lo dudas.



La primera vez que abrí El pequeño País, con mi cacao soluble en la taza sobre la mesa una mañana de domingo, y mis galletas Tostarica, y vi a MOT nada volvió a ser igual, porque de repente, mi yo niño, puso nombre al fin al héroe de las portadas de videojuegos de mi Spectrum más alucinantes. Porque Azpiri creó personajes de historieta fascinantes, como la Lorna que hoy nos va a robar el tiempo y el corazón, y la sangre que se va del corazón a otros apéndices involuntariamente, pero si algo lo elevó a la cumbre fueron las portadas de videojuegos de la denominada Edad de oro del software Español, y no hace falta que os lo cuente Iker Jimenez en un programa de ovnis y fantasmas para que lo flipéis, porque si esos juegos vendían, la mayoría de las veces no era por el juego en sí, que solía pecar de aburrido, imposible, o de horribles gráficos, si no por la portada. La Edad de oro del software español, bien podría rebautizarse como “la edad de oro del marquetin español”, porque aquellos porductos, sin meterme en la complejidad de producción y programación que por entonces tendrían, no hubiesen supuesto un éxito en más de la mitad de las veces si no hubiese sido por ilustradores como Azpiri, Luis Royo o Juan Gimenez de quien ya hemos hablado en la Casta de los metabarones.
¿Que no es cierto ésto? Vale, al grano, caso práctico, el juego Abu Simbel profanation, del coloso de la era dorada, Dinamic, 1985, con Victor Ruiz al frente de Snatcho, Florentino Pertrejo y Santiago Morga, un juego tan injugable por su dificultad que la compañía ofrecía 50.000 pesetazas de la época como premio al primero que se lo terminase, ¿qué narices? ¿A caso alguien disfruta comiéndose sin morir un cocido de 5 kilos sólo por llevarse el vuelo a canarias en turista irlandesa y hostal de carretera sin pensión que ofrece el restaurante del ataque al corazón por ingesta de legumbres y chorizo? No. Pues Abu Simbel lo mismo, no era una experiencia divertida, era una putada que me río yo del Dark Souls, sólo con la diferencia de que Dark Souls es bonito, es bello, y Abu Simel ponía nombre de héroe de acción (Johnny Jones, te cagas) a una albóndiga azul con patas que saltaba de plataforma en plataforma esquivando arañas de 6 patas y gotas de ácido.
¿Qué hacía que yo imaginase que esa bola deforme azul con ojos inertes y sonrisa perenne fuese realmente Johnny Jones? La portada, la jodida y puñetera portada que lograba que igual que cuando movía con la mano un argamboy sobre la alfombra lo viese mover sus rígidas articulaciones como si fuese de verdad gracias a la imaginación, esa deformidad azul llamada johnny Jones en la televisión de tubo a la que enchufaba el spectrum 128 cobrase vida y fuese el héroe que Azpiri había dibujado en la portada de la cinta.
Y Dinamic se dio cuenta, porque Abu Simbel fue la primera de docenas de portadas que firmó Azpiri con ellos, y con otras muchas compañías como Topo u Opera.
No vendía el juego, lo vendía Azpiri. Dios salve al tecno-ilustrador de la ficción y fantasía españolas en 8 bits. Que Dios lo tenga en su gloria, porque ya no contamos con su compañía desde 2017, pero él es inmortal.

Es inmortal en todas aquellas portadas de videojuegos, inmortal en MOT, inmortal en Lorna, inmortal en las fotos que me tomé con él en diferentes salones del cómic y el video juego, inmortal su rúbrica y sus dedicatoria en las páginas en blanco de los tomos que le llevaba para firmar. Gracias Azpiri, de todo corazón, gracias, porque tú me hiciste soñar con las historias de Leo y MOT como nadie había hecho hasta entonces. Porque tú me hiciste descubrir el líbido infantil con tus heroínas imposibles. Recuerdo recortar de Micromanias y Hobbyconsolas todas tus mujeres anatómicamente imposibles y guardarlas en una carpetita secreta de mi habitación para ojearlas de vez en cuando pecaminosamente pero libre de maldad, ingenuo e inocente, vergonzoso, adentrándome en un terreno inexplorado para mi aún, tanto que un día oía que se abría la puerta, y me dio tanta vergüenza estar ojeando aquellas amazonas galácticas tuyas, destapadas y siempre erguidas, que lancé mis recortes por la ventana para evitar que mi padre me pillase babeando con dibujos. Pero claro, la vecina del patio se encargó de decirle a mi padre que su patio había recibido una lluvia de recortes de descocadas musas de combate y ficción. Mi rubor no pudo ser máximo, culpable de que me hipnotizasen aquellos cuerpos de tinta.

Comenzaba la entrada nostálgico, ñoño, con ese sentimiento de que el tiempo se te va como agua entre los dedos, y casi que se me empañan los ojos escribiendo estos recuerdos. Por eso Azpiri es tan importante para mi.

Portadas como Phantis, Megacorp, Ulises, Coloseum, Bronx, Stardust, Zona 0, Tuareg, Silent Shadow, o Rescate en el golfo, alimentaron mi imaginación por siempre, me motivaron y empujaron a hacer mi propias historietas en cuadernos (¿en qué papel reciclado se habrán convertido?), mis primeros y vergonzantes relatos breves (aunque con alguno gané algún concurso escolar), y fantasías y proyectos infantiles de todo tipo.
Gracias otra vez y no me canso.





Y así, Azpiri paseó por Cimoc, por Penthouse Comix, por Heavy Metal, siempre haciendo gala de su sátiro interior, de su amante empedernido, de su lascivia, de su deseo, de su respeto a la mujer, madre, dadora, amante, heroína, con mujeres de ensueño seductoras, dominantes, hermosas, aunque sin querer enturbiar su honra (Dios me libre por al admiración que le tengo y lo que supuso su obra para mi) no siempre orgullosas ni empoderadas. Y ahí aparece Lorna, la coprotagonista de hoy.

Añadamos otros logros desbloqueados como sus pinitos en el cine con diseños de El caballero del dragón, un olvidadísimo film cargado de originalidad dirigido por Fernando Colomo (Bajarse al moro, El efecto mariposa...) con aquella mítica y ochentera jugada de hype dando un papelito al ya entonces todopoderoso Miguel Bosé, que mezclaba fantasía y ciencia ficción con toques de oscurantismo. Una película que seguro representa un clásico del género para algunos consagrados directores de hoy.

LORNA, DE NINFOMANA GALACTICA A HEROINA CERCENADORA DE MIEMBROS


Cuando Azpiri dibuja en la revista Mastia a mediados de los 70, Star Wars de Lucas irrumpe como un tsunami en nuestras vidas a través de las pantallas de cine, nunca volveríamos a ver la galaxia de la misma forma, y el concepto y la tendencia de la space opera cambiaría para siempre. Mira, qué curioso que éstos días estamos viviendo el final de lo que empezó entonces.
Alfonso crea para la publicación a Lorna, una despampanante femme fatal del espacio acompañada siempre de su robot. Según cuenta el propio Azpiri, fue precisamente la nueva moda y admiración que todo el mundo sentía por La guerra de las galaxias, que modificó los bocetos iniciales del primer robot por uno nuevo más parecido al androide de protocolo y traducción más famoso de la historia, C3PO, solo que el robot de Lorna, no tenía ni protocolo ni conocía idiomas, aunque se le daba muy bien la lengua, y sin faltar al respeto, la historieta pudo haberse llamado “la guarra de las galaxias”, porque el robot era un androide sexual que necesitaba litros y litros de 3 en 1 para seguir funcionando y saciar el infinito apetito sexual de su dueña, Lorna.
Y esa era la premisa, un cómic erótico festivo, de destape, no pornográfico (nunca se mostraban escenas explícitas, penetraciones, ni órganos genitales de ningún sexo) pero picante sin mayor pretensión que hacer reir y subir el color de algún lector que por aquél entonces, calentito aún el ataúd de Franco, o leía la Mastia o se iba a Francia a ver películas guarrillas.
Efectivamente eran otros tiempos, otra forma de entender la sexualidad, con poca libertad sexual, tabúes, vedettes de revista, pero mucho vicio y poco puritanismo pese a ir a misa cada domingo. El destape.
Y para bien que hemos evolucionado (o eso creo) no solo en la libertad sexual individual de cada uno, en quitarnos pudores y en normalizar conductas saludables consentidas entre adultos, si no materia de machismo que iba unida sinequanon a la sexualidad, como un chicle sucio a la suela de un mocasín pasado de moda. Porque aunque hago hincapíe en que eran otros tiempos, Lorna era una mujer florero, ninfómana, que cedía gustosa a violaciones de mal gusto y poca comedia (porque hoy en día a mi ninguna violación puede parecerme cómica) por alienígenas y terrestres de toda la galaxia. Yo ni había nacido, no se que decir al respecto de lo correcto, vanguardista, casposo o lo que fuesen las historietas de Lorna en aquellos comienzos de Mastia, pero tal vez solo fuese material para pajilleros fantasiosos, que actualmente me parecen de mal gusto.



Y no solo de mal gusto, ya que el dibujo de Azpiri aún estaba en evolución, no había alcanzado su zénit, estaba en una adolescencia fea, de esa con acne, y gaznate pronunciado, con ropa desconjuntada sin planchar... Era un polluelo desplumado con una apariencia a caballo entre el tebeo patrio más tradicional acercándose a Ibañez, Escobar, Vázquez o Jan, y las historietas verdes “S” de El Papus o El Cuervo
Lorna acaparaba el protagonismo artístico, mientras que sus “amantes” o fornicantes solían tener peor acabado, quedando claro el objetivo de que el elctor solos e fijase en Lorna, un poco en la metódica habitual del porno enfocado a público masculino.
Dentro del desaguisado sexual que suponían las aventuras de Lorna y su robot, se incluían continuos toques de humor y caricatura que incluyen versiones absurdas de la propia Star Wars o incluso de El Señor de los anillos. Y es que Gandalf y su báculo no podían resistirse a los persuasivos encantos de Lorna.
Lo más curioso es que pese a la vanalidad de las aventuras sexuales de Lorna en aquellos años 70, Azpiri trató de darle un sentido al personaje, dentro de lo absurdo y la “jaimitada” que sus aventuras representaban, y cada historieta enlazaba con la siguiente, creando un pequeño y tímido transfondo, un universo propio que no eclosionaría en aquella modalidad de historieta, pero que anunciaba que no iba a dejar morir a Lorna en el género destape, que pretendía llegar más allá con ella. Incluirá personajes secundarios persistentes, y otros elementos que ayudarán a la maduración del personaje.

Y llegaron los 80, y luego los 90, y Lorna evolucinó con los tiempos, y se adaptó, y ahí se me crea la duda de si Azpiri en Mastia sólo hacía lo que le pedían, estaba conforme con aquella casquibana y promiscua de las galaxias que se empotraba a todo ser viviente y sintético hasta dejarlo extasiado y sin baterías, y la hizo evolucionar acorde con los gustos de la sociedad y el nuevo target, o si realmente él quiso crear una heroína icónica desde el principio. ¿Obligaciones de guión o libertad creativa? No veo clara la línea que separa una cosa de la otra en el caso de Lorna y me fastidia, me deja un sabor agridulce.
Pero Lorna evolucionó y se posicionó como heroína de la ciencia ficción dejando atrás el rol de puta insaciable y sumisa. Se convirtió en una puta orgullosa e independiente. Y que nadie se ofenda con lo de puta por favor, no caigamos en la desnaturalización reinante de las morales equidistantes y superiores. Las cosas por su nombre y con el debido respeto.
El dibujo y el entintado de las obras crecieron en calidad exponencial convirtiéndose en un must estilístico y añadiendo valor al aún polémico enfoque de las historias de nuestra protagonista.



Junto a Cidoncha (que aún ni lo había mencionado, guionista de Lorna, que egoísta por mi parte porque tiene tantya culpa o más que Azpirin en todo esto) la rubia de generoso busto y espinazo hecho a compás continuó recorriendo la galaxia, pero su objetivo dejó de ser poco a poco tirarse a todo ser del cosmos y quitarse el picor del parrús, pese a que de forma paulatina fue evolucionando en sus deseos, ansias y necesidades sexuales titánicas y descomunales. Lorna continuó siendo una musa, oscuro objeto de deseo, pero tebeo a tebeo, fue consolidándose como una mujer de su época en cada cómic editado, aunque esto me parece, desde mi puinto de vista en el 2020, lamentable que siguiese siendo un personaje sumiso y atado a la opinión masculina hasta casi sus últimos números, y hubiese sido mucho más iompactante si Azpiri y Cidoncha la hubiesen adelantado a su época, ya que en realidad, era una mujer del futuro, y eso debía de haber representado desde el minuto uno, pero su nacimiento fue muy distinto, y supongo, les costó matar a su esclava sexual de fantasía de la noche a la mañana.

Entrega a entrega, Lorna iba resistiéndose a las violaciones a las que en sus inicios se entregaba encantada (puagh), cercenaba miembros de machirulos alienígenas sedientos de sexo como una Lorena Bobbit espacial, y consumaría tórridas escenas que no abandonaría nunca en ningún tomo, solo con amores platónicos que como protagonístas no le llegaban ni a la suela de los tacones. Se consolidó, gracias a Dios, como una amazona galáctica poderosa, fuerte, con control sobre sus deseos sexuales y guiones finalmente interesantes, aventuras emocionantes de búsquedas espaciales, rescate de planetas, recolección de botines místicos de civilizaciones alienígenas olvidadas, y todas las tramas habituales de la space opera de “a duro”, siempre provocativa, sus creadores nunca renunciaron a que pasease por cada viñeta con los pechos al aire y en escorzos seductores imposibles de “good girls” hipersexualizadas como ocurría en Cuentosde la era Xenozoica pero multiplicado por 10.

Esta sana pero incompleta evolución hacia lo que hoy consideramos como heroína de tomo y lomo se produjo en un largo proceso de 8 tomos:

  • Lorna (compilación de su época de la revista Mastia)
  • Las nuevas aventuras de Lorna y su robot
  • Mouse Club (donde comienzan a percibirse los primeros cambios tanto en estilo como en argumento)
  • Leviatán (una versión libre de Mobby Dick que comienza a presentarnos la Lorna heroína moderna)
  • El arka (comienza la verdadera evolución de Lorna hacia heroina, siempre picante y destapada pero heroína, con historias más profundas y maduras, que se continuará y mejorará de aquí en adelante)
  • El ojo de dart-ang-gor
  • Sombras perdidas
  • Las torres negras
  • Rescate


¿Satisfecho con el personaje en cuestión? No mucho, pero la nostalgia es un arma poderosa, y Lorna llegó para quedarse, así lo quiso su creador, y nunca dejó de ser lo que era, una venus con pistolas láser. 
Recomendaría directamente empezar con Lorna “en serio” desde el título Leviatán y tratar de obviar su pasado de Mastia, porque hay cosas, que no envejecen tan bien como el vino, no señor, y no es un pasado del que estar especialmente orgulloso pese a que su intencionalidad, su venta y su target estaban enfocados al destape.

Aquí mi reflexión personal, a riesgo de que se me malinterprete:
El cuerpo humano es bello, femenino y masculino (el mio no pero bueno), y el desnudo no debe escandalizar a nadie, ha de tratarse con naturalidad, y si Lorna se siente cómoda surcando el espacio desnuda, bienvenida sea. Si Azpiri quiso crearla así ¿Quienes somos nosotros para juzgar su imaginación? Nadie. No se debe censurar la exuberancia, y la hipersexualización no me parece ni mala ni insana. Cada cual crea a sus personajes como desea, célibes, castos, pendones o infieles, me da igual, son igual de enriquecedores si están bien formados.
Respecto al sexo, tampoco hay nada de malo en creaciones sexuales que fomenten la actividad sexual continuada, desinhibida, libre, entre ninguna persona ni personas. Y en multitud de ficciones encontraremos escenas de violación, porque desgraciadamente, existe la violación desde que el mundo el mundo, y por fortuna, el ser humano, inventó las leyes también, y lapena es que no se cumplan debidamente o no eviten semejantes atrocidades.
Dicho esto, me incomoda de cualquier modo que una violación sea frivolizada en cualquier tipo de ficción. Entiendo la necesidad de una escena que incluya una violación en una ficción, pero no creo que sea saludable ficcionar que la victima la disfrute de manera automática y que incluso quiera repetir. Cuidado con esto.
Y sin querer ser más papista que el Papa, que cada uno ficcione lo que le de la gana, que ya seré yo quien decida si leerlo o no, verlo o no, siempre teniendo claro que está en el marco de una ficción.
Nunca lo saquemos de ese marco. No es No.
Lorna debe ser ejemplo del poder de la mujer a decidir llevar la vida que desee y tener pleno control sobre ella, sus decisiones y su cuerpo. Y cuando es NO, rayo láser a la entrepierna!!. Y si es SI con un Klingon, un Mandaloriano y tres súcubos Eldar, si todos están por la labor, que corra el champán y no juzguemos a nadie por querer disfrutar en armonía como cada uno quiera.
No se es más puta por saciar más tus necesidades cuantas veces quieras como quieras.



Dicho esto, Lorna, mi primer amor platónico de la infancia junto a Turbo Girl, Hundra y Sabrina Salerno, se convirtió en el icono que aspiraba ser.
Tuvo su propio videojuego a cargo de la clásica Topo Soft (una birria de juego por otro lado, que si vendió algo fue por la ilustración, todo sea dicho de nuevo) y que hace relativamente poco, antes de la despedida final del maestro en la Tierra, estuvo a punto de resucitar en carne y hueso mediante un proyecto de mecenazgo que prometía el rodaje de una película homónima, proyecto que llevaba en el aire, de mano en mano y despacho en despacho, décadas.
En 2015 se comenzó el proyecto, pero la rubia no tuvo suerte. Miguel Mesas junto el propio Azpiri estuvo al frente del conato, con experiencia en FOX y Universal para largometrajes de bajo presupuesto fantásticos como Hércules y Clash of Titans.
Pero posiblemente, sea barbwire la inspiración más poderosa, intencionada o casual, que podremos encontrar en el cine de Lorna a fecha de hoy.



No exenta de polémicas, protagonizó una que enfrentó temporalmente a Azpiri contra Alex de la Iglesia, al incluir éste último un personaje femenino, sospechosamente similar a nuestra sexy heroína, de mismo nombre, encarnada por Carolina Bang en la serie Plutón BBRNero. En un principio se tildó de bulo o fake new, pero Azpiri confirmó su molestia al no haberle informado Alex de sus intenciones con el personaje.



También, y por supuesto, se ha intentado llevar a la animación en 2011 por Balieri Estudio, pero tristemente aquella nave espacial quedó a la deriva.



Por todo esto, Lorna es un imprescindible del cómic de ciencia ficción patrio, y a la vez del erotísmo o historieta “S”, y Azpiri una leyenda y un mito de la ilustración fantástica y cifi de nuestra cantera.

Un saludo maestro, allí donde estés, en la galaxia que hayas elegido. Con cariño.

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