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lunes, 18 de noviembre de 2019

MECHA SAMURAI EMPIRE



MECHAS Y MAS MECHAS

¿Qué pasa colegas, cómo lleváis el inicio de la semana? Perdonad mi retraso de unos días, pero la vida en el sprawl no es especialmente contemplativa, el pez grande se come al chico y al gobierno corporativo los ciudadanos de las áreas de vivienda subvencionada les importamos menos que un gatito clon en lo alto de un árbol artificial. Mamandurrias.

Hoy regreso a la carga con una secuela de un viejo amigo del Tungsteno, Peter Tieryas.
¿Que quién diantres es Peter Tieryas? Pues rebobinad hasta la entrada de su novela Estados Unidos de Japón, porque hoy os lanzo a la cara su continuación, Mecha Samurai Empire.



Sabéis que me gustan los mechas, oh sí, por supuesto, a mi y a cualquiera. Son grandes, destructivos y muy bonitos. Pero no soy un gran especialista a parte de enumerar otras publicaciones, películas o videojuegos y juegos de mesa/rol que incluyen estos artefactos como Macross, Guldam, Mazinger Z, Battletech, Armored Warriors, Pacific Rym y otros títulos muy orientales menos conocidos como Front Mission, Metal Warriors y cómo no el último resurgir de los gigantes de metal, Titan Fall.

¿Mecha? Pero... ¿mecha californiana, mecha de explosivo? Mecha no es más que la abreviatura del anglicismo mechanical, un robot humanoide o zoomorfo que necesita ser tripulado, una máquina de guerra, los tanques del futuro.
Según apuntan todas mis zambullidas en el dataverso para poder hablar con propiedad, los mechas comienzan a popularizarse en los cómics japoneses (manga) de la postguerra, cuando el gobierno japonés, derrotado, decide poner en marcha su plan de recuperación económica (que no ha frenado desde entonces) apostando principalmente en la industria tecnológica. Aquella nueva ola de interés social y económico a cerca del desarrollo de la mecánica, la robótica, el automóvil, y la electrónica en general en todos sus ámbitos (informática, doméstica, etc) inspiró a los autores de manga para inventar éstas moles bípedas de combate que se han convertido en el estandarte popular de la ciencia ficción nipona por excelencia, exportadas a todo el mundo con éxito y reconocimiento.

Pues bien, la primera obra de lo que Tieryas asegura va a ser una trilogía, Estados Unidos de Japón, era una novela tech noir, inspirada o continuista del Hombre en el castillo del tecno dios Philip K, Dick. Una ucronía tecnológicamente avanzada, casi cyberpunk, en la que el mundo estaba gobernado por japoneses y nazis tras el final de una GGMM que terminó al revés de la que nosotros conocemos. Pero lejos de ser una obra lisérgica y magnífica como la original de K. Dick, esa norteamerica ficticia divividida en dos por japos y nazis sólo copiaba lo básico del clásico. Carece de las características principales de la obra del pionero, y no pasaba de una acertada novela policiaca, con un misterio esperando a ser desvelado como cebo principal, y una portada que prometía mechas que basicamente nunca ofrecía en sus páginas, exceptuando un final poco épico y escaso de colosos de titanio.
Ese marketing mal ejecutado, ha sido tal vez una de mis principales decepciones de aquella primera obra de la saga de mechas de Peter Tieryas, pero leída la segunda, Mecha samurai empire, debo decir que menos mal que la primera apenas abusaba de los mechas, porque ésta segunda obra sí que hace gala a su nombre y a la portada, que pese a que el lomo no hace al tomo, vivimos en la era del marquetin, las formas y las apariencias. Y la protada es toda una declaración de intenciones en ésta ocasión, y cuanto me arrepiento.

Así que corrijo, no se inspira en El hombre en el castillo, si no que se aprovecha, viola su cadáver, aunque al menos le da un besito en forma de "easter egg" que no voy a desvelaros, pero que es curioso cuanto menos, enigmático, y que no se si el autor explotará en su tercera obra de la saga o no, pero que a mi me hubiese gustado que tirase de la cuerda según lo leí. No spoiler.

OTAKU CARNIVAL

Si ya la anterior entrega podía ser tildada de remake k.dickiano desde la visión del otaku del siglo XXI, con cambios más actuales, luces de colores, purpurina y mucha cultura pop; Mecha Samurai Empire es el cúlmen onanista de Piter homenajeando el lifestyle adolescente oriental. La trama se ubicará unos años más hacia el futuro que su predecesora, creando un lore artificial de cultura nipona que envuelve toda la costa oeste norteamericana en un sucedáneo de Akihabara, centros recreativos de videojuegos, institutos de serie anime con estudiantes uniformados, pandillas juveniles edulcoradas, soba, ramen y todos los tópicos que tenemos los occidentales neófitos de los japoneses sobre las páginas. Un empalague manga hecho novela que no funciona como tal, si no más bien como intento de adaptar viñetas o dibujos animados al renglón, raro, sin mucho ritmo, mediocre en lo narrativo, inferior a la novela antecesora, y en mi opinión siempre personal, insustancial. Fast food cifi que no amarga pero que tampoco enriquece, novela de “a duro” sin el romanticismo pulp que aquellas suscitan.

Un “mmmhe” ya que nos ponemos populares como el propio Tieryas, empleando la memecracia adolescente de la que intenta hacer gala en su obra, que más que convincente es demasiado infantil.
¿podríamos catalogarla como literatura juvenil en vez de ciencia ficción como me ocurrió con Biónico? Pues en ningún caso quiero ser peyorativo al respecto, no, porque la literatura juvenil es necesaria, absolutamente, y yo desde mi atril invisible de don nadie, la definiría como aquella literatura introductoria que sirve como trampolín para el público joven y adolescente, eludiendo complicaciones estilísticas, narrativas en exceso complicadas y discordias filosóficas, morales o sociales demasiado enrevesadas, para allanar el camino del lector novel hacia una experiencia saludable, agradecida y divertida que le motive en futuras etapas existenciales a continuar con la afición de leer, atreviéndose con títulos más densos de cualquier género, ya sea épica, fantasía, ciencia ficción, terror o romance.
¿Quiero decir con ésto que los escritores de literatura juvenil son peores que los no denominados así? Ni de coña. Hay mucho talento en la literatura juvenil, o light, o edulcorada, y desde mi ignorancia sobre el catálogo que puede abarcar esa etiqueta que no he inventado yo, tenemos a J.K. Rowling, Rick Riordan, Maskame, y un porrón más que escriben sin ninguna duda mejor que Peter Tieryas.



Vaya, que el género no escogido para escribir no vincula el talento de la obra, que no me mal interprete nadie.
Pero Mecha Samurai Empire no ofrece ningún aliciente a un devorador de ciencia ficción que haya pasado previamente por los gurús, mainstream o no, porque yo las listas me las paso por el forro del injerto, y es poco más que eso, un pasatiempo para un tío más en los cuarenta que en lso 20 como yo.

Y ojo, me vuelven loco los videojuegos, los cómics, soy un friki a mucha honra, un subintelectual, pero considero que para abordar cualquier tema en una obra, hace falta hilar fino, ser original, tener feeling, o al menos intentarlo, y mecha samurai empire me deja con el mismo sabor de boca que me dejó la pelicula de ReadyPlayer One, la de una pajilla gamer y otaku con muchas explosiones que pasan desapercibidas y que no son más que una distracción demasiado larga.

SHONEN Y CRITICAS AL EMPERADOR

Vamos al turrón. En los Estados unidos de Japón de mecha Samurai Empire tenemos como protagonista al adolescente Mac, diminutivo de Makoto. Un adolescente de colegio mayor japonés que cumple con todos los cánones del prota de un shonen (manga de institutos, a lo fisica y química nipon, o al salir de clase, o la nueva élite de netflix, pero en cómic japonés). Es un gamer empedernido, huérfano, que aspira a convertirse en piloto de mechas.
Los videojuegos, que ya cumplieron un papel importantísimo en Estadosunidos de Japón, vuelven a tener un protagonismo desmedido en ésta ocasión, convirtiendo el gadget portical en un protagonista omnipresente más de la novela. Esta portical no queda muy bien explicada nunca, jugando aquella baza gibsoniana de no dar demasiadas explicaciones al lector acerca de las nuevas tecnologías del futuro, confundiéndonos en parte, y en la otra, onbligándonos a usar la imaginación. En mi caso me lo imaginé como una especie de terminal portatil, como un teléfono movil, con todo tipo de funciones de usuario y avanzadas para interactuar con otros sistemas, una especie de red, aparatos tecnológicos de toda índole, e incluso, con conexiones neuronales para el usuario. Por supuesto, la portical, es la videoconsola portátil del momento.
Respecto a la presencia continua en el argumento de los videojuegos, la idolatría y reverencia de Tieryas hacia Hideo kojima (muy en al palestra estos días tras el reciente lanzamiento de Death Stranding) es una constante que casi casi, acaba resultando morbosa. Ahí, hay tomate.
Peter Tieryas se regocija en la importancia y evolución del videojuego como elemento socializador de nuestra era, equiparándolo a arte, industria superior al cine, más creativa y más lucrativa. Y razón no le falta, pero ya pasó Piter, ya pasó, respira, no hace falta de momento que todos tus libros tengan el videojuego como eje troncal de la trama. Ta veremos que haces con el tercer libro de la saga.

El imperio japones sigue siendo un régimen post feudal que hace cumplir el orden a base de recortar libertades, controla la población constantemente, monitoriza cualquier supuesta traición con su policía secreta, la toko, y endiosa las figuras políticas y militares. Una tiranía bendecida por la ley, la paz, el bienestar y el confort. Una crítica a los valores tradicionales japoneses.
El castigo corporal se sigue considerando una medida de disciplina y reeducación eficaz en sus escuelas, siendo la figura del maestro un ente intocable e incuestionable con poder de decisión absoluto sobre los alumnos. Una figura opresora temible, como la monja o el cura del colegio de nuestras infancias y la de nuestros padres, que te zurraba con la regla si fallabas la tabla del 7, pero a niveles mucho más anacrónicos.
Me recordó un poco a los castigos físicos de Tropas del espacio, en la academia militar.
Otra muestra crítica de la dureza social y emocional del japón más tradicional y sus valores maquiavélicos de superación y valoración del individuo y su inserción social.
Se ceba mucho en la mentalidad samurai civil, en el mito occidental de que en Japón la gente vive para el éxito, para sentirse útiles, para cumplir objetivos y ser lo que la sociedad espera del individuo, cumplir las espectativas. Una presión constante que en realidad constata la crónica negra de la cultura del seppuku, el bosque de los suicidios, los homeless por deshonor y todos esos autocastigos infligidos por el japonés que no cumple con los estándares.
De lo más destacable de leer entre líneas de ésta obra de acción adolescente.



También quedará en evidencia la monstruosidad de la guerra, que nunca cambia como diría Brian Fargo, y la manipulación de verdades posteriores desarrollada por el vencedor de cara a su población, para convertir a su nación en un país heróico y triunfante, barriendo bajo la alfombra todos los crímenes contra la humanidad cometidos par lograr esa victoria.
Un enfoque antibelicista igualmente interesante, de lo poquito a discernir en el libro, y que por desgracia queda eclipsado por su fallida intención de entretener y ofrecer combates y escenas de acción insuperables que quedan en un aburrido borrón de movimientos y disparos.

Sobre éstas premisas continuistas desde EstadosUnidos de Japón, todo está siendo lo mismito, lo mismito, que ya cansa después de haber retozado en ellas en el primer libro, convirtiéndose la lectura de la primera mitad de Mecha samurai empire, en un dejavú que me hizo pensar que es innecesario leer ambos títulos como parte de una misma historia, y elegir sólo una de ellas para entender el universo ucrónico de Tieryas. Confío que en la próxima tercera entrega, ahorre esfuerzos en volver a transmitirnos todo el habitat de su universo por tercera vez, y que deje de usar Elhombre en el castillo como excusa para hacer una novela cifi sobre videojuegos.

En Mecha Samurai Empire, Tieryas se aventura a presentaros algo más en profundidad y por primera vez, la costa este, el Reich, y dramatiza una exagerada sociedad del castigo, la aberración, la tortura y el terror. Describe la América nazi como un infierno repleto de campos de concentración mucho más terribles que los que los verdaderos documentales de la GGMM nos enseñan en blanco y negro, superando a la realidad con creces y toques gore y slash, que por un lado quiero entender que tratan de hacer entender a cualquier lector los horrores de una ideología como la nazi, pero que por otro lado convierten a los Estados unidos de japon, en una dictablanda preferible y mucho más avanzada y civilizada. Vamos, que el Reich de Mecha Samurai Empire es una caricatura exagerada de la América de los últimos videojuegos Wolfenstein. Convierte a los nazis en un enemigo monstruoso, cruel y absolutamente deshumanizado, cosas que ya sabemos que eran así en la realidad, pero que elevado a la ciencia ficción, no parece una sociedad victoriosa de una guerra con avances tecnológicos pese a su carácter tiránico, si no el infierno de Dante, una licencia que a mi parecer es un pequeño despropósito y resta realismo a la ficción.
Un cliché del mal y el satanismo ario, una sociedad absolutamente militarizada, un purgatorio neo gótico de murallas impenetrables y contínuas demostraciones de poder públicas que más que hacernos imaginar un neo Berlín, parece un planeta colmena caótico del Warhammer 40k.

ROMANCE Y ACCION

Ambientaciones a parte, la historia se centra en Mac, el estudiante gamer que quiere ser piloto, y como en toda historia adolescente de superación y autobúsqueda, el chaval tropezará varias veces hasta conseguir (o no) sus sueños.
Hay romance, valores de amistad juveniles (por eso comentaba antes la posibilidad de que sea una obra enfocada más a la juventud que un cascarrabias como yo), autosuperación, reconstrucción de viejos dogmas inculcados y despegue de la sociedad... Pero ninguno de estos asuntos termina de profundizar en ningún suceso destacable.
La camaredería, el patriotismo, el honor, la lealtad, la venganza, orbitan al rededor de la historia de Mac desde el instituto, pasando por una academia militar al más puro estilo Heinlein, con toques manga que evocan el título All you need is kill.



Y por fin, mechas, muchos mechas. A diferencia de EEUUDe Japón, Tieryas cumple su promesa en ésta ocasión y firma, pese a todo lo dicho antes, una novela de acción, explosiones, robots gigantes tripulados golpeándose que deja tibio a cualquiera que espere una historia original, sorprendente e intrigante. Narraciones más largas de la cuenta de combates previsibles y a mi gusto, regularmente orquestados, coreografías confusas de misilazos y espadazos de energía que abarrotan la mayoría de los capítulos de la novela, cumpliendo con las demandas de aquellos que leyeron la primera obra esperando más máquinas gigantes y menos thrillers.
La novela es un manga hecho párrafos, de dudosa adaptación que no logra mantenerme en tensión ni ponerme nervioso. “Pim, pam, pum” explosiones, metal por los aires y técnicas de artes marciales en vehículos de la altura de un rascacielos.
¿Es eso lo que esperamos de una historia de Mechas? Creo que sí, no puedo decir lo contrario, como homenaje al género cumple con todos los requisitos, Mac hace las veces de un nuevo Koji Kabuto dispuesto a derrotar las maléficas hordas del Reich y sus mechas biológicos que parecen robados de Evangelion directamente, o de un ejército de plaga del dios Nurgle de Warhammer 40k.
Pero si era ésto lo que esperaba, como cuando doy al play en pacific Rym, o abro las páginas de un Macross, ¿por qué no me satisface del todo?
Puede que el estilo y el ritmo de Tieryas no estén a mi altura como consumidor, y sólo eso, y no pasa nada.
Se que picaré el anzuelo con su tercera novela, porque me conozco, y no me gusta dejar inconcluso el material de un universo creativo en concreto casi nunca, y al menos, los EEUU ucrónicos de mechas de Peter, pese a no colarse en mi top ten, me hacen pasar el rato.
¿Acaso es necesario algo más? Se que Tieryas no es Gibson, Asimov, Dick, ni Clarke , no. Asi que sería un error engañarme a mi mismo esperando algo de esa talla, y es mejor entenderlo como tal, como una moneda de 25 pelas dentro de un beat em up de capcom, como Armoredwarriors, y ya. No hay por qué ser más pretencioso. Y a nadie amarga un dulce.
De hecho, para ser lo que es, me ha permitido explayarme en un montón de líneas, más de las que esperaba rellenar tras haber despellejado ya su primera entrega. No pensé que diese tanto de sí éste Mecha Samurai Empire. 
Así que si os apetece, Nova nos lo trae en papel en tu charcutería más cercana.



miércoles, 11 de septiembre de 2019

CUCHILLO DE AGUA DE PAOLO BACIGALUPI


ARIZONA BABY


Por fin estamos reunidos de nuevo ciber navegantes, cowboys, buzos y hackers del dataverso y la red. Echaba de menos éste momento suspendido en la nada más absoluta del maremagnum de datos iendo y viniendo en direcciones cruzadas por las conexiones mundiales que nos conectan en éste preciso instante.

He tardado unos días más de la cuenta, porque en la última manifestación de cyborgs estudiantiles en contra de la humanidad conservadora, al grupo de progresistas multimedia se les fue un poco la mano en el disturbio de Yakarta y acabé desfragmentando los clústers de mi disco líquido en una celda de readoctrinamiento ético unos cuantos días.
Por fortuna, nunca me voy a una movida de las gordas sin haber preseteado un .exe de mi última personalidad neuro binaria. Ya sabéis, no salgas de casa sin programar tu terminal de personalidad, nunca se sabe si uno va a volver.

Dicho ésto, la verdad es que cuando uno pasa 8 horas diarias por obligación delante de un ordenador, hay días que por mucho que me guste escribir estos ratitos, no quiero llegar a casa y volver a encender un ordenador 3 ó 4 horas más. Porque sí, aunque parezca mentira, 3 páginas de sueños de Tungsteno llevan ese tiempo, arriba o abajo. Sarna con gusto no pica dice el refrán, pero cuando no puedo más horas de tecnología, y eso que escribo de cyberpunk, que contradicción, leo en papel éstas obras que analizo coloquialmente con todos vosotros después, o coloreo pequeños héroes galácticos de metal o plástico en 28 milímetros, o veo algo en la pantalla.
Me lo merezco, lo que no significa, que no me guste sentirme responsable de éste reto comunicativo que me propuse hace casi un año. Porque faltaría no solo a los que os gusta leerle, que no nos debemos nada mutuamente, pero cuando uno escribe siempre tiene una parte exhibicionista en su motivación, para que alguien lo lea; Si no por no faltarme a mí mismo, y luchar contra las horas perdidas en un sofá, con un canal de fondo, y redes sociales en la palma de mi mano. Ese es el opio de occidente, y no me apetece emborracharme de likes, corazones ni pulgares pudiendo crear en vez de consumir. Tan sólo por eso, y porque carezco de conocimientos creativos de ninguna otra índole más que la charlatanería, no compongo, no programo, no dibujo... Escribo.
Y como cuando uno decide empezar escribir, no pretende hacer El Neuromante, sin darme mayores ínfulas ni sobrevalorarme fantasiosamente, decidí empezar la casa por los cimientos, compartiendo con vosotros todo éste material de ciencia ficción que chequeamos juntos, más o menos, cada semana, para soñar tungsteno.



Así que aquí estoy, con un tazón de leche, un rulo de galletas, y el maldito portátil alumbrándome la cara. He tenido dudas de qué escribir hoy los últimos días, ¿cómic? ¿Cine? ¿Videojuegos? He optado por la literatura. Hoy me lanzo a una piscina sin agua, y nunca mejor dicho, porque nos vamos a la Arizona del futuro distópico cercano, de la mano de Paolo Bacigalupi con Cuchillo de Agua.

Paolo, pese a ese nombre tan renacentista, no es italiano no, es estadounidense, de Colorado, aunque le tira mucho aquello del lejano oriente, habiéndose especializado academicamente en estudios asiáticos y habiendo residido en China. Creo que algo de eso se reflejó en su primera novela la Chica mecánica, obra que por lo que tengo entendido versa del colonialismo del futuro, si no me equivoco, y sin haberla leído aún (siempre hay cosas que descubrir viejas y nuevas) me imagino una obra que tenga similitudes con La era del diamante de Neal Stephenson (curiosamente estaba yo dudoso de si escribir sobre Snowcrash hoy), pero son suposiciones furtivas claro. Algún día de estos las aclararé.
Lo que sí se es que la chica mecánica se llevó un puñado de premios y galardones como el Hugo y el Nébula (hay es nada para un novato irrumpiendo en la cifi), muy motivador para don nadies aporreando teclados como yo.

Cuchillo de agua es su último libro, de 2015 (igual cae alguno dentro de poco), y es una novela que hinca el diente en un asunto tan preocupante y realista como jugoso para la distopía, la escasez de recursos naturales en el futuro próximo, en concreto el más necesario para la vida sobre la faz de la tierra, el agua.

OJALÁ QUE LLUEVA, LA VIRGEN DE LA CUEVA


H2O, líquido elemento, un 60% de nuestros sacos de huesos y vísceras no ciber-aumentadas son agua, el 70% de la superficie de nuestro planeta, y sin embargo, si hay tanta agua por todas partes, ¿Por qué iba a ser un problema en el futuro?. De toda esa agua el 97% es salada, no apta para consumo humano. ¿Cómo va a ser posible que en el futuro no invente nadie un sistema para que nos bebamos, duchemos y reguemos con el agua de los mares y océanos? Pasta, como todo en la vida.
Se estima que en 15 años la mitad de la población humana tendrá dificultades para acceder a agua potable corriente. Nuestro consumo del agua impide que la demanda sea completamente satisfecha.
El consumo de agua por el primer mundo es descontrolado, como si nunca fuese a acabarse, total ¿lloverá tarde o temprano verdad? Ingenuos, el cambio climático cada vez afecta más a los ciclos lluviosos convencionales de los climas estandarizados por la ciencia, y la calidad del agua de la lluvia, también empeora, como la del grifo, por culpa de la polución.
Se estima que en unos 25 años, España sin ir más lejos, habrá aumentado su temperatura media en unos 6ºC, lo que convertirán nuestro clima continental, en prácticamente una copia del subsahariano, lo que en otros 25 años más desde ese momento, convertirá el sur de la península ibérica en una extensión orográfica del norte de Africa. Una visión terrorífica para todos esos votantes de VOX andaluces claro, Sevilla dejaría de tener un color especial, para ser un pequeño Marrakech, ¡qué herejía nacional!. Bromas aparte, esto está estudiado, contrastado, y con mayor o menor precisión, ocurrirá si los gobiernos no toman medidas urgentes en el asunto.
Mucho se reía Almeida del Madrid central de Carmena, pero ya verás que gracia las multas europeas que nos van a a caer a Madrid y a la Barcelona de Colau como no soplen la boina cuasi radioactiva que flota sobre las cabezas de las capitales de la piel de toro.

Tras los chascarrillos patrios, pero que deberían de concienciarnos a todos de que el cambio climático, y la escasez de agua no son problemas de gente de países lejanos cuyas vidas no nos importan, tan sólo tenemos que recordar las polémicas patrias respecto a los trasvases de agua dulce de un río a otro, como el Tajo-Segura para llevar agua del interior a la costa levantina. Toda una guerra de intereses industriales, civiles y agrarios en torno al agua.
Asi que no hace falta hablar de que la escasez de agua provocará enfermedades, hambre, o desaparición de especies vegetales y animales, si es posible que los humanos nos matemos por unos litros más de nuestro vecino cuando no llueva.


Pero eso actualmente es un problema del tercer mundo y países en vías de desarrollo, ¿a quién le importa? Pues a Bacigalupi le importa, y por eso imagina la llegada del problema a nuestro primer mundo, en un futuro distópico entre lo cyberpunk y Mad Max a punto de llegar.
En el corazón del sunny belt, el mid west norteamericano, en EEUU, tierra de las oportunidades, allí se levantó Phoenix en medio de la nada, en el desierto, como Las Vegas pero sin casinos, prostitutas ni mafias europeas. Phoneix carece de todo ese glamour, y a sus alrededores tiene un cementerio de aviones kilométrico, Arcosanti que es la primera arcología del mundo a medio construir diseñada por el arquitecto Soleri, reservas de indios Jopi alcoholizados, muchos nopales y ágave.. cactus en general vaya. Cactus y piedras.
Tal vez por eso, Phoenix sea hoy en día, sin irnos a la ficción futura, la ciudad menos sostenible del planeta. Una gran ciudad que recibe el agua del lago Mead (a casi 500 kms de distancia) y los deshielos (cada vez menos frecuentes) primaverales de las Rocosas. Millón y medio de habitantes que sufren una temperatura media anual de 30ºC, que han vivido veranos de 50ºC, y cuyas precipitaciones máximas al año sond e 26 (mm) el mes de marzo.
Esta antigua ciudad mejicana es hoy la quinta más grande de EEUU, y no tiene agua para tanto hogar, tanta industria, ni para seguir transformando a capricho occidental el desierto con parques y campos de golf. Y aún así, mientras el río Colorado se seca más cada año, las constructoras y los hampones del ladrillo siguen apostando por hacer crecer la ciudad con menos criminalidad y precios más asequibles a éste lado de la frontera mejicana. Incluso Bill Gates apuesta por levantar nuevas barriadas y asfaltar nuevas autopistas. ¿Y el agua? Haciendo frontera al norte con Nevada y con Colorado están los lagos y la presa Hoover (a casi 3000 kms de la ciudad del Valle del Sol), pero si en España nos peleamos por el agua de castilla la Mancha y la de Cartagena, imaginaros la que se puede liar en ese árido cogollo de EEUU en unos años. Costes logísticos, gastos y más gastos por mantener el césped verde y los grifos abiertos en Phoenix.



SUSPENSE E INTRIGA DE MANUAL


Bacigalupi nos suelta ahí, en un futuro seco y deshidratado en el que los tres estados, literalmente, se matan por el agua de la Hoover o cualquier otro manantial. Poca broma con su predicción.
El control central ha perdido fuerza sobre una nación balcanizada (una vez más, el tópico distópico de los EEUU que se repite tanto que igual se cumple) y a Washington D.C. no le importan las rencillas de estados “rurales” en el centro de lo que queda del país “unido”.
La nueva Phoenix se compone de un downtown rodeado de barriadas empobrecidas y gentrificadas de “bandos” (casas okupas en mal estado en la cultura norteamericana) bajo la influencia de bandas criminales locales que consiguen más beneficio con el agua potable que con las drogas o las armas.
Mientras en el centro de la ciudad las grandes corporaciones lucen rascacielos y arcologías con cascadas y estanques cristalinos para carpas koi de colores, en los guetos la población civil de perfil bajo solicita caridad potable en bolsas de plástico entregadas por ONG's y la cruz roja, o compran agua en surtidores públicos.
Una neo ciudad al estilo Detroit, siempre musa de futuros oscuros variados y alarmantes. Una distopía real a punto de caramelo.

La idea más genial y fascinante de Bacigalupi en ésta novela es que el agua fluctúa, como las acciones de la bolsa, y en un mismo día su precio puede triplicarse o dar un bajon que apenas dure unos minutos que marquen la diferencia del comprador en el surtidor público a llenar bidones o apenas un par de latas con lo que le sobra de salario del mes.
La especulación, la reventa, y las prácticas poco éticas para conseguir agua limpia y potable se convierten entonces en el motor de la historia por supuesto.
Como si de Dune se tratase, los zonales reciclan hasta su orina con unas bolsas de uso común en su sociedad futura, que la convierten en un alto porcentaje en agua potable. Vamos, que Arizona es peor que Arrakis.



Ya en escena y sin aburrirnos con interminables descripciones de su mundo ficticio, pero tampoco sin soltarnos en su creación imaginaria con una lanza y un taparrabos a lo Gibson,  Paolo, ni tan largo ni tan calvo, nos presenta a su triángulo protagonista:

Angel, latino de bandera, macho man, motero surtido de cicatrices, delincuente a horario partido, miembro de los denominados “Cuchillos de agua” que son algo así como unas fuerzas paramilitares de combate en conflictos armados y escaramuzas relacionadas con los trasvases no autorizados y los robos de agua en las zonas del Colorado y los grandes lagos que convergen en el triángulo de los tres estados fronterizos. Mafiosos especializados a sueldo.

Lucy, la chica lista, periodista freelance, independiente, que prefiere el periodísmo de investigación en su “blog”, en vez de sumarse al sensacionalista periodismo de los llamados “hemopasquines”, noticiarios de muertos, de cuerpos arrojados a piscinas azules sin agua para que se pudran al sol en las continuas guerras de bandas locales y víctimas de crímenes relacionados con la escasez de agua. Esta cotilla por naturaleza, resultará un incordio para ciertos personajes en su hincapié de comunicar la verdad.

Y por último María, ratilla de guetto con aspiraciones y sueños, que sacrificará sus principios por tratar de alcanzar una vida mejor que la de pobre y sedienta, sin saber muy bien donde se mete ni qué está realmente dispuesta a intercambiar de sí misma por un bienestar temporal. El personaje marginal, la chica cyberpunk pancista y antisocial.

Hechas las presentaciones, y habiendo dado ya varias vueltas al complejo asunto de la escasez de agua y los problemas que acarrearía en un futuro, la novela está servida. Sin duda Arizona es un escenario cyberpunk, post apocalíptico o simplemente distópico tan apetitoso. Reúne tanttos elementos para convertirlo en un lugar moderno, primitivo, hostil y enigmático a la vez, que se podría escribir toda una saga exprimiendo sus ubicaciones y reinventándolas. Cuevas subterráneas, enormes minas de cobre, desierto y miles de kilómetros de carretera, indios nativo americanos, inmigrantes centro americanos (que por cierto en la novela traducida al castellano llaman “cholobis” y que cada vez que lo leía me chirriaba, porque es “cholos” señores, “cholos” y ellos mismos, hispanohablantes en suelo norteamericano, se llaman “cholos”) organizados en pandillas, etc...
Bacigalupi le saca jugo al habitat, a los pandilleros cholos reinventando su clásica apariencia de camisa blanca de tirantes y pantalones de pinza a pasear hienas con su correa y su bozal como mascotas (a lo Dieantword) en vez de un pitbull; A los zaibatsus orientales manejando los negocios y las corporaciones en el centro de la ciudad entre arcologías y rascacielos; Al clásico enfrentamiento del rico VS pobre (arriba VS abajo que ya he mencionado muchas veces como un elemento repetitivo y constante en la distopía y el cyberpunk), y a todo lo que toca.

Es Phoenix la verdadera protagonista de la historia, sin abusar de una creación de mundo o lore excesiva e innecesaria. Nos ubica de manera rápida y eficaz en el mundo que les ha tocado vivir a Angel, Lucy y María. Tendremos un thriller futurísta que no catalogaríamos cyberpunk, porque aunque tiene drogas, parias contra la sociedad, antihéroes y violencia...no tiene software ni hardware, el agua ocupa ese lugar en la historia coqueteando con el denominado ecopunk en nuestra horrorosa obsesión de etiquetarlo todo. Distopía le sienta mejor.

Como historia de suspense, va enlazando las vidas de los 3 protagonistas (no spoilers) por separado, uniéndolas en diferentes puntos para que sus actos converjan en un “por qué” de la trama principal que tiene que ver con el descubrimiento de unos viejos documentos legales a cerca de la ley de permiso de aguas que EEUU otorgó a las tribus nativas en su proceso de expropiación forzosa, que descubrirían un nuevo y abundante caudal subterráneo de agua potable que explotar, antaño en usufructo legal de alguna reserva Jopi. En el secarral en el que sucede la historia, esos papeles legales valen mucho dinero, y el youpie que los porta, va a perderlos de vista sin contaros cómo ni por qué, claro está. Y esos papeles, como digo, desaparecerán en un momento dado, y todo el mundo los querrá, y de un modo u otro, nuestros tres protagonistas estarán en medio de esa desaparición y recuperación, de la carta magna firmada por los padres fundadores con derecho a la explotación de una fuente de agua dulce.
El agua es el nuevo petróleo en ésta novela, oro transparente.



Como un best seller de espías sin mayor reconocimiento, los protagonístas irán atando cabos para recuperar esos papeles con diferentes objetivos personales, más o menos avariciosos o filantrópicos. Topándose con todo tipo de indeseables traicioneros en el camino, o de buenos amigos dispuestos a echar una mano.
A mi personalmente, me parece una aventura de suspense mediocre, no mala, pero tampoco sublime, mediocre, suficiente, pasable y entretenida, con un estilo literario eficaz y resultón, pero en ningún caso magistral ni revolucionario, ni mucho menos “poético”, cuyo secreto o misterio final, su sorpresa, es poco espectacular y me la vine oliendo (y no es por dármelas de listo ni mucho menos) varios capítulos atrás, coleando desde cierto capítulo en concreto (no spoiler) que venía echando en falta hasta que nos lo venden como la gran sorpresa final del periplo violento que nuestros protagonistas han pasado.

Mucha sangre, violencia, malas decisiones, traiciones, e incluso romance, darán vidilla a la trama principal durante las páginas del relato. Dando como resultado final, un libro divertido, con un claro mensaje de precaución medioambiental que una vez más desencadena, no en la utopía de que todos los seres humanos entenderemos el problema de la escasez del agua y tomaremos medidas para resolverlo, si no en la distopía de que somos una especie de cafres simiescos incapaces de resolver nuestros problemas ni dar soluciones a los males de la sociedad moderna, si no mas bien, matarnos hasta agotar existencias de cualquier recurso.
La ciencia ficción siempre tan optimista, y apagando el interruptor de la ironía, siempre tan visionaria.
Gracias Bacigalupi por esta novela, y en cuanto pueda iré a por La chica mecánica.

Y tal vez, tanto hablar del agua, deba bloggear sobre el cómic We Stand on Guard la próxima semana. Y ya me está entrando sed con tanta guerra del agua, pero si tantos autores de ciencia ficción hablan de ellos como un problema futuro, deberíamos empezar a concienciarnos.

jueves, 8 de agosto de 2019

PEQUEÑOS HEROES DE NORMAN SPINRAD

ANARQUIA Y CYBERPUNK EN NUEVA YORK



Bien hallados a éste viaje psicodélico y virtual, aquí yo controlo lo horizontal y lo vertical, las formas y los colores, los sonidos pesan y las luces suenan, dejaros caer en la charca estroboscópica de mi pequeño blog de lava cálida y esponjosa, una bola de cristal navideña en la que nievan pixels de colores sobre Woodstock, en un campo púrpura de suaves hebras que cosquillean en la palma de vuestras manos, con las que andáis, y aplaudís con la palma de los píes el último sólo de balalaika de Mucho Muchacho.

No, no es el cantante de rap español que cambió las reglas de su género en los 90, aunque tal vez, ese chico llamado Oliver del grupo 7 Notas 7 Colores que copaba los carteles de los más primitivos Festimad y Viñarock, leyese el libro del que vamos a hablar hoy (tras las semanas de paro estival que me he permitido) y tomase su nombre artístico prestado de éste libro, creyéndose precisamente un Pequeño Héroe, de camino a convertirse en “quien siempre qusisite ser y no fuiste”. Y en verdad, puede que ese viejo rapero de los 90, le ocurriese exactamente lo mismo que a la Vieja loca del Rock’N’Roll, Gloriana O`Toole, otra de las protagonistas de éste mágico libro distópico de Norman Spinrad. Y no adelantemos más acontecimientos, pero quedaros con la copla, porque pocas veces, la ficción, narra tan acertadamente, la realidad que habita en nuestros interiores y alimenta nuestros sueños.

Norman Spinrad es ya un señor de avanzada edad que nació en Nueva York en la década de los 40, y se nota cuanto pateó sus calles en Pequeños Héroes, cuántos callejones debió frecuentar, como observó los negros abismos que separaban los proyectos de la gran manzana, y se empapó de ello hasta los huesos. Porque se nota la devoción religiosa y el amor y odio que le profesa al ombligo del mundo en Pequeños Héroes.
Estudiante del instituto de ciencias en El Bronx, no me queda duda que aprendió de boricuas, dominicanos y algún que otro cholo lo suficiente como para crear años después a Mucho Muchacho. También, en un barrio que pasó por aquellas difíciles décadas de gentrificación y abandono municipal, debió de observar lo suficiente del sueño americano, los deseos de champán y los sueños de caviar de los pobres del proyecto y los pisos baratos, dispuestos a salir de allí con un disco de oro o kilos de cualquiera que fuese la droga que pegase en las calles ese año, coca, hierba o pcp.
Y todo eso, está en Pequeños Héroes. No queda reflejado como una ensoñación de LSD, o pizcas robadas de postales y películas, no. Huele a haber corrido por aquellas calles.
No sin esfuerzo, Norman Spinrad, fue considerado el presidente más polémico y controvertido de la Science Fiction & Fantasy Writters America, con su aportación a la antología Visiones peligrosas de Harlan Ellison, formando parte de la primera línea de choque de la denominada Nueva era de la ciencia ficción durante los 60. Movimiento de cambio en el género que incluyó temas tabú a la cifi tradicional, popularizando, o mejor dicho, desatanizando, las drogas y el sexo en el género, convirtiéndose en muchos casos en el motor de la mayoría de los relatos de la “chupi pandi” del momento, como el propio Spinrad o el mismísimo y amado technofante supremo de la secta del Tungsteno, Philip K. Dick.
El propio Spinrad, se autodefine como un anarquista sindicalista, terriblemente preocupado por que la gente cree y disfruta más los futuros literarios distópicos en los que la sociedad se ha ido a tomar por saco, que aquellas en las que la utopía se hace realidad y la sociedad ha mejorado moralmente a la vez que tecnológicamente. Si nadie se cree eso, es que directamente, la humanidad no apostaría por ella misma, y visto así, sí, es para estar preocupado. Pero no nos pongamos paranoicos aún.
Para afinar un poquito más de lo que debemos saber de Spinrad para bucear mejor en las líneas de Pequeños Héroes, añadir, que precisamente éste título es de los más desdeñados de su biografía, con una mala crítica en general, y casi relegado al ostracismo. Spinrad tocó techo con Incordié a Jack Barron , obra que dio varios tumbos de un editor a otro hasta llegar a manos de Moorcock (sí, el papá de Elric de Melniboné, nuestro enfermo de fantasía favorito en el multiverso), con quien entabló una estrecha amistad, que tal vez, también, a parte de la literatura, fuese alimentada por la música. Moorcock a parte de escribir literatura, compuso y escribió para grupos como Hawkind o Blue Oyster Kult. Y precisamente, rock’n’roll es lo que lleva dentro Pequeños Héroes, mucho rock`n`roll.
Y terminamos con la presentación, con una apreciación personal, de que el ya anciano Spinrad, tenga mucho en común con su personaje de ésta novela, Gloriana O`Toole, alias La vieja loca del rock`nroll, y es que por muchos años que pasen, la rebeldía no se extingue y siempre hay que llevar los ojos ardientes y llameantes en la vida, tanto que el último libro de Spinrad de 2007, titulado Osama The Gun, sigue siendo tan polémico y políticamente incorrecto hoy en día, como lo debió ser el resto de su obra hace casi 50 años, que no es poco, ya que ninguna editorial ha accedido a editarlo en papel ni lanzarlo al mercado. Y precisamente de esa relación “autor/industria” también hay mucho en Pequeños Héroes. Aunque tal vez, fuesen más rompedores y trasgresores entonces ellos que nosotros ahora, tal y como están de finas las pieles en el S XXI.



DROGAS Y ROCK N ROLL


Al turrón. ¿De qué diantres va Pequeños Héroes? Pues ya he dejado caer algunas pistas importantes en la presentación de su autor y la psicodélica bienvenida de la entrada.
Pequeños Héroes es una novela distópica publicada en los finales años 80, que podríamos catalogar como cyberpunk por cumplir con muchas de las características de la secta original de ese estilo cifi , pero que por norma no suele ser incluido en el saco, por ser Spinrad un autor externo al círculo de cyberpunkers originales. La obra tiene como protagonistas a una pandilla de acabados profesionales, frustrados, don nadies y tunantes de baja estofa que evolucionarán nadando a contracorriente de la sociedad, empleando dudosos métodos de financiación, actuando acordes a conductas poco éticas o indecorosas; Y además, tenemos software, drogas electrónicas, flipes psico pixelados, megacorporaciones y mucho rock`n`roll. ¿Por qué no íbamos a tildarlo pues de cyberpunk?
Es un ladrillo de 635 páginas, que sin que resulte especialmente molesto pero llamativo, tiene bastantes pequeñas erratas de imprenta original, como letras que bailan en su orden en algunas palabras, o palabras que se repiten en la misma frase, pero que no cunda el pánico, no amargan la experiencia lectora. Una experiencia, que igual que en su día supuse que Elhacker y las hormigas de Rudy Rucker sería una novela que disfrutaría muchísimo alguien que se dedique a la programación, por la cantidad de situaciones cotidianas extrapoladas de la profesión a la ficción; Pequeños Héroes ofrece una obra ideal para aquellos que se hayan dedicado al mundo de la música, y casualmente yo trabajé en el sector durante unos años, y el futuro distópico que imagina Spinrad para el negocio de la música, es una gozada profética para los que hemos pasado tanto por estudios de grabación como por el despacho de márquetin, logística, ventas, dirección artística y la editorial y hemos sido testigos de las luces y sombras del mundo del espectáculo. Y por eso he rechupeteado los huesos de cada capítulo en el que Spinrad reinventa el futuro de las sesiones de mezcla y master del rock`n`roll del futuro, que melódicamente, nada tiene que ver con el clásico ni el actual, y que nos es presentado como una fanfarria de efectos de sonido y exóticos instrumentos de conga dirigidos por acordes de guitarra, siempre disparados desde bibliotecas digitales de sonido a las consolas de control de software, modulados por sintetizadores y teclados con infinitos pluggins cargados para conseguir mantras hipnóticos y subsónicos.
No sé cuantas pistas cargaban en los 80 (cuando se publicó el libro) en un estudio profesional de Los Angeles, Nueva York, o cómo se lo montaban los Beatles en sus sesiones experimentales con toda una colección de cacharros Korg, Moog y un theremín puestos de peyote hasta las cejas. Pero Spinrad imaginó, excesivamente pero no mal encaminado, cómo en el siglo XXI la voz humana cedería a efectos artificiales para conseguir voces imposibles, con el ficticio Voxbox de su novela, posiblemente inspirado en el talkbox popularizado en los 70 por grupos como Zapp, pero más real que nunca hoy en día con el tratamiento digital por el que a través de vocoders, kilos y kilos de autotune y horas de melodine, un ingeniero de sonido con tacto y sobre todo buen oído, puede convertir el desafinado canto de cualquier participante de reality shows casposos, en una inhumana voz sensual y ligeramente robótica con entonaciones que ni La Carey en sus mejores momentos. O al gambitero hijo de una folclórica con la voz pasada de rosca tras diez resacas, en un ángel futurista de sensual terciopelo sobre una balada de folclore latino electrificado. Sí, eso se lo debemos a los ingenieros de sonido y productores musicales, arreglistas y demás elenco profesional siempre en la sombra de tu artista favorito. Que tu ídolo suene bien, se lo debes a ellos y ellas.
Así que sí, parece que hemos llegado a la música del futuro, el rock`n`roll ha muerto y cualquier tiempo pasado fue mejor, somos unos poiaviejas que lo flipas hablando todo el día de la EGB y criticando Dragon Force, David Guetta, el Trap y el reguetón. ¿Pero por qué? El nuevo orden mundial tiene la culpa, y Spinrad también disparó su pluma en esa dirección.



Retomando el control de los renglones, y centrándonos, Pequeños Héroes narra dos historias paralelas, de costa a costa, advocadas a convertirse en una sola (cero spoilers).
Por un lado tendremos en la costa oeste un triángulo compuesto por:
  • Gloriana O`Toole alias La vieja loca del rock`n`roll, una jubilada que sigue viviendo su Woodstock particular, recipiente y arca perdida del espíritu del rock en pellejo y hueso, el sexo, las drogas y el desmadre, con toda la sabiduría de la escuela de la calle acumulada hasta la incipiente tercera edad que no logra enterrarla.
  • Sally “La del Valle”, una virtuosa ingeniera de sonido del Voxbox, vocalista fantasma de la mayoría de éxitos de la radio fórmula insatisfecha con ella misma, una plane jane cualquiera, el fantasma del baile de fin de curso, alias La espinilla.
  • Bobby Rubin, el novato, más tierno que el pan de molde, un ingeniero de video y personalidades virtuales de primera categoría que se ha llevado todas las collejas del instituto.
Este trío de talentosos perdedores, anhelantes de mejores vidas y reconocimiento, serán los protagonistas de una historia relacionada precisamente con el espíritu creativo, la ambición, el estrellato, la frustación y los contratos basura de las grandes compañías.
Como ejecutores y arregladores a sueldo de la megacorporación nacional del ocio y el entretenimiento audiovisual, la Music Factory Inc (una parodia cruel de la MTV), tienen la obligación de crear one hit wonders que alcancen las cifras deseadas por la compañía cada x semanas para llenar las listas de éxitos de canciones absolutamente artificiales, interpretadas por artistas virtuales, inexistentes. Gloriana es la inspiración del tridente, la voz de la experiencia; Sally la vocalista, mezcladora y compositora al voxbox; Y Bobby el genio de creación de personajes, modelador de texturas, editor de video, y el responsable de crear fantasmas de bits y bytes que interpreten las canciones en fascinantes videoclips.
Todos cobran su salario en función del éxito de cada canción, pero la Music Factory se ahorra los royalties, las exigencias, los contratos y las complicaciones, al ofrecer música sin autores, estrellas inexistentes para la nación, ídolos etéreos, personalidades artificiales que responden a las características que el público demanda según los estudios de marquetin de la compañía y su equipo de sociólogos. El mainstream convertido en religión, una fábrica de moda, la industrialización robótica del arte, el máximo beneficio al mínimo coste, la muerte del rock`n`roll.

Por otro lado en la costa este, en Nueva York, tenemos el grupo formado por:
  • Paco Mónaco, un puertoriqueño de baja estofa que sobrevive en las calles dando palos y trapicheando en garitos de mala muerte. El tipo es el fan número uno de la estrella artificial de moda, Mucho Muchacho, el emperador azteca del rock`n`roll, el autor del hit “Tu madre también”.
  • Karen Gold, una chica de clase media a la que todo le salió mal, terminó una carrera que no la garantizó un empleo, perdió un empleo que comenzó a hacer por ella un robot, y al final se vio de patitas en la calle convertida en una fracasada absoluta hasta que topó con el Frente de Liberación de la realidad.
  • El frente de liberación de la realidad, un grupo antisistema de anarquistas con aspiraciones terroristas de poca monta, liderado por un carismático loco apodado Marcowitz. Una pequeña familia de soñadores con más ilusión que posibilidades.
Los caminos de todos se juntarán en las sucias calles de los getos de NYC a ritmo de los éxitos de la Music Factory mientras tratan de salir a flote de toda la mierda que les rodea.
Y entre costa y costa y el rock`n`roll, la fiebre de los wire, dispositivos neuronales que se colocan en la cabeza, camuflados entre el cabello, que dan un viaje alucinógeno de primera, muy adictivos, y con alta posibilidad de freírte el cerebro tras abusar unos cuantos meses de enchufarse. La droga electrónica.
Con ésta pequeña sinopsis, pasemos a desgranar los efectos que el libro ha generado sobre mi sin spoilear la historia principal y sus hechos más relevantes.

Como comentaba antes, los pasajes que detallan cómo funcionan los despachitos de cada departamento de una productora musical, editorial o distribuidora, son muy gozosos para alguien que conozca un poco el negocio, como también lo son los relacionados con sus fantabulosas sesiones de grabación y mezcla de éxitos como “El rey coronado del rock`n`roll” o “Sally Cyborg, cable y carne”. Como se ponen de coca sintética y chutes del wire hasta el culo para componer y como los problemas personales y las drogas son las principales inspiraciones a la hora de sacar una buena canción. Es un xplotation de los excesos ochenteros trasladado a un futuro cercano del capitalismo agonizante y las nuevas tecnologías.
Esta relación de música y droga que propone como inseparable Pequeños Héroes, no es ninguna tontería cyberpunk, es la realidad y sólo hay que echar un vistazo a la música contemporánea. Bob Marley y la ganja, La Ruta del Bakalao y las pastillas, Los Beatles o Jimy Hendrix con el LSD, etc… La droga y la música siempre han ido de la mano, pero la droga es ilegal y la música no. Y curiosamente la música que atenta contra la legalidad, al final, en el punto de mira de las discográficas, se convierte en cool, en moda, y el sistema, el orden mundial y las grandes compañías domestican a la estrella del rock con una mansión, un jet privado y más droga. La doble moral, la gran mentira, el cinísmo y cómo las compañías rebuscan en el patio trasero del underground la estrella emergente que está tentando al sistema con sus líricas transgresoras, sus mensajes revolucionarios, sus comparsas pseudo terroristas, exigiendo su lugar, su respeto como individuo, toma distancia cuando por fin la multinacional se lo entrega. La Major entonces se lo muestra al mundo entero como Mufasa con el pequeño Simba en lo alto de un pedrusco y gritarles “Esto es lo que mola ahora! Esto representa la lucha!” matando ipsofacto su rock, mascándolo como un chicle hasta dejarlo sin una gota de sabor, para después escupirlo y con suerte, al pisarlo, se quede en la suela de sus zapatos durante unos años.
Los genios de la música le cantan a las drogas, todos quieren ser como ese genio de la música, asi quemuchos fans toman drogas. El sistema prohíbe las drogas, sin embargo la compañía se lucra gracias a su artista pro defensor de las drogas. Interesa que la rueda siga girando y retroalimentando la moda (M.Rajoy: “lo bueno es malo, y lo malo es mejor” “los vecinos eligen al alcalde y es el alcalde quien elige a los vecinos”) y en Pequeños Héroes la droga es el wire, también conocido como zap o Jack. Esa mierda, conectada a tu cabeza, como una redecilla de baño con pequeños trodos camuflada en tu peinado afro o tu melena para que nadie la vea, te da un viaje directo a la parte del cerebro donde está la imaginación y los sueños y te potencia, te convierte en quien siempre quisiste ser.

DESPIERTA EL TIGRE QUE HAY EN TI


¿Y quién quieren ser nuestros protagonistas en la novela? Quieren ser sus artistas virtuales favoritos, quieren ser Mucho Muchacho el jodido chulo latino más gangster de ciudad choca rica, Jack El Rojo el príncipe del rock adicto al wire, y quieren ser Sally Cyborg el súcubo del rock electrónico, el pibón por excelencia, el deseo hecho carne y cable.
Pequeños Héroes va precisamente de eso, del potencial que cada don nadie lleva dentro, pero que no explota. De masas de corderos dóciles, sin expectativas que pasan por la vida como un mueble, sin plantearse nada, consumiendo, drogados, anestesiados, esperando la chispa que los convierta en una bola de demolición, y esa es el rock en nuestra historia.



Mediante la droga electrónica del wire, y la música, nuestros don nadies protagonistas, se convertirán por momentos en sus alter egos cada vez que se enchufen los trodos neuronales, y la realidad a su alrededor será la que ellos quieran que sea, lejos de los suburbios, lejos del drama, lejos del fracaso. La droga a resumidas cuentas, les lleva a un lugar feliz lejos de sus problemas, les convierten en lo que no son y siempre quisieron ser.
A nuestro grupo de ingenieros de sonido a sueldo, que anhelan ser la portada de la revista, estar bajo el foco, los flashes, las entrevistas, porque a fin de cuentas son los verdaderos autores detrás de la música , los “negros” y “ghost writters” detrás del telón mientras la fama es para un puñado de bytes y bits con nombres rimbombantes que ni si quiera existen fuera de la pantalla.
A nuestro grupo de muertos de hambre neoyorquinos, peleando con la vida, recogiendo las sobras de los ricos y los gordos de ciudad trabajo, oprimidos por el sistema, sin oportunidades de mejorar en la vida, con carreras que no les otorgan ningún empleo digno.
A ambos grupos, el wire les dará alas, les convertirá en Mucho Muchacho, en Jack El Rojo, en Sally Cyborg. Pero no sin correr riesgos, no sin que la ficción devore sus realidades, no sin que pierdan el control y sus alter ego interiores terminen devorando sus conciencias y haciéndoles dudar entre lo real y lo irreal. Poseiéndoles como vulgares yonkies que creen que aún controlan, que no se les nota el andar ni los ojos rojos, y que “todo les sale mejor cuando están colocados”, cuantas veces habré oído yo esa frase en mi vida real de un montón de amigos, que si hubiesen leído éste libro se habrían creído el estribillo de Jack El Rojo

Yo te potencio a ti
Tú me potencias a mi

Mentiras piadosas que susurra en la intimidad cualquier droga cuando hace efecto, si no estuviese buena, la gente no se engancharía.

Todas ellas y ellos, parias de segunda, imperfectos, carnales y simplones, se convertirán en Pequeños Héroes, 

“cada hombre un rey cada mujer una estrella”

, y reclamarán su lugar en la pirámide alimenticia del capitalismo a ritmo de rock como himno de la rebeldía e inconformismo. La música, es la gasolina del cambio en ésta novela, la droga, la trampa.

Dicho todo esto, hay que admitir, que cada viaje psicotrópico de wire acompañado de música y sus renglones recitados en cada página, son lo más parecido que he leído nunca a pequeños fragmentos de ridículos musicales de Boradway cyberpunk, con coreografías descritas, juegos de luz y sonido, efectos audiovisuales, y un montón de flipes pasados de fecha que surcaban mi imaginación como un clip de Lazarov renglón tras renglón, absurdos y cómicos que por el momento me sacaban de la trama y del drama social y la lucha de superación personal de cada uno de los personajes. Cuando aparecía Mucho Muchacho cantando frases como

Besa mi pico
Y tu madre también
Mejor llámame señor
Y tu madre también

O Sally Cyborg contoneándose con unas braids moradas de neón y su traje de catwoman cromado al son de

Soy Sally Cyborg
Sangre y cable caliente
Grita y tira el mundo
A mi pira funeraria

Y la broma de cantante glam de metal de Jack El Rojo con

Yo te aumento a ti
Tú me aumentas a mi
Soy tu maquina invisible de rock n roll
Bits y bytes


EL NUEVO ORDEN MUNDIAL 


Pues todo se volvía bastante increíble y extraño. Y esto, tal vez, haya enturbiado algo mi lectura de una obra, que desde luego tiene un claro mensaje motivador de rebeldía antisistema, espíritu juvenil y “piterpanesco” que incita a no dejar nunca de luchar por ser quien quieres ser y obtener lo que te mereces contra viento y marea, jodiendo al sistema mejor que mejor, molestando, como cuando los negros inventaron el funky y vestían de colores chillones con sombreros de ala y pluma, enormes cadenas de oro huecas y bailaban con James Brown, no lo hacían para que la radio pusiese de moda su nueva cultura, si no para molestar a los blancos conservadores, para mofarse de ellos, para lanzar coloridos gritos mudos con su indumentaria a una sociedad que de repente tenía miedo de que sus hijos blancos fumasen marihuana y bailasen funk y rhytm`n`blues con negritas de pompones afrorizados.
El mensaje es mantener la lucha desde la cultura y el arte, luchar con la música contra el sistema, que las canciones sean nuestras pedradas en sus ventanas, porque después del funky vino el punk, con los Pistols y con Sid cantándole a la anarquía, crestas, casas okupas, collares de perro, tatuajes, los blancos de la flema británica habían sufrido un cáncer entre su juventud y estaban preocupados. Pero como siempre, la droga campó a sus anchas, la heroína, el sida, las sobredosis.
Música, moda, droga, dinero, discográficas, y vuelta a empezar. Esa moda es mala, la juventud muere de sobredosis, os traemos una nueva moda, y así una vez y otra, una vez y otra, en una estúpida purga capitalista encubierta. El nuevo orden mundial deja a la juventud creerse libre durante unos años, si la palman de sobredosis, nos los quitamos de en medio, si sobreviven, serán productivos y formarán parte de la cadena de montaje social.
Los negros tocando jazz para blancos, los beatniks, los hipies después, los rastafaris y el heavy metal psicodélico, el pop rock británico, el rap, la música electrónica… Generación tras generación lo mismo. ¿Es arte? ¿Es cultura? ¿Es solo moda y consumismo? ¿Qué es? ¿Por qué lo necesitamos?

Y el sistema nos convenció, de que todo eso de las modas salvajes y las tribus urbanas estaba mal, de que la gente moría, de que no era el camino, y el stablishment ha ido guardando con disimulo al rebaño en el corral, y mientras los viejos rockeros miran sus tatuajes de vikingos y sirenas verdosear en sus brazos peludos y arrugados de cincuentones, los chavales raperos con pantalones enormes que pintaban paredes y rimaban en contra de la poli han desaparecido, la ruta del bakalao también, y los góticos que asustaban a la vecina del tercero cuando bajaba a comprar el pan se han metido en su ataúd, y el new world order se frota las manos con los beneficios de la nueva industria que mató al vinilo y la cassette, Madrid Rock y las tiendas Tipo, dando online a chorrón de megas a la legión adolescente homogeneizada la libertad de pensar que van en contra del sistema escuchando cualquier nueva ola como el trap, el nuevo rap de los negros que ponen a twerkear mujeres blancas con falsas voces pasadas por 25 filtros diferentes recitando odas a Versacce, Gucci y Balenciaga. Consume, consume, y drógate, haz el tonto, un falso nihilísmo antirevolucionario, no pienses, no quieras ser quien quieras ser, quiere ser como yo, nada en mi misma pecera, la pecera del nuevo orden mundial y creete eso de que le jodan al mundo. 
Desde los despachos han logrado que Madonna suene igual que Kiko Rivera y viceversa, que el viejo rockero pase por el aro y colabore con el nuevo producto, el nuevo Frankenstein de la música pop, el nuevo Milli Vanilly que borraremos de las listas dentro de 2 años si no muere antes de sobredosis o le pegan un tiro. 
Yo fuera del libro he visto al trajeado a punto de jubilarse que te cuenta qu él fue el motor del heavy metal en este país, mientras te intenta trasgiversar las condiciones de un contrato, que por escrito, dice lo contrario.
He visto un grupo que pega el petardazo, quiere prosperar en una compañía que le ofrece más, y su carta de libertad nunca llega bloqueando su carrera.
He visto al director del departamento artístico decir:

"Yo no tengo ni idea de música, no se reconocer el talento, pero se contar el número de personas en la cola del concierto y eso me basta"

He visto jóvenes ganar en una hora de espectáculo más de lo que tú y yo en un año, durante media década, y hoy, no tienen derechos de autor, royalties, ni manager y como no han cotizado no tienen ninguna suvención ni ingreso económico.
Los he visto, pasar de un call center a la marquesina más grande de Gran Vía en menos de un año. Y los he visto caer del escenario más caro y 60 fechas al año en los principales festivales del mundo a vigilar un supermercado con porra y uniforme oscuro.



¿Qué es el talento? ¿De verdad tuvieron talento alguna vez? ¿Son artistas o un producto? ¿Son conscientes de ello? ¿Cómo se supera haber sido un Pequeño Héroe y pasar a ser de nuevo un Don Nadie? Porque cuando la moda pasa, cuando tu generación de consumidores desaparece de la escena, cambian de hábitos, de ideales políticos, de ropero y de vida y te olvidan para siempre, entonces, ¿entienden que fueron una moda? ¿Qué dejan de legado? ¿iniciaron alguna revolución?
A los pocos que no se gastaron sus beneficios en ropa, saunas, putas y droga y ramificaron sus inversiones mirando al futuro,  seguramente les de igual. Los demás, van a necesitar mucho psicólogo y mucha droga legal de farmacia.

Bienvenidos todos a la muerte del rock`n`roll.
Jackson está muerto, Cobain también, Mercury está muerto, Lennon está muerto, 2Pac está muerto, es el deber de la corporación crear nuevas estrellas sin talento y esclavizar a las que lo tienen.
Y cuando creáis que alguien intenta resucitar al verdadero artista, al imaginador, y pega sus labios frescos y jóvenes a los de la momia rebelde para insuflarle un nuevo aliento, ahí estarán los gordos para ofrecerle un apartamento en las 6th de Miami, un contrato vitalicio lleno de párrafos trampa, un Lambo y un cheque más gordo de lo que la súper estrella en el garaje de su padre va a ganar en toda su vida tocando cada viernes en un bar y trabajando 40 horas semanales en cualquier agujero infecto. Y entonces la roja anarquía madurará a los ojos de todos. Y la rebeldía. La frescura, la creatividad, se fabricará en masa y se envasará en blisters para venderla más barata que la mota con semillas.

Eso es Pequeños Héroes, y si os gusta la música y el cyberpunk, tenéis que echarle cojones y leerlo.