miércoles, 15 de abril de 2020

BIOSHOCK, LA UCRONIA DE RAPTURE.


BIOSHOCK, LA CUMBRE PULP DE LA CIENCIA FICCION EN PIXELS


El tiempo perdido, no se recupera nunca, así que es mejor no perderlo, por eso, sin que éstos parsecs sean los mismos que los perdidos en Marzo, si no otros diferentes, que huelen a nuevo, a futuro, me pongo las pilas y continúo ofreciéndoos resúmenes, reviews, reflexiones y opiniones en forma de sueños radioactivos.

Pongámonos todos cómodos, para el siguiente sueño de ésta noche, para que tengáis material que ir administrando en vuestra cuarentena, como el papel higiénico, en pedacitos pequeños, de esos que se rompen en plena faena y hacen que tu dedo … en fin.
Estamos encerrados en la gran ciudad, ahora sí que sí, pero tenemos datos, y cine, y literatura, y cómics, y videojuegos y música. Que encierro tan potencialmente productivo, qué oportunidad nunca antes brindada por el destino para volar en el Apollo XXXV cada noche hacia planetas que terraformar.

Hace ya meses que no hablo de videojuegos, y es que en verdad, los que estoy jugando son muy largos, y de fantasía, espada y brujería, que herejía. Así que estoy algo desconectado pero siempre hay cosas en mi disco duro líquido cerebral, recuerdos maravillosos, inolvidables, encriptados y protegidos con backup de seguridad, experiencias narrativas, gráficas y jugables únicas, y en el caso de hoy, sin duda que lo son. Tomad aire, llenad los pulmones de oxígeno, y tiraros al agua con zapatos de plomo. No, no sois víctimas de la mafia, sois el Gran Daddy, bienvenidos a Bioshock.



ABAJO EL MAR, ABAJO EL MAR.

Para disfrutar de una buena historia de ciencia ficción, no siempre hace falta mirar hacia arriba, a las estrellas, para vivir una excitante space opera o una aventura cargada de hard cifi. Ni en búsqueda de alguna ciudad aérea superior sobre nuestras cabezas donde habite la creme de la creme en una distopia social despiadada. Hay ocasiones, en las que tenemos mundos gigantescos por explorar, bajo nuestros píes.
Hay ideas, que no son especialmente novedosas, pero al estar menos trilladas que el resto resultan siempre refrescantes, que pueden llevarnos al centro de la Tierra, al subsuelo, o sacar de allí vecinos de apariencia alienígena que en realidad son más terrestres que nosotros mismos, que nos llevan siglos de adelanto tecnológico, como en la saga Gears of War, que fue todo un gusto en nuestros periféricos de entretenimiento digital.
Y otra idea, teniendo en cuenta que el 71% de la superficie terrestre está cubierta por agua, sería precisamente que nos adentrásemos en los húmedos fondos oceánicos, a explorar ese 90% desconocido de nuestro planeta, donde tal vez, hubiesen evolucionado especies inteligentes soberanas con las que aún no nos hemos encontrado, o instalaciones alienígenas...
Julio Verne, el grande entre los grandes, ya exploró con su imaginación estas posibilidades, por eso decía antes que no vamos a inventar la sopa de ajo, pero tampoco vamos a quedarnos parados.
Bioshock nos sumerge en el fondo del mar, en una deliciosa ucronía oscura y siniestra, que roza el género del terror, pero nos aporta un lore y un worldbuilding tan rico, tan magistralmente pulp, que no creemos estar jugando a un shoter en primera persona, porque éste juego es mucho más que un fps, y nos ofrece una historia narrativa única, bien construida, sólida, y alucinante. De 5 estrellas.

Era 2007, y Irrational Games venía dando guerra desde una década antes, 1997, habiéndonos ofrecido con anterioridad títulos muy recordados en la ciencia ficción como System Shock 2. No en vano, no eran novatos, ya que antes de ser irrational, habían sido Looking Glass Studio, y cargaban en la mochila el System Shock 1, Ultima underworld, Destruction Derby o Thief.
Como es habitual en la industria del videojuego, el baile empresarial de EREs, situaciones de impagos, deudas, absorción de estudios y demás, no es ageno a los chicos de irrational que en 2006 son devorados por Take-Two y la distri de 2K, que desde Ginebra, habían absorbido ya otros estudios, y disfrutaban las mieles de su jugada maestra, Grand Theft Auto junto a Rockstar.
En 2008, su principal competidor en el mercado, EA, le declara una OPA Hostil que no prospera, y en 2017 tras una polémica judicial a cuenta de los programas para mods de GTA, Irrational pasa a llamarse Ghost Story Games.
Como siempre, la industria del videojuego es un viaje a toda pastilla por los railes de una montaña rusa, que no siempre divierte a sus empleados. Pero al menos, la firma nos ha dejado Bioshock y también Borderlands.

Bioshock se presenta como un juego de disparos en primera persona, de los que hemos jugado ya un porrón como Quake, Wolfenstein, Doom, Blood... Apunta, dispara, esquiva, recorre unos cuantos pasillos y mira siempre detrás de tí al pasar el arco de una puerta. Mata, mata. Pero en realidad fue muchísimo más que eso.
Ken Lavine es considerado el papá de la criatura, lideró el proyecto reciclando algunas de las ideas a las que más cariño tenía de su ojito derecho, System Shock 2, que ya era un shooter ambicioso, con una importante carga argumental y toques de evolución rolera de nuestro personaje, y del que hasta en un cariñoso guiño, el nombre se parece manteniendo el “shock”, convirtiéndole a drede en el sucesor espiritual de aquella corta saga de 2 títulos, que a fecha de hoy se ha convertido en rumor a cerca de su posible remake, cosa que me encantaría, ya que System Shock 2 es un buen juego, que no ha envejecido mal pese a todo, que incluía inteligencias artificiales megalómanas y corredores de instalaciones futuristas custodiadas por engendros genéticos cyborg. ¿Qué mas se le puede pedir?.

Así que de aquél System Shock 2 nacería Bioshock, cuyo primer borrador, se cuenta, que iba a tratar a cerca de un agente que rescataba a víctimas de cultos, y les reinsertaba en la vida normal mediante un lavado de cerebro, o algo así. La idea no tenía mala pinta, pero Rapture nunca hubiese existido, y hubiese sido un entramado de túneles subterráneos de un equipo científico nazi de la Segunda Guerra Mundial, algo mucho más anodino de lo que resultó ser finalmente. Qué bien.

CUANDO EL BARCO SE HUNDE, Y NO HAY ESCAPATORIA. RAPTURE


Y ahí está Jack, nuestro avatar virtual en ésta epopeya submarina, a la deriva flotando en las olas tras un accidente aéreo en los años 60, todo indica que va a terminar como Dicaprio en Titanic, pero debe ser su día de suerte, porque hay algo que flota cerca, una especie de … ¿batiscafo? Un ascensor al infierno acuático. Pero, ¿qué harías tú en esa situación? ¿No probarías suerte? ¿Cómo ibas a saber que te meterías de la sartén al cazo? Bastante mal estaba ya la cosa para Jack y el juego acababa de empezar.

Allí abajo, como una nueva Atlantis se iergue la majestuosa ciudad de Rapture, una enrevesada maravilla arquitectónica art de có pasada de moda, con esa estética oscura y misteriosa, decadente, que rápido me hizo hermanarla a Gotham y La ciudad de los niños perdidos. El gusto por el cómic de la era plateada de ken Lavine queda reflejado en cada detalle, en cada calle y pasarela submarina de Rapture, Todo sabe a pulp, a tebeo de los años 60, con mimo y respeto.
Una ciudad submarina estilo años 20, un prodigio de la ciencia y la tecnología , un delirio avanzado a su tiempo obra y milagro del millonario y visionario Andrew Ryan, un Elon Musk pulp, que hizo realidad su sueño, una ciudad que era un oasis de libre pensamiento.
Una utopía social, un gobierno en el que prevalecería la individualidad moral, en donde el gobierno no administraría ni gestionaría ni se inmiscuiría en los asuntos de cada ciudadano, una absoluta libertad económica no regulada ni intervenida, impuestos nulos, ausencia de convenios ni sindicatos, libre mercado laboral, sin limites de competencias entre ciudadanos, un paraíso en el que la fuerza gubernamental de ley y orden únicamente tiene la misión de velar por la integridad física de sus habitantes y su seguridad, manteniendo como mínima, la paz entre sus habitantes.



Rapture es una burbuja oculta al resto del mundo desde 1946, donde poder experimentar todas esas libres ideas de gobierno y mercado, sin que ningún otro estado ni autoridad lo corrompiese ni intoxicase. Un experimento social auténtico financiado de forma privada.
Un capricho megalómano, un delirio de libertad. La única forma de escapar al control religioso, económico y político, moral, ético y social de la superficie y sus naciones.

El worldbuilding que el juego nos va narrando gracias a grabaciones de audio que encontraremos por las calles de Rapture, detalla aspectos literarios tan fabulosos como que la ciudad se alimenta energéticamente de fallas volcánicas, y lo más importante, que como meca secreta de las mentes más brillantes del mundo en materias científicas, Rapture fue refugio de los más grandes ingenieros, genetistas y médicos, amparados bajo el paraguas del benébolo y misántropo mecenas Andrew Ryan. Allí, sin leyes ni cortapisas, sin derechos humanos, con menos escrúpulos aún que los científicos nazis de la Segunda Guerra Mundial, aquellos genios, justificaron su obra mediante la imposición del fin de lograr una nueva humanidad, mejorada genéticamente.
Reescribieron el genoma humano gracias a una investigación basada en unas babosas marinas, y bautizaron el proyecto como ADAM, obteniendo como resultado un nuevo producto bautizado como plásmido, capaz de mejorar las cualidades humanas de formas inimaginables.
Sin compasión ninguna, se implantaron babosas en huérfanas, fundiendo sus ADNs, convirtiendo a aquellas niñitas en productoras de plásmido. A aquellas víctimas de la ciencia sin padres se las conocía como “little sisters”.

Pero la utopía, con el tiempo se volvió distopía. El libertinaje de la población y el consumo de plásmidos, ocasionó una epidemia de adictos al nuevo producto, yonkies descontrolados, llamados splicers. A su vez la clase menos pudiente comenzó a padecer hambrunas, mientras la burguesía de Rapture, derrochaba los plásmidos. Asociaciones mafiosas, grupos reiligiosos, la envidia y la necesidad hicieron saltar la chispa de la lucha de clases, sumiendo a Rapture en una guerra civil submarina, atrapados bajo toneladas de agua, sin conexión desde hacía décadas con el resto del mundo, y en manos de un gobernante sádico alejado de la realidad y los orígenes de su sueño.



Sin duda el argumento da para novelas y películas, y es que el propio Kev Lavine es co-autor de varios libros que expanden el universo de Rapture. Sus titulos, Rapture y Mind in revolt. En tu librería habitual.

Y el pobre naufrago Jack metido en todo esto, tendremos que guiarle por Rapture, mientras conoce a varios de sus más ilustres habitantes como el lider de la revuelta, apodado Atlas, científicos ilustres como al doctora tenenbaum, el líder mafioso Fontaine, o el mismísimo líder supremo Ryan.
Las influencias de La fuga de Logan (de la que por cierto Kev ha recibido oferta de su remake) y 1984 de orwell son una constante evidente en Bioshock. Y se dice, que la novela rebelión de Atlas de Ayn Rand también, yo desconozco esta obra al completo, acabo de descubrirla documentándome.



Si no lo has jugado ya, ¿A qué esperas?

PLASMIDOS, LITTLE SISTERS Y BIG DADDY


Por supuesto, a aparte de una magnífica historia y ambientación, el juego debía ser divertido, y vaya si lo era.

En su desarrollo narrativo, pese a ser un juego que nace del concepto fps de pegar tiros en visión subjetiva, nos permitirá tomar decisiones que afectarán al desarrollo de la aventura, y a su propio final, lo que sin conseguir que el shooter se convierta en juego de rol, logra una inmersión añadida por parte del jugador, que no sólo tendrá que apuntar y apretar el gatillo de un sangriento arsenal de armas, si no decidir cómo continuar la aventura. Y una de las principales decisiones o dilemas morales que el juego nos propone (exento de responsabilidad excepto por el desarrollo de la propia historia, su final, y la dificultad del juego) es qué hacer con las huerfanitas little sisters cada vez que nos encontramos una, con su jeringuilla para extraer el ADAM de los cadáveres que está dejando la guerra civil de Rapture, siempre custodiadas por sus guardaespaldas personales, los llamados Big Daddy, unos jugguernauts en traje de buzo goyesco y steampunk, embrutecidos, esclavizados genéticamente por los científicos del proyecto ADAM para que protejan a las little sisters durante sus tareas de recolección.
¿Qué harás en el pellejo de Jack? ¿Matarías a una pobre niñita indefensa?

Y no sólo de armas de fuego vive el aventurero, si toda una ciudad utópica como Rapture ha caído, una vez más como la Roma de Calígula, desbocada por el libertinaje, la anarquía y el consumo de plásmidos, habrá que probar esos plásmidos. Gracias al ADAM, iremos rellenando a nuestro antojo una serie de posibles poderes “sobrenaturales”, de “súperhéroe” que nos serán muy útiles según el modo de combate que prefiramos, para deshacernos de gansters del extraperlo, adictos al plásmido, militantes revolucionarios, o los big daddy.
Podemos hacer evolucionar a nuestro Jack en función de nuestras preferencias de juego, hacia un perfil más sigiloso y mortífero, o hacia uno más brutal y belicoso, o tal vez prefiramos un modo de juego equilibrado, y así cada jugador, entre el árbol de poderes plásmidos, y las decisiones morales del hilo narrativo, no podrá negar que jugar Bioshock fue una experiencia única y personalizada.

Tendremos a nuestra disposición la posibilidad de tunnear nuestro arsenal, y unos entretenidos mini juegos para “piratear” la tecnología de Rapture, que a mi me encantaban, y eran puzzles de tuberías en la misma mecánica del famoso juego Pipe Mania que tanto disfruté en mi spectrum.

Así que sí, el juego es divertidísimo. No solo una historia alucinante, de la que no os he spoileado ni lo más mínimo en realidad, así que si al chapa que os he metido sólo es la sinópsis, imaginad lo que supone la experiencia de jugarlo hasta el final. Y además, no es un juego especialmente largo, se adapta a las necesidades del jugón exigente y del casual. Porque lo mucho cansa y lo poco gusta.
Lo bueno si breve, dos veces bueno, siempre puedes volverlo a jugar cambiando la forma de itnerpretar las elecciones morales de jack y sus técnicas de combate plásmido.

EL NACIMIENTO DE UN UNIVERSO

Y como exige el márquetin actual y los CEOs de las multis, tras 8 millones de unidades vendidas y un montón de premios y galardones, en 2010 llegó Bioshock 2.

Un spinoff que expande la línea temporal de Rapture, años después de la odisea vivida por Jack. La decadencia de la ciudad roza la extinción del sueño de su creador, Ryan, y nuevas celebridades han tomado el control de lo que queda de una sociedad degenerada y atrapada en una falla marina que ya no es ninguna utopía. La doctora Lamb, el padre Simon, y viejos conocidos que no nombraré para no hacer spoiler del desarrollo de la historia de Rapture, serán las nuevas protagonistas al rededor del destino de Delta, nuestro avatar en ésta segunda aventura, que para gozo y disfrute de los jugadores, es ni más ni menos que un Big Daddy en búsqueda de su little sister. Sí, esta vez seremos el tipo grande que tanto nso costaba eliminar en la primera entrega encarnando a Jack.



La decadencia de rapture ha degenerado en sectas religiosas, un vacío de poder gubernamental absoluto, y prácticas mucho más inmorales aún que las de la primera entrega para que los plásmidos y el ADAM fluyan entre la población que resiste en ésta ciudad que empieza a convertirse en un ataúd submarino.

La grandeza de la primera entrega a nivel narrativo desaparece, ya no hay factor sorpresa, conocemos de sobra rapture, ¿con qué podrían sorprendernos en nuestra segunda estancia en la ciudad? Manejar un Big Daddy no está mal, pero la historia de ésta entrega, pese a que nos desvela información interesante sobre las little sisters, no aporta lo suficiente como para brillar más que su predecesora.
Habrá sorpresas, como las big sisters, nuevos plásmidos, nuevo arsenal, pero todo vuelve a girr en torno a lo mismo, una sociedad ideal fracasada con tintes estéticos de distopía comunista, un protagonista en un fuego cruzado de diferentes facciones sociales en conflicto, la toma de decisiones morales que definirá el final del juego, y todo tiene ese tufillo a que no aporta nada nuevo aunque queramos jugarlo. Más continente que contenido en ésta ocasión, sin desmerecer un juego que tiene los mismos aciertos que el anterior, a nivel jugabilidad, pero que ya no los tiene en lo narrativo, y es una pena. Porque la aventura rizará el rizo más aún que Bioshock (y no os he spoileado pero creedme que rizarlo más que los giros de guión que vais a encontrar en la aventura de Jack es abusar del factor sorpresa) y a mi se me hizo un poco bola, algo incompatible con al obra maestra de la primera entrega. Pero bueno.

Tal vez, conscientes de éstas pegas que como yo, seguramente sacaron otros jugadores, decidieron darle la vuelta al reloj de arena, y edjar que los granos cayesen a la esfera contraria. Había que airear y renovar bioshock pero sin perder su esencia ni su identidad. ¿Cómo sería posible?
Bioshock Infinite, pro lo pronto, eliminando el número 3 de la ecuación, un nuevo comienzo, un necesario lavado de cara, ¿renovarse o morir?.

Infinite se estrenó en 2011, y pese a que comparte el universo propio de Bioshock, nos lleva atrás en el tiempo, ¿una precuela? Nos ubica en 1912, y nos pone en al piel de Booker Dewitt, un detective (el aire pulp persiste en la identidad del título) con un trabajo, rescatar a una mujer llamada Elizabeth de una ciudad llamada Columbia, que es una maravilla aeronáutica, una ciudad voladora.
Me cago en la puta!! (perdón), no podían ser un poco más suaves ni colármela con vaselina, me han llevado del fondo marino a encima de las nubes, mi primera reacción fue ¿Qué cojones? ¿Estamos locos? Puro steampunk, y si leéis mi blog con asiduidad, sabéis que no-me-gus-ta-la-es-te-ti-ca-steam-punk.
Joder, no, máquinas de vapor, mierda victoriana, robots, lasers, e inventos de un millón de engranajes dentados. No hay quien se trague esa ucronía joder. No.
Gente amanerada con chistera y relojes de bolsillo, damas con sombrilla, y maquinaria cuasi mágica funcionando con carbón. Maldita sea.



Pero bueno, le di su oportunidad (como a Dishonored, otra abominación steampunk) y al menos, parecía que el peso narrativo volvía a tener un worldbuilding consistente, que en ésta ocasión incluso se apoyaba en hechos históricos, coqueteando con la realidad un poquito a lo Philp K. Dick, y ya ahí me engañaron un poquito.
En ésta ocasión, Columbia es un logro de ingeniería de levitación cuántica, orgullo y emblema del excepcionalismo estadounidense de principios del Siglo XX, botando la monstruosidad voladora tras la expo mundial de Chicago de 1893.
La mole flotante, pertenecía al gobierno de los EEUU, y tras un incidente bélico con final inesperado en la rebelión Boxer en China, el almirante al mando decide desertar, tripulando la ciudad entera por los cielos internacionales para no volver.
Recuperando la idea inicial de Bioshock una vez más (algo un poco cansino, venga a darle vuelta al torno perico), la ciudad voladora quedará aislada del resto de naciones de tierra firme durante años, dificultando el abastecimiento de sus habitantes, encerrados a miles de píes de altura, en una jaula flotante, una olla a presión que finalmente reventará en una nueva guerra civil interna entre dos facciones de diferentes ideologías políticas.
Vaya, absolutamente nada nuevo, me sentí estafado, era como ver lo mismo que vi en Bioshock, pero con un maquillaje totalmente diferente, pero era lo mismo. Decepcionante.



A la hora de jugar, Infinite añade unos railes que podemos emplear como medio de transporte gracias a una herramienta gancho, e iremos disparando por el raíl como si estuviésemos en una atracción del Port Aventura. Cambiaremos los plásmidos por panaceas, alterando algo su funcionamiento para no repetirse la jugabilidad más que el ajo, y poquito más.
La decadencia de Columbia en esta ocasión, no tendrá nada que ver con consumo de drogas, pero como reverso tenebroso esgrimirá tendencias racistas en una facción de su población, prediciendo ucrónicamente un germen nazi.
Elizabeth una vez entra en escena en el desarrollo del juego, da una chispa de vida a la cosa (no spoiler), con unos giros de guión muy weird, y nuevas mecánicas de jugabilidad en cooperación con su IA, pero no lo salva.
Estamos ante un clon, que en su fase de desarrollo fue bautizado como Proyecto icaro, y que tal vez nunca debió ser adoptado por Bioshock, para brillar con luz propia.
Pese a mi opinión, la crítica se derritió con el juego y lo aupó a lo más alto del año.
En fin, ¿quién soy yo?

Bioshock se ha convertido desde entonces en una firma de calidad, una garantía, se esperan 2 nuevos títulos en el mercado del videojuego con incertidumbre, e incluso una película que no arranca, un guión maldito de John Logan que ha pasado ya por las manos de Verbisnki y de Juan Carlos Fresnadillo más recientemente, sin arrancar su producción por motivos de financiación según Universal.

¿Y qué más? Que yo me quedo en Rapture, con los pececitos, las algas, y las little sisters.
Encender vuestras videoconsolas después de ésto.

martes, 14 de abril de 2020

LA CABALGATA DE LOS MENDIGOS, POR NANCY KRESS



VIRUS, PANDEMIAS, JERINGUILLAS Y GENETICA POR NANCY KRESS


Buenas noches amantes del tungsteno, puede que estéis durmiendo ahora mismo en vuestros futones, vuestras cámaras hiperoxigenadas o en el ataúd de un hotel cápsula. Con la holopantalla de fondo, o la red neuronal pasiva conectada con vuestra emisora web favorita sondeando vuestro subconsciente para seleccionar la canción ideal que más beneficie a vuestro estado REM.
Y si ese es el caso, con nocturnidad y alevosía, vengo a colarme en vuestras mentes, como Papá Noel por la chimenea, con la intención de haceros soñar glitches de colores no existentes, de luminosidades cegadoras, a pixelar vuestra realidad y alejar las pesadillas como un souvenir navajo colgado sobre el cabecero. Soñemos todos juntos en la singularidad binaria.

Hace ya un mes que no me colaba en vuestras nocturnidades cerebrales, porque sí, hace un mes, estaba, ganándome el jornal con mis máquinas, igual que ahora mismo, aprovechando el tiempo libre del turno de noche, mejor pagado y menos exigente, y la última vez comenzaba con un aperitivo de lo que ibamos a vivir, la distopía actual. Aquella noche, lo escribía desde un pequeño “bunker” subterráneo, no es broma, hoy lo hago desde un no más grande apartamento en el último piso de una golosa y atractiva mancomunidad de extrarradio hecha en pladur y materiales baratos que camufla con su piscina y su pista de padel la precariedad de quienes aquí habitamos.
He sobrevivido al virus, sí, no es broma, yo, que cuando me preguntaban qué opinaba al respecto yo caí en ese error del que siempre me hago eco de “problemas de gente que no conozco y viven muy lejos”
“¿China? ¿Un virus nuevo? No se, está muy lejos, y en China tal vez las condiciones de higiene de ciertas áreas industriales o rurales no sean óptimas, dudo que lleguemos a unos extremos tan críticos como los suyos”
Menudo cuñado estoy hecho, y así, a boca llena, cómo un fan de las distopías como yo quiso creer que ésto no podría ocurrir, y quise creerlo mintiéndome a mi mismo, y a mis seres queridos, por tanquilizarles, por no ser un becerro más comprando toneladas de papel higiénico y latas de fabada que no comería nunca ni en 50 confinamientos seguidos. Pero qué mentira más piadosa que me hace sentir ahora tonto, arrepentido y me ha devuelto a mi lugar, recordándome lo ignorante que soy y lo honesto que es saberlo. Yo, el lector de las docenas de historias del futuro cercano con contexto social, obvie la aldea global. ¿A caso un virus tiene que sellar el pasaporte al pasar de un país a otro? Que bobo he sido.
¿Conspiraciones? ¿Evolución natural microbiológica? ¿Guerra contra el enemigo invisible? Ya qué más da. Es el momento de tirar para adelante, de sobrevivir o no, y no es frívolo no, mi padre lleva 22 días enfermo, la mitad hospitalizado, mi madre lo ha padecido en casa al menos, yo también, y sin embargo “mal de muchos consuelo de pocos”, no me alegra el alma, porque la globalización se ha colado en mi, el concepto me ha calado de píes a cabeza, y me preocupan todos los padres, madres, hijos, nietas, sobrinas, primos, cuñados, amigos, jefes, vecinas, de todo el mundo que no conozco, de todas aquellas personas que no se ni cómo ni dónde viven, y puedo imaginarme su miedo, su angustia, su sufrimiento y sus pérdidas, y es una mochila emocional terrible.

Pero ¿qué somos? ¿el centro del universo, el no va más de la creación? ¿tierra moldeada por Dios a su imágen y semejanza? Somos lo mismo que el COVID-19, una forma de vida, sin más ni menos protagonismo en el cosmos, pero con un handycap, tenemos emociones.
Y ésto, liga perfectamente con el libro del que hablaremos hoy.
Se ya hoy, si algo he aprendido, tras 15 días de fiebre y otros 15 de “cuarentena” y lo que nos queda de reclusión por las normas sanitarias gubernamentales que intentan hacer lo mejor posible, lo logren o no, por salvarnos; Lo que he aprendido digo, es que ésto es sólo el principio, y que el futuro es ahora, y que dentro de un poco se cumplirán 100 años de la última gran guerra mundial, y 100 años es mucho tiempo, y que o la sociedad entera cambiamos nuestra mentalidad, y hay una revolución de conciencias, o todo lo leído en obras de ciencia ficción será una minucia comparado con la realidad venidera, y son variables que no podremos controlar, en manos de los que nos controlan.

He mutado de la mentira piadosa y optimista, a la asunción pesimista y dramática, porque ya me lo creeré todo.

Hoy vamos a poner punto y final a una trilogía de la que ya hemos despachado el 66,6%, la llamada Trilogía de los mendigos de nuestra entrañable y adorada e inteligente Nancy Kress, con el volúmen final del bio-culebrón, La cabalgata de losmendigos.

Para no ser cansino y llenar de paja la entrada del blog, recomiendo ir al punto en el que dejamos las cosas con Nancy y Mendigos en Españay Mendigos y opulentos en éste nuestro hogar virtual, Tungsteno dreams, y tras haber hecho memoria, y ponernos al día, comencemos.

CLASES SOCIALES Y PROBLEMAS SEMI HUMANOS, EL FINAL DEL CUENTO


Nancy nos lleva a la evolución de su futuro cercano bien construido, pasito a paso, tras tacos de hojas leídas, que no se ha construido en un día, de un capítulo a otro, si no tras vivir junto con la familia Camden y los Insomnes como cambió la sociedad a medida que los avances genéticos se ponían a disposición de los ricos y pudientes. Del mismo modo, como en la vida misma, a medida que pasaban décadas en la historia dinástica de los Insomnes, la tecnología genética fue abaratándose y poniéndose a disposición de mayor parte de la población, los auxiliares, mientras que la población que ocupaba el piso menos importante de la pirámide, los vividores o mendigos, tiraban para adelante con escasas posibilidades pero las necesidades cubiertas por sus gobiernos.
Y poco a poco teje una plausible red social futura, un nuevo sistema económico y político en un futuro cercano tecnológicamente avanzado, en el que el primer mundo alberga micro terceros mundos.




El mundo no ha dejado de girar desde el segundo y último libro, la humanidad se acostumbra a su nueva condición genética de humano 3.0, en un mundo en el que no hace falta ingerir nutrientes, comer, y el hambre ha sido mesiánicamente abolida por los Superinsomnes liderados por nuestra querida Miranda Shariffi. Una sociedad en la que ya no hay enfermedades porque el limpiador celular está en el ambiente, en el aire que respiramos, una especie de nanotecnología biológica de diseño y laboratorio, más creíble casi que la robótica, ya que de primeras, los microorganismos ya son minúsculos e invisibles a ojo humano de por sí, pudiera (desde la ignorancia) ser más fácil y accesible crear nuevos microorganismos que maquinas microscópicas ¿no?.
Visto así parece una utopía, no una distopía, pero la realidad es que para que unos vivan bien, otros han de vivir no tan bien, pese a que los Superinsomnes llevan décadas tratando de consumar una misión filantrópica global que logre que los humanos no mejorados genéticamente no tengan que depender de los mejorados, y la balanza social se equilibre para siempre. Un objetivo tan ambicioso y loable, que hará que nuestra niñita de pelo alborotado y cabeza de melón deforme, Miranda Shariffi, sea considerada una especie de nueva Vírgen María entre los vividores, que la rezan y la piden milagros en forma de jeringuillas y nuevas medicinas que alteren sus sistemas y sus cadenas de ADN. El nuevo maná, el nuevo milagro de los panes y los peces, del agua en vino en Canaan, serán inyecciones, ampollas, y jeringas hipodérmicas con milagrosas pócimas quimicas capaces de sanar y otorgar la felicidad a todas esas pequeñas cobayas humanas plañideras, parasitarias y palurdas que claman al cielo pidiendole milagros a la carta a los Superinsomnes alojados en su base lunar. Los milagros son ciencia, y los rezos son emails. La analogía me chifla, porque por muchos mails que los vividores envían a la base lunar súper insomne, Miranda no responde, y eso, la envuelve en ese halo de misticismo que la ubica entre el mito y la realidad entre quienes la escriben suplicando el milagro en forma de inyección para ellos o sus hijos, Dios no responde, sus rezos virtuales van a Spam, porque Dios, no está para atenderte a tí, Dios está...no se, a otras cosas tal vez … ¿Qué es Dios? Ufff, este salto me alargaría demasiado la entrada, voy a hacerme el sueco y a continuar con la novela y lo que conlleva.
Bueno, en su papel de Dios, Miranda, dejará de distribuir gratuitamente sus productos químicos, los bálsamos de fierabrás y panaceas que permiten a los humanos convertirse en esa nueva especie que se alimenta del sustrato terrestre y la luz solar de forma dermal, y que no padece enfermedades porque el limpiador celular las elimina en sus sitemas. Dios, digo Miranda, se ha dado cuenta de que no debe interferir en la evolución humana abiertamente, y eso, hiere a la población “cambiada” procreadora, porque sus hijos e hijas, carecerán de las llamadas “inyecciones del cambio” que los superinsomnes estuvieron repartiendo como chucherias con la mejor de las intenciones, hasta que parecen darse cuenta de los problemas que conlleva dirigir la evolución humana.
Dios ha dejado de hacer milagros.

Es decir, pese a la buena intención de los Superinsomnes, no ha habido un equilibrio de clases en la humanidad, si no lo contrario.
Recordemos uno de los mensajes de la saga, que rezaba algo a cerca de que en la ecología de la sociedad, todos los seres cumplen una función y se complementan, ya que el parásito en el lomo del rinoceronte, aparentemente solo trae males y problemas al rinoceronte, pero allí, en el lomo del mamífero, chupándole la sangre, está al alcance del pico del ave, que va a arrancarlo de allí, lo va a devorar, y lo defecará después, abonando la tierra y colaborando al crecimiento de un vegetal, que alimentará al rinoceronte. El círculo se cierra, todos tienen un papel.
Pues tanto jugar a ser Dios, tanto querer traer la alegría y la felicidad a la humanidad, tanto querer sacarle las castañas del fuego a los más desfavorecidos, lo único que logró fue que los vividores, que anteriormente en la saga eran votantes, aunque no tuviesen empleo y viviesen de subvenciones estatales, daban votos a los auxiliares que gestionarían sus cantones, los bienes que recibirían, en un pequeño ejercicio controlado de comunismo dentro del capitalismo auxiliar, al ya no necesitar alimentos, ni medicinas, dejaron de votar, y aquella pequeña “democracia” dentro de otra “democracia” dejó de tener sentido, y el sistema colapsó, y los vividores se convirtieron en una especie de nómadas al márgen del sistema, tribus anarquistas que se juntaban en comunas, con sus propias leyes, sus guerras internas, y nada que hacer, potencialmente grupos de vagos y maleantes sin problemas que resolver por todas las zonas rurales de la nación.
Lo único que aún padecen es el frío del invierno, lo que les convierte en nómadas en caso de no disponer de fuentes de energía Y para calentar sus comunas, y ahí está lo que los auxiliares tienen y ellos no, energía, ese es el elemento de la discordia, el cetro de jerarquía dominante, si los vividores no aceptan el sistema auxiliar, no habrá energía gratuita para ellos, porque no son individuos censados ni forman parte del sistema. La energía es lo que los pobres no tienen, con lo que no son tan “vividores”.

LOS PROTAGONISTAS, VIEJOS Y NUEVOS CONOCIDOS


El bienestar para el pueblo, un desequilibrio maslowiano absoluto, el deseo mal decidido concedido por el genio de la lámpara que degenera en una crísis existencial severa, ya que ¿si no necesito nada, que todo me lo da la ecología? No enfermo, no paso hambre, no tengo que trabajar para nadie que no sea yo mismo y yo mismo no tengo una economía, un sistema, una sociedad, ¿Qué hago con mi vida? El nihilismo se apodera de gran parte de la población. Los vividores se convierten en una caricatura esperpéntica de ellos mismos, en el parásito que no aporta nada a la ecología, no come de nadie, nadie se lo come, no crea, no destruye, no forma parte de ningún ciclo, humanos en punto muerto, nuevos aborígenes post capitalismo sin metas, vivir para holgazanear. Menudo un sueño hecho realidad, la jubilación desde el nacimiento.



Y ahí están Vicky y Lizzy, de nuevo, nuestra auxiliar rebelde y la pequeña vivdora que quería ser auxiliar, dos raras avis de sus entornos, la sinergia de dos protagonistas que como el perro y el gato se retroalimentan, desnudando los puntos débiles de sus sistemas y sus personalidades para concoer sus vulnerabilidades y blindarlas. Encarnan una lucha de clases continua, que aún así cohabita, muy en la idea que extraigo de la saga imaginada por nancy Kress sobre las ecologías sociales, una no puede funcionar sin la otra.
Lizzy ha crecido, es adolescente, y madre. Mamá de un bebé que no ha recibido la anhelada inyección del cambio, que antes de su parto llovían del cielo practicamente por la generosidad de Miranda Shariffi y los Superinsomnes, pero que ahora, escasean. Lizzy ha parido un humano normal, anticuado, obsoleto, que tiene que comer, cagar, mear, dormir, y que puede enfermar porque su sistema inmunológico es primitivo y no está modificado genéticamente.

Mientras, los auxiliares, residen en acomodadas zonas residenciales selladas, confinados en el confort y la seguridad, los apartamentos “full equip” de alta tecnología, desarrollando labores para grandes multinacionales dirigidas por Insomnes, o para los gobiernos, marionetas de los Insomnes igualmente.
Como el imperio romano, viven una decadencia opulenta que impulsa a los auxiliares a comportarse de formas excéntricas, consumir drogas en ejercicios sectarios de espiritualidad en una burla de lo hippie, consumar prácticas sexuales abiertas y desordenadas, y cualquier cosa que sea una nueva moda que les entretenga, porque eso es de lo que carecen, de una visión objetiva de las recompensas que ofrece la vida, porque lo tienen todo. El vicio se convierte en la argamasa que tape sus agujeros existenciales, y será bien visto y aceptado por la sociedad, como un neo boom youpie del éxito y al extravagancia. Todo es poco. Viva el desfase.
Y allí encontraremos a Teresa y Jackson, el otro dúo protagonista de la novela, nuevos personajes en la ecuación para el gran final. Ella, Teresa, un personaje emblemático cargado de simbolismo, encarnación de valores y defectos hasta un extremo tal vez pedante, abusivo, que no es más que la culminación estilistica de creación de Nancy Kress, que en un incresccendo sin frenos, tras haber creado a Miranda Shariffi, que es ciertamente deforme físicamente y tiene serios problemas para socializar con otros insomnes o humanos debido a su alto cociente intelectual que es su don y a la vez su maldición; o el soñador lúcido, que podía hipnotizar a miles de personas con sus conciertos holo musicales que alteraban el estado del subconsciente, pero que era paraplégico; Nancy riza el rizo de los súper personajes profundos pero tarados con Teresa, en ese ejercicio famosamente Tolkieniano de cargar toda la responsabilidad en el más débil para demostrar que todos podemos ser héroes y que no se debe menospreciar a nadie, sean cuales sean sus limitaciones.
Teresa es un personaje frustrado con un único objetivo en ésta sociedad nihilísta y vacua, carente de valores, y es encontrar su sitio, dar sentido a su vida, entender la existencia. Teresa, durante su proceso de fecundación in vitro, sufrió una incidencia o negligencia médica, y en vez de ser el bebé precoz y super dotado que sus padres esperaban, pues, nació sin alcanzar las cuotas intelectuales pagadas a la carta por sus padres, es una humana defectuosa a fin de cuentas, el patito feo, una plane Jane. Y es esa desventaja que sufre lo que la hace ser diferente al resto de auxiliares, loq ue la hace pensar de forma individual, de no sentirse pertenecer al rebaño, es una pieza de puzzle sin hueco. Teresa tratará de entender su sociedad, la religión, a los auxilaires y a los vividores, encarnará la única persona sobre la faz de la Tierra que parece ser capaz de darse cuenta de las brechas del sistema, una punta de lanza en manos de nancy kress, que ya insisto, ha creado a la paladina absoluta en un cuerpo frágil y enfermo.
El recurso en sí, ya me cansa un poco a nivel personal, Nancy lleva toda la saga jugando a lo mismo con sus protagonistas, pero ya ha decidido poner toda la carne ene l asador con Teresa, es como un orgasmo creativo de sus tópicos personales y sus técnicas, una erupción de valores demasiado forzada, pero bueno, opinión personal.
Gracias a eso, Teresa, va a ser el rompehielos de un buen puñado de cuestiones filosóficas y morales sobre las que reflexionar. Pero que a mi gusto, ralentiza y hace mucho más pesada ésta tercera entrega de la saga. Teresa es un coñazo de personaje.

Jackson, el hermano de Teresa y su tutor legal, es un buen hombre a la sombra de una mala mujer, su exesposa Cassie. Enredado en una relación tóxica en la que Jackson es el juguete de ella, una femme fatal avariciosa y casi psicópata, guinda del pastel de la crísis existencial que rampla en la población auxiliar, es un hombre sin voluntad, débil, llamémoslo incluso si queréis calzonazos, pero no de llevar las bolsas de la compra comod ecía El Fari, no, no en ese aspecto casposo, si no calzonazos a niveles de ser víctima de maltrato psicológico y bulling por parte de Cassie y tolerarlo
, hambriento de una nueva galletita de su ama en forma de sexo por haber sido un perrito faldero obediente. Jackson es un hombre doblegado, que poco a poco lucha contra la tirania de su pareja. Es esclavo de Cassie y su influencia.

NUEVAS VUELTAS DE TUERCA, Y VISIONES DE LA REALIDAD


Nancy nos proponía el siguiente dilema en los comienzos de la saga:

“Si ves un mendigo en España, y decides darle una moneda, ¿qué harás cuando el resto de mendigos vengan a pedirte lo mismo? ¿les darás una moneda a todos?”

A mi en su día me sonó a aquello de :

“te voy a dar la caña para que pesques, y te enseñaré a usarla, porque es mejor que darte yo un pez cada día”

Vaya, que darle la “jeringa del cambio” a los vividores y auxiliares, no logró que emprendiesen una mejor sociedad, si no que paralizó las que tenían porque ya no tenían que preocuparse de nada más. Miranda les solucionó unos problemas, pero no sirvió para que se los solucionasen ellos mismos, por eso rezan con emails a la superinsomne rogándole más inyecciones, porque no saben de qué otra forma afrontar los problemas de sus nuevos vástagos, vulnerables a los designios de la naturaleza y la evolución. Sólo los superinsomnes son capaces de desarrollar esa tecnología genética a la que todos se han acostumbrado. La humanidad completa se ha acomodado.

Así que el nuevo mensaje en el final de la trilogía, creo (habrá múltiples diserciones tan válidas o mejores aún que me gustaría escuchar) que gira en torno a :

“No es un sólo individuo quien debe darle una moneda de su bolsillo a todos los mendigos, pero si cada uno de los que tenemos una moneda, le diésemos sólo una a cada mendigo, dejaría de haber mendigos”

Es decir, no podemos esperar que Dios, o una sola persona solucione nuestros problemas, como sociedad, debemos solucionarlos entre todos. Eso, evitaría que fuésemos una sociedad dependiente, si no una sociedad con iniciativa, una sociedad global, empática, generosa, con visión de comunidad, con esa visión que como rezaba en la introducción, nos ha faltado en la realidad para entender lo que estaba ocurriendo en China en nuestra realidad y que nos ha estallado en la cara a medio mundo. Los problemas del mendigo, son nuestros problemas, y si no los solucionamos, generará nuevos problemas.

Compartir lo mínimo para obtener lo máximo.

La idea de ecología social global. Deberíamos de coexistir en un intercambio justo que ya anunciaba en las novelas anteriores Nancy con el yagaísmo de su personaje Kenzo Yagai, que abogaba por la simbiosis del intercambio perfecto, dar y recibir de forma constante, un flujo continuado de esfuerzo recompensado.
Cómo la máxima capitalista del “máximo beneficio al mínimo coste” podría aplicarse a todo, de forma global, sin excepciones, lo que implica que por muy poco por parte de los pudientes, se obtendrían máximos beneficios sociales a nivel global. Que no hace falta una Miranda Shariffi, en un trineo dorado por el cielo remolcado por pegasos lanzando inyecciones de la pócima de la inmortalidad para que el mundo esté bien, si no un poco de cada uno de nosotros, sólo un poco, para que todos tengan lo suficiente para estar bien. Utópico sin duda, teniendo e cuenta que esta teoría podría ser desmantelada en cuanto un sector quiere más o no está conforme con el trato. Y eso es lo que les pasa a los vividores en la cabalgata de los mendigos.

Llegado el punto álgido de segregación de clases entre auxiliares y vividores que propone La cabalgata de los mendigos, casi que emulando los prolegómenos de la revolución francesa o la bolchevique, porque los vividores están pariendo hijos “normales”, y les falta como dijimos calor, energía Y, y la solución, en vez de pasar por crear un sistema de intercambio con los auxiliares, como promueve el yagaísmo, deciden que es mejor quitárselo, robar a los auxiliares la energía Y de la que les están privando por no formar parte de su sistema prefabricado. En vez de crear una solución sostenible del problema, deciden dar una solución conflictiva a corto plazo. La metáfora está ahí.
Si suplicar como pedigüeños a Miranda Shariffi no funciona, el perro morderá la mano que le dio de comer.

Pero como no, Nancy nos pone otra mesías, otra visionaria, la pequeña Lizzy, la única vividora que cree que tiene que haber otra solución, la loca de remate, la pastora.
Y en paralelo, Jackson, médico, auxiliar, hermano de Teresa, va a representar el cambio en los auxiliares.
Iluminados de a píe que se dan cuenta de que la sociedad está obligada a cambiar si quiere salir de su crísis.



Religión y lucha de clases, esos son los caballos de troya. De una forma muy cristiana, el sufrimiento de la vida es motor de superación de nuestras limitaciones, sin dolor, sin sufrimiento, no vamos a superar la vida. Y digo que es muy cristiano, porque Miranda encarna la figura de Dios, en todo momento, a la que todos los pecadores suplican una solución, pero el pecador debe aprender que la solución está en su mano, a su alcance, aceptando sus fallos y mejorando como humano, lo que al final, le dará la recompensa de la vida eterna claro, sin recompensa, nadie mueve el culo.

EL MAL COMUN

Puestos en éste escenario, con esas premisas, y esos asuntos entre líneas, booom! Llega la acción, el rock'n`roll, (pequeño y necesario spoiler) los Insomnes y su venganza, mamá Shariffi, inmortal, inteligente, sale de la cárcel, ha cumplido con la sociedad, y tiene ganas de liarla.

En un fake news de manual, un ejercicio magistral de falsa bandera, distribuirá las “jeringuillas rojas” haciendo creer a la deseosa población que las distribuye su nieta Miranda. Manzanas envenenadas, zanahoria y palo para el asno. Unas inyecciones con un virus de diseño, que afecta a la zona del cerebro del miedo, obligando a los infectados a permanecer siempre en compañía de otros individuos, ante la imposibilidad de reaccionar con normalidad como uno solo, sufriendo ataques de pánico y ansiedad que impiden por completo a la persona, que para remediarlo, quedará atado neuroquímicamente para siempre, a otras dos personas, en tríos. La comunidad como castigo, le damos la vuelta a la tortilla, de repente la comunidad es un castigo.
Los enfermos de éste virus camuflado en las inyecciones rojas, comenzarán incluso a adoptar un único nombre híbrido para los 3 individuos vinculados, mutando socialmente, a uno solo, pese a ser 3 en realidad. Una locura delirante, obligada por supervivencia.
El individuo queda anulado, ya es una obligación pertenecer a una comunidad, porque es cuestión de vida o muerte no separarte más de unos metros de tus congéneres, o tus glándulas comenzarían a segregar pánico y miedo patológico hasta la muerte.
El virus afecta en sus cerebros creándoles miedo patológico a todo lo nuevo, y por eso se refugian entre ellos instintivamente, para no estar nunca solos ante el mundo, ante la vida, par formar un núcleo de iguales.
Si lo nuevo, si los cambios, si aprender nuevas formas de vivir nos diese miedo, la especie humana no evolucionaría nunca, estariamos engrilletados ante el futuro, estancados en la misma fórmula, el mismo sistema, las mismas reglas, una rata en al rueda de su jaula de por vida.

Entonces, tenemos a los auxiliares, que pasan por una crísis social de valores, en las que los individuos no aportan anda a su sociedad, alienados por el exceso, mientras que curiosamente los vividores, privados de los lujos auxiliares, tampoco aportan nada a la sociedad. Y de repente, un virus obliga a las personas a estar unidas por miedo, contradictoriamente, anulando la individualidad de cada uno en una comunidad forzosa y la falta de libertad. Unos dependerán de los otros, curiosamente, tanto como Jackson de su exmujer Cassie, ahí veo yo una veda que contrasta la ficción con la realidad más cotidiana y doméstica. El simil de la esclavitud emocional convertida en virus de diseño.
Mamá Jennifer Shariffi, la abuelísima, se ha convertido en al tirana de la humanidad. La clase dominante insomne lo que pretende con ésto es anestesiar a la clase baja, los vividores, porque son muchos y tienen necesidades. Las “jeringuillas rojas” les harán creer que juntos unos a los otros mantienen su estado de confort, evitando aprender nada por sí mismos, siendo totalmente dependientes. La gran mentira del que manda, hecha virus.
El capitalismo occidental convertido en micro organismo, sin duda.

Y aquí viene el giro, la vuelta de tuerca, todos los protagonistas de La cabalgata de los mendigos, tienen la necesidad, el imperativo, de desprenderse de sus sociedades para lograr sus cometidos de forma individual. ¿Cómo? ¿Entonces? ¿Qué pasa con el yagaísmo y la ecología social?
Todos los protagonístas son ovejas negras de sus sociedades alienadas, representan el lobo solitario, el revolucionario contra corriente, el idealista, y me confundo y ¿qué saco de moraleja ahora?.

Para cambiar la sociedad, hay que comenzar por uno mismo, hay que desprenderse de lo que la sociedad está haciendo mal, hay que abandonar el carril por el que van todos. Hay que verse desde fuera, hay que actuar, y el que actúa se desapega de su zona de confort, y de sus ataduras (la jeringuilla roja), hay que mojarse para coger peces, hay que asumir riesgos y pérdidas para lograr los cambios, porque mientras “la jeringuilla roja” nos haga estar apelotonados en un rincón, no veremos el bosque que hay detrás del árbol.
Hay que desprenderse de cosas para avanzar, nada es gratis, pero algo se obtendrá a cambio si kenzo Yagai estaba en lo cierto.

O es eso, o yo no he entendido nada después de toda la chapa del yagaísmo durante toda la trilogía.

Y esto vamos a encontrar en La cabalgata de los mendigos, sin haberos espoileado absolutamente nada, desvelando solo los puntos claves de lo que las aventuras de Lizzy, Vicky, Teresa y Jackson van a vivir en éste punto y final de la trilogía, que sin duda, pese a todo, está llena de cuestiones sobe las que pensar un rato y extrapolar a nuestra sociedad actual, y que me parecía muy oportuno para el momento que estamos viviendo a nivel global de pandemia, en el que estamos solos, en nuestras casas, nuestros mayores fallecen solos en hospitales, y sin embargo usamos como eslogan “que al virus lo vencemos juntos”.
Un virus actual en la realidad, que seguro va a cambiar muchas cosas después de que nos den las “jeringuillas del cambio” de Miranda con la vacuna y le perdamos el miedo, porque el shock ya se habrá producido, y tal vez, muchos cambios que ahora aceptamos como positivos por nuestra seguridad, se queden, y nuestros actuales insomnes se apunten varios tantos en control social.
Y tal vez, no aprendamos a funcionar como sociedad global tras esto, con cada país dando los datos que le sale del pijo, mintiendo a los vividores y auxiliares que representamos el proletariado, cerrando fronteras, discutiendo por euro bonos y material sanitario.
Y sigamos pensando en soluciones explosivas a corto plazo que olvidemos en nuestra zona de confort, tropezando no dos ni tres, si no veinte veces mñs con la misma piedra hasta nuestra extinción.
¿Dónde están nuestra Lizzy, nuestra Teresa? ¿Dónde están las personas que nos hagan darnos cuenta de lo mal que lo estamos haciendo, precisamente, por ir contracorriente y ofrecernos un nuevo punto de vista, enseñándonos nuevos caminos?
El miedo a lo distinto, a lo diferente, ancla a la especie, y refugiarnos en nuestros subgrupos sociales, donde nos sentimos a gusto entre iguales, clones de nosotros mismos, que no nos rebaten nada, porque son listos, como nosotros, el resto que nos lleva la contraria no lo son ¿verdad?

Los vividores crearon un nuevo Dios, Miranda Shariffi, pero Miranda era una persona excepcional, fruto de las propias innovaciones del humano. Tal vez, Jesucristo, Buda, Mahoma, solo fuesen personas excepcionales, como Lizzy o Teresa, que lograron algo saliéndose del camino, y después, su legado, fue mantenido y manipulado por otras personas a las que no les convenía cambiar lo ya asentado.
El ser humano tiene necesidades, y el capitalismo necesita mendigos, y los mendigos al capitalismo. Pero no todo es química ni economía, le ser humano necesita creer.

La sociedad debe cambiar, o estaremos avocados al fracaso como especie. Y por eso hoy, he querido explayarme con el final de la Trilogiade los mendigos de Nancy Kress que leí en noviembre de 2019. Ni hubiese soñado en mis peores pesadillas, que apenas un mes después, estaria hablando de virus y comportamientos sociales. Lo viste Nancy, touché.