martes, 23 de abril de 2019

EL FIN EN PIXELS - III: RAGE

EL APOCALIPSIS, OTRA VEZ



Bien hallados de nuevo a éste recóndito nodo pirata del ciberespacio. Hacia tiempo que no atentaba contra el orden mundial debido a que fui a Total Recall a pegarme unas vacaciones neuronales.
Pero ya he vuelto, aunque para colmo, casi me cerceno un dedo con el monofilo Kendaichi que uso en la cocina, y tengo un incómodo apósito que me impide teclear cómodamente en mi holo terminal Times Square (marca registrada).
Pero nada impedirá que cuente la verdad, en ésta ocasión, de un videojuego que entra en la categoría de El fin en pixels, ya que se trata de una recreación postapocalíptica con luces y sombras. Pero hace tiempo que no escribo una entrada de videojuegos, y tras mi ausencia vacacional, considero, que es lo que toca, y me hadado por ahí.

Así que terminadas las formalidades, hoy le meto mano a Rage, un título que en su momento, 2011, consiguió el favor de la crítica, convirtiéndose en portada de las principales publicaciones del quiosco y copando sus páginas en previews y posteriores reviews.
La campaña de márquetin fue muy fuerte, se apostó muy alto por el juego, y una de las curiosidades más llamativas de aquél empuje es la simbiosis que se produjo entre Rage y la serie Breaking Bad, que se retroalimentaron mutuamente con diferentes easter eggs en sus formatos, pudiendo ver a Jeesse Pikman jugando Rage en la serie en varios momentos, o en el otro lado, encontraremos varias misiones del juego que recuerdan poderosamente a algunos capítulos de la serie.




Bethesda (vieja conocida en el blog y en asuntos punkatómicos) se encargó de comercializar la obra de IDSoftware, en PC, y las consolas cohetaneas de Sony y Microsoft. Y fue una promesa de altos vuelos, ya que nos agarrábamos a que sus creadores eran los mismos que los de Quake y Wolfenstein. Con el señor Carmack al frente del proyecto y Tim Willits en el equipo creativo. Ahí es nada para un fps.

El juego nos ponía en la piel de un “elegido” que ha pasado criogenizado unas cuántas décadas, un recurso manido y monótono que hemos visto en otros juegos de las mismas compañías (Fallout4), pero del que nadie parece aburrirse pese a todo, aunque no paramos de verlo en cine, literatura y cómic.
Este héroe es Nicholas Raine, marine de los Estados Unidos de América, nuestro avatar. Uno de los especímenes humanos seleccionados para el misterioso proyecto Edén.



Aunque la falta de originalidad comienza en ese mismo momento, no hay motivo para no darle la oportunidad (y más teniendo en cuenta que el juego es posterior al ejemplo citado de criogenia), e interpretar a ese humano tan afortunado, como el protagonista de Futurama, de despertar en un un nuevo mundo que debe la mayor parte de su imaginería a Mad Max, una vez más.
Ese padrino del género punkatómico vuelve a estar presente en éste nuevo título, con lo que volvemos a estar delante de algo que nos da la sensación haber visto ya muchas veces antes (Borderlands es la principal china en el zapato para éste título, pese a sus diferencias).


Sin embargo, como en el caso de Fallout, también encontraremos elementos cyberpunk, con pizcas de tecnología avanzada en manos de las élites, vestigio del mundo antes de la catástrofe.

LOS SUPERVIVIENTES DEL PROYECTO EDEN


Y comenzamos saliendo del “arca”, que no es más que un refugio atómico hiper tecnológico en el que despertamos, a toda pastilla entre tiros y explosiones, con ganas de vaciar cargadores en la cabeza de los neo punkys del futuro yermo. Los siempre repetidos clanes de nómadas, pandilleros o llamémoslos X, que pueblan las anárquicas tierras baldías a todo gas. Y digo a todo gas, porque Rockatansky sigue siendo la musa del juego, y los vehículos tuneados con chatarra y llantas dentadas a lo Ben-Hur, cobrarán un protagonismo inusual en éste reducido Sandbox, convirtiéndose en uno de los principales pluses del videojuego.
Dan Haggar, un habitante del yermo, nos echará un cable a salir del primer tiroteo y nos llevará a un área “civilizada”, donde descubriremos que el yermo está “gobernado” por una entidad política megalómana y opresora llamada “la autoridad”, que está ocupada en encontrar el resto de “arcas” con los especímenes humanos del proyecto Edén, y aniquilarlos, para evitar una nueva humanidad y mantener el control.

El planeta se ha ido al carajo, pero no fueron la falta de recursos, el crack del capitalismo, ni una pandemia lo que lo causó, no, fue un meteorito, como con los dinosaurios. El otro enemigo que encontraremos en el yermo, serán los mutantes.



En semejante escenario, iremos avanzando en una trama de supervivencia junto a la resistencia armada en contra de “La autoridad”, en la que obtendremos misiones principales y secundarias, de mano de los NPC's aliados, que nos harán recorrer éste yermo, una de las principales y más placenteras cosas del juego, ya que sus escenarios, y el apartado gráfico, son el punto fuerte del juego. La atmósfera es inmersiva, y nos traslada a un mundo hecho añicos con grandes rascacielos hundidos en las dunas, y asentamientos de chatarra sobre las ruinas de la civilización.
La exploración de guaridas y ciudades fantasma es tensa y nos pone los pelos de punta cuando escuchamos el rápido caminar de un mutante detrás nuestra, pero al girar con la escopeta en la mano, no vemos a nadie, y nos saltan encima con un improvisada arma de mano desde una esquina oscura.

Como anticipábamos antes, el tunning y la conducción de vehículos, es el nuevo valor añadido de éste, por otra parte, típico fps, que pese a sus buenas intenciones, tampoco aporta (a mi parecer) lo suficiente como para darle ventaja sobre otros títulos del género. Circuitos competitivos de dificultad ascendente que nos premiarán con nuevas piezas y pinturas para los vehículos si quedamos en el podio. En realidad, las carreras, son divertidas al principio, y nos dan un respiro entre la exploración de edificios derruidos y la matanza de mutantes raquíticos, pero al final, tras 10 circuitos, terminé cogiéndoles una tirria tremenda.



El arsenal es un clásico abanico postatómico de armas retro futurístas. Dispondremos de un pequeño sistema de inventario, algo que cada vez se hacía más común en los juegos de tiros en primera persona, para poder fabricar nuestros propios consumibles sanitarios, y herramientas de supervivencias como “el revienta puertas”, que siempre nso viene muy bien para entrar en zonas cerradas repletas de munición y armamento.
También trata de innovar, el desfibrilador como solución a una muerte bien merecida.
Pero al final, todo sigue dándole vueltas al torno Perico, y el juego no llega a ocupar ningún peldaño destacable en la pirámide de los shooter clásicos, sin desbancar a ninguno de los reyes del género.
Una apuesta muy digna, que no revienta como debería.



UNIVERSO EXPANDIDO


Aún así, el juego trascendió en el ya clásico multiverso de merchandissing y productos relacionados que trataban de alargar la escasa y poco original historia argumental de Rage, y como va siendo ya un clásico, Dark Horse se agenció los derechos de unos cómics a cargo de Arvid nelson (Rex Mundi) y Andrea Mutti, Baldassini y Michael Atiyeh.
También se comercializó una novela a cargo de Mathew J. Costello, parte del equipo de desarrollo del propio juego.



Y actualmente, estamos a la espera del estreno de la segunda parte del videojuego, que a parte de cambiar radicalmente la estética, añadiendo fosforitos y colores flúor y neón al yermo, parece estar especialmente enfocado al modo multijugador, y no a la campaña single player, aunque nos adelantan que en éste caso encarnaremos a Walker, el último ranger de Vineland, en un nuevo territorio geográfico abierto, en el que la locura, el sadismo, la supervivencia, y el rugir de los motores de quads, boogies y hot rats tuneados, volverán a ser los protagonistas.



Y hoy, hasta aquí, ya que el juego, pese a que termina siendo una buena experiencia gráfica, y en unas 10 horas podemos terminar la campaña, tampoco tiene mucho más que añadir a nivel argumental, ni da ninguna sorpresa inesperada. Además, no todas las entradas del blog han de tener 5 páginas de texto.
Un saludo, y nos leemos ésta misma semana de nuevo, ya que pretendo recuperar el tiempo perdido de los últimos días.


lunes, 8 de abril de 2019

LAS TROPAS DEL ESPACIO DE ROBERT A. HEINLEIN (STARSHIP TROOPERS)


TODO POR LA PATRIA


Hola de nuevo, una semana más me pongo las gafas de realidad virtual, me materializo en alguna estación anónima de  una sub red de oriente medio, despistando a los sabuesos del ciberespacio, y os dejo una nueva bitácora del futuro pasado.
Ahora, en la holo pantalla Times Square que flota frente a mi rostro, cargo el nano cassette de uno de los clásicos más controvertidos de la ciencia ficción clásica. Tropas del espacio, popularizado en la gran pantalla como Starship Troopers.

Os garantizo que el recuerdo que podemos almacenar en nuestras neuronas flopy de aquella película, no es comparable con las sensaciones que el libro puede despertarnos.  Es uno de los más escandalosos ejemplos de demagogia camuflada de ciencia ficción que podemos encontrar en las bibliotecas universales de CIFI  de la neurored. Mientras que la película resulta casi cómica y satírica, la novela es una utopía militar, que a la vez, es una distopía civil. Pero sin adelantar hechos y opiniones, viniendo la obra del puño y letra de quien viene, podemos imaginar sin mucho riesgo que no es de extrañar. ¿Por qué? Bien…



Robert A. Heinlein nace recién empezado el siglo XX en una tradicional y recóndita localidad de los Estados Unidos de América.  En el seno de una familia conservadora y numerosa. Estudió en la academia naval y sirvió como ingeniero del ejército en diferentes portaviones y destructores marítimos. La tuberculosis le retiró forzosamente de la vida militar, pero no conforme, tras su recuperación y con el estallido de la GGMM, vuelve a filas.
Impedido para acudir al frente, desempeña sus labores de ingeniería militar en instalaciones patrias, y terminado el conflicto, su vida vuelve a quedar vacía y carente de sentido. Con ésta breve biografía, parece quedar muy claro que nos encontramos ante un militar de vocación, un patriota, un disciplinado hombre de honor, recto e impecable. Y por supuesto convencido de las virtudes de la espartana vida del soldado y la gloria y honor que eso conlleva.
Muchos lo tildan de imperialista, o así coloquialmente hablando, facha,  pero qué diantres, no estamos juzgando sus tendencias políticas, que por cierto intentó practicar oficialmente una vez se alejó de la vida militar, y que aparte me importan un pimiento, no. Se trata de la convicción, de la vocación, de la fe absoluta que Robert parecía tener en la importancia de servir a su país y a los más altos intereses de la nación. Su confianza depositada en la jerarquía militar, en la necesidad de ponerse al servicio de su pueblo, enfrentándose a otros pueblos, sin remordimiento ni duda. La satisfacción de cumplir órdenes, de ser una pieza eficaz en un gigantesco engranaje.

Y eso parece que se le arraigó con fuerza, profundamente, porque una vez dedicado de lleno a la literatura de ficción, su segundo y más prolífico empleo conocido, dio rienda suelta a todo eso que llevaba dentro con una de sus obras más famosas, la premiada con el Hugo, Tropas del Espacio. Que no fue la única, ya que como escritor destacó más que como militar aún, nunca sabe uno por donde va a tirar la cabra al monte, o tal vez, fuese que Robert A. Heinlein ponía el 200% en cada cosa que hacía, y si en el ejército no le readmitían, pues que fuese la literatura la cazuela donde poner a hervir todas sus energías. Y vaya si lo hízo bien, 4 premios Hugo y el reconocimiento de Gran Maestro de la Asociación de escritores de Ciencia Ficción y fantasía de Estados Unidos.
Y así transcurrió su vida, creando para nuestro deleite, hasta 1988. Una salva de fusiles láser por ti, soldado.

LA UTOPIA DEL LEGIONARIO


Con la pechera llena de medallas de diferentes formas y metales brillantes, abrimos Tropas del espacio, un libro por el que a excepción de pequeñas formalidades literarias, no ha pasado el tiempo desde 1959, más de medio siglo, y ahí es nada. Tiene un estilo literario tan fresco como recién editado ayer, lo que lo convierte en una obra inmortal, atemporal, donde su futuro siempre será futuro, lo leamos cuando lo leamos.

Sorprende sin embargo pensar, que del mismo modo, el ejército, lleva siendo lo mismo desde que el humano es humano, una organización antigua como las montañas y los mares, que ve como todo cambia, menos la guerra. Desde las míticas hazañas de los espartanos en las Termópilas, las conquistas romanas, la paz mongola de 100 años conseguida mediante la guerra por Gengish Khan, hasta La GGMM, o la de Vietnam, como diría Brian Fargo, “La guerra nunca cambia”. Miles de años de evolución y seguimos matándonos. ¿Alguien sabe por qué? Ni siquiera Heinlein parecía tenerlo claro pese a aceptarlo con estoicidad. Esto abriría un melón social tremebundo, y si soléis pasaros por mi blog, ya me conocéis, me meto en camisas de un millón de varas, pero considero que hoy, no precede, e iré soltando miguitas de pan como Hansel y Grettel mientras despacho la novela. No nos precipitemos.



El nuevo futuro es demasiado parecido a una nueva Roma futurista, un imperio, basado en los principios de todo buen imperio. Castas y conquistas. Todo se cimienta en una pirámide social que divide a sus habitantes en civiles y ciudadanos, considerándose los civiles paisanos de segunda (funcionariado, casta productiva) y a los ciudadanos los de primera, con privilegios de intervenir en las decisiones políticas, la vida social y con derecho a voto. Si no eres de unos, eres de los, otros, y para escalar y mejorar tu situación social, sólo hay un método, la meritocracia. En una sociedad que basa su expansión en la guerra, formar parte del ejército y sobrevivir es la mejor manera de ser reconocido como ciudadano. Un individuo capaz de servir a su patria, de dar la vida por los intereses de su nación, es un individuo que merece el más alto reconocimiento por su riesgo y compromiso con la sociedad, es un individuo capacitado para tomar las decisiones más correctas por el beneficio de su país.
Es una muy patriótica manera de purgar la sociedad y mantener un status quo continuo, porque del alto porcentaje de civiles que se alistan con las expectativas de llegar a ser ciudadanos tras el servicio militar, apenas unos pocos vivirán para contarlo. Pero claro, llegar a éste punto de convicción requiere adoctrinamiento, y mucho. Ningún problema para una sociedad totalitaria y de escasas libertades camuflada de democracia.
El sistema opta por separar a la población en dos, a parte de civiles y ciudadanos burocráticamente hablando, lo hace en conflictivos y sumisos. Si consigue reunir a los conflictivos en el mismo saco, el ejército, los sumisos nunca vana  iniciar una revolución. Y mientras, los conflictivos, caen como monos en el frente, deshaciéndose el gobierno de ellos, y reeducando a los supervivientes.
Si separamos a todos los perros guardianes de las ovejas, tenemos orden. Convertimos al defensor en la herramienta opresora.
Esto viene muy al pelo en paralelo a los tenebrosos tiempos que vivimos de democracia actual.

Nuestro protagonista, Johnny Rico, es un niño de papá y mamá sin vocación que en contra de la voluntad de sus padres toma la inocente decisión de apuntarse al ejército, porque es lo mismo que hace su mejor amigo. Culo veo, culo quiero. Y sin comerlo ni beberlo, el polluelo, aprenderá a ser hombre, aprenderá a ser un I.M. (Infantería Móvil) y a satisfacer lo que sus superiores esperan de uno de los miembros del cuerpo.
Un viaje de madurez, superación, dudas, sufrimiento, hasta la eclosión del hombre maduro, que acepta que la violencia  es una forma tan lícita como cualquier otra de resolver ciertas contiendas, y que sin la violencia, la humanidad no hubiese llegado a donde está.

“La guerra no es pura y simplemente violencia y muerte, la guerra es la violencia controlada por un propósito”



Un viaje de descubrimiento y revelación, de clarividencia sobre la realidad del mundo, los deberes, y las obligaciones del individuo en la sociedad.
Uno de los puntos más contradictorios, es la yuxtaposición de que el ciudadano, una vez alcanza ese rango, ejerce la libertad de voto, máxima expresión de la democracia. Pero durante su etapa militar, no es más que un peón, una herramienta, carne para la picadora que debe aprender precisamente a obedecer sin rechistar, que debe reprogramarse a sí mismo y asumir un rol complaciente, actuar como el mando espera que ha de comportarse un I.M., ni más ni menos. Una anulación absoluta del libre albedrío y la toma de decisiones propias. Regular un comportamiento protocolario en cada I.M. para que sean fiables y cuadriculados.
Para el punto en el que el soldado se convierte en ciudadano, ya está acostumbrado a obedecer tras años de adiestramiento militar. Anulado. Ya ha sido digerido por el sistema.

Johnny hará amigos, perderá amigos, y terminará en el frente, disparando chinches en un planeta hostil de otro sistema solar. Los chinches son el principal enemigo de la humanidad terrestre, unos enormes alienígenas insectoides que habitan túneles bajo tierra, pero son capaces de desarrollar tecnología que rivaliza con al humana.
La figura del profesor Dubois, un ex militar mutilado que imparte ética y filosofía, se convertirá durante la novela en una fuente de principios y razonamientos acordes a la sociedad imaginada por Heinlein, que más bien parece el paraíso del soldado convencido.
Su sistema aplica la restricción de derechos y libertades en pos de hacer cumplir la ley y el orden a toda costa, casi como los jueces de Dredd. El contínuo intento de abolir la anarquía y la desobediencia. El control total de la población.

Tal vez, tachar la obra de fascista como se lleva haciendo desde su estreno, sea pasarse y usar el término muy a la ligera,  ya que pese a que llega un punto en que la obra se convierte en una oda o alegato de las virtudes de la vida militar y la disciplina, los valores de la patria, el sacrificio y una especie de neo bushido; Hay pequeños detalles vanguardistas en su utopía meritocrática, como la inclusión de la mujer en las tropas con acceso a escalar puestos sociales, o feminización del varón con complementos que en su época estaban muy mal considerados como pendientes para la oreja con formas decorativas. Parece una tontería, pero una vez estamos bien empapados en la dinámica mental y social que propone Tropas del espacio, éstos pequeños detalles son declaraciones de intenciones a favor de la igualdad y la paridad entre individuos en ésta sociedad futura. Además, la mayoría de protagonistas tienen apellidos inmigrantes y raíces étnicas variadas que no representan ningún handycap en sus escaladas militares, algo muy solicitado en el cine actual por motivos mucho más desnaturalizados y menos sinceros.
Pero bueno, tal vez Heinlein no pensó que al gobierno le da igual el color, el sexo y los apellidos de los cadáveres.
Quizás el principal motivo que la crítica tuviese para calificar la obra de fascista, es el descarado ataque al comunismo vigente en toda la obra. Diferentes propuestas de gobierno, diferentes a la imperialista, salen escaldadas durante los tediosos episodios de clase de filosofía en la academia militar y las recalcitrantes exposiciones de los profesores, llegando a burlarse de la propuesta de que gobernasen sabios y especialistas. Pero el comunismo es vilipendiado comparándolo con un hormiguero lleno de hormiguitas, bichos. Curioso…bichos…el enemigo, alienígenas que forman parte de una mente colmena colectiva, sin voluntad propia, todo el día trabajando, cuya otra única voluntad es destruir a la humanidad. Menudo símil más descarado, los bichos, los repugnantes chinches gigantes extraterrestres, no son otra cosa que comunistas camuflados de ciencia ficción.



El estilo literario, decíamos antes, sigue manteniendo una expresión actual pese al paso de los años, formal, como las conversaciones entre militares requiere, protocolaria, pero no anticuada ni apolillada. Sin embargo, el futuro imaginado por Heinlein no es precisamente innovador. No hace especial gala de su talento imaginativo en la obra. El ejército sigue siendo la misma rígida institución que hace milenios, pero con flamantes servoarmaduras con jump pack y armas de destrucción masiva como mini bombas atómicas de 2 kilotones para exterminar alienígenas variados en vez de mosquetes o Kalashnikovs. Los portaviones que tan bien conoció en su juventud el autor, han sido reimaginados como enormes naves espaciales, que en vez de anclar frente a costas enemigas, orbitan planetas enemigos. Pero lo sorprendente, es la falta de detalle que sin embargo Heinlein no presta a los pequeños detalles, que es en el fondo lo que nos hace todo más creíble, los avances del futuro cotidiano, como por ejemplo que sigue empleando cartas de correo postal en vez de emails, mientras que hace pequeñas alusiones a coches aéreos o transmisiones holográficas, pero no fue capaz de imaginar un sustito al papel escrito, ya que también cargan libros de estudios en vez de tablets o cualquier otro ingenio imaginado en los tempranos años 60 del SXX. Muy romántico mantener la tinta sobre papel en un futuro lejano plagado de nuevos artilugios fantásticos, pero a mi me chirria.
También parece una anacronía tremenda la aceptación del castigo físico y el escarnio público en la sociedad futura planteada en Tropas del espacio. Las desobediencias se sancionan con castigos físicos, latigazos. Volvemos al paralelismo con el imperio romano. Pero a la vez, es la máxima expresión de “mano dura”, el padre zurrando a su hijo con el cinto tras una travesura, porque la charlita enrollada no va a recordarla, pero los verdugones en el pompis sí.
El método de enseñanza “pauloviano” de “la letra con sangre entra” como la más fiable de las terapias de adiestramiento. El dolor infligido por la violencia, estimula el instinto de supervivencia, marcando de por vida al individuo. Corrección de la personalidad mediante el castigo.
El valor de las cosas así, depende de cuánto ha costado conseguirlas. Meritocracia dura como la piedra.
Es un imperio futurista muy anticuado.

Finalmente podemos resumir la obra como una neo chaqueta metálica, entre la aventura y el drama. Nos muestra los horrores de la guerra y la vida militar, pero los justifica con valores como el compañerismo o la justicia. Una pandilla de botarates que termina creyéndose que su labor como miembros de la I.M. es, no solo imprescindible para el bienestar de su país, si no más importante y moralmente superior a la de un abogado, por   poner un ejemplo.
¿Qué conclusiones saco al final? Que el ejército es una gran factoría de mano de obra barata, mal pagada, donde la vida de sus empleados carece de valor para el gobierno que ensalza la figura de sus miembros con patriotismo y fanfarrias. Pero la gloria, las chapas con nombres, las banderas a medio asta, no dan de comer, ganan menos que un deportista de élite, o que un artista, pero se juegan la vida en la batalla, lo más importante que tenemos cada individuo.
Al final el ejército que propone Heinlein no es más que un puñado de pipiolos sacrificables, yogurines que no saben por dónde les pega el aire, que si sobreviven al propio ejército, y después al frente, pueden llevar el título Don delante de su nombre de pila de por vida.

Yo no hice la mili, me salvé con alguna prórroga de estudios, y después la abolieron. Tampoco tengo familiares militares. Carezco de experiencia probada, de una idea, de convicción y de vocación militar ninguna, pero el haber estudiado tampoco me ha dado una mejor vida de la que, sólo tal vez, me hubiese ofrecido el ejército profesional.
Sólo sé que no nací para jugarme la vida por mis políticos, al menos de momento, que no puedo estar orgulloso de ellos. Pero que la violencia está ahí, en el mundo, flotando en el aire, y no podemos obviarla, y alguien tiene que profesionalizarse en ése sector.
Por último, como nota personal, me queda la sospecha de si las mentes pensantes de la todo poderosa empresa de ocio Games Workshop, se inspiraron en Tropas del espacio cuando crearon su universo del cuadragésimo primer milenio, donde la guerra nunca termina, donde los marines espaciales del emperador, equipados con sus increíbles armaduras, recorren galaxias acribillando razas alienígenas que supongan una amenaza para la humanidad. ¿No?

LA CARICATURA EN PANTALLA GRANDE


Aunque la profundidad de la novela no queda retratada en lo más mínimo en la película, debemos admitir que el film recrea muy dignamente gran parte de lo visto en las páginas de Heinlein. Se mantiene fiel a lo principal, aunque apenas arañe la superficie de las intrincadas proposiciones sociales y políticas que se ocultan en la beligerante novela galáctica, si no que más bien, enfoca el mensaje subyacente hacia la crítica, casi cómica, de la guerra como solución. Con mucha acción, mucho alienígena y mucha diversión, para no tener que pensar en ello, ni leernos el libro.
Las burlas a la era Bush o a la guerra fría están ahí, en la peli, que convierte la vida militar que proponía Heinlein en una suerte de instituto de teleserie familiar repleto de adolescentes felices con las hormonas por las nubes.



Acida, irreverente, crítica pero gamberra, y muy divertida, así fue la adaptación de Paul Verhoeven, veterano de la ciencia ficción más pesimista con títulos como Robocop y Desafío Total a sus espaldas.

Casper Van Dien (El Señor de las Bestias 3 o Drácula 3000) encarna a Johnny Rico, protagonista indiscutible de la novela, casi en solitario, que en la película sin embargo, para que el film no tuviese ese aire de diario que en realidad tiene la novela, se rodea de Michael Ironside, Dina Meyer, y Denise Richards.
Michael Ironside interpreta un papel que es una libertad creativa o reinterpretación del profesor Dubois, mutilado, claramente reconocible, reconvertido en el teniente Jean Racszack.
La soldado Flores, es otra libertad creativa (hay un I.M. Flores en la novela, masculino además,  pero carece de protagonismo y su personaje tan sólo es un añadido narrativo para crear escena en torno a Rico) de la película. Un papel femenino que fomenta las líneas románticas (si se pueden llamar así) de la película, trama inexistente en el libro, interpretada por Dina Meyer (Beverly Hills, sensación de vivir). Heinlein no trató temas amorosos en la novela, apenas ni más allá de un pequeño amor platónico manifestado por Rico hacia Carmencita, antigua compañera de instituto que también se alistó a las tropas como piloto, y que interpreta la chica Playboy Denise Richards (007 El mundo no es suficiente), con un renovado protagonismo de femme fatal y objeto de deseo en el metraje, aportando la tensión sexual a la cinta.
Así pues las líneas tejidas en el film, pese a suponer una adaptación estética bastante fiel a lo que podemos imaginarnos en el libro (con excepciones, ya que la armadura militar del libro es todo un dreadnought brincador y en la película parecen equipados con equipo ligero de infantería), regatean hacia otros derroteros mucho más enfocados al entretenimiento, la violencia gratuita como excusa de la crítica militar, la liberación de endorfinas, y la presunción del resultado final por CGI de los alienígenas a manos de Phil Tippet.

A destacar con agrado, la inserción de propaganda imperialista en video, que se cuelan durante del desarrollo de la película a modo de interludios o anuncios, que rescatan todo el sabor de la manipulación de opinión pública de los gobiernos totalitaristas para fomentar la inserción de la población a las milicias. Algo que algunos enlazan con la experiencia nazi-holandesa de la juventud de Verhoeven, pero que tampoco dista tanto del famoso Tío Sam norteamericano.
En el libro, quedaba clara la intención del gobierno de tener siempre atemorizada a la población civil con las noticias de todo tipo de amenazas extraterrestres, para continuar justificando la necesidad de un gobierno militar.  



La profundidad de los personajes de la novela, se pierde completamente en la película, se olvida, y da paso a interpretaciones que fueron muy criticadas, pero tampoco se le puede pedir más a una película que no parece pretender superar una ácida reinterpretación del clásico original, adaptado a los nuevos tiempos de finales de los 90. Como decía antes, las naves espaciales repletas de reclutas, y los campos de entrenamiento, se convierten en institutos de comedia familiar, y barriadas pijas, en una versión teenager y edulcorada de Tropas del espacio, en la que Rico y compañía, se quitan el sabor del desamor y las calabazas apretando el gatillo de sus rifles de plasma contra los chinches, y bebiendo birra en los permisos. El Rico de Heimlein no era ese tipo de legionario tunante, si no más bien, un burócrata en potencia.
Aparte, toda la tripulación parece sacada de una universidad elitista norteamericana de lso años 50, todos caucásicos, rubios, altos, guapos, mientras que Heinlein nos presentó en el libro un montón de cadetes multirraciales de origen proletario.

Sin embargo, la película está considerada una obra de culto, entretiene, logra su objetivo, y prorroga su existencia con nuevas entregas de mercado doméstico como Starship Troopers 2 : Héroe de la federación, Starship Troopers: traidores de Marte, Starship Troopers: Invasión y Starship Troopers 3: Merodeador.
Y por si fuese poco material al respecto del universo expandido de las Tropas del espacio, tenemos la serie Roughnecks: Starship Troopers Chronicles, y se publicaron varios cómics como Contacto arácnido y Creaciones brutales, editados, como no podía ser de otro modo, por la casi siempre presente Dark Horse.
Si queréis saber más acerca de Tropas del espacio, https://starshiptroopers.fandom.com es la web indicada en la que dejarse caer en el ciberespacio.



Y con esto un bizcocho, voy a ver si me queda spray anti chinches en el armario de la limpieza. ¡Adiós!




lunes, 1 de abril de 2019

THE FUTURE IS NOW, DE JOSAN GONZALEZ


ROBO CITY 16


Buenos días tungstenitas.
La entrada semanal de hoy va de arte gráfico, porque llamarlo cómic sería inexacto, me temo. Tal vez novela gráfica sería más acertado. Pero sea como fuere que nos pongamos de acuerdo o me corrijáis, que sabéis siempre estoy abierto a ello en los comentarios y el twitter (@sharowdanser), gracias a vosotros siempre mejoro.

El caso es que hoy voy a hablar de la obra de Josán González, The Future Is Now, y sus 2 primeros volúmenes (el tercero está en camino y ya hablaré de ello más adelante de la entrada). Un ilustrador y narrador soberbio. Su obra me hipnotizó desde que la descubrí en internet, y que genial haberla encontrado buceando la red y no en el stand de una tienda de cómics, porque dice mucho de su propia obra, retroalimentando su universo ficticio, haciéndolo si cabe más real.
Poco, muy poco he descubierto del ilustrador, a parte de que es un gran hacedor de pizzas y lo que desea compartir con nosotros en su web robocity16.com , aunque la red hoy en día abarca cualquier punto del planeta y su órbita, y que ha podido trabajar puntualmente para algunas editoriales de las que ya he hablado en el blog en alguna otra ocasión como el caso de Dark Horse. También carteles para concierto. Su propio merchandissing. Y poquito más a parte de lo que nos cuenta de sus musas en los propios volúmenes de The future is now.



The Future Is Now es una obra distópica, futurista, si cabe podemos llamarla cyberpunk, aunque si poco he conseguido averiguar del misterioso autor (y digo misterioso por lo poco que parece dedicarse a sí mismo en las mismas redes que tanto sentido tiene alberguen su obra entre otras cientas, no me atrevería a decir que, similares, por lo único de la suya) en unos pocos artículos review que incluyen algunas declaraciones suyas, es que tampoco se atrevería él mismo a llamarlo cyberpunk, pese a tener influencias directas del vetusto género como Neuromante. Obra de la que ha tenido el honor de ilustrar sus portadas de la trilogía en su reedición brasileña, y son unas joyas de tomos que no veas.
Tal vez Josán haya matado ya al cyberpunk en su obra, y estemos frente a un nuevo género estético y creativo, cultural, del hominido 2.0 del cercano y oscuro futuro.

Por eso me fascina el entorno en el que podemos descubrir su obra, nadando entre perfiles y surfeando URL's, porque su obra es precisamente, el futuro. Aunque renegando de ello me alegro enormemente de poder disfrutar en papel encuadernado sus ilustraciones, poder olerlas, acercar la nariz a la página, y tenerlo entre mis manos. La red sigue siendo un artificio inmaterial que ningunea al humano. Y de algo parecido, si he logrado pillar el concepto, parte la idea de The future is now, ya que en la primera página de su tercera edición ya encontramos un texto que deja al humano por los suelos.
Un alegato de preocupación creciente ante los problemas sociales y del mundo, que resbalan como la lluvia sucia de la ciudad sobre un paraguas de plástico transparente con luces led de flúor, sobre el proletario aburguesado atrincherado en su apartamento barato de VPO con televisor plano, videoconsola y tostadora. Un humano que hace oidos sordos, impasible, a los problemas de la humanidad, porque él tiene su culo caliente en invierno dentro de su jaula de pladur. Un humano que no va a hacer nada mientras todo se va al carajo. Un humano que ha olvidado que es humano.

Y comienza el festival de imágenes.

VOLUMEN 1


Como decía antes, descubrí el arte de Josán de chiripa, dando paseos por redes sociales, y allí estaban aquellos dibujos de @deathburger en Instagram. Me volaron la cabeza, era lo más genial que había visto hasta la fecha, y había visto mucho. Y aunque hay autores que me encandilan tanto, estas obras tenían algo especial.

Para empezar la paleta cromática, que nos muestra su futuro cibernético como si lo estuviésemos mirando con unas gafas mirror shade polarizadas, y todo nos llega tintado. Bajo la luz de un sol enfermo, cansado, medio apagado que lucha por hacerse paso en una gruesa costra de nubes de polución. Predomina la paleta de tonos pálidos, y flúor, y la monocromía en muchas de las primeras obras independientes del volumen 1.

Este volumen 1 es una colección de obras independientes, ilustraciones, o debería ser sincero y llamarlas obras de arte, en las que sospecho podemos ser testigos de la evolución artística de Josán, casi desde que le surgen algunas de las que podrían haber sido sus primeras ideas al respecto de la creación de su universo personal, Robo City, hasta que crea su dimensión futurista y nos transporta a ella. Y digo creo, porque repito, no he hallado muchos datos del autor en la red. Un aura de anonimato y misterio envuelve al artista y sus motivos.
Pero es objetivo, que esas primeras láminas del tomo, tienen un aire más orgánico, con un trazo cercano al boceto, que poco a poco va transformándose, página a página, en un estilo cercano al del gran jefe Moebius, y no es que se note o yo sea un lince, es que podemos encontrar la asunción de culpa de Josán en pequeños guiños y detalles, “easter eggs” ocultos en sus recargadas páginas, horror vacui cada una de ellas, en las que podemos perdernos un buen rato gozando cada regalo, cada secreto, oculto en un poster despegado del muro tras los personajes, o entre la basura de un rincón. Dan ganas de sacar la lupa de Sherlock Holmes y escuadriñar cada hoja con la pipa en la otra mano, relajadamente, un rato largo, para sencillamente, disfrutar.



En estas primeras obras independientes del volumen 1 encontramos fotografías robadas al futuro próximo, en el que la red, las máquinas y la tecnología se fusionan con la cotidiana y obscena vida del humano standard, que no somos más que un compuesto orgánico zafio y con taras. Elementos del día a día, electrodomésticos, icónos de nuestra adicción tecnológica, se cuelan en sus ciborgs y androides dejándonos mensajes mudos sobre nuestros hábitos, revoloteando en el vertedero de nuestro inconsciente. Como por ejemplo, que el pene de un androide sea un mando a distancia de televisión.

Las gafas de realidad virtual, se convierten casi en un apéndice orgánico del ser humano, moles de plástico y materiales sintéticos tapando nuestra cara como los antifaces de un caballo, para lo mismo, que no veamos lo que tenemos fuera del camino, para que solo veamos aquello que nos satisface. Y lo grotesco es que el contenido que nos satisface, siempre incluye estímulos violentos, sexuales, o estúpidos para nuestras glándulas. Un punto sátiro pero crítico que también comparte el cómic TokyoGhost del que ya hemos hablado en el blog.

Frío sexo con las máquinas, placentero y perfecto, orgasmos a la carta mientras el mismo sistema doméstico que te folla te está haciendo un huevo con bacon. Humanos modificados, ciborgs, que dejan de ser humanos, que tampoco son máquinas, que en verdad son más bien animales.
Cables, muchos cables, chips, y pequeñas piezas, tornillos y chapas. Miles de detalles en cada pieza de ingenieria industrial cromada.
Mascotas de acero y titanio.
Mutantes, espantos de pesadilla y alienígenas que pasan desapercibidos a los ojos de humanos ciegos de realidad virtual. Lo único positivo es que el prejuicio ha desaparecido entre la especie, nadie ve más allá de sus narices. Todos sacian sus necesidades cerebrales, el egoísmo os hará libres.

Es todo tan apocalíptico, tan pesimista, tan...sátiro, irónico e hiriente. Es un cachondeo malrollero que nos saca una sonrisa, si no es por el mensaje de la ilustración en sí (haciendo gala del refrán me río por no llorar), porque seguramente el otro jefe, Ibañez, también sea otra influencia de Josán (o no, me estoy tirando a la piscina desde muy alto), o yo lo creo, con sus pequeños detalles cómicos, absurdos y surrealistas en las esquinas de muchas de esas obras naturalistas del futuro, tan de Rembrandt cibernético, que de repente se desquebrajan con un diminuto donuts con patitas que nos saluda creando un nuevo foco de atención para el espectador, como aquellos bocatas de chopped con la etiqueta del precio colgando, o una pareja de ratones jugando al mus y fumando Ducados, que el papá de Mortadelo y Filemón nos colaba por sorpresa en las esquinas de algunas de sus viñetas.



La tecnología y nuestros hábitos, comida rápida, publicidad, son los protagonistas del libro que predice un futuro decadente, o cómodo, según se mire, al que parece que llevamos nuestra actual sociedad. Contrastes sociales y actitudes muy humanas.

El libro, dividido en capítulos o bloques, nos va introduciendo en su “Monasterio del Escorial” personal poco a poco, dícese, Robo City, y tras una serie de hojas dedicadas a lo citado anteriormente, comienza a nacer la gran urbe, mitad máquina, mitad humana. Y comienza el desfile de mechas, dreadnougths, robots terribles, punks y scavengers. Bocetos y esquemas, diseños, obras finalizadas con la violencia policial, y el abuso de poder impregnadas en su ciencia ficción. Robo City es represión, y sus punk antisistema son rebeldía. Akira parece convertirse de golpe en la nueva musa de Josán, y como si de una canción de Aviador Dro se tratasé, los niños mutantes montan las motos. Escaparates, neón, civiles, androides antidisturbios y pandillas punk componen la fauna de la gran ciudad. Y curiosamente, la música, y esto me encanta, sorda en las páginas, comienza a colarse en nuestros oidos como un fantasma, y encontramos los detalles en los dibujos llenos de vagabundos, desguaces, tiroteos láser y vehículos imposibles. Iron Maiden, y yo sin embargo, tarareo el breaking the law de los “Judías”, y me queda al pelo de cada nueva página.
Y así tras las ilustraciones finales, que nos preparan para la historia que está por venir, llegamos al final del tomo, donde el propio Josán hace su reconocimiento a los artistas musicales que han llenado sus horas de trabajo donde encontramos rock, metal, y dos discos, que para mi, fueron muy importantes en su momento, y además son artistas que tuve la oportunidad de ver en directo, y se trata de Non Phixion e Ill Bill, rap antisistema de blancos, violencia gratuita, drogadicción, gore y conspiranoia judeomasónica. Un cocktail bastante ideal para el trabajo aparte de clasicos como Metallica también citados en sus agradecimientos. Y otros que no conocía, que he puesto a diggear en la red, y que convierten la experiencia de disfrutar éste tomo en algo interactivo y multimedia.

VOLUMEN 2


Ya presentado su estilo, siendo el volumen 1 toda una declaración de intenciones, o una tarjeta de visita adictiva, el volumen 2 es una novela gráfica, muda, con un hilo argumental que se sucede página tras página, en el ya alcanzado y consagrado estilo “Neo Moebius” (o Moebius wannabe como reza la lápida de una de sus ilustraciones fetiche del volumen 1, en el cementerio de artistas de Hellwood) que se va a convertir en su seña de identidad.

Robo City 16, unos antisistema en el ministerio de información, hackers, cowboys, anarquistas o insurgentes, llamémoslos X porque no hay bocadillos, no hay texto, no hay píes de página, solo los dibujos, consecuentes en un desarrollo de secuencias, y nuestra imaginación. Y eso es fabuloso, porque la misma historia, tendrá distintas consecuencias en distintos lectores. No hay nombres, bautizamos a los protagonístas como nos da la gana. Solo hay dibujos en los que perderse durante minutos en cada página, y una historia de lucha contra el poder. Una ciber gesta de david contra Goliath.



Josán vuelve a introducirnos, unicamente, con un texto de presentación sobrecogedor. Un texto en el que nos queda claro que hay que cambiar las cosas, que aunque todo sea una mierda, hay que intentar cambiar las jodidas cosas. Un alegato de inconformismo del hombre crítico con miras y sueños contra el hombre conformista, dócil y sumiso que es feliz con lo que tiene, sin importarle qué tienen los demás, o por qué lo tiene. Una vez más, como en el volumen 1, la humanidad deshumanizándose. Pero aún hay fe, hay tiempo para cambiarlo. Y de eso va la historia de nuestra protagonista cibernética en éste maravilloso volumen 2, de cambiar las cosas.



Robo City es esa mega urbe industrial, angustiosa y opresora que los choomers imaginamos cuando nos dicen cyberpunk.
Tecnología y tradición se dan la mano en calles que un robot Roomba no ha barrido en meses, cables y farolillos de papel chinos, civiles idiotizados con sus perennes gafas de VR tapando sus caras, y nuestra protagonista, a cara descubierta, testigo de todo, una heroína en contra del sistema, una punk terrorista con 2 prótesis cibernéticas extra en los hombros que la dotan de un nuevo par de brazos.
El estilo de cada ilustración se reafirma en la etapa final del volumen 1 con el horror vacui, los detalles cómicos surrealistas, la comida rápida y la morriña de Neo Tokyo en cada una. Siendo así cada una, un festival de percepciones.
Las máquinas han logrado controlar a los humanos, normal, era de esperar. Nuestra dependencia a las redes y la tecnología se lo ha puesto en bandeja, y los robots controlan todo nuestro techno consumo. Nos han prevenido y reprogramado, el nuevo gobierno robótico presidido por el tirano Robo K3n3-DY IV nos da lo que demandamos, y lo demás nos da igual. Pero hay individuos que han resistido al opio de la tecnología, y esos representan el problema para el status quo. El gobierno de Robo City ha de mantener el orden a cualquier precio, empleando la fuerza legitima proporcionalmente necesaria (ésto me ha marcado tras leer el programa electoral de cierto partido emergente actual con perlas exactamente extrapoladas como ésta, porque parece que Josán lleva razón, y El futuro es ahora, la sátira sigue vigente).
Una vez más la ciencia ficción enmascara nuestros defectos actuales. Vamos a encontrarnos un montón de críticas negras y bizarras a nuestras actuales precariedades laborales, democráticas, a nuestros hábitos sociales virtuales, a la falta de libertad, y a un montón de cosas más, que disfrazadas de robots, mechas y punkys futuristas, nos pasan desapercibidas, pero que están ahí.
La rebelión comenzará en Robo City y nuestra ciber Juana de Arco no lo va a tener fácil. Va a tener que huir de Robo City y recorrer el mundo en busca de un equipo que la ayude, porque en el mundo del futuro, Robo City no es el único lugar donde impera la injusticia, y donde hay que devolverle el poder a la gente. El mundo es un ghetto. Diferentes naciones, mismo perro con diferente collar. Y en ese periplo de reclutamiento despediremos el segundo tomo, con unas páginas bonus que dajan claro el mensaje de la novela muda:

Divididos perderemos”

Sección en la que nos deleita con una serie de láminas en colaboración con otros artistas como Chuma Hill, Laurie Greasley, Adrian dadich, Luke Parker, Enric Sant, y otros tantos en un alarde de imaginación distópica arrollador, insuperable, y como semilla a germinar de toda una generación de artistas gráficos inspirados por motivos similares, unidos como nuestra protagonista ciborg y sus nuevos aliados, reclutándose unos a otros por todo el mundo, en contra de las mismas injusticias, la opresión y la mentira. Hay una simbiosis que me pone los pelos de punta entre la historia y la realidad artística que la envuelve.

Una vez mas, cerramos las tapas con créditos y agradecimientos musicales y artísticos, de los que en éste caso, me quito el sombrero con el clásico media noche en Tierra Media de Blind guardian, y con el malagueño Elphomega que ya estaba en mi top, y que mejor para ilustrar Robo City, eso sí que yo hubiese reproducido su álbum Hommogedon en vez de Nebuloso, Josán, y si caes por aquí de rebote y me lees, te recomiendo a Erik Urano, Helloween, Robert Parker y Aviador Dro para la próxima sesión de arte que te traigas entre manos de vuelta a Robo City.



Sin tu permiso, pero con mero carácter divulgativo y mi más sincero homenaje, he añadido algunas de tus imágenes públicas de tu cuenta de instagram, que recomiendo a todo el mundo visitar, @deathburger y de citadel9.com y muy profusamente, invito a todo el mundo a participar en el mecenazgo del volumen 3, que continuará la historia del 2, y nos permitirá saber qué ocurre con nuestra heroína sin nombre y su grupo de antihéroes chippeados.

Hasta la próxima, y recordad, el futuro es ahora. Nosotros somos el futuro. El mensaje de la obra es demoledor.