domingo, 20 de enero de 2019

LA CASTA DE LOS METABARONES, EL PLAN B DE JODOROWSKY TRAS DUNE


JODO


Bienvenidos una vez más a mi pequeño espacio virtual. Hoy nos toca cómic, y he decidido plantarle cara a una de las obras más geniales que me he echado a las manos, La casta de los metabarones, del siempre extravagante y enigmático Alex Jodorowsky, alias Jodo de ahora en adelante si os parece bien, por mi comodidad, y porque ya me siento como si fuese amigo de éste genial creador tras revisar y devorar algunas de sus obras y episodios de su vida personal.

Aquí el señor Jodo, es un alucinante nonagenario cargado de vitalidad, ilusión, talento y energía del que aún hoy tenemos mucho que disfrutar. Un señor casi centenario, que parece que tiene a penas 40. ¿Cuál será su secreto? ¿Mantener siempre viva la imaginación? ¿No parar de crear? ¿una estricta dieta vegana? Su cerebro parece estar siempre en movimiento, como las patas de una mosca que no paran de rascarse, cultivando ficción, poesía, filosofía, psico magia, el tarot o lo que se le ponga por delante a este imprevisible y único ser humano.
Como siempre digo, en la era de la información, no soy yo, un simple y cualquiera fan, quien vaya a darle a nadie una lección de su obra y milagros, para eso está la wikipedia y Google, pero qué menos que ponernos todos en situación con un breve repaso.



Chileno universal, de múltiples ingredientes multiculturales en su ADN, ha residido en la vieja Europa y el continente americano, del norte y del sur. Un camaleónico intelectual de infinitas inquietudes y volátiles principios. Comenzó su curriculum de autor de tebeo con Anibal 5 en la década de los 60, obra de ciencia ficción con dibujo de Manuel Moro (Azor el Primitivo, Fantomas, o los insoportables Borbolia), quien terminaría siendo su socio empresarial en Ediciones Novaro. La historieta era protagonizada por el mismo Anibal 5, un cyborg de la Agencia Latinoamericana de Defensa, que estaba inspirado en el actor mejicano Jorge Rivero (El pecado de Adán y Eva, Río Lobo, El último hombre duro, o El día del Asesino). Y posteriormente, se actualizó en una versión francesa del mismo personaje, dibujado en esa ocasión por George Bess, con el nuevo nombre francófono de Anibal Zinq

Formó parte del grupo de historietistas de CIFI conocido como Humanoides Asociados, constituido por Dionnet, Philippe Druillet, Bernard Farkas y Jean Giraud con incorporocaciones posteriores como la del mismo Jodo, y otros nombres increibles como Milo Manara, Bilal, juan Giménez o Richard Corben. Y precisamente bajo ésta firma de la asociación creativa, nacieron El Incal, sus secuelas, y la obra de hoy, La casta de los metabarones

En sus surrealistas incursiones teatrales (creador del género Pánico junto a Fernando Arrabal) y cineastas, sembró el terreno de todo un nuevo campo creativo y sensorial, con controvertidísimos títulos malditos como Fando y Lis, El topo o La montaña sagrada. Ninguna de sus obras dejaba indistinto a nadie, ganó detractores y reputados aduladores como Roman Polanski o el Beattle John Lennon. Nuestro poco estereotipado protagonista comenzó entonces a relacionarse con la flor y nata de la sociedad artística mundial, a ser invitado a las más selectas galas contraculturales y las fiestas más crápulas del oscuro mundo cinematográfico, donde se desenvolvió como pez en el agua, cautivando a todas aquellas celebridades inquietas, hambrientas de nuevos argumentos filosóficos y anodinas corrientes creativas que rompiesen con lo establecido. Y esa era la especialidad de Jodo, volarle los sesos a la gente con innovadores puntos de vista existenciales, comerles la oreja como nadie lo había hecho antes, dominando la palabra de forma sorprendente, esgrimiendo una personalidad arrolladora, complicada, pero adictiva, de la que los demás siempre querían más y más, hasta que después llegaba la resaca de Jodo. Y aún sigue ejerciendo ese místico e incomprensible magnetísmo en super estrellas como Marilyn Manson o Kanye West, fans declarados absolutos del chileno, y amigos personales suyos. Tan polémicos e incomprendidos como él, dentro de sus delirios de grandeza, el propio Kanye West, en un concierto en Nueva york, preguntó a sus miles de espectadores que si sabían quién era Jodo, ¿Y qué pasó? Nada, nadie sabia de lo que hablaba el rapero, y él, muy ofendido de no tener ninguna conexión con esos miles de oyentes que le dan de comer, comenzó a insultarles por su ignorancia. Pero vamos, no pareció importarles mucho, otra gilichorrada de Kanye, les importa más como le va con las Kardashian.

Tal vez Jodo sólo sea un charlatán, un vendedor de crece pelos ambulante, o no, o realmente sea un ser místico, un nuevo chamán. Quien sabe


Viéndole y escuchándole contar anécdotas en su documental Jodorowsky's Dune, casi logro imaginarme todas las situaciones que cuenta de cómo convenció a cada miembro del súper equipo creativo que reunió para lo que iba a haber sido el proyecto definitivo de su carrera, la adaptación cinematográfica de Dune de Frank Herbert, la space opera de las space opera, la mamá de Star Wars, antes de la mediocre interpretación que llevó a cabo David Lynch con los derechos adquiridos. Si uno de los ganchos de la película de Lynch era tener en su reparto al músico Sting, podéis empezar a moriros de la risa al saber que Jodo había reclutado a Salvador Dalí, H. R. Giger, Chriss Foss, Mick Jagger, Orson Welles, Moebius, O'Bannon etc... Sí. Alucinante. Jodo pretendía rodar una única película de 7 horas de metraje a cerca de Dune sin ni siquiera haber leído el libro. Tan dantesco como atrevido y maravilloso. Debéis ver el documental, en serio, y más sabiendo que ahora Dune está en manos de Dennis Villeneuve.



Y es que claro, las productoras de Hollywood, más interesadas en el balance de beneficios que en semejantes majaderías y delirios artísticos, tiró para atrás el proyecto y Jodo se quedó colgado y con el culo al aire, pero eso sí, con un gigantesco libro de story board de cientos de hojas ilustradas por Chriss Foss, Giger y Moebius. La sagrada biblia del tebeo de ciencia ficción del que sólo existen dos ejemplares originales, en manos de Jodo y de quien fue su socio y productor en lo que duró aquella aventura de Dune.

Sin extenderme mucho más, os incito a ver y leer entrevistas y otro artículos sobre él, porque siempre hay polémicas sonadas, declaraciones poco éticas, camufladas de ingenuidad, o no; experiencias mágicas; visitas a curanderos; etc, etc, etc...

LAS SOBRAS DE DUNE BIEN ADEREZADAS


Y de aquella frustrante experiencia cinematográfica de cinco años, que reunió la súper liga de los artistas, pero que acabó en leyenda, nace La casta de los metabarones.

Las ideas de Jodo, intoxicadas por Frank Herbert, se convirtieron en un nuevo space culebrón en viñetas con la ayuda de JuanGiménez (Estrella Negra, o Basura).

Pese a que el protagonismo siempre recae sobre Jodo, precisamente por el reciclado de su versión de Dune, y porque como comentaba antes, sospecho que es ese tipo de persona que sabe estar en el lugar adecuado y en el sitio indicado para convencer a la persona adecuada; He de destacar el coprotagonismo de JuanGimenez, que no caiga en saco roto, porque este señor argentino, fue un must del arte del videojuego retro, en aquella llamada edad de oro del software español, dando vida a las carátulas de, por ejemplo, Mutan Zone, o Sol Negro por ejemplo. Un reconocido genio de la ilustración tecnológica.

Ocho tomos editados entre 1998 y 2003 que en España llegaron de manos de Ediciones B y Norma, editorial que ha continuado con las secuelas Castaka dibujadas por Das Pastoras y por último Las armas del Barón de Planeta DeAgostini, dibujada por Travis Charest y Zoran Janjetov, que pone punto y final (de momento) a la saga en 2010.

La obra es todo un culebrón genealógico interminable que dura siglos novelados, cosa que a Jodo parece fascinarle, los árboles genealógicos digo, los ancestros, las raíces y las herencias. Incluso le da una importancia casi mística a su propia sangre judío polaca, y según él, la vergonzante casta bastarda de su madre, fruto de una posible (según él) violación a su abuela por parte de militares. Jodo, parece arrastrar a su propia realidad la importancia de la herencia genética, no como un motivo de pureza en el aspecto ario ni mucho menos, teniendo en cuenta sus orígenes semitas, si no, curiosamente, tal y como dice la obra de Frank Herbert, la saga Dune que él firmó, e incluso las obras póstumas que firmaron sus hijos, es una importancia de herencia de memoria, espiritual. En Dune la memoria de las Bene Gesserit era heredada de generación en generación, siendo la última miembro de la casta de brujas, la portadora de todo el saber de su infinito árbol genealógico anterior, siempre y cuando resistiera semejante carga psíquica, incluso , en los últimos tomos, se involucra al pueblo judío y su memoria histórica en una conjunción de experiencias heredadas desde el principio de los tiempos hasta siglos tras la muerte del Dios Emperador Shai Hulud. Ya hablaré de Dune en el futuro, pero he de estar preparado por el respeto que le profeso.

Dicho ésto, parece que Jodo debe creer en realidad en la importancia de lo intangible que heredamos de nuestros ancestros directos. Es una hipótesis muy interesante, desde el punto de vista CIFI o incluso...hipotético, filosófico, pero desde luego no científico ni empírico a fecha de hoy. Es una idea de fe prácticamente, fe en creer, que heredamos esas partículas de nuestros antepasados, y que somos un poco de cada uno. Los propios Atreides de Dune veneraban su árbol genealógico desde su nacimiento en la Grecia clásica de la antigua Tierra.

Y en La casta de los Metabarones, nos encontramos lo mismo. Una familia maldita, que se prolongará durante siglos, siempre arrastrando sus handycaps genéticos y sus tradiciones inquebrantables.


Tonto y Lothar, los dos robots mayordomos de la familia, en su morada, el Metabúnker, son los narradores de toda la historia de la familia en cada tomo. Dos personajes maravillosos, divertidísimos, una pareja metálica de “Epi y Blas” gruñona, como un matrimonio viejo y malavenido que no se separan por pereza y que disfrutan lanzándose pullas. Dos donaires, cómicos, con un catálogo de ciber insultos de lo más creativo y desternillante, que nos relatarán cada capítulo de la casta de los (valga la redundancia) Castaka, apellido oficial del título nobiliario cósmico heredado por la casa de Metabarones. Y que curioso, que también, llegado el momento de la muerte, el patriarca Castaka transfiere todo su conocimiento a su heredero, mediante una práctica psiónica. Vaya, como las Bene Gesserit de Dune una vez más.

También, igual que Dune, resulta que el universo futuro imaginado por Jodo en LCDLMB (La casta de los Metabarones de ahora en adelante para evitar el desgaste de mis huellas dactilares) se basa en un sistema feudal de casas nobiliarias, patronas de diferentes regiones o planetas del universo, bajo una especie de Dios Emperador que rige desde un gobierno central autoritario. Que casualidad todo. La influencia es abrumadora.

Los Castaka residen por gloria del Emperador en el planeta Mármola, durante la regencia de Sire Berard. Su vástago Othon, se convertirá en el primer Metabarón. Todos los Castaka nacen con una marca en su piel, la de un ave (que curioso de verdad, el mísmo signo de la casa Atreides), y basan la economía del planeta, en la explotación de canteras que trabajan con un método tradicional y secreto pasado de generación en generación, que consiste en la manipulación de un aceite que dota de ingravidez a cualquier materia sólida, pudiendo así transportar titánicos bloques de mineral perfectamente tallado, sin invertir en costosa tecnología ni depender de otras casas. Un misterio digno de la imaginería conspiranóica a cerca de cómo los Rapa Nui transportaban sus Mo Hai o con qué tecnología cortarían y transportarían los egipcios los bloques de sus pirámides.

Ese aceite, ansiado por el resto de casas del imperio y cofradías industriales para renovar sus anticuados combustibles energéticos, se extrae de una materia prima llamada epifita, que curiosamente, se da sólo en las profundidades del planeta Mármola. Huy, huy, huy... igualito a la especie melánge del planeta Arrakis. Y claro, llegado el momento, intentarán arrebatarle la sustancia a los Castaka.

Madre mía, que calco ¿no? Jodo, te pasaste con todo esto. Entendemos que te fastidiase quedarte con todo aquél maravilloso material de Dune sin usar, pero esto aunque lo llames LCDLMB, es lo mismo. Pero bueno, no me malinterpretéis, porque ¿sabéis qué? Pese a que todo tiene ese tufo a Dune, es que Dune es tan grande, que entender ésta obra gráfica como un homenaje a la reina de las space opera, a mi me parece loable y maravilloso.

El imperio galáctico excomulgará entonces a la estirpe Castaka comenzando una guerra por el mineral de la ingravidez. Y varios de sus regentes de diferentes generaciones, mantendrán el linaje en el exilio, proscritos.

El caso es que más tarde, los Castaka se reconcilian con el imperio tras una gesta heróica digna de un cuento artúrico, y entonces comienza su regencia “metabarónica”, recompensados por el imperio galáctico, les otorgan amnistía y el título nobiliario, y ahí comienza la maldición de la casa Castaka, su odio y rencor enquistado en contra del poder imperial establecido, sus aires de rebeldía indómita y su ansia de venganza pasada tras haber perdido Mármola, que pasará de generación en generación, como un gen maldito, que siempre les acompañará de un oscuro compromiso... El de la mutilación. Obviando las nuevas aportaciones de Jodo a la versión de la historia, como veis, es todo una versión hacendado de Dune. La casa Atreides y sus descendientes malditos que cambiarían para siempre el universo conocido, solo que aquí se llaman Castaka.


Desde el momento que Othon pierde un miembro de su cuerpo en una tragedia que no voy a spoilear, para los futuros lectores, todos los Castaka después de él han de cumplir con la obligación de someterse voluntariamente a una mutilación física que suplirán con cibernética. Y ésto es lo más original de la “copia” herbertiana.

Porque para más “INRI”, llegará el problema de la descendencia natural que amenaza con la extinción de la noble casa Castaka, Y ahí, la historia revive con la aparición de las brujas-puta Shabd-Oud (madre mía, ese copy right Benne Geserit y el léxico de inspiración arábiga, que descarado de nuevo Jodo) que se inmiscuirán entonces en el linaje de la casa (si es que sólo falta llamarlo Kwisach Haderach).

Resumido así, la progenie Castaka prevalecerá heredero tras heredero con sus taras durante siglos de reinado cósmico, oponiéndose a los poderes del Technopontificado (el clero) y el imperio, con sangre y acero.

Cabe destacar que, del mismo modo que WilliamGibson desarrolló toda una nueva jerga CIFI con Neuromante, en LCDLMB, Jodo se saca de la manga todo un diccionario de términos fabulosos, un nuevo léxico cósmico-feudal que se convierte en uno de los atractivos narrativos de la larga historia Castaka.

El universo de LCDLMB mezcla lo arcaico con lo galáctico, las espadas y las artes marciales y duelos de esgrima casi mitológicos que duran días sin descanso hasta la primera gota de sangre derramada por uno de los contrincantes, con enormes naves espaciales que constituyen una ciudad en si mismas, repletas de navegantes cyborgs y androides.

Como en todo buen culebrón familiar, veremos celos, traiciones, mentiras, códigos de honor inquebrantables, y todo eso... un Falcon Crest espacial de aúpa. Repleto de sangre, muerte, algo de erotísmo, y sobre todo, a todo color, con una ilustración de estilo tradicional increíble, muy atractiva, que convierte la historia en un deleite visual. Lo bueno, es que todo sucede rápido, van al grano, no tenemos paja y paja en viñetas, ni páginas de más, lo que impide que nos cansemos del culebrón porque todo sucede rápido, en apenas la mitad de la colección, habremos avanzado siglos en la línea genealógica de la historia galáctica, conociendo nuevos herederos Castaka, cada uno, más rocambolesco y perturbador que el anterior.

Así y entonces, salvando la falta de originalidad en la obra si ya hemos leído Dune con antelación, pese a las originales majaderías incluidas libremente por Jodo, para que la obra no fuese un calco, si no un homenaje o heredera espiritual de la original, LCDLMB es una colección imprescindible para cualquier lector de CIFI y space opera, a todas luces y pese a lo dicho.

Es una gozada artística..

domingo, 13 de enero de 2019

EL HOMBRE EN EL CASTILLO...DE WOLFENSTEIN? - II


CASTILLOS Y PRISIONES


Bueno...entonces, ¿había un castillo en El Hombre en el Castillo? ¿O no? Todo el mundo en la novela de Philip K. Dick llamaba con ese alias a Abendsen (autor de la langosta se ha posado, el libro dentro del libro) porque todos pensaban que vivía aterrorizado de los nazis, encerrado en un castillo protegido con altos muros y medidas de seguridad, aislado del exterior. Que curioso dicho así, ¿verdad? “aislado de la realidad”, ¿Una pista de Philip tal vez? ¿Una declaración de intenciones?

La verdad que el castillo es el tipo de edificio que por naturaleza, en la fantasía y la CIFI asociamos con mayor frecuencia a los nazis. Más tarde, comenzamos a imaginarlos en cavernas de la Antártida, o bases lunares... pero el castillo fue durante un amplio periodo creativo, la guarida ideal de los villanos social nacionalistas alemanes.

El propio Führer residió en un pequeño castillo, o palacete remodelado, conocido como Berghof, “El nido del águila”, donde Eva Braun tomó varias filmaciones domésticas muy famosas.
O el castillo de Wewelsburg, propiedad de Himmler, donde se dice se llevaron a cabo los más extraños rituales esotéricos y espirítistas, incluidas invocaciones.
El castillo de Sonnenstein, matadero sanitario de enfermos mentales, tétrico psiquiátrico lleno de leyenda negra.
“La borrachera sangrienta” del castillo Thyssen, sí, sí, los ancestros de la famosa familia mecenas del arte llevan una escandalosa mancha en su árbol genealógico.
U otro de los castillos que recuerdo con mayor afán, gracias a su juego de mesa, el castillo de Colditz, de donde en realidad, a parte de ser un maravilloso entretenimiento editado en España en 1981, fue un lugar real, una prisión en la que se contaron las más abundantes y originales fugas de soldados aliados, incluyendo un escape en un avión hecho a mano por prisioneros, sí, sí, alucinante.



Con todas éstas historias relacionadas con nazis y castillos, recuerdo, como anécdota personal, así de repente, cómo gané un pequeño concurso literario entre colegios. Debía ser 1º o 2º de EGB, era un niño, 8 ó 9 años tal vez. Y varios colegios organizaron una pequeña competición literaria según edades, con diferentes premios. Pues fijaos, yo alucino conmigo mismo haciéndo memoria de ésto, es muy gracioso, pero yo decidí escribir sobre esa misma fuga de Colditz, de una forma cero rigurosa, absolutamente fantástica, inspirada por aquél juego de mesa tan chulo, los videojuegos de spectrum Sinclair The Great Escape y Dustin, y toda la imaginería nazi ficticia que ya he contado en la entrada anterior del blog, aprendí de mi padre, Hollywood, Marvel, y los sobres Montaplex.
En nuestra categoría, debíamos presentarlo en no más de un folio por sus dos caras, escrito a mano, y yo, ni corto ni perezoso, decidí aderezar el encabezamiento de mi relato con unos banderines dibujados, con sus esvásticas, tan cuquis, con el pulso de un crío apretando el boli contra el papel. Recuerdo cómo a grandes rasgos, contaba cómo un soldado americano, condenado a pelar patatas día tras día en la cantina de la prisión castillo, urdía una ridícula huida, que terminaba frustrada en una persecución con perros doberman por un patio, para después, al más puro estilo Los Serrano, despertar de una horrible pesadilla, que es lo que había sido todo el relato. Jopeta, viéndolo así a posteriori, para un crío de 9 años, está bastante guay, ¿o qué?. El caso es que quedé segundo, me regalaron un futbolín doméstico, y me acuerdo de mi padre diciendo entre risas:

“No has quedado primero, porque al dibujar símbolos nazis, los curas se habrán molestado”

Estudié en un colegio de curas, efectivamente. ¿Entendéis ahora un poco más por qué en la entrada anterior afirmaba “amar a los nazis”? En fin, tenemos que reirnos.

Pero si hay un castillo nazi que ha llegado lejos, en una mezcla de ciencia ficción y aventura histórica, ese es sin duda el castillo de Wolfenstein. No lo busquéis en los mapas, no va a llevaros a ninguna parte, no existe tal lugar sobre la faz de la Tierra, pero sí, dentro de nuestras computadoras y videoconsolas.

WOLFENSTEIN, HISTORIA, BRUJERÍA Y TECNOLOGÍA


En 1981, Muse Software sacaba al mercado de los ordenadores domésticos el título Castle Wolfenstein. Basándose en el mito del castillo prisión, Silas Warner produjo un juego de fuga y laberintos, que hoy en día nos parecerá tan básico que pudiésemos creer que se trata de una broma, pero en su momento obtuvo el favor de la crítica y un buen resultado comercial.
Yo no lo jugué en su momento, y hacerlo ahora, no es para nada una experiencia gratificante, porque igual que me ocurrió con Wasteland, y mira que no soy nada quisquilloso con los gráficos si la aventura es buena y la mecánica también, es precisamente el interfaz, las velocidades, y otros aspectos técnicos, a lo que no estoy acostumbrado y se me antojan incómodos y poco intuitivos. Es curioso, cómo los jugadores de videojuegos, sin darnos cuenta, nos “hacemos” a los interfaces populares del mercado, y cuando nos topamos con algo absolutamente diferente, nos perdemos, aunque sea más antiguo y obsoleto, y se nos convierte en una tecnología desconocida e incómoda. A mi al menos, me ocurre mucho con los videojuegos de los 80 programados para ordenadores de disco o cartucho, porque nunca tuve una de esas máquinas en casa, o al menos, no dentro de la época tecnológica que le correspondía, y sin embargo, me sigo sintiendo cómodo con el “O,P,Q,A” del viejo spectrum de cinta. Son hábitos, supongo. Pero el caso es que Castle Wolfenstein, es un tren que creo ya ha pasado para mi incluso en la emulación de DOS BOX.
Aún así, si lo comparo con el antes mencionado The Great Escape de spectrum, habiendo todo un abismo tecnológico en los cinco años que los separan en el tiempo, el juego de cinta exprime sus posibilidades a niveles no soñados por la fuga del Castle Wolfenstein.
El juego, se basaba en premisas más que menos históricas, alejadas de la ficción o la fantasía, suponiendo un reto de laberíntico mapeado y memorización de las rutinas de vigilancia de los soldados nazis, para poder recorrer sus estancias en pos de la huída, llevándonos algunos nazis de por medio si la situación lo requiere y lo permite.




El juego, para ser tan antiguo, innovaba algunas mecánicas que después se convirtieron en habituales, o inspiraron, a otros juegos fps o de otros géneros de corte bélico inspirados en la GGMM, como por ejemplo Comandos, tales como el saqueo de cadáveres enemigos en pos de obtener nuevos items; El uso del disfraz para eludir guardias; Amenazar a punta de pistola a los cobardes guardias en vez de matarlos; Reventar muros con explosivos para poder acceder a zonas ocultas; Y que los cadáveres yacentes en los pasillos del castillo, si eran vistos por otros guardias, se convertirían en motivo de alarma y registro de cada rincón. Imposible al leer esto no pensar en el:

“Alarm, alarm!!”

Del citado Comandos de Pyro Studio. Pero ojo, que en ésto también se adelanta Castle Wolfenstein, con pequeñas órdenes digitalizadas que suenan a lata mientras huimos de los guardas.

Todo muy precario, con aquellos gráficos que no pasan de monigotes con diferentes uniformes (importante ésto, ya que cada tipo de soldado respondía a unas rutinas de IA diferentes).

Lo importante de éste título, es, que se convirtió en el comienzo, sin quererlo, de lo que ha llegadoa convertirse en la principal saga de disparos, o shooter, fps, en primera persona, de ciencia ficción en una ucronía nazi, que de seguro le debe mucho a El hombre en el castillo de Philip K, Dick.

A Castle Wolfestein le siguió Beyond Castle Wolfenstein, la secuela oficial, que con el mismo planteamiento gráfico en visión aérea, y un aspecto poco más definido, en 1984 nos retaba a cruzar el castillo, no para huir de sus entrañas, si no para adentrarnos a su cámara más segura y mejor custodiada, las dependencias de Adolf, y atentar contra su vida con un maletín explosivo, emulando la famosa operación Valkyria, Introducía novedades como arrastrar cadáveres, el uso de una daga para el asesinato silencioso, y el uso del santo y seña variable para engañar a ciertos guardas y acceder a habitaciones custodiadas sin montar una sangría de agentes de las SS.




Bueno, tenemos nazis, tenemos castillos, ¿pero dónde está la ciencia ficción aquí? En 1991 se lía la marimorena. IDSoftware y Apogee con John Carmack a la cabeza, estrenaban Wolfenstein 3D. No era el primer fps en 3D de la década, Duke Nukem se adelantó sentando unas bases, pero Wolfenstein 3D se ganó su hueco sin dificultad, en ordenadores domésticos, la 16 bits de Nintendo, la Super, y otras sobremesa menos populares.

Nos poníamos en la piel de William B.J. Blazkowicz, y nos disponíamos a recorrer los nuevos y laberínticos niveles del nuevo castillo sin ningun sigilo ni discreción. No. La ultra violencia era la gran protagonista. Explosiones, tiros, nazis estallando en masas sanguinolientas... Misión tras misión, completando cada una tras 3 niveles en los que conseguir las llaves necesarias para abrir la compuerta blindada del ascensor, y liquidando en cada nivel, nuevos tipos de enemigos nazis, y un monstruoso jefe final cada 3 niveles. Por primera vez, mientras recorríamos pasillos llenos de banderas rojas con esvásticas, cruces gamadas y cuadros del Führer, el ejército nazi dejaba de ser realista y humano, y nos enfrentaríamos a no muertos nazis revividos por científicos locos, ucrónicos cyborgs imposibles para la Alemania de 1930, super mutantes genéticos de las SS, y todo tipo de aberraciones maravillosas como el propio enemigo final, un cyborg pesado del mismísimo Hitler.
Usaremos pistola, metralleta Gatling, lanzallamas e incluso bazookas, para ir desmembrando a nuestros pixelados enemigos arios.



El polémico juego fue “recortado” en su versión de videoconsola, quitándole el bigote a Hitler en los cuadros de las paredes y en su versión “jefe final” cibernética, y en Alemania fue directamente censurado por el uso de signos anticonstitucionales. Que la cabecera del juego abriese con la banda sonora del Horst Wessel (himno del partido nazi) tampoco ayudó.

Yo recuerdo a mi amigo Fernando Quevedo, que era 3 ó 4 años mayor que yo y ya disfrutaba de un ordenador en casa, contándome aquello de que había que matar a un Hitler robot, y yo, con mi Mega Drive, sólo podía salivar y soñar con poder jugarlo algún día, y bueno, muchos años después de su estreno, muchos, lo jugué, y he de decir, que ha envejecido perfectísimamente. Los gráficos, en sprites, han aguantado de maravilla, el movimiento es suave, y la diversión sigue presente en cada esquina de los corredores del castillo. Ideal para cualquier jugador de cualquier generación.
Los gráficos rasterizados de los muros son uno de sus grandes ingenios técnicos. No en vano, y salvando el ya citado Duke Nukem, es considerado el abuelo de los shooter fps, abriéndole las puertas a Doom, Hexen, Quake, y toda la pandilla.

La saga Wolfenstein tomó éste juego como referente, y de 1992 en adelante, al saga se extendió, trayendo más nazis, más fantasía, más ficción a sus degeneradas tropas, más ucronía, sociedades secretas, cyborgs, demonios, apariciones, no muertos, robots, mechas... Todo un festival de ciencia ficción violenta en cada nuevo título. El protagonista, Blaskovicz, continuó siendo nuestro avatar, y fuimos conociendo más de su trasfondo, de su historia, añadiendo guión e historia a la unicamente divertida misión de desintegrar miembros de la gestapo por doquier con el arma más grande que encontrásemos en el arsenal. Pero ese trasfondo fue ganando peso, entrega tras entrega, hasta convertirse en uno de los puntos fuertes de la saga, familiarizándonos con protagonistas y antagonistas recurrentes en el desarrollo de una historia, que aspira a tener un desenlace, y diferentes spin offs, creando un universo propio en torno a Wolfenstein.



Los siguientes títulos, sin innovar ya en la fórmula, pero evolucionando técnicamente, fueron:

  • Spear of destiny: Una precuela de Wolfenstein 3D en la que Blaskovicz debe recuperar la lanza del destino (por no decir de Longinos) de las manos nazis.
  • Return to castle Wolfenstein: Un paso adelante en la evolución de la saga, para consolas de nueva generación de principios de los 2000, que estrenaba el modo multijugador, y enfrentaba a Blaskovicz a departamentos de asuntos paranormales nazis.
    La verdad, la estética del juego es como una rocambolesca película de serie z, con celebridades nazis que parecen vampiros, y todo tipo de demonios invocados desde el séptimo infierno.
    Por primera vez, la saga incluía escenarios para recorrer al aire libre.
  • Enemy Territory: Un shooter exclusivo para el multiplayer.
  • Wolfenstein: Que a finales de los 2000 traía nuevas misiones modo historia para Blaskovicz, y más escenarios en campo abierto, amplios, e incluso vehículos, para derrotar a los líderes nazis de los departamentos de proyectos paranormales.
    Los poderes sobrenaturales de los nazis, y en ésta ocasión, del propio
    Blaskovicz, volvían a ser protagonístas de la trama, con mejor gusto y menos ridículo que en la anterior entrega.

  • The new order: ID Software pone la licencia de Wolfenstein,  en manos de la poderosa Bethesda, y nos trae un nuevo hilo argumental, que mantiene a Blasko de protagonista, pero que se inspira mucho más profundamente en la idea de ucronía tecnológica de Philip K. Dick, en la que los nazis, vencedores ya de la GGMM, en la década de los 60, dominan medio mundo con puño de hierro, gracias a su avanzadísima y futurísta maquinaria bélica. Aún así, encontraremos momentos preternaturales relacionados con sociedades secretas cabalísticas.
  • The old blood: Un spin off, precuela del título anterior de Bethesda, que profundiza en la historia personal de Blaskovicz, a ritmo desenfrenado de matanza nazi, como no.
  • The new colossus: La última entrega de Bethesda, que continúa el salvaje hilo argumental de New Order, que nos prometen, continuará con una próxima entrega, titulada Young Blood.


Tengo pendientes de jugar el Wolfenstein 2: The New Colossus, y el Return to Castle Wolfenstein. Por los demás títulos, dejar constancia, de que son divertidos, difíciles, y los personajes enemigos y npcs del modo historia son tremendamente icónicos y carismáticos. No hay nazis más terroríficos y malvados que los vistos en The new order,  odiarlos y temerlos se vuelve inevitable, son el mal elemental hecho carne y hueso. Maldito general Calavera!!

Tras semejante colección, ¿os quedan ganas de machacar nazis en vuestras pantallas, entre lo desquiciante y la ciencia ficción? Pues no os preocupéis, la saga Wolfenstein no es la única que nos da ésta posibilidad, otros títulos como Bionic Comando, o Total Carnage, ambos disponibles en plataformas retro de Nintendo, nos darán el gustazo de machacar diferentes modelos distópicos y cyberpunkers del Führer. Curioso, que sea la industria japonesa, volviendo al entramado histórico, la que más guste de convertir a su viejo aliado bélico en un monstruo cibernético. Los tiempos cambian, y me alegro mucho de eso.

Haill Tungsteno!!...digo...perdón, perdón...que hasta dentro de unos días.
Si os quedáis con ganas de nazis y ciencia ficción violenta y extrema, también podéis leer cómics de Wolfenstein, ver Overlord, Zombies Nazis 1 y 2, o Iron Sky.



domingo, 6 de enero de 2019

EL HOMBRE EN EL CASTILLO...DE WOLFENSTEIN? - I


AMAMOS A LOS NAZIS


Bienvenidos todos y todas al futuro. Ya es 2019, el año digital del Tungsteno según el calendario atómico del gran Tecnofante. Sí. Y como me abruma verme de repente en el futuro distópico e inmediato, así, con estos pelos, he decidido viajar al pasado...o al futuro...o.. a una época que nunca ha sucedido, o sucede en una línea temporal paralela, en otra dimensión...o..Vaya, necesitamos un tutorial de Einstein para doomies si queremos aclararnos. Nos vamos a la ucronía, posiblemente la más famosa de todas, o al menos una que vuelve a estar de moda gracias a Amazon Prime Video.
El Hombre en el Castillo, de nuestro tecnosacerdote favorito, Philip K. Dick.
Avisados quedáis, stalkers y cowboys, de que la entrada de hoy es larga, trae mucha chicha personal, reflexiones emotivas, que no dan lugar a ambigüedades al buen entendedor, y que no pretenden herir la sensibilidad de absolutamente nadie, ni siquiera, de quien esté en desacuerdo con mi punto de vista. Si os atrevéis, continuad.

No os asustéis con el encabezado de la entrada (ni os animéis en caso contrario tampoco), pero seguro que ya he llamado vuestra atención. No voy a hacer campaña social nacionalista, racista, autoritaria ni megalómana, ya que son conceptos que rechazo y que son antagonístas a mi naturaleza. No creo en la supremacía blanca, ni soy antisemita, y ante todo rechazo toda forma de violencia posible que se le pueda causar a un ser vivo, porque es sólo pensar en cualquier tipo de dolor infligido y mi cerebro me manda flashbacks sensoriales del pasado a cada célula, poniéndome los pelos de punta y estirando las zonas de mi cuerpo más arrugadas como la piel de una pandereta, con el recuerdo lejano de cada hueso que me he roto. Y no se lo deseo a absolutamente nadie. Lo paso mal incluso visualizando deportes de contacto, consentido, entre adultos. Es ver los impactos, la sangre y los chichones, y me entra el amarillo. Soy así de blando, y jamás se me pasó por la cabeza estudiar medicina.
Y en lo político, como nacido en democracia, no contemplo una forma de gobierno autoritaria en la que el ciudadano pierda sus ya de por si escasos derechos constitucionales para opinar y mejorar su propia sociedad. Aunque reconozco, que a veces, pienso que me sometería voluntariamente a un gobierno intelectual de gente con elevados cocientes y demostrada empatía emocional, y eso sí sería una utopía de ciencia ficción.
Pero aclarado esto, aunque fuese innecesario y ¿a quién le importan mis temores y preferencias?; Admitámoslo, ¿A quién no le encantan los nazis en una buena historia de ficción? Meter nazis en una película, videojuego o libro, y si es posible en las más bizarras e inimaginables pretensiones, es irresistible, un cebo apetitoso, el luminoso de un lupanar de carretera para las polillas, un camión cisterna de sangre fresca en el océano para tiburones. ¡Nazis! Nunca deja de haber suficientes historias ficticias de Nazis.



Hay un recuerdo de cuando yo era un niño, recién empezados los 80, que siempre me llena de felicidad, y que tengo grabado a fuego como algo de lo mejor de aquellos primeros años como ser humano... Los sobres Montaplex. Si sois de mi quinta, ojalá los recordéis con la misma ternura y admiración que yo. Unos sobres de papel con ilustraciones bélicas, en cuyo interior, en una matriz de plástico barato, venían dispuestos a ser arrancados más de una docena de diminutos soldados en diferentes posturas y con diferentes armas, que recreaban legiones de diferentes ejércitos pasados, de diferentes batallas libradas. Y ahí comenzó mi fascinación con los Nazis.
Bueno, las películas de Indiana Jones, influyeron lo suyo también. Y muchos videojuegos de Spectrum en los que la imaginería del ejército enemigo a derrotar, si no era exactamente nazi, era una réplica, como en Army Moves, por ejemplo, que era de mis favoritos. Y me recuerdo a mi mismo, con cualquier envase de poliestireno blanco, moldeado por inyección en caprichosas formas geométricas, que trajeron a casa seguro y comprimido, un nuevo electrodoméstico, colocando sobre su blanca superficie granulada a todos aquellos mini hombrecitos armados, como si aquél resto industrial de embalaje fuese un enorme búnker de guerra, en el que pintaba con rotuladores Carioca una esvástica y al otro lado una hoz y un martillo. No tenía ni idea por aquél entonces de que representaban cada uno, más que uno era para los ejércitos nazis alemanes, y el otro para los ejércitos comunistas rusos, y más allá de eso, desconocía cualquier trasfondo social ni político, solo sabía, por lo que la cultura pop ochentera de la guerra fría me había enseñado a tan corta edad, y los pequeños apuntes de mi amado padre, quien a parte de ser un pequeño aficionado a la historia del siglo XX, desde siempre alimentó mi imaginación con todo lo que pillaba por banda para explicármelo todo como si yo fuese un pequeño hombrecito.
Y funcionó, porque entre Hollywood, Dinamic, Marvel Cómics y mi padre, me quedé con la copla desde pequeño que los nazis fueron señores muy malos y muy poderosos que quisieron conquistar el mundo en una guerra.
Y ya desde pequeño, debía de estar gestándose en mi, mis genes de resistencia a la autoridad, que es un problema que reconozco tener, y que me trae por el camino de la amargura en muchas ocasiones (adminstrativas, laborales, familaires, etc), y a mi el mero hecho de imaginar que unos señores hubiesen querido dominarme, a nivel individual, sin patriotismos ninguno, ya me parecía algo terrible que había que evitar.



Poco a poco, cuando fui creciendo, fui descubriendo más y más sobre aquellos hombres malvados. Y hasta el día de hoy, siento una terrible fascinación, e incluso miedo, a cerca de aquella horda, que tampoco hace tanto de mi nacimiento, quiso, según nos relatan los libros de historia, sembrar el terror en la humanidad y provocó tanta muerte, y de eso no hay punto de vista posible que debatir.
Sus leyendas esotéricas, la Sociedad Tule, sus castillos, las búsquedas místicas de reliquias, su posible tecnología inversa alienígena, sus prototípos de armamento dignos de una space opera, sus experimentos genéticos atroces, los nazis escondidos en la Antártida, y tantas otras leyendas extrañas a su alrededor los convierten en un mecanismo humano tan histriónico y ficticio, pese a haber sido tan real, que es imposible no fascinarse con ello si uno es amante de la CIFI y la fantasía. Son el malvado perfecto para cualquier historia. Representan al mismísimo Satán. Inteligentes, guapos, poderosos y crueles, un enemigo casi inderrotable, el terror a un IV Reich inyectado en la memoria colectiva. Es casi como si todo hubiese sido fruto de una mente como la del mismo Philip K. Dick, como si lo que los documentales, los libros de historia, y los supervivientes del genocidio nos cuentan a los que nacimos después, sean los únicos testimonios que puedan acreditar entre la neblina de lo imposible, del cuento chino, que aquél terror de tebeo pulp, fue real, que superó la imaginación y la crueldad de cualquier escritor de ciencia ficción.

La iconoclástia que rodea a su líder, Hitler, parece hoy día un fenómeno que más que un recordatorio a la memoria histórica mundial, comienza a convertirse en cultura pop, como el propio retrato de El Ché, un sello de merchandising del pasado, que poco a poco, estúpidos humanos, vamos vulgarizando, olvidando la peligrosa realidad que subyace bajo su mirada de acero, terrible, destructora... Y convertimos su ridículo bigote en mofa hipster de nueva generación, con obras como Hipster Hitler, la saga de videojuegos Wolfenstein, o mi talismán del nuevo cine de acción y comedia independiente, Iron Sky.
Los que crecimos en los 80 vimos a Hitler en Darth Vader, en Calavera Roja, en videojuegos y en mangas hentai como Urotsokidoji II...
No se si podemos seguir temiéndole como al hombre del saco después de tanta chuminada.
Y entre todos, estamos convirtiendo a Hitler en un personaje de ficción, estamos difuminando su recuerdo real, y lo estamos asimilando como una invención de los mass media de entretenimiento, con el peligro que eso conlleva, porque la juventud, tenemos la obligación de recordarlo, para no caer de nuevo en el mismo error con sus encarnaciones actuales, y los nuevos aspirantes amateur a Hitler por todo el mundo, llamémoslos Trump, Duterte, Lepén, Santiago Abascal o Putin, muy a pesar de que leyendo ésto, algunos de vosotros me odiéis, me insultéis, o me hagáis la cruz y raya. Cualquier político que cuestiona la humanidad y los derechos fundamentales de una persona por su color de piel, la religión que profese o su sexualidad, y que públicamente haga apología de soluciones que incluyan la violencia en sus alegatos, discursos y programas... Es un nuevo Hitler en desarrollo, y no uno de esos de los videojuegos, películas y tebeos, uno de verdad.



Al final, cualquier ficción es mejor con nazis, la industria pone nazis en películas de zombies, en space operas, en películas de súper héroes, en lo que sea, y mejora. ¡Toda ficción es mejor con nazis! Es un gancho recurrente para llamar nuestra atención.

Tras ésta introducción, absolutamente subjetiva, personal, y de cuyas opiniones sólo me responsabilizo yo, y no me importa quien pueda o quiera malinterpretarlo desde el punto de vista del forofo de la ciencia ficción y las distopías, sin arrepentimiento ninguno, pasamos a la obra, El Hombre en el Castillo.

LOS ESTADOS UNIDOS DEL PACIFICO Y EL GRAN REICH DE LA COSTA ESTE


En una década de 1960 que nunca ha existido, o sí, imaginado por al mente del maestro Philip K. Dick, desde su percepción del pasado, o no, EEUU y los aliados Europeos junto con el bloque soviético, han perdido la Segunda Guerra Mundial. América del Norte ha sido repartida, como la Alemania postguerra de nuestra historia contemporánea, pero a lo grande, entre los vencedores, Japón y EL Reich, aunque en el centro del continente, queda un reducto desmilitarizado sin interés estratégico para ambos bandos vencedores, en el que refugiados de la guerra viven con ciertas libertades como provincia satélite no ocupada, de momento. Esa es la llamada Zona Neutral.

Se trata de una ucronía, curiosa ficción atemporal, en la que nos novelizan una realidad histórica alternativa, que puede incluir anacronísmos sociales y tecnológicos, inexistentes en la era real según nuestra línea cronológica. En este caso, la década de los 60 del Hombre en El Castillo es todo un ejemplo de ello, ya que para los lectores, aquella época es el pasado, pero su lore presenta elementos futuros, típicos avances tecnológicos de la ciencia ficción, ooparts.
Los nazis de El Hombre en El Castillo tienen transportes aéreos hipersónicos de la Lufthansa no imaginados en el 1962 en el que se estrenó el libro, y han llegado ya a la Luna y a Marte, cuando en la realidad de los lectores, Armstrong no pisaría el satélite hasta el 69. Dick se adelantó al pequeño paso para el hombre, y le cambió el protagonista. 
Pese a éstas maravillas tecnológicas, todo en El Hombre en el Castillo está teñido de color pulp y noir, no es una distopía futurísta, juega con el tiempo y la tecnología de forma caprichosa y delicada, confundiendo la realidad histórica con la ficción.
Y antes de continuar, me gustaría añadir la observación personal, de que muy posiblemente Philip amase a los nazis y a los japoneses ocupantes, en el mismo sentido que yo los amo, tal y como he introducido antes, ya que la década de los 60 qué el escribe, desde los 60 que él vivía, los avances tecnológicos y las maravillas de geocontrol y terraformación llevadas a cabo por El Reich en su mundo paralelo imaginario, son titánicas, muy superiores tecnológicamente a las actuales de su época, lo que me hace pensar, que él también admiró el prodigio industrial alemán de la GGMM, como algo temido pero técnicamente superior e ingenioso. No se si lo escribió estrictamente desde la ficción pura y dura, inocentemente, o hay un pequeño reproche industrial y de desarrollo al respecto de cara a su sociedad de la era Kennedy.
Los nazis de El Hobre en el Castillo, siguen siendo tiranos, crueles, megalómanos...villanos a fin y al cabo, pero son eficaces, todo lo que hacen lo hacen bien, a lo grande. Es una de cal y una de arena.



La obra narrativa, en un estilo de intrigas y espionajes e intereses geopolíticos entre ejes y administraciones de las potencias vencedoras, cruza los hilos argumentales de diferentes personajes, todos con un protagonismo equilibrado en la trama, aunque algunos más que otros:

  • Frank Frink, descendiente judío residente en la costa oeste ocupada por los japoneses. Conformista miembro de la clase obrera proletaria.
  • Señor Childan, comerciante de antigüedades de manufactura nativa norteamericana prebélica, en el San Francisco japonés.
  • Juliana, ex novia de Frank Frink, indómita, decidida, atrevida, una heroína adelantada a su ucronía, que vive independiente en la zona neutral.
  • El Señor Tagomi y el señor Baynes, cargos públicos relevantes.

A estos personajes, iremos sumando otra serie de nombres secundarios como John Cinderella (atención al apellido, sin spoilers, “Cenicienta” en español, porque es, bajo mi humilde punto de vista, toda una declaración de intenciones oculta por K. Dick); altos cargos alemanes de las SS, la SD o la Gestapo en un contínuo conflicto de intereses internos; Ed, el compañero de trabajo de Frank; Betty y Paul, un joven matrimonio japonés, clientes del señor Childan, etc... No quiero hacer spoilers, nunca, ya lo sabéis.

La cuestión es que la masilla que une las vidas de éstos heterogéneos perfiles, es el propio Hombre en el Castillo, alias de un escritor de nombre Abdensen, autor de una novela prohibida, subversiva, titulada La langosta se ha posado, que se distribuye de forma ilegal en los EEUU ocupados, y que narra una ucronía en la que los EEUU de la novela, no han sido ocupados por los aliados vencedores. Y aquí viene todo lo “gordo” de la novela. Estamos ante un fenómeno literario complejo, confuso y delicioso. Una ucronía dentro de otra ucronía, personajes ficticios, leyendo su propia ucronía, mientras nosotros, el lector, estamos leyendo la ucronía general. Sacos dentro de sacos, ruedas dentro de ruedas, el efecto de espejos que repite una imagen dentro de otra hasta el infinito. Que manera más fantástica y mágica la de Philip K. Dick de involucrarnos en el libro, de jugar con nuestra realidad, de hacernos dudar por un instante de nuestra dimensión como lector. Magistral. Un recurso mucho más delicado y complejo que el controvertido Bandersnatch de Black Mirror que a todos revoluciona en Netflix éstos días. Por eso Philip está en el Olimpo de la CIFI con permiso de Asimov.
¿Es acaso El Hombre en el Castillo, un capricho personal de Philip? ¿Su propio álter ego dentro del laberinto de realidades y ucronías que el libro nos ofrece? Quién sabe, porque si algo tiene la novela, es posibilidades. La interpretación de lo que leeremos y descubriremos en sus páginas, es una auténtica voladura de cabeza, y no me quedará más remedio que ofrecer mis teorías más adelante, con aviso de spoiler previo. Esta reseña no puede pasar sin eso. El tomo es el más claro ejemplo que nunca he visto de que un libro es una entrada a otra realidad, con permiso de La Historia Interminable.

La población civil estadounidense, 20 años tras el fin de la guerra, se ha adaptado mayoritariamente a su nueva forma de gobierno, a sus señores nazis o japoneses, y aceptan su soberanía, alaban su eficacia, es su nuevo gobierno les guste o no, son lentejas, o las comes o las dejas. Un retrato social aplastante, porque Philip no nos habla de rebeldes, grupos terroristas, luchadores por la libertad... No señor. El nuevo americano es nazi o es japonés, y se adapta al nuevo gobernante, asume incluso una posición de segunda escala social, queda por debajo del invasor en la pirámide, acepta el estrato que le corresponde porque estaba en el bando equivocado, por voluntad o porque le tocó nacer en el bando equivocado, y muchos americanos nacidos en la democrática EEUU pre GGMM, en la novela, han preferido cambiarse la chaqueta sin ningún complejo.
Que realidad tan humana. ¿De verdad nos imaginamos luchando en guerras de guerrillas urbanas si la GGMM hubiese acabado por otros derroteros y en Europa todos hablásemos alemán ahora? Lo dudo muchísimo, y menos 20 años después. Philip se carga la rebelión, describe al hombre de la forma más realista que a nadie se nos hubiese ocurrido, abofeteando el pastiche de ciencia ficción con buenos y malos, vencedores crueles y vencidos sublevados. No, ésta ucronía es muy real.
Unete al enemigo si no puedes contra él, salva tu pellejo, si te dejan vivir, no desaproveches la oportunidad. Y ahí, en ese área de confort tenemos a Frank y al señor Childan. La mano de obra barata, el ciudadano de segunda, dócil hasta que su cabeza logra conectar los cables adecuados y hacer “click”.

Hasta tal punto se normaliza en la novela la situación de ocupación, que los ciudadanos de descendencia japonesa en la costa oeste propiedad delos estados del Pacífico, sufren de lo que tan de moda ha estado éste pasado 2018 que han llamado “La apropiación cultural”. El ejercicio de aclimatación y evolución social propuesto por Philip K. Dick en ésta obra es tan sobresaliente, que prevee con absoluto realísmo la hipótesis de la globalización actual y la llamada “apropiación cultural”. Los encuentros entre el señor Childan y los compradores japoneses de clase alta, o la obsesión del señor Tagomi por ofrecer un correcto presente de artesanía norteamericana a sus asociados de negocios (que acabará siendo un reloj de Mickey Mouse, fijaos en lo irónico de K. Dick al momento de menospreciar la cultura americana como no más que un cliché pop producto del marquetin, considerando un tesoro, un objeto de vulgar merchandising) antes de cada reunión importante, cortesía samurai.
La dieta de los descendientes norteamericanos en la costa oeste nipona es puramente asiática, su moda, sus nuevas costumbres adquiridas de las tradiciones espirituales orientales, como el Wu o el I Ching (importantísimo ésto que veremos más adelante). Existe un mestizaje, una globalización entre conquistados y conquistadores, que dota de un realismo extremo al relato.
Todo esto nos inmiscuirá también en una curiosa reflexión a cerca del valor de los objetos materiales y el arte, en el que no me quiero inmiscuir aquí demasiado, pero que es muy, muy interesante.

El hombre en el castillo no es Ubik ni Suelan los androides con ovejas eléctricas. Es mucho más complejo, más difícil, y más filosófico. Son 250 páginas muy bien aprovechadas, y cada perfil de cada personaje, nos retrata la realidad de la sociedad post bélica.
El delirio nazi, tan poderoso, tan mesiánico, ha calado en la sociedad de la ucronía, son conversos absolutos. ¿Y por qué no? Claro que sí. Que mejor forma de convencer a un planeta entero es si no superior al bélico. Si una máquina de guerra es imparable, ¿qué queda si no asumirlo?. El discurso ario, el súper hombre de Nietzsche, las promesas de grandeza y control, casi nos las creemos leyendo el libro, en esa década de las 60 paralela, casi llegaremos a pensar que hubiese sido mejor que hubiesen ganado los nazis antes de nuestro nacimiento.

El reflejo literario del éxito del populismo, la farsa del poder, Philip nos la cuela doblada, nos convence con facilidad, para después, en diferentes actos, quitarnos el antifaz en nuestra cara y enseñarnos el truco de prestidigitación. Lo único que le importa al gobierno es el poder, la riqueza, y el cuento de las razas, las etnias y las religiones, es para los gobernados, es una medida de control es opio, una religión industrial en vez de mitológica. Todo son paparruchas incluso para el nazismo, toda esa palabrería hitleriana para multitudes con antorchas... droga mental. El verdadero motor de todo sigue siendo el dinero, el poder, el control de las herramientas de dominio, y mientras la población civil crea el sueño nazi, sus dirigentes seguirán siendo dioses.
Y ocurre igual en la sociedad actual, los políticos de extrema derecha quieren evacuar de sus calles a los inmigrantes que mendigan en lenguas incomprensibles, pero besan la mano del inmigrante adinerado que maneja los lobies energéticos. Es todo una farsa de control social, una promesa de odio y fuerza que va a ser quebrantada. No existen los principios, sólo los beneficios.
El racismo es un invento estúpido, sólo camufla la diferencia entre ricos y pobres. La gran hipocresía, la doble moral.

Esta reflexión a cerca del poder y la mentira del populismo, nos invita a pensar a cerca de que la historia la escriben los vencedores, y ésta ucronía, nos muestra una realidad alternativa (igual que a sus personajes se la muestra la langosta se ha posado) que no ha de ser necesariamente mejor ni peor que nuestra realidad.
Como reconocía antes en mi introducción, los nazis son el eterno ejercito infernal, los malos, pero... ¿A caso Japón fue mejor? O ya no Japón, con su desmesurada crueldad en las poblaciones civiles del pacífico, principalmente en China, ¿fueron mejores los rusos o los propios americanos? Dios bendiga a América, país de la libertas, levantada por emigrantes del viejo mundo... La misma América que durante la Segunda Guerra Mundial en la que libraba a la humanidad de los nazis, segmentaba la sociedad en blancos y negros impidiendo su mestizaje y reduciendo los derechos civiles de unos en pos de las ventajas recibidas por los otros. La misma América que durante aquél conflicto, acinó a su población inmigrante asiática en campos de concentración. La misma América que juzgó y encarceló por ideas políticas comunistas a cientos de ciudadanos durante la guerra fría. La misma América que hoy, gracias al esfuerzo de millones de emigrantes durante generaciones, mete en jaulas a centro americanos sin visado hasta el extremo de dejar morir de hambre y sed a niños separados de sus padres, dentro de una jaula, sólo porque no tienen pasaporte. La América de la estatua de la libertad.
Es cierto, América no ejecutó a millones de judíos inocentes. ¿Pero sólo haber sido menos cruel que los nazis, la convierten en una buena nación gobernante? No nos engañemos, no, la podemos catalogar como “menos mala”, pero jamás buena con semejante currículum de barbaridades. Y ya de los gulags rusos o sus purgas étnicas mejor ni hablamos. Sencillamente, todas son decisiones reprobables, crueles y destructivas sin excusa ni humanidad, que no se deberían repetir en la historia futura, ninguna.
Así que...repasando todo esto por encima... ¿Era peor la realidad de vida que ofrece El Hombre en el Castillo que la que nos ha tocado vivir? Cada uno contaría la fiesta según la viviese, y no hay más realidad que la subjetiva de cada individuo a éste respecto.
Si algo tengo seguro gracias a Brian Fargo, es..

“Guerra...la guerra...siempre es guerra”
Fallout

Y sólo trae calamidad, muerte, hambre y pena, para que después los ganadores cuenten a la siguiente generación lo bien que lo hicieron y como defendieron las libertades de las que entonces gozarán, gracias a su patria y los valientes hombres y dirigentes que les llevaron hasta la victoria.
La historia y la política son marquetin, y ni Steve Jobs tuvo tanto talento en eso como Hitler. Por eso la ucronía del Hombre en el Castillo es tan convincente.



La obra refleja también las ideas que Philip K. Dick adquirió de la escuela de Jung, a quién también hace referencia directa en otras de sus obras, pero entrar en Jung, con el volúmen de texto de blog que me queda, y lo que llevamos ya, es mejor dejarlo para otro momento. Os invito a cotillear en al red de todas formas.

LA CULTURA ORIENTAL Y SPOILERS


Como mencionaba anteriormene, sobre la maestría del autor al relatar la globalización, “apropiación cultural” o mestizaje generado entre ocupantes y nativos en la costa oeste americana bajo el gobierno japonés, es importante hasta decir basta, la influencia de la cultura oriental en la nueva sociedad imaginada por K.Dick en el libro, convirtiéndose en un protagonísta etéreo más, si no el más importante de todos, sin desvelar muchos misterios de la trama, pero siendo indispensable la revisión del asunto.

El oráculo “de los palitos”, el I Ching, una práctica que ejercitan ante la duda y el estress tanto los personajes japoneses de los hilos argumentales, como los norteamericanos, asumiéndolo ya como parte de su nueva cultura adquirida, importada por los vencedores.
No es la primera vez que vemos cómo en una obra de ciencia ficción, nuestros personajes recurren a técnicas adivinatorias ancestrales del lejano oriente, en la trilogía cyberpunk de Marîd Audran, Yasmine, la amante de Marîd, gustaba de practicarle predicciones de numerología a él. Es curiosa esa “apropación cultural” de nuevo, porque ambos personajes eran musulmanes.
Del mismo modo, en EL Hombre en el Castillo, judíos, americanos y japoneses, todos practican el I Ching.
Los resultados proverbiales del juego de palillos, afectarán a las decisiones de todos los personajes que solicitan su consejo. Casi como una voz del más allá, como una ouija, que les da advertencias desde otro lado, que no es su ucronía. Ups... esto puede considerarse un mini spoiler. Pero no puedo hablar de El Hombre en el castillo obviando la importancia del I Ching y sus resultados premonitorios para cada personaje.
El propio Philip K. Dick, reconoció haber practicado el I Ching durante toda la creación de la novela. ¿Frivolidad o experimento? No se puede adivinar viniendo de Philip, persona controvertida al máximo, amigo de los excesos, las experiencias extrasensoriales inducidas o no, e incluso creador de su propio dogma religioso entre el delirio y la genialidad. Y esto refuerza mi hipótesis, de que Philip se representó a sí mismo en la novela de algún modo, y bien transportándose a sí mismo a un universo de renglones de letras en papel, encarnando un avatar incorpóreo de Abdensen, el escritor de la ucronía dentro de la ucronía, La langosta se ha posado. O bien quizás interpretando el I Ching, convirtiéndose en un intruso en voz en off en el mundo que él mismo estaba creando con su máquina de escribir. El paso de una dimensión a otra, la realidad a la inventada. A caso ¿Qué es la realidad? La vida es sueño como predijo Calderón cuando creó a Segismundo. Tal vez todos los personajes del hombre en el Castillo tienen algo de Segismundo, y eso es tan brillante y tan mágico. ¿Interactuó Philip con su propia ficción, confunde nuestra percepción cuando asimilamos ésta posibilidad con el libro entre las manos? Sea como fuere, el final de la novela, nos abre todo un abanico de posibilidades que a mí, me voló la cabeza por completo más que ninguna otra novela hasta la fecha. Fue un WTF? En toda regla. No sabía si estaba contento o no, tardé en reaccionar.

Dick enarbolaba la teoría de que con la palabra se puede manipular la realidad, y ésta obra es la punta de lanza de semejante afirmación. La más posible intención del autor, creo que es hacernos creer en la realidad alternativa, la posibilidad, de que El Hombre e el castillo sea una realidad alternativa plausible, que esté pasando en el mismo momento que en aquella década de los 60 Dick estrenaba el libro y la gente lo leía. El libro, con otro libro en su interior, la langosta se ha posado, que ejercía de puerta dimensional dentro del libro que los lectores reales sostenían en sus manos, que a la vez es otra puerta dimensional. En el sentido figurado, ¿qué mejor acceso a otros mundos tenemos los humanos que los libros? Es una perfecta alegoría. Pero nos quedará la duda, de si Dick creyó firmemente ésto practicando el I Ching. Leyendo varias biografías suyas, en realidad, me surge la duda, y me siento como un quijotesco cómplice de su imaginación desbordada.
Durante uno de los capítulos, el señor Tagomi y también Juliana, sufren caóticas y lisérgicas experiencias, que les hacen confundir su realidad, y que son confusas y enrevesadas para el lector. Parecen ser víctimas de la confusión sensorial de diferentes realidades paralelas, como si echasen un vistazo a la nuestra, o a otra.
Spoiler de los gordos: En especial, el trance de Tagomi San, me recuerda a la película Origen, en la que cuando la experiencia en el mundo onírico del sueño se les escapaba del control, recurrían a su "tótem" personal, su pequeño objeto para recordarles que pertenecen a otra realidad, y es tan parecido eso a la experiencia interdimensional de Tagomi, con el pequeño alfiler tallado por Frank y comprado al señor Childan, que casi no me queda duda de la inspiración de la película de Nolan.
El Hombre en el castillo y La langosta se ha posado, son como dos tarrinas de yogur vacías unidas con un hilo largo de coser, se comunican, se mandan mensajes. Ucronías dentro de ucronías. Realidades paralelas, paradojas, al más puro estilo Donny Darko muchas décadas antes. O el autor que se mete dentro de su obra, como en Cool World.

La langosta se ha posado, podría haberse limitado a narrar a sus lectores como era el mundo en el que vivía Dick, pero no, es una tercera realidad en al que han ganado UK y EEUU, pero que no corresponde con la historia real y académica, y propone una tercera realidad distinta, cuyos vencedores coinciden con los nuestros, pero que si Dick hubiese estimado que era la realidad más óptima, podría haber empleado y sin embargo al deshecha, continúa proponiendo realidades alternativas más apetitosas para el personaje ficticio. El césped del vecino siempre está más verde.
Tal vez Dick, y digo tal vez, esté mostrando así, mediante la ficción, la inconformidad con su propia realidad. Como decíamos antes ¿Qué realidad es mejor después de una guerra en realidad? ¿Cualquiera o ninguna?.

De pequeño, vi una película en la tele, no recuerdo el título, era de dibujos, de cuando en la televisión publica ponían todo tipo de largometrajes de animación fantásticos, como Vampiros en la Habana, o pelis de Bakshi. Pues como digo, no recuerdo el nombre, pero me voló mis infantiles sesos, Era un señor, que se metía a dormir en la cama, y soñaba con un mundo, una ciudad, con todos sus habitantes, y cuando los habitantes descubrían que eran fruto de un sueño, de un hombre, inventaban a contra reloj la máquina que les sacaría del sueño, y los llevaría a la realidad de aquél hombre que los soñaba, lo raptaron mientras dormía, y se lo llevaron a una cámara insonorizada donde no despertase nunca, para así ellos no morir. Con lo que no contaron, es con que el señor, podría no despertarse y seguir soñando, pero no tendría porque seguir soñando con ellos, y en un cambio de sueño, todos se convirtieron en flamencos rosas que alzaron el vuelo. Flipé. Y no flipaba tanto desde entonces hasta que he leído El Hombre en el castillo.


Y si nos ponemos estrictos, agnósticos, tal vez solamente Dick nos lanzase un alegato a cerca de la verdad de las cosas, de la realidad, de cómo percibimos la realidad, y de lo que nos creemos que nuestros gobiernos nos dicen. La idea de que vivimos una gran mentira por descubrir., como opinaba antes, la historia la escriben, la diseñan, los vencedores.

LA PROSTITUCION DE LA LITERATURA


Y entonces llegaron las plataformas de televisión digital, y le echaron el ojo a aquellos grandes desconocidos del resto de cadenas y productoras, los libros.

Que pereza da leerte un libro de 1400 páginas, ¿verdad? No te preocupes, yo te haré una serie de 1000 horas. Porque cómo ya decíamos en anteriores entradas del blog, una imagen vale más que cien palabras. Viva la televisión, y lo digo sin ironía, es un inventazo, pero me joroba bastante la moda de convertir maravillas literarias en series irreconocibles con el mismo título.



Sí, ya sabéis de qué hablo, empezando por Juego de Tronos que ha suplantado vilmente a Canción de Hielo y Fuego, en lo que yo bautizo como la prostitución de la literatura. Pero a ver, R,R,Martin, ¿por qué lo hiciste? ¿dinero? ¿fama? Nos dejastes a tus hijos primogénitos, los lectores, abandonados, huérfanos, desheredados, para permitir la mutación de tus párrafos en imágenes de altísima calidad y dramatización, pero que no son más que impostoras, sombras de tu arte reinterpretadas, con un saco de licencias creativas de guionistas que se han follado a tus personajes de forma sucia e irrespetuosa, casi snab, para el orgásmico onanísmo acelerado de millones de espectadores. ¿Por qué?

Y entonces todo comenzó a valer. Daba igual que la obra original fuese increíblemente buena, lo suficiente para no tocar ni un punto ni una coma a la hora de llevarla a la gran pantalla. La productora tendría siempre el derecho de pernada. Y luego vino por ejemplo Altered Carbon.

Oh Dios mio, qué ridículo afán de mutar una obra magnífica, solo en pos de captar un target objetivo de público mayor, añadiendo tendencias al nuevo guión televisivo, dando importancia a personajes secundarios que no la tenían, inventando personajes nuevos, cambiándole la etnia y el sexo a otros, solo para conquistar el share, porque ahora, las grandes productoras deben emitir productos feministas, multiétnicos, y no se... etereogástricos tal vez. Es ficción, no un publireportaje educativo. ¿Por qué tanta corrección destrozando la obra original? ¿Qué será lo próximo, la vida de un Michael Jordan interpretada por un blanco judío? Y no, no es una cuestión de complejos, recordad que amo a los nazis, pero no los de verdad. Es una mera cuestión artística, me resulta innecesario adaptar una ficción tal cual es si ha sido un éxito literario certificado, sólo para que las grandes productoras queden de snobs pluralistas y nadie las tilde de nazis, de los de verdad.
Tan hipócrita como los estados unidos del pacífico del Hombre en el castillo.

Pero ojo, que es que claro, le tocó el turno a El Hombre en el Castillo, 3 temporadas que van camino de una cuarta, que no he sido capaz de ver completas aún (estoy en ello) pero que desde el capitulo 3 de la primera, deja de tener nada que ver con el libro (lo poquito que estaba conservando).
Porque de 250 páginas, ¿cómo es posible usar el mismo título para 300 horas de metraje? Válgame Dios.
Y como reconozco, son series donde han tirado un buen fajo de billetes. Excelente vestuario, excelente decorado, excelentes efectos especiales... Pero no lo llaméis igual que el libro del que se inspira, porque es mentira y hace pupa.
En éste caso, la serie de Amazon, extiende el universo del Hombre en el Castillo, con algunas licencias iniciales innecesarias (como que la langosta se ha posado no es un libro, si no rollos de film de película enlatados, como capítulos del NO-DO), de corte populista, y continúa toda una trama a posteriori de la novela, que bien, porque es ficción libre una vez se fulminan las 250 páginas del libro, y de ahí en adelante, pues practican el todo vale. Eso, y que nos tiran más a todos dos nazis que dos carretas.

Y hasta aquí la entrada de hoy, que en realidad no tiene nada ni de polémica, ni de punk, ni de incendiaria ni de ambigua, si sabéis entender el punto de vista meramente artístico en cada uno de mis quejidos.

¿Que falta hablar de la saga Wolfenstein? Nos vemos el próximo tungsteno día, en la próxima tungsteno entrada, que mirad menudo chorro de palabras hemos jiñado hoy aquí. Muchas gracias y saludos a todos y todas, de todos los colores, religiones, sexos e ideales políticos, incluidos los nazis malvados.
Que hoy los 3 reyes magos, que son cada uno de su padre y de su madre, os traigan más que carbón. Carbón solo a los nazis malvados. Y si es Carbón Alterado, en papel por favor, en papel.