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lunes, 18 de noviembre de 2019

MECHA SAMURAI EMPIRE



MECHAS Y MAS MECHAS

¿Qué pasa colegas, cómo lleváis el inicio de la semana? Perdonad mi retraso de unos días, pero la vida en el sprawl no es especialmente contemplativa, el pez grande se come al chico y al gobierno corporativo los ciudadanos de las áreas de vivienda subvencionada les importamos menos que un gatito clon en lo alto de un árbol artificial. Mamandurrias.

Hoy regreso a la carga con una secuela de un viejo amigo del Tungsteno, Peter Tieryas.
¿Que quién diantres es Peter Tieryas? Pues rebobinad hasta la entrada de su novela Estados Unidos de Japón, porque hoy os lanzo a la cara su continuación, Mecha Samurai Empire.



Sabéis que me gustan los mechas, oh sí, por supuesto, a mi y a cualquiera. Son grandes, destructivos y muy bonitos. Pero no soy un gran especialista a parte de enumerar otras publicaciones, películas o videojuegos y juegos de mesa/rol que incluyen estos artefactos como Macross, Guldam, Mazinger Z, Battletech, Armored Warriors, Pacific Rym y otros títulos muy orientales menos conocidos como Front Mission, Metal Warriors y cómo no el último resurgir de los gigantes de metal, Titan Fall.

¿Mecha? Pero... ¿mecha californiana, mecha de explosivo? Mecha no es más que la abreviatura del anglicismo mechanical, un robot humanoide o zoomorfo que necesita ser tripulado, una máquina de guerra, los tanques del futuro.
Según apuntan todas mis zambullidas en el dataverso para poder hablar con propiedad, los mechas comienzan a popularizarse en los cómics japoneses (manga) de la postguerra, cuando el gobierno japonés, derrotado, decide poner en marcha su plan de recuperación económica (que no ha frenado desde entonces) apostando principalmente en la industria tecnológica. Aquella nueva ola de interés social y económico a cerca del desarrollo de la mecánica, la robótica, el automóvil, y la electrónica en general en todos sus ámbitos (informática, doméstica, etc) inspiró a los autores de manga para inventar éstas moles bípedas de combate que se han convertido en el estandarte popular de la ciencia ficción nipona por excelencia, exportadas a todo el mundo con éxito y reconocimiento.

Pues bien, la primera obra de lo que Tieryas asegura va a ser una trilogía, Estados Unidos de Japón, era una novela tech noir, inspirada o continuista del Hombre en el castillo del tecno dios Philip K, Dick. Una ucronía tecnológicamente avanzada, casi cyberpunk, en la que el mundo estaba gobernado por japoneses y nazis tras el final de una GGMM que terminó al revés de la que nosotros conocemos. Pero lejos de ser una obra lisérgica y magnífica como la original de K. Dick, esa norteamerica ficticia divividida en dos por japos y nazis sólo copiaba lo básico del clásico. Carece de las características principales de la obra del pionero, y no pasaba de una acertada novela policiaca, con un misterio esperando a ser desvelado como cebo principal, y una portada que prometía mechas que basicamente nunca ofrecía en sus páginas, exceptuando un final poco épico y escaso de colosos de titanio.
Ese marketing mal ejecutado, ha sido tal vez una de mis principales decepciones de aquella primera obra de la saga de mechas de Peter Tieryas, pero leída la segunda, Mecha samurai empire, debo decir que menos mal que la primera apenas abusaba de los mechas, porque ésta segunda obra sí que hace gala a su nombre y a la portada, que pese a que el lomo no hace al tomo, vivimos en la era del marquetin, las formas y las apariencias. Y la protada es toda una declaración de intenciones en ésta ocasión, y cuanto me arrepiento.

Así que corrijo, no se inspira en El hombre en el castillo, si no que se aprovecha, viola su cadáver, aunque al menos le da un besito en forma de "easter egg" que no voy a desvelaros, pero que es curioso cuanto menos, enigmático, y que no se si el autor explotará en su tercera obra de la saga o no, pero que a mi me hubiese gustado que tirase de la cuerda según lo leí. No spoiler.

OTAKU CARNIVAL

Si ya la anterior entrega podía ser tildada de remake k.dickiano desde la visión del otaku del siglo XXI, con cambios más actuales, luces de colores, purpurina y mucha cultura pop; Mecha Samurai Empire es el cúlmen onanista de Piter homenajeando el lifestyle adolescente oriental. La trama se ubicará unos años más hacia el futuro que su predecesora, creando un lore artificial de cultura nipona que envuelve toda la costa oeste norteamericana en un sucedáneo de Akihabara, centros recreativos de videojuegos, institutos de serie anime con estudiantes uniformados, pandillas juveniles edulcoradas, soba, ramen y todos los tópicos que tenemos los occidentales neófitos de los japoneses sobre las páginas. Un empalague manga hecho novela que no funciona como tal, si no más bien como intento de adaptar viñetas o dibujos animados al renglón, raro, sin mucho ritmo, mediocre en lo narrativo, inferior a la novela antecesora, y en mi opinión siempre personal, insustancial. Fast food cifi que no amarga pero que tampoco enriquece, novela de “a duro” sin el romanticismo pulp que aquellas suscitan.

Un “mmmhe” ya que nos ponemos populares como el propio Tieryas, empleando la memecracia adolescente de la que intenta hacer gala en su obra, que más que convincente es demasiado infantil.
¿podríamos catalogarla como literatura juvenil en vez de ciencia ficción como me ocurrió con Biónico? Pues en ningún caso quiero ser peyorativo al respecto, no, porque la literatura juvenil es necesaria, absolutamente, y yo desde mi atril invisible de don nadie, la definiría como aquella literatura introductoria que sirve como trampolín para el público joven y adolescente, eludiendo complicaciones estilísticas, narrativas en exceso complicadas y discordias filosóficas, morales o sociales demasiado enrevesadas, para allanar el camino del lector novel hacia una experiencia saludable, agradecida y divertida que le motive en futuras etapas existenciales a continuar con la afición de leer, atreviéndose con títulos más densos de cualquier género, ya sea épica, fantasía, ciencia ficción, terror o romance.
¿Quiero decir con ésto que los escritores de literatura juvenil son peores que los no denominados así? Ni de coña. Hay mucho talento en la literatura juvenil, o light, o edulcorada, y desde mi ignorancia sobre el catálogo que puede abarcar esa etiqueta que no he inventado yo, tenemos a J.K. Rowling, Rick Riordan, Maskame, y un porrón más que escriben sin ninguna duda mejor que Peter Tieryas.



Vaya, que el género no escogido para escribir no vincula el talento de la obra, que no me mal interprete nadie.
Pero Mecha Samurai Empire no ofrece ningún aliciente a un devorador de ciencia ficción que haya pasado previamente por los gurús, mainstream o no, porque yo las listas me las paso por el forro del injerto, y es poco más que eso, un pasatiempo para un tío más en los cuarenta que en lso 20 como yo.

Y ojo, me vuelven loco los videojuegos, los cómics, soy un friki a mucha honra, un subintelectual, pero considero que para abordar cualquier tema en una obra, hace falta hilar fino, ser original, tener feeling, o al menos intentarlo, y mecha samurai empire me deja con el mismo sabor de boca que me dejó la pelicula de ReadyPlayer One, la de una pajilla gamer y otaku con muchas explosiones que pasan desapercibidas y que no son más que una distracción demasiado larga.

SHONEN Y CRITICAS AL EMPERADOR

Vamos al turrón. En los Estados unidos de Japón de mecha Samurai Empire tenemos como protagonista al adolescente Mac, diminutivo de Makoto. Un adolescente de colegio mayor japonés que cumple con todos los cánones del prota de un shonen (manga de institutos, a lo fisica y química nipon, o al salir de clase, o la nueva élite de netflix, pero en cómic japonés). Es un gamer empedernido, huérfano, que aspira a convertirse en piloto de mechas.
Los videojuegos, que ya cumplieron un papel importantísimo en Estadosunidos de Japón, vuelven a tener un protagonismo desmedido en ésta ocasión, convirtiendo el gadget portical en un protagonista omnipresente más de la novela. Esta portical no queda muy bien explicada nunca, jugando aquella baza gibsoniana de no dar demasiadas explicaciones al lector acerca de las nuevas tecnologías del futuro, confundiéndonos en parte, y en la otra, onbligándonos a usar la imaginación. En mi caso me lo imaginé como una especie de terminal portatil, como un teléfono movil, con todo tipo de funciones de usuario y avanzadas para interactuar con otros sistemas, una especie de red, aparatos tecnológicos de toda índole, e incluso, con conexiones neuronales para el usuario. Por supuesto, la portical, es la videoconsola portátil del momento.
Respecto a la presencia continua en el argumento de los videojuegos, la idolatría y reverencia de Tieryas hacia Hideo kojima (muy en al palestra estos días tras el reciente lanzamiento de Death Stranding) es una constante que casi casi, acaba resultando morbosa. Ahí, hay tomate.
Peter Tieryas se regocija en la importancia y evolución del videojuego como elemento socializador de nuestra era, equiparándolo a arte, industria superior al cine, más creativa y más lucrativa. Y razón no le falta, pero ya pasó Piter, ya pasó, respira, no hace falta de momento que todos tus libros tengan el videojuego como eje troncal de la trama. Ta veremos que haces con el tercer libro de la saga.

El imperio japones sigue siendo un régimen post feudal que hace cumplir el orden a base de recortar libertades, controla la población constantemente, monitoriza cualquier supuesta traición con su policía secreta, la toko, y endiosa las figuras políticas y militares. Una tiranía bendecida por la ley, la paz, el bienestar y el confort. Una crítica a los valores tradicionales japoneses.
El castigo corporal se sigue considerando una medida de disciplina y reeducación eficaz en sus escuelas, siendo la figura del maestro un ente intocable e incuestionable con poder de decisión absoluto sobre los alumnos. Una figura opresora temible, como la monja o el cura del colegio de nuestras infancias y la de nuestros padres, que te zurraba con la regla si fallabas la tabla del 7, pero a niveles mucho más anacrónicos.
Me recordó un poco a los castigos físicos de Tropas del espacio, en la academia militar.
Otra muestra crítica de la dureza social y emocional del japón más tradicional y sus valores maquiavélicos de superación y valoración del individuo y su inserción social.
Se ceba mucho en la mentalidad samurai civil, en el mito occidental de que en Japón la gente vive para el éxito, para sentirse útiles, para cumplir objetivos y ser lo que la sociedad espera del individuo, cumplir las espectativas. Una presión constante que en realidad constata la crónica negra de la cultura del seppuku, el bosque de los suicidios, los homeless por deshonor y todos esos autocastigos infligidos por el japonés que no cumple con los estándares.
De lo más destacable de leer entre líneas de ésta obra de acción adolescente.



También quedará en evidencia la monstruosidad de la guerra, que nunca cambia como diría Brian Fargo, y la manipulación de verdades posteriores desarrollada por el vencedor de cara a su población, para convertir a su nación en un país heróico y triunfante, barriendo bajo la alfombra todos los crímenes contra la humanidad cometidos par lograr esa victoria.
Un enfoque antibelicista igualmente interesante, de lo poquito a discernir en el libro, y que por desgracia queda eclipsado por su fallida intención de entretener y ofrecer combates y escenas de acción insuperables que quedan en un aburrido borrón de movimientos y disparos.

Sobre éstas premisas continuistas desde EstadosUnidos de Japón, todo está siendo lo mismito, lo mismito, que ya cansa después de haber retozado en ellas en el primer libro, convirtiéndose la lectura de la primera mitad de Mecha samurai empire, en un dejavú que me hizo pensar que es innecesario leer ambos títulos como parte de una misma historia, y elegir sólo una de ellas para entender el universo ucrónico de Tieryas. Confío que en la próxima tercera entrega, ahorre esfuerzos en volver a transmitirnos todo el habitat de su universo por tercera vez, y que deje de usar Elhombre en el castillo como excusa para hacer una novela cifi sobre videojuegos.

En Mecha Samurai Empire, Tieryas se aventura a presentaros algo más en profundidad y por primera vez, la costa este, el Reich, y dramatiza una exagerada sociedad del castigo, la aberración, la tortura y el terror. Describe la América nazi como un infierno repleto de campos de concentración mucho más terribles que los que los verdaderos documentales de la GGMM nos enseñan en blanco y negro, superando a la realidad con creces y toques gore y slash, que por un lado quiero entender que tratan de hacer entender a cualquier lector los horrores de una ideología como la nazi, pero que por otro lado convierten a los Estados unidos de japon, en una dictablanda preferible y mucho más avanzada y civilizada. Vamos, que el Reich de Mecha Samurai Empire es una caricatura exagerada de la América de los últimos videojuegos Wolfenstein. Convierte a los nazis en un enemigo monstruoso, cruel y absolutamente deshumanizado, cosas que ya sabemos que eran así en la realidad, pero que elevado a la ciencia ficción, no parece una sociedad victoriosa de una guerra con avances tecnológicos pese a su carácter tiránico, si no el infierno de Dante, una licencia que a mi parecer es un pequeño despropósito y resta realismo a la ficción.
Un cliché del mal y el satanismo ario, una sociedad absolutamente militarizada, un purgatorio neo gótico de murallas impenetrables y contínuas demostraciones de poder públicas que más que hacernos imaginar un neo Berlín, parece un planeta colmena caótico del Warhammer 40k.

ROMANCE Y ACCION

Ambientaciones a parte, la historia se centra en Mac, el estudiante gamer que quiere ser piloto, y como en toda historia adolescente de superación y autobúsqueda, el chaval tropezará varias veces hasta conseguir (o no) sus sueños.
Hay romance, valores de amistad juveniles (por eso comentaba antes la posibilidad de que sea una obra enfocada más a la juventud que un cascarrabias como yo), autosuperación, reconstrucción de viejos dogmas inculcados y despegue de la sociedad... Pero ninguno de estos asuntos termina de profundizar en ningún suceso destacable.
La camaredería, el patriotismo, el honor, la lealtad, la venganza, orbitan al rededor de la historia de Mac desde el instituto, pasando por una academia militar al más puro estilo Heinlein, con toques manga que evocan el título All you need is kill.



Y por fin, mechas, muchos mechas. A diferencia de EEUUDe Japón, Tieryas cumple su promesa en ésta ocasión y firma, pese a todo lo dicho antes, una novela de acción, explosiones, robots gigantes tripulados golpeándose que deja tibio a cualquiera que espere una historia original, sorprendente e intrigante. Narraciones más largas de la cuenta de combates previsibles y a mi gusto, regularmente orquestados, coreografías confusas de misilazos y espadazos de energía que abarrotan la mayoría de los capítulos de la novela, cumpliendo con las demandas de aquellos que leyeron la primera obra esperando más máquinas gigantes y menos thrillers.
La novela es un manga hecho párrafos, de dudosa adaptación que no logra mantenerme en tensión ni ponerme nervioso. “Pim, pam, pum” explosiones, metal por los aires y técnicas de artes marciales en vehículos de la altura de un rascacielos.
¿Es eso lo que esperamos de una historia de Mechas? Creo que sí, no puedo decir lo contrario, como homenaje al género cumple con todos los requisitos, Mac hace las veces de un nuevo Koji Kabuto dispuesto a derrotar las maléficas hordas del Reich y sus mechas biológicos que parecen robados de Evangelion directamente, o de un ejército de plaga del dios Nurgle de Warhammer 40k.
Pero si era ésto lo que esperaba, como cuando doy al play en pacific Rym, o abro las páginas de un Macross, ¿por qué no me satisface del todo?
Puede que el estilo y el ritmo de Tieryas no estén a mi altura como consumidor, y sólo eso, y no pasa nada.
Se que picaré el anzuelo con su tercera novela, porque me conozco, y no me gusta dejar inconcluso el material de un universo creativo en concreto casi nunca, y al menos, los EEUU ucrónicos de mechas de Peter, pese a no colarse en mi top ten, me hacen pasar el rato.
¿Acaso es necesario algo más? Se que Tieryas no es Gibson, Asimov, Dick, ni Clarke , no. Asi que sería un error engañarme a mi mismo esperando algo de esa talla, y es mejor entenderlo como tal, como una moneda de 25 pelas dentro de un beat em up de capcom, como Armoredwarriors, y ya. No hay por qué ser más pretencioso. Y a nadie amarga un dulce.
De hecho, para ser lo que es, me ha permitido explayarme en un montón de líneas, más de las que esperaba rellenar tras haber despellejado ya su primera entrega. No pensé que diese tanto de sí éste Mecha Samurai Empire
Así que si os apetece, Nova nos lo trae en papel en tu charcutería más cercana.



lunes, 18 de febrero de 2019

ESTADOS UNIDOS DE JAPON, DE PETER TIERYAS


PETER TIERYAS, LOS MECHAS Y EL NEGOCIO DE ENTRETENER


Os doy la bienvenida una vez más y las gracias por elegir Tungsteno Dreams un ratito de vuestras vidas.
Ya advertí que Febrero iba a ser un mes fuerte, cargado de novedades de las que hablar un poco, o al menos, ubicarnos antes de leer, ver o jugar algunas de éstas novedades CIFI, porque claro, no puedo opinar de ellas, sin haberlas devorado. Hemos dado un repaso ya a la saga literaria Metro de Glukhovsky, que estrenan su tercer videojuego súper ventas éste mes, no exento de polémicas declaraciones por parte del escritor y quejas de la comunidad jugadora debidas a su técnica comercial; Se ha estrenado el film de Alita disparando la hypelina de los mangakas y los cybermongers old school; Y ahora, en pocos días se edita en español la novela Mecha Samurai Empire de Peter Tieryas, autor de Estados Unidos de Japón, y pese a la presencia de otros estrenos cargados de ciencia ficción y distopía en el sector del entretenimiento y la cultura, como puede ser la nueva entrega del videojuego Farcry, ubicada en un cercano futuro postatómico, vamos a darle un par de vueltas a la obra cumbre de Peter Tieryas.

Hace meses, cuando estrené el blog, una de las primeras entradas tuvo que ver con un viejo videojuego llamado Armored Warriors, un viejo brawler futurista en el que nos liábamos a golpes tripulando mechas, y precisamente de eso hablaba un poco, a parte de mechas, y ese es precisamente el gancho comercial o el cebo del que Peter Tieryas hace mayor uso en ésta época creativa suya, para pescarnos a todos con su caña, que parece centrar todo el reclamo de su peculiar saga mecánica en éstas portentosas máquinas de combate.



Tieryas es ciudadano norteamericano de ascendencia coreana, un hombre de la industria, con experiencia y enfocado, y eso, se refleja en su obra literaria. De hecho, como introducía hace unas líneas, sus nuevas obras cumbre del periodo narrativo “mecha”, que tal vez podamos corroborar como saga en un futuro, al encontrarse aún el proceso en asentamiento, tiene más de márquetin y neón que de consistencia, y ya veremos por qué.
Peter se estrenó en la literatura en 2012 con Watering Heaven, no traducido ni editado en España. Es decir, es un escritor joven, reciente, que ha tenido un éxito razonable con la novela que hoy abordaremos, Estados Unidos de Japón, y que tras la experiencia cosechada, parece querer quedarse un tiempo explotando las virtudes de los robots gigantes tripulados, que desde hace poco, han vuelto de los 80, sobreviviendo a unos impopulares 90, para quedarse en los 2000, con otras obras como pro ejemplo, las películas de Pacific Rym.
Pero en verdad, Peter, sabe muy bien de que va el negocio del entretenimiento, ya que en su curriculum puede fardar de haber trabajado como creativo para Sony y para Lucas Arts, y encontraremos su nombre en los créditos de los interminables equipos técnicos de películas como Soy Leyenda, Guardianes de la Galaxia, Men In Black 3, Hotel Transilvania o Lluvia de albóndigas 2. También en videojuegos como Gladius, Medal of Honor, Monkey Island y algunas franquicias de Star Wars. Vaya, que no anda cojo el Tieryas, es un curriculum envidiable y muy apetitoso, son títulos de los que uno puede estar como poco orgulloso de haber participado.
Así que no cuesta mucho permitirnos el lujo de sospechar que sabe de que va el juego del mainstream. Es un convencido miembro del stablishment del ocio. Ha encontrado en los mechas una nueva etapa remunerada y creativa, que para haberse agenciado como seña de identidad, debe de estar dándole como mínimo pingües beneficios. Pero a mi de maravilla, porque sin que ésto se convierta en una crítica, ni mucho menos, me garantiza unos títulos literarios disfrutables de su puño y letra.

Y digo disfrutables porque anticipo, que pese a que Estados Unidos de Japón me gustó y me duró dos telediarios el verano de 2017, no es ningún imprescindible ni ninguna obra maestra. Apostaría a que no se convertirá en incunable, pero ha tenido el acierto de colarse en nuestra parrilla literaria de ciencia ficción con alegría, dejándome un sabor de boca entre la influencia clásica y la literatura juvenil, creativa pero no excesivamente arriesgada. Y bueno, que sí, que bien, pero no creo que se convierta en un clásico. Cosa que no creo que preocupe al autor, o a mi no me preocuparía, porque visto lo visto, tiene mucho talento para otras artes creativas y aburrirse no se va a aburrir. Qué envidia.



LOS BUENOS Y LOS MALOS EN LOS ESTADOS UNIDOS DE JAPON


Entrando en faena, hablemos un poco de Estados Unidos de Japón, editada en español en 2017 por Nova (Ediciones B). La primera vez que lo vi en el mueble de la librería, me dije a mi mismo que debía leerlo a toda costa. Ya sabéis que no hay que juzgar el tomo pro el lomo, pero que narices, reconozcámoslo, somos víctimas del márquetin, y la portada de Estados Unidos de Japón con su ilustración bien hecha del robot gigante, y su banda con citas y halagos de la crítica que ni más ni menos rezan maravillas como:

La secuela espiritual del hombre en el castillo de Philip K. Dick”
(ahí es nada)

Hizo que se me salieran los ojos y se me desencajara la mandíbula como a un lobo sátiro de las fantasías animadas de Tex Avery.

La historia es una ucronía que adopta una línea temporal alternativa, efectivamente, similar a la de El hombre en el Castillo, pero no por eso Nova debía haber fanfarroneado tanto con el eslogan que lo emparienta con al ucronía más famosa de todos los tiempos, porque nada más lejos de la realidad, es mucho ruido y pocas nueces.
Nos ubicaremos en la costa oeste norteamericana... o mejor dicho... los Estados unidos de Japón, porque tal como Philip K. Dick imaginó, Tieryas ha creado una realidad alternativa en la que la GGMM fue ganada por la Alemania Nazi y el imperio japonés y el suelo norteamericano es invadido y ha sido repartido a regla y cartabón por las dos potencias vencedoras. A diferencia de la obra de Dick, Tieryas se centrará mucho más en la exclusividad de gobierno nipón en los nuevos Estados Unidos de Japón que dan nombre al libro. Y en vez de ambientarnos con las magnas maravillas nazis como los aviones supersónicos de la Lufthansa y la llegada del nazi a la Luna, los japoneses lo que tienen son Mechas, la máquina de guerra definitiva, gigantes samuráis tripulados de la misma altura que un rascacielos, hechos de toneladas de titanio y acero, que velan por la seguridad de sus fronteras.

Entonces nos presenta a Beniko Ishimura, hijo de traidores japoneses norteamericanos, pero fiel funcionario del imperio, dedicado al departamento de censura. Su reputación es intachable. Y éste es uno de los principales atractivos de la novela, que sin profundizar demasiado en la distopía social ni sus consecuencias, de una forma ligera, dinámica y muy llevadera, nos deja un poso superfluo de crítica política y social que desmadejar tirando del hilo si nos paramos a reflexionar un rato cuando cerramos las tapas del libro.
La consecuencia de la victoria japonesa en la GGMM, deriva en una modalidad de gobierno totalitario, imperialista, que coloca al Japón de mediados del siglo XX en la picorota de los malvados universales. A falta de nazis, buenos son los leales servidores del emperador. No en vano, y siendo sinceros, los horrores de la GGMM cometidos por la armada japonesa, no distan tantos de los innombrables actos nazis. Y como decía en mi revisión de El Hombre en el castillo, parafraseando uno de los mejores videojuegos CIFI de la historia:

la guerra, la guerra nunca cambia”

Y no hay buenos ni malos en una guerra, todos los bandos son crueles e inhumanos, pero la historia la narran los vencedores. Os animo, si os gusta el tema, el visionado de documentales de la GGMM centrados en el conflicto del Pacífico, para ver cómo Japón, cometió innumerables atrocidades humanas, principalmente contra los chinos, y hasta que límites llegaba su fervor bélico y el fanatísmo de sus generales y militares de alto rango hacia el emperador, y los viejos códigos samuráis, y advierto que no soy ningún erudito en la materia, solo un stalker curioso.
El código de honor nipón queda reflejado como algo muy romántico, pero muy terrorífico.
Expertos torturadores, de los que, igual que de los rusos soviéticos de entonces, se habla menos, por cuestiones culturales occidentales, pero se debería hablar más, en las escuelas, para concienciarnos, de que el demonio no sólo habitó en Europa en la década de los 40. Porque tal vez, y sólo tal vez, occidente hable menos de ello, debido a que EEUU quedó satisfecho con la bandera blanca de Japón tras el catastrófico genocidio civil provocado de una sola tacada por las bombas atómicas, y merece más la pena seguir recordándole al mundo, que los buenos fueron ellos, y los malos los demás, pero que el frente que menos bajas civiles tuvo en la contienda, fueron precisamente, los americanos, y para mi, todos fueron malos, más malos y menos malos. Y que el fin no justifica los medios aunque nos lo camuflen.

Toda esa crueldad es rescatada por Tieryas en Estados unidos de Japón, mostrándonos la luz y la sombra de un alternativo Japón moderno y ucrónico, resultado de la victoria bélica más grande de la historia de la humanidad.
Porque por h o por b, a Japón hoy día, la entendemos como una nación sumisa, que ha asimilado aquella derrota, y ha sabido evolucionar resignada y pacíficamente, antibelicísta (a la fuerza), como ejemplar modelo de superación económica, ejemplo vivo del capitalismo exportado por EEUU al resto de lo que la mass media consideraría el occidente civilizado o primer mundo. La nación que nos exporta tecnología, futuro, moda y cultura juvenil. La sociedad con menos crímen del primer mundo pese a que todos convirtamos la Yakuza en una romántica sociedad de varoniles hombres de negocios con tendencias violentas, como la camorra. La sociedad de las luces de neón, los ojos grandes del manga, y las tradiciones casi medievales del respeto al medio ambiente, la superstición, el folclore, las artes marciales, los bonsais, las geishas, el shushi, y el harakiri.
La cara y la cruz.
Actualmente Japón es un faro para el resto del mundo capitalista y occidental, un exótico ejemplo que mantiene sus barreras culturales para mantenerse limpia y sana de las intoxicaciones globales pero que sabe hacer divisas como la que más de sus competidores.



Teniendo muy claro todo ésto, la novela gana puntos, cobra fuerza, y sobre toda esa maravillosa capa de purpurina pop, otaku y de videojuegos, emerge la sombra ucrónica y ficticia de la opresión, la falta de libertad de expresión y las carencias de desarrollo individual que el gobierno imperial de Estados Unidos de Japón nos recuerda del no tan antiguo japón, o en definitiva, de algunas de nuestras mezquinas y corruptas democracias actuales. Y no solo los complejos individuales del japonés de mediados del S XX, ya que la ucronía mezcla en al coctelera el entonces, la época contemporánea, y el futuro próximo, y nos refleja en Beniko al tópico y típico currito japonés que los holgazanes españoles pudiésemos imaginar, obediente, mermado, que vive para trabajar, y cuyo honor y reputación como profesional son su carta de presentación. De estos en realidad echaba yo de menos alguno en mi entorno laboral pese a todo. Nunca llueve a gusto de todos.

TECH NOIR Y OTAKUS


Beniko, aburrido en su anodina vida de funcionario, ejerce ejemplarmente su labor censora, mecánicamente, ciudadano ejemplar, rol del nipón deshumanizado capaz de clavarse una katana en el pecho si no alcanza los objetivos de ventas de Sanyo a final de mes, por incompetente. Su labor en el departamento de censura imperial se centra principalmente en el campo de los videojuegos, el más lucrativo y popular medio de entretenimiento de la sociedad de los estados Unidos del Japón. Son tiempos convulsos, y el gobierno imperial necesita que la gente sólo se entere, de lo que el Imperio quiere, y hay cierto videojuego, que parece atentar contra los intereses divulgativos de la política imperial. Esto, nos recuerda de pasada al elemento discordante de el Hombre en el Castillo, la novela La langosta se ha posado, convertida en videojuego, que es algo más pop, más actual, más juvenil, más geek, pero que cómo opinaba en mi diserción de la película ReadyPlayer One (que por cierto por fin he adquirido en libro para buscar las 7 diferencias), es un negocio nada inocente que mueve millones de dolares y euros.
Así pues, los videojuegos, se convierten en una de las piezas clave de la novela, y Peter sigue sumando elementos pop a su cebo para que todos piquemos. Mechas y videojuegos ¿Qué puede salir mal en ésta lectura?.
Es un videojuego subversivo, que muestra una realidad alternativa interactiva en la que Japón no ganó la GGMM, lo que está preocupando a las autoridades japonesas. Busca el mismo objetivo que La langosta se ha posado de Philip K. Dick.
Esta similitud, como la de la ubicación atemporal, insisto, no la emparientan espiritualmente con El Hombre en el Castillo ni de broma, más quisiese Tieryas, es una trola inocente que nos cuelan desde las editoriales para que compremos el libro, y que debería catalogarse de homenaje o admiración, pero no de sucesor. Carece del trasfondo y la prestidigitación mental de Philip K. Dick. No hay comparación de contenido posible, nada más a lo sumo que de continente.
En esta ocasión, el videojuego, es puesto en circulación y pirateado ilegalmente por un grupo de nativos inconformistas conocidos como los George Washingtons. Toda una alegoría a la libertad vaya, un tópico algo recalcitrante ésta facción terrorista que lucha por recuperar América para los democráticos Americanos.
Obviamente, me gustaba más la visión derrotista de ocupación de ElHombre en el Castillo en al que los americanos pertenecientes al nuevo gobierno de los estados del Pacífico, asumieron la derrota de su gobierno, cambiaron la chaqueta, y tiraron para adelante con nuevo collar al cuello. Es mucho más realista. El grupo reaccionario que enarbola las verdades sobre lo correcto y la libertad en un gobierno de opresión invasor que ha de ser derrocado desde dentro y mediante guerra de guerrillas, a mi gusto, aunque funciona, está sobre explotado en éste tipo de historias y se ha convertido en el recurso fácil, paladinesco y cómodo para el pastiche conformista carente de sorpresas. Pero bueno, continuemos porque eso no arruinó la lectura, gracias a Dios.

Todo cambiará cuando Ben se vea involucrado en el nudo de la historia tras la llamada del general Matsuraga, el típico personaje que hace las veces del hombre del puro, el fumador de los Expedientes X, el que mucho sabe y mucho calla, y deja a Beniko más liado que la pata de un romano (sin spoilers).
Pronto aparece en escena la compañera de novela, la agente Akiko Tsukino, una estricta y patriótica policía de la Tokko, que tiene encomendada una investigación referente a los videojuegos subversivos en circulación que atentan con desequilibrar el orden civil, con sus realidades alternativas.



Ambos personajes principales, arrastran fantasmas que no os desvelaré, y que retroalimentándose los unos con los del otro, terminarán por reaccionar de formas inesperadas.
Se sembrará la duda sobre su bien estar civil garantizado por la sociedad imperial, poniendo en tela de juicio las verdades del gobierno, detectando de nuevo leves similitudes con El Hombre enel Castillo identificadas en las inquietudes de Frink y el señor Childan.

De ahí en adelante, uno se tira toda la novela esperando los mechas, que salen, llega un momento que salen, y cobran cierto momento de gloria, pero en realidad, Tieryas nos vende historias de mechas, cuando Estados Unidos de Japón, es un entretenido thriller policial, con su conspiración gubernamental y sus tintes de novela negra reconvertidos en tech noir, unas briznas de cyberpunk, y un par de giros secretos e inesperados muy buenos, que es lo que salva la lectura, y la convierte en un digno volúmen de ciencia ficción actual.
Algunos momentos de acción cinematográfica aprobadas; Otros de crueldad y opresión más humanistas que nos despiertan el gusanillo de indagar más en la verdadera historia del japón imperial (casi feudal aún) del siglo XX; Personajes secundarios superficiales pero icónicos, con alguna sorpresita que incluye el body horror y la cibernética; Y en resumen, eso, una novela rápida, fácil, que siendo críticos y justos carece de originalidad al inspirarse tanto en la obra de Dick, que pese a darnos lo que nos gusta, carece de merito aderezarlo con algunos elementos de cultura pop japonesa para darle un lavado de cara a la idea. Se digiere bien, sin pesadez ni reflujos, porque carece de la técnica y la compejidad del maestro del que se copia. Pero fundamentalmente,  ha servido para que el autor regrese a la palestra abusando de los mismos tópicos que nos prometió con éste gustoso refrito de ganchos geek, cultura japonesa y robots gigantes titulado Mecha Samurai Empire que ésta semana estará ya en nuestra librería preferida.



Así que yo, lo compraré, pero no espero tanto robot tamaño rascacielos, aunque seguro que habrá mucho bushido y mucho código de honor en sus personajes. Seguro, o tal vez no, hasta la próxima y a soñar con tungsteno.

domingo, 27 de enero de 2019

ELIGE TU PROPIO BANDERSNATCH. ¿GENIALIDAD O HYPE?


EL FUTURO DE LA TELEVISIÓN


Hace unos días, pocos, en las RRSS que transito (que unicamente es Twitter aunque deseo ampliar mi megacorporación a Facebook en breve) comencé a ver el remolino de opiniones en pocos caracteres generados por la nueva chiquillada de la todopoderosa Netflix. Se trataba de un nuevo capítulo de la serie Black Mirror, titulado Bandersnatch.



Reconozco que me dejé atrapar en el remolino, y tanteé el agua con un par de brazadas, para salir nadando lo más rápido posible de semejante vorágine comunicativa. Todo comenzó con la opinión de un famoso director de cine español, cuya carrera me gusta, no en su totalidad, y no para considerarle un genio, pero sí un creativo muy, muy interesante al que admiro. Alex de La Iglesia.
Y bueno, Alex alabó al instante las virtudes de Bandersnatch y comenzó a entretenerse (supongo) creando debate entre usuarios de la red social, hasta el punto de incluso “picarse” o mostrar cierta hostilidad a algunas opiniones, o eso me pareció percibir, aunque percibir por escrito es bastante complicado por la vacuidad emocional y la subjetividad aplicada por cada lector. Y precisamente veremos que de percepciones va Bandersnatch más que nada.
Ya sabemos en Tungsteno Dreams que las opiniones son como el culo, todos tenemos una, mas o menos limpia, y todas valen para lo mismo, deponer desechos orgánicos. Y aquí, todos cagamos, el Papa y los directores de cine y los bloggeros anónimos sin fama ni respeto. Todos tenemos esa necesidad fisiológica y al final el resultado es el mismo para todos, en diferentes formas y colores y hedores, pero lo mismo. Al menos, hasta como decían Siniestro Total, consigamos cagar de colores.

Abandonando la metáfora y atendiendo a lo que opinaba la gente, llegué a la conclusión de que se trataba de un nuevo invento...espera...¿nuevo?...bueno...de un invento...ouch....ahí surgía la polémica. No en si la película molaba, era divertida, sus actores buenos, malos...no...todo giraba en torno a la originalidad del formato. ¿Por qué? Por que es lo que podríamos llamar una “Película interactiva”.
Netflix ha dado en el clavo aprovechando al máximo sus cualidades como plataforma de streaming online, a la carta. Debe tener un buen puñado de cerebros en marquetin y estrategia, no lo pongo en duda ni un solo instante. Sus directivos de expansión y compraventa artística ya tengo mis dudas viendo algunas de sus producciones originales, pero bueno, eso es otra historia. El caso es que han decidido exprimir la naturaleza de su plataforma, permitiendo al espectador, tomar decisiones sobre el desarrollo de la película con su mando a distancia, ratón, celular o joy pad.
El futuro de la televisión” Llegué a leer...pero no lo creo. También se fantaseó en su día con la desaparición de actores reales y su suplantación por actores virtuales cuando los gráficos alcanzaron nuevas cuotas de realismo con el film de Final Fantasy y no pasó nada de nada.
Para entendernos, Netflix ha estrenado una película del universo Black Mirror en formato “Elige tu propia aventura”.
Los de los 80 los recordaremos sin problemas, no conozco niño que no haya leído uno de esos libros, que popularizó la editorial SM que nos permitía saltar las páginas en pos de diferentes desarrollos y finales.

Si quieres que tu robot abra la puerta ve a la página 55.
Si quieres que tu robot salga al jardín ve a la página 103”

Lo recordáis ¿verdad? Un libro juego, un puzzle de posibilidades repartido en páginas, historias alternativas en un sólo libro, que se denominaron Hiperficción Explorativa.
Fueron tan populares, en su colección de cubierta roja, con el logo de un globo aerostático azul, que pronto las demás editoriales entraron a la competencia con el mismo formato en colecciones temáticas de aventuras espaciales, una licencia de Indiana Jones, y otra de Dungeons & Dragons algo más compleja con su marcapáginas-ficha de PJ, colecciones artúricas, Lone Wolf, James Bond... etc.
Yo tuve un montón, y en algún lugar del trastero deberían estar si no acabé donándolos a alguna biblioteca de segunda mano en su día. Tendré que investigar ya que me pongo nostálgico, porque bueno, adelantando un poco, la nostalgia es precisamente uno de los ganchos de Bandersbatch, pero ya iremos con eso más adelante.



El futuro de la televisión...mmmhhh....Bueno yo opino que el futuro de la televisión, y del cine incluso, sí son las plataformas digitales, porque al progreso no se le puede poner trabas, se abre paso como la mala hierba, y a Hollywood, los actores y las grandes productoras no debe darles miedo, no va a dejarles sin trabajo, si son espabilados. Es una oportunidad para expandir trabajo. Porque lo nuevo siempre da miedo y aterra a sectores apolillados que llevan décadas apotronados en su corralito, y cuando algo que no han hecho ellos triunfa cunde el pánico y comienzan las campañas de desacreditación. Pero eso es frenar lo inevitable. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Y ahora que está tan de moda lo del taxi y los VTC, podemos incluso extrapolarlo. El enfrentamiento no va a solucionar nada, el progreso y las nuevas herramientas que hagan más cómoda la vida del usuario van a seguir floreciendo día a día. Renovarse o morir.
Si nos ponemos dramáticos, el teléfono móvil es un asesino de sectores, del fotográfico, del audio visual, del bancario... Y todo el mundo tiene móvil y mucha gente quiere siempre además estar a la última. Pues no seamos cínicos, aceptemos el progreso, surfeémos esa ola.
Pero a nivel creativo, Bandersnatch, no me parece una innovación en ningún aspecto... y primero vamos a darle un poco de protagonismo, y después, ya, me explayo.

BLACK MIRROR


Black Mirror es una serie independiente de ciencia ficción enfocada a las historias sociales, principalmente en cuentos que nos dejen un poso de reflexión a cerca de cómo afectan las nuevas tecnologías en nuestras vidas y como lo harán en próximos futuros distópicos. El título lo dice todo, “El espejo negro” la pantalla de la tele, del móvil, del monitor...pantallas, tecnología. Capítulos independientes entre sí, que se pueden visionar en cualquier orden, y que nos hace pensar en que es la sucesora espiritual de otras series de CIFI como la bizarra Más allá de la realidad.

De manufactura británica, como el acero, estrena en 2011 con Endemol, para terminar en Netflix donde lleva ya su 5ª temporada.
Entonces, en Diciembre de 2018, estrenan Bandersnatch, un capítulo especial, fuera de temporada (cosa que ya habían hecho anteriormente, en navidad pro ejemplo), que como ya hemos dicho, trae la peculiaridad de que podemos ir seleccionando el desarrollo de la película. ¿Cómo?
Se desplegará un faldón inferior en la escena, con varias opciones, y una linea de tiempo que decrece avisándonos de cuántos segundos nos quedan para tomar una decisión. Comenzamos en modo tutorial, familiarizándonos con el interfaz, decidiendo el desayuno del protagonista, el joven Stefan, interpretado por Fionn Whitehead (Dunquerque por ejemplo), y de ahí en adelante, iremos tomando otras decisiones para ver, como en los cuentos antes mencionados de “Elige tu propia aventura” como le va al chaval en una curiosa retro-historia de ficción y terror, que ya adelanto, a mi gusto, hubiese funcionado igual o mejor sin la pijotada de elegir.

Stefan es un joven aspirante a programación en los 80, con ganas de estrenarse en al industria del videojuego. Bandersnatch se gasta aquí uno de los mejores puntos de la película, al menos para espectadores como yo, y seguro de los que me leéis, muchos estaréis de acuerdo. La nostalgia vende, no hay ni una sola duda. Aquellos 80 con sus pintas juveniles, la música, drogas, electro-pop, los videojuegos para computadores de 8 bits que en España además fue una industria importante y de gran reconocimiento internacional... La peli es todo un chute de Retro-Wave envolvente que a mi, me gana. Aquellos videojuegos que arrasaron con mi infancia como un tsunami en el Spectrum de Sinclair 128ks, aquellas canciones en cassette y vinilo, cintas de video Beta... Buah! Se me pone la piel de gallina, cuanta felicidad, cuantos recuerdos bonitos.



Stefan está programando un nuevo videojuego, inspirado a su vez por el mismo Bandersnatch, un tocho de libro-juego, que precisamente, es del estilo “Elige tu propia aventura”, con múltiples finales, y un lore fantástico y tecnológico, al más puro estilo de los incipientes juegos de rol de la década. Un best seller “maldito” porque su autor, encontró un trágico final (no spoilers, como siempre).
El caso es que la BETA de su videojuego interesa a la compañía más potente de la ciudad, Tuckersoft, donde trabaja su excéntrico ídolo de programación, Colin, un cerebrito precoz de la industria del entretenimiento digital. De ahí en adelante, comienzan los sucesos importantes que no quiero desvelar explícitamente, y las famosas “decisiones” a tomar en la piel de Stefan.



La película me gustó, sí, me gustó, pero llega un punto en el que la elección de posibilidades me cansa, deja de gustarme, ramifica demasiado las alternativas de final y desarrollo, lo que puede resultar divertido en ocasiones (los guionistas han hecho algunas locuras graciosas) pero que no aporta nada a la idea de la película. Para más “I.N.R.I”, vengo de terminarme el videojuego Detroit: Become's human hace cuatro días, así que ya he tomado demasiadas decisiones últimamente.
Precisamente el debate sobre el efecto viral de Bandersnatch parece haber enfrentado a “eruditos” y “sabelotodos” del cine y de los videojuegos, en pos de a ver quien lleva razón en lo original o no que resulta esto de tomar decisiones en un formato audiovisual.
Bueno, señores y señoras de ambos bandos, nadie les va a dar un premio Nobel por saber más cosas de subculturas que en el día a día y en nuestros puestos de trabajo no valen para nada, controlen sus egos. Pues claro que no han descubierto América ni la pólvora los señores de Black Mirror con Bandersnatch, ni Netflix. De hecho, la propia Netflix ya ha experimentado con esto antes, con una película infantil del Gato Con Botas y una serie del videojuego Minecraft que parece ser un port directo del desarrollo de la aventura gráfica lanzada para consolas por Telltale, reconvertida en serie. Pero me da igual, ya había series y o películas que nos permiten tomar elecciones antes de Bandersnatch y encima en la misma plataforma de streaming.
Y ya, rizando el rizo, si nos ponemos tontorrones y solo por picar, que no quiero yo llevar razón sobre nadie, ¿os acordáis de Hugo en Tele5? Sí, sí, es para reírse, pero aquél programa televisivo, a través del teléfono o de un mando especial que valía un riñón, nos permitía desde casa, decirle a aquél sátiro feo como un demonio, si saltar a la izquierda o a la derecha, para esquivar un pedrusco o un precipicio. ¿Era un videojuego? Bueno...sí...pero televisado, que línea tan fina ¿verdad?.
Vamos, que Bandersnatch y su sistema de elección, a mi, no me parecen para tanto, e insisto, llegado un punto, me aburre y me acaba por agriar un poco la experiencia, sobre todo en al recta final, donde me sobran finales. No necesito 4 finales, sólo uno.

Si la película se sucediese sin que Netflix me preguntase cada x minutos, lo que quiero que suceda, y sencillamente me presentase diferentes lineas temporales, como en por ejemplo Donny Darko, creo que me resultaría más cómodo. Porque sí, vale, está gracioso hacerse Bandersnatch una vez, pero no es un experimento de ocio que se pueda llevar a grandes pantallas ni a visionados conjuntos, por la imposibilidad de acuerdo en la decisión entre varios espectadores, y consideraría un error convertir un cine en un congreso. A parte, de que sólo tiene sentido para verla de forma individual, en soledad, o en consenso doméstico entre pocos espectadores. Insisto en que una vez, vale...dos tal vez...de vez en cuando... pero no me imagino que todas las series de repente fuesen así, interactivas, no quiero eso, bajo mi punto de vista pierde el valor artístico y creativo, la obra ya no es la de un escritor, guionísta, o director, en parte es mía, y yo no soy un buen guionista, escritor, ni director. Quiero que me ofrezcan una experiencia completa que pueda evaluar, no una experiencia cuyo resultado sea mio. El afán por involucrarnos en el arte gracias a las nuevas tecnologías, mata al artísta, no es más que un engaño, como diría Warhol, ¿Qué más le debería dar al artista lo que yo quiera? El artista debe crear sin atención al resultado, debe ser libre.
¿Que el artista ya ha creado, libremente, varios finales, varias alternativas, para mi? Sí, es cierto, ahí están rodadas todas esas escenas para que yo haga lo que quiera con ellas, verlas , o no, o en un orden diferente en que la ha visto mi vecino. Pero por h o por b, obliga a que el espectador se involucre. ¿Quién ha dicho que yo quiera involucrarme? La serie me pide que elija cosas...¿Alguien me ha preguntado a mi si quiero elegirlas? Es un laberinto de dimes y diretes que no censuro ni desmonto, pero que tampoco encumbro ni elogio.
¿Que hemos abierto un nuevo melón de entretenimiento? Sí.
¿Que es el futuro de la televisión? Yo opino que no. Que se puede solapar al formato actual como alternativa, pero que ni una ni otra se van a sustituir.
¿Que los videojuegos y la lectura ya lo habían hecho antes? Sí, y la propia Netflix también.
Entonces... ¿Inventa Bandersnatch una nueva forma de televisión? No, porque ya lo había hecho antes la misma plataforma.
¿Resta eso valor a Bandersnatch? No, porque como peliculilla bizarra, que apela a la nostalgia y toca ciertos temas de los que hablaré ahora a continuación, está bastante bien.

Entonces, como chuminada, o valor añadido a una serie de ficción, provocativa, fresquita, y que suele basarse precisamente en el efecto que provoca en al sociedad las nuevas tecnologías, pues es un acierto, porque precisamente es lo que ha conseguido, un efecto en los consumidores de tecnología, una nueva forma de entender algo que ya existía. Es una declaración de intenciones respecto a la identidad de Black Mirror, y lo que busca. Pero creo que eclipsa el contenido de Bandersnatch. Vivimos en una era en la que parecen importar más las formas que el fondo, el envoltorio que el contenido, la ejecución que el resultado. Y eso es lo que me evidencia Bandersnatch, que crea más jaleo porque permite que elijamos desarrollos, a si la película es buena o no en sí. Camufla lo esencial.

Y lo esencial, para mi, es que nos propone una historia (o mejor dicho varias historias, y ya me está trolleando esto del “elige tu propia aventura”) que juega con el tiempo y el espacio, la realidad y el tiempo. Que podrían haber urdido sin havernos elegir y no habría pasado nada, pero bueno, vale, acepto valor añadido como animal acuático. Nos ofrecen una paranoia dimensional al más puro estilo Philip K. Dick, maestro del trasntorno de la realidad, y no en vano, nos lo gritan con el póster de Ubikque tiene el programador Colin en su apartamento, en uno de los momentos más histriónicos y lisérgicos de la película.
Una historia de angustia, desconcierto y terror, que une el fenómeno leyenda urbana con el libro Bandersnatch en el que Stefan se inspira para su propio videojuego.
Las paradojas temporales podrían funcionar por sí mismas, no ma canso de decirlo.

El film nos hace un enorme hincapié en que la vida, son decisiones, cada momento, cada segundo, son decisiones, mientras tecleo, son decisiones. ¿Uso negrita o cursiva? ¿Times o comic sans? Y cada una de esas decisiones que tomamos, por nimia que sea, va a generar una reacción. El batir de las alas de una mariposa en una esquina del mundo, generará un maremoto en el otro extremo. Acción y reacción.
¿Podríamos cambiar las decisiones una vez tomadas? ¿Existe la posibilidad del viaje en el tiempo? ¿Existen dimensiones paralelas en las que se desarrollan múltiples decisiones?
O peor aún... abarcamos otra cuestión atemporal... ¿Está el destino escrito? ¿elijo yo realmente mi destino o lo elige por mi una entidad superior? Llamémoslo cosmos, Dios, destino... Son muchas cuestiones filosóficas a plantearse.
El mundo va a seguir girando hagamos lo que hagamos, ¿qué mas da lo que elijamos entonces?
Si nos paramos a pensar mucho, mucho en que la vida son decisiones, corremos el riesgo de enloquecer, de la esquizofrenia, del miedo, del pánico a tomar decisiones porque no se si son buenas o son malas. O a dejar de pensar en cómo las tomamos si llegamos a la convicción de que el futuro ya está escrito y da igual lo que haga, el final será el mismo.
Atención al brillante discurso del personaje Colin cuando describe el videojuego Pacman como un silogismo vital. Uno de los mejores momentos de la película.

Podemos encontrar reminiscencias respecto a la percepción de la realidad y nuestra toma de decisiones y el supuesto libre albedrío en El Show de Truman; O que el final es ineludible como en Destino Final; Que me abordan mientras veo Bandersnatch. Y ahí lo dejo para no crear spoilers.
Toda esta conspiranoia, aporta una pizca del género terror a ésta historia de ciencia ficción.



Aprovechando el valor añadido de nuestra toma interactiva de decisiones, hay momentos en los que la película rompe la cuarta pared (que ya lo han hecho otras películas y videojuegos, aunque ambos formatos de ocio no pertenezcan a al misma industria, pero no me da a mi la gana de darle esa medalla a bandersnatch, punto) con el espectador, involucrándonos, arrastrándonos al interior de la pantalla para volvernos locos a nosotros también. Si atravesamos esa membrana de percepción extrasensorial de la película, acabaremos planteándonos mucho sobre la realidad que percibimos. Un concepto de La vida es sueño del que ya hablaba en ElHombre en el castillo.
¿Qué es la realidad? ¿la locura es mala o es sólo una forma diferente de percibir la realidad?

Eso es Bandersnatch, no sólo una película interactiva. Un homenaje a Philip K. Dick repleto de nostalgia ochentera que funciona por sí solo, aunque, vale, lo terminaré reconociendo, hace gracia que añada la toma de elecciones, porque mientras escribo esto, me doy cuenta, de que le va como anillo al dedo a la historia y las complejas discusiones filosóficas que propone.
Podemos hacer cosas buenas, y recibir sucesos buenos. Hacer cosas malas y recibir sucesos malos. Hacer cosas buenas y recibir sucesos malos. Y viceversa.
En la vida cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

Si todo esto os ha resultado curioso, ahora, podéis pasaros por la web de la ficticia compañía de videojuegos de los 80 Tuckersoft y descargaros algunos de los videojuegos que programaba Colin en la película, siempre y cuando tengáis ya un emulador de ZX. Un ejercicio de marquetin viral excepcional por parte de Netflix.