jueves, 8 de agosto de 2019

PEQUEÑOS HEROES DE NORMAN SPINRAD

ANARQUIA Y CYBERPUNK EN NUEVA YORK



Bien hallados a éste viaje psicodélico y virtual, aquí yo controlo lo horizontal y lo vertical, las formas y los colores, los sonidos pesan y las luces suenan, dejaros caer en la charca estroboscópica de mi pequeño blog de lava cálida y esponjosa, una bola de cristal navideña en la que nievan pixels de colores sobre Woodstock, en un campo púrpura de suaves hebras que cosquillean en la palma de vuestras manos, con las que andáis, y aplaudís con la palma de los píes el último sólo de balalaika de Mucho Muchacho.

No, no es el cantante de rap español que cambió las reglas de su género en los 90, aunque tal vez, ese chico llamado Oliver del grupo 7 Notas 7 Colores que copaba los carteles de los más primitivos Festimad y Viñarock, leyese el libro del que vamos a hablar hoy (tras las semanas de paro estival que me he permitido) y tomase su nombre artístico prestado de éste libro, creyéndose precisamente un Pequeño Héroe, de camino a convertirse en “quien siempre qusisite ser y no fuiste”. Y en verdad, puede que ese viejo rapero de los 90, le ocurriese exactamente lo mismo que a la Vieja loca del Rock’N’Roll, Gloriana O`Toole, otra de las protagonistas de éste mágico libro distópico de Norman Spinrad. Y no adelantemos más acontecimientos, pero quedaros con la copla, porque pocas veces, la ficción, narra tan acertadamente, la realidad que habita en nuestros interiores y alimenta nuestros sueños.

Norman Spinrad es ya un señor de avanzada edad que nació en Nueva York en la década de los 40, y se nota cuanto pateó sus calles en Pequeños Héroes, cuántos callejones debió frecuentar, como observó los negros abismos que separaban los proyectos de la gran manzana, y se empapó de ello hasta los huesos. Porque se nota la devoción religiosa y el amor y odio que le profesa al ombligo del mundo en Pequeños Héroes.
Estudiante del instituto de ciencias en El Bronx, no me queda duda que aprendió de boricuas, dominicanos y algún que otro cholo lo suficiente como para crear años después a Mucho Muchacho. También, en un barrio que pasó por aquellas difíciles décadas de gentrificación y abandono municipal, debió de observar lo suficiente del sueño americano, los deseos de champán y los sueños de caviar de los pobres del proyecto y los pisos baratos, dispuestos a salir de allí con un disco de oro o kilos de cualquiera que fuese la droga que pegase en las calles ese año, coca, hierba o pcp.
Y todo eso, está en Pequeños Héroes. No queda reflejado como una ensoñación de LSD, o pizcas robadas de postales y películas, no. Huele a haber corrido por aquellas calles.
No sin esfuerzo, Norman Spinrad, fue considerado el presidente más polémico y controvertido de la Science Fiction & Fantasy Writters America, con su aportación a la antología Visiones peligrosas de Harlan Ellison, formando parte de la primera línea de choque de la denominada Nueva era de la ciencia ficción durante los 60. Movimiento de cambio en el género que incluyó temas tabú a la cifi tradicional, popularizando, o mejor dicho, desatanizando, las drogas y el sexo en el género, convirtiéndose en muchos casos en el motor de la mayoría de los relatos de la “chupi pandi” del momento, como el propio Spinrad o el mismísimo y amado technofante supremo de la secta del Tungsteno, Philip K. Dick.
El propio Spinrad, se autodefine como un anarquista sindicalista, terriblemente preocupado por que la gente cree y disfruta más los futuros literarios distópicos en los que la sociedad se ha ido a tomar por saco, que aquellas en las que la utopía se hace realidad y la sociedad ha mejorado moralmente a la vez que tecnológicamente. Si nadie se cree eso, es que directamente, la humanidad no apostaría por ella misma, y visto así, sí, es para estar preocupado. Pero no nos pongamos paranoicos aún.
Para afinar un poquito más de lo que debemos saber de Spinrad para bucear mejor en las líneas de Pequeños Héroes, añadir, que precisamente éste título es de los más desdeñados de su biografía, con una mala crítica en general, y casi relegado al ostracismo. Spinrad tocó techo con Incordié a Jack Barron , obra que dio varios tumbos de un editor a otro hasta llegar a manos de Moorcock (sí, el papá de Elric de Melniboné, nuestro enfermo de fantasía favorito en el multiverso), con quien entabló una estrecha amistad, que tal vez, también, a parte de la literatura, fuese alimentada por la música. Moorcock a parte de escribir literatura, compuso y escribió para grupos como Hawkind o Blue Oyster Kult. Y precisamente, rock’n’roll es lo que lleva dentro Pequeños Héroes, mucho rock`n`roll.
Y terminamos con la presentación, con una apreciación personal, de que el ya anciano Spinrad, tenga mucho en común con su personaje de ésta novela, Gloriana O`Toole, alias La vieja loca del rock`nroll, y es que por muchos años que pasen, la rebeldía no se extingue y siempre hay que llevar los ojos ardientes y llameantes en la vida, tanto que el último libro de Spinrad de 2007, titulado Osama The Gun, sigue siendo tan polémico y políticamente incorrecto hoy en día, como lo debió ser el resto de su obra hace casi 50 años, que no es poco, ya que ninguna editorial ha accedido a editarlo en papel ni lanzarlo al mercado. Y precisamente de esa relación “autor/industria” también hay mucho en Pequeños Héroes. Aunque tal vez, fuesen más rompedores y trasgresores entonces ellos que nosotros ahora, tal y como están de finas las pieles en el S XXI.



DROGAS Y ROCK N ROLL


Al turrón. ¿De qué diantres va Pequeños Héroes? Pues ya he dejado caer algunas pistas importantes en la presentación de su autor y la psicodélica bienvenida de la entrada.
Pequeños Héroes es una novela distópica publicada en los finales años 80, que podríamos catalogar como cyberpunk por cumplir con muchas de las características de la secta original de ese estilo cifi , pero que por norma no suele ser incluido en el saco, por ser Spinrad un autor externo al círculo de cyberpunkers originales. La obra tiene como protagonistas a una pandilla de acabados profesionales, frustrados, don nadies y tunantes de baja estofa que evolucionarán nadando a contracorriente de la sociedad, empleando dudosos métodos de financiación, actuando acordes a conductas poco éticas o indecorosas; Y además, tenemos software, drogas electrónicas, flipes psico pixelados, megacorporaciones y mucho rock`n`roll. ¿Por qué no íbamos a tildarlo pues de cyberpunk?
Es un ladrillo de 635 páginas, que sin que resulte especialmente molesto pero llamativo, tiene bastantes pequeñas erratas de imprenta original, como letras que bailan en su orden en algunas palabras, o palabras que se repiten en la misma frase, pero que no cunda el pánico, no amargan la experiencia lectora. Una experiencia, que igual que en su día supuse que Elhacker y las hormigas de Rudy Rucker sería una novela que disfrutaría muchísimo alguien que se dedique a la programación, por la cantidad de situaciones cotidianas extrapoladas de la profesión a la ficción; Pequeños Héroes ofrece una obra ideal para aquellos que se hayan dedicado al mundo de la música, y casualmente yo trabajé en el sector durante unos años, y el futuro distópico que imagina Spinrad para el negocio de la música, es una gozada profética para los que hemos pasado tanto por estudios de grabación como por el despacho de márquetin, logística, ventas, dirección artística y la editorial y hemos sido testigos de las luces y sombras del mundo del espectáculo. Y por eso he rechupeteado los huesos de cada capítulo en el que Spinrad reinventa el futuro de las sesiones de mezcla y master del rock`n`roll del futuro, que melódicamente, nada tiene que ver con el clásico ni el actual, y que nos es presentado como una fanfarria de efectos de sonido y exóticos instrumentos de conga dirigidos por acordes de guitarra, siempre disparados desde bibliotecas digitales de sonido a las consolas de control de software, modulados por sintetizadores y teclados con infinitos pluggins cargados para conseguir mantras hipnóticos y subsónicos.
No sé cuantas pistas cargaban en los 80 (cuando se publicó el libro) en un estudio profesional de Los Angeles, Nueva York, o cómo se lo montaban los Beatles en sus sesiones experimentales con toda una colección de cacharros Korg, Moog y un theremín puestos de peyote hasta las cejas. Pero Spinrad imaginó, excesivamente pero no mal encaminado, cómo en el siglo XXI la voz humana cedería a efectos artificiales para conseguir voces imposibles, con el ficticio Voxbox de su novela, posiblemente inspirado en el talkbox popularizado en los 70 por grupos como Zapp, pero más real que nunca hoy en día con el tratamiento digital por el que a través de vocoders, kilos y kilos de autotune y horas de melodine, un ingeniero de sonido con tacto y sobre todo buen oído, puede convertir el desafinado canto de cualquier participante de reality shows casposos, en una inhumana voz sensual y ligeramente robótica con entonaciones que ni La Carey en sus mejores momentos. O al gambitero hijo de una folclórica con la voz pasada de rosca tras diez resacas, en un ángel futurista de sensual terciopelo sobre una balada de folclore latino electrificado. Sí, eso se lo debemos a los ingenieros de sonido y productores musicales, arreglistas y demás elenco profesional siempre en la sombra de tu artista favorito. Que tu ídolo suene bien, se lo debes a ellos y ellas.
Así que sí, parece que hemos llegado a la música del futuro, el rock`n`roll ha muerto y cualquier tiempo pasado fue mejor, somos unos poiaviejas que lo flipas hablando todo el día de la EGB y criticando Dragon Force, David Guetta, el Trap y el reguetón. ¿Pero por qué? El nuevo orden mundial tiene la culpa, y Spinrad también disparó su pluma en esa dirección.



Retomando el control de los renglones, y centrándonos, Pequeños Héroes narra dos historias paralelas, de costa a costa, advocadas a convertirse en una sola (cero spoilers).
Por un lado tendremos en la costa oeste un triángulo compuesto por:
  • Gloriana O`Toole alias La vieja loca del rock`n`roll, una jubilada que sigue viviendo su Woodstock particular, recipiente y arca perdida del espíritu del rock en pellejo y hueso, el sexo, las drogas y el desmadre, con toda la sabiduría de la escuela de la calle acumulada hasta la incipiente tercera edad que no logra enterrarla.
  • Sally “La del Valle”, una virtuosa ingeniera de sonido del Voxbox, vocalista fantasma de la mayoría de éxitos de la radio fórmula insatisfecha con ella misma, una plane jane cualquiera, el fantasma del baile de fin de curso, alias La espinilla.
  • Bobby Rubin, el novato, más tierno que el pan de molde, un ingeniero de video y personalidades virtuales de primera categoría que se ha llevado todas las collejas del instituto.
Este trío de talentosos perdedores, anhelantes de mejores vidas y reconocimiento, serán los protagonistas de una historia relacionada precisamente con el espíritu creativo, la ambición, el estrellato, la frustación y los contratos basura de las grandes compañías.
Como ejecutores y arregladores a sueldo de la megacorporación nacional del ocio y el entretenimiento audiovisual, la Music Factory Inc (una parodia cruel de la MTV), tienen la obligación de crear one hit wonders que alcancen las cifras deseadas por la compañía cada x semanas para llenar las listas de éxitos de canciones absolutamente artificiales, interpretadas por artistas virtuales, inexistentes. Gloriana es la inspiración del tridente, la voz de la experiencia; Sally la vocalista, mezcladora y compositora al voxbox; Y Bobby el genio de creación de personajes, modelador de texturas, editor de video, y el responsable de crear fantasmas de bits y bytes que interpreten las canciones en fascinantes videoclips.
Todos cobran su salario en función del éxito de cada canción, pero la Music Factory se ahorra los royalties, las exigencias, los contratos y las complicaciones, al ofrecer música sin autores, estrellas inexistentes para la nación, ídolos etéreos, personalidades artificiales que responden a las características que el público demanda según los estudios de marquetin de la compañía y su equipo de sociólogos. El mainstream convertido en religión, una fábrica de moda, la industrialización robótica del arte, el máximo beneficio al mínimo coste, la muerte del rock`n`roll.

Por otro lado en la costa este, en Nueva York, tenemos el grupo formado por:
  • Paco Mónaco, un puertoriqueño de baja estofa que sobrevive en las calles dando palos y trapicheando en garitos de mala muerte. El tipo es el fan número uno de la estrella artificial de moda, Mucho Muchacho, el emperador azteca del rock`n`roll, el autor del hit “Tu madre también”.
  • Karen Gold, una chica de clase media a la que todo le salió mal, terminó una carrera que no la garantizó un empleo, perdió un empleo que comenzó a hacer por ella un robot, y al final se vio de patitas en la calle convertida en una fracasada absoluta hasta que topó con el Frente de Liberación de la realidad.
  • El frente de liberación de la realidad, un grupo antisistema de anarquistas con aspiraciones terroristas de poca monta, liderado por un carismático loco apodado Marcowitz. Una pequeña familia de soñadores con más ilusión que posibilidades.
Los caminos de todos se juntarán en las sucias calles de los getos de NYC a ritmo de los éxitos de la Music Factory mientras tratan de salir a flote de toda la mierda que les rodea.
Y entre costa y costa y el rock`n`roll, la fiebre de los wire, dispositivos neuronales que se colocan en la cabeza, camuflados entre el cabello, que dan un viaje alucinógeno de primera, muy adictivos, y con alta posibilidad de freírte el cerebro tras abusar unos cuantos meses de enchufarse. La droga electrónica.
Con ésta pequeña sinopsis, pasemos a desgranar los efectos que el libro ha generado sobre mi sin spoilear la historia principal y sus hechos más relevantes.

Como comentaba antes, los pasajes que detallan cómo funcionan los despachitos de cada departamento de una productora musical, editorial o distribuidora, son muy gozosos para alguien que conozca un poco el negocio, como también lo son los relacionados con sus fantabulosas sesiones de grabación y mezcla de éxitos como “El rey coronado del rock`n`roll” o “Sally Cyborg, cable y carne”. Como se ponen de coca sintética y chutes del wire hasta el culo para componer y como los problemas personales y las drogas son las principales inspiraciones a la hora de sacar una buena canción. Es un xplotation de los excesos ochenteros trasladado a un futuro cercano del capitalismo agonizante y las nuevas tecnologías.
Esta relación de música y droga que propone como inseparable Pequeños Héroes, no es ninguna tontería cyberpunk, es la realidad y sólo hay que echar un vistazo a la música contemporánea. Bob Marley y la ganja, La Ruta del Bakalao y las pastillas, Los Beatles o Jimy Hendrix con el LSD, etc… La droga y la música siempre han ido de la mano, pero la droga es ilegal y la música no. Y curiosamente la música que atenta contra la legalidad, al final, en el punto de mira de las discográficas, se convierte en cool, en moda, y el sistema, el orden mundial y las grandes compañías domestican a la estrella del rock con una mansión, un jet privado y más droga. La doble moral, la gran mentira, el cinísmo y cómo las compañías rebuscan en el patio trasero del underground la estrella emergente que está tentando al sistema con sus líricas transgresoras, sus mensajes revolucionarios, sus comparsas pseudo terroristas, exigiendo su lugar, su respeto como individuo, toma distancia cuando por fin la multinacional se lo entrega. La Major entonces se lo muestra al mundo entero como Mufasa con el pequeño Simba en lo alto de un pedrusco y gritarles “Esto es lo que mola ahora! Esto representa la lucha!” matando ipsofacto su rock, mascándolo como un chicle hasta dejarlo sin una gota de sabor, para después escupirlo y con suerte, al pisarlo, se quede en la suela de sus zapatos durante unos años.
Los genios de la música le cantan a las drogas, todos quieren ser como ese genio de la música, asi quemuchos fans toman drogas. El sistema prohíbe las drogas, sin embargo la compañía se lucra gracias a su artista pro defensor de las drogas. Interesa que la rueda siga girando y retroalimentando la moda (M.Rajoy: “lo bueno es malo, y lo malo es mejor” “los vecinos eligen al alcalde y es el alcalde quien elige a los vecinos”) y en Pequeños Héroes la droga es el wire, también conocido como zap o Jack. Esa mierda, conectada a tu cabeza, como una redecilla de baño con pequeños trodos camuflada en tu peinado afro o tu melena para que nadie la vea, te da un viaje directo a la parte del cerebro donde está la imaginación y los sueños y te potencia, te convierte en quien siempre quisiste ser.

DESPIERTA EL TIGRE QUE HAY EN TI


¿Y quién quieren ser nuestros protagonistas en la novela? Quieren ser sus artistas virtuales favoritos, quieren ser Mucho Muchacho el jodido chulo latino más gangster de ciudad choca rica, Jack El Rojo el príncipe del rock adicto al wire, y quieren ser Sally Cyborg el súcubo del rock electrónico, el pibón por excelencia, el deseo hecho carne y cable.
Pequeños Héroes va precisamente de eso, del potencial que cada don nadie lleva dentro, pero que no explota. De masas de corderos dóciles, sin expectativas que pasan por la vida como un mueble, sin plantearse nada, consumiendo, drogados, anestesiados, esperando la chispa que los convierta en una bola de demolición, y esa es el rock en nuestra historia.



Mediante la droga electrónica del wire, y la música, nuestros don nadies protagonistas, se convertirán por momentos en sus alter egos cada vez que se enchufen los trodos neuronales, y la realidad a su alrededor será la que ellos quieran que sea, lejos de los suburbios, lejos del drama, lejos del fracaso. La droga a resumidas cuentas, les lleva a un lugar feliz lejos de sus problemas, les convierten en lo que no son y siempre quisieron ser.
A nuestro grupo de ingenieros de sonido a sueldo, que anhelan ser la portada de la revista, estar bajo el foco, los flashes, las entrevistas, porque a fin de cuentas son los verdaderos autores detrás de la música , los “negros” y “ghost writters” detrás del telón mientras la fama es para un puñado de bytes y bits con nombres rimbombantes que ni si quiera existen fuera de la pantalla.
A nuestro grupo de muertos de hambre neoyorquinos, peleando con la vida, recogiendo las sobras de los ricos y los gordos de ciudad trabajo, oprimidos por el sistema, sin oportunidades de mejorar en la vida, con carreras que no les otorgan ningún empleo digno.
A ambos grupos, el wire les dará alas, les convertirá en Mucho Muchacho, en Jack El Rojo, en Sally Cyborg. Pero no sin correr riesgos, no sin que la ficción devore sus realidades, no sin que pierdan el control y sus alter ego interiores terminen devorando sus conciencias y haciéndoles dudar entre lo real y lo irreal. Poseiéndoles como vulgares yonkies que creen que aún controlan, que no se les nota el andar ni los ojos rojos, y que “todo les sale mejor cuando están colocados”, cuantas veces habré oído yo esa frase en mi vida real de un montón de amigos, que si hubiesen leído éste libro se habrían creído el estribillo de Jack El Rojo

Yo te potencio a ti
Tú me potencias a mi

Mentiras piadosas que susurra en la intimidad cualquier droga cuando hace efecto, si no estuviese buena, la gente no se engancharía.

Todas ellas y ellos, parias de segunda, imperfectos, carnales y simplones, se convertirán en Pequeños Héroes

“cada hombre un rey cada mujer una estrella”

, y reclamarán su lugar en la pirámide alimenticia del capitalismo a ritmo de rock como himno de la rebeldía e inconformismo. La música, es la gasolina del cambio en ésta novela, la droga, la trampa.

Dicho todo esto, hay que admitir, que cada viaje psicotrópico de wire acompañado de música y sus renglones recitados en cada página, son lo más parecido que he leído nunca a pequeños fragmentos de ridículos musicales de Boradway cyberpunk, con coreografías descritas, juegos de luz y sonido, efectos audiovisuales, y un montón de flipes pasados de fecha que surcaban mi imaginación como un clip de Lazarov renglón tras renglón, absurdos y cómicos que por el momento me sacaban de la trama y del drama social y la lucha de superación personal de cada uno de los personajes. Cuando aparecía Mucho Muchacho cantando frases como

Besa mi pico
Y tu madre también
Mejor llámame señor
Y tu madre también

O Sally Cyborg contoneándose con unas braids moradas de neón y su traje de catwoman cromado al son de

Soy Sally Cyborg
Sangre y cable caliente
Grita y tira el mundo
A mi pira funeraria

Y la broma de cantante glam de metal de Jack El Rojo con

Yo te aumento a ti
Tú me aumentas a mi
Soy tu maquina invisible de rock n roll
Bits y bytes


EL NUEVO ORDEN MUNDIAL 


Pues todo se volvía bastante increíble y extraño. Y esto, tal vez, haya enturbiado algo mi lectura de una obra, que desde luego tiene un claro mensaje motivador de rebeldía antisistema, espíritu juvenil y “piterpanesco” que incita a no dejar nunca de luchar por ser quien quieres ser y obtener lo que te mereces contra viento y marea, jodiendo al sistema mejor que mejor, molestando, como cuando los negros inventaron el funky y vestían de colores chillones con sombreros de ala y pluma, enormes cadenas de oro huecas y bailaban con James Brown, no lo hacían para que la radio pusiese de moda su nueva cultura, si no para molestar a los blancos conservadores, para mofarse de ellos, para lanzar coloridos gritos mudos con su indumentaria a una sociedad que de repente tenía miedo de que sus hijos blancos fumasen marihuana y bailasen funk y rhytm`n`blues con negritas de pompones afrorizados.
El mensaje es mantener la lucha desde la cultura y el arte, luchar con la música contra el sistema, que las canciones sean nuestras pedradas en sus ventanas, porque después del funky vino el punk, con los Pistols y con Sid cantándole a la anarquía, crestas, casas okupas, collares de perro, tatuajes, los blancos de la flema británica habían sufrido un cáncer entre su juventud y estaban preocupados. Pero como siempre, la droga campó a sus anchas, la heroína, el sida, las sobredosis.
Música, moda, droga, dinero, discográficas, y vuelta a empezar. Esa moda es mala, la juventud muere de sobredosis, os traemos una nueva moda, y así una vez y otra, una vez y otra, en una estúpida purga capitalista encubierta. El nuevo orden mundial deja a la juventud creerse libre durante unos años, si la palman de sobredosis, nos los quitamos de en medio, si sobreviven, serán productivos y formarán parte de la cadena de montaje social.
Los negros tocando jazz para blancos, los beatniks, los hipies después, los rastafaris y el heavy metal psicodélico, el pop rock británico, el rap, la música electrónica… Generación tras generación lo mismo. ¿Es arte? ¿Es cultura? ¿Es solo moda y consumismo? ¿Qué es? ¿Por qué lo necesitamos?

Y el sistema nos convenció, de que todo eso de las modas salvajes y las tribus urbanas estaba mal, de que la gente moría, de que no era el camino, y el stablishment ha ido guardando con disimulo al rebaño en el corral, y mientras los viejos rockeros miran sus tatuajes de vikingos y sirenas verdosear en sus brazos peludos y arrugados de cincuentones, los chavales raperos con pantalones enormes que pintaban paredes y rimaban en contra de la poli han desaparecido, la ruta del bakalao también, y los góticos que asustaban a la vecina del tercero cuando bajaba a comprar el pan se han metido en su ataúd, y el new world order se frota las manos con los beneficios de la nueva industria que mató al vinilo y la cassette, Madrid Rock y las tiendas Tipo, dando online a chorrón de megas a la legión adolescente homogeneizada la libertad de pensar que van en contra del sistema escuchando cualquier nueva ola como el trap, el nuevo rap de los negros que ponen a twerkear mujeres blancas con falsas voces pasadas por 25 filtros diferentes recitando odas a Versacce, Gucci y Balenciaga. Consume, consume, y drógate, haz el tonto, un falso nihilísmo antirevolucionario, no pienses, no quieras ser quien quieras ser, quiere ser como yo, nada en mi misma pecera, la pecera del nuevo orden mundial y creete eso de que le jodan al mundo. 
Desde los despachos han logrado que Madonna suene igual que Kiko Rivera y viceversa, que el viejo rockero pase por el aro y colabore con el nuevo producto, el nuevo Frankenstein de la música pop, el nuevo Milli Vanilly que borraremos de las listas dentro de 2 años si no muere antes de sobredosis o le pegan un tiro. 
Yo fuera del libro he visto al trajeado a punto de jubilarse que te cuenta qu él fue el motor del heavy metal en este país, mientras te intenta trasgiversar las condiciones de un contrato, que por escrito, dice lo contrario.
He visto un grupo que pega el petardazo, quiere prosperar en una compañía que le ofrece más, y su carta de libertad nunca llega bloqueando su carrera.
He visto al director del departamento artístico decir:

"Yo no tengo ni idea de música, no se reconocer el talento, pero se contar el número de personas en la cola del concierto y eso me basta"

He visto jóvenes ganar en una hora de espectáculo más de lo que tú y yo en un año, durante media década, y hoy, no tienen derechos de autor, royalties, ni manager y como no han cotizado no tienen ninguna suvención ni ingreso económico.
Los he visto, pasar de un call center a la marquesina más grande de Gran Vía en menos de un año. Y los he visto caer del escenario más caro y 60 fechas al año en los principales festivales del mundo a vigilar un supermercado con porra y uniforme oscuro.



¿Qué es el talento? ¿De verdad tuvieron talento alguna vez? ¿Son artistas o un producto? ¿Son conscientes de ello? ¿Cómo se supera haber sido un Pequeño Héroe y pasar a ser de nuevo un Don Nadie? Porque cuando la moda pasa, cuando tu generación de consumidores desaparece de la escena, cambian de hábitos, de ideales políticos, de ropero y de vida y te olvidan para siempre, entonces, ¿entienden que fueron una moda? ¿Qué dejan de legado? ¿iniciaron alguna revolución?
A los pocos que no se gastaron sus beneficios en ropa, saunas, putas y droga y ramificaron sus inversiones mirando al futuro,  seguramente les de igual. Los demás, van a necesitar mucho psicólogo y mucha droga legal de farmacia.

Bienvenidos todos a la muerte del rock`n`roll.
Jackson está muerto, Cobain también, Mercury está muerto, Lennon está muerto, 2Pac está muerto, es el deber de la corporación crear nuevas estrellas sin talento y esclavizar a las que lo tienen.
Y cuando creáis que alguien intenta resucitar al verdadero artista, al imaginador, y pega sus labios frescos y jóvenes a los de la momia rebelde para insuflarle un nuevo aliento, ahí estarán los gordos para ofrecerle un apartamento en las 6th de Miami, un contrato vitalicio lleno de párrafos trampa, un Lambo y un cheque más gordo de lo que la súper estrella en el garaje de su padre va a ganar en toda su vida tocando cada viernes en un bar y trabajando 40 horas semanales en cualquier agujero infecto. Y entonces la roja anarquía madurará a los ojos de todos. Y la rebeldía. La frescura, la creatividad, se fabricará en masa y se envasará en blisters para venderla más barata que la mota con semillas.

Eso es Pequeños Héroes, y si os gusta la música y el cyberpunk, tenéis que echarle cojones y leerlo.

jueves, 18 de julio de 2019

APOCALIPSIS SUAVE POR WILL McINTOSH

EL FINAL EN INCOMODOS PLAZOS



Apenas han pasado unas horas del aniversario de mi ensamblaje, treinta y ocho vueltas a la órbita de la vieja Tierra desde que me sacaron de la caja de cartón y poliestireno de la factoría robótica y pulsaron el botón de encendido. Y sigo sin entender las costumbres humanas. No logro actualizar mi software de la manera correcta, siempre parcheando pluggins y pasando a las nuevas versiones de betas, para tratar de dar sentido a los datos recopilados.
Eludo su sociedad cuando puedo, permitiéndome viajes al futuro cada vez que me queda un rato libre fuera de la megafactoría y las puestas a punto, con libros, cine, tebeos y videojuegos, posiblemente hasta que mi batería iónica deje de irradiar, o mi chip positrónico deje de calcular.
Y nunca seré el más sabio, ni el que más medallas lleve en su pechera, por saber más o menos de una cosa u otra, ni lo pretendo. En verdad, me conformo con seguir haciéndolo de momento, y seguir dando forma a ésta biblioteca privada del ocio y la cultura, una mota de polvo en el infinito ciber cosmos.

Hoy vengo con algo de literatura, una obra fresca y tan absurda como realista. Una pequeña delicia rápida y fácil de digerir pese a lo pesimista y aterradora que me resultó cuando dejaba de prestar atención al palurdo del protagonista, y se lo prestaba al entorno que le tocó vivir.

Apocalipsis Suave de Will McIntosh. Will es uno de estos escritores intelectuales, empleado en una universidad, dedicado a la sociología en cuerpo y alma, con diferentes estudios acerca de las relaciones amorosas online, efectos de la televisión en los espectadores, redes sociales, comportamiento colectivo, zen y budismo… Cosas que se notan mucho en Apocalipsis Suave. Ha publicado docenas de relatos cortos y cuentos en multitud de revistas, participó en los Talleres Clarion, pero fue con Apocalipsis Suave la novela con la que se estrenó en el mundo editorial a lo grande en 2011 tras haber conseguido un Hugo al relato corto el año anterior.

Hecha una breve presentación del autor, empatizo y me empapo mejor de Apocalipsis Suave, porque veo cosas que me pegan mucho con el tipo de persona que me imagino, desde el más ignorante atrevimiento y con mucha imaginación por supuesto.
Porque Apocalipsis Suave es una maravillosa novela distópica demasiada cercana, que nos sitúa en el gran catacrack de lo que consideraríamos lo más parecido a nuestra sociedad del bienestar, un relato demasiado plausible de cómo todo se va al carajo, la gran crisis, el fracaso absoluto del capitalismo, el cambio de las reglas y la nueva ley del más fuerte. Como rezan las tapas de su edición española a cargo de Gigamesh, “El fin en incómodos plazos”, y sin duda es así, ya que no es una novela que nos cuente unos pocos días de ese colapso, si no que como en la vida misma, llega poco a poco, año tras año, inundando las vidas de miles de personas, jugando con sus esperanzas hasta que dan la puntilla mortal que les convierte en desposeídos, anónimos sin techo, zarrapastrosos que una vez fueron el vendedor del mes de un concesionario de coches de lujo, profesores de universidad, albañiles o agentes de policía. El fracaso no hace distinciones llegado el momento de cobrarse nuevas víctimas.
Lenta y progresivamente, mientras políticos nos dan falsas estadísticas en la tele, nos invitan a seguir votando, haciéndonos creer que eso es muy importante. Me imagino que los villanos de medievo se sentían igual que nosotros cuando los sacerdotes locales les instaban a rezar y acudir al culto para salvar su alma del fuego eterno, solo que a nosotros nos hacen creer que ejercer nuestro derecho democrático es lo que evitará que estemos ene l bando de los que tienen empleo o de los que están en la cola del paro. A fin de cuentas, nos prometen cosas, para que nos pongamos en sus manos. Pero nada está en nuestras manos. Así que debemos mantener entrenado nuestro instinto de supervivencia, antes de que tu vecino tire tu puerta abajo y se lleve todas tus latas de conservas.
Nuestra historia comenzará en Savannah, Georgia, ciudad donde casualmente Will McIntosh ejerce su magistratura. Así que intuyo se habrá inspirado de primera mano. Y allí tenemos a nuestro triste protagonista, Jasper, nada que ver con un héroe, ni un antihéroe cyberpunk, aunque bien la novela podría emplazarse en una distopía pre-cyberpunk, tal vez, entre la actualidad y el oscuro futuro cercano, pero no encontraremos ciber terroristas ni tecnología avanzada en Apocalipsis Suave, aunque sí coqueteos con bio terroristas antisistema y amenazas genéticas de crispr, y alguna estrella del punk rock adicta a las drogas capaz de convencer a las masas de lo que ni ella misma se cree. Así que en ocasiones, sí, roza lo cyberpunk.



EL CRACK DEL SIGLO XXI


Nuestro Jasper no es más que un paria, un currito con mala suerte, devorado por la crisis, que le mastica y le exprime el sabor, como si fuera un chicle, hasta que se cansa de masticar y decide escupirle y entonces se pega a la suela de su calzado. Jasper podría ser cualquiera de nosotros, un tipo con sentido del humor, estudios, sin suerte en lo laboral, complicaciones para relacionarse con los demás (especialmente con mujeres) y poco más, un plane jane de manual. Un tipo poco interesante en el que hay que dedicar tiempo a picar para sacarle jugo. Y precisamente eso, el no tener nada de especial, su mediocridad, le han arrastrado al hoyo, sin curro, un nómada, nombre mucho más estiloso que vagabundo, ya que en ese futuro cercano, es más normal ser uno de esos nuevos vagabundos, que alguien de la clase “media”, y si hay algo a tener muy en cuenta en la novela, es el contínuo esfuerzo de autodignificación por parte de los afectados de cara a la galería.
Pese a todo, esa mediocridad, le salva el culo en más de una ocasión, ya que ante el descontrol y la ley del más fuerte, el clavo que sobresale es el que recibe el martillazo. Y al final, ser un don nadie es lo mejor que parece poder pasarle a Jasper.
Vaya, vaya, vaya… Un vagabundo es un vagabundo, hasta que te conviertes en uno. Está claro. ¿Y cómo es posible haber llegado a eso? Estás en la bola de nieve, con todos los demás, y no tienes ni idea de a donde rueda montaña abajo, no puedes saltar en marcha, solo sigues rodando rezando por estrellarte con un pino cuanto antes. La famosa “área de confort”, aunque apestes y no lleves calcetines, siempre es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer, y tu instinto de supervivencia y un buen cartón de vino te harán seguir ahí un día más y otro, y cuando a todo el mundo que conoces le pasa lo mismo, y son desahuciados de sus casas, y comienzan a vivir en el parque o debajo del puente, como tú, entonces asumes, que es lo normal, que es lo que toca, y que ya vendrán tiempos mejores pero de momento sólo queda continuar respirando. La resignación da paso a la normalización y ésta a su vez, como decía antes, a la dignificación de pertenecer a un grupo nómada.

Porque una vez estás dentro, nadie va a leer tu curriculum, ni te van a ofrecer un trabajo de nuevo, ni querrán siquiera compartir acera contigo y se harán a un lado cuando te vean y te huelan, sujetando sus bolsos contra el pecho y mirando a otro lado. Y te acordarás cuando eras tú quien se comportaba así, y no podrás odiarles sin culparte a ti mismo. Menuda mierda.
Eso es Apocalipsis Suave. A resumidas cuentas, como de una bofetada nos recuerda a todos que no somos invulnerables al fracaso, que somos números en el sistema, y cuando las cuentas no salgan, van a tirarnos a esa papelera del desempleo, la marginación y la segregación.
No ha sido un meteorito, ni los aliens, ni un virus de laboratorio, ni los zombies…Fuimos nosotros mismos, el capitalismo, los gobiernos, el sistema, lo que creó Apocalipsis Suave. Pero cuando la balanza se desequilibra tanto, tanto que los pobres superan en las calles a la clase media, las ciudades se convierten en un lugar hostil y comienza a cundir la inseguridad, la corrupción policial, las mafias locales, el extraperlo, y en resumen, la anarquía y la ley del más fuerte.
Grupos antisistema, bandas armadas como “Los Saltimbanquis”, organizaciones que enaltecen el odio, el ser humano es un animal sociable por naturaleza, y como dice el refrán “cada oveja con su pareja”. Precisamente, y atendiendo al interés del comportamiento social que estudia McIntosh, la forma en la que trata las relaciones amorosas, la vergüenza, la humillación, la ira a través de Jasper es el gran viaje de la novela. Año tras año, Jasper no se rendirá, se adaptará a la situación, mantendrá la esperanza, insistirá en recuperar una clase social decente y sobre todo está obsesionado con no permanecer solo y tiene una necesidad imperiosa y en ocasiones absurda y ridícula, de permanecer emparejado. Supongo que somos así, los malos tragos se pasan mejor en compañía. Jasper es un paga fantas, se le dan fatal las mujeres, tiene el corazón hecho trizas y no parece aprender, pero necesita más sentirse querido que llenar el buche y ponerse unos zapatos. Y suena ridículo, que en una situación tan mala, de hambre, de necesidad, en la que no cubriríamos ninguna de las necesidades básicas de Maslow, Jasper sea nuestro reflejo de que optimizaríamos tan mal nuestra situación, que antepondríamos las relaciones humanas a la supervivencia fisiológica tal cual. Resumen, caeríamos como chinches porque “desde que amanece apetece”.



RELACIONES HUMANAS EN SITUACIONES LIMITE


Apocalípsis Suave es, sobre todas las cosas, una novela que plantea nuevos modelos de conducta social ante la adversidad.
Y cierto es, que no todos tenemos madera de supervivientes. ¿Cuántas veces os habéis preguntado, viendo una película o leyendo un libro, cómo responderíais en una situación de anarquía? No todos serviríamos para cargar la escopeta del abuelo y ejercer la ley del más fuerte ahí fuera. Yo no creo que esté preparado, Jasper no lo estaba, y es entonces cuando el gorrilla, el abusón y el machaca, que no fueron nunca a la escuela ni les importó cotizar en la seguridad social, sabrán cómo hacerse con el control con un bate de baseball entre las manos, sin remordimientos, y con la tranquilidad de que ahora la tortilla se ha dado la vuelta y es su turno y no el de los empollones, gafudos ni encorbatados.
“Habemos” más corderos que lobos, somos una generación que no está preparada para el colapso.
Es una ciencia ficción tan próxima, tan terrible, que da miedo, que casi no parece ciencia ficción, pero encontraremos situaciones que nos sacarán del susto, enfocadas principalmente a la bio genética, y cómo grupos antisistema sacarán provecho de sus avances para seguir poniendo en jaque al deteriorado gobierno y su orden en ruinas.
Junto a Jasper yo reí, flipé y tuve miedo, porque es tan cercano, tan de carne y hueso, que no paraba de imaginarme qué hubiese hecho yo en su situación. Un viaje lento pero nada aburrido a través de la transformación del individuo en situaciones límite y del sistema y la sociedad cuando todo ha fallado. La lucha contra el rechazo, un gigantesco ejercicio de humanidad cuando el hombre es un lobo para el hombre. El infierno en la tierra sin punkies con cresta en vehículos tuneados ni edificios cubiertos por dunas.
No os la podéis perder, porque es un libro que aunque da pocas dosis de cifi, se atreve con la metamorfosis de thriller social o romántico incluso, al del género fantástico y por qué no “pre-cyberpunk” que recomiendo abiertamente a todo el mundo, con sus pros y sus contras, porque me pareció tan ameno y original como agorero y profético.
A fin de cuentas, Roma cayó, Bizancio cayó, la paz mongola de los 100 años cayó, Alejandro Magno cayó, Napoleón cayó, Hitler cayó… ¿Cuándo caerá el modo de vida occidental? ¿Cómo y por qué?. 
Roma no se "deshizo" en un día sería el nuevo refrán apropiado para encabezar ésta novela.
Un drama aderezado con absurdas pero agradables situaciones distópicas y ridículas obsesiones sociales bien conducidas, ya que McIntosh, si de algo sabe, es de la conducta humana.




martes, 9 de julio de 2019

CHAPPIE


NEIL BLOMKAMP Y JOHANNESBURGO


00:00 Horas, el momento de ciber brujería, abro el terminal portátil, cargo el editor de texto sensorial, y dejo fluir mis ondas cerebrales convirtiéndolas en caracteres de comunicación escrita.
Llevo retraso en la conexión, el último ferry de la colonia minera de asteroides en el que vuelvo a casa tras mis jornadas laborales llegó tarde por culpa de un brote de clamidia mutante en los camarotes de la decimo quinta bodega, naturales de Colonia Medusa B, luego se quejan de su fama...

Pero vuelvo a estar en Tierra 1, en mi apartamento de la corporación, cuatro paredes de moduplast, un compilador de materia y una vaina de higiene y descanso. Al fin puedo compartir con otros humanos mis inquietudes.

Esta noche quiero hablar del séptimo arte, de una película que para mi resultó ser un soplo de aire fresco, no muy original en su concepto, pero tremendamente divertida y con un gusto estético rompedor. Una perfecta foto cyberpunk sin abusar del neón ni los aerovehículos. No.
Un cyberpunk cercano, de manual, con tecnología que parece podría estar a un paso de estrenarse en el próximo conflicto bélico a gran escala, aspectos familiares de la informática, plausibles, y una mega urbe palpable, peligrosa, con problemas sociales y tremendas brechas en los estratos ciudadanos. Desmenucemos poco a poco esos puntos de “manual” cyberpunk en Chappie, nuestro filme protagonista de hoy.



Chappie es una cinta de Neil Blomkamp, sudafricano/canadiense fan del cine verité y el estilo documental que nos enamoró (o al menos a mi) con Distrito 9, largometraje que incluía todas las características de esa personalidad que iba a adjudicarse como seña de identidad desde entonces. Una historia de ciencia ficción que me recordó en esencia a la vieja Alien Nation, renovada y deconstruida, con elementos pop de las tendencias actuales, y nuevos elementos más acordes a nuestra nueva forma de entender el cine de alienígenas y enfocarlo a través del prisma del racismo sin dejar de ser una historia fantástica de cifi en todo momento. Un must que seguro que abordaré de nuevo en un futuro distópico cercano.
Ese debut en la industria de los “mayores”, se produjo principalmente a la atención que causaron sus cortometrajes indie en Peter Jackson, y bueno, me atrevo a aventurarme a opinar que es un creador con su propio universo, concienciado en darle un sentido a sus ideas a través de su propia gran creación global, de donde salen el resto de sus futuras obras. Todo en su carrera parece ser una cadena gruesa y bien forjada, de eslabones, que dependen unos de los otros y que están forjados en el mismo metal. Suena muy “metafórico”, pero no se me ocurre otra forma de explicarlo improvisadamente en mi teclado. Si hilásemos mucho, encontraríamos puntos de unión, nexos, entre unas y otras de sus historias, en forma de ideas remanentes y easter eggs en común.

La cosa es que las influencias de Blomkamp se repiten en su obra, existen leit motivs, que se repiten, desaparecen y vuelven aparecer, ideas que nunca son desechadas por completo, y renacen más adelante, consolidando un universo personal único y fácil de reconocer.
Distrito 9, es en verdad, una idea expandida de su cortometraje Alive in Joburg.

Y es precisamente Johannesburgo (Joburg), la eterna protagonista de la mayoría de esas historias entrelazadas de sus ficciones. Lo fue en Distrito 9, y lo es de nuevo en Chappie.
Una gran ciudad global, crisol de ciudadanos de todo el globo en busca de negocios, casi 4 millones de habitantes, un pasado convulso de colonialismo y racismo que no termina nunca de cicatrizar y colea vívidamente como uno de los principales problemas de convivencia y seguridad civil. La expulsión de parados y familias empobrecidas tras la crísis económica sufrida en los 90, resucitó el fantasma del appartheid, dándose la casualidad de que la mayoría de personas obligadas a abandonar el centro, eran precisamente negras. Proliferaron los getos en las afueras, se deterioró la periferia, como el barrio llamado Soweto, y el crimen se disparó a niveles muy preocupantes en barriadas típicamente blancas, de las que comenzaron a mudarse familias, aterrorizadas, dejando edificios abandonados a su paso. Un caso de deterioro urbano parecido al de Detroit, del que hablábamos hace poco en otra entrada. La distopía hecha realidad que hizo tomar medidas al gobierno, como la videovigilancia urbana (tan criticada en U.K. Por “atentar” contra la intimidad de los ciudadanos) y agilizar planes de recuperación económica urgentes como el mundial de fútbol de 2010.

CYBERPUNK Y CLASICOS BASICOS


Tras estrenar otra interesante obra cifi de tintes cyberpunk, Elysium, en 2015 llegó Chappie.
El título, es el nombre del protagonista, un maravilloso robot que de primeras, estéticamente, seguramente que os recordó a Briareos de Masamune Shirow, o los robots del videojuego Probotector. Blomkamp elige perfectamente la estética pop con la que encandilar a los amantes del género, y crea Chappie, un concepto que renueva, pero no inventa, la cosa que se convierte en humano. La máquina, dotada de un complejo software de inteligencia artificial, le roba el puesto, o al menos compite, con Johnnie V de Cortocircuito y el mismísimo Murphy de Robocop, robándonos instantáneamente nuestros corazones de coltán.
Pero empecemos pro el principio.



La película nos presenta un Johannesburgo superado pro la criminalidad, salvado por Tetravaal, una megacorporación tecnológica de desarrollo armamentístico y software, que ha salvado a la ciudad del caos y la anarquía gracias al proyecto scout, un rentable ejército de robots policia perfectos, sincronizados, casi indestructibles, que azotan alas bandas organizadas de los suburbios y permiten a la policía seguir haciendo tráfico en los semáforos y comer donuts sin tener que vestirse un chaleco antibalas.
El robot maravilloso se lo deberemos al joven profesor Deon Wilson (Dev Patel, Slumdog Millionaire o El último Airbender), autor del programa de I.A. De las unidades scout. Un personaje, que me evoca recuerdos del libro Elhacker y las hormigas de Ruddy Rucker.
Dentro de la misma corporación, tenemos a su rival laboral, Vincent (Hugh Jackman, sobran ejemplos), que desarrolla un prototipo alternativo conocido como el 471, que se trata de una mole de metal y armamento pesado, teledirigido a distancia por humanos con un interfaz de control neuronal, similar a un simulador remoto de realidad virtual. La rivalidad entre ambos conformará una de las líneas argumentales de la película, recordando demasiado (tal vez) al Robocop de Verhoeven, cuando la ciudad de Detroit, debía elegir, si Robocop o la mole del modelo ED 209. El parecido es innegable y seguro que el clásico es una de las principales influencias de Blomkamp en Chappie. Sin ir más lejos, se comenta, que Blomkamp estaría inmerso en el rodaje de un nuevo episodio de Robocop. Ahí está la admiración, sin duda.

Por otro lado tenemos a los antihéroes, una banda de delincuentes, que hacen de sí mismos, Ninja y Yolandi, también conocidos como Dieantword, conjunto musical sudafricano que han alcanzado un tremendo éxito mundial en escasos años, con su... ¿Techno Rap? No tengo muy claro como etiquetar su música, aunque ellos lo llaman Zef, un término autóctono de raíces zulú, que si entiendo bien, como fan de su discografía, es algo así como “molar por ser diferente”. Su estética radica en causar rechazo, diferenciarse de forma extrema de cualquier otra tendencia, revindicar lo importante de ser imperfectamente único, y la belleza de la fealdad, porque la belleza es standarizada, y la fealdad es inimitable. Algo así. Al final, como todo en esta vida generando millones de dólares y asesorado desde el despacho de una gran multinacional, aquello que se enfrenta al sistema, acaba perteneciendo al sistema, como si todo se tratase de un extraño plan illuminati, pero bueno, ahí están, interpretándose así mismos en Chappie, sin mucho acierto, encasillados en el rol que venden de sí mismos en su faceta musical, como el Langui, pero en sudafricanos. No se si me entendéis. Pero bien, que Ninja no es un gran actor, pero como esperpento zumbado y personaje antisocial, lo borda, porque es lo que interpreta cada día de su vida en el estudio de grabación, las entrevistas, y el show bussines. Y digo “interpreta”, porque bueno, pese a que siempre ha estado interesado en la cifi y la creación de historias y personajes distópicos (como él mismo), musicalmente, comenzó con mensajes de conciencia y crítica social, el típico rap educativo y reivindicativo a lo Mos Def o Common, que peca de querer ser llamado poesía, pero carece de los recursos literarios para ni siquiera acercarse a serlo. Pero lo más sorprendente en su metamorfósis pública, es cuando se junta con Yalndi y el productor musical Hi-Tek, que precisamente venía de ser uno de los músicos estrella de artistas de rap norteamericanos de los más “correctos” como los ya expuestos antes, y de repente, boom, crean ese estilo Zef, de rave, que representan también con artes gráficas, moda customizada y grafiti (al más puro estilo nuevo punk, irreverente) que colorean cada uno de sus videoclips, que suelen presentar también situaciones relacionadas con el consumo de drogas, violencia y pornografía. Todo un giro de 360 grados en sus carreras que les han aupado al éxito. Y por eso usé el término “interpretar”, porque me cuesta creer que Ninja y Yolandi sean Ninja y Yolandi 365 días al año, 24 horas al día, o igual sí, y nada tienen que ver sus editores y asesores de imagen, no se, que voy a saber yo.
El caso es que este par de mamarrachos dan el pego con el papel requerido.



La banda criminal se cierra con Amerika (José Pablo Campillo, actor de teleseries con el que también contó Blomkamp en Elysium). Los tres están metidos en una deuda con un criminal rival, de las que sus vidas penden de un hilo si no consiguen la pasta en un límite de tiempo. No se les ocurre otro mejor y ridículo plan de fumetas, que desmantelar el proyecto scout de súper policias robots que les impiden campar a sus anchas por la ciudad con una AK-47 robando bancos, secuestrando a su creador, Deon, y obligarle a cooperar en contra de su voluntad.

Con el secuestro de Deon, comienzan una relación con tintes de síndrome de Estocolmo, que evolucionará cuando le obligan a activar uno de los modelos scout averiados recuperados de un tiroteo, y programarlo para un uso privado de los criminales. Cuando el robot es reparado y encendido, Deon le carga su última beta de una nueva versión de I.A., y la máquina “nace” consciente de sí misma, lista para aprender de su entorno y las personas que lo rodean, formando una personalidad singular.

PINOCHO


Nos encontramos entonces como decía antes, en la clásica historia de la máquina que se humaniza, el horizonte abierto de la especulación con los límites de las inteligencias artificiales, en contraste de los humanos que nos cosificamos que he estado tratando en entradas anteriores. Chappie es recién nacido, pero de titanio, con un cerebro informático, que procesa y aprende con muchísima más velocidad que el humano. Se considera humano, carece de maldad, y encarna el mito del niño salvaje corrompido en la gran ciudad, una eterna historia filosófica que ya postuló Kant, o un ciber Victor de Averyon, libre de pecado, que aprenderá la diferencia, entre lo considerado bueno y lo considerado malo mediante el error y el acierto.
Es imposible no encariñarse con la maquinita parlante, reirnos con él como lo hicimos con Johnny V en los 80, y llorar por él como por Simon Birch o Forrest Gump. Es un ser ingenuo, desvalido, pero letal.
La máquina viva, con sentimientos, capaz de experimentar miedo, dolor, tristeza. Una I.A. Avanzada y amable, una humanidad 2.0. que en esta ocasión no considerará a los humanos una especie inferior que eliminar o tiranizar como Skynet o Hal 9000 o la reciente Madre. No, es una I.A. Que quiere ser solamente humana, como la de Spielberg.
El cuento de Pinocho una vez más.

Es su toque pop (o zef), icónico, y gamberro, otro de sus puntos fuertes. Tal vez no nos haría gracia ver un actor de 8 años disparando metralletas contra la policía, diciendo obscenidades, y disfrazado de rapero gangster con tatuajes y cadenas cubanas de oro al cuello. Incluso a lo mejor, resultaba de mal gusto, ridículo, infumable. Pero Chappie es eso, dentro de un cuerpo de metal moviéndose como los prototipos militares del DARPA, capaces de saltar obstáculos sobre una cinta de deporte automática mientras le golpean con barras de metal, y no se cae. Chappie en realidad es esa máquina terrorífica, tan cerca de convertirse en una realidad tecnológica del Instituto de Masachussetts.



Por todo eso, comenzaba la entrada hablando de que Chappie no inventa absolutamente nada, nos recuerda demasiado a otras historias y películas, pero funciona, cumple con sus promesas durante sus principales hilos argumentales, la lucha corporativa de Deon y Vincent; y el desarrollo de humanización de Chappie junto a una pandilla de delincuentes carentes de moral, los peores tutores posibles sin ninguna duda, que seguramente como imagináis, terminarán aprendiendo algo de la máquina. Es un cuento moderno maravilloso, con moralejas y buenas intenciones, capaz de emocionarnos. Y es ese dulzor para todos los públicos, ese exceso de azúcar que nivela lo que podría haber sido una estúpida película vacía, trivial, de sólo disparos y robots. Eso, pese a lo cursi, es lo que hace que a cualquiera le pueda gustar Chappie, porque no nso mintamos, por muy punk que nos consideremos, a todos nos gustan los finales felices.

Añadir, que no se si es algo a favor de la película en sí, o en contra del reparto y sus actuaciones, pero lograr que Chappie, que es un personaje inexistente moldeado en CGI, nos parezca tan real y nos transmita tanto, es un éxito poco tenido en cuenta en la era de lso efectos especiales digitales. Total, a este paso, dentro de poco nos colarán actores virtuales, y no nos daremos cuenta. El óscar para la mejor I.A.

¿Resultado? Acción, humor, mucho punk, pizcas de gore, gamberreo y dilemas filosóficos cifi de decálogo. Una delicia cyberpunk , con sus criminales, sus corporaciones, su espionaje industrial, y nuevas tecnologías sensoriales (cumple con casi todo lo indispensable del género como veis), que embotella los clásicos básicos, en un nuevo envase ergonómico con una nueva etiqueta en la que no falta el eslogan “con una nueva receta mejroada”.
Una idea de los 80 desarmada y vuelta a ser construida, con los gustos del los 10 del S XXI. No puede haber fallo si se tiene le mínimo gusto, y Blomkamp lo tiene.

¿Algo más? Rumores de una segunda parte en ciernes.
Blomkamp no tiene pinta de abandonar la ciencia ficción, y si no lo es ya, se convertirá en un maestro de las historias futuras.