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jueves, 18 de julio de 2019

APOCALIPSIS SUAVE POR WILL McINTOSH

EL FINAL EN INCOMODOS PLAZOS



Apenas han pasado unas horas del aniversario de mi ensamblaje, treinta y ocho vueltas a la órbita de la vieja Tierra desde que me sacaron de la caja de cartón y poliestireno de la factoría robótica y pulsaron el botón de encendido. Y sigo sin entender las costumbres humanas. No logro actualizar mi software de la manera correcta, siempre parcheando pluggins y pasando a las nuevas versiones de betas, para tratar de dar sentido a los datos recopilados.
Eludo su sociedad cuando puedo, permitiéndome viajes al futuro cada vez que me queda un rato libre fuera de la megafactoría y las puestas a punto, con libros, cine, tebeos y videojuegos, posiblemente hasta que mi batería iónica deje de irradiar, o mi chip positrónico deje de calcular.
Y nunca seré el más sabio, ni el que más medallas lleve en su pechera, por saber más o menos de una cosa u otra, ni lo pretendo. En verdad, me conformo con seguir haciéndolo de momento, y seguir dando forma a ésta biblioteca privada del ocio y la cultura, una mota de polvo en el infinito ciber cosmos.

Hoy vengo con algo de literatura, una obra fresca y tan absurda como realista. Una pequeña delicia rápida y fácil de digerir pese a lo pesimista y aterradora que me resultó cuando dejaba de prestar atención al palurdo del protagonista, y se lo prestaba al entorno que le tocó vivir.

Apocalipsis Suave de Will McIntosh. Will es uno de estos escritores intelectuales, empleado en una universidad, dedicado a la sociología en cuerpo y alma, con diferentes estudios acerca de las relaciones amorosas online, efectos de la televisión en los espectadores, redes sociales, comportamiento colectivo, zen y budismo… Cosas que se notan mucho en Apocalipsis Suave. Ha publicado docenas de relatos cortos y cuentos en multitud de revistas, participó en los Talleres Clarion, pero fue con Apocalipsis Suave la novela con la que se estrenó en el mundo editorial a lo grande en 2011 tras haber conseguido un Hugo al relato corto el año anterior.

Hecha una breve presentación del autor, empatizo y me empapo mejor de Apocalipsis Suave, porque veo cosas que me pegan mucho con el tipo de persona que me imagino, desde el más ignorante atrevimiento y con mucha imaginación por supuesto.
Porque Apocalipsis Suave es una maravillosa novela distópica demasiada cercana, que nos sitúa en el gran catacrack de lo que consideraríamos lo más parecido a nuestra sociedad del bienestar, un relato demasiado plausible de cómo todo se va al carajo, la gran crisis, el fracaso absoluto del capitalismo, el cambio de las reglas y la nueva ley del más fuerte. Como rezan las tapas de su edición española a cargo de Gigamesh, “El fin en incómodos plazos”, y sin duda es así, ya que no es una novela que nos cuente unos pocos días de ese colapso, si no que como en la vida misma, llega poco a poco, año tras año, inundando las vidas de miles de personas, jugando con sus esperanzas hasta que dan la puntilla mortal que les convierte en desposeídos, anónimos sin techo, zarrapastrosos que una vez fueron el vendedor del mes de un concesionario de coches de lujo, profesores de universidad, albañiles o agentes de policía. El fracaso no hace distinciones llegado el momento de cobrarse nuevas víctimas.
Lenta y progresivamente, mientras políticos nos dan falsas estadísticas en la tele, nos invitan a seguir votando, haciéndonos creer que eso es muy importante. Me imagino que los villanos de medievo se sentían igual que nosotros cuando los sacerdotes locales les instaban a rezar y acudir al culto para salvar su alma del fuego eterno, solo que a nosotros nos hacen creer que ejercer nuestro derecho democrático es lo que evitará que estemos ene l bando de los que tienen empleo o de los que están en la cola del paro. A fin de cuentas, nos prometen cosas, para que nos pongamos en sus manos. Pero nada está en nuestras manos. Así que debemos mantener entrenado nuestro instinto de supervivencia, antes de que tu vecino tire tu puerta abajo y se lleve todas tus latas de conservas.
Nuestra historia comenzará en Savannah, Georgia, ciudad donde casualmente Will McIntosh ejerce su magistratura. Así que intuyo se habrá inspirado de primera mano. Y allí tenemos a nuestro triste protagonista, Jasper, nada que ver con un héroe, ni un antihéroe cyberpunk, aunque bien la novela podría emplazarse en una distopía pre-cyberpunk, tal vez, entre la actualidad y el oscuro futuro cercano, pero no encontraremos ciber terroristas ni tecnología avanzada en Apocalipsis Suave, aunque sí coqueteos con bio terroristas antisistema y amenazas genéticas de crispr, y alguna estrella del punk rock adicta a las drogas capaz de convencer a las masas de lo que ni ella misma se cree. Así que en ocasiones, sí, roza lo cyberpunk.



EL CRACK DEL SIGLO XXI


Nuestro Jasper no es más que un paria, un currito con mala suerte, devorado por la crisis, que le mastica y le exprime el sabor, como si fuera un chicle, hasta que se cansa de masticar y decide escupirle y entonces se pega a la suela de su calzado. Jasper podría ser cualquiera de nosotros, un tipo con sentido del humor, estudios, sin suerte en lo laboral, complicaciones para relacionarse con los demás (especialmente con mujeres) y poco más, un plane jane de manual. Un tipo poco interesante en el que hay que dedicar tiempo a picar para sacarle jugo. Y precisamente eso, el no tener nada de especial, su mediocridad, le han arrastrado al hoyo, sin curro, un nómada, nombre mucho más estiloso que vagabundo, ya que en ese futuro cercano, es más normal ser uno de esos nuevos vagabundos, que alguien de la clase “media”, y si hay algo a tener muy en cuenta en la novela, es el contínuo esfuerzo de autodignificación por parte de los afectados de cara a la galería.
Pese a todo, esa mediocridad, le salva el culo en más de una ocasión, ya que ante el descontrol y la ley del más fuerte, el clavo que sobresale es el que recibe el martillazo. Y al final, ser un don nadie es lo mejor que parece poder pasarle a Jasper.
Vaya, vaya, vaya… Un vagabundo es un vagabundo, hasta que te conviertes en uno. Está claro. ¿Y cómo es posible haber llegado a eso? Estás en la bola de nieve, con todos los demás, y no tienes ni idea de a donde rueda montaña abajo, no puedes saltar en marcha, solo sigues rodando rezando por estrellarte con un pino cuanto antes. La famosa “área de confort”, aunque apestes y no lleves calcetines, siempre es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer, y tu instinto de supervivencia y un buen cartón de vino te harán seguir ahí un día más y otro, y cuando a todo el mundo que conoces le pasa lo mismo, y son desahuciados de sus casas, y comienzan a vivir en el parque o debajo del puente, como tú, entonces asumes, que es lo normal, que es lo que toca, y que ya vendrán tiempos mejores pero de momento sólo queda continuar respirando. La resignación da paso a la normalización y ésta a su vez, como decía antes, a la dignificación de pertenecer a un grupo nómada.

Porque una vez estás dentro, nadie va a leer tu curriculum, ni te van a ofrecer un trabajo de nuevo, ni querrán siquiera compartir acera contigo y se harán a un lado cuando te vean y te huelan, sujetando sus bolsos contra el pecho y mirando a otro lado. Y te acordarás cuando eras tú quien se comportaba así, y no podrás odiarles sin culparte a ti mismo. Menuda mierda.
Eso es Apocalipsis Suave. A resumidas cuentas, como de una bofetada nos recuerda a todos que no somos invulnerables al fracaso, que somos números en el sistema, y cuando las cuentas no salgan, van a tirarnos a esa papelera del desempleo, la marginación y la segregación.
No ha sido un meteorito, ni los aliens, ni un virus de laboratorio, ni los zombies…Fuimos nosotros mismos, el capitalismo, los gobiernos, el sistema, lo que creó Apocalipsis Suave. Pero cuando la balanza se desequilibra tanto, tanto que los pobres superan en las calles a la clase media, las ciudades se convierten en un lugar hostil y comienza a cundir la inseguridad, la corrupción policial, las mafias locales, el extraperlo, y en resumen, la anarquía y la ley del más fuerte.
Grupos antisistema, bandas armadas como “Los Saltimbanquis”, organizaciones que enaltecen el odio, el ser humano es un animal sociable por naturaleza, y como dice el refrán “cada oveja con su pareja”. Precisamente, y atendiendo al interés del comportamiento social que estudia McIntosh, la forma en la que trata las relaciones amorosas, la vergüenza, la humillación, la ira a través de Jasper es el gran viaje de la novela. Año tras año, Jasper no se rendirá, se adaptará a la situación, mantendrá la esperanza, insistirá en recuperar una clase social decente y sobre todo está obsesionado con no permanecer solo y tiene una necesidad imperiosa y en ocasiones absurda y ridícula, de permanecer emparejado. Supongo que somos así, los malos tragos se pasan mejor en compañía. Jasper es un paga fantas, se le dan fatal las mujeres, tiene el corazón hecho trizas y no parece aprender, pero necesita más sentirse querido que llenar el buche y ponerse unos zapatos. Y suena ridículo, que en una situación tan mala, de hambre, de necesidad, en la que no cubriríamos ninguna de las necesidades básicas de Maslow, Jasper sea nuestro reflejo de que optimizaríamos tan mal nuestra situación, que antepondríamos las relaciones humanas a la supervivencia fisiológica tal cual. Resumen, caeríamos como chinches porque “desde que amanece apetece”.



RELACIONES HUMANAS EN SITUACIONES LIMITE


Apocalípsis Suave es, sobre todas las cosas, una novela que plantea nuevos modelos de conducta social ante la adversidad.
Y cierto es, que no todos tenemos madera de supervivientes. ¿Cuántas veces os habéis preguntado, viendo una película o leyendo un libro, cómo responderíais en una situación de anarquía? No todos serviríamos para cargar la escopeta del abuelo y ejercer la ley del más fuerte ahí fuera. Yo no creo que esté preparado, Jasper no lo estaba, y es entonces cuando el gorrilla, el abusón y el machaca, que no fueron nunca a la escuela ni les importó cotizar en la seguridad social, sabrán cómo hacerse con el control con un bate de baseball entre las manos, sin remordimientos, y con la tranquilidad de que ahora la tortilla se ha dado la vuelta y es su turno y no el de los empollones, gafudos ni encorbatados.
“Habemos” más corderos que lobos, somos una generación que no está preparada para el colapso.
Es una ciencia ficción tan próxima, tan terrible, que da miedo, que casi no parece ciencia ficción, pero encontraremos situaciones que nos sacarán del susto, enfocadas principalmente a la bio genética, y cómo grupos antisistema sacarán provecho de sus avances para seguir poniendo en jaque al deteriorado gobierno y su orden en ruinas.
Junto a Jasper yo reí, flipé y tuve miedo, porque es tan cercano, tan de carne y hueso, que no paraba de imaginarme qué hubiese hecho yo en su situación. Un viaje lento pero nada aburrido a través de la transformación del individuo en situaciones límite y del sistema y la sociedad cuando todo ha fallado. La lucha contra el rechazo, un gigantesco ejercicio de humanidad cuando el hombre es un lobo para el hombre. El infierno en la tierra sin punkies con cresta en vehículos tuneados ni edificios cubiertos por dunas.
No os la podéis perder, porque es un libro que aunque da pocas dosis de cifi, se atreve con la metamorfosis de thriller social o romántico incluso, al del género fantástico y por qué no “pre-cyberpunk” que recomiendo abiertamente a todo el mundo, con sus pros y sus contras, porque me pareció tan ameno y original como agorero y profético.
A fin de cuentas, Roma cayó, Bizancio cayó, la paz mongola de los 100 años cayó, Alejandro Magno cayó, Napoleón cayó, Hitler cayó… ¿Cuándo caerá el modo de vida occidental? ¿Cómo y por qué?. 
Roma no se "deshizo" en un día sería el nuevo refrán apropiado para encabezar ésta novela.
Un drama aderezado con absurdas pero agradables situaciones distópicas y ridículas obsesiones sociales bien conducidas, ya que McIntosh, si de algo sabe, es de la conducta humana.




lunes, 6 de mayo de 2019

EL FIN EN VIÑETAS - I: HOKUTO NO KEN


EL PUÑO DE LA ESTRELLA DEL NORTE


Estos plácidos días libres que el techno sindicato de obreros especializados nos ha dado a los residentes de Ciudad Capital, los he pasado en el yermo, en las ruinas de un rascacielos devorado por dunas, donde he podido desconectar de la realidad y dedicarme a leer y broncearme bajo el abrasador sol radioactivo antes de volver a la colonia industrial 32-Z donde realizo mis funciones de eutanasia tele asistida a civiles deprimidos en cabinas de Happy Death Co.
A veces recojo algún ECU de las cenizas que barro de la cabina y me da para unos dermos de sinte nicotina, yo lo llamo, propina.

El caso es que he podido darme un atracón de un cómic que llevaba mucho tiempo queriendo rememorar, y uso este verbo, porque ya tuve contactos dispersos con el protagonista de nuestra entrada de hoy, un tipo llamado Kenshiro. El héroe de El puño de la estrella del norte, un título rococó que podemos acortar usando el original, Hokuto No Ken.



Hokuto es una obra manga firmada por Tetsuo Hara y Buronson (Yoshiyuki Okamura), que irrumpe en el mercado nipón en 1983 en la prestigiosa editorial Jump, y se convierte desde ese momento en el éxito de ambos artistas, dibujante y guionista.
Aquí en España, como he comentado en alguna ocasión, recuerdo cuando llegaron las primeras cintas VHS a tiendas de cómics (tuve la suerte de crecer en un barrio repleto de algunas de las más famosas a nivel nacional) y las primeras colecciones impresas traducidas al castellano y maquetadas de izquierda a derechas, y Hokuto era una de ellas. Todos mis amigos (algunos más mayores con algo más de solvencia) comenzaron a comprar aquellas cintas y tebeos, y a mi me llagaban prestadas de rebote, o las veíamos y leíamos en comuna. Pude comprobar en mi entorno que los ingredientes imprescindibles para el éxito entre la muchachada española de aquellos principios de los 90 en aquellas publicaciones, eran, la sangre, las hostias y alguna teta furtiva.
No en vano, las televisiones autonómicas ya habían hecho su avanzadilla previa con Caballeros del Zodiaco. Y de hecho, las similitudes de aquella historia con las de Hokuto me parecen más que notables e iremos viendo por qué.

Hokuto ofrecía exactamente aquellos ingredientes del éxito, ni más, ni menos, y yo tras el OVA que circuló desde entonces, y algún videojuego que me he trinchado, he querido leer por primera vez los tomos originales, y lamentablemente, no he encontrado ni una sola diferencia a lo que recordaba de mis púberes escarceos con la obra. Ni una sola sorpresa. Pese a ello, el clásico de la ciencia ficción ultraviolenta japonesa, ofrece algunas anécdotas a tener en cuenta.

KUNG FU POSTATÓMICO


Me encuentro ante 27 tomos de unas 200 páginas (arriba o abajo) cada uno, todo un reto. Pero confío en un ritmo ascendente que me envuelva y me genere adicción viñeta a viñeta. A medida que machaco páginas, 400, 600, 800, 1000...2000...me desespero porque nada cambia y me encuentro en una rueda de jaula de roedor sin poder salir, sudando y sudando para hacerla rodar más rápido a ver si llego a alguna parte, pero otra vez vuelvo a encontrarme lo mismo que hace 10 tomos.

Kenshiro es un especialista de artes marciales solitario, que recorre el desolado páramo postnuclear que nuestros gobiernos han dejado como recuerdo de la tercera guerra mundial. Nos lo presentan como un loco enamorado dispuesto a vengar la muerte de su amor verdadero, Yuria, que fue asesinada a manos de quien fue su mejor amigo, Shin. Su corazón arde desesperado sediento de rencor. Y como heredero de una increíble técnica de kung fú milenaria, está dispuesto a vencer en duelo a su antiguo “hermano” en un combate sin igual. Y de aquí en adelante, hecha la sinopsis, no hay spoilers, como siempre, tranquilos en Tungsteno Dreams.

Hay que reconocer ya en el planteamiento ciertos puntos de vista clásicos, shakespirianos incluso, que son toda una declaración de intenciones. La premisa cumple con los requisitos más refritos del romanticísmo y los duelos victorianos, una historia decimonónica de dolor insuperable, locura y destrucción, un drama de manual que cambia los duelos a pistola en un cementerio a las cinco de la madrugada, por peleas a puño descubierto en ciudades en ruinas cubiertas de dunas radioactivas.
Estos combates, si se caracterizan por algo en Hokuto, es por estar llenos de florituras, aspavientos y poses inverosímiles, que son preludio junto con el grito de guerra que da nombre a la técnica que vamos a presenciar (la patada de las garzas carmesíes, el puño del colmillo del lobo, y mamarrachadas semejantes), de un golpe mortal capaz de rebanar un torso humano entero a mano descubierta, y bañar todo de sangre.



EL ESTILO VIEJA ESCUELA


Antes hablábamos de Caballeros del Zodiaco, y aquí tenemos una de las primeras similitudes, que no la única, y vamos a desarrollarlo. Caballeros (o Saint Seya que es su título original), obra de Kurumada, se estrena en la misma editorial que Hokuto en el 1986, a posteriori de Hokuto. Por lo que deduzco, así valientemente, sin ningún estudio plausible a mis espaldas más que la percepción de la que hago gala, que caballeros bebe directamente de Hokuto, influenciándose no solo en las teatrales técnicas de combate, sus posturitas y los mortíferos resultados, si no en otras características muy notables.
Por ejemplo el estilo. Hokuto no es el típico manga posterior a los 90 que todos, incluso los neófitos como yo, tenemos en mente cuando pensamos en el cómic japonés. No hay ojos enormes, no hay momentos cómicos que caricaturizan más aún o incluso deforman a nuestros personajes por un par de viñetas, no hay medidas corporales no armónicas como caderas diminutas y senos gigantescos desparramándose en escotes, no. El estilo de Hokuto, para un ignorante como yo, parece más occidental que oriental, englobándose en ese arte mangaka old school que aún no había conquistado el resto del globo (o al menos nuestra España) con Chicho terremoto o Bola de dragón, y del que podemos ir persiguiendo sus eslabones desde los 80 hasta el presente con la evolución mediática del anime y manga y su exportación, en otros títulos como Heidi, Ulises 31, Caballeros u Oliver y Benji (Capitán Tsubasa), siendo testigos de como poco a poco la tendencia artística del mercado manga viraba a los clichés que hoy conocemos.
De los rostros adróginos y asexuados a los ojos grandes y las curvas imposibles. Tetsuo Hara dibuja personajes finos, esbeltos, de una plausible corrección anatómica que peca de escorzos imposibles y medidas tan estilizadas que guiñan al arte clásico de El Greco (no es broma).
Sus personajes femeninos no están hiper sexualizados, mientras que sí lo están bastante más los masculinos, que cuando no son gigantescos gargantúas punk o neo bárbaros y scavengers, cuando Hara quiere acentuar el protagonismo de un nuevo personaje importante en la trama, se le ve el plumero de cómo prácticamente copia la anatomía ideal del propio kenshiro, o dibuja un nuevo y bello mancebo bien esculpido en gimnasio a caballo entre el arte griego y el póster de guateque gay, con unas ambiguas características andróginas que vuelven a repetirse en los luchadores de Caballeros del Zodiaco, en la que a veces, no sabíamos si el combatiente era un chico o una chica y su nombre oriental poco común en España tampoco ayudaba a descifrarlo.
El propio rostro de nuestro protagonista, Kenshiro, es un rostro triste, inmutable, de cejas gruesas y pocos registros, a lo Chuck Norris, Steven Seagal o Charles Bronson añadiendo un toque de humor pero que no va muy desencaminado ya que lo que nunca se les pidió a éstos actores míticos del género justiciero, es que interpretasen mayor emoción que el dolor o el odio, lo demás era apretar gatillos y repartir mamporros, y es lo que se le pide a Kenshiro, y es ése el rol que cumple, el de justiciero impasible.



LLANERO O SAMURAI SOLITARIO Y ANTICUADO


El sino de Kenshiro en la obra de Hokuto es el de ir deshumanizándose a medida que mata más y más enemigos, página tras página. Una máquina de matar, solemne, sin remordimientos, que en el fondo es la coraza de un corazón bondadoso, la generosidad en persona. Un Jesucristo mega violento del yermo atompunk. Recorre el mundo en ruinas, sin destino claro, salvando a los débiles y asesinando villanos, el profeta del kung fú.

Número tras número eso es lo único que ocurre, y por eso la colección me hastía y no la considero una obra ni imprescindible ni recomendada para el rastreador de historias y ciencia ficción. La excusa del yermo postapocalíptico es sólo una excusa de ambientación para poder copiar la estética de Mad Max, otra vez presente en todas mis entradas del cercano futuro cataclísmico; Pero es que el propio Tetsuo Hara ha reconocido la increible influencia ejercida en él por la saga de Miller. Desde las hordas de punkis motorizadas hasta el propio atuendo de kenshiro, todo apesta a Mad Max. Y si Hokuton es una obra que yo recomendase a alguien por algún motivo, es precisamente por su lore y todos los guiños que encontramso en sus viñetas y poco más. Ni el guión, ni el argumento, ni las inexistentes tramas, ni la profundidad de los personajes.... nada brilla en ese aspecto en la obra. Es su dibujo, sus detalles en cada scavenger, en cada neo bárbaro, y en el mundo del “mañana mañana” lo único que salva la colección a mi humilde y soberbia opinión. Pero no la salva lo suficiente como para llegar a terminarme los 27 tomos.


Uno de los personajes del manga, comparado con Mad Max
Son clavados.

Aún así, la ascensión de la obra al podio de los clásicos, se va consolidando a medida que escribo renglones, por nuevos motivos que siguen sin tener nada que ver con su cansina y repetitiva historia. Otro de ellos es la similitud que le encuentro con La espada salvaje de Conan. El estilo de dibujo, los desiertos, los bárbaros, la violencia y el hilo conductor de ambos personajes. Conan, en unos 70 tomos de unas 90 páginas cada uno, llega a una a un nuevo pueblo o a su taberna, Conan le hecha el ojo a una mujer, Conan se mete en líos, Conan mata mucho y violentamente sin apenas recibir ni un solo rasguño, Conan roba oro, fornica, y se marcha a otro pueblo.
Kenshiro llega a un nuevo pueblo en ruinas habitado por débiles supervivientes, Kenshiro entra en el bar del pueblo (siempre con un aire de Saloon del lejano oeste muy perceptible), llegan las pandillas motorizadas a matar, saquear y violar, kenshiro se encabrona, Kenshiro mata a todo kiske sin recibir ni un golpe, kenshiro se va a otro pueblo en busca de un adversario digno, un nuevo némesis.
Y así una vez y otra vez en ambas colecciones y ambos se han convertido en iconos populares sin darnos jamás ni una sola sorpresa en el guión. El colmo de la monotonía. Y aún así, son leyendas. No hay ciencia exacta para el éxito, no hace falta ser R.R.Martin para llevarte el gato el agua.

Y en esas, Kenshiro, no parará de viajar por el yermo repartiendo golpes mortales, encarnando el cliché del que ya hemos hablado alguna vez del “Llanero solitario / Ronin”, el vagabundo misterioso y solitario, capaz de derrotar a un ejército apache él solo con su revolver o a una legión del Shogún con su katana, a cambio de una sonrisa y un plato de estofado, que nunca duerme en el mismo lugar, que enamora a la hija del alcalde pero que no la tocará ni con un palo, sólo pro el respeto que le profesa a la humanidad y porque no hay sitio para el amor en su destrozado corazón de lobo solitario.
Hay que destacar, explotado este rol, que en Hokuto, la mujer desempeña un papel tristemente infravalorado, anticuado incluso para los 80, machista, asumiendo un rol de doncella en apuros, de sexo débil u objeto a recuperar, rehén, y todo eso que nos han metido a jeringuilla décadas atrás con todas las historias de justicia callejera como en el videojuego Double Dragon sin ir más lejos. A la chica hay que rescatarla a hostias contra una banda de cachudos tatuados con chupa de cuero y pelos de colores. Ese es el espíritu de Hokuto. 
Insisto en que es un pastiche absoluto de trasnochadas historias heróicas y paladinescas del príncipe azul desenamorado que ha de rescatar a la princesa llorona del dragón o el brujo lividinoso. Muy en la línea de obras de siglos pasados como El Reino de la Noche ahora que caigo escribiendo esto. Infumable para el siglo XXI, pero hay que hacer el esfuerzo de entender lo que habría en la cabeza de William Hope, que a su vez fue fuente de inspiración de generaciones posteriores como el papá de Conan, Robert E. Howard. Deduzco que Buronson es de ésta escuela post romántica y casposa.

Sin tener muy claro si lo siguiente que detecto, es fruto precisamente de la micro misoginia de la obra, o todo lo contrario en un progresista ejercicio de visibilización y normalización homosexual ochentera, lo que sí hay entre lineas son amistades y camaraderías masculinas, que traspasan la línea de la amistad y la admiración hasta alcanzar el punto de amor y deseo. Nunca de forma explicita, Hokuto podría catalogarse, pese a sus camiones cisterna de sangre en viñeta, de shonen, o lo que es lo mismo, obra manga juvenil que exalta la camaradería adolescente y los sentimientos románticos y amorosos, ya que su forma de abordar los temas “adultos” es inexistente, no hay nada formal tras las venganzas, ni los desamores de la historia. Todo es sumamente plano, pueril, estúpido incluso. Ocurre por ocurrir, sin transfondo.

Llegados a éste punto, que no se me olvide revindicar la tremenda importancia de los viejos cuentos de artes marciales, porque como decía antes (o como llevo diciendo todo el artículo más bien), el lore atompunk no es más que un capricho, o una excusa, y en realidad Hokuto es una historia shaolin, la historia del luchador definitivo, del maestro de todas las artes derrotando a los maestros del resto de artes, porque ya nada tiene ni nada desea excepto eso. La mierda que le flipa a Tarantino ya sabéis.
Si miramos bien las viñetas, Kenshiro es mitad Mel Gibson en Mad Max, mitad Bruce Lee. Y es innegable.
Hokuto no tiene nada de ciencia ficción, es una historia interminable de kung fú.

EL ENGAÑO Y LAS CONSECUENCIAS


Bueno, llegados a tan realista y triste conclusión, ¿qué hago entonces escribiendo de Hokuto en un blog de ciencia ficción si no hay de eso pro ningún sitio? Me la han metido doblada, pero ni tan mal.

Tenía ganas de descubrirlo pro mi mismo después de mis encuentros anteriores y no concluyentes con la saga.

Porque el largometraje de anime, era un tostón que solo entretenía cuando llovía sangre y los tsubos explotaban en un confeti de órganos y piel muerta tras los golpes de dedo de kenshiro.



Y porque los videojuegos, numerosos desde la propia Mega Drive con el título Last Battle (no incluye el título original de la serie para no pagar derechos) hasta las nuevas generaciones, no aportan mucho más que unas cuantas tollinas mal dadas en escenarios aburridos a hordas de enemigos clónicos.
Porque los títulos que estrenaron en Xbox360, no aportaban nada más que eso, fases aburridas e interminables repletas de enemigos clónicos, que producían somnolencia hasta que llegábamos al jefe de fase, que ese sí que representaba un reto y unos largos minutos de tensa diversión y agujetas en los dedos. El único aliciente a seguir ejecutando combos con los botones era precisamente el de conseguir nuevos combos desbloqueables con los que estallar cabezas en la siguiente fase.

Aunque ésta sea mi opinión, dejo claro una vez más, que Hokuto es un mito popular, y para muestra un botón. Más de 25 videojuegos editados desde los 80 para master sistem, nintendo famicom, mega drive, play station, game boy, nintendo DS, o xbox. E inclusive una live action movie de 1995.

Y con lo que me gustan los videojuegos y las películas, podría continuar enrollándome con ese campo, pero creo que hasta aquí vale, para una obra post apocalíptica, que nada tiene de cifi, y que no voy a ser capaz de leer entera en meses y posiblemente abandone a la mitad, donde me he quedado ya.
Un saludo, y no me odiéis por mi opinión, solo yo me responsabilizo de ser así de cenizo.

miércoles, 27 de febrero de 2019

EL FIN EN FOTOGRAMAS - II: AMERICA 3000


NOSTALGIA Y SERIE B


Me alegro de volver a dejaros mis bitácoras por el ciberespacio de nuevo. Me he visto obligado a retrasar mi ritmo de publicaciones por culpa de una contingencia común, el típico problema de bacterias venusianas que cualquiera puede coger en un ferry transorbital en la clase turista. Pero nada que la biomedicina y las nanotécnicas no puedan resolver en unos días de reposo y continuadas dosis de fármacos.

Hechas las presentaciones, hoy voy a recuperar el tiempo perdido con una entrada ligerita de mi colección personal “EL FIN”. Ya sabéis, ciencia ficción postapocalíptica, historias de los wastelands, cuentos del yermo radioactivo y la neo-edad de piedra. Y digo ligerita, porque no vamos a meternos en uno de esos fregados extensos y complicados con más de un millón de acepciones y secretos, ni se tratará de la obra de un autor consagrado con una vida caótica y desordenada llena de misterios y tirabuzones filosóficos. No. Hoy voy con el segundo capítulo bloggeado de “EL FIN EN FOTOGRAMAS” con una película que podemos calificar como desastrosa siendo generoso, pero que a mi, personalmente, me pone la barra de nostalgia al 200% porque me recuerda a las películas que las cadenas de televisión aún se atrevían a emitir en las sobremesas, o aquella caratula del videoclub que entraba por los ojos, papá alquilaba, veíamos en familia, y cada vez que yo quería que la volviesen a alquilar mi padre decía

“Ni loco, es una castaña hijo mio”

Levantemos el telón, dejémonos de incógnitas, hoy voy a despellejar América 3000, una de las casposas maravillas de La Cannon. Ahora entendéis la introducción ¿verdad?.
Desde 1967 hasta 1994 el grupo Cannon nos ha deleitado con centenares de películas de bajo y medio presupuesto que han abordado todos los géneros posibles, siendo más recordada por la ficción y la fantasía y sus efectos especiales de segunda.
Las recuerdo con especial cariño por sus películas de ninjas como Enter the ninja o Revenge of the Ninja, la picantona Emanuelle 4, sus films de tendencia urbana como Rappin' y Breakin2:Electric Boogaloo, acción puramente americana con Chuck Norris y sus Delta Force, justicieros violentos como Cobra de Stallone, ciencia ficción para toda la familia pese a ser un poco malrollera como mi fetiche preferido de la compañía, Invasores de Marte... o la mítica espada y brujería de marca blanca, Barbarians.
Consiguieron crear un branding absolutamente reconocible por cualquier fan del séptimo arte que comenzaba con sus portadas y terminaba con otro montón de detalles muy personales como la banda sonora. Bárbaros, extraterrestres, playboys, zombies, pandillas urbanas, ninjas... los roles favoritos del fandom ochentero. Los reyes del xplotation.
Cannon, solía ser sínónimo de blockbuster dominguero de videoclub entre los 70 y los 80 principalmente. Con especial éxito en Reino Unido pese a ser una compañía norteamericana.
Idas, venidas, independendencia, problemas económicos, absorciones corporativas, jugosas licencias desaprovechadas... La historia de la Cannon es algo digno de estudio a parte, pero no entra dentro de mis materias más dominadas, eso podría dejársleo al colega Vic Winner, seguro, pero no vine a internet a hacerme el guay, vine a hablar de CIFI.
Porque sí, amados visitantes, ya sabéis que éste blog, es un espacio libre, vírgen y primigeneo, con pocas aspiraciones, humilde, en la que comparto material con alegría, gusto, respeto y buen humor, de una de las aficiones que más me gusta, de la que “algo” se, y de la que continuaré aprendiendo a diario gracias a los aportes de cada uno y mi propia inquietud autodidacta. Y como presento en la cabecera, es un sitio para hablar de ciencia ficción sin complejos, ni queriendo sentar cátedra, porque siendo sincero, veo mucho erudito que se presenta como tal, pero que tras una breve misión de recopilación informativa, descubro que han leído bastante menos que yo, que ya es decir, porque ojalá tuviese más tiempo para ello. Pero que conmigo, no vais a encontrar a un tipo que cree haber descubierto Asimov, o que si no has visto 2001 diez veces no te pone en el mismo podio. No. Os recibo a todos y todas con los brazos abiertos y sin prejuicios. Sin camarillas ni castas.
Por eso, por inadaptado, antistablishment, chumer y cowboy punk en general, hoy hablo de América 3000.



Mad Max 2 sentó la cátedra de los wasteland en 1981, de la mano de G. Miller. Me atrevo a decir que inspiró absolutamente todo lo posterior que tuviese que ver con una dura vida de barbarie en un mundo en ruinas post atómicas. Todo. Y hay quien lo reconoce abiertamente, como Tetsuo Hara cuando dibujó a Ken de El puño de la estrella del norte. Pero tal vez, o igual no, David Engelbach quizás no...o sí..o...ouch...yo que sé.

EL YERMO MAS MATRIARCAL, Y COMO HEMOS CAMBIADO


Este director puede que sea recordado por Yo el halcón con Stallone conduciendo un camión y echando pulsos en bares de la carretera de la América profunda; O por Death Wish 3 con Charles Bronson repartiendo justicia callejera; Pero no por América 3000.
Tal y como el título nos promete, sin tener que dejarnos los cuernos para adivinarlo, sí, seremos bienvenidos a la América del año 3000. En concreto Colorado, que si ya de por sí es un estado famoso por sus zonas desérticas y sus formaciones rocosas como el Gran Cañón, pues después del fallout, los rayos gamma y la lluvia ácida, pues allí ya no crecen ni los cardos.
La tradición oral recuerda a lso supervivientes que la culpa de todo fue por al guerra entre “Americans” y “Comunis”. Pura guerra fría oiga.
En un ecosistema tan magnífico, resulta que tenemos a la humanidad sumida en una nueva edad de piedra post nuclear. Para más I.N.R.I., los habitantes de Colorado se han separado en sexos, y esto es algo de lo más fascinante de la película, si algo lo es, y ahora entramos en materia.
Los pobres vagabundos en taparrabos, autollamados “Konstrus” (o algo parecido), liderados por Korvis (Chuck Wagner, de quien no he visto ni una peli mas), van de aquí para allá por el yermo recopilando trastos de ruinas y tratando de no ser cazados por las mujeres.
Sí, habéis leído bien, las mujeres son el depredador en la pirámide social del año 3000. Reunidas en clanes de neo amazonas guerreras, dominatrices despiadadas, llamadas “Frays” (o algo asá) controlan el yermo. Lideradas por Vena (Laurene Landon, más conocida por Maniac Cop, Aterriza como puedas 2, Hundra...) , que hereda el mando tras la violenta muerte de su hermana mayor, dan caza a los varones, y los convierten en sus “juguetes”, eunucos, esclavos, y sementales para perpetuar la especie. Es fascinante como una película de aquella década, camufla de bodrio CIFI de Serie B, una guerra de sexos tan flagrante que hoy en día sería impensable de filmar. En los 80, ha quedado como anécdota casposa. Hoy en día sería un suicidio. Me encanta.
Me recuerda mucho a aquél episodio de Futurama en el que una especie de forzudas amazonas de 3 metros de alto sometían a la tripulación de “mensakas” galácticos a la “muerte por kiki”.
Y me evoca también muy buenos momentos con el videojuego distópico Gender Wars, en el que indistintamente seleccionase el bando masculino o el femenino, disfrutaba asaltando clínicas de fecundación in-vitro, descargando cartuchos de ametralladoras de asalto sobre todo el futurista y aséptico mobiliario del laboratorio, para robar todas las células necesarias posibles para continuar con la progenie del sexo jugable elegido.
Podemos pensar bien, una de dos. O el director tenía una esposa, suegra, o llamémosle X femenina, más mala que la quina, que le hacía sentirse inferior y subyugado y como venganza le usó como inspiración para crear una sociedad matriarcal tan opresora y dictatorial de señoras de la guerra.
 O todo lo contrario, era un visionario del feminismo, dispuesto a cambiar las tornas del cine desde su silla plegable de camping en un set de rodaje de bajo presupuesto, empoderando a la mujer como el sexo fuerte y dominante de un catastrófico futuro.
Se mire por donde se mire, porque el vaso nunca está a la mitad, es una idea disparatada que sólo pudo haber visto la luz en aquella década. Si algún director se tomase, en broma, o en serio, ésta idea como algo que llevar hacia adelante en la industria y sociedad actual, podríamos ir metiendo palomitas al microondas. Me lo puedo imaginar.
“¿Por qué las mujeres son las malas?”
“¿Por qué no hay homosexuales?”
“No hay negros en ésta peli”
etc, etc.
Yo ante éstas preguntas que uno se encuentra respecto a casi todo en las RRSS, tengo la misma respuesta:

“Porque al director (coloquemos aquí, creador, autor, programador, etc) no le ha dado la puta gana, déjale en paz, si quieres lo ves y si no no, o luego di que la peli (dícese juego, libro, cómic, etc) te ha encantado o te ha parecido una mierda. Pero deja...al...creador...crear...co-mo-quie-ra!!”

¿Qué mas da, es ficción? Mira, una película de mierda como América 3000 puede pese a todo sacar reflexiones como ésta, capaces de llenar hojas de un blog.
La ficción, es ficción, y hay que entenderla como ficción. Con la cantidad de frentes abiertos por los defensores de ésto y de aquello actuales, las ganas de cada individuo de pertenecer a un grupo soberano de opinión, y la contínua persecución de lo políticamente correcto en el arte (dícese cine, literatura, videojuego...) y ocio (videojuegos o rol incluidos), da la sensación, de que nadie puede ya crear sin ser víctima de la censura popular. Si tu obra lleva una violación, el autor será tildado de violador. Si la película no tiene un reparto de actores ecuánime entre todas las consideradas minorías étnicas, sexuales o religiosas, será tildado de homófobo, racísta, antisemita o yo que se... Machismos, feminismos...bla, bla, bla... Populísmos. Eso son cosas que han de solucionar los políticos, legisladores, o quien sea (que me pasé mi único y primer año de derecho en la cafetería bebiendo cerveza) para que cada ciudadano se sienta seguro y libre de ejercer sus derechos sin distinción, y conforme con que el peso de la justicia es igual para todos aunque sea ciega.
La ficción, sólo es ficción, y cada autor ha de crear lo que quiera con el fin de que su obra sea lo que él quiere que sea, no lo que el público demande que sea.
Yo, soy blanco, hetero, de tradición cristiana poco practicante... Y no por eso demando que todo el arte que consumo tenga como representantes o protagonistas a individuos de la misma condición que la mía, qué tostón sería. Tampoco rechazo cuando es al revés, sería un loco descerebrado con prejuicios.
 Pero lo más importante, sencillamente, no demando ni exijo nada. Voy viendo lo que el director, autor, guionista, lo que sea...me ofrece, y punto. Y me gustará más o menos, ya os aseguro, que nunca en función de ningún prejuicio sexual, racial ni religioso.
Por la misma regla de tres, de pequeño flipaba con Rambo y nunca me presenté en el colegio con un cecme. 
Me flipaban las pelis de ninjas, tuve una estrella ninja de verdad, afilada, que no veas como se clavaba en los chopos del parque, y jamás en mi vida se la lancé a un ser humano.
 ¿Y por qué? Porque la ficción, es ficción, y la vida real, es otra cosa, que sí hay que tomar con cuidado y respeto, porque todo acto tiene consecuencias. ¿La ficción? La ficción no genera consecuencias más que una buena o una mala crítica, y la consiguiente remuneración económica de editores, productores, autores y otros profesionales del sector del ocio y el arte.
Y ni las películas, ni los libros, ni el rol, ni los videojuegos, crean asesinos, pederastas, maltratadores, ni psicópatas en realidad. Ni lo hacen esos hobbies, ni tienen por qué hacerlo otros como el deporte, ni siquiera los toros.
Ese tipo de individuos, da igual cual hobby practiquen o que aficiones tengan, lo que necesitan, no es dejar de disfrutar con unas cosas u otras, necesitan educación y el peso de la justicia sobre sus cabezas.



Dejémonos de mamarrachadas de cara a la galería, y tratemos de ser, sólo, humanos. Dejemos de desnaturalizar lo natural, porque sólo conseguimos el efecto contrario.
Y bueno, si América 3000 me ha servido como mecha para hablar de ésto...joder... a lo mejor la película no es tan mierda. No se si reírme más de de sus 3000, o de nuestros 2010 en los que nos cuestionamos cosas que no ofrecían debate en los 1980.
Bueno, sigamos.

¿ES UNA PELICULA TAN MALA?


La película es un cachondeo, y está muy mal hecha, pero aún así tiene momentos de ciencia ficción postatómica muy plausibles si empatizamos con el subconsciente general de lo que podría ser el especímen humano post cataclísmo, un neo-homínido de las cavernas, sin educación, sin internet, sin historia, empezando de cero. Uno de esos momentos más graciosos y a la vez brillantes, es cuando el protagonista se cuela por error en un búnquer, descubre como accionar un viejo monitor, y se reproduce un video de un alto mando militar que lo grabó dirigiéndose al presidente de los antiguos EEUU, avisando de que todo se va al garete y los misiles han sido lanzados en un garrafal error balístico. El inocente y primitivo hombre del futuro, que ha crecido sin tecnología ni libros de historia, sólo con el boca a boca de los viejos que sobreviven, lo ve, y entiende que se dirigen a él mismo, que ahora él es el presidente entonces, porque así acaban de nombrarlo, en un vídeo grabado más de mil años atrás. Tan ridículo como alegórico en el fondo. No se si reír, o quedarme con la copla, porque tal vez si el director hubiese querido tomarse en serio ésta película, y no tirar para adelante con lo que sospecho quiso que fuese un blokbuster dominguero para todos los públicos, si no con el intento serio y cabal de haber dado un giro a su historia para convertirlo en una peli de culto... hubiese tenido alguna posibilidad.
En el fondo, semejante mamarrachada de escena, en la que el troglodita post-atómico asume, de un video grabado hace 10 siglos, que él es el presidente de EEUU, si me da por tomármelo en serio, es una posibilidad profética o religiosa a explotar. El mesías que recibe su mensaje de lo que él cree que es un mensajero único, una aparición exclusiva dirigida a él, porque no sabe identificar que es tecnología. Esto abre la veda de pensamiento “J.J. Benitiano” a cerca del porqué de los profetas, sus mensajes, las religiones, y los auto denominados elegidos y todo un remolino de teorías poco ortodoxas como las de los antiguos astronautas de Tsoukalos y sus compinches de desvaríos y delirios extraterrestres. Porque en ésta cochambrosa película, si hay un momento que desde el prisma de visión CIFI más serio y puro podemos dar como su único momento de brillantez, y aún así a simple vista sigue siendo ridículo, es ésta neo fábula mesiánica que convierte al palurdo protagonista en un mesías convencido. El nuevo presidente de los anárquicos y neo bárbaros EEUU del año 3000. Descojonante. Ojo.



A toda ésta teoría mesiánica que postulo, y que seguro sólo un cernícalo como yo es capaz de extraer de semejante bodrio de film, de repente añado que tal vez no esté tan desencaminado, y que directamente, la portada (otra de las cosas por las que más destacaba la Cannon, como ocurría con lso videojuegos de Spectrum y Amstrad, que aunque el juego fuese un caguto la portada vendía sola) tiene un toque bíblico a lo Ben-hur, que ojito al parche porque igual soy el único que le ha cogido el rollo a David Engelbach, y no se si reírme o asustarme.

Otras lindezas de la película a destacar es el maravilloso argot traducido de la película. Parece que nunca salieron de la década de 1980 aunque recreen los años 3000, Entre los flipantes cardados de las amazonas y sus estúpidos vocablos, no paras de mearte de la risa.

“Plástico guay” “Nuclear”

Lo más cachondo de todo es el personaje estelar, el mutante. ¿Qué tipo de película familiar post-atómica podría pasar sin un mutante? Pues América 3000 no. El mutante de turno es una especie de Bigfoot aficionado al ruido, que me recuerda mucho al monstruo de Golpe en la pequeña China, si lo pidieses por Ali Express, pero cuidado, que ambas películas se estrenaron el mismo año.

Las coreografías de combate, son oro molido. No había visto nada igual desde Xena la Princesa Guerrera, palabra. Madre de Dios. Qué artes marciales más salchiceras de pressing catch.

PAZ Y BUEN ROLLITO - SPOILER


Si pretendéis ver la película, no sigáis leyendo, leerlo una vez vista.
Como cabía esperar, en verdad, ambas tribus, la de las amazonas guerreras y los machirulos bobalicones, están destinadas a firmar la paz, entenderse, enterrar el fusil y la cachiporra, y amarse. Como si de Woodstock se tratase, y viéndome en la obligación de hacer el spoiler, por raro que parezca en mis reglas del blog, al final, toda esa meteórica carrera mesiánica de Korvis (el nuevo presidente elegido de los EEUU) terminará con la unión con Vena (la matriarca de la tribu de las mujeres), firmando la paz entre sexos, en una maravillosa escena hippie de deposición de armas, al más puro estilo “Save the world, save the children”, casi casi a la zaga de Charlton Heston maldiciendo las guerras y los gobiernos en no se cuál otra película del rollo, si no fuese por la rave de descubrimiento carnal y heterosexual no explicita que continúa a la deposición de armamento por ambos bandos.
¿Qué hay más bonito? Tira el fusil y échame un polvo. Joder, así sí, puto Engelbach, que genio incomprendido.
Así que finalmente, parece que la intención de la película es la de ofrecer un entretenido y caótico film antibelicísta, lleno de piradas de pinza insostenibles, que tal vez en los 80 sorprendiesen a alguien, pero que 30 años después, es incomprensible y sólo sirve para echarte una risa con amigotes y amigotas si hay cerveza fría en la nevera y bolsas de patatas en la alacena.



Una película muy poco seria, que al final, genera debates mucho más arriesgados.
Animo.

domingo, 30 de diciembre de 2018

EL FIN EN FOTOGRAMAS – I : ATOLLADERO


CYBERPUNK POSTAPOCALIPTICO EN ESPAÑOL


Bienvenidos de nuevo a los sueños de tungsteno. Hoy pretendo despedir el año 2018 (ya estamos en el futuro, de nuevo!!) con una entrada de la serie “EL FIN” que como hice en la entrada inicial EL FIN EN PIXELS – I :WASTELANDS, relatará obras de diferentes formatos relacionadas con la ciencia ficción postcataclísmica. Y he seleccionado una obra, no representativa, independiente, algo desconocida, pero bien válida para la serie de entradas en el blog. Porque podría haber empezado por Mad Max, o El Puño de la Estrella del Norte o incluso El Libro de Eli... Pero eso hubiese sido demasiado obvio, y me gustan los rodeos. A fin de cuentas, no queremos que el blog sea del montón, o al menos, hay que intentarlo. Lo que no quita que por supuesto habrá tiempo y obligación para los incunables.

Esta misma semana la segunda cadena de la televisión pública, en Nuestro Cine, dedicaba su doble sesión en las películas que versionan el tebeo patrio, y con gran acierto, con la misma intención de alejarse del tópico que los durmientes de tungsteno, seleccionaron dos títulos que para mi, eterno aprendiz, eran absolutamente desconocidos pese a su antigüedad. Uno de esos dos títulos me llamó poderosamente la atención desde su comienzo. Se trataba de una película llamada Atollladero, y bueno, ahora entraremos en faena, pero antes, empecemos la casa por los cimientos.




Desde la absoluta ignorancia lo primero que hice tras terminar la película fue investigar. Oscar Aibar a la dirección de lo que era su ópera prima en 1997, punto de comienzo de una carrera que incluye otros films como Platillos Volantes, El Gran Vázquez y El Bosque entre otros.
Catalán licenciado en bellas artes que decidió dedicarse por completo a la creación de historias, gráficas y audiovisuales, comenzó con historietas en viñetas para revistas icónicas del underground como Cimoc, EL Víbora, Tótem o Cairo, famosas por sus tiras crudas para adultos. Y precisamente esa es la principal característica con la que podemos catalogar ampliamente la obra creativa de Aibar, “cruda”.
Su cómic más reseñable, publicado en la revista Makoki en colaboración con Miguel Angel Martín, se trata precisamente de Atolladero Texas, de dónde surge siete años después la película Atolladero. He tratado de leerlo éstas últimas 48 horas, pero no lo he localizado en formato digital por ninguna parte por más que he buceado en la web, así que lo dejo pendiente y con el reconcome que me produce no haberlo consumido con ansia tras haber visto la película, porque el film me ha generado un tremendo interés en ésta obra. Así que tendré que barajar las posibilidades de adquirir algún ejemplar físico descatalogado en el mercado de segunda mano y coleccionistas, lo que requiere un estudio previo de oferta y demanda para no arrepentirnos después de haber pagado ciertos precios.



Otras obras gráficas reconocidas de Oscar son ADN, que sí tengo ya en mi poder y tal vez devore hoy mismo tras escribir la entrada, o Nacido Salvaje. Su curriculum artístico es envidiable, y ha tenido la fortuna de codearse en trabajos con gigantes patrios de la historieta adulta como Bernet, Raf o Pep Brocal entre otros. Su dedicación y talento le han otorgado diferentes premios, tanto en el cómico como en el cine, y sus obras en papel han cruzado las fronteras siendo editadas EEUU, Brasil y diferentes puntos de Europa.

Presentado el creador, podéis ampliar mi breve repaso en su página web, Oscaraibar.com.



EL ATOLLADERO, TEXAS


¡Al turrón!. Según comienza esa película desconocida para mi, va segundo a segundo generando mayor interés en mi cerebro de espectador. Porque va acumulando aspectos que me fascinan, ciencia ficción, el desierto, post apocalípsis, el yermo, cyberpunk, estética wasteland, y efectos especiales de serie B (nada peyorativo por favor, no me malinterpretéis, pero son efectos económicos si los comparamos con una superproducción, es cine independiente).
De primeras, despertaba mis neuronas reservadas a la producción de dopamina etiquetadas con Robert Rodríguez, Tarantino y Underground. Me transporté rápido y con apenas unos fotogramas, al videojuego Wasteland, a Perdita Durango, y al libro Cuchillo de Agua de Bacigalupi.
Es como si mi mente hubiese estado en contacto con ésta desconocida película durante la creación de mis ficciones cyberpunk en una Arizona distópica publicadas de forma amateur y novel en la web amiga El Naufragio. Era como si ya la hubiese visto, como si la hubiesen hecho adrede para mi, un regalo de película, que había estado esperándome sólo a mi.
De verdad fue una sensación muy especial. Su estética bizarra me cautivó al instante, y supe que quería verla entera. La película y yo eramos almas gemelas separadas al nacer.
Y de repente, valor añadido, Iggy Pop, el mismo que viste y calza, hype, expectación, un brillante en una joya de latón, nada puede salir mal en ésta peli.

Todo iba de maravilla. Arizona de 2048, un pueblucho de mala muerte en medio del yermo post radioactivo, aislado de las grandes megalópolis cyberpunk de las dos costas estadounidenses, un lugar sin ley, un future western, como la Tombstone futurista que yo mismo imaginé unos pocos años atrás para cyberpunk2020 en El Naufragio. Como si ya hubiese estado allí. Pero era el desierto de Los Monegros, la magia del cine, un desierto ibérico se había convertido en Arizona.



La película nos presentará a un teatral elenco de personajes, en un escenario muy reducido, con su propia alma y protagonismo, y por eso lo catalogo de teatral, porque podría perfectamente representar sus 4 estructurados actos en una obra en vivo y en directo.
Por un lado está la camarilla del pez gordo del pueblucho, el juez Wedley, una momia pervertida e impedida sustentada biomecánicamente por los cuidados de su médico alcohólico; Su polioperada, lujuriosa, promiscua y monstruosa mujer; y su sicario personal interpretado por Iggy, del que añadir por cierto, que más allá del puntito de culto que añade a la cinta su participación, no es para nada un buen actor bajo mi humilde opinión, para nada, de hecho, es el peor de todo el staff.
Por otro lado tenemos la cuadrilla de rednecks que habitan Atolladero y que mal gastan su tiempo en la cantina y lupanar del lugar, con sus prostitutas, su predicador, y un entrañable grupo de borrachos.
Y en medio, el protagonista, Lennie, y su jefe el sheriff. La pareja de policías locales representan el yin y el yang, el sheriff es corrupto, decadente, vicioso, borracho...en fin, un hijo de puta de la peor calaña con estrella en la pechera. Y Lennie, encarna la esperanza entre tan deplorable colección de personajes esperpénticos e indeseables. Es un buen poli, tiene vocación, y quiere abandonar Atolladero, irse a la gran ciudad, a Los Angeles, a la academia de policía, dejar ese estercolero donde le tocó crecer que es Atolladero. Se resigna a estar predestinado a terminar sus días en semejante vertedero.
Porque como comentaba anteriormente, Atolladero es en realidad otro protagonista más, muy vivo, es el agujero que devora a todos sus habitantes, con su ecología los transforma en lo que son, monstruos. Los cambia a golpe de desesperanza y decadencia. El pueblucho es como la isla de Lost, la casa de Haunted Hill o la cafetería de La Colmena de José Cela, interactúa de ése modo con sus habitantes, con sus huéspedes. Atolladero es el verdadero protagonista de la historia, castiga por igual a todos sus habitantes, sin piedad, sean buenos o crueles depravados, drogadictos, sodomitas y pederastas. Porque todos esos desagradables perfiles van a pasear por nuestra pantalla sin paños calientes.
El yermo de Atolladero nos presenta crudamente lo que en realidad el ser humano está predestinado a ser en un habitat como éste, sin ley. Como dice el refrán :

“Pueblo pequeño, infierno grande”

Y Atolladero es eso, un Puerto Hurraco cyberpunk. Sin spoilers, como siempre, el film es una road movie en la más pura escuela Tarantiniana, con un goloso abuso del insulto y lo soez en los diálogos, y su festín de sangre en los tiroteos. Un western CIFI con ese regustillo a Abierto hasta el amanecer o Hell Ride. Con mucho metraje de vehículos unos detrás de otros en carretera, piedras rojas, nopales, y continuos tiras y aflojas entre tipos duros. Aparentemente no parece guardar ninguna moraleja, ningún “secreto” entre violencia y degradación, pero yo creo que es precisamente ahí dónde está la salsa de la receta. 
Atolladero es la eterna cuestión de si el hábitat o la sociedad hacen al hombre, o el hombre está predispuesto genéticamente a ser bueno o malo independientemente del entorno en el que se desarrolla. Porque en Atolladero escasean las personas buenas, escasean mucho, tal vez Lennie sea el único, tal vez...
En Lennie exploramos el concepto de prosperidad, de vocación, de inconformismo. Mientras que el resto de habitantes de Atolladero encarnan la envidia y el egoísmo, de forma psicopática y extrema.
Y sin que la película se cebe en éste tópico, nos deja esa cuestión debajo de toneladas de violencia y de degradación humana gratuita, maravillosa, agorera, apocalíptica.
Un pastiche de momentos y personajes western con sus toques cyberpunk y el lore yermense. Efectos digitales forzados, que han envejecido fatal en la última década y añaden ese toque de serie B, y un vestuario tan creíble como homebrew de clase de pretecnología, que nos retrata todavía mejor la esencia de cómic convertido en viñetas, con maquillajes que me recuerdan a los gángsters de Dick Tracy o las películas de Asterix y Obélix, y no es malo, no, es cómic, con esa personalidad underground y pulp que vengo revindicando en todo el escrito.



En resumen, no esperéis una película técnica, ni comercial, pero de verdad si os gusta Robert Rodríguez, Tarantino, y el cyberpunk, ésta es una película que debéis de ver sí o sí, y luego ya, igual me pitará un oído o el otro.
Saludos, y a soñar con tungsteno.