martes, 15 de octubre de 2019

EL DEPORTE DEL FUTURO, DE ROLLERBALL A LAS VIDEOCONSOLAS


EL DEPORTE Y EL FUTURO, DROGA Y CIRCO.


¿Qué tal la semana? Espero que bien tungstenitas, deseo que no os hayan explotado más de la cuenta en vuestras megafactorías ni que vuestro sector haya sufrido ninguna guerra corporativa reciente. La vida es dura, pero siempre tenemos a mano pequeñas alegrías que nos hagan sentir más humanos y menos máquinas como los fármacos recreativos, la realidad virtual o el deporte.
El deporte, a casi todo el mundo le gusta el deporte, verlo, que no tanto practicarlo, ya que el deporte, nos guste o no, entraña sus riesgos para la salud aunque su finalidad es precisamente mejorarla. Yo, por ejemplo, he quedado seriamente averiado de los píes, precisamente, por venirme arriba durante semanas con unas zapatillas de pobre, y ahora pago las consecuencias, físicas y económicas, de tener que recibir un tratamiento que no cubre la seguridad social para volver a caminar sin ver las estrellas. Así que eso opino del deporte.
Pero verlo desde el sofá noruego de impresión 3D  en mi salón de pladur y sinteplástico, con una cerveza y ganchitos derivados del petróleo con acidulantes y conservantes, ¡eso ya es otra cosa!

Unos pocos elegidos llegarán a la cima del deporte, se convertirán en dioses, ídolos superiores a los políticos, los CEOs del zaibatsu, y las estrellas del chrome rock. Deportistas de élite, la más flamante especie depredadora del sistema. ¿Y el resto de deportistas que en su ascenso al ático, pasan la puerta de entrada del rascacielos del Olimpo, pero se les estropea el ascensor en la segunda, tercera o cuarta planta sin llegar a la 20? Vaya, poco pensamos en ellos, que durante un tiempo corto, se lucraron rápidamente, con pingües beneficios que se evaporaron rápido, en malas gestiones e inversiones, y nunca volvieron a ser nadie... Mucho psiquiatra. 
Como aquellos héroes y heroínas nacionales, que dieron la plata, el oro o el bronce a sus naciones, y años después, acaban con la masa proletaria, compartiendo piso entre 4 y atendiendo en una category killer deportiva con su nombre en una chapita en el pecho del niki, porque ya nadie sabe quienes son ni lo que han hecho mientras les piden un par de Nikes del 43 del almacén.





Sí, el deporte es cruel, es un negocio que desprestigia el esfuerzo, sacrificio, dedicación y logros de quienes lo practican tanto como sus beneficios, eclipsando sus riesgos, y cada generación sigue inundando los sueños nocturnos de pequeños y mayores. ¿Y cuando les pregunto a mis cachorros de la familia qué quieren ser de mayores? Responden sin ninguna duda...futbolistas, angelitos míos, qué miedo.
El negocio y el mundo del deporte es un mundo lunar, con la cara visible y la cara oculta, con mucho helio 3, un mundo corporativo que se sostiene sobre intereses económicos y de ingeniería social, diseñado por los titiriteros para moldear los estratos, sin ninguna duda. El espectáculo deportivo en la clase proletaria y media, es como el crack para la clase desfavorecida, es opio, pan y circo, fanatismo religioso. 
Son un grupo de gente capaz de criticar cualquier otra afición o actividad que no sea la de ir al estadio con la cara pintada, un tambor, bufandas de colores y cascos de vikingo, plumas de indio o pelucas de rizos. Gente que se considera digna y normal a diferencia del resto que juegan con espadas de gomaespuma, leen tebeos, saltan bancos del parque o lo que sea que hagan esos frikis. Es esa misma gente, orgullosa de sus costumbres (y por que no, cuidado, cada uno camela como quiere camelar si dejas a los demás camelar también) dispuesta en ocasiones a partirse la cara contra otros seres humanos exactamente iguales que ellos pero con otros colores en su disfraz. Parte de esa misma gente, entrará en la trampa del sistema politizando su afición, atribuyendo valores políticos a sus camaradas de grada o a su propio equipo y sus dirigentes. 
El efecto del deporte sobre la sociedad es demoledor. Lobotomiza y moldea a la víctima más que un político, más que una compañía de telecomunicaciones, más que el refresco de Cola extra azucarado y más que nada que puedas amar más que a tus hijos y tu pareja sin darte nada a cambio, sin compartir contigo ni uno de los céntimos de los millones y millones que generan diferentes empresas buitre al rededor gracias a tu pasión por ello. 
Pero no me malentendáis, no lo critico, formo parte de esa misma trampa en otros sectores del espectáculo como el cine o la música, donde encontraremos perfiles muy similares. El ser humano somos así, susceptibles de idolatrar.

Por eso el deporte es un negocio actual que encaja en la distopía futurísta mejor que cualquier otro. Porque el zaibatsu ha llevado el espectáculo deportivo a cuotas que aún no han tocado límite, y que seguro evolucionarán a cúspides inimaginables por nadie, o tal vez ya imaginadas en la ciencia ficción una vez más. Porque el deporte es cyberpunk, tiene sus antihéores, anárquicos, malos ejemplos, sancionables, rock stars de la pelota, la raqueta, el hierro o los guantes. Individuos volátiles, drogadictos, políticamente incorrectos, antisistema, viciosos y puteros, que podrían liderar alzamientos populares con sólo chasquear sus dedos. ¿Por qué no lo hacen? ¿Qué ejemplos tenemos hoy en día?
Héroes de la clase obrera y líderes de lo incorrecto como Maradona y Tyson; asesinos monstruosos como Pistorios y OJ Simpson; ácidos detractores de lo establecido y agitadores como Rodman y Barckley; tramposos como Armstrong; y líderes políticos y espirituales como Mohammed Alí o Jessy Owens, que si los comparamos con los demás personajes citados, tristemente, pertenecen a otra época, una época épica no tan lejana con necesidad de ideales, con hambre en la conciencia, con ganas de luchar, una sociedad de la que deberíamos rescatar valores y cambiarlos por todo ese somnífero y cloroformo social impuesto por el orden mundial como es el sexo, las drogas, los likes y los pulgares hacia arriba. Otros, como el antiguo piloto de Rallies Claude Maurice Marcell, decidieron en vez defender unos valores, crear los suyos propios y montar sectas. ¿Entendéis a dónde voy? Es triste que se hayan convertido en role models auténticos perdedores como ellos, porque pese a sus goles, triples o touch downs y k.o.s, son perdedores de la moral, son máquinas de entretener, marionetas del sistema, droga, son droga para el pueblo transmitiendo un mensaje erróneo, una fake new que dice “puedes llegar a lo más alto siendo un patán”, y así va la sociedad, con niños pensando que ¿para qué estudiar si puedo anotar tantos, tener mujeres y esnifar droga pura? Pero incluso para eso, hay que esforzarse mucho, y lo que es más importante, la segunda fase, hacer los contactos, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, pasar por el aro del que suelta la gallina, tener carisma, y renunciar a tu alma.

Porque el juego de los deportistas de élite incluye las galas, la etiqueta, las relaciones públicas con empresarios, actrices, periodístas influyentes, políticos, abogados, economistas, el waltz de los millonarios, de la avaricia que los deshumaniza poco a poco, de aceptar su posición de depredadores en la pirámide, y del más tengo – más quiero. Y terminarán cayendo en la trampa del patrón, convertidos en mulas de sus intereses, culpables de malversación de fondos, cohecho, testaferros, y toda una larga lista de delitos fiscales de guante blanco, o casados con una heredera de casa real corrupta y pagando el pato en prisión.

El deporte es cuna y tumba de celebridades fuera de la cancha, dignas de un cuento de Gibson, capaces de verse involucrados en complots empresariales y políticos, sucesos violentos, negocios de extraperlo y mercado negro, como Molly Millions y Armitage, sin ninguna duda. Poco se explota esa faceta humana, al margen de lo profesional de los deportistas de élite. ¿Por qué? ¿No interesa? ¿Alguien lo restringe desde los sillones de piel y las enormes mesas de cristal de una sala de juntas?
A veces alguien se atreve a hablar de ello, y os recomiendo la serie televisiva Ballers, donde el mundo oscuro de las estrellas de la NFL queda medio destapado en una ficción con mucha realidad autobiográfica. Entre el quaterback de moda y la biografía de los Motley Crüe hay pocas diferencias, dolares, drogas, burdeles, y una larga y divertida lista de censurables aventuras al margen de la ley.
La fama trae dinero, el dinero trae poder, el poder trae glamurosos problemas.



A parte del carácter megacorporativo tan distópico que el deporte encarna, sus conquistas socio culturales y cerebro planistas impuestas desde posiblemente lugares como el instituto Tavistock, y sus antihéroes, el deporte también representa algo digno de tener en cuenta para imaginarnos el futuro, tecnología e I+D.
Mas fuerte, más rápido, más lejos. Los griegos lo dejaron claro hace siglos, y sigue siendo el lema de la actividad física, lograr que la mente desbloquee sus puntos débiles para llevar el cuerpo a su tope de explotación, como la mejor máquina de ingeniería creada por Benz o Ferrari. Precisión, control, puntería, resistencia, perfección. Para llevar los huesos y la carne al récord, hacen falta mejores zapatillas, mejores raquetas, mejores motores, y ahí, igual que un gobierno tiene la gallina de los huevos de oro en la industria tecnológica y armamentística (siempre que tenga enemigos claro), ahí es donde el deporte moviliza el producto interior bruto de la nación. Ingenieros de todo tipo, físicos, médicos, mecánicos a sueldo del deporte para mejorar las herramientas del mismo, y toda una legíón de ciudadanos de baja estofa en naciones en vías de desarrollo civiles (que no industriales) de los que nadie se acuerda cosiendo y manufacturando sus revolucionarios accesorios deportivos en barcos factorías flotando sobre aguas internacionales por 1€ la hora, como en una historia de Neal Stephenson. Salvando los vacíos legales obvios, hay muy poca diferencia desde el camello enjoyado de Manhattan al indígena cultivando coca en la selva dentro de éste negocio. La cadena capitalista en movimiento con casi idénticos efectos, manufacturar un producto millonario que tiene al obrero entretenido y despreocupado, en resumen.

Todo ese desarrollo tecnológico, podría derivar en un futuro ficticio (o no) en mejoras genéticas para los deportístas, o incluso injertos cibernéticos para seguir siempre mejorando el espectáculo, más fuerte, más alto, más lejos. Me imagino el discóbolo con un brazo cromado y me fascina la nueva humanidad que sueño con un toque Windjammers.

Así que no es locura que el deporte ocupe un interesantísimo puesto en la ciencia ficción y las distopías que aún no he visto explotar con tiento en la literatura ni el cine, pero tal vez sí en uno aparentemente menos formal como es el de los videojuegos.

ROLLERBALL


Una de las películas que a mi opinión abanderaría todo éste punto de vista futurista del deporte es Rollerball de 1975.
Dirigida por Norman Jewison (El violinista en el tejado, Huracán Cárter o Jesucristo Superstar), nos llevará a un futuro pasado imaginado a finales de los 70, y digo futuro – pasado porque nos ubica en nuestro ya caducado 2018, ya sabéis cómo va ésto de la ciencia ficción, tiene fecha. En ese futuro que él imaginó, los gobiernos, los países, ya no existen o son meros títeres de las corporaciones. Uhhhh, se me pone el vello de punta, pura filosofía cyberpunk, vamos bien.
Seis corporaciones dominan el globo, la energética, la de alimento, la bélica, y básicamente sin recordarlo ni haber tomado nota, cada una representa una necesidad básica del capitalismo y el new world order. De una forma utópica, camuflada por los titiriteros fumadores de puros cubanos, la sociedad ya no tiene guerras, ni enfermedad, ni paro, pero todo está pre programado por las corporaciones, la libertad es un espectro difuminado que el ciudadano cree disfrutar gracias a tener las necesidades básicas cubiertas por la megacorporación para la que trabaja, y sobre todo porque tienen Rollerball, el deporte corporativo rey, el espectáculo número uno en todos los hogares del mundo. “Que le den a lo demás si cada martes tengo mi partido de rollerball”, ya sabéis.



La película, no obstante, es la adaptación del cuento de cifi escrito por William Harrison con nombre Roller ball Murder que sintetizaba la misma historia.

Toda la idea introductoria del blog de hoy resumida en un film, dejando claro que yo no invento nada en mis reviews, sólo presto atención a lo que vienen décadas avisando otros genios creativos.
El caso es que Rollerball es un deporte de contacto que mete en una cancha circular con inclinación (similar a la de ciclísmo en pista actual) que conforma un circuito ovalado por el que desfilarán ambos equipos sobre patines y motocicletas. Alucinante mezcla.
El objetivo, parece ser (y digo parece, porque en la película, siguiendo muy bien las clásicas reglas de worldcrafting del cyberpunk apenas nos explican nada ni nos introducen al cotarro) que consiste en recoger una pesada esfera de metal que se lanza al campo cada tanto, y tras dar varias vueltas al circuito sin haberla perdido o haber sido placado, introducirla en una “canasta” única sobre la pista para conseguir el tanto. Según lo vi me recordó al roller derby del que me he hecho asiduo en youtube hace poco.
Con patines, velocidad, motocicletas y una pista ovalada, está claro que va a haber contacto físico. La estética retro futurísta de los jugadores tiene todo ese encanto del punk con sus cascos, sus hombreras, mitones con tachuelas, y a la vez el punto casposo retro de jugadores con patillas, flequillos y correctos bigotes ralos de vendedor de cadillacs en un concesionario.

La película comienza con un partido de lo más llamativo, Houston contra Madrid, me quedé boquiabierto y divertido con que Jewison incluyese una mota de polvo setentera como Madrid entre las metropolis mundiales que podría haber elegido para su distopía. Y nos introduce a un equipo liderado por Jonhatan, el capitán, un veterano jugador de rollerball que lleva ya siendo el ídolo de los hinchas varias décadas, mucho más de lo normal en un deporte tan veloz y violento donde las lesiones obligan a las estrellas a jubilarse anticipadamente. Jonhatan es interpretado por James Edmund Caan (decir que es Sonny Corleone en El Padrino debería ser suficiente), un deportista correcto, conforme a los cánones sociales, fiel a la corporación energética que le provee de un lujoso rancho, coche caro, ropa de diseño, helicóptero y de diferentes mujeres , lo más llamativo, esa visión de que la corporación no sólo te dará de comer, si no que saciará tus apetitos sentimentales o meramente carnales con elegancia proporcionándote una pareja profesional, sumisa, cariñosa y complaciente, hasta que te canses de ella y le pidas una nueva a la corporación. Totalmente impensable hoy en día, sin entrar a valorar lo machista o incorrecto que puede suponer en nuestro pensamiento social actual (también diseñado pro arquitectos de la mass social obviamente), pero que dice mucho de lo vacuo que el ser humano es por naturaleza cubiertas sus necesidades maslowianas. Lo mismo nos da 8 que 80 si el viento sopla a nuestro favor.
Y ojo, que precisamente, ese conformismo seccionario, ese don del confort regalado sin hacer preguntas de por qué vías llega es uno de los motores del cambio, porque ¿qué tienen los demás? ¿Qué hace la corporación con los demás si está haciendo ésto conmigo?.
A Jonathan le remueven la conciencia cuando el presidente de su corporación le invita a retirarse de forma muy persuasiva. Jonathan, encarnando los valores de equipo, rebeldía y superación, derogará la propuesta, poniendo en su contra al poder establecido y espoleando a los hinchas de la clase proletaria a creer que es posible ser libre en un mundo en el que la corporación son nuestros dueños y la mano que nos da de comer.
Por que claro, tras el estrellato del rollerball ¿que hay? ¿La corporación me quitará el rancho, la esposa semestral, el helicoptero? El drama del deportista profesional real, la caída desde el noveno piso como decían en la película de La Haine. Aún hecho éste inciso, esa no es la motivación de nuestro Jonathan, no quiero confundiros.


Jonathan es testarudo, es ese tipo de héroe viril, macho alfa de otra década, atormentado por la pérdida de su único amor verdadero, una de las esposas que la corporación le proveyó y que no ha borrado de su mente ni vuelto a ver en los último años. Un machote romántico que sigue hacia adelante gracias al equipo y el rollerball. Sin rollerball y sin chica, ya no le queda nada, su vida se derrumba, y decide impedir marchitarse, rebelándose en la pista contra sus amos.
Comenzará a tirar de la manta, a inmiscuirse en asuntos prohibidos, a husmear en las entrañas del nuevo orden, expandiendo la profundidad de la historia, presentandonos a Zero, el superordendor corporativo que acumula todo el saber de la humanidad (correctamente seleccionado y clasificado previamente por las corporaciones), vamos, el internet de ahora, o una especie de Multivac asimoviano de marca blanca.
También veremos como la sociedad se olvida de la realidad con fármacos recreativos a parte de con el Rollerball, en unas pinceladas snobistas pero denigrantes de un futuro ultraprocesado.

Jewison nos dio una fiable (en aquella década) visión de los glamurosos problemas del deportísta de élite, marioneta del poder, falso libertino controlado, que llegado un momento de clarividencia personal, decide luchar contra el director de orquesta. El capitán se Houston es un antihéroe, un pez contra corriente, que rechaza los regalos de la sumisión y se encabrita contra sus antiguos mecenas. Toda una metáfora distópica repetida hasta la saciedad.
En el apartado técnico, la película, que hoy en día tiene un ritmo lento y el Rollerball no le llegaría a la suela de los zapatos en velocidad ni emoción al Motorball de la Alita de Rodríguez, presenta guiños e influencias kubrickianas que me recordaron a La naranja mecánica ( años anterior) tanto en su visión futura inmediata de la moda textil y la estética, como el uso de la música clásica de Bach en la BSO para una película futurísta, dejando caer que el futuro tendrá las mismas epopeyas, dramas y problemas que el humano lleva teniendo desde la antigüedad. A fecha de hoy me parece una buena película si tenemos en cuenta el prisma social y estilístico de hace nada más ni nada menos 40 años. Con momento poéticos por momentos que tratan de gritarnos algo dificil de traducir (la escena del "tiro al abeto"). Y sobre todo, si comparamos ésta arriesgada obra pionera, con su horrible remake de 2002.



Hay, cómo hemos cambiado” decía la canción, y qué mejor recuerdo musical que ese para despellejar Rollerball de 2002, de la mano del polémico (por el caso legal Pellicano contra el FBI) John McTiernan (con joyas como Depredador y El último Gran Héroe) que nos regaló un bodrio de gran tonelaje, reventando el clásico de Jewison y la obra de Harrison, con un elenco de actores suficientes e insuficientes totalmente desaprovechados y mal dirigidos como el rapero LL Cool J, el siempre carismático Jean Reno y Chris Klein ( American Pie y otra larga lista de mediocridades a mi opinión) resucitando a Jonhatan como capitán de un equipo de rollerball pero en una caótica actualidad del siglo Xxi, en extremo oriente, en una nación satélite de la antigua URRS balcanizada donde todo vale y las mafias locales campan a sus anchas mientras el proletariado es no más que esclavos en minas de carbón, que sin mucho protagonismo en el lore andan por la ciudad montando manifestaciones y revueltas mientras el resto de la sociedad mundial se lo pasa pipa con el rollerball.

En ésta nueva versión, las moralejas rebeldes y los cánticos antisistema y proratas de superación individual quedarán totalmente al márgen, mitigadas y sustituidas por fallidas escenas de acción y velocidad, chicas guapas y tíos cachas en busca del blockbuster. Poco, muy poco puedo destacar de esa segunda versión, más que los uniformes de los equipos de rollerball están muy chulos con un toque menos deportivo que la original y mucho más MTV, acordes con los 30 aós discurridos entre película y película, y que lso equipos de rollerball serán mixtos y no sólo masculinas, que no representarán corporaciones, si no que son bandas de especialistas violentos y zumbados criminales ganándose la vida sobre patines, y que la lacra del rollerball en vez de zaibatsus y empresas será la audiencia televisiva y el enriquecimiento de los ejecutivos deportivos con prioridad sobre el de los deportistas. Una crítica muy descafeinada a cerca de la mafia deportiva en general, ajena a males sociales endémicos y leitmotives distópicos, muy cogidito todo con pinzas, que lo único que refleja es como decía al principio, la forma en al que ha cambiado el gusto por filmar, la moda, el estilo y la sociedad desde los años 70 a los 2000, los cambios de consumo por parte del espectador, Bach sustituido por rap y punk californiano, patillas y bigotes por biceps, crestas y silicona, uniformes protocolarios en la pista por cascos de samurai y hombreras con pinchos, nada de ordenadores con inteligencia artificial controlando al sociedad ni nada por el estilo y bla, bla, bla. Pero nada, absolutamente, nada más. Ningún acierto de guión, ninguna escena divertida, nada, sólo estética, un videoclip de hora y pico.

LA ERA DORADA DE LOS 90 Y EL DEPORTE FUTURISTA EN VIDEOCONSOLA


Y del cine, al soporte que mejor nos transportó jamás al futuro y sus deportes, el videojuego.
Principalmente en los 80 y 90, cuando la distopía ligera seguía teniendo hype y recepción en las subculturas intelectuales y juveniles influida por el cine del momento como robocop, Mad Max, blade Runner, The Runningman y un largo etcétera de clásicos atemporales.

De todos y tras haber hablado de Rollerball, tal vez los títulos Speedball y Speedball 2 fueran los más carismáticos.

SPEEDBALL


1988, Bitmap Brothers (Xenon o GODS entre otros títulos) traían a la palestra de las consolas de 8 bits como la NES de Nintendo y la Master System de SEGA, un título que trató de repetir lo visto en la película Rollerball con algunos cambios de guión incluidos. Un equipo de deportistas – gladiadores, con una estética chromed digna del explotation distópico – pandillero de los 80, disputarían la victoria del futurista deporte más violento jamás soñado por el hombre en nuestras televisiones del futuro 2095.
Copiando más un reglamento cercano al hockey hielo, sustituía la pista de carreras ovalada por una cancha vertical con dos porterías enfrentadas. La bola metálica era puesta en juego y comenzaba un alocado partido de rebotes, golpetazos y goles al que yo soy incapaz de poner orden ni concierto. La velocidad de la bola, el control y la dificultad de manejo, la latencia del control del jugador y otros fallos monstruosos incluso para la época, lo convierten en un juego icónico pero nada disfrutable.



Pero tranquilos, porque pocos años después, 1990, limaron las aristas del juego pariendo Speedball 2, la liga había evolucionado tras múltiples temporadas, el deporte violento rey había llegado al 2105, y eso, en el juego, se notaba.
La velocidad de la bola comenzaba a ser equiparable a la de los jugadores y la reacción de los mismos a nuestras ordenes desde el joy pad. La jugabilidad mejoró susancialmente aunque seguía siendo endiabladamente dificil ganarle un partido a al IA. Los gráficos eran más atractivos y coloridos, y sobre todo, la gestión del equipo como en la mayoría de simuladores de deportes reales, fue un acierto. Podíamos mejorar nuestros jugadores del equipo con mejores protecciones de pecho o de cabeza, mejoras de velocidad en sus piernas, mejoras de ataque en sus brazos, y en definitiva, gestionábamos nuestro estilo de juego para después liarnos a golpes en la cancha.
El equipo aumentó de jugadores, los power ups disponibles en cancha ( a modo arcade) superaban a los de a anterior edición, y Speedball se colocó con nombre propio entre los clásicos de la década 16 bits como Megadrive.



Años después, en playstation de sony, se trató de revivir la franquicia con Speedball 2100, que pasó totalmente desapercibido en el mercado y al que yo nunca jugué.




CYBERBALL


La NFL recibió su versión futurista de la mano de Atari, con título Cyberball. Los titánicos jugadores de football americano se convertirían en el futuro del 2022 en robots de varias toneladas equipados con tracciones de oruga, pinzas y sierras o cualquier otro ingenio mecánico con el que avanzar yardas y aplastar a su equipo rival hasta el touch down.

El juego era un simulador más que un arcade, y eso apra mi, era de agradecer por dos cosas. La primera, soy un pesimo jugador de videojuegos de deportes, siempre pierdo. La segunda, no tenía ni idea de las reglas del football americano, con lo que necesitaba tiempo para estudiarlas, aprenderlas, y tener una pizarra de coach en el juego, para elegir las técnicas y las jugadas de cada pateo, me venía de perlas.
Dicho esto, puede parecer un jeugo aburrido y lento, pero a mi me gustaba mucho más que Speedball y lo alquilaba con frecunecia en el decomisos los fines de semana para mi Megadrive.
Las explosiones de los jugadores y avanzar yardas eran dos factores muy adictivos para intentar ganar, cosa nada fácil tampoco.



POWERBALL


Menos popular fue Wresttleball (powerball en europa) para las consolas de SEGA de la mano de Namco, lanzado en el 91. Una poco exitosa mezcla futurísta de soccer, footbal americano y rugby, en un 5 VS 5 que incluía porterías y porteros, cyborgs, y mucha violencia en la cancha, pero que no tuvo rivalidad con Speedball.



SUPER BASEBALL 2020


Aquí llegó la versión del deporte rey en el caribe, japón y principalmente la costa este de EEUU. Baseball 2020 de SNK en 1991 era una bestia de Neo Geo que gráficamente, con sus movimientos, sus sprites, su paleta de colores y su jugabilidad, se meaba en todos los deportes futuristas vistos en el resto de 8 y 16 bits.

Una copia futurísta del baseball cuyos equipos, mixtos por cierto (bien vista la paridad para una sociedad futura) integraban robots a parte de humanos. La cosa se complicaba en cada tiempo, ya que el campo iba cubriéndose de minas explosivas que dificultaban atrapar la bola bateada por el equipo lanzador o interceptar las carreras a base o home runs del bateador.
Con una dificultad media, y teniendo en cuenta que para ser un deporte nada europe sus reglas son relativamente fáciles, éste juego era un come monedas de los recreativos hasta que pudimos disfrutar su port en megadrive entre otras consolas más populares y baratas que la Neo Geo, oscura joya de deseo y hacedora de envidias entre chavales de los 90.



SOCCER BRAWL


Y por fin, el deporte rey europeo recibía en 1992 su cyber transformación de la mano de SNK de nuevo, convirtiendo en todo un espectáculo de pixels y color el fútbol (soccer). Eso sí, la versión del 11 VS 11 se reducía a la mitad de jugadores, manteníamos el campo tradicional en una versión de vista horizontal con scroll de izquierda a derecha, y añadíamos equipaciones hi-tech, muchas faltas, empujones, zancadillas, y espectaculares disparos a match-1 con su aura de super saiyan incluida tras la bola.

Toda una gozada en la que la IA era un rival cruel y complicado. Siempre me quejé de que la vista de portería llegaba tarde y mal, obligándonos a predecir su llegada (o mirar el pequeño mapa de ubicación ene l margen inferior de la pantalla de juego, cosa imposible mientras regateabamos) para saber cuando tirar sin que el portero rival nos arrebatase la pelota. Ahora, luego te desquitabas con unas cuantas faltas y patadas reglamentarias.



EL LEGADO

Estos pueden ser los títulos más carismáticos, reconocidos, o solo los que yo más he jugado, o los que mejor pueden representar la idea ficticia de la evolución del deporte. Pero sin duda, hubo otros muchos más títulos, que sin ser exactamente futuristas, o sí, reinventaban la sana actividad del ejercicio con toques tecnológicos o distópicos como por ejemplo Windjammers (El juego de frisbee más popular de la historia) o luchas de robots que actualmente comienzan a tener su hueco y target entre la población como deporte tecnológico y que hace años imaginábamos en los videojuegos con títulos como Zero Divide, Robo Pit o Rise of the Robots, que viendo los nuevos modelos del Instituto de Massachussets para el DARPA, dentro de no mucho serán estrellas de algún nuevo “deporte” o espectáculod e ocio como en la pelíacula Acero Puro, dejando muy atrás esos pequeños barredores Rumba teledirigido con una radial incorporada, diseñado por un fumeta de coficiente intelectual superior, que combaten hoy en pequeños rings pero que ya se televisan. 

El caso es que lo miremos como lo miremos, todos imaginamos el deporte del futuro de forma violenta e inhumana, no falla, literatura, videojuegos, cine... ¿Acaso la naturaleza competitiva del deporte es en si violencia? ¿Es el deporte un generador de violencia social? Cualquiera que me lea va a tomarme por una especie de chiflado alborotador, de gordinflas vago anti ejercicio, de hater desmesurado, envidioso de la tableta abdominal de Ronaldo o los biceps de rafa Nadal. Pero no, tranquilos, el deporte me parece positivo, lo que no me parece tan positiva es la sociedad, que no sabe agarrar las herramientas que le dan por el mango, y siempre acaba haciéndose daño. Hoolligans, deporte politizado, acoso en vestuarios, fraudes fiscales, blanqueo de capitales de dudosa procedencia...Sí, eso también es deporte, el deporte a gran escala, es deporte prostituido y corrompido por los poderosos, y por parias convertidos en poderosos.
Ya lo decía Pirelli, la potencia sin control, no sirve de nada, que profundo.
El futuro es ahora amigos, no lo rechacen. Esto solo acaba de empezar.

Por cierto, ¿conocéis novelas de deporte futurista o video juegos futuristas de tennis o baloncesto? Porque nunca las leí ni los jugué, así que no os cortéis en compartir.
¿Tal vez el baloncesto y el basket sean deportes de afición objetiva civilizada y no haya potencial para un público violento siendo poco rentable su versión futurista y explosiva? Ahí lo dejo...ojo... como suelo decir, tanto generas, tanto vales. Del tennis no se, pero el basket, vaya si mueve masas. Y ojo que las hinchadas en el este de Europa las hay bien punkys

Hasta otra tungstenitas, y cuidado, que incluso en el mundo del ajedrez, la ciencia ficción tiene algo que decir, o mejor la realidad, y recordemos al hombre contra la máquina, Deep Blue contra Kasparov. 
¡Hasta dentro de una semana más o menos!





martes, 8 de octubre de 2019

LA PAJA EN EL OJO DE DIOS, POR NIVEN & POURNELLE


DOS MEJOR QUE UNO, TRES SON MULTITUD


Bienvenidos mis sectarios del Tungsteno ávidos y sedientos de sueños artificiales repletos de glitches y pixels fantasmas, polígonos y sprites. ¿Me habéis echado de menos? Maldición, esta pregunta es escupir hacia arriba, porque seguro que no. Tal vez me habíais dado por muerto, victima de alguna pandilla chatarrera en busca de órganos que vender e injertos que despiezar, asaltado en un callejón oscuro de Chiba, borracho y desarmado. O me habíais dado por fugado, cambiando de sexo en un quirófano barato de un veterinario sin título en el Budayén, con un buen par de melones y un pelucón morado despanpanante para huir del Zaibatsu y empezar una nueva vida como R-Actriz de R-Activos para adultos en Hong Kong. O sencillamente, que como el blog había cumplido un año ya en Septiembre, que me había aburrido de hacerme el interesante en un triste blog de la blogsfera, que nadie lee.
Pero nada de eso ha ocurrido, solo era que estaba de vacaciones, bien merecidas, celebrando entre otras cosas, ese primer año de bloggero pedante, insolente, ignorante, cuñado, graciosillo y petardo. Sí, ese soy yo, ya me conocéis, Pixel Van Gogh, alias el Shadow Dancer. Regreso de nueva Caledonia enamorado de sus nubes grises de tungsteno fundido, sus viejos muros negros y rojos de gótico victoriano steampunk, el carácter de los descendientes de los McDonalds y los McIntosh, la melodía de la gaita eléctrica, y la lluvia ácida de sus cielos fluorescentes. Enamorado. Estoy por cambiar mi partida de nacimiento de Pixel Van Gogh a Connor McMardigan, ponerme el kilt, y salir a patear cabezas con la cara pintada de verde y blanco del Celtic. Sí. Muy motivador.
Y no soy el único al que las tierras altas, los Glane, los loch y los Ben debieron inspirar, porque estas vacaciones, a parte del whisky transgénico y el haggish de ganado clonado, he podido disfrutar de lectura. He terminado un libro, que no podía haber venido más a cuento éstos deliciosos días de bruma y cuestas empedradas de adoquines milenarios, y esa ha sido la paja en el ojo de Dios (a partir de ahora en la entrada, LPEEODD, por agilizar), escrito por Niven & Pournelle, pareja bien avenida en el mundo de la literatura de ciencia ficción, que llevaron lo más lejos posible en parsecs su mundo futuro de El condominio, el cosmos colonizado del día de mañana. Y digo que no habría nada más apropiado, precisamente, porque en ésta novela soñaron con el sistema Nueva Caledonia, dentro del imperio humano de las estrellas del mañana.




Si a veces es complicado decidir entre dos personas cosas tan triviales como qué canal de televisión ver, qué hacer para comer, o de cuantas capas comprar el papel de limpiarse el culo, no me quiero imaginar como debe ser escribir un libro entre 2, aunque éste LPEEODD, casi que se escribió entre 3, nuestro amigo Heinlein metió mano por petición del dúo dinámico de los viajes espaciales en los 70, y creo que se nota.
Comencemos imaginándonos a Pournelle, norteamericano, periodísta, político, multi titulado universitario, experto en tecnología y aeronáutica... un cerebrito en toda regla, aficionado a los juegos de rol, y las tácticas militares que llegó a ser presidente de la Science Fiction and Fantasy Writters of America. Su mayor lucha no fue sin embargo las libradas por sus personajes galácticos, su escuadrón Falkon de mercenarios espaciales que protagonizaron varias de sus novelas, ni la guerra de Vietnam de la que fue un gran estudioso y defensor (colaborando con el gobierno en I+D al respecto), si no la que libró con el cáncer con gallardía y estoicísmo, no se si encomendándose o no, a Dios desde el catolicismo o el anglicanismo entre los que vino y fue durante toda su vida, inquieto e incoforme, hasta su despedida terrenal en 2017.

Niven debió ser algo así como un niño bien, descendiente y heredero de negocios petroleros de pingües beneficios, que no desaprovechó las oportunidades que le dió al vida, obteniendo varios títulos académicos como el de psicología y el de matemáticas, creador del Mundo Anillo y El Mundo Conocido, también flirteó con la espada y brujería. Guionista para Star trek y Más allá del limite, se convirtió en un mito de todos los fans de subculturas onanistas y adolescentes con acné que hoy nos hacemos llamar frikis, alcanzando el rango de leyenda viva homenajeado en videojuegos y juegos de cartas, y elogiado por Arthur C. Clarke como su escritor favorito.

Ambos no trabajaron sólo juntos en varias novelas, si no que con promiscuidad y alevosía, escribieron muchos más cuentos y novelas con otros escritores en una orgía creativa digna de experimentar e irrepetible. Ambos colaboraron en el plan de defensa espacial de Ronald Reagan. Y juntos llevaron el término o subetiqueta hard SCIFI a un nuevo nivel de reconocimiento y valor.

GOBERNABILIDAD EN EL FUTURO OSCURO


Si una novela es testigo de todo esto, es precisamente La paja en el ojo de Dios de 1974. La historia comienza precisamente con toda una declaración de intenciones, dos marines de las fuerzas interestelares debatiendo en una conversación en “off” el significado de la frase que alude a la parábola bíblica de la viga en el ojo ajeno y que da título a nuestra novela.
Imaginemos un futuro, una vez más, en el que la Tierra ya no es nada más que un planeta desolado, un estercolero atómico, víctima de la mala gestión de los humanos, la superpoblación, la polución y sobre todo las guerras, un guijarro esférico en el centro de cualquier mapa galáctico de la nueva humanidad, diseminada en diferentes planetas y sistemas, casi inabarcables en los márgenes de un imperio superado por la burocracia.
Los emigrantes que han ido colonizando con éxito esos sistemas abandonaron la Tierra hace miles de generaciones, llevando consigo sus raices, su identidad, y manteniéndolas con la tradición colonial de rebautizar sus nuevos hogares con el nombre de las ciudades que un día llenaron de gloria la boca de sus ancestros en canciones y relatos. Así pues tendremos un sistema solar de marcada herencia escocesa, con sus kilts y sus gaitas, como Nueva Caledonia; Un sistema ruso zarino, otro conocido como Levante de orígenes musulmanes, y por tanto, las religiones seguirán presentes en la humanidad futura que Niven & Pournelle nos proponen, plasmando bastante de ellos mismos en el texto y dejándose ver el plumero en toda la recreación del lore futuro que imaginaron.
Es curioso, como cada vez que voy leyendo y leyendo más ciencia ficción, veo como los escritores son incapaces de especular con que la humanidad perderá sus raices en el cosmos. Bueno, en realidad, en el llamado Condominio, que es el mapa galáctico colonizado y conocido en el universo ficticio de Pournelle que explotará no solo en LPEEPDD, si no en otros cuentos y novelas, parece haber pequeños planetas asalvajados, incivilizados, que al haber perdido sus raices, su identidad y sus tradición e historia en pequeños planetoides olvidados de la mano de Dios, han involucionado a una edad de piedra que los convierte en poblaciones agonizantes sin interés ni peligro para el imperio. Pero insisto, es muy habitual la visión de un futuro que seguirá influenciado y condicionado por la historia pasada de las naciones, y la religión, y sin ir más lejos Dune es el mejor ejemplo, ya que en la saga de la familia Herbert, la psicogenealogía de las casas feudales marca su carácter, y su destino en un delirio jodorowskyano, y también tendremos el lastre de la religión del Dios emperador y la reaparición del pueblo judío en los milenios más lejanos que pudiésemos imaginar en la galaxia.
Hasta la aparición de nuevas tendencias de cifi como por ejemplo el cyberpunk, el futuro casi siempre es imperial, feudal, soberanista y de corte medieval. ¿Acaso creen los soñadores profesionales de tungsteno que el ser humano es incapaz de desarrollar formas de gobierno ecuánimes, democráticas o republicanas? Nos están avocando al sometimiento continuo en cada novela de éxito y culto. ¿Realmente no seremos capaces como especie de innovar mejores métodos de gobierno que someternos al vasallaje de los nobles como en una techno edad media en la que el mejor destino que pueda tener uno es alistarse a la flota intergaláctica al servicio del emperador, el rey, el virey, el barón o quien sea? Bueno, por lo pronto en España no sabemos pasar unas elecciones sin sacar un presidente de gobierno desde hace unos cuantos años, ya veo, ya...no es nada halagüeño no.
Entonces, si esta gente como Niven & Pournelle, eran seleccionados por el ejército, el presidente y las fuerzas del estado para imaginar posibilidades futuras de conflicto bélico en órbita, y actualmente otros países como Francia reclutan también a sus mejores escritores de ciencia ficción para que les asesoren en la I+D del futuro... Oh, oh... Igual esta gente lleva razón y somos una especie que necesita señores y villanos. Y lo peor es que estos autores no lo ven precisamente como una distopía, si no más bien como el orden lógico y natural de la evolución de la gobernabilidad como le pasaba a heinlein en Tropas del espacio. Desde su visión es más una utopía, o lo correcto, lo óptimo. A mi no me gusta nada, pero a fin de cuentas, los periodos de estabilidad más largos de la historia humana los han garantizado los imperios. Roma, la Pax Mongola, Bizancio, la Inglaterra Victoriana, las dinastías chinas, las dinastías egipcias... La democracía parece que no arranca nunca, no se conoce un periodo de democracia milenario aún, y tiene sentido que los escritores de ciencia ficción, basándose en la experiencia global de la humanidad, vuelvan a pensar que repetiremos la experiencia.

ENCUENTROS EN LA CUARTA FASE


Y en ese escenario de sistemas y planetas nacionalistas a su servicio del emperador de la galaxia conocida, un tal Leónidas en el caso de LPEEODD, sucederá aquello que le faltaba a la humanidad para hacer temblar todos sus pilares sociales, económicos, políticos y religiosos. El contacto con seres inteligentes de otro planeta.
Si algo me gusta de LPEEODD es que no adelantaron el contacto alienígena al siglo XX, XXI, XXII, ni nada con la Casa Blanca defendiendo La Tierra ni el presidente de los EEUU uniendo a las naciones contra un enemigo común (cosa que ojo, tiene mucho sentido y sería bálsamo de fierabrás contra las crisis económicas mundiales, una guerra de la humanidad contra otra especie). No.
Resulta que el universo, el espacio, o llamémoslo como queramos los parias minúsculos que no entendemos la teoría de la relatividad, ni a Keppler ni a Newton ni a Stephen Hawking pero nos gusta fantasear con novelas de ciencia ficción y hacernos pajas sobre el futuro...bueno...el universo, negro, lleno de estrellas brillantes como puntos parpadeantes diminutos, es tan largo, que lo dicen infinito o en constante expansión. En semejante mantel, no hay que hacer muchos números para darse cuenta de que las posibilidades de encontrar a alguien más en un punto evolutivo similar o superior al nuestro, son verdaderamente complicadas, tanto como que me toque el euromillón jugando sólo a los ciegos. Así que me cuadra muchísimo, y aplaudo, la idea de que el ser humano no conozca a sus vecinos cósmicos más cercanos (que no los únicos tal vez) en 2000, 4000 ni 8000 años de evolución, si no en más desde el momento que comencemos a surcar las estrellas y adentrarnos en el jardin de los vecinos sin pedir permiso. Claro, pensándolo así, con esa metáfora, igual el vecino está sentado en su mecedora, en el porche, canturreando con al escopeta entre las manos. Nunca decidió salir a buscarnos como hicimos nosotros, sólo nos estaba esperando. Porque sabe que somos unos cotillas ansiosos que nos creemos la salsa de la creación.




El caso es que en LPEEODD, la humanidad conocerá por fin la primera especie alienígena, inteligente, de su historia. Los pajeños.
Los bautizaremos así, porque todo indica que provengan de un sistema conocido como el transaco de carbón, cuya visión desde el planeta habitado por humanos más cercano, en el cielo, crea la pareidolia celeste de un rostro humano, conocido como el Rostro de Murcheston, cuyo ojo brilló en el firmamento en algún momento, alucinando a los espectadores humanos del planeta desde el que es contemplado, dando píe a años luz de distancia y con el consecuente retraso temporal (hay que pararse a pensar en ello) a una nueva religión conocida como la Iglesia de El, que comenzó a llamar a aquél fenómeno astral o lumínico, “la paja en el ojo de Dios”.
Desde luego, es tremendo suponer que en el futuro el ser humano seguirá mirando al cielo, en busca de señales, como los habitantes de las cavernas, homínidos supersticiosos, que en el fondo nunca hemos dejado de ser pese a aprender a construir armas capaces de borrar un país del planeta. Lo llevamos en lo más hondo de nuestro ser, arraigado, siempre anhelamos algo más de lo que conocemos, damos respuestas ficticias que llamamos fe a sucesos que no sabemos explicar, y da igual que siglo sea, seguimos haciéndolo, somos una especie maldita, estúpida, visceral, sin memoria genética ni histórica de ningún tipo, siempre dispuesta a empezar de cero, a crear nuevas jerarquías, nuevas leyes, nuevas normas que suplanten las viejas y cambien las tornas de forma ridícula y momentánea en los eones que marca ya la aguja del reloj del big bang.

Pero en otro paralelísmo de hard cifi y fenómenos religiosos, como J.J. Benítez, Niven & Pournelle desarrollarán escalonadamente el por qué de ese “ojo de Dios” brillando con retraso a años luz de distancia sobre las cabezas de esos colonos espaciales en un planeta remoto, rezando a una luz que se apagó hace mucho desde donde la ven brillar. Una luz que mientras le rezan, en realidad ya no está allí. El tiempo en el espacio, es relativo. Las cosas que vemos en la bóveda celeste, ya no existen como tal. Vemos el pasado cada vez que miramos al cielo. Y ese pasado en LPEEODD estará unido a la casual aparición de una nave no identificada en la órbita cercana, en un punto de salto hiperespacial. Una nave o mejor dicho una sonda, que conoceremos más adelante como la sonda de “Eddie el loco”, que como el platillo de Rosewell podría cambiarlo todo. Una embarcación espacial no humana, con tecnología nueva, dispar, incomprensible para la mente del hombre. Un pecio a la deriva procedente de “La paja en el ojo de Dios”.

Pequeño kit kat para mencionar esa sonda de “Eddie el loco”, que recoge como homenaje o guiño la serie “La tercera ola” en el nombre o alias de uno de sus protagonístas.

Anteriormente decía que Niven & Pornuelle fueron reclutados para un plan de brainstorming de Reagan para su “guerra de las galaxias”, y la novela, en sus descripciones ficticias de posibles formas de viajar por la galaxia a largas distancias, comentan métodos como el generador de campo Langston o las velas solares, que décadas después, hoy, son teorías y prototipos muy firmes candidatos a convertirse en patentes reales de las agencias espaciales, Airbus, o el primero que las logre desarrollar con éxito, que podemos ver en documentales científicos como las más fiables apuestas para llevar al hombre al espacio exterior y comenzar la terraformación de nuevos planetas, ya que es toda una realidad absoluta, que el planeta Tierra, un día, dejará de darnos cobijo. Si no nos lo cargamos los propios habitantes, el Sol, un día, dejará de calentarnos, y para entonces, más nos vale estar reproduciéndonos lejos de aquí, como una plaga de chinches en cohetes.

Una tripulación dispar enviados por circustancias aleatorias se convertirán en nuestros protagonistas y primeros seres humanos de la historia futura en contactar con seres extraterrestres, “los pajeños”.
Y como casi todo en la historia de la humanidad, se producirá como consecuencia de errores o decisiones mal tomadas.
  • Rod, noble y burgués enrolado a la marina militar al mando de la nave McArthur, de carácter diplomático e investigador.
  • La señorita Fowless, hija de un importante político de Nueva Chicago, planeta envuelto en una rebelión, que se embarca en la Mc Arthur como refugiada política y bióloga.
  • El señor Bury, levantino mercante, magnate de la exportación e importación, que junto a su mayordomo Nahib, son “invitados” a embarcar bajo la alargada sombra de sospecha que les acusa de ser el principal instigador de la guerra civil de Nueva Chicago, y quedará bajo custodia y libertad condicional en la Mc Arthur hasta que se demuestre su inocencia o su culpabilidad.
Añadiremos otros muchos miembros de la tripulación importante según leemos, militares como el almirante Kutuzov, religiosos, científicos, y toda una serie de personajes con diferentes roles que se enfrentarán en su forma de entender el contacto extraterrestre, sus expectativas, y sus intenciones de participar en el acontecimiento humano más importante de la historia. Estos roles son muy importantes a nivel narrativo, ya que irán expandiendo nuevos horizontes, de posibles comportamientos futuros y reales del hombre con otra raza inteligente, desde los militares, los puramente económicos, los altruístas, los científicos o los espirituales.




A fin de cuentas, la tripulación de la nave Mc Arthur son como una futurista expedición de Cristobal Colón, rumbo a lo desconocido, dispuestos a descubrir cosas nunca vistas, a conocer indígenas de otro planeta con los que nadie ha hablado nunca, de los que nadie conoce su lengua, sus costumbres, su religión, su política ni su economía ni ecología. Y esa sensación de los marineros frente al infinito océano sin saber a dónde van a llegar, es una de mis favoritas que me llevo de éste libro.

SE CREE EL LADRÓN QUE TODOS SON DE SU CONDICIÓN


Sin posibilidad de caer en spoilers. ¿Cuál es la otra gran baza de ésta novela? Que “los pajeños” también contarán la fiesta de su primer contacto con los terrícolas, según la pasan. Cada especie tendrá su prisma, sus dudas, sus temores, sus secretos, sus recelos una con la otra, y sus objetivos. ¿Acaso nos creemos más inteligentes que otra especie por defecto? Así somos los humanos, siempre subestimando al rival. No voy a desvelaros el secreto de los pajeños ahora, aquí, claro que no, pero es lo más normal del mundo, que una especie inteligente y tecnológicamente avanzada que contacte con la nuestra, sea totalmente diferente a la nuestra. Si Niven & Pournelle hubiesen imaginado una neo humanidad de hombrecillos verdes con antenas, hubiese sido una decepción.
La apariencia pajeña, animal, pacífica, asimétrica, inhumana, y su eterna sonrisa etrusca nos desconcertará continuamente.
Los pajeños resultarán ser una especie simiesca, mutante, de costumbres enigmáticas indescifrables para los humanos pero envidiable nivel tecnológico, aunque no lo suficiente para haber desarrollado algo similar al campo Langston de los humanos, el invento que permite a los motores de sus naves saltar enormes distancias del espacio permitiendo a la humanidad colonizar nuevos mundos.

Son dos especies tan diferentes, la pajeña y la humana, que algún extraterrestre enloquecerá incapaz de comprender o razonar los comportamientos humanos, que igual que los suyos a nosotros, los nuestros a ellos, escapan a toda lógica cultural y ética.
Si hay algo interesante en la civilización que inventan Niven & Pournelle, es el sistema de castas, tanto en los roles de su sociedad como en lo genético de sus especímenes, convirtiéndolos en una parodia comunista (algo que vimos ya con Heinlein también) que encasilla a cada individuo a un único rol predefinido por su gobernante alienígena, incapaces de elegir otra tarea o de obrar con libertad, siempre atados a las necesidades de su especie, aunque como podéis estar imaginando, alguno de esos pajeños sacará los píes del tiesto por primera vez en su vida tras estudiar detenidamente la gran diferencia entre ellos mismos y la humanidad.
Entre esos roles alienígenas, despunta la importancia y protagonista del "mediador", un alienígena evolucionado y destinado a la única misión de ser un convincente orador capaz de lograr las necesidades de la especie sin llegar a la violencia, algo que dulcifica el carácter belicoso de los autores y abre una vía a la moraleja.
por supuesto en esa sociedad pajeña de roles encontraremos portadores, soldados, líderes, "relojeros" y toda clase de individuos catalogados y perfeccionados para realizar una única tarea en exclusiva, especialístas genéticos y culturales, toda una raza convertida en cadena de montaje biológica, cuadriculada y eficaz.

 Todas las space opera por defecto nos introducen de buenas a primeras en universos habitados por diferentes especies que conviven o guerrean. Pero un primer contacto, es un momento de diplomacia, estrategia, mentiras y conspiración por ambos bandos. No en vano recordemos que Pournelle es especialista en técnicas militares y además fue político. El thriller intraespecies está servido. La novela, consumado el contacto, girará en torno a situaciones dificiles de descifrar, misterios, verdades a medias, politiqueo, espionaje y todo lo que conlleva a dos potencias pugnando por sus propios intereses.
Un reflejo de la humanidad misma, de los conflictos entre naciones, que ocupa toda la segunda mitad de la historia, dotándola de un peso bastante más tedioso, incomodando cada nueva página, y humanizando al alienígena, que al principio era un ser nuevo y misterioso que ha escapado a cualquier teoría darwiniana para convertirlo en un extranjero dentro de un traje de Alf, con similitud a la película Enemigo mío, que contaba la turbulenta convivencia de dos náufragos espaciales de diferentes ejércitos, cuyas naves habían sido abatidas en el mismo planeta desértico, y que no les queda más remedio que entenderse para sobrevivir, pasando por encima de sus lealtades y patriotismos, como si de un estadounidense y un vietnamita fuesen en vez de un astronauta y un reptiliano. Y ya hemos dicho que Pournelle era muy pro Vietnam, y de Niven hay testimonios ambiguos al respecto de su posicionamiento bélico. Pero a ambos se les ve el plumero en toda esta larga segunda mitad del relato.
Ni los humanos quedan reflejados como tan buenos ni los pajeños como tan malos, y pese a que veremos en ellos un némesis de la humanidad, no es más que como el título profetizaba, ver la paja en el ojo ajeno, ya que los humanos tampoco obran de exquisita ética ni moral, y volveremos a la sobre explotada moraleja de que “la guerra siempre es guerra” que me encanta a mi de Brian Fargo pero que Heimlein ya esbozaba en Tropas del espacio. Además, respecto a Heimlein, creo no equivocarme, que supervisó toda la parte militar de la novela, notándose bastante su casposa y apolillada visión caballeresca de la milicia como una hermandad honorable e inmaculada de hombres dispuestos a dar su vida por el bien común, con frases que juraría haberle leído anteriormente del estilo (no cito textualmente, si no que trato de recordar al vuelo) “La guerra es la única vía que queda para conseguir la paz cuando todas las otras vías no han funcionado”.

Mientras que la primera parte de la novela es un relato de calentamiento, preparatorio, de creación de universo, la segunda parte es un encontronazo de civilizaciones.

Así que sí, en LPEEODD habrá disparos, muertes, patriotísmo, heroísmo, buenos/malos y malos/buenos, cada uno mirando al otro por el prisma que le va mejor al ojo. Y la mayor verdad de todas es que la historia la cuentan los vencedores. Un relato de colonialismo en el espacio sideral que años después tuvo su continuación, titulada El tercer brazo, y que el cartero debe estar trayéndome a casa estos días.

Y como ya nos advertía Stephen Hawking, ¿De verdad queremos contactar con extraterrestres? ¿por qué los buscamos? Es muy posible que si nos descubren, intenten esclavizarnos, como el humano ha esclavizado siempre a culturas que ha considerado tecnológicamente inferiores. ¿Qué nos haría diferentes? ¿nos creemos a caso los inventores de la sopa de ajo en la galaxia? Siempre viendo la paja en el ojo ajeno pero nunca la viga en el nuestro. Igual sería mejor quedarnos agazapados, escondidos, sin hacer ruido ni saludar a los aliens, hasta que el sol se apague y todo se termine.

martes, 17 de septiembre de 2019

PRIMER CUMPLEAÑOS DE TUNGSTENO DREAMS


UN AÑO DE SUEÑOS TUNGSTENO


Prospero día de la industria a todos los obreros cualificados del sector 91 hoy. Parad las impresoras 3D, dejad de programar en vuestros cubículos, frenad la supervisión de la cadena robotizada, hoy hace un año desde la primera vez que tuvimos un sueño de tungsteno.

Sí, parece mentira, una jeva que me arreó a finales de verano durante unas vacaciones que curiosamente, éste año, voy a repetir igual, en bucle, mismo hotel, mismo lugar, misma compañía. Soy un clon de mi mísmo, o tal vez, un clon de otra persona y no lo se. Sea como fuere, una máquina siempre está feliz, y yo, soy un cyborg, no tengo espacio para software malicioso en mi disco líquido. Una vez pillé un barrotes, lo daban por extinto, pero lo pillé, sí, y no me gusta recordar como, aunque tengo muchos clústers atrofiados de aquella noche ninja.

El caso es que comencé con ésta majadería con un único objetivo, practicar mi escritura, oxidada, despreciada y arrinconada en algún lugar de mi ser orgánico. Dicen que las máquinas no podemos crear arte, sólo copiarlo, pues yo represento el darwinismo digital, yo puedo crear, yo se crear, yo quiero crear. Y comenzar por una novela amateur (cosa que intenté y por ahí está a medias en un corte lovecraftiano más escatológico y repulsivo de lo que ninguno de sus amigotes hubiese consentido jamás), pero pronto me di cuenta de que eso era un pequeño suicidio. Un buen hobby, pero un error en realidad. También reconozco que estoy mal acostumbrado a creer que tengo “algo” de talento comunicativo y creativo, ya que en otra época, hace muchos eones, en otro hardware, pude ganarme la vida una época gracias a las estupideces que mi mente cagaba en diferentes soportes. Y desde entonces me creí con cierto “don”, no especialmente mágico, pero sí práctico, para poder sacarle rentabilidad a mis aficiones e inquietudes.
Aquello acabó tras unos años, llegaron nuevos modelos de robot, más rápidos, más eficaces, más económicos que necesitaban menos mantenimiento, y yo realmente comencé a estar obsoleto, a necesitar muchas revisiones y a consumir más de lo que generaba. Desde entonces fui dándome cuenta, o engañándome o no lo se porque no me pertenece a mí el derecho de opinar sobre mi mismo pese a mi alta cualidad de autoexamen y autocrítica gracias a un par de pluggins “flagelante 2.0” que llevo instalados, acerca de que en verdad todo aquello debió de ser un pequeño golpe de suerte en mi vida, conquistar los oídos adecuados, de los inversores adecuados, en el momento adecuado, y que tal vez yo no era una persona creativa, si no un buen vendedor.
Hilando fino, para vender bien, que sí se me da muy bien, hay que comunicar y ser creativo, y en realidad, creo que estoy en un rango bastante aceptable de ambas por mucho que me castigue a mi mismo por mi procrastinación habitual y por preferir un ritmo de vida rutinario, binario, pero agradable, cómodo y sobretodo, felíz. Dicen que quien no arriesga no gana, pero el que tiene cosas que perder, se lo piensa dos veces, y durante mi década de los 20 tenía muy poco que perder. Ahora para empezar la de los 40, me doy cuenta de que he conseguido un montón de cosas buenas, que tal vez no sean tan relucientes como las del prójimo, pero es mejor hacer mis cosas y dejar de contar cuantas cosas hacen los demás.

Y me dije a mi mismo, venga, empieza un blog, ¿le importará a alguien? ¿Qué mas da? No sigas en esa estúpida dinámica de exibicionísmo, no necesitas a nadie para hacer algo que te gusta, que está al alcance de cualquiera gracias a la tecnología, y que vas a hacer principalmente como ejercicio personal. Y lo hice, y escribí una bienvenida en la que ya me dejaba claro a mi mismo que en ésta sopa primordial de opiniones, datos, expertos y noveles que es la red, que yo escribiese algo, no iba a cambiar la vida de nadie, tal vez, sólo la mia.
Y en una mínima expresión, una porción de mi vida sí ha cambiado, porque durante todo un año, he sido capaz de crearme una disciplina escribiendo una entrada en el blog a un ritmo, no fijo, pero sí constante, que oscila o varia entre lso 7 y lso 10 días aproximadamente, una media de 4 entradas mensuales, durante un año. Y espero haber mejorado una pizca aunque sea, mi forma de expresarme, que siempre ha sido pedante, rimbombante, algo embaucadora y bastante machacona hasta que suelo conseguir el efecto deseado en mis interlocutores o me doy cuenta de que es el momento de cambiar de rol.
No soy el mejor, pero soy bueno, y me gano la vida, o en verdad siempre me la he ganado, de un modo u otro, usando la palabra.
En ésta distopía que es la vida, cuando no puedo ponerme el mono oscuro de fibra camaleónica reflectante, y salir a dar un voltio en la tatamaha por el sprawl, trabajo en un sitio bastante cyberpunk, rodeado de pantallas y máquinas, interactuando con cyborgs de 48ks e inteligencias artificiales de un gúgol de terabytes, y enseñando a los nuevos reclutas como sobrevivir en nuestro búnker sin que se les fría la fuente de alimentación. Más o menos. Y hablo, hablo, hablo, comunico, enseño, convenzo, y eso es todo lo que llevo haciendo toda mi santa vida en verdad en una empresa, en otra o por libre.
Obviamente, escribir es más delicado, no puedo poner caras (aunque los emoticonos son lo más distópicamente parecido), no puedo acompañarme de lenguaje físico, no puedo entonar para que notéis las intenciones de mis palabras, no. La escritura es más compleja, una amante más exigente que no se conforma con el aquí te pillo y aquí te mato, que me demanda 3 horas de mimo y cariño sobre el teclado cada vez que quiero hablar de alguna de todas esas obras que motivan que yo escriba.



DO IT YOURSELF


Al principio pensé ¿Cómo voy a ser capaz de hacer una entrada semanal con un libro, una película o un videojuego o un cómic durante un año aunque sea? ¿he consumido tanta cultura y subcultura? Y derepente me doy cuenta de que los objetivos más inmediatos que me fijé, eran los más ambiciosos, y que aún los reservo un año después, para el momento adecuado, con un buen reserva en vaso ancho sobre la mesa, el flexo y el teclado, y ahí tengo todavía Blade Runner, Carbono Alterado, Akira, Ghost in the shell, Alien, Deus Ex, y toda una colección de obras a las que no les he metido el desgarrador retráctil aún porque me producen un tremendo respeto.
Tampoco he hablado aún de música, ni de Aviador Dro, ni de diseño retrofuturísta en la industria del automovil, así que voy por el buen camino, me quedan muchos sueños de Tungsteno en camino.

Internet es maravillosa, en serio, lo es, nos permite hacer lo que queramos si de verdad queremos invertir tiempo. Podemos aprender, estudiar, conocer gente, leer, ver cine, jugar, componer, filmar, diseñar, todo está al alcance de nuestra mano sin nada más que un teléfono movil, una tablet, o un ordenador.
Nunca nada fue tan fácil. No critiquéis internet, no juzguéis el progreso, amar la tecnología, confiad en vuestras máquinas.
Y así empezó todo, no tengo un blog especialmente bonito, ni curioso, y mira que se que para vender es necesario llamar la atención, resultar atractivo, pero mi blog es un sueño de tungsteno, pesado, metálico, reservado, íntimo, si vienes aquí te da igual el diseño, sólo quieres una opinión más de otro don nadie, pero una sincera, que eso es importante. Una de alguien que crees que ama esto de la ciencia ficción tanto como tú, que no quiere enseñar si no compartir, de alguien que no va a juzgar tu opinión si no a escucharla, alguien que no ha leído aún todos los Asimov, ni todos los Clarke, ni todos los K, Dick, ni pide carné de cyberpunker a la entrada. Solo alguien que disfruta esto casi tanto como tú, como puede, cuando le dejan.

Y seguiré soñando, por voluntad propia, que era mi objetivo. Sin embargo, me he ido dando cuenta, de que en el ciber cosmos, hay gente leyéndome, en ocasiones pocos parroquianos fieles, y en otras mis artículos trascienden más lejos de lo que mis nodos alcanzan a conectar, y me mareo, sufro el efecto fantasma de desconexión de la realidad virtual, ese lag en el que crees que ya te has desconectado pero sigues ahí, con las gafas y los cables enchufados, simulando que haces tu vida normal sin darte cuenta, hasta quedarte seco. Y los verdaderos bloggers, si es que los hay, ya que no pertenezco a ninguna esfera ni comunidad, los que consiguen hacer de ésto su profesión, seguramente se reirían de mi sorpresa cuando acumulo más de 500 lecturas en alguna de mis más humildes y menos ensayadas columnas. Pero para mi, que comencé esto sin ninguna intención, me ha sorprendido. Y no quiero pensar que me debo a nadie, porque eso sería mentirme, no gano nada escribiendo ésto, ni nadie me pide que lo escriba, y el día que quiera parar, o bajar el ritmo, ocurrirá sin pedir disculpas. Pero sin embargo, y habiendo dejado claro eso último, os doy a todos y todas las gracias por acompañarme en éste viaje, como yo acompaño a otros bloggers, a otros podcasters, y sobre todo, como acompaño a William Gibson, Masamune Shirow, Philip K. Dick, Asimov, katsuhiro otomo, Hideo Kojima, Spielberg, Guillermo del Toro, James Cameron, Ruddy Rucker, Brian Fargo, Molyneux, y ese larguísimo, interminable listado, de verdaderos genios, a los que tenemos que darles las gracias, y no sin cariño, algunos ratos, un tirón de orejas desde el más sincero respeto.

Así que ésta semana, de momento (no descarto nada) no hay reseña, ni review, ni opinión personal de ninguna obra, si no una gratificación a todos y todas.
Pensé por un instante en hacer el típico sorteo de un libro, en twitter ( @sharowdanser ) con sus retuits y sus corazoncitos y tal pero... Si me gusta escribir esto por placer aunque a veces me cueste encontrar el momento, lo hago por disciplina y automejora, ¿qué necesidad tengo de poner un trozo de queso en la ratonera? ¿Quiero mas lectores? ¿Quiero más followers? En el último año he ganado 15 como mucho. ¿me importa la estadística? La estadística es como una droga, o como cuando e instalabas el emule por primera vez y pasabas horas mirando la barra creciente de tu descarga a paso de tortuga. En verdad estoy aquí por el hobby, por la pasión y por que quiero. Y bienvenidos todos los amantes de la CIFI, todos y todas los que me enseñáis nuevas cosas continuamente. Gracias sobre todo pro eso, por compartir vuestro tiempo con alguien a quien nunca habéis visto la cara.

El ninja se mueve en silencio, hago las maletas, y me largo de vacaciones igual que hice hace un año. Sed felices.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

CUCHILLO DE AGUA DE PAOLO BACIGALUPI


ARIZONA BABY


Por fin estamos reunidos de nuevo ciber navegantes, cowboys, buzos y hackers del dataverso y la red. Echaba de menos éste momento suspendido en la nada más absoluta del maremagnum de datos iendo y viniendo en direcciones cruzadas por las conexiones mundiales que nos conectan en éste preciso instante.

He tardado unos días más de la cuenta, porque en la última manifestación de cyborgs estudiantiles en contra de la humanidad conservadora, al grupo de progresistas multimedia se les fue un poco la mano en el disturbio de Yakarta y acabé desfragmentando los clústers de mi disco líquido en una celda de readoctrinamiento ético unos cuantos días.
Por fortuna, nunca me voy a una movida de las gordas sin haber preseteado un .exe de mi última personalidad neuro binaria. Ya sabéis, no salgas de casa sin programar tu terminal de personalidad, nunca se sabe si uno va a volver.

Dicho ésto, la verdad es que cuando uno pasa 8 horas diarias por obligación delante de un ordenador, hay días que por mucho que me guste escribir estos ratitos, no quiero llegar a casa y volver a encender un ordenador 3 ó 4 horas más. Porque sí, aunque parezca mentira, 3 páginas de sueños de Tungsteno llevan ese tiempo, arriba o abajo. Sarna con gusto no pica dice el refrán, pero cuando no puedo más horas de tecnología, y eso que escribo de cyberpunk, que contradicción, leo en papel éstas obras que analizo coloquialmente con todos vosotros después, o coloreo pequeños héroes galácticos de metal o plástico en 28 milímetros, o veo algo en la pantalla.
Me lo merezco, lo que no significa, que no me guste sentirme responsable de éste reto comunicativo que me propuse hace casi un año. Porque faltaría no solo a los que os gusta leerle, que no nos debemos nada mutuamente, pero cuando uno escribe siempre tiene una parte exhibicionista en su motivación, para que alguien lo lea; Si no por no faltarme a mí mismo, y luchar contra las horas perdidas en un sofá, con un canal de fondo, y redes sociales en la palma de mi mano. Ese es el opio de occidente, y no me apetece emborracharme de likes, corazones ni pulgares pudiendo crear en vez de consumir. Tan sólo por eso, y porque carezco de conocimientos creativos de ninguna otra índole más que la charlatanería, no compongo, no programo, no dibujo... Escribo.
Y como cuando uno decide empezar escribir, no pretende hacer El Neuromante, sin darme mayores ínfulas ni sobrevalorarme fantasiosamente, decidí empezar la casa por los cimientos, compartiendo con vosotros todo éste material de ciencia ficción que chequeamos juntos, más o menos, cada semana, para soñar tungsteno.



Así que aquí estoy, con un tazón de leche, un rulo de galletas, y el maldito portátil alumbrándome la cara. He tenido dudas de qué escribir hoy los últimos días, ¿cómic? ¿Cine? ¿Videojuegos? He optado por la literatura. Hoy me lanzo a una piscina sin agua, y nunca mejor dicho, porque nos vamos a la Arizona del futuro distópico cercano, de la mano de Paolo Bacigalupi con Cuchillo de Agua.

Paolo, pese a ese nombre tan renacentista, no es italiano no, es estadounidense, de Colorado, aunque le tira mucho aquello del lejano oriente, habiéndose especializado academicamente en estudios asiáticos y habiendo residido en China. Creo que algo de eso se reflejó en su primera novela la Chica mecánica, obra que por lo que tengo entendido versa del colonialismo del futuro, si no me equivoco, y sin haberla leído aún (siempre hay cosas que descubrir viejas y nuevas) me imagino una obra que tenga similitudes con La era del diamante de Neal Stephenson (curiosamente estaba yo dudoso de si escribir sobre Snowcrash hoy), pero son suposiciones furtivas claro. Algún día de estos las aclararé.
Lo que sí se es que la chica mecánica se llevó un puñado de premios y galardones como el Hugo y el Nébula (hay es nada para un novato irrumpiendo en la cifi), muy motivador para don nadies aporreando teclados como yo.

Cuchillo de agua es su último libro, de 2015 (igual cae alguno dentro de poco), y es una novela que hinca el diente en un asunto tan preocupante y realista como jugoso para la distopía, la escasez de recursos naturales en el futuro próximo, en concreto el más necesario para la vida sobre la faz de la tierra, el agua.

OJALÁ QUE LLUEVA, LA VIRGEN DE LA CUEVA


H2O, líquido elemento, un 60% de nuestros sacos de huesos y vísceras no ciber-aumentadas son agua, el 70% de la superficie de nuestro planeta, y sin embargo, si hay tanta agua por todas partes, ¿Por qué iba a ser un problema en el futuro?. De toda esa agua el 97% es salada, no apta para consumo humano. ¿Cómo va a ser posible que en el futuro no invente nadie un sistema para que nos bebamos, duchemos y reguemos con el agua de los mares y océanos? Pasta, como todo en la vida.
Se estima que en 15 años la mitad de la población humana tendrá dificultades para acceder a agua potable corriente. Nuestro consumo del agua impide que la demanda sea completamente satisfecha.
El consumo de agua por el primer mundo es descontrolado, como si nunca fuese a acabarse, total ¿lloverá tarde o temprano verdad? Ingenuos, el cambio climático cada vez afecta más a los ciclos lluviosos convencionales de los climas estandarizados por la ciencia, y la calidad del agua de la lluvia, también empeora, como la del grifo, por culpa de la polución.
Se estima que en unos 25 años, España sin ir más lejos, habrá aumentado su temperatura media en unos 6ºC, lo que convertirán nuestro clima continental, en prácticamente una copia del subsahariano, lo que en otros 25 años más desde ese momento, convertirá el sur de la península ibérica en una extensión orográfica del norte de Africa. Una visión terrorífica para todos esos votantes de VOX andaluces claro, Sevilla dejaría de tener un color especial, para ser un pequeño Marrakech, ¡qué herejía nacional!. Bromas aparte, esto está estudiado, contrastado, y con mayor o menor precisión, ocurrirá si los gobiernos no toman medidas urgentes en el asunto.
Mucho se reía Almeida del Madrid central de Carmena, pero ya verás que gracia las multas europeas que nos van a a caer a Madrid y a la Barcelona de Colau como no soplen la boina cuasi radioactiva que flota sobre las cabezas de las capitales de la piel de toro.

Tras los chascarrillos patrios, pero que deberían de concienciarnos a todos de que el cambio climático, y la escasez de agua no son problemas de gente de países lejanos cuyas vidas no nos importan, tan sólo tenemos que recordar las polémicas patrias respecto a los trasvases de agua dulce de un río a otro, como el Tajo-Segura para llevar agua del interior a la costa levantina. Toda una guerra de intereses industriales, civiles y agrarios en torno al agua.
Asi que no hace falta hablar de que la escasez de agua provocará enfermedades, hambre, o desaparición de especies vegetales y animales, si es posible que los humanos nos matemos por unos litros más de nuestro vecino cuando no llueva.


Pero eso actualmente es un problema del tercer mundo y países en vías de desarrollo, ¿a quién le importa? Pues a Bacigalupi le importa, y por eso imagina la llegada del problema a nuestro primer mundo, en un futuro distópico entre lo cyberpunk y Mad Max a punto de llegar.
En el corazón del sunny belt, el mid west norteamericano, en EEUU, tierra de las oportunidades, allí se levantó Phoenix en medio de la nada, en el desierto, como Las Vegas pero sin casinos, prostitutas ni mafias europeas. Phoneix carece de todo ese glamour, y a sus alrededores tiene un cementerio de aviones kilométrico, Arcosanti que es la primera arcología del mundo a medio construir diseñada por el arquitecto Soleri, reservas de indios Jopi alcoholizados, muchos nopales y ágave.. cactus en general vaya. Cactus y piedras.
Tal vez por eso, Phoenix sea hoy en día, sin irnos a la ficción futura, la ciudad menos sostenible del planeta. Una gran ciudad que recibe el agua del lago Mead (a casi 500 kms de distancia) y los deshielos (cada vez menos frecuentes) primaverales de las Rocosas. Millón y medio de habitantes que sufren una temperatura media anual de 30ºC, que han vivido veranos de 50ºC, y cuyas precipitaciones máximas al año sond e 26 (mm) el mes de marzo.
Esta antigua ciudad mejicana es hoy la quinta más grande de EEUU, y no tiene agua para tanto hogar, tanta industria, ni para seguir transformando a capricho occidental el desierto con parques y campos de golf. Y aún así, mientras el río Colorado se seca más cada año, las constructoras y los hampones del ladrillo siguen apostando por hacer crecer la ciudad con menos criminalidad y precios más asequibles a éste lado de la frontera mejicana. Incluso Bill Gates apuesta por levantar nuevas barriadas y asfaltar nuevas autopistas. ¿Y el agua? Haciendo frontera al norte con Nevada y con Colorado están los lagos y la presa Hoover (a casi 3000 kms de la ciudad del Valle del Sol), pero si en España nos peleamos por el agua de castilla la Mancha y la de Cartagena, imaginaros la que se puede liar en ese árido cogollo de EEUU en unos años. Costes logísticos, gastos y más gastos por mantener el césped verde y los grifos abiertos en Phoenix.



SUSPENSE E INTRIGA DE MANUAL


Bacigalupi nos suelta ahí, en un futuro seco y deshidratado en el que los tres estados, literalmente, se matan por el agua de la Hoover o cualquier otro manantial. Poca broma con su predicción.
El control central ha perdido fuerza sobre una nación balcanizada (una vez más, el tópico distópico de los EEUU que se repite tanto que igual se cumple) y a Washington D.C. no le importan las rencillas de estados “rurales” en el centro de lo que queda del país “unido”.
La nueva Phoenix se compone de un downtown rodeado de barriadas empobrecidas y gentrificadas de “bandos” (casas okupas en mal estado en la cultura norteamericana) bajo la influencia de bandas criminales locales que consiguen más beneficio con el agua potable que con las drogas o las armas.
Mientras en el centro de la ciudad las grandes corporaciones lucen rascacielos y arcologías con cascadas y estanques cristalinos para carpas koi de colores, en los guetos la población civil de perfil bajo solicita caridad potable en bolsas de plástico entregadas por ONG's y la cruz roja, o compran agua en surtidores públicos.
Una neo ciudad al estilo Detroit, siempre musa de futuros oscuros variados y alarmantes. Una distopía real a punto de caramelo.

La idea más genial y fascinante de Bacigalupi en ésta novela es que el agua fluctúa, como las acciones de la bolsa, y en un mismo día su precio puede triplicarse o dar un bajon que apenas dure unos minutos que marquen la diferencia del comprador en el surtidor público a llenar bidones o apenas un par de latas con lo que le sobra de salario del mes.
La especulación, la reventa, y las prácticas poco éticas para conseguir agua limpia y potable se convierten entonces en el motor de la historia por supuesto.
Como si de Dune se tratase, los zonales reciclan hasta su orina con unas bolsas de uso común en su sociedad futura, que la convierten en un alto porcentaje en agua potable. Vamos, que Arizona es peor que Arrakis.



Ya en escena y sin aburrirnos con interminables descripciones de su mundo ficticio, pero tampoco sin soltarnos en su creación imaginaria con una lanza y un taparrabos a lo Gibson,  Paolo, ni tan largo ni tan calvo, nos presenta a su triángulo protagonista:

Angel, latino de bandera, macho man, motero surtido de cicatrices, delincuente a horario partido, miembro de los denominados “Cuchillos de agua” que son algo así como unas fuerzas paramilitares de combate en conflictos armados y escaramuzas relacionadas con los trasvases no autorizados y los robos de agua en las zonas del Colorado y los grandes lagos que convergen en el triángulo de los tres estados fronterizos. Mafiosos especializados a sueldo.

Lucy, la chica lista, periodista freelance, independiente, que prefiere el periodísmo de investigación en su “blog”, en vez de sumarse al sensacionalista periodismo de los llamados “hemopasquines”, noticiarios de muertos, de cuerpos arrojados a piscinas azules sin agua para que se pudran al sol en las continuas guerras de bandas locales y víctimas de crímenes relacionados con la escasez de agua. Esta cotilla por naturaleza, resultará un incordio para ciertos personajes en su hincapié de comunicar la verdad.

Y por último María, ratilla de guetto con aspiraciones y sueños, que sacrificará sus principios por tratar de alcanzar una vida mejor que la de pobre y sedienta, sin saber muy bien donde se mete ni qué está realmente dispuesta a intercambiar de sí misma por un bienestar temporal. El personaje marginal, la chica cyberpunk pancista y antisocial.

Hechas las presentaciones, y habiendo dado ya varias vueltas al complejo asunto de la escasez de agua y los problemas que acarrearía en un futuro, la novela está servida. Sin duda Arizona es un escenario cyberpunk, post apocalíptico o simplemente distópico tan apetitoso. Reúne tanttos elementos para convertirlo en un lugar moderno, primitivo, hostil y enigmático a la vez, que se podría escribir toda una saga exprimiendo sus ubicaciones y reinventándolas. Cuevas subterráneas, enormes minas de cobre, desierto y miles de kilómetros de carretera, indios nativo americanos, inmigrantes centro americanos (que por cierto en la novela traducida al castellano llaman “cholobis” y que cada vez que lo leía me chirriaba, porque es “cholos” señores, “cholos” y ellos mismos, hispanohablantes en suelo norteamericano, se llaman “cholos”) organizados en pandillas, etc...
Bacigalupi le saca jugo al habitat, a los pandilleros cholos reinventando su clásica apariencia de camisa blanca de tirantes y pantalones de pinza a pasear hienas con su correa y su bozal como mascotas (a lo Dieantword) en vez de un pitbull; A los zaibatsus orientales manejando los negocios y las corporaciones en el centro de la ciudad entre arcologías y rascacielos; Al clásico enfrentamiento del rico VS pobre (arriba VS abajo que ya he mencionado muchas veces como un elemento repetitivo y constante en la distopía y el cyberpunk), y a todo lo que toca.

Es Phoenix la verdadera protagonista de la historia, sin abusar de una creación de mundo o lore excesiva e innecesaria. Nos ubica de manera rápida y eficaz en el mundo que les ha tocado vivir a Angel, Lucy y María. Tendremos un thriller futurísta que no catalogaríamos cyberpunk, porque aunque tiene drogas, parias contra la sociedad, antihéroes y violencia...no tiene software ni hardware, el agua ocupa ese lugar en la historia coqueteando con el denominado ecopunk en nuestra horrorosa obsesión de etiquetarlo todo. Distopía le sienta mejor.

Como historia de suspense, va enlazando las vidas de los 3 protagonistas (no spoilers) por separado, uniéndolas en diferentes puntos para que sus actos converjan en un “por qué” de la trama principal que tiene que ver con el descubrimiento de unos viejos documentos legales a cerca de la ley de permiso de aguas que EEUU otorgó a las tribus nativas en su proceso de expropiación forzosa, que descubrirían un nuevo y abundante caudal subterráneo de agua potable que explotar, antaño en usufructo legal de alguna reserva Jopi. En el secarral en el que sucede la historia, esos papeles legales valen mucho dinero, y el youpie que los porta, va a perderlos de vista sin contaros cómo ni por qué, claro está. Y esos papeles, como digo, desaparecerán en un momento dado, y todo el mundo los querrá, y de un modo u otro, nuestros tres protagonistas estarán en medio de esa desaparición y recuperación, de la carta magna firmada por los padres fundadores con derecho a la explotación de una fuente de agua dulce.
El agua es el nuevo petróleo en ésta novela, oro transparente.



Como un best seller de espías sin mayor reconocimiento, los protagonístas irán atando cabos para recuperar esos papeles con diferentes objetivos personales, más o menos avariciosos o filantrópicos. Topándose con todo tipo de indeseables traicioneros en el camino, o de buenos amigos dispuestos a echar una mano.
A mi personalmente, me parece una aventura de suspense mediocre, no mala, pero tampoco sublime, mediocre, suficiente, pasable y entretenida, con un estilo literario eficaz y resultón, pero en ningún caso magistral ni revolucionario, ni mucho menos “poético”, cuyo secreto o misterio final, su sorpresa, es poco espectacular y me la vine oliendo (y no es por dármelas de listo ni mucho menos) varios capítulos atrás, coleando desde cierto capítulo en concreto (no spoiler) que venía echando en falta hasta que nos lo venden como la gran sorpresa final del periplo violento que nuestros protagonistas han pasado.

Mucha sangre, violencia, malas decisiones, traiciones, e incluso romance, darán vidilla a la trama principal durante las páginas del relato. Dando como resultado final, un libro divertido, con un claro mensaje de precaución medioambiental que una vez más desencadena, no en la utopía de que todos los seres humanos entenderemos el problema de la escasez del agua y tomaremos medidas para resolverlo, si no en la distopía de que somos una especie de cafres simiescos incapaces de resolver nuestros problemas ni dar soluciones a los males de la sociedad moderna, si no mas bien, matarnos hasta agotar existencias de cualquier recurso.
La ciencia ficción siempre tan optimista, y apagando el interruptor de la ironía, siempre tan visionaria.
Gracias Bacigalupi por esta novela, y en cuanto pueda iré a por La chica mecánica.

Y tal vez, tanto hablar del agua, deba bloggear sobre el cómic We Stand on Guard la próxima semana. Y ya me está entrando sed con tanta guerra del agua, pero si tantos autores de ciencia ficción hablan de ellos como un problema futuro, deberíamos empezar a concienciarnos.