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martes, 31 de diciembre de 2019

LORNA, SU ROBOT Y ALFONSO AZPIRI, SPACE MENOISE A TROIS


EL FUTURO NO SERA MAÑANA

Oh amigos cyborgs, mutantes, operarios de baja y media cualificación de la corporación, ninjas urbanos, cowboys, buzos, chupadatos, copias de identidad virtuales, fantasmas de unos y ceros, hybridos genéticos, aumentados, y aumentadas en general, hoy se cumple la profecía del calendario alienígena de Tungsteno, hoy entra el 2020, el año 0 del futurísmo, el verdadero inicio del fin, la conjunción astral y planetaria de la reaparición del décimo planeta X. Hoy, el futuro seguirá siendo mañana.
Porque esta noche pasadas las 23:59 de vuestra zanja horaria global, los coches seguirán sin volar gracias a turbinas o reactores verticales modo “harrier”, hoy un miembro biónico seguirá siendo una precaria hazaña de la medicina, hoy las pantallas holográficas y los interfaces flotantes de colores flúor seguirán sin responder a nuestros dedos, hoy decepcionantemente seguiremos sin disfrutar de emocionantes vidas paralelas en el dataverso virtual.
Pero la distopía sigue siendo real, porque sí habrá más desigualdad social, el rico será más rico y el pobre será más pobre, un nuevo país desaparecerá tras conflictos bélicos para fundarse un nuevo gobierno revolucionario más corrupto que el anterior tiránico, seguiremos padeciendo enfermedades sin cura, seguiremos comiendo alimentos ultraprocesados.
Estos años de la edad oscura del presente hemos visto el primero intento de clonar seres vivos, generaciones barridas por la droga, carne hecha en placas de petri y probetas, la moda de comer insectos, el imparable cambio climático, y el acelerador de partículas de Ginebra sigue dando vueltas.

El futuro es sin duda, un fraude terrible, un sueño que cuando comienzas a roncar plácidamente se convierte en pesadilla. Pero vamos a seguir esperando todo eso, los viajes a Marte, colonias en la Luna, realidad virtual profunda, sexo con hombres y mujeres sintéticos, corporaciones comprando países, y el ratón Mickey Mouse decidiendo qué puedes ver en tu pantalla, cuantos actores y actrices debe haber, cuántos han de ser heteros u homos, cuantos negros, blancos o amarillos, y cuál debe ser la ética correcta que debes adoptar para que el mundo siga engrasado, feudal, imperial, exactamente igual. Porque el Ratón Mickey Mouse no pretende borrar esa sonrisa de su cara, porque su sonrisa te hace feliz, y no quieres verle llorar, no quieres verle apretar los colmillos ni corretear por tu ano, adentrarse en tu recto y comerte de dentro a fuera mientras estás despierto.

Así que un paso más al futuro sin fondos de pensiones, al futuro sin jubilados, al futuro de la robotización y la desaparición de empleo, al futuro no sostenible, el futuro del disturbio que no sucederá.
Amaos los unos a los otros porque es lo único que cambiará de verdad el futuro, ni Bezos, ni Musk. Sólo los pequeños héroes (Dios salve a Spinrad). Viva el frente de liberación de la realidad.

Sí, la Tierra es una fase maravillosa. Aquí estoy, algo triste, porque en éstas fechas cada año me someto a unos días de soledad en los que pese a que trato de mantenerme ocupado, ejercito mis relaciones humanas sin límites ni trabas, e intento dejar de dejar para mañana lo que puedo hacer hoy, valga la redundancia, por sacarle provecho a mi soledad, hay algo en el ambiente navideño que a solas me roba la energía. ¿Es ver felices a los demás? Creo que no. No se qué es. Pero comer hoy arroz con chile y carne enlatadas, en pijama, mirando el reloj contínuamente porque me toca un turno de 10 horas laborales de noche y no quiero ir, tampoco ayuda.
Así que me he abierto una botella de St. Bernardus Abt 12, y he abierto el ordenador portátil. Se que llego (literalmente) sobre la campana, que he vagueado estos días, pero no doy a basto ni en soledad.
Sin duda mi conclusión es que el trabajo es el peor invento de la humanidad.

En fin, todo esto me pone un poco nostálgico, y me retraigo antes de avanzar, y pese a que escribí de cómic en la última entrada, tengo la necesidad de repetirme, con alguien que ha sido primordial en mi crecimiento intelectual de niño a adulto. Y ojalá alguien pudiese decir eso de mi alguna vez, y lo más curioso es que se que hay gente que lo sentirá igual en realidad, y que mi yo con otro alias, de otra época, al que pretendo asesinar (metafísicamente) definitivamente éste 2020 y del que no pronunciaré su nombre en ésta nueva identidad bloggera, ha sido influyente y decisivo para el crecimiento artístico e intelectual de muchas personas, soy consciente de que he dejado huella (no escribiendo éste blog, aún, si no en otra vida, en otra actividad) y ni siquiera con eso me contento ni me regocijo, nunca es suficiente, todo es poco.
Esta persona que iluminó mi imaginación y prendió mi inquietud como un eterno vertedero de neumáticos en llamas que nunca se apagará, fue Alfonso Azpiri.





AZPIRI, TECNO-HISTORIETISTA SUPREMO DE LA RELIGION DEL TUNGSTENO


1947, Madrid, familia de músicos y Alfonso Azpiri vino al mundo para dibujar y hacernos soñar.
Pronto en 1971 comenzó con historietas en la revista Trinca, la Pilote patria, una publicación Bruguera de Editorial Doncel de contenido flojo, soso, insustancial pese a su alta calidad de encuadernado e impresión, que junto al elevado precio de la publicación, no le permitieron envejecer más de 65 números, pero que al menos sirvió de trampolín para artistas como nuestro protagonista de hoy y Antonio Hernández Palacios (Doc Savage y Mac Coi).

Los que saben de cómic, no dudan en evidenciar la influencia de Victor de la Fuente en el estilo y evolución de Azpiri, pero a mi, desde mi ignorancia, no me lo parece, y no encuentro practicamente ningún parecido en el estilo entre ambos, y a nivel esencial, solo les veo compartir temáticas fantásticas y ficciones en sus obras, con especial dedicación a la anatomía humana, pero mientras Victor se posiciona en un arte clásico de la vieja escuela americana, más cercano a Frazetta, Azpiri evolucionó a un (voy a inventarme la etiqueta) “post-afrancesamiento” de la escuela humanoide con un trazo único muy modernista, de línea gruesa, que no abandona el boceto en el entintado y rompe violentamente la curva con los ángulos en tradicionales perfilados clásicos como cabellos y plieges textiles que conviven con suaves moldeados y siempre exuberantes contornos anatómicos.
Sin duda, único, auténtico, personal e inimitable. Sabes cuando tienes un Azpiri delante, no lo dudas.



La primera vez que abrí El pequeño País, con mi cacao soluble en la taza sobre la mesa una mañana de domingo, y mis galletas Tostarica, y vi a MOT nada volvió a ser igual, porque de repente, mi yo niño, puso nombre al fin al héroe de las portadas de videojuegos de mi Spectrum más alucinantes. Porque Azpiri creó personajes de historieta fascinantes, como la Lorna que hoy nos va a robar el tiempo y el corazón, y la sangre que se va del corazón a otros apéndices involuntariamente, pero si algo lo elevó a la cumbre fueron las portadas de videojuegos de la denominada Edad de oro del software Español, y no hace falta que os lo cuente Iker Jimenez en un programa de ovnis y fantasmas para que lo flipéis, porque si esos juegos vendían, la mayoría de las veces no era por el juego en sí, que solía pecar de aburrido, imposible, o de horribles gráficos, si no por la portada. La Edad de oro del software español, bien podría rebautizarse como “la edad de oro del marquetin español”, porque aquellos porductos, sin meterme en la complejidad de producción y programación que por entonces tendrían, no hubiesen supuesto un éxito en más de la mitad de las veces si no hubiese sido por ilustradores como Azpiri, Luis Royo o Juan Gimenez de quien ya hemos hablado en la Casta de los metabarones.
¿Que no es cierto ésto? Vale, al grano, caso práctico, el juego Abu Simbel profanation, del coloso de la era dorada, Dinamic, 1985, con Victor Ruiz al frente de Snatcho, Florentino Pertrejo y Santiago Morga, un juego tan injugable por su dificultad que la compañía ofrecía 50.000 pesetazas de la época como premio al primero que se lo terminase, ¿qué narices? ¿A caso alguien disfruta comiéndose sin morir un cocido de 5 kilos sólo por llevarse el vuelo a canarias en turista irlandesa y hostal de carretera sin pensión que ofrece el restaurante del ataque al corazón por ingesta de legumbres y chorizo? No. Pues Abu Simbel lo mismo, no era una experiencia divertida, era una putada que me río yo del Dark Souls, sólo con la diferencia de que Dark Souls es bonito, es bello, y Abu Simel ponía nombre de héroe de acción (Johnny Jones, te cagas) a una albóndiga azul con patas que saltaba de plataforma en plataforma esquivando arañas de 6 patas y gotas de ácido.
¿Qué hacía que yo imaginase que esa bola deforme azul con ojos inertes y sonrisa perenne fuese realmente Johnny Jones? La portada, la jodida y puñetera portada que lograba que igual que cuando movía con la mano un argamboy sobre la alfombra lo viese mover sus rígidas articulaciones como si fuese de verdad gracias a la imaginación, esa deformidad azul llamada johnny Jones en la televisión de tubo a la que enchufaba el spectrum 128 cobrase vida y fuese el héroe que Azpiri había dibujado en la portada de la cinta.
Y Dinamic se dio cuenta, porque Abu Simbel fue la primera de docenas de portadas que firmó Azpiri con ellos, y con otras muchas compañías como Topo u Opera.
No vendía el juego, lo vendía Azpiri. Dios salve al tecno-ilustrador de la ficción y fantasía españolas en 8 bits. Que Dios lo tenga en su gloria, porque ya no contamos con su compañía desde 2017, pero él es inmortal.

Es inmortal en todas aquellas portadas de videojuegos, inmortal en MOT, inmortal en Lorna, inmortal en las fotos que me tomé con él en diferentes salones del cómic y el video juego, inmortal su rúbrica y sus dedicatoria en las páginas en blanco de los tomos que le llevaba para firmar. Gracias Azpiri, de todo corazón, gracias, porque tú me hiciste soñar con las historias de Leo y MOT como nadie había hecho hasta entonces. Porque tú me hiciste descubrir el líbido infantil con tus heroínas imposibles. Recuerdo recortar de Micromanias y Hobbyconsolas todas tus mujeres anatómicamente imposibles y guardarlas en una carpetita secreta de mi habitación para ojearlas de vez en cuando pecaminosamente pero libre de maldad, ingenuo e inocente, vergonzoso, adentrándome en un terreno inexplorado para mi aún, tanto que un día oía que se abría la puerta, y me dio tanta vergüenza estar ojeando aquellas amazonas galácticas tuyas, destapadas y siempre erguidas, que lancé mis recortes por la ventana para evitar que mi padre me pillase babeando con dibujos. Pero claro, la vecina del patio se encargó de decirle a mi padre que su patio había recibido una lluvia de recortes de descocadas musas de combate y ficción. Mi rubor no pudo ser máximo, culpable de que me hipnotizasen aquellos cuerpos de tinta.

Comenzaba la entrada nostálgico, ñoño, con ese sentimiento de que el tiempo se te va como agua entre los dedos, y casi que se me empañan los ojos escribiendo estos recuerdos. Por eso Azpiri es tan importante para mi.

Portadas como Phantis, Megacorp, Ulises, Coloseum, Bronx, Stardust, Zona 0, Tuareg, Silent Shadow, o Rescate en el golfo, alimentaron mi imaginación por siempre, me motivaron y empujaron a hacer mi propias historietas en cuadernos (¿en qué papel reciclado se habrán convertido?), mis primeros y vergonzantes relatos breves (aunque con alguno gané algún concurso escolar), y fantasías y proyectos infantiles de todo tipo.
Gracias otra vez y no me canso.





Y así, Azpiri paseó por Cimoc, por Penthouse Comix, por Heavy Metal, siempre haciendo gala de su sátiro interior, de su amante empedernido, de su lascivia, de su deseo, de su respeto a la mujer, madre, dadora, amante, heroína, con mujeres de ensueño seductoras, dominantes, hermosas, aunque sin querer enturbiar su honra (Dios me libre por al admiración que le tengo y lo que supuso su obra para mi) no siempre orgullosas ni empoderadas. Y ahí aparece Lorna, la coprotagonista de hoy.

Añadamos otros logros desbloqueados como sus pinitos en el cine con diseños de El caballero del dragón, un olvidadísimo film cargado de originalidad dirigido por Fernando Colomo (Bajarse al moro, El efecto mariposa...) con aquella mítica y ochentera jugada de hype dando un papelito al ya entonces todopoderoso Miguel Bosé, que mezclaba fantasía y ciencia ficción con toques de oscurantismo. Una película que seguro representa un clásico del género para algunos consagrados directores de hoy.

LORNA, DE NINFOMANA GALACTICA A HEROINA CERCENADORA DE MIEMBROS


Cuando Azpiri dibuja en la revista Mastia a mediados de los 70, Star Wars de Lucas irrumpe como un tsunami en nuestras vidas a través de las pantallas de cine, nunca volveríamos a ver la galaxia de la misma forma, y el concepto y la tendencia de la space opera cambiaría para siempre. Mira, qué curioso que éstos días estamos viviendo el final de lo que empezó entonces.
Alfonso crea para la publicación a Lorna, una despampanante femme fatal del espacio acompañada siempre de su robot. Según cuenta el propio Azpiri, fue precisamente la nueva moda y admiración que todo el mundo sentía por La guerra de las galaxias, que modificó los bocetos iniciales del primer robot por uno nuevo más parecido al androide de protocolo y traducción más famoso de la historia, C3PO, solo que el robot de Lorna, no tenía ni protocolo ni conocía idiomas, aunque se le daba muy bien la lengua, y sin faltar al respeto, la historieta pudo haberse llamado “la guarra de las galaxias”, porque el robot era un androide sexual que necesitaba litros y litros de 3 en 1 para seguir funcionando y saciar el infinito apetito sexual de su dueña, Lorna.
Y esa era la premisa, un cómic erótico festivo, de destape, no pornográfico (nunca se mostraban escenas explícitas, penetraciones, ni órganos genitales de ningún sexo) pero picante sin mayor pretensión que hacer reir y subir el color de algún lector que por aquél entonces, calentito aún el ataúd de Franco, o leía la Mastia o se iba a Francia a ver películas guarrillas.
Efectivamente eran otros tiempos, otra forma de entender la sexualidad, con poca libertad sexual, tabúes, vedettes de revista, pero mucho vicio y poco puritanismo pese a ir a misa cada domingo. El destape.
Y para bien que hemos evolucionado (o eso creo) no solo en la libertad sexual individual de cada uno, en quitarnos pudores y en normalizar conductas saludables consentidas entre adultos, si no materia de machismo que iba unida sinequanon a la sexualidad, como un chicle sucio a la suela de un mocasín pasado de moda. Porque aunque hago hincapíe en que eran otros tiempos, Lorna era una mujer florero, ninfómana, que cedía gustosa a violaciones de mal gusto y poca comedia (porque hoy en día a mi ninguna violación puede parecerme cómica) por alienígenas y terrestres de toda la galaxia. Yo ni había nacido, no se que decir al respecto de lo correcto, vanguardista, casposo o lo que fuesen las historietas de Lorna en aquellos comienzos de Mastia, pero tal vez solo fuese material para pajilleros fantasiosos, que actualmente me parecen de mal gusto.



Y no solo de mal gusto, ya que el dibujo de Azpiri aún estaba en evolución, no había alcanzado su zénit, estaba en una adolescencia fea, de esa con acne, y gaznate pronunciado, con ropa desconjuntada sin planchar... Era un polluelo desplumado con una apariencia a caballo entre el tebeo patrio más tradicional acercándose a Ibañez, Escobar, Vázquez o Jan, y las historietas verdes “S” de El Papus o El Cuervo
Lorna acaparaba el protagonismo artístico, mientras que sus “amantes” o fornicantes solían tener peor acabado, quedando claro el objetivo de que el elctor solos e fijase en Lorna, un poco en la metódica habitual del porno enfocado a público masculino.
Dentro del desaguisado sexual que suponían las aventuras de Lorna y su robot, se incluían continuos toques de humor y caricatura que incluyen versiones absurdas de la propia Star Wars o incluso de El Señor de los anillos. Y es que Gandalf y su báculo no podían resistirse a los persuasivos encantos de Lorna.
Lo más curioso es que pese a la vanalidad de las aventuras sexuales de Lorna en aquellos años 70, Azpiri trató de darle un sentido al personaje, dentro de lo absurdo y la “jaimitada” que sus aventuras representaban, y cada historieta enlazaba con la siguiente, creando un pequeño y tímido transfondo, un universo propio que no eclosionaría en aquella modalidad de historieta, pero que anunciaba que no iba a dejar morir a Lorna en el género destape, que pretendía llegar más allá con ella. Incluirá personajes secundarios persistentes, y otros elementos que ayudarán a la maduración del personaje.

Y llegaron los 80, y luego los 90, y Lorna evolucinó con los tiempos, y se adaptó, y ahí se me crea la duda de si Azpiri en Mastia sólo hacía lo que le pedían, estaba conforme con aquella casquibana y promiscua de las galaxias que se empotraba a todo ser viviente y sintético hasta dejarlo extasiado y sin baterías, y la hizo evolucionar acorde con los gustos de la sociedad y el nuevo target, o si realmente él quiso crear una heroína icónica desde el principio. ¿Obligaciones de guión o libertad creativa? No veo clara la línea que separa una cosa de la otra en el caso de Lorna y me fastidia, me deja un sabor agridulce.
Pero Lorna evolucionó y se posicionó como heroína de la ciencia ficción dejando atrás el rol de puta insaciable y sumisa. Se convirtió en una puta orgullosa e independiente. Y que nadie se ofenda con lo de puta por favor, no caigamos en la desnaturalización reinante de las morales equidistantes y superiores. Las cosas por su nombre y con el debido respeto.
El dibujo y el entintado de las obras crecieron en calidad exponencial convirtiéndose en un must estilístico y añadiendo valor al aún polémico enfoque de las historias de nuestra protagonista.



Junto a Cidoncha (que aún ni lo había mencionado, guionista de Lorna, que egoísta por mi parte porque tiene tantya culpa o más que Azpirin en todo esto) la rubia de generoso busto y espinazo hecho a compás continuó recorriendo la galaxia, pero su objetivo dejó de ser poco a poco tirarse a todo ser del cosmos y quitarse el picor del parrús, pese a que de forma paulatina fue evolucionando en sus deseos, ansias y necesidades sexuales titánicas y descomunales. Lorna continuó siendo una musa, oscuro objeto de deseo, pero tebeo a tebeo, fue consolidándose como una mujer de su época en cada cómic editado, aunque esto me parece, desde mi puinto de vista en el 2020, lamentable que siguiese siendo un personaje sumiso y atado a la opinión masculina hasta casi sus últimos números, y hubiese sido mucho más iompactante si Azpiri y Cidoncha la hubiesen adelantado a su época, ya que en realidad, era una mujer del futuro, y eso debía de haber representado desde el minuto uno, pero su nacimiento fue muy distinto, y supongo, les costó matar a su esclava sexual de fantasía de la noche a la mañana.

Entrega a entrega, Lorna iba resistiéndose a las violaciones a las que en sus inicios se entregaba encantada (puagh), cercenaba miembros de machirulos alienígenas sedientos de sexo como una Lorena Bobbit espacial, y consumaría tórridas escenas que no abandonaría nunca en ningún tomo, solo con amores platónicos que como protagonístas no le llegaban ni a la suela de los tacones. Se consolidó, gracias a Dios, como una amazona galáctica poderosa, fuerte, con control sobre sus deseos sexuales y guiones finalmente interesantes, aventuras emocionantes de búsquedas espaciales, rescate de planetas, recolección de botines místicos de civilizaciones alienígenas olvidadas, y todas las tramas habituales de la space opera de “a duro”, siempre provocativa, sus creadores nunca renunciaron a que pasease por cada viñeta con los pechos al aire y en escorzos seductores imposibles de “good girls” hipersexualizadas como ocurría en Cuentosde la era Xenozoica pero multiplicado por 10.

Esta sana pero incompleta evolución hacia lo que hoy consideramos como heroína de tomo y lomo se produjo en un largo proceso de 8 tomos:

  • Lorna (compilación de su época de la revista Mastia)
  • Las nuevas aventuras de Lorna y su robot
  • Mouse Club (donde comienzan a percibirse los primeros cambios tanto en estilo como en argumento)
  • Leviatán (una versión libre de Mobby Dick que comienza a presentarnos la Lorna heroína moderna)
  • El arka (comienza la verdadera evolución de Lorna hacia heroina, siempre picante y destapada pero heroína, con historias más profundas y maduras, que se continuará y mejorará de aquí en adelante)
  • El ojo de dart-ang-gor
  • Sombras perdidas
  • Las torres negras
  • Rescate


¿Satisfecho con el personaje en cuestión? No mucho, pero la nostalgia es un arma poderosa, y Lorna llegó para quedarse, así lo quiso su creador, y nunca dejó de ser lo que era, una venus con pistolas láser. 
Recomendaría directamente empezar con Lorna “en serio” desde el título Leviatán y tratar de obviar su pasado de Mastia, porque hay cosas, que no envejecen tan bien como el vino, no señor, y no es un pasado del que estar especialmente orgulloso pese a que su intencionalidad, su venta y su target estaban enfocados al destape.

Aquí mi reflexión personal, a riesgo de que se me malinterprete:
El cuerpo humano es bello, femenino y masculino (el mio no pero bueno), y el desnudo no debe escandalizar a nadie, ha de tratarse con naturalidad, y si Lorna se siente cómoda surcando el espacio desnuda, bienvenida sea. Si Azpiri quiso crearla así ¿Quienes somos nosotros para juzgar su imaginación? Nadie. No se debe censurar la exuberancia, y la hipersexualización no me parece ni mala ni insana. Cada cual crea a sus personajes como desea, célibes, castos, pendones o infieles, me da igual, son igual de enriquecedores si están bien formados.
Respecto al sexo, tampoco hay nada de malo en creaciones sexuales que fomenten la actividad sexual continuada, desinhibida, libre, entre ninguna persona ni personas. Y en multitud de ficciones encontraremos escenas de violación, porque desgraciadamente, existe la violación desde que el mundo el mundo, y por fortuna, el ser humano, inventó las leyes también, y lapena es que no se cumplan debidamente o no eviten semejantes atrocidades.
Dicho esto, me incomoda de cualquier modo que una violación sea frivolizada en cualquier tipo de ficción. Entiendo la necesidad de una escena que incluya una violación en una ficción, pero no creo que sea saludable ficcionar que la victima la disfrute de manera automática y que incluso quiera repetir. Cuidado con esto.
Y sin querer ser más papista que el Papa, que cada uno ficcione lo que le de la gana, que ya seré yo quien decida si leerlo o no, verlo o no, siempre teniendo claro que está en el marco de una ficción.
Nunca lo saquemos de ese marco. No es No.
Lorna debe ser ejemplo del poder de la mujer a decidir llevar la vida que desee y tener pleno control sobre ella, sus decisiones y su cuerpo. Y cuando es NO, rayo láser a la entrepierna!!. Y si es SI con un Klingon, un Mandaloriano y tres súcubos Eldar, si todos están por la labor, que corra el champán y no juzguemos a nadie por querer disfrutar en armonía como cada uno quiera.
No se es más puta por saciar más tus necesidades cuantas veces quieras como quieras.



Dicho esto, Lorna, mi primer amor platónico de la infancia junto a Turbo Girl, Hundra y Sabrina Salerno, se convirtió en el icono que aspiraba ser.
Tuvo su propio videojuego a cargo de la clásica Topo Soft (una birria de juego por otro lado, que si vendió algo fue por la ilustración, todo sea dicho de nuevo) y que hace relativamente poco, antes de la despedida final del maestro en la Tierra, estuvo a punto de resucitar en carne y hueso mediante un proyecto de mecenazgo que prometía el rodaje de una película homónima, proyecto que llevaba en el aire, de mano en mano y despacho en despacho, décadas.
En 2015 se comenzó el proyecto, pero la rubia no tuvo suerte. Miguel Mesas junto el propio Azpiri estuvo al frente del conato, con experiencia en FOX y Universal para largometrajes de bajo presupuesto fantásticos como Hércules y Clash of Titans.
Pero posiblemente, sea barbwire la inspiración más poderosa, intencionada o casual, que podremos encontrar en el cine de Lorna a fecha de hoy.



No exenta de polémicas, protagonizó una que enfrentó temporalmente a Azpiri contra Alex de la Iglesia, al incluir éste último un personaje femenino, sospechosamente similar a nuestra sexy heroína, de mismo nombre, encarnada por Carolina Bang en la serie Plutón BBRNero. En un principio se tildó de bulo o fake new, pero Azpiri confirmó su molestia al no haberle informado Alex de sus intenciones con el personaje.



También, y por supuesto, se ha intentado llevar a la animación en 2011 por Balieri Estudio, pero tristemente aquella nave espacial quedó a la deriva.



Por todo esto, Lorna es un imprescindible del cómic de ciencia ficción patrio, y a la vez del erotísmo o historieta “S”, y Azpiri una leyenda y un mito de la ilustración fantástica y cifi de nuestra cantera.

Un saludo maestro, allí donde estés, en la galaxia que hayas elegido. Con cariño.

martes, 8 de octubre de 2019

LA PAJA EN EL OJO DE DIOS, POR NIVEN & POURNELLE


DOS MEJOR QUE UNO, TRES SON MULTITUD


Bienvenidos mis sectarios del Tungsteno ávidos y sedientos de sueños artificiales repletos de glitches y pixels fantasmas, polígonos y sprites. ¿Me habéis echado de menos? Maldición, esta pregunta es escupir hacia arriba, porque seguro que no. Tal vez me habíais dado por muerto, victima de alguna pandilla chatarrera en busca de órganos que vender e injertos que despiezar, asaltado en un callejón oscuro de Chiba, borracho y desarmado. O me habíais dado por fugado, cambiando de sexo en un quirófano barato de un veterinario sin título en el Budayén, con un buen par de melones y un pelucón morado despanpanante para huir del Zaibatsu y empezar una nueva vida como R-Actriz de R-Activos para adultos en Hong Kong. O sencillamente, que como el blog había cumplido un año ya en Septiembre, que me había aburrido de hacerme el interesante en un triste blog de la blogsfera, que nadie lee.
Pero nada de eso ha ocurrido, solo era que estaba de vacaciones, bien merecidas, celebrando entre otras cosas, ese primer año de bloggero pedante, insolente, ignorante, cuñado, graciosillo y petardo. Sí, ese soy yo, ya me conocéis, Pixel Van Gogh, alias el Shadow Dancer. Regreso de nueva Caledonia enamorado de sus nubes grises de tungsteno fundido, sus viejos muros negros y rojos de gótico victoriano steampunk, el carácter de los descendientes de los McDonalds y los McIntosh, la melodía de la gaita eléctrica, y la lluvia ácida de sus cielos fluorescentes. Enamorado. Estoy por cambiar mi partida de nacimiento de Pixel Van Gogh a Connor McMardigan, ponerme el kilt, y salir a patear cabezas con la cara pintada de verde y blanco del Celtic. Sí. Muy motivador.
Y no soy el único al que las tierras altas, los Glane, los loch y los Ben debieron inspirar, porque estas vacaciones, a parte del whisky transgénico y el haggish de ganado clonado, he podido disfrutar de lectura. He terminado un libro, que no podía haber venido más a cuento éstos deliciosos días de bruma y cuestas empedradas de adoquines milenarios, y esa ha sido la paja en el ojo de Dios (a partir de ahora en la entrada, LPEEODD, por agilizar), escrito por Niven & Pournelle, pareja bien avenida en el mundo de la literatura de ciencia ficción, que llevaron lo más lejos posible en parsecs su mundo futuro de El condominio, el cosmos colonizado del día de mañana. Y digo que no habría nada más apropiado, precisamente, porque en ésta novela soñaron con el sistema Nueva Caledonia, dentro del imperio humano de las estrellas del mañana.




Si a veces es complicado decidir entre dos personas cosas tan triviales como qué canal de televisión ver, qué hacer para comer, o de cuantas capas comprar el papel de limpiarse el culo, no me quiero imaginar como debe ser escribir un libro entre 2, aunque éste LPEEODD, casi que se escribió entre 3, nuestro amigo Heinlein metió mano por petición del dúo dinámico de los viajes espaciales en los 70, y creo que se nota.
Comencemos imaginándonos a Pournelle, norteamericano, periodísta, político, multi titulado universitario, experto en tecnología y aeronáutica... un cerebrito en toda regla, aficionado a los juegos de rol, y las tácticas militares que llegó a ser presidente de la Science Fiction and Fantasy Writters of America. Su mayor lucha no fue sin embargo las libradas por sus personajes galácticos, su escuadrón Falkon de mercenarios espaciales que protagonizaron varias de sus novelas, ni la guerra de Vietnam de la que fue un gran estudioso y defensor (colaborando con el gobierno en I+D al respecto), si no la que libró con el cáncer con gallardía y estoicísmo, no se si encomendándose o no, a Dios desde el catolicismo o el anglicanismo entre los que vino y fue durante toda su vida, inquieto e incoforme, hasta su despedida terrenal en 2017.

Niven debió ser algo así como un niño bien, descendiente y heredero de negocios petroleros de pingües beneficios, que no desaprovechó las oportunidades que le dió al vida, obteniendo varios títulos académicos como el de psicología y el de matemáticas, creador del Mundo Anillo y El Mundo Conocido, también flirteó con la espada y brujería. Guionista para Star trek y Más allá del limite, se convirtió en un mito de todos los fans de subculturas onanistas y adolescentes con acné que hoy nos hacemos llamar frikis, alcanzando el rango de leyenda viva homenajeado en videojuegos y juegos de cartas, y elogiado por Arthur C. Clarke como su escritor favorito.

Ambos no trabajaron sólo juntos en varias novelas, si no que con promiscuidad y alevosía, escribieron muchos más cuentos y novelas con otros escritores en una orgía creativa digna de experimentar e irrepetible. Ambos colaboraron en el plan de defensa espacial de Ronald Reagan. Y juntos llevaron el término o subetiqueta hard SCIFI a un nuevo nivel de reconocimiento y valor.

GOBERNABILIDAD EN EL FUTURO OSCURO


Si una novela es testigo de todo esto, es precisamente La paja en el ojo de Dios de 1974. La historia comienza precisamente con toda una declaración de intenciones, dos marines de las fuerzas interestelares debatiendo en una conversación en “off” el significado de la frase que alude a la parábola bíblica de la viga en el ojo ajeno y que da título a nuestra novela.
Imaginemos un futuro, una vez más, en el que la Tierra ya no es nada más que un planeta desolado, un estercolero atómico, víctima de la mala gestión de los humanos, la superpoblación, la polución y sobre todo las guerras, un guijarro esférico en el centro de cualquier mapa galáctico de la nueva humanidad, diseminada en diferentes planetas y sistemas, casi inabarcables en los márgenes de un imperio superado por la burocracia.
Los emigrantes que han ido colonizando con éxito esos sistemas abandonaron la Tierra hace miles de generaciones, llevando consigo sus raices, su identidad, y manteniéndolas con la tradición colonial de rebautizar sus nuevos hogares con el nombre de las ciudades que un día llenaron de gloria la boca de sus ancestros en canciones y relatos. Así pues tendremos un sistema solar de marcada herencia escocesa, con sus kilts y sus gaitas, como Nueva Caledonia; Un sistema ruso zarino, otro conocido como Levante de orígenes musulmanes, y por tanto, las religiones seguirán presentes en la humanidad futura que Niven & Pournelle nos proponen, plasmando bastante de ellos mismos en el texto y dejándose ver el plumero en toda la recreación del lore futuro que imaginaron.
Es curioso, como cada vez que voy leyendo y leyendo más ciencia ficción, veo como los escritores son incapaces de especular con que la humanidad perderá sus raices en el cosmos. Bueno, en realidad, en el llamado Condominio, que es el mapa galáctico colonizado y conocido en el universo ficticio de Pournelle que explotará no solo en LPEEPDD, si no en otros cuentos y novelas, parece haber pequeños planetas asalvajados, incivilizados, que al haber perdido sus raices, su identidad y sus tradición e historia en pequeños planetoides olvidados de la mano de Dios, han involucionado a una edad de piedra que los convierte en poblaciones agonizantes sin interés ni peligro para el imperio. Pero insisto, es muy habitual la visión de un futuro que seguirá influenciado y condicionado por la historia pasada de las naciones, y la religión, y sin ir más lejos Dune es el mejor ejemplo, ya que en la saga de la familia Herbert, la psicogenealogía de las casas feudales marca su carácter, y su destino en un delirio jodorowskyano, y también tendremos el lastre de la religión del Dios emperador y la reaparición del pueblo judío en los milenios más lejanos que pudiésemos imaginar en la galaxia.
Hasta la aparición de nuevas tendencias de cifi como por ejemplo el cyberpunk, el futuro casi siempre es imperial, feudal, soberanista y de corte medieval. ¿Acaso creen los soñadores profesionales de tungsteno que el ser humano es incapaz de desarrollar formas de gobierno ecuánimes, democráticas o republicanas? Nos están avocando al sometimiento continuo en cada novela de éxito y culto. ¿Realmente no seremos capaces como especie de innovar mejores métodos de gobierno que someternos al vasallaje de los nobles como en una techno edad media en la que el mejor destino que pueda tener uno es alistarse a la flota intergaláctica al servicio del emperador, el rey, el virey, el barón o quien sea? Bueno, por lo pronto en España no sabemos pasar unas elecciones sin sacar un presidente de gobierno desde hace unos cuantos años, ya veo, ya...no es nada halagüeño no.
Entonces, si esta gente como Niven & Pournelle, eran seleccionados por el ejército, el presidente y las fuerzas del estado para imaginar posibilidades futuras de conflicto bélico en órbita, y actualmente otros países como Francia reclutan también a sus mejores escritores de ciencia ficción para que les asesoren en la I+D del futuro... Oh, oh... Igual esta gente lleva razón y somos una especie que necesita señores y villanos. Y lo peor es que estos autores no lo ven precisamente como una distopía, si no más bien como el orden lógico y natural de la evolución de la gobernabilidad como le pasaba a heinlein en Tropas del espacio. Desde su visión es más una utopía, o lo correcto, lo óptimo. A mi no me gusta nada, pero a fin de cuentas, los periodos de estabilidad más largos de la historia humana los han garantizado los imperios. Roma, la Pax Mongola, Bizancio, la Inglaterra Victoriana, las dinastías chinas, las dinastías egipcias... La democracía parece que no arranca nunca, no se conoce un periodo de democracia milenario aún, y tiene sentido que los escritores de ciencia ficción, basándose en la experiencia global de la humanidad, vuelvan a pensar que repetiremos la experiencia.

ENCUENTROS EN LA CUARTA FASE


Y en ese escenario de sistemas y planetas nacionalistas a su servicio del emperador de la galaxia conocida, un tal Leónidas en el caso de LPEEODD, sucederá aquello que le faltaba a la humanidad para hacer temblar todos sus pilares sociales, económicos, políticos y religiosos. El contacto con seres inteligentes de otro planeta.
Si algo me gusta de LPEEODD es que no adelantaron el contacto alienígena al siglo XX, XXI, XXII, ni nada con la Casa Blanca defendiendo La Tierra ni el presidente de los EEUU uniendo a las naciones contra un enemigo común (cosa que ojo, tiene mucho sentido y sería bálsamo de fierabrás contra las crisis económicas mundiales, una guerra de la humanidad contra otra especie). No.
Resulta que el universo, el espacio, o llamémoslo como queramos los parias minúsculos que no entendemos la teoría de la relatividad, ni a Keppler ni a Newton ni a Stephen Hawking pero nos gusta fantasear con novelas de ciencia ficción y hacernos pajas sobre el futuro...bueno...el universo, negro, lleno de estrellas brillantes como puntos parpadeantes diminutos, es tan largo, que lo dicen infinito o en constante expansión. En semejante mantel, no hay que hacer muchos números para darse cuenta de que las posibilidades de encontrar a alguien más en un punto evolutivo similar o superior al nuestro, son verdaderamente complicadas, tanto como que me toque el euromillón jugando sólo a los ciegos. Así que me cuadra muchísimo, y aplaudo, la idea de que el ser humano no conozca a sus vecinos cósmicos más cercanos (que no los únicos tal vez) en 2000, 4000 ni 8000 años de evolución, si no en más desde el momento que comencemos a surcar las estrellas y adentrarnos en el jardin de los vecinos sin pedir permiso. Claro, pensándolo así, con esa metáfora, igual el vecino está sentado en su mecedora, en el porche, canturreando con al escopeta entre las manos. Nunca decidió salir a buscarnos como hicimos nosotros, sólo nos estaba esperando. Porque sabe que somos unos cotillas ansiosos que nos creemos la salsa de la creación.




El caso es que en LPEEODD, la humanidad conocerá por fin la primera especie alienígena, inteligente, de su historia. Los pajeños.
Los bautizaremos así, porque todo indica que provengan de un sistema conocido como el transaco de carbón, cuya visión desde el planeta habitado por humanos más cercano, en el cielo, crea la pareidolia celeste de un rostro humano, conocido como el Rostro de Murcheston, cuyo ojo brilló en el firmamento en algún momento, alucinando a los espectadores humanos del planeta desde el que es contemplado, dando píe a años luz de distancia y con el consecuente retraso temporal (hay que pararse a pensar en ello) a una nueva religión conocida como la Iglesia de El, que comenzó a llamar a aquél fenómeno astral o lumínico, “la paja en el ojo de Dios”.
Desde luego, es tremendo suponer que en el futuro el ser humano seguirá mirando al cielo, en busca de señales, como los habitantes de las cavernas, homínidos supersticiosos, que en el fondo nunca hemos dejado de ser pese a aprender a construir armas capaces de borrar un país del planeta. Lo llevamos en lo más hondo de nuestro ser, arraigado, siempre anhelamos algo más de lo que conocemos, damos respuestas ficticias que llamamos fe a sucesos que no sabemos explicar, y da igual que siglo sea, seguimos haciéndolo, somos una especie maldita, estúpida, visceral, sin memoria genética ni histórica de ningún tipo, siempre dispuesta a empezar de cero, a crear nuevas jerarquías, nuevas leyes, nuevas normas que suplanten las viejas y cambien las tornas de forma ridícula y momentánea en los eones que marca ya la aguja del reloj del big bang.

Pero en otro paralelísmo de hard cifi y fenómenos religiosos, como J.J. Benítez, Niven & Pournelle desarrollarán escalonadamente el por qué de ese “ojo de Dios” brillando con retraso a años luz de distancia sobre las cabezas de esos colonos espaciales en un planeta remoto, rezando a una luz que se apagó hace mucho desde donde la ven brillar. Una luz que mientras le rezan, en realidad ya no está allí. El tiempo en el espacio, es relativo. Las cosas que vemos en la bóveda celeste, ya no existen como tal. Vemos el pasado cada vez que miramos al cielo. Y ese pasado en LPEEODD estará unido a la casual aparición de una nave no identificada en la órbita cercana, en un punto de salto hiperespacial. Una nave o mejor dicho una sonda, que conoceremos más adelante como la sonda de “Eddie el loco”, que como el platillo de Rosewell podría cambiarlo todo. Una embarcación espacial no humana, con tecnología nueva, dispar, incomprensible para la mente del hombre. Un pecio a la deriva procedente de “La paja en el ojo de Dios”.

Pequeño kit kat para mencionar esa sonda de “Eddie el loco”, que recoge como homenaje o guiño la serie “La tercera ola” en el nombre o alias de uno de sus protagonístas.

Anteriormente decía que Niven & Pornuelle fueron reclutados para un plan de brainstorming de Reagan para su “guerra de las galaxias”, y la novela, en sus descripciones ficticias de posibles formas de viajar por la galaxia a largas distancias, comentan métodos como el generador de campo Langston o las velas solares, que décadas después, hoy, son teorías y prototipos muy firmes candidatos a convertirse en patentes reales de las agencias espaciales, Airbus, o el primero que las logre desarrollar con éxito, que podemos ver en documentales científicos como las más fiables apuestas para llevar al hombre al espacio exterior y comenzar la terraformación de nuevos planetas, ya que es toda una realidad absoluta, que el planeta Tierra, un día, dejará de darnos cobijo. Si no nos lo cargamos los propios habitantes, el Sol, un día, dejará de calentarnos, y para entonces, más nos vale estar reproduciéndonos lejos de aquí, como una plaga de chinches en cohetes.

Una tripulación dispar enviados por circustancias aleatorias se convertirán en nuestros protagonistas y primeros seres humanos de la historia futura en contactar con seres extraterrestres, “los pajeños”.
Y como casi todo en la historia de la humanidad, se producirá como consecuencia de errores o decisiones mal tomadas.
  • Rod, noble y burgués enrolado a la marina militar al mando de la nave McArthur, de carácter diplomático e investigador.
  • La señorita Fowless, hija de un importante político de Nueva Chicago, planeta envuelto en una rebelión, que se embarca en la Mc Arthur como refugiada política y bióloga.
  • El señor Bury, levantino mercante, magnate de la exportación e importación, que junto a su mayordomo Nahib, son “invitados” a embarcar bajo la alargada sombra de sospecha que les acusa de ser el principal instigador de la guerra civil de Nueva Chicago, y quedará bajo custodia y libertad condicional en la Mc Arthur hasta que se demuestre su inocencia o su culpabilidad.
Añadiremos otros muchos miembros de la tripulación importante según leemos, militares como el almirante Kutuzov, religiosos, científicos, y toda una serie de personajes con diferentes roles que se enfrentarán en su forma de entender el contacto extraterrestre, sus expectativas, y sus intenciones de participar en el acontecimiento humano más importante de la historia. Estos roles son muy importantes a nivel narrativo, ya que irán expandiendo nuevos horizontes, de posibles comportamientos futuros y reales del hombre con otra raza inteligente, desde los militares, los puramente económicos, los altruístas, los científicos o los espirituales.




A fin de cuentas, la tripulación de la nave Mc Arthur son como una futurista expedición de Cristobal Colón, rumbo a lo desconocido, dispuestos a descubrir cosas nunca vistas, a conocer indígenas de otro planeta con los que nadie ha hablado nunca, de los que nadie conoce su lengua, sus costumbres, su religión, su política ni su economía ni ecología. Y esa sensación de los marineros frente al infinito océano sin saber a dónde van a llegar, es una de mis favoritas que me llevo de éste libro.

SE CREE EL LADRÓN QUE TODOS SON DE SU CONDICIÓN


Sin posibilidad de caer en spoilers. ¿Cuál es la otra gran baza de ésta novela? Que “los pajeños” también contarán la fiesta de su primer contacto con los terrícolas, según la pasan. Cada especie tendrá su prisma, sus dudas, sus temores, sus secretos, sus recelos una con la otra, y sus objetivos. ¿Acaso nos creemos más inteligentes que otra especie por defecto? Así somos los humanos, siempre subestimando al rival. No voy a desvelaros el secreto de los pajeños ahora, aquí, claro que no, pero es lo más normal del mundo, que una especie inteligente y tecnológicamente avanzada que contacte con la nuestra, sea totalmente diferente a la nuestra. Si Niven & Pournelle hubiesen imaginado una neo humanidad de hombrecillos verdes con antenas, hubiese sido una decepción.
La apariencia pajeña, animal, pacífica, asimétrica, inhumana, y su eterna sonrisa etrusca nos desconcertará continuamente.
Los pajeños resultarán ser una especie simiesca, mutante, de costumbres enigmáticas indescifrables para los humanos pero envidiable nivel tecnológico, aunque no lo suficiente para haber desarrollado algo similar al campo Langston de los humanos, el invento que permite a los motores de sus naves saltar enormes distancias del espacio permitiendo a la humanidad colonizar nuevos mundos.

Son dos especies tan diferentes, la pajeña y la humana, que algún extraterrestre enloquecerá incapaz de comprender o razonar los comportamientos humanos, que igual que los suyos a nosotros, los nuestros a ellos, escapan a toda lógica cultural y ética.
Si hay algo interesante en la civilización que inventan Niven & Pournelle, es el sistema de castas, tanto en los roles de su sociedad como en lo genético de sus especímenes, convirtiéndolos en una parodia comunista (algo que vimos ya con Heinlein también) que encasilla a cada individuo a un único rol predefinido por su gobernante alienígena, incapaces de elegir otra tarea o de obrar con libertad, siempre atados a las necesidades de su especie, aunque como podéis estar imaginando, alguno de esos pajeños sacará los píes del tiesto por primera vez en su vida tras estudiar detenidamente la gran diferencia entre ellos mismos y la humanidad.
Entre esos roles alienígenas, despunta la importancia y protagonista del "mediador", un alienígena evolucionado y destinado a la única misión de ser un convincente orador capaz de lograr las necesidades de la especie sin llegar a la violencia, algo que dulcifica el carácter belicoso de los autores y abre una vía a la moraleja.
por supuesto en esa sociedad pajeña de roles encontraremos portadores, soldados, líderes, "relojeros" y toda clase de individuos catalogados y perfeccionados para realizar una única tarea en exclusiva, especialístas genéticos y culturales, toda una raza convertida en cadena de montaje biológica, cuadriculada y eficaz.

 Todas las space opera por defecto nos introducen de buenas a primeras en universos habitados por diferentes especies que conviven o guerrean. Pero un primer contacto, es un momento de diplomacia, estrategia, mentiras y conspiración por ambos bandos. No en vano recordemos que Pournelle es especialista en técnicas militares y además fue político. El thriller intraespecies está servido. La novela, consumado el contacto, girará en torno a situaciones dificiles de descifrar, misterios, verdades a medias, politiqueo, espionaje y todo lo que conlleva a dos potencias pugnando por sus propios intereses.
Un reflejo de la humanidad misma, de los conflictos entre naciones, que ocupa toda la segunda mitad de la historia, dotándola de un peso bastante más tedioso, incomodando cada nueva página, y humanizando al alienígena, que al principio era un ser nuevo y misterioso que ha escapado a cualquier teoría darwiniana para convertirlo en un extranjero dentro de un traje de Alf, con similitud a la película Enemigo mío, que contaba la turbulenta convivencia de dos náufragos espaciales de diferentes ejércitos, cuyas naves habían sido abatidas en el mismo planeta desértico, y que no les queda más remedio que entenderse para sobrevivir, pasando por encima de sus lealtades y patriotismos, como si de un estadounidense y un vietnamita fuesen en vez de un astronauta y un reptiliano. Y ya hemos dicho que Pournelle era muy pro Vietnam, y de Niven hay testimonios ambiguos al respecto de su posicionamiento bélico. Pero a ambos se les ve el plumero en toda esta larga segunda mitad del relato.
Ni los humanos quedan reflejados como tan buenos ni los pajeños como tan malos, y pese a que veremos en ellos un némesis de la humanidad, no es más que como el título profetizaba, ver la paja en el ojo ajeno, ya que los humanos tampoco obran de exquisita ética ni moral, y volveremos a la sobre explotada moraleja de que “la guerra siempre es guerra” que me encanta a mi de Brian Fargo pero que Heimlein ya esbozaba en Tropas del espacio. Además, respecto a Heimlein, creo no equivocarme, que supervisó toda la parte militar de la novela, notándose bastante su casposa y apolillada visión caballeresca de la milicia como una hermandad honorable e inmaculada de hombres dispuestos a dar su vida por el bien común, con frases que juraría haberle leído anteriormente del estilo (no cito textualmente, si no que trato de recordar al vuelo) “La guerra es la única vía que queda para conseguir la paz cuando todas las otras vías no han funcionado”.

Mientras que la primera parte de la novela es un relato de calentamiento, preparatorio, de creación de universo, la segunda parte es un encontronazo de civilizaciones.

Así que sí, en LPEEODD habrá disparos, muertes, patriotísmo, heroísmo, buenos/malos y malos/buenos, cada uno mirando al otro por el prisma que le va mejor al ojo. Y la mayor verdad de todas es que la historia la cuentan los vencedores. Un relato de colonialismo en el espacio sideral que años después tuvo su continuación, titulada El tercer brazo, y que el cartero debe estar trayéndome a casa estos días.

Y como ya nos advertía Stephen Hawking, ¿De verdad queremos contactar con extraterrestres? ¿por qué los buscamos? Es muy posible que si nos descubren, intenten esclavizarnos, como el humano ha esclavizado siempre a culturas que ha considerado tecnológicamente inferiores. ¿Qué nos haría diferentes? ¿nos creemos a caso los inventores de la sopa de ajo en la galaxia? Siempre viendo la paja en el ojo ajeno pero nunca la viga en el nuestro. Igual sería mejor quedarnos agazapados, escondidos, sin hacer ruido ni saludar a los aliens, hasta que el sol se apague y todo se termine.