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lunes, 18 de noviembre de 2019

MECHA SAMURAI EMPIRE



MECHAS Y MAS MECHAS

¿Qué pasa colegas, cómo lleváis el inicio de la semana? Perdonad mi retraso de unos días, pero la vida en el sprawl no es especialmente contemplativa, el pez grande se come al chico y al gobierno corporativo los ciudadanos de las áreas de vivienda subvencionada les importamos menos que un gatito clon en lo alto de un árbol artificial. Mamandurrias.

Hoy regreso a la carga con una secuela de un viejo amigo del Tungsteno, Peter Tieryas.
¿Que quién diantres es Peter Tieryas? Pues rebobinad hasta la entrada de su novela Estados Unidos de Japón, porque hoy os lanzo a la cara su continuación, Mecha Samurai Empire.



Sabéis que me gustan los mechas, oh sí, por supuesto, a mi y a cualquiera. Son grandes, destructivos y muy bonitos. Pero no soy un gran especialista a parte de enumerar otras publicaciones, películas o videojuegos y juegos de mesa/rol que incluyen estos artefactos como Macross, Guldam, Mazinger Z, Battletech, Armored Warriors, Pacific Rym y otros títulos muy orientales menos conocidos como Front Mission, Metal Warriors y cómo no el último resurgir de los gigantes de metal, Titan Fall.

¿Mecha? Pero... ¿mecha californiana, mecha de explosivo? Mecha no es más que la abreviatura del anglicismo mechanical, un robot humanoide o zoomorfo que necesita ser tripulado, una máquina de guerra, los tanques del futuro.
Según apuntan todas mis zambullidas en el dataverso para poder hablar con propiedad, los mechas comienzan a popularizarse en los cómics japoneses (manga) de la postguerra, cuando el gobierno japonés, derrotado, decide poner en marcha su plan de recuperación económica (que no ha frenado desde entonces) apostando principalmente en la industria tecnológica. Aquella nueva ola de interés social y económico a cerca del desarrollo de la mecánica, la robótica, el automóvil, y la electrónica en general en todos sus ámbitos (informática, doméstica, etc) inspiró a los autores de manga para inventar éstas moles bípedas de combate que se han convertido en el estandarte popular de la ciencia ficción nipona por excelencia, exportadas a todo el mundo con éxito y reconocimiento.

Pues bien, la primera obra de lo que Tieryas asegura va a ser una trilogía, Estados Unidos de Japón, era una novela tech noir, inspirada o continuista del Hombre en el castillo del tecno dios Philip K, Dick. Una ucronía tecnológicamente avanzada, casi cyberpunk, en la que el mundo estaba gobernado por japoneses y nazis tras el final de una GGMM que terminó al revés de la que nosotros conocemos. Pero lejos de ser una obra lisérgica y magnífica como la original de K. Dick, esa norteamerica ficticia divividida en dos por japos y nazis sólo copiaba lo básico del clásico. Carece de las características principales de la obra del pionero, y no pasaba de una acertada novela policiaca, con un misterio esperando a ser desvelado como cebo principal, y una portada que prometía mechas que basicamente nunca ofrecía en sus páginas, exceptuando un final poco épico y escaso de colosos de titanio.
Ese marketing mal ejecutado, ha sido tal vez una de mis principales decepciones de aquella primera obra de la saga de mechas de Peter Tieryas, pero leída la segunda, Mecha samurai empire, debo decir que menos mal que la primera apenas abusaba de los mechas, porque ésta segunda obra sí que hace gala a su nombre y a la portada, que pese a que el lomo no hace al tomo, vivimos en la era del marquetin, las formas y las apariencias. Y la protada es toda una declaración de intenciones en ésta ocasión, y cuanto me arrepiento.

Así que corrijo, no se inspira en El hombre en el castillo, si no que se aprovecha, viola su cadáver, aunque al menos le da un besito en forma de "easter egg" que no voy a desvelaros, pero que es curioso cuanto menos, enigmático, y que no se si el autor explotará en su tercera obra de la saga o no, pero que a mi me hubiese gustado que tirase de la cuerda según lo leí. No spoiler.

OTAKU CARNIVAL

Si ya la anterior entrega podía ser tildada de remake k.dickiano desde la visión del otaku del siglo XXI, con cambios más actuales, luces de colores, purpurina y mucha cultura pop; Mecha Samurai Empire es el cúlmen onanista de Piter homenajeando el lifestyle adolescente oriental. La trama se ubicará unos años más hacia el futuro que su predecesora, creando un lore artificial de cultura nipona que envuelve toda la costa oeste norteamericana en un sucedáneo de Akihabara, centros recreativos de videojuegos, institutos de serie anime con estudiantes uniformados, pandillas juveniles edulcoradas, soba, ramen y todos los tópicos que tenemos los occidentales neófitos de los japoneses sobre las páginas. Un empalague manga hecho novela que no funciona como tal, si no más bien como intento de adaptar viñetas o dibujos animados al renglón, raro, sin mucho ritmo, mediocre en lo narrativo, inferior a la novela antecesora, y en mi opinión siempre personal, insustancial. Fast food cifi que no amarga pero que tampoco enriquece, novela de “a duro” sin el romanticismo pulp que aquellas suscitan.

Un “mmmhe” ya que nos ponemos populares como el propio Tieryas, empleando la memecracia adolescente de la que intenta hacer gala en su obra, que más que convincente es demasiado infantil.
¿podríamos catalogarla como literatura juvenil en vez de ciencia ficción como me ocurrió con Biónico? Pues en ningún caso quiero ser peyorativo al respecto, no, porque la literatura juvenil es necesaria, absolutamente, y yo desde mi atril invisible de don nadie, la definiría como aquella literatura introductoria que sirve como trampolín para el público joven y adolescente, eludiendo complicaciones estilísticas, narrativas en exceso complicadas y discordias filosóficas, morales o sociales demasiado enrevesadas, para allanar el camino del lector novel hacia una experiencia saludable, agradecida y divertida que le motive en futuras etapas existenciales a continuar con la afición de leer, atreviéndose con títulos más densos de cualquier género, ya sea épica, fantasía, ciencia ficción, terror o romance.
¿Quiero decir con ésto que los escritores de literatura juvenil son peores que los no denominados así? Ni de coña. Hay mucho talento en la literatura juvenil, o light, o edulcorada, y desde mi ignorancia sobre el catálogo que puede abarcar esa etiqueta que no he inventado yo, tenemos a J.K. Rowling, Rick Riordan, Maskame, y un porrón más que escriben sin ninguna duda mejor que Peter Tieryas.



Vaya, que el género no escogido para escribir no vincula el talento de la obra, que no me mal interprete nadie.
Pero Mecha Samurai Empire no ofrece ningún aliciente a un devorador de ciencia ficción que haya pasado previamente por los gurús, mainstream o no, porque yo las listas me las paso por el forro del injerto, y es poco más que eso, un pasatiempo para un tío más en los cuarenta que en lso 20 como yo.

Y ojo, me vuelven loco los videojuegos, los cómics, soy un friki a mucha honra, un subintelectual, pero considero que para abordar cualquier tema en una obra, hace falta hilar fino, ser original, tener feeling, o al menos intentarlo, y mecha samurai empire me deja con el mismo sabor de boca que me dejó la pelicula de ReadyPlayer One, la de una pajilla gamer y otaku con muchas explosiones que pasan desapercibidas y que no son más que una distracción demasiado larga.

SHONEN Y CRITICAS AL EMPERADOR

Vamos al turrón. En los Estados unidos de Japón de mecha Samurai Empire tenemos como protagonista al adolescente Mac, diminutivo de Makoto. Un adolescente de colegio mayor japonés que cumple con todos los cánones del prota de un shonen (manga de institutos, a lo fisica y química nipon, o al salir de clase, o la nueva élite de netflix, pero en cómic japonés). Es un gamer empedernido, huérfano, que aspira a convertirse en piloto de mechas.
Los videojuegos, que ya cumplieron un papel importantísimo en Estadosunidos de Japón, vuelven a tener un protagonismo desmedido en ésta ocasión, convirtiendo el gadget portical en un protagonista omnipresente más de la novela. Esta portical no queda muy bien explicada nunca, jugando aquella baza gibsoniana de no dar demasiadas explicaciones al lector acerca de las nuevas tecnologías del futuro, confundiéndonos en parte, y en la otra, onbligándonos a usar la imaginación. En mi caso me lo imaginé como una especie de terminal portatil, como un teléfono movil, con todo tipo de funciones de usuario y avanzadas para interactuar con otros sistemas, una especie de red, aparatos tecnológicos de toda índole, e incluso, con conexiones neuronales para el usuario. Por supuesto, la portical, es la videoconsola portátil del momento.
Respecto a la presencia continua en el argumento de los videojuegos, la idolatría y reverencia de Tieryas hacia Hideo kojima (muy en al palestra estos días tras el reciente lanzamiento de Death Stranding) es una constante que casi casi, acaba resultando morbosa. Ahí, hay tomate.
Peter Tieryas se regocija en la importancia y evolución del videojuego como elemento socializador de nuestra era, equiparándolo a arte, industria superior al cine, más creativa y más lucrativa. Y razón no le falta, pero ya pasó Piter, ya pasó, respira, no hace falta de momento que todos tus libros tengan el videojuego como eje troncal de la trama. Ta veremos que haces con el tercer libro de la saga.

El imperio japones sigue siendo un régimen post feudal que hace cumplir el orden a base de recortar libertades, controla la población constantemente, monitoriza cualquier supuesta traición con su policía secreta, la toko, y endiosa las figuras políticas y militares. Una tiranía bendecida por la ley, la paz, el bienestar y el confort. Una crítica a los valores tradicionales japoneses.
El castigo corporal se sigue considerando una medida de disciplina y reeducación eficaz en sus escuelas, siendo la figura del maestro un ente intocable e incuestionable con poder de decisión absoluto sobre los alumnos. Una figura opresora temible, como la monja o el cura del colegio de nuestras infancias y la de nuestros padres, que te zurraba con la regla si fallabas la tabla del 7, pero a niveles mucho más anacrónicos.
Me recordó un poco a los castigos físicos de Tropas del espacio, en la academia militar.
Otra muestra crítica de la dureza social y emocional del japón más tradicional y sus valores maquiavélicos de superación y valoración del individuo y su inserción social.
Se ceba mucho en la mentalidad samurai civil, en el mito occidental de que en Japón la gente vive para el éxito, para sentirse útiles, para cumplir objetivos y ser lo que la sociedad espera del individuo, cumplir las espectativas. Una presión constante que en realidad constata la crónica negra de la cultura del seppuku, el bosque de los suicidios, los homeless por deshonor y todos esos autocastigos infligidos por el japonés que no cumple con los estándares.
De lo más destacable de leer entre líneas de ésta obra de acción adolescente.



También quedará en evidencia la monstruosidad de la guerra, que nunca cambia como diría Brian Fargo, y la manipulación de verdades posteriores desarrollada por el vencedor de cara a su población, para convertir a su nación en un país heróico y triunfante, barriendo bajo la alfombra todos los crímenes contra la humanidad cometidos par lograr esa victoria.
Un enfoque antibelicista igualmente interesante, de lo poquito a discernir en el libro, y que por desgracia queda eclipsado por su fallida intención de entretener y ofrecer combates y escenas de acción insuperables que quedan en un aburrido borrón de movimientos y disparos.

Sobre éstas premisas continuistas desde EstadosUnidos de Japón, todo está siendo lo mismito, lo mismito, que ya cansa después de haber retozado en ellas en el primer libro, convirtiéndose la lectura de la primera mitad de Mecha samurai empire, en un dejavú que me hizo pensar que es innecesario leer ambos títulos como parte de una misma historia, y elegir sólo una de ellas para entender el universo ucrónico de Tieryas. Confío que en la próxima tercera entrega, ahorre esfuerzos en volver a transmitirnos todo el habitat de su universo por tercera vez, y que deje de usar Elhombre en el castillo como excusa para hacer una novela cifi sobre videojuegos.

En Mecha Samurai Empire, Tieryas se aventura a presentaros algo más en profundidad y por primera vez, la costa este, el Reich, y dramatiza una exagerada sociedad del castigo, la aberración, la tortura y el terror. Describe la América nazi como un infierno repleto de campos de concentración mucho más terribles que los que los verdaderos documentales de la GGMM nos enseñan en blanco y negro, superando a la realidad con creces y toques gore y slash, que por un lado quiero entender que tratan de hacer entender a cualquier lector los horrores de una ideología como la nazi, pero que por otro lado convierten a los Estados unidos de japon, en una dictablanda preferible y mucho más avanzada y civilizada. Vamos, que el Reich de Mecha Samurai Empire es una caricatura exagerada de la América de los últimos videojuegos Wolfenstein. Convierte a los nazis en un enemigo monstruoso, cruel y absolutamente deshumanizado, cosas que ya sabemos que eran así en la realidad, pero que elevado a la ciencia ficción, no parece una sociedad victoriosa de una guerra con avances tecnológicos pese a su carácter tiránico, si no el infierno de Dante, una licencia que a mi parecer es un pequeño despropósito y resta realismo a la ficción.
Un cliché del mal y el satanismo ario, una sociedad absolutamente militarizada, un purgatorio neo gótico de murallas impenetrables y contínuas demostraciones de poder públicas que más que hacernos imaginar un neo Berlín, parece un planeta colmena caótico del Warhammer 40k.

ROMANCE Y ACCION

Ambientaciones a parte, la historia se centra en Mac, el estudiante gamer que quiere ser piloto, y como en toda historia adolescente de superación y autobúsqueda, el chaval tropezará varias veces hasta conseguir (o no) sus sueños.
Hay romance, valores de amistad juveniles (por eso comentaba antes la posibilidad de que sea una obra enfocada más a la juventud que un cascarrabias como yo), autosuperación, reconstrucción de viejos dogmas inculcados y despegue de la sociedad... Pero ninguno de estos asuntos termina de profundizar en ningún suceso destacable.
La camaredería, el patriotismo, el honor, la lealtad, la venganza, orbitan al rededor de la historia de Mac desde el instituto, pasando por una academia militar al más puro estilo Heinlein, con toques manga que evocan el título All you need is kill.



Y por fin, mechas, muchos mechas. A diferencia de EEUUDe Japón, Tieryas cumple su promesa en ésta ocasión y firma, pese a todo lo dicho antes, una novela de acción, explosiones, robots gigantes tripulados golpeándose que deja tibio a cualquiera que espere una historia original, sorprendente e intrigante. Narraciones más largas de la cuenta de combates previsibles y a mi gusto, regularmente orquestados, coreografías confusas de misilazos y espadazos de energía que abarrotan la mayoría de los capítulos de la novela, cumpliendo con las demandas de aquellos que leyeron la primera obra esperando más máquinas gigantes y menos thrillers.
La novela es un manga hecho párrafos, de dudosa adaptación que no logra mantenerme en tensión ni ponerme nervioso. “Pim, pam, pum” explosiones, metal por los aires y técnicas de artes marciales en vehículos de la altura de un rascacielos.
¿Es eso lo que esperamos de una historia de Mechas? Creo que sí, no puedo decir lo contrario, como homenaje al género cumple con todos los requisitos, Mac hace las veces de un nuevo Koji Kabuto dispuesto a derrotar las maléficas hordas del Reich y sus mechas biológicos que parecen robados de Evangelion directamente, o de un ejército de plaga del dios Nurgle de Warhammer 40k.
Pero si era ésto lo que esperaba, como cuando doy al play en pacific Rym, o abro las páginas de un Macross, ¿por qué no me satisface del todo?
Puede que el estilo y el ritmo de Tieryas no estén a mi altura como consumidor, y sólo eso, y no pasa nada.
Se que picaré el anzuelo con su tercera novela, porque me conozco, y no me gusta dejar inconcluso el material de un universo creativo en concreto casi nunca, y al menos, los EEUU ucrónicos de mechas de Peter, pese a no colarse en mi top ten, me hacen pasar el rato.
¿Acaso es necesario algo más? Se que Tieryas no es Gibson, Asimov, Dick, ni Clarke , no. Asi que sería un error engañarme a mi mismo esperando algo de esa talla, y es mejor entenderlo como tal, como una moneda de 25 pelas dentro de un beat em up de capcom, como Armoredwarriors, y ya. No hay por qué ser más pretencioso. Y a nadie amarga un dulce.
De hecho, para ser lo que es, me ha permitido explayarme en un montón de líneas, más de las que esperaba rellenar tras haber despellejado ya su primera entrega. No pensé que diese tanto de sí éste Mecha Samurai Empire
Así que si os apetece, Nova nos lo trae en papel en tu charcutería más cercana.



viernes, 30 de agosto de 2019

ESTE DEL OESTE, POR HICKMAN Y DRAGOTTA

POLITICA Y MENTIRAS



Bienvenidos una semana más a mi rincón del dataverso dónde los programas chinche que podéis pillar al conectaros os producirán sueños de metal radioactivo, sedosos y relucientes, fríos y sensualmente perfectos.
Desde luego, pese al riesgo de pillar una mega clamidia electrónica que fría tus genitales en tu próxima sesión de ciber sexo intraespecies, entrar a mi espacio virtual es mucho más divertido que encender la portical y comenzar a recibir actualizaciones de media social y política con todos esos zopencos del congreso, marionetas de las megacorporaciones, diciendo chorradas y haciendo el ridículo por un chusco de pan con moho.
Que si hay que activar el protocolo militar 1055 por el defcon2 en las colonias venusianas, que si el partido pro humanista tradicional es mucho más mejor y conservador que el partido cyborg pancista; Que si el carguero Primus III-F debería haber atracado en Luna o en Marte con 200.000 refugiados de la guerra civil de Phobos; Y así todo el santo día echándose mierda y balones fuera unos a otros sin aportar absolutamente nada nuevo a un sistema caduco, deteriorado y agonizante. El anarco capitalismo digital ha demostrado estar mal planteado y tras cinco siglos de subidas y bajadas en la llamada “área de confort”, los obreros cualificados y la población civil de ocupación social temporal, hemos pagado el pato.

Ya no hay políticos como los de antes. Y de eso va hoy el blog y nuestro sueño. De política. Sucia y asquerosa política, con discursos repletos de mentiras, sonrisas en el holopalco del parlamento y asesinos a sueldo apretando el gatillo del barret ligero sobre la cabeza del opositor de turno, de periodistas comprados y cloacas informativas, traiciones y poder. Política.



EL FUTURO LEJANO OESTE


Este del Oeste es todo eso y mucho más. Es un arte a color de altísima calidad y fino gusto a la nueva escuela americana; Es misticismo y leyenda que se entremezcla con la no tan distante religión y política; Es futuro pero es pasado, porque la historia siempre se repite y el ser humano nunca aprende de ella; Y sobre todo es una historia de amor y venganza que seguramente enamorase a Tarantino.

La culpa es de Jonathan Hickman y Nick Dragotta. El primero al guión y el segundo al dibujo ya habían colaborado con éxito en los 4 fantásticos de Marvel, pero es en Image Comics (Que en España nos trae Norma Editorial) donde han despuntado con ésta obra aún no concluida de la que siguen llegando tomos a nuestra charcutería favorita.
Hickman ya había puesto el foco sobre su persona con algunas obras como infinite y Los proyectos Manhattan, pero también le debemos algunas buenas historias de los vengadores, agentes de S.H.I.E.L.D. Y su obra El informativo nocturno.
Dragotta por su parte lleva en la mochila la responsabilidad de haber entintado a Spiderman, Capitán América y Los X-Men entre otros.

Abrimos las páginas del tomo o de las grapas (el tomo recopila unas 155 páginas, que serían 5 grapas de unas 33 hojas cada una) y caemos de golpe en un futuro ucrónico de corte western que mezcla elegantemente conceptos muy antagónicos como la religión y la tecnología, pero los marida perfectamente a medida que vamos chupándonos el índice y pasando la lámina de celulosa a colores.
Yo soy una persona a la que no le gusta mezclar todo lo que pilla para hacer un terrible megamix insoluble, y me mantengo distante y esceptico ante las obras que nos muestran space operas medievalizadas, o elfos y dragones con ciber miembros en un entorno cyberpunk. Me chirrían semejantes abominaciones contra natura, porque, o una cosa, u otra, o si vamos a entremezclar géneros y mundos que sea con una consistencia y una convicción tan firmes que no me haga dudar ni un sólo momento de que lo que tengo entre manos no es una majadería gratuita sin píes ni cabeza, de esas que te sacan contínuamente de la inmersión porque cada paso que das hacia adelante es un nuevo disparate vomitado por una mente enferma y sin ciriterio a la que le dan igual ocho que ochenta y quiere juntar en el mismo plato dulce, salado y redbull. Al final, aunque reunas tus sabores preferidos en el mismo plato, la diarrea va a ser monumental.
Y sin embargo en Este del Oeste, vamos llevándonos a la boca, pequeñas dosis de ésto y de aquello, que al final dejan un retrogusto a ciencia ficción magistral, que se aprovecha en su justa medida del lore del salvaje oeste en un futuro lejano hiper tecnológico sin ser Bravestar, y que nos mete la puntita con disimulo y un gapillo el ausnto de las profecías bíblicas y la mitología cristiana más primitiva.
Con lentitud, sin prisa, ya que acaban de editar el número 44 en EEUU y aunque se vislumbra el momento del gran final, la obra lleva publicándose desde 2013, digerimos y pedimos más futurismo con ecología imperialista en un mega conflicto bélico que gira en espiral en torno a un epicentro profético que anuncia un apocalípsis que no llega, pero que los humanos se están esforzando por provocar.



JUEGO DE SPAGHETTI TRONOS 


Al grano y sin spoilers as ussual. EEUU Ha quedado balcanizada en varias facciones o estados que conviven en una tirante existencia de alianzas y sabotajes que inevitablemente nos recuerdan a Canción de Hielo Y Fuego de R.R.Martin y su convulso mundo de Poniente. El futuro de Este del Oeste es feudal e imperialista, excesivamente jerárquico y con castas. Sobre suelo norteamericano tenemos una facción de ascendencia China en la costa Oeste, con su arquitectura, moda y costumbres asiáticas; Desde el Midwest hacia el Atlántico encontraremos una Texas independiente, una nación nativo americana, unos estados confederados y unos estados sureños de ascendencia afrocaribeña, y por último una costa Este de aparente prosperidad ultra capitalista y conservadora.
Todas ellas reflejan la heterogeneidad de una nación poblada por emigrantes, una nación sin historia más que la reciente, una nación de etnias autóctonas masacradas y doblegadas que actualmente clama por la autenticidad de sus ciudadanos y su pedigrí, cerrando fronteras y negando el sueño americano que ellos mismos inventaron hace apenas un par de siglos atrás. Yo prefiero el sueño de Tungsteno.

Como en otras obras CIFI, la identidad e idiosincrasia propia de cada pueblo o etnia con sus costumbres y creencias, perdura en el futuro lejano convirtiendo a algunas de las facciones en clichés cromados de su historia pasada, poniendo de manifesto sus tópicos más típicos, pero sin que esto empeore la calidad de los personajes y sus entornos, ya que en realidad, me he acostumbrado a pensar que ¿que somos más que lo que proyectamos y los demás perciben de nosotros? Eso que dejamos impreso en los demás, esa primera impresión, es nuestra carta de presentación como individuos, que si se repite por individuos de la misma comunidad, crea el tópico. Y los tópicos, bastante realidad llevan si conseguimos no emplearlos como mofa despectiva o leyenda peyorativa para ofender o menospreciar otros colectivos, pueblos, razas o culturas. Así que aceptamos barco como animal acuático.

Este del oeste es un espejo futurísta de la historia pasada y presente de los Estados Unidos de América, encarnada en unos líderes de cada nación o facción, ansiosos por el control, el poder y la supremacía sobre las demás, obviando en su remolino de muerte y destrucción que hay fuerzas superiores al control, las fronteras y la riqueza. Una metáfora bien llevada cuando introducimos en la fórmula a los jinetes del apocalípsis y la misma figura de la muerte.
Una muerte icónica, cowboy alvino, que no negro como imaginan casi todas las culturas a la parca, con la percha de Clint Eastwood.

Estos personajes extraídos de la mitología paleocristiana se cuelan en los tejemanejes políticos e imperialistas de las facciones en medio de una trama principal, común al resto de tramas alternativas geopolíticas y familiares que la obra propone, que anuncia el apocalípsis final que nunca llega, debido a ciertas “anomalías” en el transcurso de la palabra profetizada por un extraño fanático religioso que reside en un punto de culto similar a una nueva Jerusalém o una nueva Meca conocido como Armisticio. Un cráter en medio del desierto donde han de reunirse los líderes de todas las facciones, conocidos también como los elegidos, para descifrar las parábolas de la palabra y poder así controlar el apocalípsis.
Entre las “anomalías” de la profecía, la deserción de Muerte de las filas de los Jinetes del apocalípsis. Y aquí encontramos la épica del cómic, Muerte dejó de servir a la palabra después de enamorarse y tener un hijo, Babilonia, seleccionado como la bestia que originará el fin del mundo. Un papel que la palabra asigna en sus profecias al crío, motivo por el que lo raptan, lo apartan de su padre y de su madre (líder heredera de una de las facciones en guerra) y que tiene también su propia trama y secretos, quizás, los más intrigantes de toda la historia y mis favoritos.
Sí, Babilonia, el hijo de muerte y su droide tutor “Globo”, son la pareja de personajes que más me fascina y encandila de todas las ramificaciones abiertas del argumento. Y no quiero spoilear nada.

Por lo que en resumen tenemos: Guerra, traición, política, romance, venganza, mentiras, un montón de líneas paralelas de argumento, mitología, espiritualidad (la nación nativo americana son unos gurús y chamanes que han potenciado su nexo con la madre tierra y el mundo espiritual gracias a la tecnología), y muerte, mucha muerte.



El cómic es complicado, pero no al estilo de un Masamune Shirow gracias a Dios, en el que por más que leas y releas faltan datos por todas partes. No. Complicado como decíamos antes a lo R. R. Martin, ya que el número de personajes principales y secundarios es elevadísimo, y tenemos muchos melones abiertos contínuamente. Tenemos las facciones y sus líderes, tenemos la palabra y su profecía, tenemos un caza recompensas del que no quiero hablar mucho para no spoilear pero que parece haberse agenciado el rol de la mismísma y renegante muerte, a la propia muerte huyendo de su pasado en busca de reunir a su familia y ser feliz (curiosísimo), los jinetes del apocalípsis persiguiendo a muerte y Babilonia, etc...

Entonces, iremos leyendo conversaciones que se nos harán extrañas, que serán complementadas en futuros números mediante flashbacks o nuevas conversaciones, desvelando poco a poco la verdadera motivación de cada uno de los llamados elegidos y que papel quieren desempeñar en el cercano apocalípsis evangelizado por el profeta Ezra en Armisticio.
La nación de los antiguos nativos americanos no dejarán de consultar con sus antepasados y sus espíritus, mientras que el resto de ambiciosos gobernantes conspiran unos en contra de otros para robarse o asesinarse, ansiosos de mundanal y material poder.

O TODOS O NINGUNO


No encontraremos un protagonista como tal, aunque yo me decanto por muerte y Babilonia, pero todos los integrantes de ésta odisea titánica tienen una especial importancia en la trama, y ahora que caigo, ojo a Cuervo y Lobo, una pareja mística de chamanes cambia pieles afiliados a la nación de los antiguos con un estrechísimo pasado en común con Muerte.
Pero no os encariñéis mucho con ninguno, porque morirán, vaya que morirán, 0 spoilers, pero cuando me aventuro a decir que la obra está más próxima a Juego de Tronos que a cualquier otra cosa, ya está todo dicho.
El caso es que todos los personajes son brillantes, muerte, el gobernador confederado Archibald tan ladino y taciturno, el tejano Solomon cumpliendo el tópico de pistolero busca oro a lo Sam Bigotes, los jinetes, lobo y cuervo y su gurú el chamán Chebeyo...

Una colección altamente recomendable, que pese a su engorrosa maraña argumental, confluye en un claro de luz cada x números, alentándonos a no parar de leer.
Un disimulado puñetazo a la Norteamérica de ayer y hoy (tal vez por ahí venga la inspiración de haber elegido un entorno de far West como habitat futurista) y de cómo los grandes imperios se construyen sobre fanatismo, superstición y muerte.
Una crítica a como el materialismo y el ansia de poder distancian al ser humano de sus raíces, de su espiritualidad, y lo ciegan convirtiéndolo en menos que un animal hambriento.
Una historia que augura como la humanidad podría autodestruirse el día menos pensado por culpa de su cinísmo, sus odios y sus prejuicios, en la que al final, la más humana, la única capaz de amar, es la muerte, lo que deja poéticamente en muy mal lugar al ser humano más deshumanizado que nunca, obcecado únicamente en el control. Un mundo, en el que adrede o no, la muerte es la protagonista, y si ella puede amar, ¿por qué no los hombres también? ¿Algún día?.
Podremos pensar sobre eso mientras disfrutamos del arte y la ficción en Este del Oeste mientras nos llega el gran final de una fábula sin par.