lunes, 18 de febrero de 2019

ESTADOS UNIDOS DE JAPON, DE PETER TIERYAS


PETER TIERYAS, LOS MECHAS Y EL NEGOCIO DE ENTRETENER


Os doy la bienvenida una vez más y las gracias por elegir Tungsteno Dreams un ratito de vuestras vidas.
Ya advertí que Febrero iba a ser un mes fuerte, cargado de novedades de las que hablar un poco, o al menos, ubicarnos antes de leer, ver o jugar algunas de éstas novedades CIFI, porque claro, no puedo opinar de ellas, sin haberlas devorado. Hemos dado un repaso ya a la saga literaria Metro de Glukhovsky, que estrenan su tercer videojuego súper ventas éste mes, no exento de polémicas declaraciones por parte del escritor y quejas de la comunidad jugadora debidas a su técnica comercial; Se ha estrenado el film de Alita disparando la hypelina de los mangakas y los cybermongers old school; Y ahora, en pocos días se edita en español la novela Mecha Samurai Empire de Peter Tieryas, autor de Estados Unidos de Japón, y pese a la presencia de otros estrenos cargados de ciencia ficción y distopía en el sector del entretenimiento y la cultura, como puede ser la nueva entrega del videojuego Farcry, ubicada en un cercano futuro postatómico, vamos a darle un par de vueltas a la obra cumbre de Peter Tieryas.

Hace meses, cuando estrené el blog, una de las primeras entradas tuvo que ver con un viejo videojuego llamado Armored Warriors, un viejo brawler futurista en el que nos liábamos a golpes tripulando mechas, y precisamente de eso hablaba un poco, a parte de mechas, y ese es precisamente el gancho comercial o el cebo del que Peter Tieryas hace mayor uso en ésta época creativa suya, para pescarnos a todos con su caña, que parece centrar todo el reclamo de su peculiar saga mecánica en éstas portentosas máquinas de combate.



Tieryas es ciudadano norteamericano de ascendencia coreana, un hombre de la industria, con experiencia y enfocado, y eso, se refleja en su obra literaria. De hecho, como introducía hace unas líneas, sus nuevas obras cumbre del periodo narrativo “mecha”, que tal vez podamos corroborar como saga en un futuro, al encontrarse aún el proceso en asentamiento, tiene más de márquetin y neón que de consistencia, y ya veremos por qué.
Peter se estrenó en la literatura en 2012 con Watering Heaven, no traducido ni editado en España. Es decir, es un escritor joven, reciente, que ha tenido un éxito razonable con la novela que hoy abordaremos, Estados Unidos de Japón, y que tras la experiencia cosechada, parece querer quedarse un tiempo explotando las virtudes de los robots gigantes tripulados, que desde hace poco, han vuelto de los 80, sobreviviendo a unos impopulares 90, para quedarse en los 2000, con otras obras como pro ejemplo, las películas de Pacific Rym.
Pero en verdad, Peter, sabe muy bien de que va el negocio del entretenimiento, ya que en su curriculum puede fardar de haber trabajado como creativo para Sony y para Lucas Arts, y encontraremos su nombre en los créditos de los interminables equipos técnicos de películas como Soy Leyenda, Guardianes de la Galaxia, Men In Black 3, Hotel Transilvania o Lluvia de albóndigas 2. También en videojuegos como Gladius, Medal of Honor, Monkey Island y algunas franquicias de Star Wars. Vaya, que no anda cojo el Tieryas, es un curriculum envidiable y muy apetitoso, son títulos de los que uno puede estar como poco orgulloso de haber participado.
Así que no cuesta mucho permitirnos el lujo de sospechar que sabe de que va el juego del mainstream. Es un convencido miembro del stablishment del ocio. Ha encontrado en los mechas una nueva etapa remunerada y creativa, que para haberse agenciado como seña de identidad, debe de estar dándole como mínimo pingües beneficios. Pero a mi de maravilla, porque sin que ésto se convierta en una crítica, ni mucho menos, me garantiza unos títulos literarios disfrutables de su puño y letra.

Y digo disfrutables porque anticipo, que pese a que Estados Unidos de Japón me gustó y me duró dos telediarios el verano de 2017, no es ningún imprescindible ni ninguna obra maestra. Apostaría a que no se convertirá en incunable, pero ha tenido el acierto de colarse en nuestra parrilla literaria de ciencia ficción con alegría, dejándome un sabor de boca entre la influencia clásica y la literatura juvenil, creativa pero no excesivamente arriesgada. Y bueno, que sí, que bien, pero no creo que se convierta en un clásico. Cosa que no creo que preocupe al autor, o a mi no me preocuparía, porque visto lo visto, tiene mucho talento para otras artes creativas y aburrirse no se va a aburrir. Qué envidia.



LOS BUENOS Y LOS MALOS EN LOS ESTADOS UNIDOS DE JAPON


Entrando en faena, hablemos un poco de Estados Unidos de Japón, editada en español en 2017 por Nova (Ediciones B). La primera vez que lo vi en el mueble de la librería, me dije a mi mismo que debía leerlo a toda costa. Ya sabéis que no hay que juzgar el tomo pro el lomo, pero que narices, reconozcámoslo, somos víctimas del márquetin, y la portada de Estados Unidos de Japón con su ilustración bien hecha del robot gigante, y su banda con citas y halagos de la crítica que ni más ni menos rezan maravillas como:

La secuela espiritual del hombre en el castillo de Philip K. Dick”
(ahí es nada)

Hizo que se me salieran los ojos y se me desencajara la mandíbula como a un lobo sátiro de las fantasías animadas de Tex Avery.

La historia es una ucronía que adopta una línea temporal alternativa, efectivamente, similar a la de El hombre en el Castillo, pero no por eso Nova debía haber fanfarroneado tanto con el eslogan que lo emparienta con al ucronía más famosa de todos los tiempos, porque nada más lejos de la realidad, es mucho ruido y pocas nueces.
Nos ubicaremos en la costa oeste norteamericana... o mejor dicho... los Estados unidos de Japón, porque tal como Philip K. Dick imaginó, Tieryas ha creado una realidad alternativa en la que la GGMM fue ganada por la Alemania Nazi y el imperio japonés y el suelo norteamericano es invadido y ha sido repartido a regla y cartabón por las dos potencias vencedoras. A diferencia de la obra de Dick, Tieryas se centrará mucho más en la exclusividad de gobierno nipón en los nuevos Estados Unidos de Japón que dan nombre al libro. Y en vez de ambientarnos con las magnas maravillas nazis como los aviones supersónicos de la Lufthansa y la llegada del nazi a la Luna, los japoneses lo que tienen son Mechas, la máquina de guerra definitiva, gigantes samuráis tripulados de la misma altura que un rascacielos, hechos de toneladas de titanio y acero, que velan por la seguridad de sus fronteras.

Entonces nos presenta a Beniko Ishimura, hijo de traidores japoneses norteamericanos, pero fiel funcionario del imperio, dedicado al departamento de censura. Su reputación es intachable. Y éste es uno de los principales atractivos de la novela, que sin profundizar demasiado en la distopía social ni sus consecuencias, de una forma ligera, dinámica y muy llevadera, nos deja un poso superfluo de crítica política y social que desmadejar tirando del hilo si nos paramos a reflexionar un rato cuando cerramos las tapas del libro.
La consecuencia de la victoria japonesa en la GGMM, deriva en una modalidad de gobierno totalitario, imperialista, que coloca al Japón de mediados del siglo XX en la picorota de los malvados universales. A falta de nazis, buenos son los leales servidores del emperador. No en vano, y siendo sinceros, los horrores de la GGMM cometidos por la armada japonesa, no distan tantos de los innombrables actos nazis. Y como decía en mi revisión de El Hombre en el castillo, parafraseando uno de los mejores videojuegos CIFI de la historia:

la guerra, la guerra nunca cambia”

Y no hay buenos ni malos en una guerra, todos los bandos son crueles e inhumanos, pero la historia la narran los vencedores. Os animo, si os gusta el tema, el visionado de documentales de la GGMM centrados en el conflicto del Pacífico, para ver cómo Japón, cometió innumerables atrocidades humanas, principalmente contra los chinos, y hasta que límites llegaba su fervor bélico y el fanatísmo de sus generales y militares de alto rango hacia el emperador, y los viejos códigos samuráis, y advierto que no soy ningún erudito en la materia, solo un stalker curioso.
El código de honor nipón queda reflejado como algo muy romántico, pero muy terrorífico.
Expertos torturadores, de los que, igual que de los rusos soviéticos de entonces, se habla menos, por cuestiones culturales occidentales, pero se debería hablar más, en las escuelas, para concienciarnos, de que el demonio no sólo habitó en Europa en la década de los 40. Porque tal vez, y sólo tal vez, occidente hable menos de ello, debido a que EEUU quedó satisfecho con la bandera blanca de Japón tras el catastrófico genocidio civil provocado de una sola tacada por las bombas atómicas, y merece más la pena seguir recordándole al mundo, que los buenos fueron ellos, y los malos los demás, pero que el frente que menos bajas civiles tuvo en la contienda, fueron precisamente, los americanos, y para mi, todos fueron malos, más malos y menos malos. Y que el fin no justifica los medios aunque nos lo camuflen.

Toda esa crueldad es rescatada por Tieryas en Estados unidos de Japón, mostrándonos la luz y la sombra de un alternativo Japón moderno y ucrónico, resultado de la victoria bélica más grande de la historia de la humanidad.
Porque por h o por b, a Japón hoy día, la entendemos como una nación sumisa, que ha asimilado aquella derrota, y ha sabido evolucionar resignada y pacíficamente, antibelicísta (a la fuerza), como ejemplar modelo de superación económica, ejemplo vivo del capitalismo exportado por EEUU al resto de lo que la mass media consideraría el occidente civilizado o primer mundo. La nación que nos exporta tecnología, futuro, moda y cultura juvenil. La sociedad con menos crímen del primer mundo pese a que todos convirtamos la Yakuza en una romántica sociedad de varoniles hombres de negocios con tendencias violentas, como la camorra. La sociedad de las luces de neón, los ojos grandes del manga, y las tradiciones casi medievales del respeto al medio ambiente, la superstición, el folclore, las artes marciales, los bonsais, las geishas, el shushi, y el harakiri.
La cara y la cruz.
Actualmente Japón es un faro para el resto del mundo capitalista y occidental, un exótico ejemplo que mantiene sus barreras culturales para mantenerse limpia y sana de las intoxicaciones globales pero que sabe hacer divisas como la que más de sus competidores.



Teniendo muy claro todo ésto, la novela gana puntos, cobra fuerza, y sobre toda esa maravillosa capa de purpurina pop, otaku y de videojuegos, emerge la sombra ucrónica y ficticia de la opresión, la falta de libertad de expresión y las carencias de desarrollo individual que el gobierno imperial de Estados Unidos de Japón nos recuerda del no tan antiguo japón, o en definitiva, de algunas de nuestras mezquinas y corruptas democracias actuales. Y no solo los complejos individuales del japonés de mediados del S XX, ya que la ucronía mezcla en al coctelera el entonces, la época contemporánea, y el futuro próximo, y nos refleja en Beniko al tópico y típico currito japonés que los holgazanes españoles pudiésemos imaginar, obediente, mermado, que vive para trabajar, y cuyo honor y reputación como profesional son su carta de presentación. De estos en realidad echaba yo de menos alguno en mi entorno laboral pese a todo. Nunca llueve a gusto de todos.

TECH NOIR Y OTAKUS


Beniko, aburrido en su anodina vida de funcionario, ejerce ejemplarmente su labor censora, mecánicamente, ciudadano ejemplar, rol del nipón deshumanizado capaz de clavarse una katana en el pecho si no alcanza los objetivos de ventas de Sanyo a final de mes, por incompetente. Su labor en el departamento de censura imperial se centra principalmente en el campo de los videojuegos, el más lucrativo y popular medio de entretenimiento de la sociedad de los estados Unidos del Japón. Son tiempos convulsos, y el gobierno imperial necesita que la gente sólo se entere, de lo que el Imperio quiere, y hay cierto videojuego, que parece atentar contra los intereses divulgativos de la política imperial. Esto, nos recuerda de pasada al elemento discordante de el Hombre en el Castillo, la novela La langosta se ha posado, convertida en videojuego, que es algo más pop, más actual, más juvenil, más geek, pero que cómo opinaba en mi diserción de la película ReadyPlayer One (que por cierto por fin he adquirido en libro para buscar las 7 diferencias), es un negocio nada inocente que mueve millones de dolares y euros.
Así pues, los videojuegos, se convierten en una de las piezas clave de la novela, y Peter sigue sumando elementos pop a su cebo para que todos piquemos. Mechas y videojuegos ¿Qué puede salir mal en ésta lectura?.
Es un videojuego subversivo, que muestra una realidad alternativa interactiva en la que Japón no ganó la GGMM, lo que está preocupando a las autoridades japonesas. Busca el mismo objetivo que La langosta se ha posado de Philip K. Dick.
Esta similitud, como la de la ubicación atemporal, insisto, no la emparientan espiritualmente con El Hombre en el Castillo ni de broma, más quisiese Tieryas, es una trola inocente que nos cuelan desde las editoriales para que compremos el libro, y que debería catalogarse de homenaje o admiración, pero no de sucesor. Carece del trasfondo y la prestidigitación mental de Philip K. Dick. No hay comparación de contenido posible, nada más a lo sumo que de continente.
En esta ocasión, el videojuego, es puesto en circulación y pirateado ilegalmente por un grupo de nativos inconformistas conocidos como los George Washingtons. Toda una alegoría a la libertad vaya, un tópico algo recalcitrante ésta facción terrorista que lucha por recuperar América para los democráticos Americanos.
Obviamente, me gustaba más la visión derrotista de ocupación de ElHombre en el Castillo en al que los americanos pertenecientes al nuevo gobierno de los estados del Pacífico, asumieron la derrota de su gobierno, cambiaron la chaqueta, y tiraron para adelante con nuevo collar al cuello. Es mucho más realista. El grupo reaccionario que enarbola las verdades sobre lo correcto y la libertad en un gobierno de opresión invasor que ha de ser derrocado desde dentro y mediante guerra de guerrillas, a mi gusto, aunque funciona, está sobre explotado en éste tipo de historias y se ha convertido en el recurso fácil, paladinesco y cómodo para el pastiche conformista carente de sorpresas. Pero bueno, continuemos porque eso no arruinó la lectura, gracias a Dios.

Todo cambiará cuando Ben se vea involucrado en el nudo de la historia tras la llamada del general Matsuraga, el típico personaje que hace las veces del hombre del puro, el fumador de los Expedientes X, el que mucho sabe y mucho calla, y deja a Beniko más liado que la pata de un romano (sin spoilers).
Pronto aparece en escena la compañera de novela, la agente Akiko Tsukino, una estricta y patriótica policía de la Tokko, que tiene encomendada una investigación referente a los videojuegos subversivos en circulación que atentan con desequilibrar el orden civil, con sus realidades alternativas.



Ambos personajes principales, arrastran fantasmas que no os desvelaré, y que retroalimentándose los unos con los del otro, terminarán por reaccionar de formas inesperadas.
Se sembrará la duda sobre su bien estar civil garantizado por la sociedad imperial, poniendo en tela de juicio las verdades del gobierno, detectando de nuevo leves similitudes con El Hombre enel Castillo identificadas en las inquietudes de Frink y el señor Childan.

De ahí en adelante, uno se tira toda la novela esperando los mechas, que salen, llega un momento que salen, y cobran cierto momento de gloria, pero en realidad, Tieryas nos vende historias de mechas, cuando Estados Unidos de Japón, es un entretenido thriller policial, con su conspiración gubernamental y sus tintes de novela negra reconvertidos en tech noir, unas briznas de cyberpunk, y un par de giros secretos e inesperados muy buenos, que es lo que salva la lectura, y la convierte en un digno volúmen de ciencia ficción actual.
Algunos momentos de acción cinematográfica aprobadas; Otros de crueldad y opresión más humanistas que nos despiertan el gusanillo de indagar más en la verdadera historia del japón imperial (casi feudal aún) del siglo XX; Personajes secundarios superficiales pero icónicos, con alguna sorpresita que incluye el body horror y la cibernética; Y en resumen, eso, una novela rápida, fácil, que siendo críticos y justos carece de originalidad al inspirarse tanto en la obra de Dick, que pese a darnos lo que nos gusta, carece de merito aderezarlo con algunos elementos de cultura pop japonesa para darle un lavado de cara a la idea. Se digiere bien, sin pesadez ni reflujos, porque carece de la técnica y la compejidad del maestro del que se copia. Pero fundamentalmente,  ha servido para que el autor regrese a la palestra abusando de los mismos tópicos que nos prometió con éste gustoso refrito de ganchos geek, cultura japonesa y robots gigantes titulado Mecha Samurai Empire que ésta semana estará ya en nuestra librería preferida.



Así que yo, lo compraré, pero no espero tanto robot tamaño rascacielos, aunque seguro que habrá mucho bushido y mucho código de honor en sus personajes. Seguro, o tal vez no, hasta la próxima y a soñar con tungsteno.

domingo, 10 de febrero de 2019

ALITA ANGEL DE COMBATE


GUNMM


Ahora que estamos en la víspera de uno de los estrenos cinematográficos más esperados por el fandom CIFI, otaku y cyberpunk, considero que es el momento ideal y oportuno para hacer una sentida revisión del cómic, o manga, que ha sido trasladado a la gran pantalla por uno de mis favoritos, Robert Rodríguez.

Haciendo un poco de retrospectiva personal, mirando hacia atrás en el tiempo y abusando un poquito de uno de los ingredientes mágicos que a todos nos ablandan el corazón, la nostalgia, recuerdo aquellos años 90 de preadolescencia en los que tras el petardazo incial de Akira en VHS, y Bola de Dragón en los canales autonómicos, el tebeo japonés y sus adaptaciones larga duración en video animado llegaron a España, inundando quioscos, tiendas especializadas y grandes almacenes.
Los personajes japoneses entintados llegaron para quedarse. Cierto es que llevaban muchos años entre nosotros, pero estaban aún abonando el terreno de la invasión total. De Mazinger Z, Chicho Terremoto o Robotech, pasamos a Caballeros del Zodiaco, Ranma ½ y Los gatos samuráis. Poco después la cosa se puso dura de verdad, y comenzó el rumor entre asociaciones de padres, de que sus hijos consumían unas películas de dibujos nada inocentes, que podrían influir negativamente en su desarrollo personal hacia la madurez. No eran otras que El puño de la estrella del Norte, Dominion Tank Police, 3x3 Ojos, Urotsukidoji , y entre todos esos gloriosos títulos que allanaron el terreno, Alita Angel de Combate.
Recuerdo aquello como un nuevo boom a explorar, en el que participamos tímida pero activamente varios muchachos y muchachas del barrio con intereses similares, en un barrio además, en el que nos ponían la miel en los labios, con tiendas como Arte 9 o Alfil a apenas dos calles la una de la otra. Recuerdo como el dependiente se reía cuando nos cobraba un pequeño tebeo hentai mientras decía:

“Si vuestros padres encuentran esto, lo habéis comprado en una gasolinera ¿vale?”

Que emocionante.

Pocos años después, malvendí las pocas colecciones que llegué a finalizar, en pos de adquirir liquidez para el nuevo hobby, los bares y el calimocho en la época del instituto. Que puñeta no tener un manual de instrucciones o un tutorial de mi yo del futuro por entonces, para creerme todas las cosas que me vaticinaban mis padres a las que nunca hice ni puñetero caso. Aunque los portales de venta de objetos de segunda mano me han reparado aquella pifia hoy en día con la mayoría de caprichos perdidos.
Batallitas aparte, como decía antes, Alita fue uno de esos mangas de fácil acceso en quioscos y librerías, editado por Planeta DeAgostini en 1993, que fue reeditado en el 95 y en 2002 debido al inesperado éxito que tuvo en España. En 2017, Norma Comics ha reeditado la serie bajo su título nipón original, GUNNM estrenado en 1991 por Viz Media.



GUNNM lleva la firma de Yukito Kishiro, y pese a que tiene otros títulos como Aqua Knight Saga, es la obra en torno a la ciborg Alita, la que más reconocimiento le ha grajeado, expandiendo su universo distópico y cyberpunk con los spin off GUNNM Gaiden y Aishen Victor, y las secuelas oficiales GUNNM Last Order y GUNNM Mars Chronicles.

ALITA


La historia se centra en Alita, un cyborg de fisionomía femenina, infantil incluso, que es rescatado por un chatarrero experto en robótica, de entre los escombros y la basura arrojada desde la ciudad flotante de Tifares al vertedero del mega ghetto terrestre conocido como El patio de los desperdicios.
Según redacto ésta pequeña introducción a la sinopsis, encontramos uno de los recursos más populares de las distopías CIFI y cyberpunk, lo que yo llamo "Arriba y abajo".

El propio Asimov en su relato Bóvedas de Acero, ponía sobre las hojas la competencia generada entre humanos orbitales a los que llamaba “Los espaciales” y los apolillados terrestres que aún poblaban el planeta azul. Ese “arriba y abajo” ya hablaba de cómo los humanos que habitaban en las colonias solares habían evolucionado física y psíquicamente mucho más que los terráqueos, que seguían anclados en costumbres “medievalistas”, agotando recursos naturales finitos, y rechazando los avances tecnológicos de sus parientes de “arriba” por principios, prejuicio y orgullo. En aquella novela, las ciudades humanas de la Tierra eran megaconurbaciones de millones de habitantes, distribuidas en niveles, y cubiertas por bóvedas de acero. Ecosistemas hostiles, mecánicos, artificiales, y que en el fondo son una metáfora de cárcel, o de caverna del hombre prehistórico. Un hombre del mañana, convencido de sus logros tecnológicos, que sin darse cuenta, retrocede en la evolución a sus estados más primarios.

Hemos continuado tirando de la diferencia entre “arriba y abajo” en clásicos como Neuromante, ya que los Teshier Aspool, megalómana familia de empresarios estandarte de la clase pudiente al más puro estilo iluminati, habitaban una estación orbital privada, como hacían otros archimillonarios en las colonias Lunares, mientras la Tierra era un atolladero masificado de ciudades conurbadas, hogar de piratas informáticos, mafias organizadas y baja estofa.

Nancy Kress en Mendigos en España, repetirá la fórmula “arriba y abajo” separando en una estación orbital a la nueva super raza humana, los insomnes, de sus ancestros genéticos, rebautizados como durmientes o mendigos, los terráqueos, estancados en democracias arcaicas y manipuladas por las megacorporaciones dirigidas por cúpulas insomnes.

Y así un montón más de veces, que desconozco aún o que no recuerdo, como la película Elyseum, con la misma cantinela, el planeta Tierra es poco más que un super ghetto de zarrapastrosos sin oportunidades, y los ricachones viven en estaciones orbitales a todo lujo y trapo.

No deja de ser la forma más común de repetir la simbología más arraigada en el subconsciente colectivo de todas las religiones del cielo y el infierno. Y enfocándolo desde los tiempos modernos y la sociedad actual, el silogismo de las diferencias de clases, burguesía y proletariado, llevado al extremo de la crueldad capitalista más absoluta que obvia por completo cualquier intento de respetar los derechos humanos. A fin de cuentas, la distopía, es lo contrario a la utopía, no esperamos un futuro justo y bonito, si no uno injusto que despierte el ansia de rebelión en alguna de sus cobayas, que por norma, se convertirá en protagonista involuntario, adalid de las causas pobres, y etc. Etc... Está todo inventado, o casi todo.




Con éste lore replicado una vez más, el doctor Deisuke Ido, pondrá de nuevo en marcha el cerebro artificial de Alita, y le facilitará nuevos miembros. Una vez el juvenil y atlético ciborg vuelve a la vida, comienza de cero a asimilar su entorno, víctima de una amnesia o tal vez deberíamos llamarlo formateo, que le impide recordar sus orígenes pasados. De ahí en adelante y con esa premisa, comienza la aventura, como siempre en Tungsteno Dreams, spoilers free, porque si os interesa y os despierta el gusanillo, deberéis leerla.
Alita comenzará a evolucionar hacia una existencia más humana que artificial, que pasará por diferentes etapas en cada tomo de la colección. En el fondo es el seguimiento de crecimiento de una niña a adulta, de la ingenuidad al descubrimiento del resto de sentimientos intrínsecos a la humanidad como el odio o el rencor. Seremos testigos de su evolución moral, sus conclusiones a cerca de la justicia o lo correcto, y uno de esos sentimientos puramente humanos que harán que dejemos de pensar en nuestra heroína como si fuese una máquina, el amor.
Mientras escribo ésto me cae a la cabeza la película Chappie, como una recomendación con muchos puntos en común, respecto a la humanización de un robot.

Estas furtivas incursiones existenciales en los ya clásicos debates sobre la frontera de la máquina y el hombre, predispuestas por Asimov una vez más, se verán sin embargo eclipsadas por la parte más frívola pero a la vez la más entretenida de la saga, el combate y la violencia.
Pese a que Alita no recuerda nada de su pasado, cosa que en torno al final algo se esclarecerá, no temáis, sí que parece mostrar unas cualidades innatas para el combate físico. Sus movimientos perfectos y mortíferos, asustarán a su padrastro científico Ido, y levantarán la liebre que supone la investigación de sus orígenes, al identificar su estilo de combate con un arte marcial letal y muy extraña conocida como Panzer Kunst, una disciplina marciana empleada por paramilitares especiales. 
Este leit motiv redirige la obra hacia un enfoque mucho más casual y desenfadado, a la zaga de cualquier película de artes marciales clásica de la explotación oriental de los 60, u otros mangas japoneses centrados en impresionarnos con patadas imposibles y cabezas cercenadas con el canto de la mano como los ya mencionados Caballeros del Zodiaco, Bola de dragón o El puño de la estrella del norte, en los cuales, mientras nos damos un baño de sangre y un festín de hematomas, esperamos cual es la nueva técnica mortal de nuestro luchador favorito y que rimbombante nombre va a usar mientras lo prepara con aspavientos a cámara lenta. Ahí estaba el cotarro del éxito en los 90, y Alita, no se reprimió de las mieles que los mamporros iban a ofrecerle entre el público de la década. Por un lado, ésto como digo, era ideal para el target objetivo adolescente de aquella década, e incluso de la actual, porque el estilo del tebeo es genial y no han pasado los años por ello. Aunque se nota la solera, sigue manteniendo mucho encanto y es un trabajo fino. Pero por otro lado, intrínsecamente, convierte la lectura en una experiencia más trivial, carente de profundidad sociológica o intelectual, diseñada para liberar la imaginación a base de combates titánicos y personajes ciborg pantagruélicos de toneladas y toneladas de nanotecnología. Un producto que podríamos catalogar alegremente de juvenil, sin que ésto tenga caracter descalificativo en ningún caso, pero menos exigente que otros cómics en el mercado.

Con las excusas pues de recuperar la memoria, las conspiraciones urdidas desde la ciudad flotante de Tifares y su población casta, y los sentimientos humanos que van aflorando en el ciborg como el desamor, la ira, la soledad y el arrepentimiento; Se fraguará el destino de Alita y su periplo por una Tierra cyberapocalíptica a caballo entre Blade Runner y Mad Max, poblada por scavengers, pandilleros, caza recompensas y ciborgs terroríficos y psicópatas de dimensiones arquitectónicas y poderes mitológicos. 
Viviremos descabelladas y frenéticas aventuras en las que Alita irá buscando el sentido de su ser, cotizando en su historial laboral como cazacyborgs, deportista de élite de un sádico entretenimiento conocido como Motorball, misionera de ONG y “hermanita” de la caridad, y lo que se le ponga por delante, que la vida está muy chunga. 
Diferentes odiseas y diferentes personajes tejerán la personalidad final de la heroína, llevándola a su desenlace concluso definitivo.
Pero lo dicho, no esperéis un montón de viñetas densas como con las obras de Masamune Shirow, no. Vais a encontrar una ilustración ágil, cuidada, un sorprendente e imaginativo concepto de ciborgs que van más allá del típico antropomorfo, giros fantásticos e inexplicables y ese sabor oriental, casi poético, de lo épico y lo absoluto que a veces no logro entender del todo y se convierte en una barrera cultural infranqueable.
Y de aquellas viñetas, aquellos frames, porque Alita no se quedó sin su adaptación animada, que bajo título homónimo, resumió de forma eficaz, completa y digna el primero de los nueve tomos que configuran la colección original.

*En la viñeta leemos "GALLY", nombre original nipón de Alita, que es su adaptación occidental

ROBERT RODRIGUEZ Y JAMES CAMERON


Ahora, tras décadas, llega el momento del estreno de su adaptación cinematográfica hollywoodiense, el 14 de Febrero, San Valentín, y un día antes que el videojuego Metro Exodus al que le dediqué unas líneas el domingo pasado en la entrada referente a la saga literaria metro 2033 y su universo expandido, porque Febrero viene calentito de Tungsteno y CIFI éste 2019 para jolgorio y regocijo de los amantes de la CIFI.
Anticipo que me perderé el estreno, y tendré que retrasar el visionado unos días por motivos ajenos a mi voluntad. Pero visto el tráiler, voy a dejar claras mis expectativas.



Deseo un film divertido y sin prejuicios ni tabúes, como Robert Rodríguez me tiene acostumbrado con maravillas del entretenimiento como Sin City, Machete y Planet Terror. Pero con una manufactura exquisita y reluciente que aportará James Cameron en todas las CGI y sus efectos digitales y especiales.
Confío en una adaptación fidedigna, respetuosa, con sus inevitables licencias pero dentro de lo comprensible, como ocurrió con la versión de Ghost In The Shell. Es decir, creo que la historia no me aportará nada nuevo, obviamente, y que en ocasiones me parecerá estar viendo algo que ya he visto, solo que con un lavado de cara. Y con eso, si la cara está bien lavada, me conformo. De hecho, parece que intentará englobar los hechos acontecidos, no sólo en el primer tomo como el OVA original de los 90, si no los 2 primeros, incluyendo así el paso de Alita por el Motorball, y no solo su duelo contra el ciborg come cerebros Zapan y el romance con el humano Hugo que anhela huir del patio y alcanzar Tifares.
El éxito de un film como Alita Battle Angel, residirá no en convencerme a mi, que ya se de que va el 90% de la trama, si no de que convenza y divierta a los neófitos que nunca oyeron hablar del frágil ciborg asesino.

Por mi parte, la caracterización de los personajes y la elección de sus intérpretes, por lo poco que se vislumbra en el tráiler, me parecen fieles y sobresalientes, sobre todo con Rosa Salazar como Alita (aunque los primeros rumores apuntaban a Mitchelle Rodríguez), Christoph Waltz como Ido, y otros en papeles de personajes secundarios como Vector, el ladino contrabandista y arreglador que interpretará Maershala Alí. Han conseguido hacer saltar la tinta de Kishiro a la carne y hueso del reparto, como ya logró de forma sobresaliente el director con Sin City. Para Rodriguez, no es nuevo saltar de la viñeta al celuloide, se le da bien y confío en él.



Y a eso aspiro, así que ya lo hablaremos por las redes sociales, o aquí en el blog si me dejáis comentarios abajo, que no muerdo, del día 14 en adelante.
Gracias por vuestros parsecs, y hasta el domingo que viene si el mundo no se acaba.



domingo, 3 de febrero de 2019

METRO 2033 DE DMITRY GLUKHOVSKY



DMITRY


Febrero va a ser un mes intenso para los adeptos a la ciencia ficción en todos sus formatos, como manifestamos los sectarios del Tungsteno, Se vienen ya mismo estrenos de cómic, de cine, de videojuegos y de literatura, y voy a dedicar el mes a éstos estrenos en la mayor medida posible.
Uno de esos estrenos a los que me adelanto éste domingo, es precisamente el nuevo videojuego de la saga Metro, con el subtítulo Exodus. Por eso mismo, voy a escarvar en las raíces de ése título fps de acción postapocalíptica, que bien podría haber incluido en mi serie de entradas agrupadas bajo la etiqueta “El fin”, pero Metro merece tener su propio protagonismo. Además los videojuegos no van a ser los protagonistas de la entrada, si no los libros, mucho más interesantes que su versión informática de ocio, que después enfrentaremos.



Para empezar, como casi siempre, una pequeña presentación a cerca del padre de la criatura, Dmitry Glukhovsky. Un intelectual antistablishment ruso, que al final, bajo mi punto de vista, ha entrado de lleno en el mismo sistema comercial al comenzar a vivir de sus obras. Y no es una crítica, que va, ojalá yo viviese de cualquier método creativo o artístico, como pudiera ser la literatura, pero opino que el tipo ha sabido ver el filón del fandom y los universos expandidos, incluso perteneciendo a una “liga inferior” de escritores a nivel global, porque no está a la misma altura del ranking de otros escritores que han ramificado sus oingresos derivados de sus obras, como por ejemplo el mismo R.R. Martin, pero sin embargo el hombre se ha perfilado como un inquieto bussinessman del entertainment.

Dmitry es periodista, ha trabajado para Euronews en Francia, y ha redactado una tira cómica en diarios de su Rusia natal, titulados “La madre patria”. Cursó estudios en Europa y en Israel y habla 5 idiomas. Un perfecto yerno en potencia como aquél que dice.
En 2002, los albores del internet actual, decidió aprovechar las nuevas herramientas que el nuevo milenio ponía a disposición de todos e hizo un excepcional uso del tópico de la democratización de la red. Comenzó a colgar los capítulos del borrador del primer Metro 2033, la novela que le llevó al éxito. En Rusia se convirtió en un éxito de libre acceso tras unos cuantos meses. Las editoriales comenzaron a timbrar en su puerta y finalmente accedió a la publicación de su obra, no sin haber hecho una serie de cambios sustanciales sugeridos por la propia editorial para que el texto tuviese mayor éxito. Y es por motivos como ese, por el que anteriormente me atrevía a opinar, que aquél joven Dmitry que comenzó en el underground virtual de la red, pasó a formar parte de la industria del entretenimiento aceptando cambios en sus párrafos, en pos de una mejor comercialización del título.
Lo importante, sin juicios de moral, que insisto, ya me gustaría a mi, no malinterpretemos, es que le dio resultado, vaya que sí. Metro 2033 se ha publicado en casi todo el mundo, en docenas de idiomas, y ha sido continuado por las secuelas Metro 2034 y Metro 2035. A parte de los títulos rubricados por él mismo, ya anticipaba que Dmitry se ha convertido en un pequeño magnate de la ciencia ficción, porque se han editado bajo su licencia, docenas de libros escritos por otros escritores, amateur la mayoría, inspirados en el mundo post nuclear que Glukhovsky había creado, donde el protagonista es el metro, los túneles, un ecosistema subterráneo dantesco donde el ser humano sobrevive al invierno radioactivo.
Y el imperio de Metro no termina ahí, tenemos también dos exitosos videojuegos de acción basados en el mismo universo, que éste 15 de Febrero de 2019 se convertirá en trilogía.
Y para rematar, se lleva negociando desde hace tiempo, la adaptación televisiva o cinematográfica de su universo novelado.
En poco más de una década, Dmitry Glukhovsky ha pasado de estudiante a autor best seller y experto en universos expandidos. Propietario de una fructífera licencia bajo el nombre Metro.



METRO, LAS NOVELAS


Timunmas se ha encargado de traer al español unas ediciones de la trilogía muy cucas. Recuerdo cuando lo vi por primera vez en la librería en 2009. Lo agarré, leí la contracubierta, y no lo dudé un instante. Para empezar, el metro de Moscú ya es un hábitat lo suficientemente llamativo y poderoso.
El palacio subterráneo, una red de transporte público construido con pompa, soberbia y lujo, pese a lo alienante que resulta para el proletariado hacer sus recorridos hacinados en vagones subterráneos. Es la red de metro que más pasajeros transporta al año, más que el de Tokyo o Nueva York, con 379 kilómetros de recorrido ocupando el tercer puesto del podio tras Londres y Nueva York, y 222 estaciones. Una linea de metro construida además de como medio de transporte público, como refugio atómico, un enorme búnquer sellado y hermético.
Y en la novela, ese laberinto de túneles y raíles, se convierte en el último refugio de la humanidad. En ningún caso se crea un lore universal, la narrativa sólo nos habla de Rusia, de cómo ha quedado reducida a escombros y amasijos radioactivos tras una tercera guerra mundial muy próxima.
Pese a que Dmitry accedió a manipular el texto original, el resultado de la primera novela, Metro 2033, me resultó una obra imprescindible de la CIFI.
Nos convertimos en al sombra de Artyom, un joven huérfano que habita en su estación en una monótona y anodina vida como stalker. Forma parte de un pequeño grupo de rapiñeadores, basureros, o exploradores, que salen a la superficie de Moscú embutidos en trajes antiradiación caseros, a buscar restos útiles de tecnología, o material con el que comerciar después en las otras estaciones de la red de metro. Ya que, importante, cada estación de metro habitada, constituye una micronación por sí misma, en un complejo sistema de gobierno global que conforman todas las estaciones, que bullen en constantes luchas de poder, armadas o diplomáticas.
Dmitry transporta una copia de los conflictos globales entre súper potencias y el mundo de occidente, a una miniatura política encerrada en los túneles del metro de Moscú. Crea paralelísmos entre diferentes grupos de gobierno actuales y las diferentes estaciones del metro.
Encontraremos así una linea comunista, otra conocida como la línea del IV Reig, una línea neutral, las estaciones de la Hamsa, y otra serie de estaciones que escapan al dominio de las principales, con extrañas costumbres.
La humanidad sobrevive mediante el cultivo subterráneo de setas y otros vegetales aptos para el crecimiento subterráneo, y las granjas de cerdos y aves.
Es un ecosistema social y humano cerrado, sin escapatoria, ya que la radiación impide la supervivencia en el exterior, y no solo las partículas gamma, si no toda una nueva fauna mutante hostil que acecha entre las ruinas de edificios, calles y monumentos. Por lo que no hay escapatoria, la humanidad superviviente, que a duras penas continúa reproduciéndose bajo tierra, tras el apocalípsis nuclear, está condenada a entenderse, o no, porque no pueden ir a otro lugar, no hay otro lugar.
Agobiante, claustrofóbico, carente de esperanza, así es el futuro distópico cercano que Glukhovsky nos ofrece. No es bonito, ni alagüeño, es deprimente, sucio y oscuro. Dentro de los túneles el hombre se convierte en un lobo para el hombre, la supervivencia es la única obligación del individuo, y simpatizar con uno de los grupos poderosos es la mejor opción de prolongar tu esperanza de vida con un cuenco lleno de guiso de setas y un uniforme militar para no pasar frío.
La población, sin posibilidad tecnológica ni educativa, alcanzan la edad adulta sin posibilidades, oficio, ni beneficio, una metáfora plausible de lo que ocurre hoy día con nuestra juventud, la tasa de desempleo, el fracaso escolar y la falta de oportunidades y la carencia de especialistas en sectores primarios que nos espera para el futuro, y por qué entonces la migración es necesaria, teniendo en cuenta, que el aislamiento y la nulidad de circulación humana que propone el metro en la novela, es un de los grandes impedimentos para el progreso de una neo sociedad avocada a su autodestrucción.



Parece simple vislumbrar esos “easter eggs” ocultos entre líneas de ficción, que en realidad están gritando los defectos de nuestra actual sociedad.
Los grupos dominantes de las líneas, además, son poco diplomáticos, y la red de metro carece de protocolos, manda el ruido del Kalashnikov, y los conflictos que no se resuelven mediante diálogo, inevitablemente, acaban en baños de sangre indiscriminados, esclavitud, violación y abuso. La guerra en estado puro, una crítica clara a los conflictos derivados por la balcanización de los años 90 y la ruptura soviética, que todavía hoy colea con conflictos bélicos a los que el resto del mundo preferimos no mirar, porque como dijo aquél político británico ante el auge del nazismo en Alemania

Es un problema entre gente que no conocemos, y viven muy lejos, que no nos incumbe

O algo así, no copio de ninguna web, trato de exprimir lo que leo.

La crueldad del Metro 2033 es tan real como la que se vive en el conflicto checheno, o en cualquier otro conflicto en cualquier punta remota del mundo. Solo que parece obvio cuales son las fuentes más cercanas grabadas a fuego en el subconsciente del autor.
Tan cruel es, que en los túneles del Metro 2033 la única moneda de curso legal aceptada fuera del trueque, son los casquillos de munición. Las balas, son dinero. Aplastante.

En semejante infierno, Artyom comenzará un viaje desde su humilde estación, un viaje de madurez, de autoconocimiento, en el que evolucionará personalmente, descubriendo su lado más oscuro, priorizando entre ética y moral, obligado a tomar decisiones para sobrevivir tras descubrir la cantidad de basura bajo la alfombra que han estado barriendo durante décadas sus líderes políticos del subsuelo. Engaños, mentiras, manipulación de las masas, traiciones, falta de principios, y todo a lo que nuestras democracias occidentales nos tienen acostumbrados, marionetas de poderes económicos, sin izquierda ni derecha, si no que detrás de sus promesas, mentiras y eslóganes, sólo ay avaricia. Es así de crudo. El civil somos ganado, números prescindibles, combustible para el motor gubernamental. La conspiración final.
Artyom nos invita a los lectores a quitarnos nuestra venda ante el mundo real en el que vivimos, corrupto y manipulador.

Artyom comenzará su periplo, coartado por un misterioso forastero llamado Hunter, y su propia curiosidad por conocer realmente el mundo que hay más allá de su estación. Artyom deberá llegar a la estación conocida como La Pólis, para informar sobre la actividad de unas criaturas mutantes humanoides conocidos como “los negros” por su oscuro y brillante tono de piel. Estos “negros”, han tratado de acceder a la estación de Artyom en el pasado, y desde entonces, causan una extraña fascinación en la mente del joven. Las criaturas mutantes son consideradas una amenaza para la supervivencia de todas las estaciones de metro, y según los dirigentes de La Pólis, hay que frenar su avance.
En su viaje, Artyom conocerá diferentes personajes, enigmáticos, traicioneros, amigos... De todos, mi favorito, el misterioso Cervantes.
Es muy, muy interesante, el protagonísmo de los propios túneles durante toda la novela y lso recorridos que hace en solitario el joven stalker. Glukhovsky introduce elementos de la literatura de terror, muy convincentes. Consigue hacernos creer mediante las supersticiones de los habitantes del metro, y sus leyendas urbanas, el miedo y el pánico a la oscuridad y sus túneles, las criaturas mutantes que consiguen colarse en sus entrañas, humanos caníbales inadaptados, e incluso fantasmas, los espíritus de aquellos moscovitas que no llegaron a refugiarse en el metro cuando cayeron las bombas. El metro respira, está vivo, es una criatura que degluta y exprime a los organismos vivos que hay en su interior. La paranoia se convierte en una constante en cada nuevo tramo de túnel entre estación y estación, en la más profunda oscuridad y soledad, en esa en la que se dice que los seres humanos volvemos a estados fetales de consciencia y alcanzamos momentos de terrorífica iluminación lisérgica plagada de espejismos y seres de pesadilla. Los túneles son, en realidad, elementos reveladores de consciencia.

De ahí en adelante, sin spoilers, porque deberíais leerlo, Artyom tratará de tomar sus propias decisiones, siempre confuso, entre mentiras, incapaz de averiguar la verdad, manipulado, entre aceptar las órdenes de los militares y líderes del metro, o a su propia intuición y las revelaciones que ha sufrido durante su viaje. El final, es, sencillamente, apoteósico.
Reconozco que en ocasiones es algo complicado seguir el hilo, debido a los múltiples momentos en los que la realidad y la paranoia se entremezclan en la percepción de Artyom, contagiando al lector. Y también por que el peregrinaje de estación en estación es complicado, los nombres de las estaciones, en ruso, son difíciles de memorizar para un castellanoparlante, y además orientarse lo es más, en ocasiones no tenemos claro hacia dónde se dirige Artyom ni por qué, pero Timunmas nos echa una manita en sus ediciones, con un mapa bastante chulo, desplegable, con toda la red de metro, los nombres de las paradas, y toda una leyenda cartográfica para identificar si son estaciones habitadas, por qué facción gubernamental, y otros datos de interés, para ir marcando el camino recorrido por Artyom a medida que leemos.



Unos años después llegaba Metro 2034, sin Artyom, con nuevos protagonistas.
Homero, un viejo charlatán y soñador con una ansia enfermiza en convertirse en un gran historiador de la época que les ha tocado vivir, dejando todo documentado a la posteridad.
Hunter, militar traumatizado que ya conocímos en el 2033.
Shasha, una joven inconforme con la vida que le ha tocado vivir en los túneles.
Con 2034 me pasó algo, algo, malo. No me gustó ni la mitad que el 2033. Por lo que no creo que me extienda tanto como con el anterior.
El libro, afortunadamente, es más corto, y digo afortunadamente porque es que es una historia disparatada, carente del terror que me transmitió 2033, y carente también del rico trasfondo subterráneo, haciendo hincapié en las mismas cuestiones que el 2033, pero con desgana.
La historia se centra en el quijotesco periplo del esquizofrénico Hunter, seguido de su nuevo Sancho Panza Homero, quien de cuerdo tampoco tiene nada, y comenzará a fantasear de manera neurótica cuando se les une Shasha, convencido de que forman una especie de santísima trinidad designada por el destino para elevados fines y propósitos. Se enroca en que llevarán a cabo una nueva Iliada subterránea y post atómica. Pero sólo son un grupo de desequilibrados en un mundo acre y hostil sin compasión.
Por un lado, la concepción de yuxtaponer la realidad a los delirios de Homero y el histrionísmo paranóico de Hunter con Shasha como víctima de sus consecuencias, es interesante. Es una forma de enfrentar las diferentes realidades que percibimos en nuestro entorno. Pero por otro, la novela carece de la originalidad de la anterior, de su ritmo “road movie” de viaje por los túneles, del misterio y el terror, carece de todo por lo que reconoceríamos Metro 2033, y queda como una novela anecdótica, curiosa pero en ningún caso bajo mi opinión un must de la CIFI. Pero la máquina Glukhovsky ya estaba en amrcha, supongo que tanto él como su agente y la editorial, deseaban seguir adelante con ella.
El único sentido que le veo a Metro 2034 es el de novela eslabón, y gracias a que se editó Metro 2035.

Metro 2035 es un giro tremendo en la identidad de la saga, una voladura de conceptos que destruye todo lo anterior y nos crea un nuevo entorno poco consecuente. Pese a ello, la novela es buena, funciona y supera con creces a 2034. Pero refuerza mi percepción de que Glukhovsky se ha dejado devorar por la indústria y el parné. Lo mejor de la novela, es que nos devuelve a Artyom, un maduro e incrédulo Artyom curado de espanto, insumiso, un antihéroe en desarrollo que encaja perfectamente en cómo ha asumido sus experiencias vividas en 2033. Artyom ha cambiado, de una forma consecuente y lograda. Ahora está insatifecho con todo, se cuestiona su existencia, se castiga por sus errores incapaz de perdonarse, y no voy a dar spoilers de por qué. Pero está convencido de darle un giro a su vida, de tirarse a una piscina sin agua pase lo que pase, porque considera que ya no tiene nada que perder dentro del metro, convencido de que hay más fuera, todo el día tratando de sintonizar una vieja radio de comunicaciones en busca de supervivientes a la tercera guerra mundial. Su carácter curioso, sigue siendo el motor de sus impulsos, como en 2033.
Artyom sigue siendo un personaje bien caracterizado, consolidado, sostenible, con el que empatizar en la lectura, y eso se agradece.
Entonces aparece Homero, y le llena la cabeza de pájaros , se lían la manta a la cabeza, y otra vez de romería por las vías.
En ésta ocasión, y por eso digo que la novela es poco continuísta, la mayor parte del desarrollo de la trama sucederá en el exterior de los túneles. Pero ya no es ese exterior nuclear del 2033, lleno de mutantes y en un constante invierno radioactivo. Maldito Glukhovsky, me estás volviendo loco, que forma de marearme, y qué perdida de credibilidad en tu trilogía, sólo 2 años después de tu maravillosa ópera prima, ahora resulta que el exterior de Moscú no tiene mutantes, ni sus residuos y partículas gamma son tan perjudiciales ni nocivas para la salud. ¿pero qué demonios? Es como leer un libro diferente, que va de algo parecido, pero diferente. Ha cambiado deliberadamente la identidad de la saga de un plumazo, y en ved de peligros mutantes, el peligro es muy humano.
En Metro 2035 nos enfrentamos a la gran mentira, una crítica camuflada de ficción en contra de la contrainformación, las fake news, la globalidad incierta. El leit motiv está muy bien y me parece muy acertado, sin spoilers, pero me han cambiado el universo Metro en el que ya me había empapado. Dmitry ha destruido lo construido anteriormente para ofrecer una nueva ficción, más humana, menos weird y más social.
En fin, el artista es él y el lector soy yo, es lo que hay, e insisto que aún así, con estas quejas, es una digna novela de CIFI infinitamente mejor que la anterior 2034, pero no mejor que la original 2033. A gustos los colores.

A parte de la triología original, Timunmas ha editado dos spin off de autores amateurs, titulados Hacia la luz y San Petesburgo. Son unas novelas de entretenimiento, generadas desde el fandom, que como lectura ligera pueden tener un pase, pero que no aportan nada al universo Metro y ni siquiera me parecieron buenas. Las compré, no pude reprimirme, pero han pasado sin pena ni gloria en mi estantería. Son novelas más bien juveniles, sin profundidad, inspiradas más por el hype de los videojuegos y el pastiche wasteland postatómico al estilo Fallout que por el germen inicial de Glukhovsky. Me lo imagino aceptando estas novelitas como producto de sus “becarios” con la intención de sacarles algún provecho mientras se dedica a sus cosas.

LOS VIDEOJUEGOS


En 2010 4A Games desarrolla su versión de Metro 2033, con el mismo título, para video consolas y ordenadores. El juego se trata de un shoter fps de una muy aceptable manufactura gráfica, con toques de survival por lo importante de gestionar de la mejor forma posible las escasas unidades de munición y las alternativas de subterfugio ofrecidas en contra de plantar combate directo.
También, como característica intrínseca a su temática de supervivencia, cabe destacar la gestión de filtros de aire para las máscaras de gas que necesitaremos para abandonar los túneles y recorrer el exterior radioactivo de Moscú, obligándonos a estar pendientes del oxígeno del que disponemos y de las señales de nuestro contador Geiger. Estas características añaden un punto de tensión y claustrofóbia a lo que un clásico juego de disparos nos hubiese ofrecido a secas.
Es muy importante también el uso de la luz y la oscuridad, tanto para escabullirnos como para poder ver a más de un palmo de nuestra máscara de goma. Del mismo modo, el sigilo y el silencio marcarán la diferencia en al infiltración a cualquier estación enemiga de la red de metro.
La ambientación de las estaciones habitadas, nos hace reimaginar lo que ya habíamos leído en la novela, y nos cambiarán para siempre la idea que teníamos de las mismas, pro su realismo y su arte conceptual inmejorable. Campamentos tercermundistas, chatarra reutilizada, pobreza, granjas subterráneas, nos transportarán de inmediato a aquellas páginas con todo un nuevo espectro de matices que no hubiésemos imaginado.
Nos hacen el trabajo sucio.
Los túneles, laberínticos, oscuros, son un entorno en el que es complicado orientarse, y la brújula, será otra herramienta indispensable para no andar dando vueltas en círculo por una misma estación.
El desarrollo del primer juego, nos pone en la piel de Artyom y nos repite, con ciertas licencias creativas y cambios, la misma historia de la novela, con “los negros” amenazando la soberanía de las diferentes facciones políticas de la red de metro.



Los combates son muy difíciles, salir vivo de una estación hostil a camisa abierta y Kalashnikov en mano es prácticamente imposible y nos obligará a tener una buena estrategia previa de asesinatos silenciosos al más puro estilo black ops, fundir unas cuantas bombillas para movernos en la oscuridad sin ser vistos, y ahorrar la mayor cantidad de balas.
Mientras que en el exterior, en las ruinas, el combate se vuelve mucho más frenético y salvaje, en un sálvese quien pueda cuando descubrimos mutantes hambrientos.

La campaña de marquetin y los resultados del lanzamiento fueron excepcionales, y muestra de ello, el vídeo de publicidad que es toda una obra de arte visual y podría ser el trailer de una buena película o teleserie.



Tras el reconocimiento del juego, y la expansión de las novelas, vino el juego Metro Last Light, que según Dmitry Glukhovsky, es una nueva aventura oficial de Artyom entre sus novelas Metro 2033 y Metro 2034, indispensable para englobar los hechos acontecidos en su universo narrativo, sólo que en vez de en papel, en videojuego. Chico Listo. Un hacha de los universos expandidos como decíamos antes. Pero a mi no me la pega. Es un videojuego bastante chulo, que mejora lo visto en la anterior entrega, pero sobre la misma dinámica, y que como obra narrativa no me aporta nada, si no lo contrario, más bien me acaba despistando y haciendo un burruño mental a cerca de Artyom y el universo Metro. Pero bueno, bastante burruño me ha creado ya la tercera novela, parece que a Glukhovsky ya le da un poco igual la consecuencia en su universo, y sólo desea hacer caja, entreteniéndonos eso no lo niego, pero pasándose por el arco del triunfo la lógica narrativa. Al final el universo Metro, si tenemos que tener en cuenta tanto los videojuegos como las novelas, es un guirigay mal tejido con regustillo a ficción prefabricada para fandom.

Y ahora, el 15 de Febrero de 2019 llega la tercera entrega jugable, Metro Exodus, que parece que es una extensión narrativa, sin paños calientes y pasándose por el forro los spoilers, de la novela Metro 2035. Pero a mi ésto me mosquea, y vuelve a darme un tufillo chungo respecto al ansia viva de Dmitry de contar billetes, que de verdad, a mi también me gustaría y seguro sucumbiría a estos placeres, pero si en Metro 2035 no había ya mutantes ni otros peligros en el exterior, ¿Por qué lo vende como continuación de la novela si en el trailer de lanzamiento del videojuego hay unos monstruos mutantes que ponen la piel de gallina? Pues no se, pero dejo de verle coherencia a ese universo extendido, y me quedaré siempre con lo brillante que me pareció Metro 2033.
Pero vaya, que no me sorprende, que se me olvidó comentar que es que también hay cómic de Metro, Dmitry explota cualquier formato, editado por Black horse, de quien ya hemos hablado en el blog en alguna ocasión.



Aún así, habrá que jugarse el juego, tratando de separar en parcelas literatura y ocio electrónico, como hice con los anteriores dos títulos. Porque como hablaba en otras entradas, a cerca de la “prostitución televisiva de la literatura”, pues con el videojuego ya estamos pasando por lo mismo, porque es un sector igual o más goloso todavía, y los creativos parecen estar escasitos de ideas propias.



Ahora, explorar Moscú en el pellejo de Artyom con el joy pad en la mano, seguro que vuelve a ser una experiencia divertida, no lo voy a negar.