domingo, 20 de enero de 2019

LA CASTA DE LOS METABARONES, EL PLAN B DE JODOROWSKY TRAS DUNE


JODO


Bienvenidos una vez más a mi pequeño espacio virtual. Hoy nos toca cómic, y he decidido plantarle cara a una de las obras más geniales que me he echado a las manos, La casta de los metabarones, del siempre extravagante y enigmático Alex Jodorowsky, alias Jodo de ahora en adelante si os parece bien, por mi comodidad, y porque ya me siento como si fuese amigo de éste genial creador tras revisar y devorar algunas de sus obras y episodios de su vida personal.

Aquí el señor Jodo, es un alucinante nonagenario cargado de vitalidad, ilusión, talento y energía del que aún hoy tenemos mucho que disfrutar. Un señor casi centenario, que parece que tiene a penas 40. ¿Cuál será su secreto? ¿Mantener siempre viva la imaginación? ¿No parar de crear? ¿una estricta dieta vegana? Su cerebro parece estar siempre en movimiento, como las patas de una mosca que no paran de rascarse, cultivando ficción, poesía, filosofía, psico magia, el tarot o lo que se le ponga por delante a este imprevisible y único ser humano.
Como siempre digo, en la era de la información, no soy yo, un simple y cualquiera fan, quien vaya a darle a nadie una lección de su obra y milagros, para eso está la wikipedia y Google, pero qué menos que ponernos todos en situación con un breve repaso.



Chileno universal, de múltiples ingredientes multiculturales en su ADN, ha residido en la vieja Europa y el continente americano, del norte y del sur. Un camaleónico intelectual de infinitas inquietudes y volátiles principios. Comenzó su curriculum de autor de tebeo con Anibal 5 en la década de los 60, obra de ciencia ficción con dibujo de Manuel Moro (Azor el Primitivo, Fantomas, o los insoportables Borbolia), quien terminaría siendo su socio empresarial en Ediciones Novaro. La historieta era protagonizada por el mismo Anibal 5, un cyborg de la Agencia Latinoamericana de Defensa, que estaba inspirado en el actor mejicano Jorge Rivero (El pecado de Adán y Eva, Río Lobo, El último hombre duro, o El día del Asesino). Y posteriormente, se actualizó en una versión francesa del mismo personaje, dibujado en esa ocasión por George Bess, con el nuevo nombre francófono de Anibal Zinq

Formó parte del grupo de historietistas de CIFI conocido como Humanoides Asociados, constituido por Dionnet, Philippe Druillet, Bernard Farkas y Jean Giraud con incorporocaciones posteriores como la del mismo Jodo, y otros nombres increibles como Milo Manara, Bilal, juan Giménez o Richard Corben. Y precisamente bajo ésta firma de la asociación creativa, nacieron El Incal, sus secuelas, y la obra de hoy, La casta de los metabarones

En sus surrealistas incursiones teatrales (creador del género Pánico junto a Fernando Arrabal) y cineastas, sembró el terreno de todo un nuevo campo creativo y sensorial, con controvertidísimos títulos malditos como Fando y Lis, El topo o La montaña sagrada. Ninguna de sus obras dejaba indistinto a nadie, ganó detractores y reputados aduladores como Roman Polanski o el Beattle John Lennon. Nuestro poco estereotipado protagonista comenzó entonces a relacionarse con la flor y nata de la sociedad artística mundial, a ser invitado a las más selectas galas contraculturales y las fiestas más crápulas del oscuro mundo cinematográfico, donde se desenvolvió como pez en el agua, cautivando a todas aquellas celebridades inquietas, hambrientas de nuevos argumentos filosóficos y anodinas corrientes creativas que rompiesen con lo establecido. Y esa era la especialidad de Jodo, volarle los sesos a la gente con innovadores puntos de vista existenciales, comerles la oreja como nadie lo había hecho antes, dominando la palabra de forma sorprendente, esgrimiendo una personalidad arrolladora, complicada, pero adictiva, de la que los demás siempre querían más y más, hasta que después llegaba la resaca de Jodo. Y aún sigue ejerciendo ese místico e incomprensible magnetísmo en super estrellas como Marilyn Manson o Kanye West, fans declarados absolutos del chileno, y amigos personales suyos. Tan polémicos e incomprendidos como él, dentro de sus delirios de grandeza, el propio Kanye West, en un concierto en Nueva york, preguntó a sus miles de espectadores que si sabían quién era Jodo, ¿Y qué pasó? Nada, nadie sabia de lo que hablaba el rapero, y él, muy ofendido de no tener ninguna conexión con esos miles de oyentes que le dan de comer, comenzó a insultarles por su ignorancia. Pero vamos, no pareció importarles mucho, otra gilichorrada de Kanye, les importa más como le va con las Kardashian.

Tal vez Jodo sólo sea un charlatán, un vendedor de crece pelos ambulante, o no, o realmente sea un ser místico, un nuevo chamán. Quien sabe


Viéndole y escuchándole contar anécdotas en su documental Jodorowsky's Dune, casi logro imaginarme todas las situaciones que cuenta de cómo convenció a cada miembro del súper equipo creativo que reunió para lo que iba a haber sido el proyecto definitivo de su carrera, la adaptación cinematográfica de Dune de Frank Herbert, la space opera de las space opera, la mamá de Star Wars, antes de la mediocre interpretación que llevó a cabo David Lynch con los derechos adquiridos. Si uno de los ganchos de la película de Lynch era tener en su reparto al músico Sting, podéis empezar a moriros de la risa al saber que Jodo había reclutado a Salvador Dalí, H. R. Giger, Chriss Foss, Mick Jagger, Orson Welles, Moebius, O'Bannon etc... Sí. Alucinante. Jodo pretendía rodar una única película de 7 horas de metraje a cerca de Dune sin ni siquiera haber leído el libro. Tan dantesco como atrevido y maravilloso. Debéis ver el documental, en serio, y más sabiendo que ahora Dune está en manos de Dennis Villeneuve.



Y es que claro, las productoras de Hollywood, más interesadas en el balance de beneficios que en semejantes majaderías y delirios artísticos, tiró para atrás el proyecto y Jodo se quedó colgado y con el culo al aire, pero eso sí, con un gigantesco libro de story board de cientos de hojas ilustradas por Chriss Foss, Giger y Moebius. La sagrada biblia del tebeo de ciencia ficción del que sólo existen dos ejemplares originales, en manos de Jodo y de quien fue su socio y productor en lo que duró aquella aventura de Dune.

Sin extenderme mucho más, os incito a ver y leer entrevistas y otro artículos sobre él, porque siempre hay polémicas sonadas, declaraciones poco éticas, camufladas de ingenuidad, o no; experiencias mágicas; visitas a curanderos; etc, etc, etc...

LAS SOBRAS DE DUNE BIEN ADEREZADAS


Y de aquella frustrante experiencia cinematográfica de cinco años, que reunió la súper liga de los artistas, pero que acabó en leyenda, nace La casta de los metabarones.

Las ideas de Jodo, intoxicadas por Frank Herbert, se convirtieron en un nuevo space culebrón en viñetas con la ayuda de JuanGiménez (Estrella Negra, o Basura).

Pese a que el protagonismo siempre recae sobre Jodo, precisamente por el reciclado de su versión de Dune, y porque como comentaba antes, sospecho que es ese tipo de persona que sabe estar en el lugar adecuado y en el sitio indicado para convencer a la persona adecuada; He de destacar el coprotagonismo de JuanGimenez, que no caiga en saco roto, porque este señor argentino, fue un must del arte del videojuego retro, en aquella llamada edad de oro del software español, dando vida a las carátulas de, por ejemplo, Mutan Zone, o Sol Negro por ejemplo. Un reconocido genio de la ilustración tecnológica.

Ocho tomos editados entre 1998 y 2003 que en España llegaron de manos de Ediciones B y Norma, editorial que ha continuado con las secuelas Castaka dibujadas por Das Pastoras y por último Las armas del Barón de Planeta DeAgostini, dibujada por Travis Charest y Zoran Janjetov, que pone punto y final (de momento) a la saga en 2010.

La obra es todo un culebrón genealógico interminable que dura siglos novelados, cosa que a Jodo parece fascinarle, los árboles genealógicos digo, los ancestros, las raíces y las herencias. Incluso le da una importancia casi mística a su propia sangre judío polaca, y según él, la vergonzante casta bastarda de su madre, fruto de una posible (según él) violación a su abuela por parte de militares. Jodo, parece arrastrar a su propia realidad la importancia de la herencia genética, no como un motivo de pureza en el aspecto ario ni mucho menos, teniendo en cuenta sus orígenes semitas, si no, curiosamente, tal y como dice la obra de Frank Herbert, la saga Dune que él firmó, e incluso las obras póstumas que firmaron sus hijos, es una importancia de herencia de memoria, espiritual. En Dune la memoria de las Bene Gesserit era heredada de generación en generación, siendo la última miembro de la casta de brujas, la portadora de todo el saber de su infinito árbol genealógico anterior, siempre y cuando resistiera semejante carga psíquica, incluso , en los últimos tomos, se involucra al pueblo judío y su memoria histórica en una conjunción de experiencias heredadas desde el principio de los tiempos hasta siglos tras la muerte del Dios Emperador Shai Hulud. Ya hablaré de Dune en el futuro, pero he de estar preparado por el respeto que le profeso.

Dicho ésto, parece que Jodo debe creer en realidad en la importancia de lo intangible que heredamos de nuestros ancestros directos. Es una hipótesis muy interesante, desde el punto de vista CIFI o incluso...hipotético, filosófico, pero desde luego no científico ni empírico a fecha de hoy. Es una idea de fe prácticamente, fe en creer, que heredamos esas partículas de nuestros antepasados, y que somos un poco de cada uno. Los propios Atreides de Dune veneraban su árbol genealógico desde su nacimiento en la Grecia clásica de la antigua Tierra.

Y en La casta de los Metabarones, nos encontramos lo mismo. Una familia maldita, que se prolongará durante siglos, siempre arrastrando sus handycaps genéticos y sus tradiciones inquebrantables.


Tonto y Lothar, los dos robots mayordomos de la familia, en su morada, el Metabúnker, son los narradores de toda la historia de la familia en cada tomo. Dos personajes maravillosos, divertidísimos, una pareja metálica de “Epi y Blas” gruñona, como un matrimonio viejo y malavenido que no se separan por pereza y que disfrutan lanzándose pullas. Dos donaires, cómicos, con un catálogo de ciber insultos de lo más creativo y desternillante, que nos relatarán cada capítulo de la casta de los (valga la redundancia) Castaka, apellido oficial del título nobiliario cósmico heredado por la casa de Metabarones. Y que curioso, que también, llegado el momento de la muerte, el patriarca Castaka transfiere todo su conocimiento a su heredero, mediante una práctica psiónica. Vaya, como las Bene Gesserit de Dune una vez más.

También, igual que Dune, resulta que el universo futuro imaginado por Jodo en LCDLMB (La casta de los Metabarones de ahora en adelante para evitar el desgaste de mis huellas dactilares) se basa en un sistema feudal de casas nobiliarias, patronas de diferentes regiones o planetas del universo, bajo una especie de Dios Emperador que rige desde un gobierno central autoritario. Que casualidad todo. La influencia es abrumadora.

Los Castaka residen por gloria del Emperador en el planeta Mármola, durante la regencia de Sire Berard. Su vástago Othon, se convertirá en el primer Metabarón. Todos los Castaka nacen con una marca en su piel, la de un ave (que curioso de verdad, el mísmo signo de la casa Atreides), y basan la economía del planeta, en la explotación de canteras que trabajan con un método tradicional y secreto pasado de generación en generación, que consiste en la manipulación de un aceite que dota de ingravidez a cualquier materia sólida, pudiendo así transportar titánicos bloques de mineral perfectamente tallado, sin invertir en costosa tecnología ni depender de otras casas. Un misterio digno de la imaginería conspiranóica a cerca de cómo los Rapa Nui transportaban sus Mo Hai o con qué tecnología cortarían y transportarían los egipcios los bloques de sus pirámides.

Ese aceite, ansiado por el resto de casas del imperio y cofradías industriales para renovar sus anticuados combustibles energéticos, se extrae de una materia prima llamada epifita, que curiosamente, se da sólo en las profundidades del planeta Mármola. Huy, huy, huy... igualito a la especie melánge del planeta Arrakis. Y claro, llegado el momento, intentarán arrebatarle la sustancia a los Castaka.

Madre mía, que calco ¿no? Jodo, te pasaste con todo esto. Entendemos que te fastidiase quedarte con todo aquél maravilloso material de Dune sin usar, pero esto aunque lo llames LCDLMB, es lo mismo. Pero bueno, no me malinterpretéis, porque ¿sabéis qué? Pese a que todo tiene ese tufo a Dune, es que Dune es tan grande, que entender ésta obra gráfica como un homenaje a la reina de las space opera, a mi me parece loable y maravilloso.

El imperio galáctico excomulgará entonces a la estirpe Castaka comenzando una guerra por el mineral de la ingravidez. Y varios de sus regentes de diferentes generaciones, mantendrán el linaje en el exilio, proscritos.

El caso es que más tarde, los Castaka se reconcilian con el imperio tras una gesta heróica digna de un cuento artúrico, y entonces comienza su regencia “metabarónica”, recompensados por el imperio galáctico, les otorgan amnistía y el título nobiliario, y ahí comienza la maldición de la casa Castaka, su odio y rencor enquistado en contra del poder imperial establecido, sus aires de rebeldía indómita y su ansia de venganza pasada tras haber perdido Mármola, que pasará de generación en generación, como un gen maldito, que siempre les acompañará de un oscuro compromiso... El de la mutilación. Obviando las nuevas aportaciones de Jodo a la versión de la historia, como veis, es todo una versión hacendado de Dune. La casa Atreides y sus descendientes malditos que cambiarían para siempre el universo conocido, solo que aquí se llaman Castaka.


Desde el momento que Othon pierde un miembro de su cuerpo en una tragedia que no voy a spoilear, para los futuros lectores, todos los Castaka después de él han de cumplir con la obligación de someterse voluntariamente a una mutilación física que suplirán con cibernética. Y ésto es lo más original de la “copia” herbertiana.

Porque para más “INRI”, llegará el problema de la descendencia natural que amenaza con la extinción de la noble casa Castaka, Y ahí, la historia revive con la aparición de las brujas-puta Shabd-Oud (madre mía, ese copy right Benne Geserit y el léxico de inspiración arábiga, que descarado de nuevo Jodo) que se inmiscuirán entonces en el linaje de la casa (si es que sólo falta llamarlo Kwisach Haderach).

Resumido así, la progenie Castaka prevalecerá heredero tras heredero con sus taras durante siglos de reinado cósmico, oponiéndose a los poderes del Technopontificado (el clero) y el imperio, con sangre y acero.

Cabe destacar que, del mismo modo que WilliamGibson desarrolló toda una nueva jerga CIFI con Neuromante, en LCDLMB, Jodo se saca de la manga todo un diccionario de términos fabulosos, un nuevo léxico cósmico-feudal que se convierte en uno de los atractivos narrativos de la larga historia Castaka.

El universo de LCDLMB mezcla lo arcaico con lo galáctico, las espadas y las artes marciales y duelos de esgrima casi mitológicos que duran días sin descanso hasta la primera gota de sangre derramada por uno de los contrincantes, con enormes naves espaciales que constituyen una ciudad en si mismas, repletas de navegantes cyborgs y androides.

Como en todo buen culebrón familiar, veremos celos, traiciones, mentiras, códigos de honor inquebrantables, y todo eso... un Falcon Crest espacial de aúpa. Repleto de sangre, muerte, algo de erotísmo, y sobre todo, a todo color, con una ilustración de estilo tradicional increíble, muy atractiva, que convierte la historia en un deleite visual. Lo bueno, es que todo sucede rápido, van al grano, no tenemos paja y paja en viñetas, ni páginas de más, lo que impide que nos cansemos del culebrón porque todo sucede rápido, en apenas la mitad de la colección, habremos avanzado siglos en la línea genealógica de la historia galáctica, conociendo nuevos herederos Castaka, cada uno, más rocambolesco y perturbador que el anterior.

Así y entonces, salvando la falta de originalidad en la obra si ya hemos leído Dune con antelación, pese a las originales majaderías incluidas libremente por Jodo, para que la obra no fuese un calco, si no un homenaje o heredera espiritual de la original, LCDLMB es una colección imprescindible para cualquier lector de CIFI y space opera, a todas luces y pese a lo dicho.

Es una gozada artística..

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